¡Gracias por los comentarios que me hacen llegar! Soy feliz de saber que les gusta esta historia. Espero que este capítulo lo disfruten. A leer!

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Byakuya intentaba entender lo que estaba pasando con su hermana. Siempre había sido una muchacha sensata, algo rebelde cuando se trataba de defender lo que ella consideraba justo, pero en general era una chica templada y calmada. Sin embargo, últimamente se comportaba como si pasara por una retardada adolescencia.

No podía decir que era irresponsable en el trabajo, tampoco que no cumplía con su rol dentro del clan, ni que le faltaba al respeto. No, era como si… Recordaba aquellos tiempos, tampoco había pasado tanto para alguien que vive siglos. Casi podía comprenderla si sus suposiciones eran certeras. Él también había sido impulsivo, también había cometido imprudencias, también se había opuesto a las reglas con vehemencia. Por Hisana.

Hacía poco más de un año creyó que los arranques de impulsividad de Rukia se acabarían cuando Kurosaki volviese a su mundo. Y así había sido, si no fuera por un par de visitas -autorizadas- que su hermana le realizó al mocoso ese. Sin embargo podía asegurar que esas visitas no eran el motivo de su comportamiento.

Aún podía recordar el triste semblante que Rukia lució durante un año. Era como si parte de su corazón hubiese atravesado el senkaimon con Kurosaki… podía jurar que así era. Pero, fue un poco después de año nuevo que su rostro recobró ese brillo que solía tener. Recordaba que el día siguiente a año nuevo había llegado de mañana y había procurado comportarse como si nada, como si la fiesta se hubiese alargado más de la cuenta. Así le había hecho creer… pero ese hito marcó un antes y un después en su comportamiento. Le siguieron otras llegadas de madrugada, algunas las dejó pasar porque tuvo un buen argumento… las llegadas de mañana eran castigadas. Pero también le dejó pasar un par… había una razón para permitírselo. Él había hecho lo mismo en su minuto.

Por lo mismo, cuando inició ese comportamiento intentó dejarle claro que no toleraría ese comportamiento, debía ser discreta. Nunca dijo que no lo hiciera. No podría hacerle eso… tampoco recriminarle sus escapadas al rukongai durante las horas de almuerzo. Oh, sí, lo sabía. Porque nada escapaba al ojo inquisidor de Byakuya Kuchiki.

Si algo era claro, su hermana estaba manteniendo una relación clandestina con un colega del Gotei… o Fuerzas Especiales, o la División del Kidou dado que los horarios de sus aventurillas eran coincidentes con los de la liberación de sus actividades. Se decantaba, de todos modos, por la primera opción.

Sospechosos había tenido.

El primero de ellos había sido Renji, por lógica. Él había trabajado arduo para recuperarla, incluso se le había enfrentado en ese intento. Conmovedor. Cualquiera hubiera pensado que tras de ese comportamiento habían intenciones románticas, pero bastaba verlos interactuar para darse cuenta que entre ellos no había más que una entrañable amistad… y una adoración de Renji por Rukia.

El segundo en su lista de sospechosos fue Kurosaki. Sabía perfectamente el efecto que ese impertinente muchacho había tenido en la vida de Rukia -y todo el Gotei- por lo mismo su ojo cayó sobre él. Pero las visitas de Rukia al mundo de los vivos se limitaban al tiempo de la misión. Por otro lado, si Kurosaki ingresara a la sociedad de almas para reunirse a escondidas con su hermana, hubiese sido fácilmente detectado.

Descartados los dos muchachos más cercanos a Rukia, debía ver bajo el agua.

¿Quién se estaba llevando a su hermana? ¿Quién había logrado volverla tan imprudente?

¿Quién?

Rukia ingresó al comedor con una sonrisa en su rostro, su cabello húmedo y un sonrojo en sus mejillas. Casi creyó haberla escuchado tararear una canción al ingresar, claro que acalló cuando lo vio sentado a la mesa con una taza de té frente a él.

