People querida! He regresado con otro capi de esta historia. Gracias por sus comentarios de apoyo y opiniones. Me llama mucho la atención que muchos siendo acérrimos Ichirukistas sigan esta historia tan crack jajaja. En fin, no quiero adelantar nada. A leer!

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-¿Y cómo es eso de los exámenes de ingreso? -preguntó Renji.

-Debe ser algo como ingresar a la Academia, Renji tonto -dijo Rukia con aires de superioridad.

-Ya, pero en la Academia ingresas o no…

Ichigo se reía de las batallas campales que libraban sus amigos tratando de comprender algunas cosas que para él eran tan corrientes.

-Pero cuando ustedes salen de la academia también pueden elegir si ingresan al gotei, a fuerzas especiales o a la división de kidou.

Renji y Rukia tiritaron al escuchar la última opción. Algo común en todos los del gotei.

-La universidad es algo así, pero con más opciones.

Renji asintió.

-Si estuvieras aquí… viviendo aquí… ¿ingresarías al gotei? -preguntó el pelirrojo con curiosidad.

-No tendría otra opción -respondió con tono cansado -Ya ahí podría postular a alguna división.

-Alguien como tú no necesita postular -rio Renji.

-Existen conductos regulares, Renji. Deben seguirse -casi fue un sermón -Pero te aceptarían en cualquiera -agregó dándole la venia.

-¿Y tú, Rukia? -preguntó Renji -Si estuvieses del otro lado, ¿a dónde postularías?

-No conozco mucho del otro lado, Renji… mi vida está aquí.

El teniente de la sexta división era muy insistente con el tema de ambos mundos últimamente. Rukia ya comenzaba a molestarse en serio. Era como si estuviese instigando tanto a ella misma como a Ichigo a moverse de su vida y cambiarla totalmente.

Si fuese así… si debiesen transitar esta vida juntos… ella ya hubiese estado del otro lado o él de éste. No, él no. Vivir no es algo que se abandone. A la muerte es a quien todos le rehúyen… pero ella se aferraba a la muerte. Era todo lo que conocía y arriesgarse a perderlo todo la paralizaba.

Perder a Renji y Nii-sama…

Perder su trabajo…

Perder a sus amigos…

Ella había perdido suficiente ya. Pero tampoco exigía que Ichigo cediera. No, simplemente se dejaba llevar por la corriente, por el curso del destino. Nunca sentía que tomaba una decisión, que estaba forzando algo… simplemente era.

-Ya es hora de regresar -dijo Rukia poniéndose de pie desde la mesa -Tengo reunión en veinte minutos.

-Pero si llegas en dos con shunpo -bufó Renji.

-Déjala, cabeza de piña… -comentó Ichigo con tono burlón -Seguramente tiene que ir a darse un largo y exhaustivo lavado de dientes… Es reunión con Hisagi -sonrió malicioso.

-¡Lo olvidaba! Ve y ponte guapa, Rukia.

-¿Por qué me molestan con él? -gruñó la capitana apretando los dientes.

-Porque te enojas -respondió Ichigo con simpleza -Y hacerte enojar es genial -agregó.

Tenía una vida, un trabajo, amigos, familia… tanto ella como Ichigo. Sus responsabilidades, sus sueños y ambiciones. El tiempo para él pasaría rápido, para Rukia aún más. Renji le dijo que no creía que Ichigo esperaría por ella… Rukia creía que sí. Era a la esperanza a la que se aferraba.

Y no, no era reunión con Hisagi… le hubiese gustado que lo fuera, para que así se viera en la obligación de dirigirle la palabra para algo más que instrucciones. Pero eso no debería importarle.

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Un horrible dolor de cabeza fue lo que logró despertarlo. Rodó sobre un costado y la luz del exterior le dio con todo en la cara. Se volteó boca arriba y se llevó las manos a las sienes presionando con fuerza.

-Veo que ya despertaste, dormilón.

Hisagi abrió un ojo y vio a Rangiku con una corta yukata, el cabello recogido y una taza humeante entre sus manos. Se la alcanzó.

