Pues yo sabía que no era la única que tiene una debilidad por esta pareja xD No sé porqué, pero funcionan juntos.

Puede que ame el Ichiruki con todo mi ser, pero el Hisaruki lo tiene todo para consolar mi ichiruki corazón.

(Por cierto, pedazo de capítulo se mandó Tite esta semana. Quedé en shock!) Sin nada más que decir, a leer!

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La habitación estaba en penumbra, únicamente la luz desde el pasillo se colaba al interior. Ya sus ojos ya se habían acostumbrado a la poca luz, podía reconocer cada espacio… y también a quien estaba desnudo -como ella- acostado a su lado y con la vista en el techo.

-Ya van tres veces -Rukia rompió el silencio logrando que Hisagi saliera de su estado taciturno mirando el techo -Solo me pregunto qué es lo que pasa…

Él rodó sobre el costado para prestarle atención.

-No le pongas demasiada cabeza, Kuchiki -ella suspiró -Son cosas que pasan…

-Y quiero que sigan pasando -dijo con sinceridad -¿Es correcto?

-No tiene nada de malo

Ahora fue ella quien rodó para quedar acostada boca abajo, apoyando su mejilla en sus manos entrelazadas.

-Supongo que no -dijo mirándolo -¿Qué se hace en este caso? -esperó una respuesta que no llegó -Digo… no quiero ser tu novia, no me siento así contigo… No cuando no puedo entender lo que siento por alguien más.

-Mientras no pienses en Kurosaki cuando estamos en estos términos todo está bien -comentó como si hablara del clima.

-No pensaba en él -gruñó con evidente molestia.

-Muy bien -respondió secamente -Yo tampoco pensaba en alguien más.

Guardaron silencio, pero ninguno se movía. Era como si cada uno estuviera en su propio mundo. Cada cual tratando de entender qué estaba sucediendo y cómo proponer el siguiente paso…

-Kuchiki… Esto no está mal…

-Lo sé, no lo siento así.

-De hecho, si quieres podemos dejarlo así -ella lo miró con atención -No creas que hago esto con cualquiera porque no es así… Pero aquí hay algo claro, tenemos química y eso no se desperdicia.

-¿Qué propones? -preguntó rodando hacia él.

-Me atraes, decir que es mucho no es mentir -Rukia se sonrojó -Y si te pasa lo mismo conmigo, creo que podemos llegar a una acuerdo.

-¿Y ese sería…?

-Tengamos este tipo de relación. Olvidémonos de lo que debe ser, de lo correcto y simplemente vivamos esto así… Permitámonos esta locura.

-¿Locura? -rio suave -No me parece nada loco… extrañamente se siente bastante natural y correcto.

-¿Verdad que sí? -le preguntó y ella asintió. -Prometo serte fiel… de cuerpo -se rio.

-Vale, prometo lo mismo -lo empujó por el hombro juguetona -Te quiero solo para mí.

-El sentimiento es mutuo, Kuchiki. No sé qué es… no sé que tienes -reflexionó en voz alta -No me malentiendas… eres atractiva y eso cualquier hombre lo notaría.

-¿Atractiva? ¿Yo? -rio y se puso de espaldas -Tú estás muy loco.

-No estoy loco -afirmó con seguridad -Quizás sueles pasar desapercibida, pero teniéndote así -llevó una mano al abdomen de su compañera -Me vuelves un enfermo… estás perfecta.

-¿No encuentras que estoy demasiado delgada?

-Bueno, eres pequeña…

-¿Y que tengo poco pecho?

Él subió su mano hasta uno de sus senos.

-Me bastan -apretó un poco -¿Qué sientes cuando te toco?

-Solo síguelo haciendo… -dejó escapar en un suave gemido.

Hisagi se sonrió y continuó tocándola suave. Comenzó a besarle el cuello bajando lento desde la línea de la mandíbula hasta la clavícula. Rukia dejó escapar un suspiro trémulo.

-Quiero besarte todo el cuerpo… te quiero solo para mí -le susurró al oído.

