~Love me… (SasuHina)

Género: Romance

Categoría: M

Autora: Aika Yami/ Aika-sasuhina.

Universo Naruto.

Aviso: los personajes no me pertenecen sino a Masashi Kishimoto.

Advertencia: Este Fic tendrá alto contenido sexual y lenguaje soez y/u obsceno. Las escenas tipo "erótico" presentadas en este Fic, no deja nada librado a la imaginación.

OoOOoOo~…Love me…~OoOoOoO

Paz…

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

¿Qué me has hecho…?

De un tiempo para acá, me haces falta.

Tu presencia me es necesaria para el día a día.

A veces creo que me he vuelto loco de verdad.

No soporto tenerte lejos de mí.

No me gusta esa sensación de vacío que me ataca cada noche.

Porque si no estás conmigo, me siento jodidamente solitario.

Y porque si estás con alguien más, me siento terriblemente enojado.

¿Qué mierda me has hecho…?

Atribuyo que es alguna paz interna que calma mi alma…

Porque no…

Yo no puedo estar enamorado.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Tal vez el hecho de que tú hayas pasado dos semanas en el hospital, tiempo en el que estuviste en coma, pudieron haber desesperado a Hinata. Tal vez el hecho de que ella no pudo lograr hablar contigo durante ese lapso, hicieron que ella se preocupara más por ti.

En cierta forma, te extrañabas de su comportamiento actual.

Sí, pasaste dos jodidas semanas en el hospital.

Sí, ella lloró cuando te vio despierto…

¿Pero porqué se comportaba tan atenta y cariñosa últimamente?

No es que te molestara. Obviamente no. Pero sí te extrañaba que casi todos los días viniese a tu hogar a cuidarte porque, claramente con un brazo enyesado no podías hacer muchas cosas… entre ellas, tener tus momentos íntimos a su lado.

Oh, esos ratos de pasión en el que tú y la Hyuuga quedaban bañados de sudor, temblando mientras los dos se miraban fijamente, tratando de calmar sus muy agitadas respiraciones.

En esos ratos en que perdían el raciocino de cualquier momento o situación que los dejaba extasiados.

Qué momentos. ¿No Uchiha? Con un puto brazo enyesado no podías tomarle de las caderas para embestirla como Dios manda. No señor.

Te jodiste.

Fin.

O bueno, por ahora…

Tu ceño se frunce con desmesura mientras mantenías tus ojos cerrados. Te jode, te jode no poder estar con ella, no poder salir a entrenar como debiera hacer. Y lo peor, es que te quedaban dos días para que te quitaran esa cosa. Ya aguantaste una semana y media más, sólo dos días no te matarían el orgullo.

Ni el pene, por supuesto.

―Sasuke-kun… ―Escuchaste el sonido de la voz suave de la chica ojos de luna. Abriste un poco tus ojos y sin querer le sonreíste. ¿Y eso? ¿No que eras de hielo? Oh, pero claro… la ves con fijeza y te das cuenta de que se ve… hermosa. Su sonrisa estaba ahí siempre plasmaba, su vestido la hacía ver más fresca, perfecta. Y ese sonrojo, tentador.

Joder, Uchiha, ¿es acaso que tu erección no tardará en aparecer? Observas con atención a Hinata mientras se acercaba a ti, quien traía un poco de té para que bebas. Ella, se arrodilló frente a ti y bajó la bandeja en la mesa, escorando tu taza, la tetera y un pequeño plato con dulces. Seguramente eran para ella.

Sin querer, tu mirar se fijó en su perfil mientras ella estaba ocupada. Apreciaste más su nariz, nunca lo habías hecho… era pequeña, respingada, sus pestañas eran largas sus labios estaban rojos. Como dos cerezos… sus mejillas tenían un leve sonrojo, característico de ella. Poco a poco, e inconscientemente, acercaste tu brazo hacia su cabello. Y sin poder evitarlo pasaste tus dedos entre sus hebras oscuras. Tan sedosas y largas que eran…

―¿Sasuke-kun?

Su suave voz se hizo presente nuevamente en la habitación en la que ambos se encontraban. Tus cejas se arquearon un poco, estabas como ¿sorprendido? Qué raro en ti, Uchiha.

Inmediatamente alejaste tu brazo de su cabello, llevando tu mano hacia tu mentón y desviaste la mirada hacia el lado izquierdo. ¿Qué rayos pasó contigo? La veías como si fuera una muñeca.

Tu muñeca…

―¿Todo bien? ―Preguntó en un tono bajo, mientras se acercaba a ti. Tú sólo asientes con levedad, no querías dar explicaciones. La miras de reojo por un segundo y ves que ella te observaba extrañada, pero su sonrisa seguía ahí.

¡Oh, su sonrisa!

