Hola gente! Qué días he tenido. No había podido actualizar antes. Pero ya estoy de regreso. Espero que se diviertan con este capítulo donde nos adentramos en los más ocultos sentimientos de Rukia. A leer!

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Fantástico, Hisagi. Ahora estamos metidos en los caprichos de esta mujer una vez más.

Rukia le sonrió y volvió a su almuerzo. De alguna manera el saber que había una oportunidad de que… ¿En qué estaba pensando? Acababa de invitar a salir a quien ella le estaba buscando novia. Lo miró. Estaba tranquilo, como si una cita entre ambos no tuviese mayor relevancia… o estaba fingiendo… como lo hizo cuando ella puso el fin a su relación de la manera más cruel.

Aun recordaba cuando le corrió la cara cuando él solo quería saludarla como cada mañana. Su rostro se desarmó en ese momento, no lo pudo disimular. Y ella… simplemente dijo después. Uno que nunca llegó.

De alguna forma y sin saberlo… se habían convertido en algo más que amantes. Pasaban gran parte del día juntos buscando hasta el motivo más absurdo para estar solos. No siempre para intimar… Recordaba las veces en que solo se quedaban hablando de algo, como ella se acurrucaba contra él y se dejaba acariciar, tomar de la mano, simplemente besarse como si… De alguna forma y sin saberlo… sin darse cuenta… ninguno de los dos… habían dado un paso más. Su actuar no era el de dos amantes que se escabullían de noche para perderse en la pasión de un superficial encuentro. Habían sido más que eso. Por eso, cuando ella lo ignoró, lo dejó de lado… por eso él había reaccionado así. La dejó libre… porque… porque Shuuhei… él…

¿Lo seguiría haciendo? Aquel día de año nuevo fue muy claro, él no quería enamorarse de ella otra vez. No era justo que volviera a jugar con sus sentimientos, pues sabía que tras de cada deferencia que él tenía por ella ese afecto que le profesó seguía latente, esperando una pequeña señal para regresar. Y si ella, si le daba una pequeña esperanza…

-¿Por qué aceptas salir conmigo, Shuuhei?

Ja. Lo sabía, no se va a quedar con la duda.

-La pregunta es otra, Rukia -dejó los palillos sobre el cuenco -¿Por qué tú quieres salir conmigo? Te has esmerado en buscarme la mejor chica de todo el gotei y, de pronto, te enlistas también. Si alguien tiene dudas aquí, ese soy yo.

-Pues… bueno… -balbuceó y desvió la mirada -Porque… porque quiero.

-¿Y por qué? -insistió -No es como que no hayamos salido nunca. Sabes perfectamente como es salir conmigo. Iremos por ahí, beberemos, comeremos algo. Hablaremos del trabajo, de cosas importantes o no dependiendo del ánimo. Luego te dejaré en tu casa… -volvió a tomar los palillos -Nada nuevo -se llevó los fideos a la boca.

Rukia asintió en silencio. Tenía razón. Lo único diferente sería ponerle el nombre de cita. Él no quería hacerlo. Aceptaba solamente porque siempre trataba de agradarla, de hacerla sentir bien. Ella no estaba acostumbrada a eso, quizás por lo mismo lo repelía. Lo alejaba cuando… cuando había temido que en su perseverancia la hiciera olvidar su afecto por Ichigo. Cuando temía volverse en una chica débil, en una que estaría totalmente entregada y vulnerable. Aún temía a aquello… pero… no quería perderlo.

-Tienes razón… no tiene mucho sentido.

Cuando lo vio, cuando se dio cuenta en como Shuuhei podía serle atractivo a alguien más. Cuando cayó en cuenta que no era indiferente para el resto de las chicas… ¡Por eso elegía chicas poco atractivas! ¡Para que él no les prestara atención y no fuesen una amenaza! Antes las otras mujeres no le importaban... ¿Podía haber estado ciega todo ese tiempo? Se repetía constantemente que en esos cinco años solo había desarrollado un afecto casi fraternal por él… que ya no se sentía atraída como cuando recién comenzó su relación. Pero lo hacía, durante todo este tiempo le pareció atractivo.