-Gracias.

-¿Te sientes mejor? -preguntó viendo a su colega soplar la taza y beber un poco -No le puse azúcar.

-Así está bien… Disculpa por venir tan tarde, no sabía a donde ir.

-Para eso estamos los amigos -se sentó a su lado -Siempre hay un futón extra para poner en la sala -le revolvió el pelo -¿Quieres hablarlo? -él la miró -Llegas a mi casa de madrugada borracho y llorando como un crio… Creo que merezco una explicación, Shuuhei. ¿Volviste a pelear con Mashiro?

Hisagi negó y se llevó una mano a la cabeza. Se le partía.

-Mala resaca -bromeó Rangiku -¿Y bien? -insistió -Debo, por tu silencio, entender que se trata de una chica… Si fuera por otra cosa ya me lo habrías contado. Vamos, dilo. Puedo soportar que rompas mi corazón de saber que me has reemplazado -se llevó una mano al pecho, sobreactuada.

Él se rio suave.

-Es por una chica -dijo finalmente -Pero no es su culpa, yo fui el idiota que confundió las cosas. Ella fue muy clara…

-Rukia-chan siempre lo es.

-Sí, lo es… -respondió automáticamente y luego se la quedó mirando entre asustado y burlado.

-No era muy difícil adivinarlo -le guiñó un ojo -Y bien, me imagino que todo tu cuento rosa se vino abajo ahora que Ichigo-kun vino a pasar una temporada -su compañero solo suspiró -¿Y vas a dejar que tome ventaja?

-Siempre ha tenido la ventaja…

-¿Seguro? Si siempre ha tenido la ventaja Rukia se hubiese quedado del otro lado del senkaimon. Te voy a decir unas cuantas cosas por las cuales tú llevas la ventaja y no te has dado cuenta. Primero, estás aquí. Misma dimensión, ambos muertos, ¿te suena? -él se rio -Segundo, eres real. No eres una ensoñación adolescente. Puedes besarla, tocarla… -hizo una pausa -Tercero…

-¿Ventaja? Kurosaki es mucho mejor que yo en cualquier aspecto.

-¡Ah, claro! -su tono era sarcástico -Me olvidaba que es un poderoso shinigami y tú solo un teniente… ¡Oh! Momento… yo también soy solo una teniente… me siento disminuida porque no soy como Ichigo-kun -dejó la sátira -Pues si eso le importa a Rukia, creo que estás mejor sin ella -Hisagi iba a interrumpirla -No, Shuuhei. Si ahora vas a decir que Ichigo es más guapo, que tiene actitud y que todos lo admiran… Tienes razón en todo. Sí, es más guapo que tú. Sí tiene más actitud, es irreverente y lucha sin temor. Y claro que todos lo admiramos… pero si fuesen esas las razones por las que te haces a un lado, medio Seireitei estaría divorciándose y terminando sus relaciones en este mismo instante.

El teniente miró a su taza y volvió a soplarla tratando de dar sentido a las palabras de Rangiku.

-Nunca pensé que te diría esto, pero… eres un cobarde.

-No soy un cobarde. Simplemente no voy a estar rogando a alguien que obviamente no le importa lo que pasó entre nosotros. ¿Rogarla para qué? ¿Qué gano con eso?

-Podrías ganarla a ella…

-Las personas no se ganan, Rangiku. Para que las cosas funcionen entre dos personas debe haber mutuo interés, preocupación, afecto. Anoche tuve un momento de debilidad, pero fue solo eso… Había estado dentro de lo esperable hacia arriba. Pero cuando el capitán Kuchiki me enfrentó terminé por quebrarme.

-¿Qué el capitán Kuchiki hizo qué?

-Me enfrentó a la manera Kuchiki. Directo y pausado -imitó la voz de Byakuya -No importa lo que hagas, Hisagi.

-¿Tú crees que Rukia-chan…?

-No, ella no le dijo. Era uno de sus peores miedos. Debe haberlo descubierto solo.

Rangiku guardó silencio.

