Holi, people! Acá les traigo otro capi de la historia más hot que he escrito en mi vida. Debo dejar en claro que estoy totalmente fuera de mi zona de confort, que suele ser los relatos inocentones con hints lime. He tenido que rellenar espacios con un tipo de relato que no me acomoda -el erótico- que espero sea de su agrado. Sin más, a leer!

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-Definieron un patrón -Hisagi ingresaba a su oficina agitando unos papeles que dejó sobre el escritorio.

Rukia tomó los documentos y comenzó a revisarlos. Sin invitación su colega se sentó frente a ella y le indicó unos números.

-Solo había que ampliar el radio de búsqueda, se mueven alrededor de Karakura y las ciudades próximas.

-¿De qué crees que se trate?

-Tengo una teoría, creo que deben ser algunos arrancar rebeldes. Lo que no entiendo es la masiva atracción de plus. Ni siquiera los tocan… pero parecieran cercarlos. Como si se tratara de ovejas… -Rukia asintió pensativa -¿Cuándo partes? -preguntó sabiendo que ella tendría que asistir a los oficiales.

-Asumo que mañana… deberé dar la orden y retirar al shinigami de zona. No quiero que sufra daños. Esto no es para un suboficial.

-Claramente. ¿Quieres que vaya contigo?

Rukia negó.

-No es necesario, Ichigo está allí, es suficiente.

Hisagi asintió y volvió a mirar los documentos. Claro que era suficiente, qué idiota.

-Perfecto -se puso de pie -Volveré a la oficina. Mashiro seguro tiene alguna tarea para mí… o la encontrará seguro.

-Gracias por la gestión -le dijo Rukia antes que él se retirara.

-Es mi trabajo -y sin más se fue.

Rukia se puso de pie y abrió la puerta acelerada. Sacó la cabeza fuera.

-Hisagi -lo llamó y él se volteó casi fuera del corredor, Rukia lo alcanzó. Bajó la voz -¿Nos escapamos para el almuerzo?

-No puedo, tengo que cumplir mi detención y servir los platos en el comedor… quizás más tarde.

-Tengo compromisos familiares -deseó no tenerlos -Bueno… nos veremos entonces a mi regreso de Karakura…

-Supongo -murmuró Hisagi bastante desilusionado, pero era el precio de su imprudencia/calentura/impulsividad.

Rukia lo llamó con un dedo para que se acercara. Él obedeció, ella miró a ambos lados antes de ponerse de puntillas y darle un corto beso.

-Te voy a extrañar… no creas que no -le dijo ella.

-Eso es manipulación para que piense en ti mientras estás fuera -respondió queriendo acercarla, besarla, tocarla… pero el pasillo no era el lugar y la oficina ya estaba descartada -Yo también voy a extrañarte… toda tú -agregó con tono agravado.

Unos pasos tras de ellos los alertaron, aumentaron las distancias y aquella mirada cargada de tensión se desvaneció en un segundo.

-Gracias por esos informes, Hisagi -dijo fuerte y claro.

-Que tengas éxito en tu misión, Kuchiki.

Él se volvió y se perdió doblando en el corredor. Rukia volvió a su oficina y cerró por dentro.

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La vida familiar de Rukia Kuchiki era algo que ella guardaba celosamente, digna de cualquier miembro de su clan. Tras las puertas de las mansiones del sector acomodado del Seireitei se tejen una serie de historias, a las cuales pocos tienen acceso.

Cuatro familias nobles que estaban unidas entre ellos por sangre, a través de matrimonios, de alianzas entre clanes mayores y menores. Tantas historias que Rukia había conocido en estos cuarenta años… y a las cuales ni siquiera Renji tenía acceso.

Cuando Rukia fue adoptada por la familia Kuchiki, los clanes más conservadores cerraron sus puertas a la nueva integrante, entre ellos su propia familia. Pero siempre hubo alguien dispuesta a ayudarla a integrarse a su nuevo mundo. Aimi Toru era una joven muchacha de la edad de Rukia quien era la hija menor de un clan pequeño dependiente de los Kuchiki. Aimi era conocida por tener buen corazón y excelentes maneras, por lo mismo, cuando el mayordomo de los Kuchiki le solicitó que ayudase a su nueva prima, Aimi aceptó gustosa.

