Hola otra vez! Me he tardado en actualizar, pero he estado tapada de trabajo. Que la universidad esté en paro no significa que no haya nada que hacer.

A leer!

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Sed… la boca seca… sed… Abrió un ojo muy a su pesar. Iría por una vaso de agua y volvería a la cama. Necesitaría dormir bastante para reponerse. Debía comenzar a medirse con el alcohol, pero siempre decía lo mismo al día siguiente de las fiestas.

La vista borrosa. Se movió y notó que no estaba solo. Se incorporó de un brusco movimiento que, claro, le hizo doler la cabeza. Se miró. Estaba vestido al menos. Rukia dormía profundamente.

Se vio tentado de acariciarle el cabello, como lo hacía antes… pero retiró la mano cuando casi tocaba su pelo. Se puso de pie y salió de la habitación.

Rukia rodeó al sentir frío en la espalda y abrió los ojos. Puso la mano del lado vacío del futón, aún estaba tibio. Auch, la cabeza…

La puerta se descorrió y vio a Shuuhei ingresar con dos vasos de agua.

-Hola -la saludó y ella le sonrió -Qué nochecita, ¿verdad?

-Si… -respondió, él le pasó un vaso y se sentó junto a ella para darle un sorbo al agua y hacer un gesto de asco –Oye… sobre lo que pasó…

-¿Qué con eso? -preguntó despreocupado con la boca pegada al borde del vaso.

-Fue algo circunstancial…

-Lo sé -dijo dejando el vaso junto a él -Estábamos muy borrachos. Son cosas que pasan… tenemos historia y eso, a veces, lleva a hacer este tipo de cosas. No le des importancia, de verdad.

-No debí hacerlo…

-Estabas pasada de tragos, Rukia. Fue un impulso… Además, según recuerdo eras una borrachita bastante cariñosa… -se sonrió pícaro -No te saliste de lo normal.

Rukia lo empujó por el hombro.

-No digas eso, es vergonzoso -reclamó algo sonrojada.

-Relájate -se rio -Solo nos besamos, no es como que termináramos follando como enfermos. Exageras lo que pasó.

La vio callar y soltar un suspiro.

-No debí hacerlo… por tantos motivos.

-Pero lo hiciste por otros. Y en ese momento pesaron esos -ella lo miraba con atención -Primera razón, estabas borracha. Segundo, querías besuquearte con alguien… -Rukia frunció el ceño -¡A veces pasa! Y tercero, muy muy en el fondo -se acercó a ella -Aún te gusto.

-Cállate, odioso -lo reprendió empujándolo por el pecho -Apestas a sake.

-Tú también y no hago escándalo por eso -se puso de pie y buscó algo en el armario. Sacó una bolsa de papas fritas y se la arrojó, Rukia la atajó -Necesito echarle algo al estómago.

Ella debía admitir que le comenzaba la fatiga. Tomando la delantera abrió el envase y sacó un par. Masticó suave mientras su colega comía sin tanta delicadeza al sacar las papas de la bolsa.

Eso le trajo recuerdos. Las veces que pasó la noche con él pasada de copas siempre comían algo de chatarra al despertar. Era una maña de él que había logrado contagiarle debía admitir. Aunque ella prefería los bastoncitos de queso, antes él siempre tenía de esos… supuso que dejó de comprarlos… ya no los necesitaba. De pronto se rio suave.

-Sigues comiendo como un animal… -le quitó el paquete y comió con calma.

-Supongo que no tenía a nadie que me robara mis papas -gruñó.

Rukia se sonrió y siguió comiendo, el metió la mano en la bolsa y sacó un puñado que se llevó a la boca de una sola vez.

-¿Realmente vamos a llevar las cosas así? -preguntó Rukia.

-¿Así cómo? -se sacudió las migas de la boca.

-Así… ¿como si no hubiese ocurrido nada?

Shuuhei suspiró.

-Está bien, te escucho…

-¿Qué cosa? -preguntó Rukia intrigada.

-Lo que sea que quieres decir y que no haces -ella bajó la vista a la bolsa -¿Y bien?

-Supongo que sí, lo necesitaba -confesó -Estando del otro lado…

-No me hables de lo que hizo o no hizo ese sujeto, no me interesa -la interrumpió -Puedes hablar de lo que sea… pero desde ti. Entiendo que las situaciones tienen impacto sobre uno, eso es lógico. Pero no me interesa el contexto.

-Realmente te desagrada Ichigo, ¿no?