-Tiene el sentido que quieras darle. Y veo que es bastante fácil convencerte que no lo tiene. Pero si tiene alguna relevancia para ti, si existe una buena razón, quisiera escucharla.

Silencio. Shuuhei suspiró pesado antes de volver a sorbetear sus fideos. Rukia seguía siendo la misma de siempre. Por un segundo esperó que el asunto tuviera cierto peso… cierta razón que lo hiciera querer aventurarse un paso más allá y… volver a intentarlo. Volver a poner todo en juego. La miró de soslayo, ahí estaba ella intentando tener una respuesta.

Buena jugada, Shuuhei. Me sorprendes.

Había una razón… una gran razón. Ella tenía miedo a perder el control, miedo a dejar que alguien ingresara a su corazón y la devastara tal como había sucedido con Kaien-dono… con Ichigo. No, Ichigo jamás la devastó… Y por eso era seguro, porque sabía que nunca lo haría. Pero Shuuhei… Internamente siempre estaba ese miedo, que ella dejara de gustarle. Que le atrajera alguien más, alguien dulce, alguien con más pecho, alguien que agradeciera sus detalles y no se burlara de ellos. ¿Por qué se burlaba? Si cuando lo hacía algo en ella se movía, algo se volvía suave y cálido. Pero prefería rechazarlo, sentir desprecio por… por ella, en quien se estaba convirtiendo a su lado. Nunca fue Shuuhei, siempre fue ella.

Quería darse esa oportunidad, de dejar fluir esa parte de ella que escondía celosamente, como su mayor secreto, su gran debilidad… amar.

-La hay, una razón -la capitana rompió el silencio -No hay nadie… nadie que se compare contigo. Nadie.

Iba a tragar cuando sintió que la sopa se le salía explosivamente de la boca y el resto se le atravesaba en la garganta dándole otro ataque de tos.

Rukia puso unas servilletas en la mesa para secar el desastre y toda la división se volteó hacia ellos. Le alcanzó otras servilletas para que se secara la boca mientras ella terminaba con la mesa.

-¿Qué? -preguntó con la voz atragantada y húmeda.

-Eso… no quiero salir con nadie que no seas tú. Quiero intentarlo, Shuuhei. Eso… si tú también lo quieres…

Quería intentarlo. ¿Significaba lo que él creía que significaba? Que ella quería estar con él… ¿más que como amigos?

-Este no es el lugar para hablar de esto -dijo Shuuhei bajando la voz -Además esa es una historia vieja. Creo que fui bastante claro en año nuevo.

-Sé lo que piensas… sé que no quieres volver a… bueno, lo que tú y yo sabemos. Pero… ¿y si soy yo la que sí quiere…?

-¿Quiere qué? -ella se alzó de hombros -¿No puedo tomar sopa si lo dices?

-No, mejor no lo hagas -se rio suave -Dame una oportunidad, ¿sí? Sal conmigo y muéstrame todas las razones por las que debo… debo… -alzó la mirada -Enamorarme de ti.

-De acuerdo -retiró las servilletas de la mesa y las dejó dentro del cuenco, pasó otra seca por la superficie que fue a dar junto con las otras -Si me das una buena razón para arriesgar mi integridad emocional por ti.

-Creí que lo había hecho… -él negó -¿No es suficiente para ti?

-Lo hubiese sido hace un tiempo. Es una promesa vacía. Es un puede ser. No voy a lanzarme al vacío esta vez.

Detente ahí, idiota. Estás dejando pasar la oportunidad. Desde ahora en adelante vas a hacerme caso. Retráctate, di que lo sientes. Sal con ella, llévatela al cuarto y házselo hasta que grite tu nombre. Actúa como el macho que eras antes que esa chiquita te destruyera el ego. Le gustabas por eso, dale a esa mujer lo que quiere… pedazo de bruto. Métete entre sus piernas, cómele el cuerpo y…

-Lo lamento. Eso no estuvo bien. Es una buena razón -vio como se le iluminaba el rostro -Pero no vamos a salir… -Rukia enarcó una ceja -Hoy, en mi cuarto.

-No es lo que tenía en mente…

-Las reglas las pongo yo. Tú decides… Kuchiki.

