Ya estoy de regreso con esta historia. Gracias nuevamente por los reviews (siempre es bueno saber su opinión al respecto) y por los favs y follows… que para un crack-pairing siempre sorprenden jaja.

No los distraigo más, y a leee!

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No le gustaban los juegos de niños y esto era lo más infantil que había hecho desde hace años. Debía reconocer que le picó el orgullo que Rukia le buscara novia… y más que se sintiera con la propiedad de saber qué era lo que él quería… demás de ciertas cosas que dijo.

En realidad intuía qué cosas no le habían agradado… En ese momento se sintió un completo imbécil, pero no era un niño. Entendía que, a pesar de lo que había sentido por ella, eran muy diferentes.

La conocía bien, sabía lo que debía buscar en alguien… Pero temía que la hicieran sufrir. Si daba con alguien que se ajustara a ella… sería como conseguirle un amigo. Estuvo a punto de decirle a Renji, él cuadraba perfectamente con el perfil… pero sabía que lo mataría si sabía lo que iba a hacer… o lo que con Rukia habían acordado.

Cita doble. Una cosa sutil. Rukia se había pasado unas dos semanas entablando una relación cercana con Akabashi de modo que compartir con ella fuera de horario no pareciera descabellado. Mientras que Shuuhei invitó a un viejo amigo de la novena división: Takeshi Iwata. Bien parecido y un tipo casual. No sería de los que la adulara, tampoco demasiado caballero, solo lo justo. Divertido y deslenguado.

Ahí estaban en la sala de té, bebiendo algo y ya habían compartido la cena.

-Entonces Mashiro dijo que no lo haría y el capitán se puso como loco… para qué decir que a la teniente le bajó otro de sus ataques -rio Iwata y su excolega lo secundó -Tanaka terminó llevándole agua con azúcar.

-No sé cómo sobreviven a esa mujer -comentó Akabashi con un suspiro -Debe ser una tortura.

-Créeme, lo es -respondió Shuuhei e Iwata asintió -Pero tiene sus cosas buenas…

-¿Si? ¿Cuáles? -bromeó Iwata y todos rieron, todos menos Rukia -Lo siento, Kuchiki-san… ¿te incomoda que hablemos de Mashiro?

-No, no es eso…

Rukia analizaba la escena. Iwata era agradable, amable sin ser cargoso, y divertido. Le había sacado un par de carcajadas. Podía ver que Shuuhei se lo pasaba bien por su parte. No sabía si era porque su amigo estaba presente o porque Akabashi era bastante receptiva a él. Le sonría mucho, y cuando hablaba no le sacaba los ojos de encima… No sabía que le interesara tanto. Quizás Shuuhei había puesto de su parte para que ello ocurriese. Supuso que estaba en plan de conquista… ¿él hacía eso? ¿Era posible que pudiese actuar así solo por conquistar a una chica? No sabía que pudiese ser así…

Cerca de las once de la noche, Iwata se disculpó, pero tenía otro compromiso, dejando a ambas chicas con su amigo. Shuuhei se sintió bastante mal. Rukia no era una mujer de las que llamara la atención a simple vista, ya lo sabía él. Había que darle tiempo… ser paciente… esperar que ella quisiera darle espacio. Había sido un error en buscar alguien así, como Iwata. Si bien era un buen tipo, era de los que quería señales inmediatas… como muchos hombres.

-Ya es tarde -dijo Rukia poniéndose de pie y sacó dinero del bolso.

-Déjalo así -se negó su teniente -Te encamino… ¿Vamos, Akabashi?

-Claro -respondió la oficial.

No tardaron demasiado a la mansión Kuchiki, no estaba lejos. Rukia hablaba con Yumeko mientras Shuuhei guardaba silencio mirando a ambas mujeres.

-Es agradable… pero no sé -había dicho Iwata cuando fueron por tragos -Entiendo que quieras que conozca gente… pero ella tampoco se deja conocer…

-Quizás si salimos otra vez.

-Paso, amigo. No es de mala fe, pero Kuchiki no es de mi gusto. Es… seca. Y masculina…

-Claro que no.

-Lo es. Todos lo dicen. Tiene más cojones que tetas… Por otro lado… Akabashi… no pierdas tu tiempo, ¿eh? Una mujer así no estará en el mercado mucho tiempo y se nota que le agradas…

Su primera opción había fracasado… mientras que, debía admitir, que se lo había pasado bien con Akabashi… Rukia tenía razón, podía llegar a gustarle… eventualmente.

