¡Hola, mi querida people! Gracias por el apoyo y sus palabras que la hacen sentir a una que hace un buen trabajo. Les traigo otro capítulo de esta pícara historia. Que lo disfruten.
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En realidad había sido una visita inocente, o así había comenzado todo. Pero expliquemos el contexto. La décimo tercera división, dentro de sus funciones, era la encargada de enviar shinigami de zona al mundo de los vivos. Cualquier situación debía ser informada y tratada de resolver por la misma división. Pero, si implicaba investigación en la zona el caso debía ser transferido… sí, a la novena división. Muy conveniente.
El castigo había quedado atrás hace varias semanas, pero eran bastante cuidadosos… o al menos respecto a las horas en que ella debía presentarse en casa. Aquello había logrado que sus encuentros fueran esporádicos, limitándose a la oficina o perdiéndose en alguna habitación del rukongai utilizando cualquier mínimo tiempo que pudiesen tener entre sus funciones.
Pues ahí estaban ambos, sentados en el escritorio del teniente de la novena división con una serie de carpetas y documentos emitidos desde la décimo segunda división.
-No entiendo nada -miraba el informe de actividad con los mapas de registros y hora de aparición -¿Tiene lógica para ti?
-Existe un patrón, ¿no? -preguntó su colega revisando los registros.
-No es exacto -negó con inseguridad.
Hisagi frunció el ceño y siguió mirando el reporte, lo veía tomar apuntes y volver a revisar aquello. Rukia se puso de pie y se apoyó en el borde del escritorio con la mirada perdida en los papeles.
-¿Qué pasó en el tiempo que estuviste en Karakura?
-Nada -respondió Rukia -Una semana y nada.
Hisagi asintió.
-O pasaste por alto alzas de energía o se escondieron -dijo mirando los apuntes -¿No tienes el registro que se hizo durante el tiempo que estuviste allí? -ella asintió y buscó una carpeta, la dejó frente a su colega -Gracias.
Lo vio revisar los nuevos datos y comparar, revisar el informe que ella misma había emitido.
-Hisagi… -él la miró interrogante -Nunca antes te había visto en labores administrativas…
-Lógico, no somos de la misma división, me pediste ayuda y acá estoy -volvió a concentrarse.
-Bueno, tu división es la experta en investigaciones…
-Sí, hiciste bien en pedir ayuda -le dijo sin mirarla, totalmente concentrado tratando de encontrar alguna relación entre las alzas de energía -¿No ha habido más ataques?
-No, de hecho ninguno… creemos que podrían estarse fusionando hollows… lo más extraño es que no han tocado a los plus, de hecho parece haber más que antes.
-Alguien no está haciendo bien su trabajo, entonces -dijo refiriéndose al shinigami de zona -O hay más muertes… -la miró serio -Dame los informes de zona. Algo no me huele bien en esto.
Usualmente veía a Hisagi hacer el vago, tontear con los colegas o medio borracho en alguna fiesta… Digamos verlo de la manera convencional, porque lo veía en otras situaciones menos ortodoxas. Se sonrió pícara ante ese pensamiento, verlo trabajando le pareció sexy.
-¿Qué crees que deberíamos hacer? -preguntó Rukia.
-Enviar a otro oficial a chequear, hasta antes de tu llegada a Karakura habían patrones comunes, extraños, pero los había… y a tu partida regresaron. Claramente sabían de tu presencia… ¿pero cómo? -sacó la vista de los papeles para verla -O sabían que llegarías o… no suprimiste tu reiatsu -lo dijo casi murmurado sabiendo lo que vendría.
-Me estás diciendo… -masculló Rukia, Hisagi se volvió hacia ella, frente a él, cercanía intimidante, las manos en puño apoyadas en sus caderas -¿Qué no sé cómo suprimir mi energía espiritual? ¿Acaso crees que soy una novata?
-No, Kuchiki… -ella aumentó las distancias dejando esa postura de ataque -Solo digo que puede pasar… a veces uno está desconcertado o distraído.