-Te traeré una toalla. Ya casi son las nueve y ambos estamos tarde… -caminó a su habitación y abrió un armario -Por cierto, Shuuhei -él se asomó por la puerta -Quizás y digo quizás… estés en lo cierto con Rukia-chan… en eso que no estás al nivel de Ichigo-kun. Pero hay varias mujeres en el Gotei que no tienen que pagar los platos rotos -le golpeó el pecho con la toalla -Derecho -lo tomó del mentón -Mirada al frente y sonríe. Ellas te lo agradecerán -agregó pícara -No te tardes mucho.

-Gracias, Rangiku.

Ella asintió y vio a su amigo ingresar al baño. Se sentó en el sillón a terminar su propio café.

-Rangiku -se escuchó llamar.

-¿Qué?

-Tienes razón -dijo mientras se enjabonaba el pelo -Quizás no soy el que gane las batallas contra el némesis, pero las libro y combato con quienes están a mi nivel. Tampoco soy el más guapo, pero tengo estilo -Rangiku se rio afuera, él no la escuchaba -No soy irreverente ni rebelde. Hago lo que se me ordena y trato de apegarme a las reglas. ¿Y sabes algo? Así está bien. Está perfecto.

-Lo está. Está perfecto, tal cual.

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-Kuchiki

Rukia abrió los ojos y se incorporó en el futón. La oscuridad invadía su habitación y el silencio que caracterizaba su casa. A lo lejos podía escuchar un grillo y el ulular del viento. Muy a lo lejos. Casi podría decir que, en ese inmenso silencio, podía llegar a oír los peces koi de Nii-sama saltando fuera del agua.

Si ponía atención podría decir que escuchaba todo… menos su voz.

A veces lo extrañaba… a veces por la noche… Mientras se dormía su añoranza crecía y se decía a sí misma que le hablaría a la mañana siguiente. Que le diría que lo extrañaba… que había soñado con él la noche anterior. No lo soñaba haciéndola suya… lo soñaba hablándole, riendo de sus bromas, abrazándola al dormir.

Y todas las mañanas que despertaba sola, antes de comenzar el día deseaba poder volver a perderse entre sus brazos, a enterrarle la nariz en el cuello, siquiera escucharlo roncarle en el oído.

Sin embargo, cuando salía de su habitación, cuando comenzaba el día… su recuerdo se perdía y lo olvidaba, como quien olvida un pendiente que no es urgente, como quien olvida lo que da por sentado.

Sentada frente a la mesa desayunando con su hermano, la vida volvía a su curso normal. A como debía ser…

-¿Kurosaki no pretende venir a desayunar? -preguntó Byakuya antes de probar su arroz.

-Partió temprano donde sus primos -aclaró Rukia -Dijo que aprovecharía unos días con ellos antes de regresar.

Byakuya guardó silencio y Rukia volvió a sus pensamientos. No pasó desapercibido para el mayor de los hermanos que ella no había probado bocado.

-¿La comida no es de tu agrado, Rukia?

La voz de su hermano la sacó de sus pensamientos y negó con la cabeza. Últimamente ella estaba así… lejos. Era algo de momentos.

La vio tomar un trozo de pescado en los palillos e introducirlo en la boca con la mirada perdida. Odiaba esa expresión. Hacía tiempo que no la veía, quizás medio año. Pero había regresado y quedado en su hermana como lo hizo la vez que Kurosaki se marchó definitivamente tras la batalla contra los quincys. Esa expresión vacía que luego dejó el paso a esas sonrisas aparentemente sin motivos y sus tarareos.

-Rukia…

-¿Sí, Nii-sama? -lo miró con curiosidad, expectante a lo que él tuviese que decir, como si el sonido de su voz tuviese la respuesta para ese vacío.

-Mañana es la ceremonia de Aimi… -ella lo miró un segundo. No, ella no volvería a llegar tarde.

-Lo sé, Nii-sama -miró al jardín estando los shoji descorridos -Nii-sama…

-¿Si, Rukia?

-Cuando tú y Hisana-sama se enamoraron… ¿no tuviste miedo? -Byakuya la miró inexpresivo -¿No pensaste en que podrías perderlo todo?