-Gracias por acompañarme -dijo Rukia frente a la entrada de su casa -Son muy amables.

-No fue nada -respondió Shuuhei.

-Es cierto -le sonrió Aķabashi -Gracias por la invitación.

-No hay por qué -dijo Rukia -Voy a entrar. Buenas noches…

-¿Te parece si vamos a otro lado? -preguntó Yumeko a Shuuhei -No tengo sueño…

-Claro, vamos… ¿tienes pensado algún lugar?

-No -rio suave -Dejemos que nuestros pasos nos lleven…

-Buena idea.

Rukia los vio marchar. Quiso ingresar a casa, pero no pudo dejar de seguirlos con la mirada. Sentía que había hecho un buen trabajo… quizás sí había dado con alguien después de sus esfuerzos por lograr que a su teniente le gustara alguien.

Finalmente ingresó a casa a paso ágil. Prefirió bordear la residencia y transitar por la solera hasta su habitación, pasando por el jardín. Le gustaba la brisa de verano, aunque ya se avecinaba el otoño… quería disfrutarlo algo más. Se sentó fuera de su dormitorio mirando al cielo.

-Llegando a horas prudentes -escuchó a su espalda. Se volteó para ver a su hermano tras ella -Debo felicitarte, supongo.

-Si consideras que corresponde, Nii-sama -había cierta jugarreta en su voz.

-Pensaba que como ibas a salir con tus colegas ibas a tardar más…

Lo vio sentarse a su lado. No dijo nada y disimuló su sorpresa. No era común que él se mostrara dispuesto a entablar una conversación con tanta liviandad.

-Solo salí con una de mis oficiales, un oficial de la novena división y…

-Y Hisagi… -ella asintió -No sé porqué te empecinas en mantener una relación no profesional con ese tipo. Con todo lo sucedido…

-No sé a lo que te refieres, Nii-sama.

Byakuya guardó silencio. Rukia lo seguiría negando hasta el final… No servían de nada sus indirectas, ella lo guardaba como su mayor secreto. Y él nunca había tenido la impertinencia de hacerle ver, explícitamente, que conocía los términos de su relación… o la que había existido.

-¿Nii-sama? -murmuró Rukia -Si nunca te hubieses casado con Hisana-sama… ¿lo hubieras hecho con alguien más?... Digo… supongamos que ella no te hubiese correspondido…

-Seguramente sí… hubiese conocido otra muchacha y quizás podría haber sentido algo similar por ella… Los hombres no somos seres emocionales como las mujeres. Somos prácticos.

-¿Entonces no amabas a Nee-sama?

-Lo hacía, inmensamente… pero hasta el más fuerte de los amores si no es correspondido se muere. Lento, pero lo hace…

-Nee-sama era muy afortunada de tenerte a su lado -se puso de pie -Iré a la cama.

-Bien -respondió sin moverse de su sitio y la vio entrar a su habitación.

Recordaba la última vez que Rukia comenzó a preguntar constantemente de Hisana… Fue el tiempo de sus salidas, del no llegar a casa, de los fines de semana donde se suponía del otro lado del senkaimon. El tiempo que mantuvo una relación con Hisagi. Quizás debía comenzar a intervenir otra vez y enseñarle a ese tipo cuál era su lugar.

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Rukia volvía a la oficina después de una reunión de rutina. Antes de ingresar se pasó a la oficina de su teniente, quien revisaba un documento con un gesto orgulloso.

-¿Y a ti qué te pasó? -preguntó Rukia viendo como Shuuhei alzaba la mirada.

-Llegaron las evaluaciones semestrales -canturreó -Y adivina quien tuvo una estrellita dorada -mostró su evaluación, efectivamente tenía una estrella dorada… el comandante Kyoraku y sus ideas de motivación.

-¿Tienes la mía? -preguntó la capitana y el teniente se la mostró, Rukia quiso tomarla pero él se la retiró justo a tiempo -Dámela -exigió.

-No -se rio.

-Que me la des -se abalanzó sobre el escritorio y Shuuhei se supo de pie y alzó el documento sobre su cabeza -¡Dámela!

-No.

Rukia saltaba tratando de alcanzarla y el teniente se reía al verla tan enajenada.

-Dámela, Shuuhei, o impugnaré tu evaluación.