Qué alguien le diga que deje de sonreír o tu erección no tardaría en aparecer y tus ganas de abrazarla para hacerla tuya no podrán ser contenidas por mucho tiempo. Suspiraste pesado y asentiste un poco― Sí, todo bien.

Ella no respondió, más sin embargo notaste que tenía algo de duda en su mirar. Ignoraste su mirada por un momento, no querías incomodarla o incomodarte. No por ahora, su compañía te era muy agradable como para hacer que ella se fuera.

Ante ese pensamiento, tus ojos se abrieron ampliamente. ¿Pero qué mierda? ¿Tú preocupándote por el bienestar de ella por encima del tuyo? Tu ceño se frunció, de repente te sentiste enojado; gruñendo al sentirte estúpido de un momento a otro.

De repente, sientes que la chica Hyuuga se sentaba a tu lado, atrayendo tu rostro para que la vieras. En sus ojos observaste 'preocupación'. Sientes como ella repasaba suavemente su pulgar por tu frente, como que si con eso fuese a borrar tu facción de enojón; deslizando poco a poco el resto de su mano derecha por tu rostro.

Te sentiste descolocado, dudoso de preguntar el por qué hacía eso. Hasta raro tal vez porque, el único contacto físico que ella tenía para contigo era el del sexo. Follar. Coger como imbéciles. Pero… ¿y ahora?

―Sé que no soy nadie para entrometerme en tu vida… ―Le miraste con atención, extrañado por sus vocablos, y sobre todo, porque no tartamudeaba como de costumbre. Es más, susurraba, y en su voz, notaste algo de tristeza― Pero… si puedo hacer algo por ti, dímelo… Sasuke-kun.

Pasaste saliva, apretando la mandíbula y desviando la mirada a su vez. Ella te hacía sentir raro… o incómodo, lo que tú no querías.

―No necesito nada de ti.

Dijiste sin pensar. Y para cuando notaste las consecuencias de tus palabras, miraste de reojo hacia ella, notando que había apartado sus manos de ti, y que su mirar se encontraba gacho; dejando que su aire de incomodidad opacase su luz. Hinata te susurró un: 'De acuerdo'. Y sin más, se levantó del sofá y comenzó a caminar hacia la salida de tu casa.

Como si estuviera triste por lo que le habías dicho.

Brillante Uchiha. ¿Y ahora?

Espera.

¿No que eran amantes? ¿Por qué se pondría triste por algo así?

Te quedaste en tu lugar, no queriendo pararte de ahí porque no sabías qué hacer. No eras cariñoso, no eras expresivo, no eras como Naruto. ¿Cómo levantarle el ánimo? ¿Cómo darle a entender que extrañamente la necesitabas?

No podías, algo en ti impedía que expresaras tales sentires.

―¡Hinata-chan, hola!

La voz escandalosa del Uzumaki sonó al otro lado de tu puerta, justo cuando la Hyuuga salía de tu casa. Frunciste levemente el ceño, ¿qué mierda quiere el Uzumaki? Te colocaste de pie y comenzaste a caminar hacia el exterior de tu casa. Estiras tu mano hacia la perilla, entreabriendo la puerta un poco pero lo suficiente para ver y oír.

Un enojo repentino invadió tu cuerpo ante lo que tus ojos estaban apreciando.

Ella, sonriéndole radiantemente y sonrojada mientras le veía.

A él.

A Naruto Uzumaki.

Apretaste tu puño y sentiste tus dientes rechinar. ¿Será a caso de que ella aún gustaba de él? ¿A pesar de todo lo que han pasado juntos? Joder Uchiha, ¿estarás acaso… celoso? Más bien, creo que emputado.

Ella era tuya. Tú te la follaste primero. Tú le has hecho el amor en diversas formas. Tú le has hecho ver el cielo miles de veces. ¿Y aún así gusta de él?

―Ahí estaré, Naruto-kun ―Una risa jocosa se escuchó salir de la boca de Naruto, agradeciéndole por algo segundos después.

Extrañado, te preguntaste internamente de qué estaban hablando. Tus orbes negras observaron con atención cómo Hinata se daba la media vuelta para retirarse del territorio Uchiha. Arqueaste una ceja, mirándola a ella y después a él. Te cruzaste de brazos y le miraste con cara de pocos amigos― ¿Qué quieres? ―Expresaste completamente enojado.

El Uzumaki te miró extrañado― Uy, qué genio. ―Chasqueaste tu lengua, fastidiado por esa frase tan repetitiva que tanto te decían― Vine a invitarte a una cena para mañana en la noche.

―No quiero ir ―Respondiste secamente, sin pensarlo dos veces.