-Lo arruinas más, Hisagi -bufó Rukia -Supongo que tendré que volver a Karakura -Hisagi se alzó de hombros -¿Qué?
-Nada -respondió tratando de disimular que esa idea no le gustaba nada… aunque no debiese importarle en lo más mínimo -Pediré que hagan una predicción de dónde pudiesen reportarse las próximas actividades -se puso de pie y tomó los papeles -¿Te parece bien, cierto?
Rukia asintió y se lo quedó mirando.
-¿Pasa algo? -preguntó su colega.
-Nada… solo que verte tan concentrado en tu trabajo… fue muy sexy -confesó con un tono juguetón -Quizás… podría dejarle eso a Ichigo e Ishida… creo que podrían hacerse cargo, ¿no?
-¿No quieres ir a chequear por ti misma? -preguntó y ella negó -Pensaba que te gusta tener excusas para visitar a tus amigos.
-Me gusta más tener excusas para no hacerlo… -se acercó y comenzó a desatarle el obi -Ahora, si quieres que vaya iré -lo miró con fingida inocencia -Puedo hacer… lo que me pidas -agregó.
-¿Lo que te pida? -preguntó tomándola por las caderas y apegándola a él de manera nada suave y le apretó el trasero, Rukia soltó un gemido cachondo -Ve a trancar esa puerta.
Rukia se alejó hacia la puerta y colocó el seguro, volvió hacia él.
-¿Necesitas algo más, teniente Hisagi?
-De hecho, sí.. -se agachó para susurrarle al oído -Quiero hacerlo duro.
-Hazlo.
La volteó con brusquedad para que quedara apoyada de bruces, boca abajo sobre el escritorio, varios papeles quedaron bajo ella y otros cayeron al suelo. Hisagi tras de ella la rodeó por la cintura para desatarle el obi con bastante habilidad, le bajó los pantalones para repetirlo en él y la embistió de una vez. Se quejó de dolor y la sentía quejarse, la jaló por el cabello. Aquello era muy diferente a lo que habían hecho, pero se parecía en parte a la primera vez que habían estado juntos. No había sutilezas, pero le gustaba. Era animalesco, era feroz. Se sentía totalmente poseída por él, era suya y de nadie más.
Le sintió soltar sus caderas y ponerle las manos bajo sus muslos los que alzó sin dificultad obligándola a ajustarlos a la cintura de su colega. La penetración se volvió más profunda, incluso dolorosa. Se quejó, pero él no se detuvo.
-Rápido, más rápido -pidió en un gemido.
Lo sintió acelerarse en su interior. Aun cuando le dolía, comenzó a crecer en ella ese calor, el palpitar, la humedad. Se aferró al borde del escritorio con fuerza mientras lo escuchaba jadear, le encantaba escucharlo jadear. Ella volvió a quejarse, ahora con placer, el dolor que se convertía en placer. Gemía, gemía intenso… no tenía control sobre su cuerpo y él se lo demostraba.
-Más profundo -se quejó.
La acercó violentamente hacia él, no la soltaba, sino que la sostuvo con firmeza y se adentraba en ella apretándola contra su cuerpo casi sin moverse en su interior, manteniendo esa presión en su límite.
Tocaron a la puerta, pero no importó. Volvieron a tocar. Rukia no pudo evitarlo, pero gritó, cuantas veces lo sentía presionarse contra ella, cuantas veces sentía que dentro de ella no había más espacio para que continuara presionando. Fue entonces que esa deliciosa sensación comenzó de pleno. Apretó los dientes, gimiendo, tensando la mandíbula. Cada espacio de su cuerpo tenso, toda ella tiritó invadida por esa sensación que nacía en su intimidad. Lo escuchó gruñir, acabar en ella, palpitar en su interior. Adoraba esa sensación, el sentirlo gustoso. Pero lugar de relajarse en ella, lo sintió insistir en embestirla, ahora más suave pero sin ceder en la profundidad. Lo escuchó gemir, intentaba mantener su éxtasis cuanto pudiera. Ella respiró profundo y soltó un suspiro, se sintió bajar y sus pies tocaron el suelo. Las manos de Hisagi pasaron a tocarle el trasero y lo apretó con fuerza.