Él bajó la forma y se la entregó. Rukia revisó la evaluación, no había estrellita dorada para ella. Se sentó frente al escritorio y leyó a consciencia.

-¿La leíste? -preguntó a su compañero y él asintió -No está muy buena… ¿no?

-No saben lo mucho que has hecho por esta división -la confortó y ella lo miró un instante soltando un suspiro -Si quieres puedo darte mi estrellita -dijo en tono juguetón.

-No es gracioso -bufó.

-No bromeo… -tomó su evaluación y despegó la estrella y la dejó en la forma de su capitana -Para mí eres un diez y te mereces muchas más de éstas -se refería a la estrellita.

-Eres tan tonto, Shuuhei -se sonrió.

-Pero te saqué una sonrisa, ¿no? -tomó la silla tras el escritorio y se sentó junto a ella -Puede que te ausentes seguido, aunque no ha sido así hace meses. ¿Acaso está Nanao durmiendo en esta división para opinar cómo funciona la división? Al diablo ella y sus parámetros. Además, ¿quién te evalúa? ¿Un sujeto que bebe más sake que yo? Por favor -bufó.

-No digas eso, alguien puede escucharte.

-¿Y? No me importa, eres la mejor capitana de todo el Gotei. Desde antes de serlo ya podías con toda esta división…

-Solo eres positivo porque tu evaluación fue perfecta

-Si lo fue es porque tú eres mi capitana, por nada más…

-Tonto -masculló, pero algo brilló en su rostro. Ese teniente siempre tenía una palabra para hacerla sentir mejor. -Bueno, habrá que mejorar esto…

-O apelarlo…

-Oh no, no lo hiciste…

-Si hubieras llegado a mediodía podrías haberme detenido -dijo inocente -No estoy de acuerdo con eso -indicó el documento -Y quién mejor que tu teniente para defender tu proceder dentro del Gotei.

Rukia dejó el documento sobre el escritorio. No era fácil asumir que su desempeño no era calificado de buena manera, sobre todo cuando había puesto tanto de su parte. Soltó un suspiro.

-Con que me ausento mucho… ¿no? -murmuró viendo la evaluación -Y que lo hago sin fundamento…

-Puedes ausentarte cuanto quieras -le dijo -Tienes otras cosas por las cuales velar, aun cuando a Nanao no le parezcan. Este documento no refleja en nada lo que haces por todos nosotros… y si quieres ausentarte yo tomaré tus responsabilidades y qué más da.

-A veces siento que me consientes…

-Ya me parecía extraño que no lo notaras -se puso de pie -De hecho… tengo algo para ti, dame un segundo -lo vio salir de la oficina y luego regresar con un pote, le entregó una cuchara.

-¡Uh! Menta con chocolate -se sonrió entusiasmada y metió la cuchara al pote y sacó un buen poco de helado -¿No vas a comer?

-Nah, tuve una estrellita dorada -bromeó y se ganó un golpe en el hombro.

Tocaron a la puerta, el teniente se puso de pie para abrirla.

-¿Shuuhei estás ocupado?

Rukia se volteó a ver a la puerta. Akabashi estaba allí… tuteando a su teniente.

-Solo hablaba con Rukia… -dijo mirando a la capitana -¿Sucedió algo?

-¿Puedes venir a mi oficina un segundo?

-Claro… -miró a Rukia -¿Te molesta si te dejo un momento?

-No, ve…

Shuuhei asintió y salió de la oficina. Rukia pudo ver la enorme sonrisa de Akabashi… Bajó la vista a su helado y sacó otra cucharada. Le supo a amargo… muy amargo.

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Saito Matsumori era otro de los amigos que Shuuhei mantenía en la novena división. No era demasiado atractivo, pero era un tipo simpático… y paciente. Le gustaba conocer bien a una chica antes de arriesgarse por ella, por lo mismo, era el ideal.

Rukia había quedado con Momo, quien llevaría a una de sus oficiales de apellido Nabe. Era relativamente cercanas y parecía buena gente. Y, nuevamente, lo más notorio era su generoso busto. A veces Rukia se preguntaba seriamente qué vio Shuuhei en ella… si para todos era obvio que a él le gustaban otro tipo de mujeres. Recordaba que él le decía lo muy lindo que le parecía su cuerpo… seguro lo decía por hacerla sentir mejor… cuadraría dentro de cómo era él. ¿Entonces por qué se acostaba con ella?

Shuuhei acompañó a Matsumori a fumar fuera. Rukia arrugó la nariz, no le gustaba el cigarrillo.