-Nii-sama…

-Esperaba poder tener una conversación contigo, Rukia -dijo con tranquilidad.

Su hermana se sentó frente a él con la vista gacha en actitud de arrepentimiento. Byakuya leía sus gestos en silencio. La respiración profunda y retenida antes de espirar. Aquel sonrojo que no cedía, sus manos sobre los muslos que arrugaban ansiosas la tela de su uniforme.

-Rukia -rompió el silencio -Estoy preocupado por ti.

-Nii-sama… lo siento -murmuró sin alzar la vista -Lo menos que quiero es preocuparte. He sido imprudente, aun cuando me pediste que no lo fuera… -apretó aun más la tela del uniforme -Aceptaré el castigo que determines…

Byakuya asintió y respiró profundo.

-¿Quién es? -preguntó calmado.

Rukia negó. No podía decírselo, no a su hermano. No podía admitirle que había estado con un hombre. No podía ensuciar así su imagen ante él. Nii-sama que se preocupaba por ella, que le había dado un hogar… con quién comenzaba a formar un lazo finalmente. No podía.

-No volverá a repetirse. Lo juro por mi honor -o lo que queda de él.

Byakuya asintió. Una criada ingresaba para servir el desayuno, había dado orden de esperar a Rukia quien estuvo de turno durante la noche.

-Cuando conocí a tu hermana era mayor que tú -dijo cuando la criada se marchó, Rukia lo miró con atención, jamás le hablaba de Hisana-sama -Aún no asumía la capitanía, mi padre acababa de morir y yo tomaba su puesto de teniente bajo las órdenes de mi abuelo. El cómo la conocí fue bastante cliché para mi propio gusto… Fui herido en una misión y ella era la oficial de la cuarta división que cuidó de mí…

Rukia no podía probar bocado, estaba completamente absorta en la historia. En su mente trataba de imaginar aquello y se le hacía absurdamente romántico. Digno de la elegancia de Nii-sama, pensó ensoñada.

-Tu hermana y tú comparten algo, además de su increíble parecido… y es que sus miradas no son capaces de ocultar lo que les sucede… -hizo una pausa -Mírame, Rukia.

Ella alzó la vista para ser observada atentamente por su hermano. Un esbozo de sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Byakuya.

-Verás, Rukia -retomó, ella no bajó la mirada -Si bien, Hisana y tú pueden ser muy parecidas… tú tienes algo que ella no. Hisana era una mujer muy prudente… si en algo tú y yo nos parecemos, es que a tu edad, yo era imprudente e impulsivo -Rukia abrió los ojos en sorpresa -Quizás si no lo hubiera sido, jamás hubiera ido en contra de todos para estar con ella. Y me pregunto… ¿qué camino tomarás finalmente? ¿Seguirás tu instinto o actuarás como has aprendido estos últimos cuarenta años? -ella guardó silencio -¿Serás la Rukia que transfirió sus poderes a Kurosaki o la Rukia que ha decidido permanecer en la sociedad de almas a cumplir con la labor que asumió el día que ingresó a la academia?

-Yo…

-Solo piénsalo bien. Arriesgar solo vale la pena cuando estás segura que vale la pena asumir todas las consecuencias que tus actos acarreen.

-Sí, Nii-sama.

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Traspasó el senkaimon a mediodía. Las palabras de su hermano seguían en su cabeza como si las hubiese escuchado hace un instante. Las consecuencias de sus actos…

Caminaba por el Dangai escoltada por aquella mariposa infernal a paso calmo. Hacía bastante tiempo que sus actos habían dado lugar a las consecuencias que ahora vivía. Aferrada a un lazo que no podía sino unir dos almas por breves instantes.

Nuevamente estaba frente a la disyuntiva que la había acompañado desde aquella noche de año nuevo. ¿Cuáles serían las consecuencias de los actos que venía realizando desde hace unos meses hasta esa mañana?