Desde como moverse, hablar, saber callar, modales en la mesa y la intrincada historia familiar… eso tuvo que aprender Rukia y, hasta ahora seguía aprendiendo.

-¿Y cómo dices que se llama esto? -preguntó Rukia sosteniendo el libro frente a ella con cara de espanto.

-Es el Shijuuhatte -rio Aimi cubriéndose la boca con la manga de su kimono -El libro del placer.

Rukia la miró de costado y dejó el libro de ilustraciones sobre la mesita del té y lo apartó del frente. Estaba bien que ella hubiese iniciado su vida sexual, pero aún tenía pudores… bastantes.

-Una buena mujer tiene que saber complacer a su esposo -agregó con una mirada dulce hacia su prima -Entiendo que te muestres turbada… es una realidad alejada para ti -tomó el libro y fue hasta la primera página.

-¿Y se supone que te preparas para tu boda con Narumi-san? -preguntó Rukia y Aimi asintió -¿Y no te da pudor?

-¿Por qué tendría que hacerlo? Será mi esposo y debo servirle bien -su actitud era como si se tratara de un trabajo a realizar, casi como si Rukia le hablara de una misión -Es muy interesante… ¿quieres verlo? -le preguntó.

Rukia se volvió muy roja, pero asintió. Aimi se sentó junto a ella y pasó la primera hoja.

-Algún día te vas a casar, Rukia -le dijo tomándole el brazo -Y este libro te va a servir.

-No creo que Nii-sama lo apruebe…

-Pues a Byakuya puede no parecerle, pero él no debe inmiscuirse en cosas de mujeres -concluyó con severidad -El arte de amar es de la pareja, y tanto la mujer como su esposo deben buscar mantener la llama de la pasión… y así tener hijos.

Rukia enarcó una ceja. La vida para Aimi era bastante más sencilla… aunque en ese momento quiso ser llamada a perseguir a un hollow. Se sentía muy avergonzada, pero supuso que Aimi solo quería compartir su nueva adquisición.

-¿Sabías que está pensado en el placer de la mujer? Están pensadas en hacerte… bueno, que suspires más -dijo claramente queriendo decir otras palabras como gemidos, quejidos, jadeos, gritos -Eso a ellos les gusta.

-Sabes mucho…

-Mi madre y mi abuela me hablaban mucho de ello… es parte de la formación de una mujer noble. Y ahora que lo viviré, quiero enseñarte a ti.

Ambas fueron pasando las páginas y Rukia iba checkeando en su mente. Cuarenta y ocho ilustraciones bastante explícitas. Algunas solo diferían en la posición de las piernas, pero había otras claramente distintas. Se desilusionó cuando de las cuarenta y ocho, solo había probado cinco… ¡cinco!

-¿Y hay que hacerlas todas? -preguntó Rukia totalmente sonrojada.

-Okaa-sama decía que había algunas un poco incómodas y que esas puedes evitarlas, pero si tu esposo lo desea tendrías que tratar de complacerlo.

-¿No se trataba que la mujer disfrutara? -exclamó Rukia -No me parece que forzar a alguien sea correcto -Aimi se alzó de hombros, había cosas que en sus mundos eran diferentes.

Siguieron pasando las página y en una Rukia se detuvo a mirarla con intriga. Ella nunca…

-No todo es el placer de la mujer como puedes ver -Aimi alzó la voz -A veces debes… probar la katana de tu samurai… si me entiendes.

Rukia la miró con un gesto de nerviosismo. De pronto cayó en la realidad que ella jamás tocaba a Hisagi, nunca. Salvo aferrarse a su espalda y alguna que otra caricia inocente mientras lo besaba, pero nada más. Y menos… menos… ¡no por Dios! Eso la superaba.

-¿Por qué esa cara, Rukia-chan? -le preguntó Aimi con preocupación y cerró el libro -Te he indispuesto con esto, lo siento. No era mi intención abrirte los ojos de esta manera…

Rukia negó.