-¿Está soltero? -preguntó Nabe a Momo con interés. La teniente asintió -¡Qué suerte! -aplaudió -Me parece alguien muy interesante y divertido… ¿Crees que podrías arreglar otra junta así, Hinamori-san? Me avergüenza ser demasiado demostrativa esta vez... con Matsumori-san.

Rukia se llevó una mano al cabello mientras que Momo se sonrió ladeado y decía a su oficial que podrían arreglar algo. Tal parecía que no había caso… aunque la tercera podía ser la vencida. Ese era el turno de la chica que había elegido Rangiku y podía ser la mejor carta.

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-Buenos días -Kiyone ingresó a la sala de reuniones cargando unos bocadillos dulces, Sentaro tras de ella con el doble.

El resto de los oficiales estaban instalados con sus apuntes prestos para la reunión. Rukia a la cabecera Kiyone se sentó a su lado, algunos de ellos probaban los bocadillos mientras charlaban cosas de oficina. Shuuhei se incorporó para sentarse al otro lado de la capitana.

-Bien… comencemos -dijo Rukia y todos se la quedaron mirando -Hibiki… -la octava oficial miró a su reporte -Comencemos contigo -la chica asintió.

-Claro -alzó la voz -Faltan insumos. Levanté la orden de compra a la división tres, pero hay un retraso. Estamos tratando de extender lo que nos queda…

-Tendremos que hablar con Marakate -Rukia se refería al nuevo teniente de la octava división -¿A quien solicitaste, Hibiki?

-Al séptimo oficial, como siempre…

-Se debe haber entrampado en algo -comentó el teniente mirando a Rukia -Yo me encargo…

-¿Y qué hacemos de momento? -preguntó Hibiki -Porque, además, hay que realizar unos arreglos en el campo de entrenamiento…

-Pero ese es mi tema -interrumpió otro oficial entregando un informe a Rukia -Hay un agujero en el centro del campo que hay que rellenar.

-Momento -interrumpió el teniente -¿Dónde estaban los suboficiales encargados del campo? Si van a entrenar kidou o liberar el shikai, deben estar preparados para proteger la zona.

-El campo fue utilizado sin previo aviso -aclaró el oficial -De hecho sospechamos que no fue alguien de esta división…

Rukia y Shuuhei se miraron. ¿Alguien estuvo utilizando las dependencias de su división para practicar? ¿Quién o quienes?

-Habrá que aclarar esto, lo comunicaré a la primera división -definió la capitana -Hay que pedir una investigación de la décimo segunda división.

-Dalo por hecho -dijo Shuuhei.

-Aparte de eso, ¿falta algo? -preguntó Rukia.

-Nada, capitana Kuchiki. Hemos revisado todas las mañanas y al retirarnos.

-¿Y los oficiales de turno no detectaron nada? -preguntó Shuuhei extrañado.

-Nada, teniente Hisagi. De hecho pregunté a los cambios de turno, nadie sabe nada…

-Quiero los nombres de quienes estuvieron ese día de ronda cuanto antes -indicó y el oficial asintió -Las zonas del rukongai a nuestro cargo… -miró al décimo segundo oficial.

-Incidentes de rutina -hizo llegar el informe a Rukia -Sin pérdidas materiales ni implicancias a civiles.

Shuuhei se llevó un pastelito a la boca mientras el décimo segundo oficial hablaba de su reporte. No era posible que nadie supiera algo del incidente del campo de entrenamiento. Alguien estaba utilizando sus instalaciones, lo más probable para trabajar su shikai y no lo estaba informando. Todos los oficiales tenían desarrollada esa habilidad en mayor o menor medida y tenían sus propias instancias de entrenamiento. Eso quería decir que alguien no quería decir que lo estaba adquiriendo… ¿pero quién?

Rukia le limpió unas migajas de la barbilla con el pulgar y lo sacó de sus pensamientos. Ella volvía a interrogar a otro oficial.

Fumiko miró a Hibiki, eso había sido adorable.

Se la quedó mirando, notó que traía maquillaje y olía diferente. Pudo decir que siempre se veía linda o que también olía bien sin utilizar perfume, pero debía reconocer que hoy estaba tremendamente atractiva.

-Shuuhei -lo llamó Rukia -Te habla Samewa.

-Sí, sí -miró al noveno oficial -Disculpa, ¿decías?