Nii-sama era discreto. Si ella optaba por terminar con sus imprudencias, su hermano no volvería a mencionarlo. Se había mostrado comprensivo al respecto y respetaría que todos pueden cometer errores. Nii-sama era un hombre sabio y dadivoso. La perdonaría y todo volvería a ser como siempre.

Todos pueden cometer errores… ¿Era acaso Hisagi un error en su vida del cual se arrepentiría luego? Podía ser… pero si era un error, ¿por qué sentía que era el mejor error que podría haber cometido jamás?

¿Y si no era un error? ¿Y si estaba tomando el camino correcto? No. Si fuese el camino correcto no se esconderían. Se esconden quienes tienen miedo, se esconden los que actúan mal y los que se avergüenzan. ¿Acaso ella tenía miedo? Sí, tenía miedo a ser descubierta, miedo de admitir que era tan básica como cualquiera. ¿Actuaba mal? Sí, ella jamás había sido inconsecuente… pero entregarse a un hombre sin pensarlo, solo por placer. Eso estaba mal. O el resto decía que eso estaba mal. ¿Se avergonzaba? Sí, lo hacía.

Hoy sintió miedo de saberse descubierta, por actuar indebidamente y de manera poco honorable para lo que se esperaría de una joven noble, y se había avergonzado… de él. Por eso, cuando Nii-sama preguntó quién era el causante de sus imprudencias, calló. Porque sabía que para su hermano, el saberla con alguien como Hisagi sería la peor de las deshonras. Y daba lo mismo la opinión de ella, no importaba si él la hacía feliz en esos escasos momentos que compartían, si la hacía sentir la mujer más guapa y deseada de toda la sociedad de almas. No importaba si en esos momentos ella olvidaba que parte de su corazón se había ido con Ichigo. No importaba si, por instantes, volvía a sentir esas ganas de sonreír porque sí, porque se sentía viva.

Debía terminar lo que sea que tenía con Hisagi. Porque si fuese importante, si valiera la pena… no se escondería, no temería a nada, no sentiría que hacía algo incorrecto, no se avergonzaría de su comportamiento ni de quién lo propiciaba.

Pero, antes de ello, quería vivirlo sin esconderse por una sola vez. Quería sentir que era real, que estaba bien… Lejos de todos sus cuestionamientos.

El portal se abrió finalmente al mundo de los vivos. Abrió su localizador de inmediato. Nada. Estúpidos de la décimo segunda, habían errado otra vez… pero, quizás, había una forma de hacerlos mostrarse. Buscaría a todos esos plus y realizaría los entierros correspondientes. Tal vez eso los provocaría.

Era pasadas las diez de la noche cuando decidió dejar de rondar la zona e ingresar por la ventana a la habitación de Ichigo sin avisarse. Y como era tanto tonto, seguro ni había sentido su presencia, lo que confirmò cuando lo vio concentrado leyendo en su escritorio.

-Hola -lo saludó dejándose caer en su cama.

Ichigo se volteó con gesto cansado.

-¿De misión? -preguntó pasándose las manos por el cabello.

-Rastreando una actividad irregular -dijo y él asintió -Las cosas parecen tranquilas sin embargo…

-Supongo, tu shinigami de zona es algo celoso con su trabajo -dejó caer algo cabreado -Ni a Ishida lo deja participar… y eso que podría decir que son amigos -Rukia enarcó una ceja -Juegan tablero chino juntos en su tiempo libre…

-¿Ishida no prepara sus exámenes?

-Ya sabes cómo es él… tiene todo preparado y no hay de qué preocuparse. Es un soberbio. -Rukia le sonrió -¿Y tú? ¿Qué tal todo por ahí?