Por su parte, el rubio frunció el ceño y te miró como si fuese un chiquillo resentido― Bastardo. Por si no lo recuerdas, mañana es el cumpleaños de mi Sakura-chan. Así que quiero que vayas porque se supone que es tu a-mi-ga.

Rodaste tus ojos, ladeando tu cabeza hacia tu izquierda― E invitaste a la Hyuuga, ¿no? ―Un bajo reír se escuchó a tu lado, provocando que le miraras de nuevo; dándote un asentimiento de cabeza como respuesta― ¿Y no te parece cruel invitar a la chica que gusta de ti al cumpleaños de la mujer que amas?

Golpe bajo, Uchiha.

Miraste con atención al rubio, esperando su reacción, como que si quisieses que la culpa lo carcomiese.

Aunque, al escuchar cómo estallaba en carcajadas, tus labios se fruncieron al igual que tu ceño; molesto por no conseguir el efecto deseando en tus palabras.

―Qué buena broma, Teme. ¿Hablas en serio? Ella ya no gusta de mí. ―Tus ojos se abrieron un poco sorprendidos, tu ceja se arqueó y, al ver tu reacción, Naruto respondió― Claro, eres un asocial de mierda… ―Chasqueaste la lengua de nuevo y él, muy confianzudo colocó su mano derecha sobre tu hombro― Ella está enamorada de alguien más. O al menos eso me dijo Sakura-chan ―Sonrió ampliamente, mirándote― Aunque no me preguntes de quién, eh. Ella no me quiso decir. Por eso no me preocupé tanto ahora que la invité. Y por su reacción, supuse que mi esposa tenía razón.

Le escuchaste reír de nuevo. En cambio tú, te quedaste un tanto sorprendido por cada una de sus palabras. Al parecer, Naruto sabía sobre los sentimientos de la peliazul y por eso procuraba tener más tacto con ella.

Te quedaste sumido en tus pensamientos, Uchiha. Nada más sentiste cómo Naruto golpeaba tu cabeza, tal cual lo haría con una puerta mientras te gritaba, y tú saliste de tu transe, gruñendo ante sus acciones.

―Qué enojón. ―Dijo sin más, apartándose de ti para darte la vuelta― Nos vemos mañana. ―Suspiraste un momento, aunque lo siguiente te impresionó― Y espero que también estés el día de la boda.

Tu ceja se arqueó de pronto, admitiendo que te sorprendiste por eso último.

¿Qué puta boda?

.

.

.

.

.

Tus ojos negros observaban con sumo detenimiento la figura de aquella chica de cabello azul, y sobre todo, su adorable sonrojo mientras hablaba con el chico perro. Apretaste tu mandíbula, reteniendo tus ganas de apretar tus puños.

¿Por qué tenías ganas de golpear?

¿Qué no sabe que ella es tu mujer?

Chasqueaste la lengua al pensar eso último. ¿Tu mujer, Uchiha? Ella está soltera, y puede hacer lo que quiera, ¿no? Y de pensar en esa sola idea sentiste enojo. Inexplicablemente, en tu cabeza sólo pasaba la idea de tomarla de la mano y mantenerla a tu lado el tiempo que duraba aquella fiesta de la Uzumaki.

―Joder.

Murmuraste por lo bajo desviando tu mirada de esa escena, no queriendo apreciar cómo ella sonreía tan encantadoramente para otro.

De un momento, que no supiste cuándo exactamente, una mano se posó en tu hombro derecho, llamando tu atención. Levantaste la mirada hacia el dueño de esa mano, topándote segundos después con la sonrisa de tu mejor amigo.

―Hey, Teme, ¿por qué esos ánimos? ―Él extendió una bebida hacia ti, y tú la tomaste mientras desviabas tu mirada― ¿Por qué no te unes?

―Porque no quiero ―Respondiste a secas, observando cómo de un momento a otro, el Inuzuka abrazaba a la Hyuuga, logrando que ella casi explotase por la vergüenza. Apretaste tu puño con fuerza. ¿Con qué derecho se atrevía de abrazarla? Vaya, Uchiha. ¿Es eso humo que sale de tu cabeza?

―Relájate, Sasuke ―La voz de tu amigo sonó más serio ésta vez. Lo miraste de reojo, arqueando una de tus cejas― Sólo están charlando. No tienes por qué celarla.

Tus ojos se abrieron desmesuradamente, no comprendiendo a lo que él se refería. Frunciste el ceño, llevando el vaso de la bebida hacia tus labios para disimular― No sé de qué estás hablando.

La risa jocosa de tu amigo se hizo escuchar a tu lado, sintiendo cómo te daba una palmada a tu fornida espalda; casi provocando que escupieras tu bebida. Giraste tu cabeza hacia él, observándole con claro enojo por su estupidez― Oye, tú crees que soy estúpido, pero eres muy obvio cuando la miras. Ella te gusta, ¿no? ―La risa de él fue opacada por tu sorpresa. Negaste un par de veces con tu cabeza, apretando un poco más ese vaso de cristal.