-No, me desagrada como te hace sentir. Solo eso -volvió a comer de sus papas.

Rukia abrazó sus rodillas y apoyó la mejilla en ellas mirándolo.

-¿Por qué eres así conmigo?... ¿Por qué te preocupas por mí? Yo… nunca me preocupé por ti.

-No soy rencoroso. Ahora estás vuelta una maraña mental por algo que hicimos los dos. Mínimo debo apoyarte. Es lo justo.

-Pues… ¿crees en el destino? Porque a veces creo que creer en ello te ata.

-Eso depende de si crees que te ata a algo en particular… o como tú interpretes las señales. Por ejemplo, yo podría decir que es el destino el que hizo que termináramos en lo de anoche… -Rukia se sobresaltó -Claro, puede ser, pero decidimos restarle importancia… no nos aferramos a ello. ¿Entiendes?

-Creo.

-No es como que yo diga… Oh, Rukia y yo estamos destinados a estar juntos. Sería bastante ingenuo. Puede que las cosas estén escritas, pero que a la larga signifiquen algo más que lo objetivo.

-Tiene sentido… ¿Tú crees que…?

-Alto ahí, nada de ese zanahorio -advirtió en tono divertido -Velo de manera objetiva, no de lo que hizo o dijo bajo tus interpretaciones. Analiza cómo te hace sentir, eso es lo importante… no lo que esperas, esas son conjeturas.

-¿Acaso no esperas nada respecto a nada?

-Vivo el momento, lo sabes. De otra forma si llega mi fin en este mundo no tendré paz pensando en todo lo que quise que fuera y no fue. No es mi intención convertirme en hollow…

-Técnicamente eso no es posible…

-Pero entiendes a lo que voy. Imagínate comenzar del otro lado vinculado con lo que ocurrió aquí. Soy de los que cree que existen recuerdos… quizás no claros, pero recuerdos emocionales, de carencias, de anhelos que puedes llevar como carga al partir. Y no quiero eso. Si voy del otro lado quiero ir sin ningún peso sobre mis hombros.

-¿Es posible que seamos tan diferentes?

-En la variedad está el gusto. Si todos fuéramos iguales no habría nada novedoso en este mundo. Cada uno lleva su realidad según sus posibilidades. Tampoco te pongas objetivos imposibles… no soy dueño de la verdad.

Rukia tomó la bolsa y comenzó a comerse las migas mojando los dedos en su boca.

-Pareciera que todo es sencillo para ti… todo tiene una respuesta.

-Es mi manera de entender el mundo. Insisto todos tienen una manera diferente. Soy más viejo que tú… soy más sabio -dijo dándose ínfulas.

-Sí, claro. Señor sabelotodo -se chupeteó los dedos.

Él se la quedó mirando.

-Soy un pervertido o eso es muy sexy.

Rukia sacó los dedos de su boca.

-Eres un pervertido -se rio.

Se la quedó mirando. Volvía a hacerlo, meter los dedos en su boca. Uno a uno. Los recuerdos se le vinieron a la mente. Esos recuerdos que había preferido mantener en el rincón más perdido de su mente.

-Rukia… -ella lo miró sacando la atención de la bolsa -Vamos a hacerlo.

-¿Qué cosa? -preguntó y él la miró sugerente -¡No! No es correcto… los dos sabemos cómo terminó eso la última vez… Tenemos una relación laboral… mezclar las cosas no corresponde… además yo… ¡y apesto a trasnoche!

-No me importa… yo también apesto.

-Eres un asqueroso -desvió la vista, pero se sonrió.

-Entonces deja de meterte los dedos en la boca.

Ella volvió a meter la mano a la bolsa y por alguna razón que no entendió se volvió a meter los dedos en la boca y lo miró mientras lo hacía.

-Mujer perversa… -murmuró.

Rukia retiró suave sus dedos de la boca… lento. Se sentía sexy… atractiva… deseada. Él lograba eso. Los recuerdos volvían a ella, esos que decidió desechar, porque solo lograban confundirla.

-¿Me deseas, Shuuhei?

-Mucho…

Dejó la bolsa a un lado.

-¿Prometes que quedará aquí? ¿Qué solo será una locura del momento? -se le acercó a gatas hasta quedar frente a él -¿Podemos culpar al alcohol?

