He regresado con otro capítulo de esta historia cachonda jaja. Espero que les agrade este capítulo donde… sí hay lemon! A leer!
PD: Bleach termina en agosto! Habrá tantos cabos sueltos que no puedo esperar a leer los fics que saldrán de esto. Tengo la intuición que el fandom reaccionará jijiji. Aunque sin animé se complica la cosa…
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Ser un shinigami implicaba no tener horarios específicos, por lo que estar de llamada era natural. Eso implicaba que, generalmente, debían estar en sus puestos toda la semana pudiendo tomarse quizás un día. Pero después de una semana fuera, Rukia no tenía ese beneficio.
Pues ahí estaba. Un sábado, que en el mundo de los vivos era usualmente libre, trabajando. No le molestaba, de hecho, así había sido siempre.
No era por desconfiar, pero había pedido a Hisagi un reporte de toda aquella semana de ausencia. Sabía que los tenientes tenían autonomía, sin embargo quería asegurarse que todo estuviera en orden.
-¿Qué es esto? -exclamó al ver un análisis del funcionamiento de comunicaciones.
No era un informe bueno, o sea el trabajo estaba bien elaborado. ¿Pero quién era él para cuestionar los procedimientos que estaba instaurados desde antes que ella asumiera? Instaurados desde… desde Kaien-dono. Aquello le hizo hervir la sangre. ¿Quién era Hisagi para cuestionar a Kaien-dono?
Se puso de pie y, tomando el informe, salió de la oficina dando un portazo. Ingresó al despacho de su teniente sin siquiera anunciarse. Dentro Hisagi hablaba con Eiji Himura, oficial de comunicaciones. Charlaban amenamente y eso la indispuso más.
-Buenos días -saludó a ambos tratando de disimular su molestia.
-Capitana Kuchiki -se puso de pie el oficial.
-Si nos disculpas un momento, Himura-san. Necesito hablar con el teniente Hisagi.
-Claro -salió de la oficina.
Hisagi le sonrió a Rukia, pero duró un segundo cuando ella prácticamente tiró el informe sobre el escritorio.
-¿Puedes explicarme qué significa esto?
Hisagi miró el documento.
-Es un informe de análisis del funcionamiento de la sección de comunicaciones en el que estuve trabajando con Himura…
-¿Con qué derecho? ¿Cómo te atreves a cuestionar los procedimientos que llevan años ejecutándose de manera efectiva?
-Himura fue quien propuso la idea… dijo que se habían implementado un nuevo sistema de archivos y almacenamiento de documentos. Pero que aun no recibía la aprobación y pensé que podía adelantar en ello con un fundamento… por eso el informe.
-Si no he dado la aprobación es porque no va a hacerse ninguna modificación -repuso ya sin disimular su molestia y con tono impositivo.
-Entonces podrías darle esa respuesta a Himura y estudiar este informe -respondió en postura firme -Si aún así, con esta información te niegas, perfecto.
-Cuidado con el tono que ocupas para responderme, Hisagi.
-Entonces mide el tuyo, Kuchiki.
Rukia miró el informe sobre el escritorio y luego a su colega.
-Si quieres podemos revisarlo juntos… -dijo el teniente cambiando el tono -Podemos hablarlo.
-Resuélvelo tú. Si crees que puedes hacerlo mejor que yo y que los otros tenientes que te precedieron. Buenos días.
-Kuchiki…
-Capitana Kuchiki, teniente Hisagi -lo corrigió.
Salió de la oficina. Fuera de ella se encontró con Eiji y Hibiki quien estaban curiosamente cerca de la puerta. Saludó a la oficial e ingresó nuevamente a la oficina.
La puerta volvió a abrirse dejando salir a Hisagi quien siguió los pasos de la capitana.
-Primer día y ya están discutiendo -bufó Hibiki -Te dije que no le hicieras la sugerencia a Hisagi. Está bien que quieras mejorar tu sección, pero quizás debiste hablarlo primero con Kuchiki.