―No digas estupideces, Naruto. La Hyuuga no es nada para mí. ―Tu mirada oscura paró en otro lugar de aquel comedor, fijándola en otro punto fuera del rubio. Aunque, de un momento a otro, nuevamente la mano del rubio palmeó tu espalda.

Llevaste tu mirar hacia él, notando que te hacía señas con los ojos. Tu cuerpo se tensó, mirando lentamente hacia el frente, fijándote que tanto la esposa del Uzumaki como la Hyuuga estaban frente a ustedes; teniendo la mirada desviada la de los ojos blandos. Ladeaste tu rostro por igual, no queriendo verla por una extraña razón. Tu pecho se llenó de incomodidad inesperada, descolocándote. Dejaste tu bebida sobre la mesa y te paraste de ahí para caminar con tus manos en los bolsillos.

¿Estás huyendo de la vergüenza, Uchiha? ¿O de la expresión decepcionada de ella?

.

.

.

.

.

¿Por qué rayos habías venido?

¿No era mejor quedarse en casa?

¿Recuperándote?

¿Sólo?

¿O con la Hyuuga?

Ante lo último pensaste que eso sería más satisfactorio. Recostado sobre aquella rama de un árbol del jardín, observabas cómo todos los invitados a aquella fiesta se encontraban bailando. Todos felices y disfrutando alegremente. Todos menos tú.

Soltaste un pesado suspiro, entrecerrando un momento tus orbes mientras llevabas tu cabeza hacia atrás; mirando hacia el cielo, o lo poco que las hojas del árbol te permitían ver. Se te antojaba tener en ese preciso momento a la Hyuuga sobre ti.

Besándola.

Acariciándola.

Follándotela.

¿Es a caso que ese pequeño bulto en tus pantalones es tu erección? Rayos, contrólate, ¿quieres?

No podías negar que la idea se te había tentadora. Dos semanas sin follar y con un puto brazo enyesado, no podías hacer de las tuyas. Tenías unas ganas de arremeterla –si se pudiera- contra ese árbol.

Tú a espaldas de ella.

Ella abrazando el tronco desesperadamente.

Tú entrando y saliendo de ella por su húmeda intimidad.

Ella gimiendo tú nombre mientras sus senos eran aplastados por ti.

Tú, gozando de su estrechez, de su humedad, de su interior mientras deseabas que tocase el cielo.

Ella pidiéndote más mientras te observaba con esos hermosos ojos de luna llenos de cariño y amor.

¿Cariño?

¿Amor?

La puta erección que estaba por surgir entre tus pantalones se bajó al instante, cosa que te hizo enojar. ¿Quién había hablado de amor?

Espera. Es tu puta alucinación. Tú sólo imaginaste 'amor' dibujado en las lunas de la Hyuuga. Seguramente había algo mal contigo.

Claro, no podría haber amor de una mujer que no estaba enamorada de ti.

Desviaste tu mirar hacia el grupo de personas de nuevo, buscándola precisamente a ella. Una sonrisa apareció en tus labios al ver que se separaba del Inuzuka para ir al interior de la casa. Y sin pensarlo, te colocaste de pie para ir a su lado. ¿Por qué no buscar un poco de calor con ella? La idea te agradaba, así que de un solo salto, fuiste al interior de la casa.

. . .

Pasados unos minutos, asomaste tu cabeza para ver hacia el interior del hogar de tu amigo, notando que se encontraba desolado de no ser por la peliazul. Tu característica sonrisa apareció en tus labios, abriendo con cautela la puerta delantera y cerrándola a tus espaldas. Caminaste sigilosamente hacia la chica en cuestión, mirándola como un cazador a su presa mientras bebía algo de agua.

Una vez que estuviste a sus espaldas, tus brazos rodearon su cintura suavemente, atrayéndola hacia ti; notando a su vez cómo se tensaba― ¿Sasuke-kun? ―Su suave voz causó que le mirases, observando por un momento la sorpresa plasmada en sus ojos, aunque después, sorprendiéndote un poco más al ver que se entristecía al verte― ¿Qué… qué quieres…?

Su voz salió en un susurro, descolocándote un momento. ¿Qué rayos hacías abrazándola? ¿Tan apegado a ella? Desviaste tu mirada, apretando un poco tu mandíbula― Sólo veo que me ignoras. ―Dijiste con tu voz grave, soltándola de tu abrazo y separándote de ella. Tus ojos le miraron de nuevo, apreciando cómo se abrazaba a sí misma. ¿Te tendrá miedo o estará incómoda? Te consultaste internamente.