-Culpa a lo que quieras que yo lo haré -le llevó las manos a su estrecha cintura -Solo déjame… -la recorrió suave hasta el rosetón con el que ataba su obi -Déjame tenerte una vez más…

-Eres… un… -acercó su rostro -asqueroso… -llevó su mano al pecho de su compañero -pervertido…

-Y te encanta…

Ella se sonrió sin nada de inocencia, con el índice le recorrió el pecho hasta el abdomen. Él le desató el obi, sin prisa, con calma. Retiró la tela desasiéndola de su cintura, tomó el borde de la yukata en sus manos presto para desnudarla y se congeló. Sin más.

Ahí estaba de nuevo, víctima de los recordados encantos de Rukia Kuchiki, de sus dudas, de sus mentiras que ella misma creía, de sus inseguridades. Iba a arrastrarlo con ella otra vez. Iba a hacerle creer que lo necesitaba -y lo hacía- para luego dejarlo otra vez. Lo iba a hacer cuantas veces él se lo permitiera… ¡porque era un simple premio de consuelo! Y no era culpa de ella… no podía culparla cuando ni ella misma sabía lo que hacía con él. No sabía el poder que él mismo le había dado.

Rukia se lo quedó mirando extrañada. Le llevó una mano al pecho tratando de llamar su atención para que saliera de su estado taciturno.

-Lo siento, no puedo -le dijo en un murmullo, soltó la yukata y apartó sus manos -No puedo.

-Hace un segundo dijiste…

-Da lo mismo lo que dije -repuso -No puedo. Dejémoslo así, ¿vale?

-¿No te parezco atractiva? -le preguntó con una carga de angustia que él no leyó -¿No te gusto? ¿Por qué no quieres estar conmigo así?

-No tiene nada que ver con eso.

-Si tienes un problema con eso -le acercó su pequeña mano hacia la entrepierna -Puedo ayudarte.

Él la detuvo por la muñeca.

-No.

-No te entiendo -retiró su mano con brusquedad -Primero me das un discurso de como nada importa realmente, me seduces y ¿ahora te detienes?

-Lamento las palabras subidas de tono, me dejé llevar por unos recuerdos que no debí traer al presente -Rukia apoyó sus manos en el futón -Escúchame… no tiene nada que ver con que no seas atractiva. Tampoco con que no me gustes. Me agradas. Pero esto es algo personal.

-No es personal cuando me involucra.

Él bajó la vista a sus manos sobre sus muslos y apretó ligero la tela se la yukata entre los dedos.

-Esto… se trata de mí… y de no querer volver a enamorarme de ti.

-Creo que eso había quedado claro. No corresponde, no debes.

-No, no me entiendes -la miró -No quiero. No estoy dispuesto a meterme en esto otra vez -se puso de pie -Lo de anoche fue un impulso que no pude detener. El alcohol es así… Pero eso fue todo. Y te juro que no volverá a pasar.

-Estuviste a un paso de…

-No soy el segundo plato de nadie -tomó una toalla -Me voy a la ducha. Y no te lo tomes a mal, pero espero que cuando regrese no estés aquí.

-¿No vas a darme la opción de elegir?

-Lo hiciste hace cinco años…

Rukia se quedó de piedra y lo vio salir de la habitación. Tomó el obi y lo estiró para anudarlo nuevamente a su cintura. Soltó un suspiro. Empuñó sus manos y no supo bien el porqué sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Por qué le dolía el pecho? ¿Por qué temía que lo alejaba aún más que hasta ahora? Soltó un pequeño quejido de entre sus labios mientras un par de lágrimas escaparon de sus ojos. Las limpió con la manga de su yukata.

Fue entonces que entendió que lo había perdido. Que ya no la esperaba. Que ya no era el puerto seguro al cual llegar. Que, aunque le preparara el café por la mañana, fuera el primero en darle los buenos días y el último a quien viera antes de salir, que aunque él siempre se mostró amable con ella… él era así, no significaba nada más.

Quizás Shuuhei tenía razón y sí necesitaba validarse a través del resto. Y si había tolerado la indiferencia de Ichigo, era porque sabía -creía- que alguien la adoraba del otro lado y que siempre estaría a su lado sin esperar nada…

Se puso de pie y tragándose las lágrimas salió de la habitación.

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Un capítulo cortito, lo sé. Nada más porque no quería ponerlo con otra parte que le restara la tensión.

Pobre Rukia… Ichigo la ignora como algo más que una amiga y el que creía que siempre estaría ahí para subirle el ego ya no está dispuesto. No lo hace a propósito, no se da cuenta.

De ahora en adelante vea como Rukia se da cuenta que la única manera de recuperar a Hisagi es enamorándose de él y darle algo real… Lo cual es imposible, ¿verdad?

Nos leemos.