-Solo, ha sido demasiada información para mí -le dijo con voz suave.

-Lo siento -puso una mano en su antebrazo, Rukia la miró -Deberíamos tomar el té. Y luego te mostraré los kimonos que ordenaré para la boda…

-Eso me gustaría -le sonrió sin borrar ese gesto consternado.

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No había podido dormir prácticamente pensando en las ilustraciones del libro de Aimi, sobre todo en aquella que la asustó -esa era la palabra- tanto. De hecho, no solo se dio cuenta que jamás tocaba a su amigo si no que jamás lo había mirado bajo la cintura. Bueno, de espaldas si le había mirado el trasero, una imagen que disfrutaba mirar cuando se daba la oportunidad, pero pensando en lo otro… ¡claro que aún tenía pudores!

-Las hay tan modositas que jamás le han tocado la verga a sus maridos -exclamó Hibiki, una de las oficiales de su división.

Hibiki y Fumiko eran dos oficiales de su división. Muy amigas y conocidas por ser deslenguadas con un par de sakes encima. Pues, cuando supo que sería la despedida de soltera de Fumiko era su momento para instruirse y, contra todo pronóstico pospuso su misión para el día siguiente.

-¿Cómo no vas a mirar lo que te meten? -rio una suboficial bastante ebria -Eso es ser muy boba -volvió a reír -Es como comprar un kimono a ciegas y solo sintiéndolo en la piel… además que verla dura y erecta me pone a tono.

Rukia las miraba con asombro. ¿Cómo podían referirse a eso de esa manera?

-¿Saben quién me pone? -dijo Hibiki.

-¿Quién? -preguntaron todas.

-Hisagi. Está tan bueno -suspiró con un aire cachondo -Debe ser un potro… ¿le has visto esos brazos? Deben abrazarte tan rico… -Rukia apretó los dientes -Tuve la suerte, cuando estaba en la cuarta división, de asistirlo luego de un enfrentamiento… y lo que vi no me lo he podido sacar de la cabeza. Sólo diré que no entiendo cómo sigue soltero.

-Ya sabes lo que dicen, que se folla a las reclutas en la oficina… -dijo una suboficial.

-Es un maldito zorro -agregó otra.

-Y yo soy una zorra, no me complico -rio Hibiki.

Rukia estaba molesta, muy molesta. En primer lugar la manera de referirse a ciertos temas le parecía en extremo vulgar. Por otro lado, ¿cómo esa muchacha se refería a Hisagi como si fuera un sinvergüenza? Él no era un zorro, bueno… era un buen tipo algo apasionado. Y además ¿cómo Hibiki se atrevía a hablar de Hisagi de esa manera? ¿Cómo se atrevía a tener fantasías con su… amigo? El solo pensar en cómo Hibiki debía ensoñarse con tocar lo que le pertenecía por derecho le hacía hervir la sangre.

Además, él no se follaba a las reclutas… lo hacía con ella. Solo con ella. Se puso de pie.

-Se me hace tarde -les dijo -Gracias por la invitación fue… interesante.

Fumiko asintió y el resto vio marchar a la teniente.

-Esa -dijo Hibiki refiriéndose a Rukia -No ha visto un pito en su vida.

Esa zorra sucia, seguía mascullando saliendo de ese local. Mujeres así eran despreciables… Momento. Hibiki no sabía que Hisagi y ella tenían una relación. De alguna forma estaba en su libre derecho de pensar -y desear- lo que quisiera. Y aún si lo supiera, no tendría porqué no hacerlo. Pero aún así se sentía furiosa.

Sin pensarlo y en un ataque de impulsividad dobló hacia la novena división. No le importaba si alguien la veía, no le importaba si alguien le iba con el cuento a Nii-sama -ahora, porque luego sí que se arrepentiría- no le importaba nada. Se movía a paso firme, como si tuviese todo el derecho de estar ahí. Pues lo tenía, era una teniente, podía moverse por el Gotei y las dependencias de él libremente. Pero además iba por lo propio. Mandó a volar el pudor, la falsa inocencia y sus reticencias. Esa noche le demostraría a todas esas zorras de quien era Hisagi, porque desde esa loca noche de año nuevo, él le pertenecía.