―Yo… pensé que no querías saber de mi… ―Ella agachó su mirada, incomodándote un poco; sobre todo por sus últimas palabras.

Chasqueaste la lengua― ¿Por qué pensarías eso? ―El escándalo del grupo de personas se hizo presente, dificultándote un poco escuchar su respuesta. Putas personas que no dejaban hablarlos a solas. ¿No, Sasuke? Estiraste uno de tus brazos para tomar su muñeca y te acercaste a su oído; notando claramente cómo se tensaba más― Quiero una explicación después. Te veré en tu casa.

Y con el ceño fruncido, te separaste de ella para salir de aquella casa, sobre todo porque te diste cuenta, de que todos iban a ingresar. Miraste de reojo un segundo hacia ella, notando que seguía igual, aunque un poco sonrojada.

Una sonrisa apareció en tus labios mientras traspasabas esa puerta. Aunque, momentos después, una voz ya conocida provocó que tus pasos se detuvieran. Te quedaste en tu lugar, en espera de que la dueña de dicha voz se acercara a ti.

―Sasuke-kun ―Repitió la Uzumaki, notando que se encontraba un poco agitada. Giraste un poco para observarla, cómo que sin palabras le preguntabas qué rayos quería― Mañana iré a tu casa para revisar tu brazo. ―Una suave sonrisa, seguida por su mano posada en su abultado vientre, llamó tu atención al ver sus acciones― Naruto me comentó de que ya te sentías mejor cómo para tener todavía ese yeso. Así que quiero cerciorarme de que sea así para poder quitártelo. ¿Te parece?

Tú simplemente asentiste, diciéndole un: "Está bien", apartándote del lugar para ir a tu hogar, en espera de que la noche cayese para ir a ver a la Hyuuga cómo habías quedado.

.

.

.

.

.

Un suspiro pesado escapó de tus labios, dejando que tus lunas oscuras se sumieran en el negro de tus párpados. Ahí, parada a sólo unos metros de la casa de Hinata, te encontrabas esperando a que ella llegara. ¿Cuánto más tenías que esperar? La paciencia no era tu fuerte, eso era seguro, pero morías por tenerla en frente a ti para esclarecer tus dudas.

¿Por qué pensaría que no quieres saber nada de su persona?

Si ella no se daba cuenta del gran efecto que tiene de ti, sería una completa tonta.

O distraída quizá.

No sabías porqué, pero ese sentimiento de incomodidad aún seguía en tu pecho. No entendías qué era para ti la Hyuuga. No sabías exactamente porque te enojabas cuando alguien como el chico perro se le acercaba demasiado. No sabías porqué te emputaba la sola idea de saber que ella estaba enamorada de alguien más.

Alguien que no eras tú.

Chasqueaste la lengua ante eso último, cruzándote de brazos mientras tu impaciencia crecía más con el paso del tiempo. ¿Cuánto más va a tardar?

―Gracias por traerme, Kiba-kun, Ino-chan.

Y como por arte de magia, ella apareció en la puerta de su hogar con una rubia de largo cabello y un castaño sonriente. Esperaste unos minutos, expectante de sus acciones y sus palabras mientras se despedían.

Y cuando al fin observaste que ella se adentraba a su casa, no quisiste perder un segundo más, saliendo de tu escondite para ir hacia ella; atravesando esa calle hasta poder quedar casi a sus espaldas mientras abría la puerta de entrada.

―Hinata. ―Tu voz quebró el silencio que se había estancado en el lugar. Ves que su espalda se tensó un poco, aunque se volteó nerviosamente para mirarte. Con una seña de su mano, te hizo para que pases a su casa, lo cual tú acataste en silencio. Esperaste a que ella cerrara la puerta y encendiera una tenue luz para iluminar la vivienda, girando después sobre tu lugar para encararla. Ella sólo pudo bajar su mirar, notando ese aire de tristeza nuevamente― ¿Sucede algo? ―No pudiste evitar preguntar, en cierta forma, esa mujercita frente a ti te preocupaba.

O eras demasiado idiota para no distinguir qué es lo que realmente pasaba.

La notaste removerse un poco nerviosa, cosa que te extrañó ya que, su etapa de ser tan tímida contigo ya había pasado. ¿Y ahora regresará como antes? ¿Cuándo te evitaba por vergüenza?

―No es nada… ―Susurró tan bajo que casi no la escuchabas― ¿De qué querías hablar conmigo?

Frunciste levemente tu ceño, y sin contener tus ganas, diste unos pasos lentos hacia su persona, observando con atención cómo levantaba su mirar hacia ti; perdiéndose enteramente entre tus ojos oscuros.

Blanco contra negro.

Su espalda apoyada suavemente sobre la pared.