-Me pregunto si fue la mejor elección de teniente… -miró a Hisagi tocar la puerta de la capitana a la distancia y luego ingresar -Ni siquiera se conocen bien o eso escuché. Quizás debió ascender a Kiyone o Sentaro.
-Bueno, pero ya está aquí, ¿no? -dijo Hibiki -Todos sabemos que esta división necesita ajustes, pero no deberíamos dejar que sea Hisagi quien se enfrente a Kuchiki o quedaremos sin teniente en tiempo record.
Dentro de la oficina de Rukia la discusión continuaba.
-No vuelvas a dejarme con la palabra en la boca -advirtió Hisagi a su capitana -Las cosas se arreglan hablando. Claramente te molestó el informe. De acuerdo, no vuelvo a meterme en ello.
Rukia lo miró un instante.
-No quiero hablar, Hisagi -respondió cambiando la actitud -No debí molestarme porque solo hiciste lo que te solicitó un oficial. Disculpa. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer.
Hisagi se acercó a ella.
-Kuchiki…
Ella alzó la vista y recibió un beso corto en los labios.
-Ahora sí me voy.
Salió de la oficina dejando a Rukia un segundo congelada.
-Tonto… -murmuró con una sonrisa.
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La lección del primer mes fue que no se debía mezclar trabajo con placer. Una cosa era la relación personal que llevaba con Hisagi y otra diferente la relación laboral. Se preguntaba si no existiera entre ellos una amistad tendría algunas reacciones algo emocionales… aunque también se preguntaba si era por tenerlo en el puesto de Kaien-dono y, sobre todo, porque parecía generar buenas relaciones personales con el resto de la división. Sencillamente ese hombre llegó a complicarle la vida… o la muerte, o lo que fuera. Y con ello sacarla de su zona de confort.
Era más fácil vivir con la sombra de Kaien-dono rondándola y con la añoranza de Ichigo. Pero Hisagi había entrado en su vida a desordenarlo todo.
-A veces me pregunto en qué piensas cuando callas -Hisagi alzaba la voz mirándola de costado.
-Pues te quedarás con la duda -respondió con una sonrisa ladina.
Él le dio la espalda para levantarse del futón.
-¿A dónde vas? -preguntó Rukia aún tendida y sin intenciones de levantarse aún.
-A la ducha. Viernes de sake, ¿recuerdas?
Rukia rodó para quedar sobre el estómago y puso su mano en el sitio que él había abandonado hace un segundo.
-Podemos llegar más tarde… vuelve aquí.
-No quiero llegar tarde -aclaró tomando una toalla y atándola a su cintura.
Rukia bufó.
-Creo que deberemos espaciar más estos encuentros -dijo ella con desilusión.
-¿Por qué?
Rukia se rodó para quedar de lado y se descubrió de las tapas dándole una imagen bastante erótica.
-Tienes una mujer desnuda en tu cama y te atreves a rechazarla. Solo puedo pensar que ya no tengo el mismo efecto en ti…
-Eso no es cierto, sigues teniendo el mismo efecto en mí que en un comienzo… o más.
-¿Entonces? Ven y demuéstramelo -él no se movió y Rukia se incorporó para sentarse -Hisagi… ¿no es por el trabajo verdad?
-Claro que no… dejemos el trabajo en la oficina, bonita. Esos dos que discuten son un par de testarudos que no dan el brazo a torcer en cosas triviales, que quizás deberían aprender un poco de nosotros…
-Hablas como si fueran personas diferentes -dijo Rukia.
-Lo son -se sentó en el futón y le tomó una mano -Nosotros no discutimos, nunca lo hemos hecho. Pero basta que te pongas el haori y yo la banda y empiezan los problemas.
-No lo había pensado así -reflexionó -A veces me sorprendes. Y eso me da una idea… -él la escuchaba atento -¿Por qué fue la última discutimos?
-No, Kuchiki no es sano… te insisto, es mejor dejarlo afuera de esto.