-Lo normal…

Estoy teniendo una relación netamente sexual con Hisagi, pero debo dejarlo… Nii-sama está sospechando y no puedo fallarle. No quiero dejarlo… no quiero… como tampoco quería dejarte ir… no quería. Pero era lo correcto. Dejar a Hisagi también lo es. No es que los compare, porque no existe punto de comparación… no existe. A veces me pregunto si también me hubiese escondido si se tratase de ti con quien mantuviera una relación de ese tipo. No, porque no tendríamos una relación así… sería diferente. No habría nada que esconder.

-¿Y Renji? -preguntó sin demasiado interés.

-Bien, lo de siempre… Concentrado en su trabajo, formando un equipo de fútbol con Ikkaku y entrenando para algún día ser mejor que Nii-sama -se rio. Ichigo asintió. El silencio entre ambos -¿Cómo está Inoue?

-Bien… al igual que Chad e Ishida. Todos bien. Preparando los exámenes, el otro día estuvo por aquí… Estamos todos tan concentrados en lo nuestro que reunirnos ha sido complejo.

-A veces pasa… yo pensaba que tú y ella se habían vuelto… unidos.

-Solo lo de siempre -respondió volviéndose al closet -Tu espacio sigue disponible ya que no usas gigai. De otro modo papá te mandaría a dormir con mis hermanas.

-Gracias…

Ichigo se volvió a sus cuadernos nuevamente y ella se tendió en su cama a revisar el localizador.

Los informes estaban en lo cierto. Había una gran cantidad de plus en la zona, pero ninguno era perseguido. Tampoco alguien apareció cuando ella comenzó a enviarlos masivamente a la sociedad de almas... Pareciera que realmente iba a necesitar a Hisagi para que la ayudara a dilucidar esa situación.

Se volvió hacia Ichigo, quien había regresado a sus cuadernos y anotaciones. Estaba haciendo justamente lo que le había pedido… vivir… mientras ella se sentía morir. Soltó un suspiro y perdió la vista por la ventana. Ichigo la miró de reojo, ¿por qué parecía tan triste? Debía reconocer que Rukia no era la mujer más alegre ni demostrativa del mundo, pero pocas veces la veía melancólica.

-¿Pasa algo, enana? -le preguntó logrando que ella dejara de suspirarle a la luna.

-Mucho trabajo…

Ichigo dejó de lado sus libros y la observó un instante. Se estiró en el asiento y se puso de pie. La golpeó por el hombro.

-Vamos a rondar la zona y me cuentas de que se trata esa misión, ¿vale?

Rukia le sonrió, todo volvía a ser como el principio.

-De acuerdo.

Pero ni esa noche ni al día siguiente hubo alguna actividad que registrar. La situación comenzaba a incomodarla. Decidió llamar a su colega y solicitar su refuerzo... aunque ello significara que su error estuviera por terminar.

Y ante ese pensamiento no pudo sino ahogar un trémulo suspiro contra el futón, oculta en la oscuridad. Porque internamente sabía que Hisagi no era un error… o quizás sí, pero había sido su mejor error. De eso sí estaba segura.

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La solicitud de refuerzos a la investigación de Kuchiki llegó pasado un par de días. Y como lo acordaron, Hisagi se dispuso a atravesar el senkaimon a primera hora. Mashiro había insistido en tomar su lugar… ya que ella acaparaba lo divertido. Muguruma estuvo de acuerdo atajando a su teniente en la oficina cuando dejaba todo en orden antes de partir.

-Mashiro irá en tu lugar -fue la orden.

-¿Por qué? -exclamó con angustia -La teniente Kuchiki solicitó expresamente que fuera yo quien fuera a apoyar la misión.

-La teniente Kuchiki no manda en esta división -recalcó -No cruzarás del otro lado si no quieres otra amonestación.

¿Por qué? Apretó los puños. ¿Por qué? No era sólo que sus planes se arruinaran… volvían a relegarle a la sombra de Mashiro. Quiso mandar a la mierda al capitán… sí, por primera vez quiso mandarlo a la mierda.