Un escalofrío la recorrió y una serie de escenas pasaron por su mente. De esas que recordaba a veces en la intimidad de su cuarto. Esas que la hacían tratar de revivir las viejas sensaciones que él le provocaba.

-Retrocedamos el tiempo hasta ese momento en que dudaste lo que sentías por mí. Porque ambos sabemos que eso pasó.

Y sin más se puso de pie, le dio otra mirada, de esas que habían quedado olvidadas hace cinco años.

-Nos vemos más tarde, Kuchiki.

Salió del comedor. Rukia lo vio perderse por la puerta. Se llevó las manos a los muslos y enterró los dedos en la piel por sobre el uniforme. Ese era… ese era el Shuuhei que la había confundido, el que la había hecho cometer imprudencias. Tomó aire profundo y alzó la vista al techo. Soltó una espiración.

El juego volvía a comenzar.

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Escuchó el gong que la llamaba a cenar. Aún estaba en su habitación terminando de secarse el cabello. Se miró al espejo repasando sus facciones… y una leve sonrisa que, aunque sutil, ya le acalambraba las mejillas. Estaba emocionada y ansiosa, tenía que reconocerlo. Un sonrojo cubría sus mejillas y no era el horrible y húmedo calor de principios del verano.

Se puso de pie desde el tocador y desanudó la toalla. Hurgó en el armario para encontrar una bolsa olvidada hace bastante al fondo del mueble. Esa bolsa que Ichigo le había quitado en aquella visita a Karakura. Aquella visita que había marcado el fin de su relación con Shuuhei.

Sacó el contenido y cortó las etiquetas. Repasó el encaje con los dedos. Recordaba cuando lo había comprado…

-A su novio le encantará -dijo la mujer que la había atendido en la tienda -¿Una celebración especial?

-He estado un tiempo fuera, hoy regreso a casa. Quiero darle una sorpresa.

Como le hacía ilusión estrenarlo, que él lo viera. Pero nunca lo hizo… nunca tuvo la oportunidad.

Sin pensarlo más se colocó el conjunto y se miró al espejo. Hacía mucho que no ponía tanto afán en verse atractiva. Le gustaba cómo se veía puesto, pero también pensaba en cómo se lo quitaría… Quitó ese pensamiento veloz, no quería anticipar nada.

Buscó entre sus ropas una yukata que Nii-sama le había comprado hacía una semana, una que ella había visto en una revista y le había comentado a su prima lo mucho que le había gustado. Le sentaba muy bien, era de un pálido amarillo con pequeñas flores de cerezo bordadas. Era un lujo. Se sentó frente al espejo, se maquilló ligero, peinó su cabello y lo adornó con unas peinetas.

Nunca se había puesto tan hermosa para él. Se lo merecía. Esa noche merecía tener a la mujer más bella que ella pudiese entregarle.

-Rukia-sama -escuchó del otro lado del shoji -Kuchiki Byakuya-sama pregunta si cenará con él. Han venido los ancianos del clan.

Esa era la frase clave para que ella se manifestara indispuesta.

-Dile a mi hermano que estoy algo indispuesta, que por favor perdone mi ausencia.

-Sí, señorita -la voz de la criada era algo risueña ante el fingido todo solemne de Rukia -¿Desea que le traiga una bandeja a la habitación?

-No gracias, Mitsuki… Solo deseo dormir. Que nadie me moleste.

-Descuide, señorita.

Aquello había caído del cielo. Todo volvía a tener la adrenalina de antes. Extendió el futón sobre el tatami. Puso otro futón dentro fingiendo alguien que dormía. Sabía que no engañaría a Nii-sama, pero sí a la servidumbre que era lo que a su hermano le importaba.

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-Tranquilo, Shuuhei -se dijo frente al espejo pasándose una toalla por el pelo -Va a ser como antes. Va a entrar por esa puerta. La vas a acorralar contra la pared. La vas a manosear y vas a hacérselo tan bueno que va a querer más… -se indicó en el reflejo, pero en un segundo dejó esa actitud -A quién engaño… o sea, igual lo voy a hacer, pero se escuchó muy feo.

Solo no seas cursi, maldito calzones.