El oficial planteó una dificultad con un par de reclutas que solicitaban transferencia a la división, pero tenían amonestaciones desde la división original. Debían discutir si se aprobaba o no y resolverlo ojalá durante esa misma mañana. Los antecedentes fueron entregados de inmediato provenientes de la séptima división. Un suboficial trajo una bandeja con varias vasijas de té. Rukia sacó una y la dejó frente a su teniente y luego tomó otra para ella.

-No creo que sea adecuado guiarnos únicamente por los informes. ¿Te entrevistaste con ellos? -preguntó la capitana.

-Pensé que pudiese hacerlo usted, capitana Kuchiki. Le daría más peso a la situación

-Si quieres yo me encargo -propuso Shuuhei.

-Hagámoslo los dos, yo intimido y tú interrogas, se te da bien -respondió con una sonrisa cómplice.

-¿Puedes citarlos a las…?

-A las 4

-¿Puedes citarlos a las 4? -preguntó al oficial.

Fumiko y Hibiki intercambiaron miradas. Verlos interactuar era un gusto. Desde un comienzo fueron un buen equipo, aunque se notaba cierta reticencia de parte de la capitana a que el teniente realizara ciertas tareas y ella solía acaparar gran parte de los deberes. Pero ya habían pasados varios años y la compenetración de ambos era perfecta. Además tenían esos detalles entre ellos como…

-Lo olvidé en la oficina -dijo Rukia poniéndose de pie.

-Descuida, yo iré -el teniente se levantó y caminó hasta la puerta.

-¿Sabes dónde está? -preguntó ella.

-Sobre las carpetas, lo dejaste allí cuando llegaste.

Él siempre recordaba cada paso de la capitana, donde guardaba las cosas, donde las olvidaba. Ella le consultaba hasta la más mínima cosa, aun cuando terminara haciéndose como ella quería.

Toda la división se preguntaba cuando iban a dejar los formalismos y se decidieran a traspasar los límites profesionales.

-Tenemos un tema con la cocina -saltó de pronto el oficial a cargo -Todo ha subido de precio y nos hemos visto en la necesidad de reducir las porciones.

Todos los oficiales se quedaron mirando al encargado de la cocina y luego se volvieron hacia Rukia. No, la comida no.

-Veremos que se puede hacer al respecto… -reflexionó la capitana -Pero de momento, haz lo que tengas que hacer.

-Vamos, Rukia. Nos vamos a morir de hambre -dijo Shuuhei olvidando que estaban frente al resto. Ella le dio una mirada de reproche -Nos podemos aguantar un tiempo… supongo.

Sentaro y Eiji se miraron risueños. Otra manifestación más de porqué el apoyo de teniente calzones le quedaba tan bien. Se rieron bajo.

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-¿Y de dónde quieres que saque el dinero? -preguntó Rukia mirando a su teniente -No nos designan más dinero del que tenemos -exclamó -Tú tienes esos cálculos, tú sabes cuánto dinero nos designan.

-Todos quedaremos con hambre, Rukia -respondió buscando algo entre sus apuntes -Mira -le entregó unos papeles -Si recortamos desde la escuadra de Hibiki y dejamos que Fumiko sea quien destine el dinero exacto nos ahorraríamos…

-¿Acaso pretendes que Hibiki no tenga presupuesto? ¡Te golpeaste la cabeza, Hisagi!

Afuera de la oficina, Fumiko y Hibiki escuchaban la discusión, claro que no esperaban que fuera por ellas. El resto de la división estaba tras de ellas.

-No me he golpeado nada -se llevó la mano a la cabeza por inercia en gesto inocentón y ella chasqueó la lengua -Para reparaciones e insumos no existe un método que permita conseguir mejores precios, simplemente va alguien y compra donde sea más cerca. Todos sabemos que comprar en el seireitei o en los primeros distritos es carísimo.

-¿Mandarás a nuestros oficiales a comprar al inuzuru acaso?

Hibiki suspiró, todos se la quedaron mirando. Se volteó hacia ellos.

-Odio cuando mami y papi discuten por dinero… -comentó la oficial burlona.

-¡Serás odiosa, Hibiki! -Fumiko le jaló una trenza.

Dentro la discusión continuaba.

-No es necesario el sarcasmo, Kuchiki

-Capitana Kuchiki -corrigió y respiró profundo -Está bien… -Hisagi sonrió triunfante -¿Qué propones?