-Hazlo… bésame… donde quieras… solo no dejes de hacerlo -cerró los ojos.

Lo sintió ponerse sobre ella, ambas rodillas cercándola a la altura de las caderas, pero no la tocaba más que con su boca y sus manos. Se sintió tomar por las muñecas y llevar los brazos por sobre la cabeza. Las manos de su colega la recorrieron desde su agarre por los antebrazos, los brazos y los hombros. Recorriéndola por cada espacio de su piel mientras su boca se entretenía contra la propia, sus mejillas, su mentón. A medida que sus manos bajaban, lo hacían sus labios por su cuello, su pecho, deteniéndose en sus pechos.

-Me vuelves loco… -lo escuchó decir antes que su boca le atrapara uno de sus pechos ensañándose con él.

No pudo evitar su gemido intenso que intentó acallar.

-No te calles…

Dejó de contenerse y dejó escapar otro sonido poco correcto cuando volvió a besarle el pecho. Sus manos descendían por sus costados logrando erizarle cada espacio de la piel. Pronto su boca siguió bajando hacia su abdomen, su lengua recorriendo suave y lento hasta su vientre donde sintió morderle ligero. Soltó una risa antes de volver a sentir sus labios contra la piel bajo el ombligo. Sus manos bajarle por la cintura haciendo presión como si quisieran medir cuan pequeña era. Su tacto quemaba, le hacía seguir exhalando aquellos sonidos por la boca. Lo sintió tomarla por las caderas con firmeza cuando hundió su boca entre sus piernas. Si tuviera que decir una parte favorita donde sentir sus labios y su lengua sería allí. Era como si su cuerpo se revolucionara en ese lugar. No medía lo que escapaba por la boca, esos sonidos sucios, los jadeos, esa sensación de sentir explotar en cualquier momento.

Le sintió recorrerle las piernas con las manos, la tomó por debajo de las rodillas para dejarle las piernas sobre sus hombros. Se sintió alzar por las caderas mientras le comía su sexo.

-Te quiero dentro… -dejó escapar en un gemido.

Se sintió dejar sobre el futón suave. Su colega le llevó una mano a la entrepierna y la estimuló lento mientras lo sentía contra su sexo. Suave y lento, abriéndose camino hacia su interior.

-Te deseo, Kuchiki… tanto -la acomodó para poder rozarle la erección contra su intimidad -Me tienes enfermo…

Era una sensación deliciosa debía decir, sentirlo introducirse en ella, sentirlo acomodarse entre sus piernas, introducirse de a poco hasta estar completamente dentro de ella. Lo escuchó gemir cuando llegó a su profundidad.

Comenzó a moverse dentro de ella. Rukia sentía la piel hervirle y toda su atención a su sexo y las sensaciones que desde ahí se propagaban a todo su cuerpo logrando tensarle las piernas, las manos cuyos dedos se clavaban en la espalda de su compañero mientras arqueaba la propia. La respiración se le aceleraba cuando dentro de ella lo sentía darle contra un espacio en particular, no tan dentro, no tan fuera… un poco más adentro… ahí, justo ahí.

-Ahí… sigue así, lento ahí -le dijo con gemido.

Bastó menos de un minuto concentrándose en ese punto para que se estrechara, su sexo palpitara y esa electricidad recorrerle el cuerpo, la carne caliente. El ritmo de Hisagi cambió abruptamente, era mucho más rudo y rápido. Lo escuchaba respirar acelerado, un grave sonido escapaba de su boca. De pronto se congeló dentro de ella, tembló y soltó una pesada espiración. Iba a salir de ella, pero Rukia lo rodeó con las piernas obligándolo a quedarse dentro.

-Me gusta tenerte así -le dijo con un tono impositivo.

-Siento que voy a aplastarte

-Entonces aplástame -lo abrazó con fuerza obligándolo a ceder el peso sobre ella.