Tus manos sobre su cintura.

Y tu sonrisa ladina no tardó en aparecer.

―Quiero que me expliques… ¿por qué crees que no quiero saber nada de ti? ―Ella desvió su mirada, dejando que ésta fuese cubierta por una sombra que no supiste cómo interpretar.

―Y-yo… ―Tartamudeó. Y tus ojos apreciaron cómo mordía su labio inferior, cómo si desease darse fuerzas para continuar. Tú entrecerraste tus ojos, ahogando un gruñido por la impaciencia que de pronto te atacaba. Ella lo notó, así que entreabrió sus labios para poder sacar el habla― Tú dijiste que no era nada p-para ti… que n-no n-necesitabas nada de mi… ―La Hyuuga agachó su azulina cabeza― P-pensé que no… no querías saber nada de mi persona…

Sus últimas palabras murmuradas, provocaron que tu ceja derecha fuese arqueada, sorprendido por obtener una clara respuesta. ¿Así que era por eso? Puto cabrón, por supuesto que lo era.

Una sonrisa ladina apareció en tus labios, bajaste poco a poco tu cabeza hacia su cuello; rozando tus labios por su suave piel. Notaste cómo su piel se erizaba a causa de tu aliento, cosa que te hizo sonreír un poco más― Chica tonta… ―Susurraste un poco ronco. Tu brazo derecho rodeó un poco más su cintura, atrayéndola hacia ti de tal forma que sus senos quedaron aplastados contra tu pecho. Entreabriste tus labios, dejando salir sólo la punta de tu lengua para dejar un camino húmedo y pequeño sobre su cuello― Después de lo que hemos hecho… y después de lo que hemos pasado… ¿crees que no significas nada para mí?

Ella dio un leve respingo ante tus palabras, llevando sus manos hacia tu pecho para separarlos y poder verte. Una sonrisa ladina apareció nuevamente en tus labios mientras los pómulos de ella se encendían de nuevo. De pronto, sentiste unas inmensas ganas de besarla, de acariciar cada centímetro de su piel. Así que ocultaste tu boca y rostro entre su cuello, apegándole de nuevo hacia ti mientras retrocedías unos cuantos pasos hacia ese sofá que los ha visto juntos en muchas ocasiones.

Los brazos de Hinata comenzaron a rodear tu torso, sintiendo de repente un abrazo cálido entre ustedes, uno que no te incomodaba, que te gustaba. Uno que después de muchos años, experimentabas y te agradaba en demasía. Tus labios recorrieron lentamente su cuello, sus clavículas, su hombro izquierdo, ayudándote con lo que podías de tu mano enyesada para bajarle el tirante de su vestido.

La paz que ambos experimentaban los estaba rodeando por primera vez. No había pasión en tus acciones. Y en los de la Hyuuga menos.

Ella sólo se dedicaba a ladear su cabeza para darte espacio, dejando que sus rosados labios liberaran unos cuantos suspiros mientras sus manos acariciaban pausadamente tu espalda de arriba hacia abajo; estremeciéndote y erizando tu piel.

Cuando llegaron a aquel sofá, fuiste el primero en separarte, sentándote segundos después e invitándole a que se sentara sobre tu regazo. Observaste su suave sonrisa mientras te miraba… ¿cariñosamente? Quién sabe, pero esa mirada… esa expresión… te estaba encantando.

Y querías verla más seguido en su rostro porque la hacía lucir hermosa.

Apreciaste la dulzura grabada en sus facciones mientras se sentaba sobre ti, y tú, no podías quitarle la mirada de encima. Tu mano sana fue en seguida hacia su espalda para acariciarla, irguiendo un poco más la tuya para que tus labios se acercaran a su hombro. Repasaste levemente tus dientes sobre tu piel, deseando marcarla como tuya más que nada en el mundo. Sientes cómo una mano de la peliazul comenzaba a abrir tu camisa, comenzando a besar tiernamente tu cabeza, bajando poco a poco sobre tu frente hasta tus mejillas. Una amplia sonrisa apareció en los labios de los dos, un palpitar nuevo y desconocido para ti comenzó a sonar desde tu pecho, estando casi seguro de que ella podía escucharlo.

Con tu mano sana, comenzaste a subir poco a poco el ruedo de su vestido, y ella, te ayudó a arremangar el lado que no podías subir con tu mano herida. Las manos suaves de la peliazul tomaron tus mejillas, provocando que tú alzaras tu mirar hacia ella. Entrecerraste tus ojos cuando la vez acercar tus labios, sonriendo un poco por ese sonrojo que se intensificaba cada vez más.