Tocaron a la puerta. Terminó de acomodarse la ropa y abrió. Se la quedó mirando impresionado. Frente a él tenía a la, que burlonamente la llamaban en el gotei, princesita Kuchiki, pero no había nada de broma en ello. Le pareció estar viendo una fina muñeca de porcelana.

-Te ves… preciosa.

Rukia ingresó en la habitación en silencio. Los recuerdos se le agolparon en la mente como una bofetada mental. Realmente estaba ahí… por un segundo dudó y quiso salir por la puerta corriendo.

-Yo… -murmuró.

-Si no quieres hacer esto, lo entenderé -dijo Shuuhei leyendo la duda en ella.

-No puedo…

-De acuerdo. No puedo obligarte a hacer algo que no quieres. Está bien, de verdad.

-Lo siento -retrocedió hasta la puerta -Realmente lo siento -descorrió el shoji -Nos vemos mañana…

-Nos vemos…

Salió de la habitación y cerró suave. No podía combatir contra ello. Una cosa era lo que ocurrió hace años y otro lo que hubiese ocurrido esa noche si lo hubiese permitido. No estaba lista para ello. Si lo consentía sería para abrir su corazón definitivamente… no podía. Le tenía cariño… pero dar un paso más… no estaba segura.

Caminó de regreso a casa.

Dentro de la habitación, Shuuhei se golpeaba internamente por siquiera haber creído que aquello era posible. Era el momento de dar vuelta la página definitivamente… y cuestionarse si debía continuar cerca de ella. Salió de la habitación rumbo al cuartel.

Ingresó a la oficina de Rukia y buscó en el estante una carpeta. Las manos le tiritaban… pero debía hacerlo, por ella, por él. Llevó una carpeta al escritorio y se sentó a pasar los documentos. Sacó un en particular en el que se podía leer Forma de desvinculación.

-Perdóname, Rukia… -murmuró al tiempo que tomaba un lápiz y llenaba la forma -Rangiku tiene razón, soy un maldito cobarde.

Ninguno de los dos durmió esa noche y el amanecer llegó demasiado rápido.

Para cuando la mañana llegó no hubo ningún café sobre su escritorio. Rukia suspiró pesado y se sentó a revisar los pendientes del día anterior. Escuchó golpear la puerta. Sabía perfectamente que era Shuuhei. Respiró profundo… esto sería incómodo, pero sabía que él haría como si nada. Él era así, siempre la comprendía.

-Adelante…

El shoji se descorrió. Notó inmediatamente que algo sucedía con él. Traía una hoja en sus manos.

-Tan temprano con problemas -bromeó intentando que él dejara esa seriedad.

Él le extendió el documento y ella le sonrió para dejarlo sobre la mesa. Lo repasó con la mirada, él bajó la vista. Rukia sintió que la sangre se le iba a los pies.

-¿Qué… qué es esto? -la voz se le quebró -No, Shuuhei… no…

-Lo siento. Perdóname… pero no puedo seguir con esto. No nos hace bien… esto se lío.

-No… no… -murmuró sin quitar la vista del documento -Por favor…

-Debí hacer esto antes. Lo siento… vas a estar bien sin mí.

-No, no voy a estarlo -alzó la vista -No… no me hagas esto. ¿Es por lo de anoche? No tienes que hacerlo, Shuuhei. No es necesario -intentó tranquilizarse -Podemos dejarlo pasar -se puso de pie para caminar hasta él -Lo hemos hecho antes… no es difícil.

-Lo es… para mí. No tienes la culpa.

-¡Claro que la tengo! -exclamó -Este es tu lugar… Lo que es esta división ahora es logro de tu trabajo. No dejes que ese esfuerzo se vaya a la basura por mí. No lo mereces… ¿qué harás?

-Me presenté en la división del kidou a primera hora.

-No…

-He sido aceptado en puesto de oficial. Dijeron que tengo buen nivel… que puedo ser un aporte…

-No…

-Te agradezco haberme dado una oportunidad en esta división. Nos costó bastante adaptarnos y podrás hacerlo con quien decidas volver a comenzar. Asciende a Sentaro, lo merece…

Rukia negó. No porque Sentaro no lo mereciera, claro que era un buen candidato, pero no quería otro teniente.