Hisagi se apoyó en los antebrazos para mantener cierta distancia y no cargarse por completo sobre el menudo cuerpo de Rukia. Era tan pequeña y la sentía tan frágil bajo su propio cuerpo. La escuchó respirar profundo y aprovechando aquello se levantó de sobre ella y acostó a su lado. Miró al reloj del escritorio, eran pasadas las tres de la mañana. Rukia siguió su mirada para caer en la hora que era. Pero prefirió hacerse la boba y se acomodó contra el cuerpo de su colega, recargando la mejilla en su pecho.

Sabía que no la obligaría a marcharse y, honestamente, le daba flojera llegar a esa hora a casa. Prefería pasar la noche y regresar antes del gong que daba inicio a la jornada laboral. Bostezó amplio y sonoro, sintió una mano apoyarse en el brazo con que lo rodeaba.

-¿Pones el despertador antes del gong, por favor? -le pidió.

Él se movió obligándola a retirarse de sobre su cuerpo. Se puso de pie y tomó el reloj para poner el despertador dentro de unas tres horas. Volvió a la cama y se miraron, ambos sobre el costado.

-Odio que me respiren en la cara mientras duermo -dijo Rukia, sus recuerdos del rukongai le vinieron a la mente.

-Yo también -dijo Hisagi como si se sacara un peso de encima.

-¿Te molesta si te doy la espalda? -le preguntó Rukia rodando sobre el otro costado -Me gusta este lado para dormir.

-También es mi lado… suelo dormir con el brazo estirado… ¿te molesta si lo dejo sobre ti?

-Mientras no me metas el otro brazo bajo el cuello, todo bien.

-Apoyo la cabeza en el brazo que queda abajo -aclaró.

-¡Qué incómodo! -exclamó mirándolo por sobre el hombro -¿No se te acalambra?

-No -respondió algo pensativo -Supongo que me acostumbré… una vez se me metió un insecto en el oído mientras dormía, después de eso me acostumbré a dormir así para que no se metiera nada extraño.

-Si me hubiese pasado algo así, creo que también lo hubiera hecho… debió ser muy incómodo.

-Una tortura -exclamó -Luego un anciano del barrio lo sacó con unas pinzas…

-¿Te dolió?

-No, pero estaba muerto de miedo y entre eso y la molestia del bicharraco… Solo recuerdo haber entrado a la casa del viejo llorando y haber salido llorando… creo que no paré de llorar -se rio suave.

Rukia se sonrió. Le parecía simpático imaginarse esas cosas, esas aventuras de niños, y saber que no habían sido tan diferentes sus propias infancias.

-Recuerdo cuando, antes de conocer a Renji, la mujer con la que vivía rescató un colchón para que durmiéramos con los otros niños -miraba al frente con la vista en la nada, solo en sus recuerdos -Pasé una pésima noche rascándome, pensaba que era paja o tierra… al día siguiente estaba llena de picaduras de chinches… creo que me rasqué una semana completa

-Odio los chinches… pero peores son los mosquitos. Los chinches se te quitan cuando sales del rukongai… los mosquitos no discriminan

-No creas… jamás he escuchado a Nii-sama quejarse de una picadura de mosquito.

-Eso es porque ningún mosquito se atrevería a hacer enojar al capitán Kuchiki. Sería el fin de toda su dinastía mosquística.

-¿Tú crees? -se rio -Dinastía mosquística -repitió en voz baja y volvió a reír suave, escuchó que Hisagi comenzaba a respirar más profundo -¿Te estás durmiendo?

-Sí… -murmuró -¿Tú no estás cansada?

-Un poco… aunque debería dormir… mañana debemos trabajar, además de llegar antes a casa y fingir que dormí allí… ¿crees que Nii-sama note que no pasé la noche allí?

-No lo sé -bostezó -Puedes decir que dormiste en el cuartel -volvió a bostezar.

Quiso seguir hablando, lo que fuera. No sabía porqué, pero le gustaba escucharlo hablar. Pero se notaba que estaba agotado y hacía enormes esfuerzos por no dormirse.

-Buenas noches, Hisagi.