-Porqué fue -insistió en tono firme.
Hisagi suspiró. Quizás en la oficina podía plantarse y darle la cara, pero teniéndola así no era capaz.
-Por que no quise dar la aprobación de ingreso a un recluta con malas calificaciones en la academia -masculló.
-Pues debiste hacerlo y recuerda que la última palabra la tengo yo -repuso impositiva -Yo soy la capitana de esta división. Y en esta división aceptamos a cualquiera que quiera integrarse.
-Estás jugando con fuego, Kuchiki…
-Respóndeme, teniente Hisagi.
Él pensó un segundo.
-Un suboficial con malas calificaciones puede arruinar el desempeño del resto. Atrasará los procedimientos, sobre todo si aplicaba para finanzas.
-¿Y qué te importa? Los reportes de ese sector me corresponden. Será problema de Fumiko -la oficial de esa sección- y mío -su tono comenzaba a volverse de batalla.
-Tu problema o no afecta a todo un sector -respondió en reacción al tono de Rukia -Y si no vas a tomar mi opinión en cuenta, no la pidas -concluyó.
Rukia se sonrió y se le lanzó encima para besarlo con ansiedad. Él la apartó por los brazos.
-¿Qué se supone que haces? -le preguntó.
-Hago que ese par de testarudos aprendan a llegar a un acuerdo.
-Estás muy loca, Kuchiki -le sonrió.
-Hagamos un trato, Hisagi -apoyó sus manos en el pecho de su compañero mientras él aun la sostenía por los brazos -Cuando volvamos a discutir, recordemos porqué estamos juntos. No dejemos que el trabajo se interponga.
-¿Me propones hacer todo lo contrario a lo recomendable? -preguntó y ella asintió.
-No seas tan cabezota -lo besó en la mejilla -Di que sí -lo besó en la otra -No quiero seguir discutiendo -ahora en la nariz -Porque te pones muy feo -en la mandíbula.
-Vamos a discutir igual, Kuchiki…
-Pero va a terminar más divertido que cada uno en su oficina mascullando.
Podía admitir que era una buena idea. Mientras la sentía jugar con los labios y la lengua sobre su cuello estaba perdiendo la batalla mental de no ceder en su postura madura y racional.
Cedió finalmente llevando las manos a los costados de su compañera y le repasó la piel abriéndose camino hasta sus senos.
-Buen chico -susurró Rukia contra su cuello -Compláceme…
Se acomodó en el futón para que él pudiese acariciarla a gusto. Sintió una de sus repasarle el torso, el abdomen apretando su piel con la fuerza suficiente para no hacerle daño, pero para reclamar cada espacio como propio. La recorría hasta el vientre hasta perderse suavemente entre sus piernas. Le apretó el interior de un muslo, esquivando su sexo ahora deslizando ligero sus dedos tentándola, pero demorando el contacto que ella ansiaba. Tiritó breve al sentirlo tocarle aquel sensible punto y volviendo a escurrirse de él. Maldito, la estaba haciendo sufrir.
Ella ladeó la cabeza y lo tomó la nuca para atraerlo hacia ella y besarlo con furia, reclamando que la tocara.
-Hazlo de una vez… -murmuró en su boca.
-Sufre, Kuchiki -respondió volviendo a perder sus dedos en su sexo y retirarlos.
-Es una orden.
-Error, bonita. Aquí no eres mi capitana, eres mi mujer. Aquí ni tú ni yo ordena al otro…
Rukia llevó su propia mano hasta su intimidad y comenzó a hacer el trabajo que Hisagi negaba a hacer. Él retiró su mano para dejarle la libertad que reclamaba y bajó sus labios para besar uno de sus pechos, mientras tocaba el otro con aquella mano desplazada.