Tu escurridiza mano se metió entre sus piernas, comenzando a acariciar poco a poco desde el exterior de sus muslos hacia el interior de los mismos; logrando sacarle leves suspiros a la chica sobre ti. Entreabriste tus labios para atrapar primero el labio superior, succionándolo un poco para después hacer lo mismo con el inferior; separándote y rompiendo aquel beso lento que compartían― Desabrocha mis pantalones, Hime…

Pediste sin poder evitarlo. ¿Y cómo no? La erección te estaba matando, pero extrañamente no querías acelerar ese proceso. Ella, nerviosa y avergonzada como si fuese su primera vez, acató tus palabras, provocando que sonrieras de lado mientras abría tu pantalón y liberando tu erección. Cómo pudiste, con tus manos bajaste la parte superior de su vestido, apreciando que el sostén que ésta portaba. Viste que estaba a punto de cubrirse, cosa que lograste impedir― No me prives de verte… sabes que me gusta.

Admitiste sin darte cuenta, aunque no te importó en lo absoluto cuando la vista asentir con su tierna sonrisa. ¡Esa sonrisa de nuevo! ¿Podría alguien decirle de tu parte que esa bella sonrisa la hacía lucir preciosa?

Tu rostro se acercó entre en medio de sus senos, permitiendo que tu nariz captase su dulce olor a vainilla. Entreabriste tus labios para repartir unos cuantos besos, sintiendo segundos después cómo ella se aferraba a tus cabellos, como si no quisiese que te separaras de ella. Con la punta de tu lengua repasaste uno de sus senos, a la vez que ella se deshacía de su sostén. Sonreíste por esa acción. Realmente no esperabas que ella se atreviese a hacer algo así.

Atrapaste su pezón rosado entre tu lengua, seguidamente entre sus labios mientras comenzabas a sorber de él como niño pequeño, cerrando tus ojos un momento a la vez que le abrazabas de su cintura; apegándola mucho más a ti. Los brazos de la Hyuuga se aferraron un poco más, suspirando por lo bajo, dándote a entender que disfrutaba de tus atenciones. Tu mano sana bajó hacia su glúteo izquierdo, obligando a que sus sexos se apegasen un poco más; sacándole un gemido ahogado a ella y un suspiro a ti.

―Sasuke-kun… ―Le oyes susurrar cerca de tu oído. Con tu mano libre, ladeaste sus bragas para que el contacto entre ustedes fuera más íntimo. Y sientes cómo de repente Hinata movía sus caderas en círculos, mostrándote lo húmeda que estaba por ti― Móntame, Hinata…

Le susurraste después de haber soltado su pezón. Alzaste tu mirar hacia ella, logrando ver cómo asentía con su cabeza. Sonreíste casi imperceptiblemente, pero lo hiciste. Soltaste un poco el abrazo que ejercías sobre su cintura y apreciaste el jodido momento en que ella alzaba sus caderas.

De no ser por el vestido que se encontraba arremangado en su cuerpo, hubieras apreciado mejor su desnudez, lo cual te habría encantado de sobre manera. Ante tus ojos, Hinata era la mujer más atractiva del mundo a pesar de que la timidez y sus ropas holgadas estaban presentes en ella todo el tiempo.

Un ronco gemido escapó de tus labios, sintiendo la humedad de su feminidad envolviendo tu hombría. La tomaste de un costado de sus caderas y la obligaste a sentarse sobre ti por completo. Tus ojos apreciaron el jodido momento en que ella llevaba lentamente su cabeza hacia atrás, cerrando sus ojos mientras un gemido escapaba de sus labios.

Qué mujer más sexy, joder.

Le marcaste el ritmo cómo pudiste, apreciando cómo ella se movía de poco a poco sobre ti mientras se apoyaba en sus rodillas. Sus suaves manos y dedos sobre tu nuca, lograban que tu piel se erizase, y tú, sin poder evitarlo te deleitabas de la suavidad de sus glúteos. Entre gemidos, le escuchabas decir tu nombre, aunque sea quedamente; lo cual no te desagradaba.

Tu espalda se hizo hacia atrás por un momento, sin soltar su cintura. Y cómo pudiste, apoyaste tus talones sobre el suelo para comenzar a mover de arriba hacia abajo tus propias caderas; con un poco de fuerza para poder apreciar más su expresión llena de placer.

La Hyuuga arrugó un poco su entrecejo, dejando de mover sus caderas contra sí para dar paso a unos gemidos que se escapaban de sus labios― ¿Te gusta así? ―Preguntaste con una sonrisa ladina, observándole asentir con timidez. Con su mano sana masajeaste su glúteo, apreciando la textura de éste para después, propinarle una nalgada en el mismo; logrando escuchar cómo jadeaba ante ese acto.