-Buenas noches, Kuchiki.

Rukia se acomodó contra el cuerpo de su colega y él le enterró la nariz a la altura de su cuello. No pasó demasiado tiempo para ambos conciliaran el sueño y el silencio del cuarto se viera interrumpido por unos ronquidos que, extrañamente, Rukia jamás escuchó.

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Nunca podría entender el porqué el sonido del despertador tenía que ser tan irritante. Era como si los creadores de relojes se pusieran de acuerdo en hacer el sonido más odioso para despertar. ¿No podían crear uno con pajaritos o algo así? ¿Algo menos traumático?

Se puso de pie para apagar el bendito aparato. Volvió a sentarse en el futón y miró a su colega completamente dormida. Su blanca espalda desnuda era una invitación para no querer salir nunca de la cama. Pero por el bien de ambos, ella por su honor y él por su vida, Kuchiki debía despertar y regresar a su casa antes que el ajetreo comenzara.

-Kuchiki -la llamó -Kuchiki…

Nada, estaba casi en coma. Le acarició el brazo que estaba sobre las tapas. Nada. La remeció suave por el hombro. Nada. Le rascó la cabeza, nada. Pero respiraba. Solo le quedaba un recurso que no fuera gritarle o arrojarle agua. Se metió al futón y comenzó a besarle el cuello mientras le atrapaba un seno con la mano y le frotaba su erección contra las nalgas. El clásico punteo matutino. La sintió moverse y voltearse boca arriba, aún medio dormida. Le llevó una mano a la entrepierna, logró sacarle un gemido suave y que abriera sus piernas. Se le montó encima y se introdujo en ella sin mayor dificultad. La escuchó jadear suave al ritmo de su vaivén dentro de ella. Sus pequeñas manos se le aferraron a la espalda al tiempo que la sentía tensar y contraerse, un gemido agudo y suave escapó de entre sus labios. Se apresuró en terminar y cuando lo hizo la vio abrir los ojos.

-Eres un maldito pervertido -le dijo frunciendo el ceño, pero sin hacerlo que se apartara -Eso fue prácticamente necrofilia -exclamó.

-Traté de despertarte de otras formas más convencionales, créeme.

-Sí, claro -bufó.

Él la besó breve, un toque.

-Buenos días para ti también -se apartó.

Rukia se sonrió, pero no dijo nada. Se incorporó en el futón y estiró haciendo sonar el cuello.

-Tengo que ir al baño -sintió sus muslos húmedos.

-Tenemos problemas, Kuchiki. Baño compartido -se puso de pie y le tiró una toalla -Usa eso, luego la llevo a lavar, tengo otras.

-Tú sí te tomas esto como si fuera lo más normal del mundo -le dio la espalda y él también, más que nada para que no se sintiera incómoda.

-Es lo más normal del mundo… -la escuchó ponerse de pie -Claro que hay muchos bastante pudorosos y está bien. El pudor es personal, pero cuando te embarcas en una relación con alguien tienes que saber que habrá cosas muy incómodas y vergonzosas que tendrás que superar o vivirás llena de tapujos.

Rukia tomó su uniforme y comenzó a vestirse.

-Hablas con mucha propiedad…

-Me gusta escuchar a la gente con experiencia. Hace que muchas cosas cobren sentido o, al menos, que te vayas a tu casa cómoda y sin sentir que algo te resbala entre las piernas -la bromeó.

Rukia terminó de ajustarse el obi. Le entraron unas ganas enormes se darle un coscorrón por su broma, pero se detuvo.

-Hisagi…

Se volteó y ella lo besó en la mejilla.

-Que tengas un buen día -agregó Rukia antes de salir de la habitación.

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Tener un amigo con derecho a roce no tiene nada de malo, ¿verdad?

Espero que mis queridos cochinones del fandom hayan quedado satisfechos, aun cuando es una escena bastante clásica en todo aspecto.

PD: me sigo sintiendo pervertida xD Juro que el próximo fic que suba volveré a mi normalidad inocentona. Nos leemos.