La escuchaba gemir extasiada y él no podía sino mirarla desde su posición. Era una visión que jamás había tenido, verla tomar el control sobre su propio placer. Su respiración se volvía más superficial y arqueó su espalda. Él le retiró la mano sin delicadeza y tomó el lugar de ella acariciándola con un ritmo más lento que el que ella llevaba. Sorpresivamente le tomó la mano y la llevó junto a la propia.
-Hazlo -le dijo -Quiero verlo.
Rukia comprendió y llevó un dedo a su interior. Él bajó para besarla al interior de sus muslos. La veía buscar su propia satisfacción explorándose. Le besó el dorso de la mano y sus dedos. La señal para que ella se retirara llevando su mano hasta el vientre. Ahora él tomaba el control de su intimidad saboreando cada espacio. Rukia no pudo sino gemir ante ello, lo disfrutaba, sentía cada lugar de su cuerpo tensarse y relajarse entregada a él.
-Sigue… -le dijo con voz ahogada.
Escucharla así lo enajenaba no podía sino complacer sus deseos. Los jadeos que se volvían intensos, sus quejidos agudos. La sintió tensarse y alzar sus caderas, luego dejarse caer y aquella larga espiración. Se retiró de entre sus piernas y ella llevó una de sus manos para acariciarle el cabello. Su mirada era vidriosa, sus mejillas sonrojadas y sus labios rojos. Se subió a ella y la besó atrapando sus labios dejando que ella profundizara a gusto. Se acomodó entre sus piernas rozándole su sexo con el propio solo para disfrutarlo, para ver su mirada ansiosa cuando se apartó de sus labios.
-Te quiero -dejó escapar sin pensarlo.
Cayó en su error y se la quedó mirando asustado. ¿Qué mierda había hecho? Pero ella le sonrió.
-Yo también…
La besó profundo tratando de ocultar su vergüenza por descubrir sus sentimientos. Por quebrar la regla que ambos habían impuesto. La sintió aferrarse a su espalda y se guio dentro de ella. La escuchó gemir en su boca. Sabía que sus palabras se perderían en el ardor de ese encuentro y que seguramente no volverían a decirlas, pero no importaba. Él la quería y por ese momento ella le correspondía. Eso era lo único que importaba.
Le hizo el amor, se lo permitió. No la poseyó sin sentimientos reprimidos. Se dejó quererla en ese momento sin miedos, sin volverse un animal.
No volvería a mencionarlo… no hasta que ella lo dijera primero y entonces no cansaría de decírselo cada día, cada vez que pudiera, solo para escuchar de sus labios que ella también lo quería.
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Las extrañas actividades en Karakura se habían detenido desde la última visita de Rukia en compañía de Mashiro y, desde entonces, no había acudido al otro lado del senkaimon. De eso ya había pasado un par de meses. Sus responsabilidades como capitana lo dificultaban bastante y además…
-No, no -exclamó Rukia tomando los documentos en sus manos y empujándolos contra el pecho de Hisagi -Este es tu trabajo.
-No, señorita, es el tuyo -se los devolvió.
-Que no -reclamó -Soy tu capitana y si yo te digo que es tu trabajo, lo es.
-No, no -canturreó -Ambos sabemos que no es… y no intentes meterlos en mi oficina a escondidas como la última vez…
-¿Yo? -se hizo la desentendida -Jamás haría algo así, teniente Hisagi. Eres un malhablado. Me siento ofendida.
Shuuhei se sonrió, era tan niña cuando quería. Tomó los documentos y los apartó sobre el escritorio.
-Lo haré, pero solo por esta vez -le dijo en tono conciliador.
-Con tu deber cumples -bufó dándole la espalda.
Sintió sus manos sobre la cintura hasta que sus brazos la rodearon y sintió su mentón apoyársele en el hombro. Era tan meloso… y le gustaba.
-Merezco al menos un reconocimiento por ello, ¿no crees? -le dijo al oído.
Rukia se rio suave y puso sus manos sobre las de su teniente. Soltó una espiración pesada y cerró los ojos dejándose abrazar.
-Un reconocimiento… déjame pensarlo… ¿puede ser algo que incluya un futón, tú, yo y poca ropa?