-Propongo realizar una licitación de insumos -dijo pasando las hojas del documento -He escrito a varios proveedores indicando los elementos que más requerimos y cuál es el precio que nos ofrecen. Con esos mismos precios he consultado a otros… y he conseguido mejores.

-Y has mentido al respecto diciendo que te han ofrecido mucho menos de lo que realmente han hecho -frunció el ceño y bajó la vista a las cotizaciones -¡No puedo creer que bajaran los precios tres veces su valor! -miró al teniente sorprendida -Tengo que reconocerlo, eres un genio, Shuuhei.

-¿Lo apruebas?

-No puedo negarme con esta evidencia.

Fumiko miró a Hibiki quien remedaba a Rukia mascullando. Ahora tendría que hacer tratos con horribles sujetos lejos de la comodidad del seireitei.

-Al menos agrandarán las porciones del almuerzo -sonrió Fumiko pacífica.

Hibiki bufó y se retiró del corredor con pasos pesados que hacían saltar graciosamente sus dos trenzas.

-Parece que no le gustó nada que mami y papi le recortaran la mesada -rio Eiji logrando que el resto de la división riera.

La puerta de la oficina se abrió de pronto y todos fingieron estar circulando, aunque un par se dio contra la pared. Hisagi miró la escena extrañado y dio con Fumiko.

-Fumiko -la mujer se cuadró -A mi oficina, necesito darte algunas indicaciones.

-Sí, teniente.

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Habían pasado un par de semanas desde la última cita a ciegas -o así las llamaba Momo- el tiempo escaseaba y un par de misiones habían arruinado sus planes. Pero ahí estaban otra vez. Rangiku había convencido a Shuuhei de convencer al oficial de la división del kidou que cuidaba el senkaimon de acudir con ellos. No se conocían más de lo protocolar, así que levantó bastantes sospechas. Pero al oficial, según Rangiku, le gustaba Rukia. Por lo mismo no se negó… de hecho accedió inmediatamente… cosa que a Hisagi no le gustó nada. Debía admitir que luego que cada una de las citas de Rukia se daba de baja de la lista se sentía aliviado.

-Eso te pasa porque todavía sientes cosas por ella -había dicho Rangiku cuando le confesó su incomodidad frente a ese juego de conseguir pareja -Creo que deberías dar vuelta la página… o intentarlo otra vez -agregó no muy de acuerdo con lo que había salido de su boca.

En fin. Ahí estaban otra vez. Marui, el oficial, era un tipo bastante agradable. Claro que su cita nunca llegó.

¿Por qué le jodía tanto que Rukia pareciera tan agradada con ese sujeto? Se suponía que no debería molestarle, él había superado a Rukia. Totalmente superado. Bueno, no tanto como totalmente, pero lo suficiente.

Marui era de labia fácil y contaba las cosas que sucedían estando a cargo de la puerta al otro lado. Debía reconocer que tenía anécdotas bastante graciosas. Veía como ambas mujeres se reían… La tenía superada… bastante.

-Pero lejos lo más gracioso que sucedió…

Ya ni siquiera prestaba atención a lo que decía. Sin darse cuenta apretaba muela contra muela y se le acalambraban las mejillas. No era un tipo celoso, para él los celos eran signos de debilidad e inseguridad, dos cosas que no habitaban en él. Pero…

De alguna manera Marui lograba que Rukia se volviera algo extrovertida y se la notaba cómoda con él. Era desenfadado y de sangre liviana. Ella comenzaba a contar algunas cosas… todas relativas a sus idas al mundo de los vivos. Marui estaba muy interesado… Casi la tenía superada.

-Creo que has utilizado el senkaimon más que cualquiera de nosotros -comentó Marui -Sin embargo nunca hablábamos… eres muy agradable, Kuchiki-san.

Rukia se sorprendió.

-Gracias…

¡No la tenía superada con una mierda! ¿Para qué seguirse engañando? Durante años se autoconvenció, que no sentía nada más que compañerismo… Pero no era bueno mintiendo… menos a sí mismo. Si bien todo se había entibiado bastante, el asunto de año nuevo trajo a flote los viejos sentimientos que alguna vez tuvo por ella. De a poco… sin que se diera cuenta.

-Me voy -dijo finalmente dejando la parte de su paga sobre la mesa.

Los otros tres comensales se le quedaron mirando.

-No te vayas -pidió Rangiku.

-Tengo cosas que hacer. Nos vemos.