¿De qué servían la devoción y el arduo trabajo si caían en un saco roto? ¿Qué había sacado tratando de demostrar su valía frente al capitán si siempre lo trataba como si se tratara de un niño al que educar? Como si no supiera hacer su trabajo, como si no hubiese estado cuarenta años realizándolo. Como si fuera un pobre inútil, una vergüenza y un error del capitán Tousen que Muguruma debía asumir aunque no quisiera.

Se llevó la mano a su brazo y con rapidez desató la banda de teniente y se la arrojó a su capitán al pecho, él la atajó con desconcierto.

Había sido suficiente.

-Renuncio.

El capitán no pudo ocultar su sorpresa. Podía ver la frustración en el rostro de su teniente. Con que así de fácil se daba por vencido. Ese muchacho tenía demasiado orgullo para su pesar. Ciertamente se le había dado demasiado poder, se le había ensalzado mucho. Debía reconocer que era un buen elemento, pero necesitaba gente que trabajara para él y no para su ego.

Este era el fin. Cuarenta años a la basura. Internamente quiso que el capitán le preguntara el porqué, tratara de retenerlo o que lo rogara. Pero nada, solo dijo:

-Te deseo suerte, Shuuhei… puedes pasar a buscar tu desvinculación durante la mañana… y desocupa la oficina -se volteó ante la mirada atónita de Hisagi -Por cierto, no es necesario que abandones aun tu habitación. Hazlo cuando tengas a donde trasladarte.

Sin decir una palabra más regresó a su despacho. Hisagi ingresó a su oficina y se dejó caer en la silla frente al escritorio. Se tomó la cabeza con las manos, los codos apoyados en la madera. En lugar de mandar a la mierda a Muguruma, él mismo se había lanzado al vacío. En un minuto había perdido su historia, su trabajo, el lugar donde vivía… al menos tenía a sus amigos y la tenía a ella, a Kuchiki.

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El localizador de Rukia pitó al identificar otro shinigami en la zona. Frunció el ceño cuando el aparato indicó las coordinadas de aparición y la identificación de su colega: Mashiro Kuna.

¿Qué había pasado con Hisagi? Tuvo un mal presentimiento y fue al encuentro de la teniente no ocultando su preocupación. No tardó más que un par de minutos, apresurándose con un shunpo más acelerado de lo normal.

Mashiro sonreía triunfante cuando Rukia llegó a su encuentro.

-Teniente Kuna -saludó.

-Kuchiki, ¿sector movido? -Rukia negó.

-Necesito alguien que pueda ayudarme a investigar la actividad de la zona. La décimo segunda división pronosticó apariciones, pero no hay actividad alguna.

-¿Y para eso necesitabas a un teniente? Pudiste solicitar un par de oficiales -canturreó -Qué mala gestión de recursos -Rukia frunció el ceño y se mordió la lengua -Bueno, comencemos a rondar… -inició el camino -Por cierto, ¿no vas a preguntar por Shuuhei? Después de todo solicitaste que fuera él quien te asistiera… -la morena guardó silencio -Ese muchachito… no sé que bicho le picó… Pero renunció al Gotei.

¿Qué? Miró a la teniente sintiendo como su cuerpo se tensaba. Aquello no era posible… Hisagi adoraba su trabajo. Había trabajado muy duro para llegar hasta donde estaba ahora. Podía ser algo perezoso a veces, pero durante este tiempo parecía obsesionado con hacerlo todo bien. Nunca pareció estar más preocupado por hacer un buen trabajo. Antes era más seguro y hacía su voluntad confiado en sus capacidades… pero ahora… desde que el capitán Muguruma había asumido, desde que compartía puesto con Mashiro... No era necesario que él lo dijera para notarlo, había aprendido a leerlo sin necesidad que hablara. Si en algo ella y Hisagi se parecían, era que sus ojos no mentían.