-Capitana Kuchiki, siempre tienes las mejores ideas… pero si puedo hacer un alcance a tu propuesta… -deslizó las manos hasta las caderas de su colega y la apegó a su cuerpo -Sin ropa.
-¡Teniente Hisagi! ¡Qué propuesta más indecorosa! -se volteó para verlo a la cara -Pero me gusta…
Él subió una de sus manos para tomarla por la barbilla y alzarle el rostro. Probó sus labios con los propios, y Rukia lo rodeó con los brazos logrando que se agachara mientras ella estaba de puntillas. Era una escena bastante tierna hasta que Hisagi le apretó el trasero pasando la mano bajo el haori y Rukia respondió mordiéndole suave el labio inferior. Él se apartó para sentarse en la silla y subirse a Rukia en el regazo. Repasó el borde del haori con los dedos.
-Me retracto… -murmuró -el futón, tú, yo y este haori.
Rukia se acercó a su oído.
-Suena sexy -le susurró antes de delimitarle el lóbulo con la punta de la lengua -¿No quieres adelantarlo para ahora? Podríamos saltarnos el almuerzo….-propuso sugerente.
Se retiró para verlo a la cara. Lo había conseguido, había desatado el lado bruto de su teniente. Se sintió tomar los costados de los muslos con firmeza mientras la apegaba a él de un golpe. Se quejó no sin agrado y se dejó besar ávidamente. Bajó sus manos hasta el obi del teniente buscando desatarlo con velocidad, hizo lo mismo con el propio cuando el primero cedió. Se deshicieron rápido de las prendas y ella se le subió encima lento mientras soltaba un gemido al sentirlo dentro. Él la tomó por la nuca para volver a besarla. Le encantaba hacerlo mientras sus cuerpos estaban unidos, mientras la sentía moverse controlando la situación. Le gustaba escucharla jadear a contraboca, sentirle el aliento en la cara, cálido, ansioso, animal. Le gustaba retirarle el cabello del rostro y verle su expresión, como cerraba los ojos, como se mordía el labio antes de abrir nuevamente la boca buscando aire, como se aferraba a sus hombros como anclaje para su vaivén de caderas. Ella era un vicio.
-¿Rukia-chan? -se escuchó tocar la puerta -¿Ya estás lista?
-Mierda, es Rangiku -se asustó y se puso de pie de un brinco dejando a su compañero estático -Un segundo -alzó la voz al exterior tratando de parecer natural.
-¿No se suponía que nos juntaríamos en el local? -preguntó Hisagi en un murmullo vistiéndose acelerado.
-Supongo que estaba por aquí -Rukia ataba su obi y se arreglaba el cabello -¿Estoy bien?
-Perfecta, como siempre.
-Meloso.
Rukia caminó hasta la puerta y abrió. Matsumoto intentó asomar la cabeza al interior de la oficina con curiosidad. ¿Por qué había tardado Rukia-chan en abrir? Se sonrió al ver a Shuuhei sentado en el escritorio con cara agria fingiendo leer una revista… que estaba al revés.
-¿No vienes con nosotras, Shuuhei? -preguntó la rubia a su colega con una sonrisa pícara.
-Sí, en un momento -respondió con displicencia.
Rukia insistió en comenzar a caminar empujando ligeramente a la teniente por el brazo.
-Sí, tú… pon en orden tus… asuntos -rio la rubia terminando por ceder ante la insistencia de Rukia.
De alguna manera se había confirmado un grupo bastante variopinto, y los almuerzos habían pasado a ser una instancia agradable y bastante conversada.
-¿Aún no te decides? -preguntó Momo a Rukia, quien miraba la carta de aquel lugar donde solían salir a almorzar.
-No sé que tomar la verdad… -caviló.
Shuuhei a su lado tomó la carta frente a su capitana y la alzó para repasar los platillos.
-¿No quieres Miso? -le preguntó.