Tocó a la puerta. "Está abierto" lo escuchó responder. Abrió la puerta bruscamente, Hisagi se la quedó mirando sorprendido sacando la vista del manga que leía acostado en el futón. ¿Rukia no estaba del otro lado?

Ella cerró la puerta y la trancó. Caminó hacia él y se le sentó a horcadas sobre las piernas. Lo miró un segundo y se sonrió maliciosa. Lo tomó por la nuca y lo besó ansiosa. Hisagi aún salía de su impresión, pero se dejó hacer mientras Rukia le devoraba la boca.

Sintió sus pequeñas manos bajarle por el pecho al abdomen y buscar desatarle la yukata lo cual hizo con asombrosa rapidez. Descorrió la tela hacia los lados y comenzó a recorrerle con las manos, como si quisiese tallarle los dedos en la piel. Sus labios habían pasado al cuello y bajaban lento, con la lengua le delimitaba la clavícula.

No pudo resistirse a tomarla por la cintura y subir sus manos hasta capturarle los pechos, pero Rukia abandonó sus caricias para retirarle las manos de su cuerpo.

-Las manos atrás. Esta noche mando yo.

Esa seguridad, esa mirada firme y deseosa… no pudo oponerse. Quería tocarla, besarla, lamerle la piel… pero entregarse a los designios de Kuchiki le parecía una idea de lo más innovadora en su relación.

-Sí, señora -acató dejando las manos a ambos lados, ligeramente tras la espalda.

Rukia puso una mano nuevamente sobre su pecho y lo empujó para que cayera de espaldas, no fue brusca, solo necesitó hacer un poco de presión para que él obedeciera a sus deseos.

Se le sentó en el bajo abdomen y volvió a besarlo en la boca con apremio, bajando por su mandíbula, el cuello. Sus pequeñas manos recorriéndole el pecho anticipando el contacto de sus labios probándole la piel. Había en ella cierto nerviosismo de estar haciéndolo bien, pero el escucharle gemir suave el indicó que iba por buen camino. Se incorporó alejando los labios de su cuerpo y repasó su abdomen con las uñas, lo escuchó reír suave.

-Con que cosquilloso… -dijo divertida enterrando sus uñas y él se movió víctima de las cosquillas, movimiento que ella aprovechó para salírsele de encima y quedar a su lado. Lo besó suave cerca del ombligo -¿Esto te da cosquillas? -preguntó a contrapiel dejando que su aliento le acariciara.

-No…

Rukia llevó su mano a su abdomen bajando lentamente con un tacto seguro, tomó un respiro profundo antes de sentirle su sexo duro y rodearlo con su mano. Supo que lo había sorprendido cuando la miró.

-Ayúdame… no sé cómo… -le dijo con timidez.

Él se incorporó apoyándose en los antebrazos antes de colocar una mano sobre la pequeña que rodeaba su erección y la llevó de arriba hacia abajo.

-Así -le dijo mirándola y ella le sonrió con un brillante sonrojo -No dejes de hacerlo. Bésame.

Rukia obedeció mientras su mano subía y bajaba frotándolo. Lo escuchaba gemir en su boca. Las palabras de Aimi resonaron en su cabeza, los comentarios obsenos de Hibiki. Abandonó los labios de Hisagi y por primera vez se atrevió a mirar por un segundo el sexo de su colega y sin pensarlo introducirlo en su boca. No sabía bien qué hacer, pero replicó el movimiento de su mano, acompañándose de ella. Escuchó su nombre de los labios de Hisagi en un gruñido grave. Jugó con su lengua repasando cada lugar guiándose por los sonidos que él emitía. Su oído era su mejor aliado, mientras él volvía a recostarse disfrutando del momento. El instinto la llevó a retirar su boca y utilizar solo su lengua subiendo y bajando, volviendo a capturarlo entre sus labios. Repetía cada movimiento solo guiada por la respiración contenida de Hisagi, los gemidos, los gruñidos.