-Todo esto es mío -le dijo separándole las nalgas -Todo… -se salió de ella.
Había algo diferente en su voz, más grave de lo normal, más impositiva. Lo supo entonces, ella era suya… solo suya.
Volvieron a tocar la puerta.
-¿Qué estás haciendo allí dentro, Shuuhei? -era Mashiro.
-Estoy trabajando -respondió y le dio una nalgada a Rukia antes que ella se incorporara.
Ella se quejó, pero le gustó. Se subió el uniforme y ajustó el obi, Hisagi hizo lo mismo. Rukia se volteó a verlo. Él la tomó por la cintura y la sentó en el escritorio para poder besarla con apremio, aún no terminaba con ella.
-Voy a decirle a Kensei lo que estás haciendo allí -exclamó Mashiro desde afuera.
Pero sin importarle las amenazas de la autodenominada super teniente, ambos se besaban como si fuera la primera vez que lo hacían. Rukia lo rodeaba con los brazos y las piernas, él la apretaba a su cuerpo por la baja espalda con una mano, la otra en la nuca.
-Shuuhei -escuchó desde afuera, era el capitán Muguruma -Abre inmediatamente la puerta.
Ambos amantes de separaron en un instante. Hisagi fue a la ventana y abrió.
-Hora de utilizar tu shunpo, guapa -le dijo.
Rukia pasó junto a él, le dio un corto beso y salió disparada fuera. Hisagi apreció el movimiento impresionado.
-Vaya, sí ha mejorado.
Recogió los documentos a lo rápido y los dejó en la escritorio. Caminó a la puerta y abrió.
-¿Dónde está? -preguntó el capitán y Mashiro tras de él.
-¿Quién, capitán? -preguntó haciéndose el idiota.
-La mujer con la que estabas -espetó con seguridad.
-¿Cuál mujer? -preguntó -Si tengo que confesar algo es que me quedé dormido -dijo con tranquilidad -De hecho sobre los documentos -indicó al escritorio.
-¡No es cierto! -exclamó Mashiro -Yo la escuché, gritaba como enajenada.
Hisagi se sonrió.
-Ojalá tuvieras razón y tuviese una mujer a quien hacer gritar
-Shuuhei -lo detuvo el capitán -No son maneras de responderle a Mashiro… Detención.
Al menos había valido la pena, pensó Hisagi.
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Su paciencia tenía un límite. Desde que el capitán de la novena división lo había salvado de aquel hollow en su infancia que había querido seguir sus pasos. Tres veces postuló a la academia, puso a prueba su perseverancia y se empecinó en ser el mejor, todo para poder estar al servicio de aquel capitán. Grande fue su desilusión cuando su ídolo de infancia ya no ostentaba el puesto y había sido declarado un desertor y mayores sus aprendizajes junto al capitán Tousen. Luego vino su traición y, nuevamente, otro de sus referentes volvía a salir de su radio de acción. Hasta cierto punto ya se estaba acostumbrando a que, vez que admiraba a alguien, éste terminaba por desilusionarlo. Por eso, cuando el antiguo capitán fue reasignado a su puesto y terminó siendo todo lo contrario a lo que esperaba, la burbuja finalmente se rompió. Eso sumado a los arranques de histeria de la que se denominaba super teniente, Mashiro Kuna. No bastaba con que ella quisiera volver a ejercer su puesto -cosa que llegaba a comprender plenamente- sino que no era necesario humillarlo, algo que se había vuelto costumbre… claro que ella no le veía lo malo, de hecho le parecía divertido.