-No sé -respondió acercándose a él para mirar el menú nuevamente.
-¿Botamochi?
-Quizás… ¿no es algo pesado? Luego me da sueño.
-Cierto. ¿Katsudon? Ese te gusta.
-No sé, decide tú.
Mientras la elección del almuerzo se llevaba a cabo Renji intercambiaba miradas con Rangiku quien parecía divertida con la situación, él incómodo.
-Ya está, yakimeshi -resolvió Hisagki dejando la carta al centro de la mesa.
-Buena idea -afirmó Rukia -¿Y tú que vas a pedir?
-Katsudon.
-Al menos puedes decidir algo, teniente calzones. ¿Sientes tu hombría recuperada? -rio Renji del otro lado de la mesa.
-¡Cállate, Renji! -exclamó Rukia -¡Serás odioso!
-Sí, cállate, Renji -se burló Hisagi.
-Me callo, me callo -dijo al tiempo que llegaba el mesero.
Kira pidió las órdenes de todos mientras las chicas retomaban la charla original sobre el festival de verano. Rukia tenía pensado cruzar el senkaimon, ese par de días libres le daba un tiempo para poder visitar a Ichigo y su familia. Además que le gustaba ir al festival del otro lado, era más divertido.
La comida llegó finalmente.
-Buen provecho -dijeron todos y se lanzaron a comer con avidez.
Momo hablaba con Rangiku sobre cómo realizarían las actividades de la asociación y el puesto que tendrían para el festival. Sin embargo, Renji miraba fijamente como Rukia robaba del plato de su teniente y él parecía no inmutarse.
-¿Quieren dejarlo ya? -exclamó con molestia.
Ambos oficiales se lo quedaron mirando sin saber qué debían dejar de hacer.
-Son odiosos -agregó el pelirrojo -Ay no, decide tú, Hisagi -remedó a Rukia -Pero igual voy a robarte de tu plato -siguió.
-¿Cuál es tu problema, cabeza de piña? -preguntó Rukia con molestia.
-¡Esa actitud parejística que tienen los dos! Si ya es odioso con Ichigo, créeme que con este tipo es mil veces peor. ¡Ni siquiera discuten! ¡Me dan diabetes!
-Abarai creo que estás viendo cosas donde no las hay -dijo Shuuhei antes de tomar otro bocado, pero del plato de Rukia solo por joder a Renji.
-Sí, donde no las hay -reafirmó Rukia. Y se cruzó sobre la mesa para robarle a Renji de su plato -¿Ahora vas a dejarnos comer en paz? -preguntó con la boca llena.
-Hasta hablan en plural -casi se tiró el cabello.
-Ya déjalo, Renji -intervino Momo.
-¿Estás celoso que Rukia-chan tenga más amigos que tú? No te preocupes, siempre serás su favorito -dijo Rangiku con picardía -Además tú tienes otras amigas… como Momo, como yo, esa linda chica de tu división… ¿Akiko no se llama?
Renji gruñó guardando silencio.
-¿Te sumarás al puesto, Rukia? -preguntó Momo viendo a la capitana.
-Lo siento, cruzaré el senkaimon. Quiero aprovechar de pasar esos días con Ichigo y su familia.
Renji miró el inexpresivo rostro de Hisagi, pareciera que no le afectaba en lo absoluto. Parece que realmente estaba viendo bajo el agua. De todas maneras le jodía la actitud de esos dos, tenían demasiada química… una que se generó de a poco sin nada de chispa. Y ahora… si no fuera porque conocía a Rukia, diría que tenía una debilidad por su teniente… una debilidad romántica. Pensar en eso le revolvía el estómago. No, no eran celos, era que simplemente Hisagi no le parecía una pareja adecuada para su amiga. Incluso prefería a Ichigo mil veces.
-Lo pasarás genial -opinó Rangiku -Pasar tiempo con los amigos es invaluable -agregó mirando a Renji acusadora -Recuerda enviarle mis saludos a Ichigo-kun.