-No, no tuve miedo -respondió. -Solo temía a perderla… mi vida sin ella, no era vida. Aunque debo admitir que mi comportamiento fue absolutamente impulsivo e inmaduro.

-¿No volverías a hacerlo si sucediese hoy?

-Probablemente no -respondió mirándola como si la traspasara -Y tampoco conocería la bondad y el cariño de la manera en que lo hice… -por un segundo su rictus cambió -¿Tienen estas preguntas alguna relación con tus pasadas escapadas?

Rukia negó.

-No. Eso se acabó.

-Bien… Termina tu desayuno, Rukia.

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No importa lo que hagas…

Volvió a revisar aquel informe. Lo habría leído ya unas veinte veces y perdido en su contenido las mismas veinte. Se frotó la cara con las manos y volvió a ello.

No importa si le juras amor eterno…

"Se confirma la aparición de diez entidades tipo hollow en la zona 54 correspondiente al perímetro oeste de la ciudad de Karakura. La confrontación inicial la lleva a cabo la capitana Rukia Kuchiki en compañía del sustituto Ichigo Kurosaki, logrando la caída de tres de los entes…"

No importa si te dijo que te quiere…

"Se confirma la aparición de diez entidades tipo hollow en la zona 54 correspondiente…"

No importa lo que hagas…

"Se confirma la aparición de diez…"

No importa si le juras amor eterno.

"Se confirma…"

Si dice que te quiere...

"Se…"

Siempre serás nadie.

Dejó el documento a un lado y bebió un sorbo de su café. Estaba tibio. El encontrarse con el capitán Kuchiki en su camino al cuartel fue el peor desmoralizador que pudo tener. Todo iba tan genial… hasta que los ojos grises de Byakuya Kuchiki lo traspasaron como lo haría su zanpakuto e inyectaron en su mente aquellas perversas palabras… bueno, al menos tenía ánimo de relatarlo como si fuese una historia macabra.

Ya había pasado bastante de ese incidente y casi un mes desde que Kurosaki llegó a la Sociedad de Almas. Había escuchado que disfrutaba su tiempo libre antes de ingresar a la universidad. No sabía qué era eso, pero supuso que era algo como la división de kidou. Mucho estudio y vacaciones… quizás debió aplicar allí de todos modos… solo por las vacaciones.

Se puso de pie para ir por otro café, tomó el tazón y abrió la puerta para encontrarse con Rukia frente a frente.

-Iba a tocar… -dijo ella mirándolo a los ojos.

-Iba por café… -balbuceó con la taza en la mano.

-Vengo por el reporte de los shinigami de zona…

Hisagi volvió al interior de la oficina y buscó en los documentos que estaban sobre el escritorio. Tomó una carpeta y se la entregó.

-Hisagi…

-Que tengas buen día, Kuchiki.

Emprendió camino a la cocina, dejando a Rukia viéndolo alejarse tomando con firmeza la carpeta entre sus brazos.

-Tu también… -murmuró, pero él no pudo escucharla.

Prefirió salir huyendo como un cobarde en lugar de intentar hablarle. Botó el café tibio en el lavaplatos y esperó que la cafetera estuviera lista. Le gustaba eso de la décimo tercera división, que tratándose de cocina, lo tenían todo.

Alguien puso una taza junto a la propia y se volteó. Rukia miraba su tazón en silencio.

-Aún no está listo -dijo Hisagi mirando a la cafetera.

-Puedo esperar.

-No te gusta el café.

-Es un gusto adquirido… -dejó caer aludiendo a sus desayunos juntos.

La cafetera sonó. Hisagi tomó el tazón de Rukia y vertió el contenido, para luego hacer lo mismo con la propia. Dejó ambas tazas sobre la mesa.

-¿Por qué ya no me hablas? -preguntó Rukia.

Hisagi tomó aire profundamente y miró el café en su taza. No era ningún cobarde y menos un niño. La balanza se había inclinado a favor de Kurosaki… o siempre estuvo de ese lado más bien.