Atrajiste su rostro un poco para poder besarle, casi queriendo devorar sus labios poco a poco. Hinata por más que trataba, no lograba del todo ahogar sus gemidos entre sus bocas, así que optaste por un momento en recostarla sobre el sofá con cuidado, sacando tu miembro por un momento y llevando inmediatamente su pierna sobre tu hombro derecho. Le sonreíste de nuevo, acercando tus labios para besarla superficialmente y así poder penetrarla con suavidad; tan profundamente como su vagina te lo permitía.

Apegaste lo más que podías sus torsos, aplicando mucha fuerza sobre tu mano sana para impedir caerte sobre ella, comenzando a embestirla con movimientos rápidos y cortos. Le oyes susurrar tu nombre sobre tus labios, obteniendo cómo respuesta una pequeña lamida sobre los suyos seguido por una sonrisa.

Sus estrechas paredes atrapaban tu miembro, sus senos rebotaban deliciosamente con cada choque de caderas que dabas; sus cabellos se apegaban a sus pieles y su adorable sonrojo no dejaba de tentarte.

Y sin poder contenerte un segundo más, en su hombro derecho tus dientes se clavaron, marcándola como tuya, como tu mujer. Ella sólo soltó un gritillo de sorpresa, aunque después la sonrisa apareció en sus labios. Apegaste inevitablemente tu frente con la de ella, cerrando tus ojos al igual que la ojiperla y sin más, tus caderas se movieron sin consideración, deseando que ambos tocasen el cielo al mismo tiempo.

Unos delgados brazos rodearon tu cuello, y su pierna libre rodeó tus caderas. Apretaste tus dientes con algo de fuerza, sintiendo que una deliciosa corriente casi recorría tu columna. Un grito con tu nombre de la Hyuuga y un gruñido con el suyo de tu parte retumbaron entre las paredes de la sala a la vez que tú vertías por completo tu semen en lo más profundo de la intimidad de la peliazul.

Sus pesados respirares mostraban su agotamiento, aunque la sonrisa de completa satisfacción por parte de ambos, mostraron lo felices que se sentían.

Así, pegados el uno al otro.

Las cálidas manos de la Hyuuga acariciaron tu rostro, provocando que acercaras tus labios a los rosados de ella para besarla casi con ternura. Algo completamente inusual en ti, pero con ella, te valía una mierda hacer.

La mano derecha de ella descendió desde tu rostro hasta tu espalda baja, logrando que tu piel se erizara un poco. Te separaste segundos después de sus labios, entreabriendo tus ojos para ver los de ella.

En sus ojos, lograste ver plasmado tantos sentimientos incompresibles para ti, pero los cuales te gustarían comprender algún día.

Tu corazón comenzó a palpitar con fuerza al oír sus siguientes susurros, dejándote completamente sin palabras, sorprendido y sin comprender por qué.

―Te amo, Sasuke…

Ves cómo ella salía de ese pequeño transe –si es que así podría llamar-, causando que sus ojos se abrieran poco a poco a la vez que sus pómulos pasaban de rosados a blancos.

―¿Qué tú qué, Hyuuga Hinata?

La voz de una tercera persona en el hogar de la peliazul se hizo presente, causando que ambos se separaran completamente sorprendidos mientras ella cubría su desnudez y tú salías de su interior.

¿Qué mierda hacía Hyuuga Hiashi ahí en ese puto momento?

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

FIN CHAPTER 14.

Notas de Aika:

Hola mis pervertidos (¿?) Hahaha, espero que me perdonen la demora, pero en la continuación de You belong to me, expliqué más o menos qué fue lo que me pasó :c Les juro que aunque pase más de dos años (o mucho tiempo en su defecto) jamás abandonaré mis fics. Porque me acostado mucho escribirlos como para tirarlos a la basura.

En fin, siento que Sasuke me salió raro en este capi xD Perdón si salió un poco OoC, pero creo que era necesario. O no sé :I askdjhakjsd En fin, espero que les haya gustado la continuación. Debo decir que éste es el antepenúltimo capítulo. Así es. Dos capis más y esta historia llegará a su fin. ¿Por qué? porque por el tipo de trama que hice en ésta historia, no puedo ponerle más. Sería vil relleno y no… no quiero eso. Sería completamente innecesario. :c

¡Ah!, una cosirijilla más XD Éste capi quiero dedicárselo a dos de mis queridas amigas en el fandom. A Dark Amy-chan y a LaCrazyWriter. (; Ellas han estado pendiente de mi durante toda mi ausencia a través de Tumblr, lo cual les agradezco desde el fondo de mi corazoncito porque eso me demuestra que son grandes amigas. Y las quiero :33

Eso es todo, hasta la siguiente continuación que será Only One. Hahaha. Me iré a dormir, son las 4:43 a.m. en mi país (México).

¡Nos vemos!

Aika Yami.