-Si sigues así voy a correrme… -lo escuchó decir.

Otro instinto la llevó a subirse a él y guiarle la erección a su interior. Gimió al sentirse completamente invadida. Apoyó las manos sobre su pecho y comenzó a moverse buscando un ritmo que la satisficiera plenamente. Jugaba a encontrarlo, comandando las penetraciones, la profundidad, las sensaciones que la invadía. Era diferente, se sentía en completo control de su placer. Subía y bajaba apoyada en sus rodillas sobre el futón. Era cansador y ahora entendía porqué él caía rendido luego de cada encuentro. Pero no podía detenerse. Enarcó la espalda cuando finalmente cogió el ritmo. Los gemidos comenzaron a salir de su boca sin poder controlarlo. Se llevó las manos al cabello, sin saberlo él la miraba y si lo hubiera hecho habría visto como él se deleitaba con su imagen. Verla disfrutar de esa manera lo volvía loco, rogaba porque ella le permitiera tocarla. Se aferraba al futón tratando de contenerse de alcanzar su frágil cuerpo entre sus manos.

Estaba agotada, las sensaciones en ella, la exigencia del movimiento o la falta de costumbre de estar sobre él. Con un rápido movimiento Hisagi se incorporó para dejarla sentada sobre él, ambos unidos, ella se quejó al cambiar de posición. La postura le permitía a él ahora tomar el control guiando el ritmo de sus caderas apretándole los glúteos con fuerza, sumándose al movimiento buscando hundirse más en ella. Los gemidos se volvieron más intensos cuando lograron coordinarse. La penetración más profunda y la presión de sus pelvis frotándose comenzaba a sacarle jadeos que se mezclaron con los de su compañera. El sudor comenzaba a perlarles la piel, las manos se clavaban en el cuerpo del otro sintiendo la humedad, ambos respirando acelerado de la boca del otro. Las sensaciones se volvían más intensas, el aferrarse más fiero. Se miraron a los ojos antes de capturarse los labios ahogando el intenso gemido que brotó de sus gargantas cuando esa sensación invadió sus cuerpos por completo. Por primera vez lo sentía venirse en su interior, antes solo lo sabía de escucharlo. Rukia siguió el vaivén tratando de prolongar el placer, Hisagi le apretó aun más el trasero. Ella siguió gimiendo hasta que sintió que la sensación la abandonaba de a poco y enlenteció el ritmo hasta detenerse buscando los labios de su colega. Un beso tranquilo, cargado de suspiros que buscaban recobrar el aliento.

-No sé qué me has hecho… -dijo ella apoyando su frente a la de él -Soy una adicta a ti…

-Y yo no puedo dejarte… -respondió subiéndole las manos recorriendo su cuerpo hasta atraparle la espalda -No me dejes nunca…

-Nunca -se salió de sobre él y se tendió agotada en el futón, él se dejó caer a su lado. Ella se refugió en su pecho y lo sintió abrazarla con fuerza. -Nunca…

Él se sonrió sin que ella lo viera. La besó en la coronilla y ella frotó la mejilla contra su pecho.

-Eres perfecta… tan perfecta…

-Eres mío -alzó la mirada para verlo -Solo mío.

Repasó un abdomen con su pequeña mano, con fuerza como si marcara su territorio. Él era solo suyo, lo deseaba solo para ella.

-Solo tuyo…

Se desasió de su abrazo para besarlo. Él le correspondió con suavidad, un contacto suave, sin implicancias sexuales.

-Solo… no te vayas… -le pidió a contra labios -No resistiría no dormir contigo hoy. No me obligues a dormir sin ti.

-Tampoco quiero dormir sin tenerte a mi lado… -respondió ella -Dime algo… para olvidarme de mi hermano… para no pensar del el castigo...

-Quédate… no quiero dormir sin ti… No quiero dejar de sentirte… Yo… yo te…

-Yo también…

Ella alcanzó sus labios en un beso. Él la acariciaba suave. Volvió a refugiarse en su pecho y se apegó a él. No eran necesarias más palabras. Era mejor guardar silencio.