-Sé que no me he comportado bien contigo, Hisagi -continuó Rukia -Debí ser honesta… Tener a Ichigo acá… -lo miró, pero él seguía con la vista en su tazón -¿Te acuerdas de año nuevo? ¿De lo que hablamos? -él asintió -Hay cosas que no pueden cambiar de la noche a la mañana. Puede ser que a Ichigo lo vea poco, pero cada vez que lo hago significa mucho para mí. Puede que no tengamos nada más que una amistad… pero tú me dijiste que no perdiera las esperanzas.

-Suelo autoboicotearme -se bromeó mirándola y ella esbozó una sonrisa -Eres una gran mujer, Kuchiki. No sé a qué le temes… pero si quieres que todas tus dudas se disipen, tendrás que arriesgar… ¿Sabes qué creo? Que Kurosaki se siente exactamente igual contigo.

Rukia asintió.

-Supongo que el juego terminó -suspiró con voz suave -No me arrepiento -dijo con seguridad -Antes de eso prácticamente no hablábamos… siento que gané un gran teniente… y un amigo… ¿verdad?

-Voy a ser muy honesto contigo. Me enamoré de ti como un idiota -Rukia se entristeció -Pero, qué más da -dijo de buen humor -Cuando quieres a alguien quieres que sea feliz. Y digamos que tengo una debilidad por las chicas guapas, debí anticiparme a ello y tomar las preocupaciones del caso. Mi error. No te sientas mal, ¿si? Ya se me va a pasar… Siempre puedo pedir mi transferencia.

-¿Estás loco? -exclamó Rukia -Claro que no. No lo autorizo… solo si trabajas sobre ese enamoramiento tuyo.

-Sí, capitana Kuchiki.

Enamorarse… ¿de él? Tal vez pudo hacerlo. Tal vez. En algún momento reconoció sentir algo por Hisagi más que mera simpatía y atracción sexual. Quizás… solo si ella se lo hubiese permitido…

-Vamos, se enfría el café -dijo Kuchiki comenzando a caminar por el pasillo.

De alguna manera sentía que descorrían lo vivido hasta entonces. La miraba de perfil y se sonreía embobado. De todas las chicas, Rukia Kuchiki, la que parecía inalcanzable… Una mujer que hasta hace seis meses era invisible para él y ahora… Fue ingenuo pensar que en medio año podría cambiar una historia que se venía escribiendo desde hace mucho más.

No estaba entre ellos solo Kurosaki, estaba Byakuya, el clan Kuchiki, Renji. Era mejor dejarlo así. Demasiados enemigos que combatir sin la única aliada que necesitaba. Hisagi sabía perder, había aprendido con el tiempo. Había distancias insalvables, eventos que el destino se empecinaba en unir y luego separar. El resultado de la constante de decisiones que surgen de cada evento.

-Iré a Karakura -dijo Rukia deteniéndose frente a su oficina.

-¿Cuándo partes?

-En un par de días… tardaré un mes.

-De acuerdo.

-¿Quieres que te traiga algo?

A ti. Te estaré esperando.

-Si se me ocurre algo te aviso, que tengas buen día, Kuchiki… -se volteó para retomar su camino.

-Es Rukia… -le dijo logrando que la viera -Puedes llamarme Rukia.

-Que tengas buen día, Rukia.

-Tú también, Shuuhei.

Él le sonrió antes de regresar a su despacho, Rukia ingresó en la oficina. Dejó su café sobre el escritorio y se sentó a revisar la carpeta que le había entregado su teniente. Comenzó a revisar los informes… sonriendo y tarareando una canción.

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Era lógico por qué no podía dar en cómo Rukia dejara de estar confundida. ¡Por que Hisagi y ella casi no se conocen! Él es más tiernito le va el enamorarse fácil, pero ella es totalmente hermética. ¡Era tan obvio! Como diríamos en mi bello país "todo calza pollo".

Pues bien. Si usted es fiel Ichirukista, este es el fin de la historia para usted.

Y si es un crack-pairing lover (YaY), puede continuar con los siguientes capítulos. Vaya por su insulina jaja.