Y salió del lugar sin más mascullando en qué minuto volvió a ser el mismo imbécil de hace cinco años… porqué no había aprendido nada de ello. Pero se tragaría eso, insistiría en conseguirle una pareja a su capitana… por masoquismo, para que finalmente tuviese un real motivo, concreto, de olvidarla.

-Bueno, yo también me voy -dijo Rangiku al cabo de unos minutos -Te la encargo, Marui-san.

Ambos citados se vieron solos y él continuó llevando la conversación. Rukia lo escuchaba, pero ya no se sentía tan cómoda. Suponía que la presencia de Rangiku y Shuuhei le bajaba la ansiedad. No era que le gustara el oficial, aunque era agradable… era que no le gustaba ser objeto de atenciones y halagos. Y de pronto, Marui se había vuelto adulador.

Debía decir que se había acostumbrado un poco a las palabras dulces y empalagosas… por su teniente. De alguna forma viniendo de él no le molestaban y si no las decía en un tiempo casi llegaba a preocuparse. Le gustaba que le halagara el trabajo… como también agradecía si la regañaba un poco. Era parte de su trabajo, monitorearse.

-Tienes unos ojos muy bonitos -le dijo el oficial.

-Me gusta como me miras.

Shuuhei era mil veces más cursi. ¿Pero qué eran un par de bonitos ojos si eran inexpresivos? Cual es la función de ellos sino ver a su alrededor… los ojos son el espejo del alma… ¡Ya se estaba poniendo como Hisagi!

-¿Crees que podríamos salir otra vez, Kuchiki-san? Me gustaría conocerte más…

No era tonta, leía las intenciones en él. De pronto se pensó besándose con Marui. No supo de donde provino ese arranque de imaginación pero de solo pensarlo algo se movió en ella. No… no quería eso…

-Supongo que sí… -fue más bien evasiva.

Recordó cuando Shuuhei la invitó a salir luego de ese par de encuentros acalorados. Cómo lo rechazó, pero lo muy lindo que le había parecido aun así… ¡cómo habían cambiado las cosas entre ellos! Si quizás hubiese aceptado esa vez… ellos jamás habían salido solos… salir de verdad… en plan de conquista. Habían hecho todo al revés. Tal vez si hubiesen salido… si ella hubiese sido menos intransigente, menos cerrada… ¿Por qué cuando se imagina con alguien solo podía desear que fuese él?

-Debo regresar a la casa -finalizó Rukia.

-Vale -respondió el oficial -Me uniré a unos amigos que están unas mesas más allá. Nos vemos luego.

Rukia salió del local. Shuuhei nunca la hubiera dejado ir sola a casa, aun cuando era una shinigami altamente calificada, aun cuando si Nii-sama los pillaba juntos lo molestaría el resto de la semana…

Había hecho todo mal. No podía engañarse… no lo quería, pero le agradaba… Como amigo, como colega… como pareja. Pero ella no sabía como querer… Quería a Nii-sama, a Renji, a Ichigo, a Momo, a Rangiku… pero no sabía querer a un hombre…

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-¿Cómo anduvo todo con Marui? -preguntó el teniente mientras almorzaban en el comedor de la división… sus platos extra grandes.

-Bien… Lamento que tu cita no llegara… -Shuuhei se alzó de hombros -De hecho, estaba pensando en la próxima cita…

-Pensaba que con Marui la búsqueda había acabado.

-No, aun me falta salir con una última persona…

-¿Y quieres que haga de celestino otra vez? -se llevó los fideos del ramen a la boca.

Rukia negó. Podía salir con el tipo más guapo del seireitei… con el más encantador… con el más talentoso… Pero cada vez que salía con alguien… todos fallaban en algo… Nadie era como él con ella, nadie. Tal vez se merecían una oportunidad… quizás él podía enseñarle a querer…

-Sal conmigo, Shuuhei.

El teniente se atragantó con sus fideos y se la quedó mirando sorprendido.

-¿Qué?

-No me hagas repetirlo… odio repetir las cosas, lo sabes… ¿Aceptas?

No, Shuuhei, no aceptes. Es otra de sus tretas. No le gustó ningún tipo y por eso quiere salir contigo. Solo quiere ego, porque sabe que eres un imbécil que no sabe decirle que no. No, no la mires… Mira hacia cualquier otro lado… No caigas con esa carita de muñeca de falsa inocencia.

-Acepto.

Menudo idiota.