Miró a su colega. Ella, esa mujer emocionalmente inestable, conocida por sus arranques. Esa mujer que acaparaba todo el trabajo que tanto disfrutaba su colega y lo delegaba a funciones nada agradables y tan domésticas que un suboficial podría encargarse. Esa mujer intrigante que se aprovechaba de espíritu inocentón de Hisagi para hacer y deshacer con él, sabiendo que no se arriesgaría a contravenir a Muguruma...

-¿Qué le hiciste? -la encaró con un valor que no se conocía -¿Qué hiciste esta vez? -Mashiro simplemente sonrió maliciosa.

-¿Yo? Nada… -dijo con fingida inocencia -El pequeño Shuuhei es un poco voluntarioso… se puso como loco cuando el capitán dijo que yo vendría en su lugar. Es que ese niño no tiene mis capacidades y aun no cae en ello… -suspiró -Y entiendo que lo solicitaras en lugar mío. Lo conoces, tienes confianza en su trabajo. Pero seamos honestas, Kuchiki-san… Shuuhei es descuidado, tiene demasiadas distracciones y tiene ese problemita con la bebida. Claro que debo decir que estaba mejorando… lástima que no haya sabido compartir su trabajo. Es un orgulloso.

-No sé de quien hablas, porque Hisagi no es así -gruñó apretando los puños -Es uno de los tenientes más abnegados y entregados a su trabajo que conozco. Desde que el capitán Muguruma asumió no ha tratado sino de demostrarle su valía y cuan duro ha trabajado todos estos años…

-Entiendo tu molestia, Kuchiki-san. Como también entiendo que tomes su bando y trates de defenderlo. Es lindo ver cómo se apoyan los tenientes… somos una gran familia -suspiró ensoñada.

-Eres despreciable… -masculló Rukia.

-¿Vamos a trabajar o no?

Rukia frunció el ceño marcadamente. Su mirada era una asesina, estaba furiosa. Desenvainó su zanpakuto, Mashiro llevó su mano a la empuñadura de su katana, pero vio que Rukia abría un portal. Una mariposa infernal apareció y Rukia se adentró inmediatamente corriendo a todo lo que podía. El portal se cerró tras ella.

La teniente de la novena división se alzó de hombros y buscó su localizador dentro de su uniforme. Lo abrió y localizó una actividad. Guardó el aparato antes de salir en busca del bicharraco.

Rukia se dirigió veloz a la primera división. Esquivó a varios en su camino, incluso a su propio hermano que no ocultó su sorpresa al verla correr por el Gotei, ella le dedicó una mirada que Byakuya supo leer. Sus acelerados pasos la llevaron hasta la oficina del comandante y se precipitó dentro sin anunciarse, tan atolondrada que casi tropezó al descorrer la puerta.

Kyoraku se la quedó mirando sorprendido sacando la atención del fragante té que bebía.

-Rukia-chan, ¿no estabas en el mundo de los vivos?

La vida da siempre dos caminos. Elegir uno u otro es una tarea compleja. Todo acto, toda decisión tiene sus consecuencias. Pero había aprendido que, frente a una disyuntiva, uno siempre sabía que camino tomar… Le daba miedo, sí. ¿Era algo malo? No realmente. ¿Se avergonzaba? No, mil veces no. Nunca.

-Acepto -dijo sin responder a la pregunta del comandante -Seré la capitana de mi división… con una sola condición.

-Tú dirás.

-Quiero a Shuuhei Hisagi como mi teniente.

El comandante se sonrió. Juventud, divino tesoro.

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Un capítulo reflexivo, sin contenido sexual… pero adivinen quienes van a pasar mucho tiempo encerrados en la oficina jijiji. Los que me leen hace un tiempo saben que no puedo alejarme mucho de la rumia mental de los personajes.

Nos leemos en el próximo capítulo a la brevedad.

PD: ¿Ven como Ichigo no está con Orihime? Ahí tienes Kubo mala persona! Si no es con Rukia no es con nadie. Esto sigue siendo crack-pairing hasta el final.