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El descorrer de las mamparas de madera la despertó. Si bien estaba desnuda, estaba cálida junto al cuerpo de Hisagi, quien la abrazaba por la espalda y le roncaba en el oído. Recordó la mañana de año nuevo, cuando con espanto miraba a su colega pensando en la imprudencia que había cometido. Tres meses habían pasado de aquello… y dos meses desde que habían acordado mantener ese tipo de relación… y amanecer a su lado ya no la espantaba, sino todo lo contrario.

Se volteó hacia él y apoyó la nariz en su cuello. Inspiró profundo, le gustaba el olor de su piel, era algo animal, primitivo… pero le gustaba. Puso una de sus manos contra el pecho de Hisagi. Estaba calentito y su piel se veía oscura en comparación con la propia. Con el índice frotaba suave su piel, y su mirada perdida en ello. Era un tacto totalmente inocente, no había malicia ni jugueteos… solo lo estaba reconociendo.

-Tengo que irme -le dijo, él no respondió -Sé que no duermes, dejaste de roncar hace unos cinco minutos.

Hisagi abrió un ojo y la vio deliciosamente desnuda entre sus brazos. Kuchiki era una caja de sorpresas y la noche anterior lo había dejado claro.

-Creo que nos merecemos una escapada, Kuchiki -le dijo, ella no se movió de su lado -Ya que vas del otro lado… ¿por qué no quedarte un par de días más de lo que dure tu investigación? Siempre puedes solicitar apoyo del teniente de la novena división, dicen que es muy eficiente y guapo -Rukia se rio -Si tratamos de fingir tu estadía en el mundo de los vivos, pero nos regresamos a la sociedad de almas y nos perdemos en el rukongai, el capitán Kuchiki lo notará…

-¿Sabes? No es una mala idea… -reflexionó apegándose más a él -Imagínate, tú, yo y todo el tiempo del mundo… nada de huidas, ni de escondernos. Seríamos una pareja más de ese enorme lugar… Me gusta la idea.

-Planifica bien y me avisas cuando me integraría a la investigación… ¿a qué hora partes?

-En cuanto me vaya a casa a arreglarme…

-¿Puedes tomarte una hora más? -le preguntó con tono serio.

-¿Por qué? ¿Pasa algo? -se apartó un poco para verlo a la cara.

-Pues si te vas del otro lado y estaré varios días sin verte, creo que nos debemos un buen sexo matutino.

Rukia no pensó en que en ese mismo instante su hermano estaba planificando su castigo, menos en que llegaría tarde al cuartel, ni menos en las instrucciones que debía dar antes de ir en misión. Solo pensó en Hisagi y ella.

-¿Solo una hora? -preguntó con desilusión.

-Claro, lo otro ya es vicio -llevó una mano a la mejilla de Rukia para acomodarle el cabello -Así querrás verme cuando termines tu misión…

-Querré verte todos los días, ya quiero verte todos los días estando acá… allá no será diferente.

Hisagi se sonrió algo bobo.

-Kuchiki, ¿acabas de confesar que piensas en mí todo el día? Debo ser realmente bueno -dijo con orgullo.

-Dije que quiero verte, no que te piense… odioso -se apartó y le puso los pies en el abdomen para ampliar las distancia, pero él la tenía de los brazos -Déjame -gruñó.

-Nunca -la apegó con fuerza y se subió sobre ella atrapándole las piernas entre sus rodillas -Yo sí te pienso todo el día, chiquita -le susurró al oído.

-No vas a convencerme con tus cursilerías -respondió soltando un gemido suave al sentirlo besarle el cuello.

-Puedo ser mucho más cursi, te lo aseguro -murmuró contra su piel -Pero dejémoslo para después… tenemos una hora y no la gastaremos en eso.

-Muy ejecutivo, eso me gusta… Te doy permiso para abusar de mí…

-No debiste decir eso, pero acepto.

Rukia se rio… sinceramente, iba a extrañarlo.

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Uff! Cómo me costó sacar este capítulo. Tanto erotismo junto. Espero sus comentarios al respecto, siempre bienvenidos.