-Claro -sonrió al tiempo que volvía a robar del plato de Shuuhei.
-Puedes tomarlo -le entregó el cuenco -No tengo hambre.
-¿Te sientes mal? -preguntó Momo.
-Creo que era demasiado -respondió buscando al mesero con la mirada para pedirle un té.
Rangiku frunció el ceño. ¿Por qué tenía la impresión que a Shuuhei, el viaje de Rukia, no le hacía gracia alguna? O quizás su pérdida de apetito fue una coincidencia.
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Rukia dibujaba en la solera mientras Byakuya la miraba disimuladamente. Debía reconocer que desde la última conversación que habían tenido, ella había tenido un comportamiento impecable. Podía escucharla tararear una alegre canción con un sonrisa en el rostro, un sonrojo que podría ser producto del sol que ya comenzaba a caer.
¿Sería que malinterpretó sus escapadas y no eran sino fiestas y juntas con sus amigos? Desde que comenzó a concentrarse en su trabajo y dejó de pensar del otro lado, había logrado integrarse al grupo de oficiales… aunque había un par que no le agradaba demasiado, Rangiku Matsumoto y el mismo teniente de Rukia, Shuuhei Hisagi. Le preocupaba la cercanía que ambos desarrollaban. No era un mal tipo, pero tenía una tendencia a la mala vida. Quizás eran habladurías, pero no quería que esas habladurías comenzaran a involucrar a su hermana.
La vio ponerse de pie y miró hacia él. Pareció asustarse, como lo haría una chiquilla descubierta en un secreto. ¿Sería que le ocultaba algo realmente?
-¿Necesitas algo, Nii-sama? -preguntó algo titubeante al acercársele.
-¿Lista para mañana? -Rukia asintió -¿Dejaste todo en orden en el cuartel?
-No hay de qué preocuparse, Hisagi se hará cargo de todo.
-Perfecto.
Rukia se llevó una mano al cabello descorriendo ligeramente el borde de su uniforme, fue entonces que lo notó. Justo en la unión de su cuello y el hombro, ligeramente hacia la espalda.
-¿Te golpeaste? -le indicó hacia la zona marcada de un vistoso rojo -Tienes una marca…
Rukia se llevó la mano hacia el hombro.
-Supongo… -volteó la cabeza tratando de ver algo, claro que por la ubicación eso sería imposible.
Byakuya tomó aire profundamente y la miró a los ojos. No era severidad la que podía leerse en ellos, era preocupación.
-Te lo volveré a preguntar… ¿quién es?
Rukia abrió los ojos y sintió un frío recorrerla desde la coronilla hasta los pies. Sentía como la sangre le bajaba.
-¿Quién es quién, Nii-sama?
Su hermano suspiró.
-Nadie, Rukia… nadie.
Se volvió hacia el corredor y comenzó a caminar a paso calmo. Rukia caminó acelerada a su habitación. Descorrió su kosode y trató de verse al espejo. Ahí estaba, la marca roja que había visto Nii-sama. Las manos le temblaron.
Había sido descubierta. Y quién sabe cuantos habrían visto esa marca. Maldito, Hisagi. ¿Qué no podía controlar su libido? Buscó entre sus cosas algo de maquillaje que alguna vez compró y nunca usó. Vertió un poco de la crema coloreada en su mano y untó un dedo en ella. Llevó la mano hasta la marca, pero antes de pintarla se detuvo. Si lo hacía estaría validando las sospechas de Nii-sama. Más valía hacerse la desentendida… ¡Pero ese Hisagi se las pagaría!
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Oh, Byakuya, no se te escapa nada. ¿Qué acciones tomará?
¿Rukia aceptará los sentimientos que ha comenzado a tener por Hisagi? Y sobre todo, ¿qué pasará cuando vuelva a ver a Ichigo?
Ahora que Rangiku y Renji han comenzado a sospechar, ¿tratarán de averiguar qué sucede entre ambos?