Primero intentó hablarlo con ella, incluso proponiéndole que compartieran tareas, pero que él quería seguir a cargo del periódico… era su única condición. Mashiro accedió en una sucia jugada, porque sabía que el capitán retomaría el puesto de editor. La inocente propuesta de Shuuhei se convirtió en su sentencia. Y como un hombre que cumple con su palabra entregó la mayoría de sus deberes -o los más divertidos- a Mashiro. Pero eso la volvió aún más irritante. Ahora ni siquiera lo llamaba con respeto, de hecho solía llamarlo pequeño Shuuhei dejando en claro quien llevaba la superioridad en ese lugar.
Si algo debería haber aprendido hace bastante, era que no debía meterse con Mashiro. Inevitablemente, y aun cuando el capitán Muguruma viviese discutiendo con ella, se notaba que tenía preferencias… sí, las tenía, pero esa es harina de otro costal.
-Te falta una manchita por aquí -le dijo Mashiro viendo como Hisagi trapeaba el comedor de la división.
El teniente se acercó donde su compañera y miró el piso a sus pies. No veía nada. Alzó la mirada hacia ella para cuando vio que sacaba un frasco de tinta con un gesto maléfico.
-Esta manchita -dejó caer el contenido al piso que le salpicó los pies cuando cayó al suelo.
"Loca de mierda" pensó en un segundo de permiso de su calma mente. Se devolvió a buscar el balde, escurrió el agua del trapero y trató de absorber la mayor cantidad de tinta.
-Vas a tener que comenzar a respetar a tu súper teniente -dijo dándose ínfulas -Pequeño Shuuhei
-Sí, teniente Kuna -respondió tragándose el orgullo.
-Así me gusta -sonrió agradada -Cuando termines puedes irte a dormir… Puede que al Kensei hayas logrado engañarlo y evadirlo siendo grosero conmigo, pero no me engañas. Eres un vago vividor y la división estaría mucho mejor sin ti, ya me tienen a mí y es suficiente.
La vio marcharse dando pequeños brinquitos. La muy odiosa. Últimamente la división no estaba divertida. Se volteó hacia el reloj en la pared. Once de la noche, veintidós minutos y nueve, diez, once… segundos. Recordaba cuando aprendió a leer la hora, siempre hacía eso solo por diversión.
Terminó de trapear la mancha con bastante esfuerzo. De tanto estrujar el paño tenía teñidas las manos y las uñas negras, sobre todo en esos cueritos que solía morderse. Volvió a mirar el reloj antes de salir: once treinta y ocho con veintiuno, veintidós, veintitres…
Aceptaba estoicamente su situación, sabía que había actuado mal, tal vez por la testosterona que lo invadió mientras estaba con Kuchiki… Por otro lado debía aceptar que si toleraba la situación era exclusivamente por el capitán Muguruma. Lo admiraba profundamente, quería demostrarle que salvar su vida de niño no había sido una raya en el agua. Que un chiquillo del rukongai podía transformarse en un buen teniente, aun cuando Muguruma no lo considerase. Quería luchar junto a él, ser su mano derecha, apoyarlo… pero para eso estaba Mashiro, la "súper teniente". Y si su división fuera una familia, él sería el inútil hijo mayor.
¡Qué burla! Cuarenta años de servicio en la división, cuarenta años como subcapitán, cuarenta años con el mejor maestro que pudo tener. Y llega esa mujer y arruina todo. Su trabajo, su orgullo y su imagen. ¡Ya hasta los oficiales lo llamaban 'pequeño Shuuhei' a sus espaldas y los más descarados de frente! ¡Qué mala broma del destino!
Llegó a su habitación y descorrió la puerta. Encendió la luz y estiró el futón sobre el tatami. Se preparó para dormir y se cubrió con las tapas. Rodó sobre el costado. Un pensamiento idiota se le vino a la mente... Uno que no correspondía, no cuando no llevaba más de un par de meses frecuentándola… sobre todo cuando eso era un juego… y nada más. Pero al menos si Kuchiki estuviera ahí lo haría sentir mejor… no para follarla como enajenado… sino para que lo abrazara y le dijera que todo estaría bien… todo.
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No tengo nada que decir, creo que este cierre lo ha dicho todo. ¡Nos leemos pronto!