-Siento dejarte sola, pero eres fuerte, eres la mejor capitana del gotei… estarás bien, lo sé.

-Déjalo pasar… como lo hiciste antes. Pudiste dejarlo atrás, puedes volverlo a hacer.

Fuera de la oficina, Fumiko y Hibiki escuchaban con un par de vasos. Se habían topado con Hisagi en la cocina y leyeron en su cara problemas. Como siempre, tras de ellas toda la división escuchaba los reportes de las oficiales.

-El teniente presentó su renuncia -murmuró Fumiko con rostro afectado. Todos se cubrieron la boca. Su familia se desarmaba.

Dentro la conversación continuaba.

-No puedo, Rukia. Ya no. Y sé que es infantil y sumamente cobarde… Pero no puedo seguir trabajando a tu lado sabiendo que jamás vas a corresponder mis sentimientos. Te mentí, todo este tiempo… Nunca dejé de amarte… nunca… Pude hacerme el idiota un tiempo… pero ya no puedo -se acercó a ella y la besó en la frente -Nos seguiremos viendo. Compartimos a los mismos amigos… Puedo con eso. Lo diré una vez… te amo, Rukia. Por favor perdóname… Desocuparé las instalaciones del cuartel durante la mañana. Y, por favor, no intentes detenerme. Ten piedad.

Rukia bajó la vista al suelo, Shuuhei se apartó, caminó hasta el shoji y lo descorrió. Las oficiales salieron disparadas sin haber tenido tiempo de informar lo que pasaba dentro de la oficina… había sido demasiado sorpresivo como para haber podido hablar.

En la misma afonía estaba Rukia, estática en el mismo lugar. Pero no había manera de detenerlo. No podía… salvo que… que por una vez dijera lo que ocurría. Que tenía miedo…

Salió de la oficina rápido, casi tropezó al dar un paso fuera. Era la misma sensación que tuvo cuando Mashiro le había informado que Shuuhei renunciaba al gotei. Esa manera pudo detenerlo y, esperaba que esta vez también.

Sin golpear siquiera ingresó en la oficina de Shuuhei, él se volvió y negó al verla.

-Sé que no hay nada que te haga cambiar de parecer. Pero, por favor, escúchame. Solo escúchame un momento… -él le indicó que se sentara. Rukia tomó asiento frente al escritorio -Gracias…

-Te escucho -dijo Shuuhei sentándose tras el escritorio.

¿Cómo poner todo en orden? Era una historia larga… y llena de inseguridades y protecciones. Pero quién mejor que él para escucharla por primera vez. Se merecía saber el porqué de sus acciones.

-Nunca he sido de mostrar mis sentimientos. Creo que ellos no son necesarios, que nos atan a las personas y eso nos vuelve débiles… me vuelven débil. Prefiero no sentir más allá de lo seguro… La vida va forjando el carácter y puedo decir que la mía no fue fácil, como me imagino tampoco lo fue la tuya, al menos en el rukongai… Cuando ingresé a la academia ya estaba totalmente cerrada a cualquier cosa que pudiese doblegarme… salvo una persona, mi mejor amigo y mi única familia.

-Renji…

-Luego de ingresar al clan Kuchiki, nos separamos. Yo… estaba dolida, creía que no significaba nada para él. Era mi amigo, mi familia… su distancia me hizo pedazos. Estaba sola. Sola en una familia que no me quería, con un hermano que ni siquiera era capaz de mirarme. Perdí a la única persona que quería, por una buena posición y la ilusión de finalmente encontrar mi lugar.

-Solamente seguiste lo que querías… todo huérfano del rukongai quiere una familia. Busca pertenecer, sentirse seguro… de alguna manera ingresar a la academia y luego al gotei da ese sentido de pertenencia. Te entiendo…

-También lo hizo Renji, desde el primer momento. Pero no estaba ahí, no estaba conmigo… Pero… pero cuando ingresé a la división hubo alguien que me hizo sentir que pertenecía a algún lugar, que tenía un espacio en su corazón. Y me aferré a él… de a poco comencé a abrirme, a ser sincera con lo que sentía por él, aun cuando jamás podría corresponderme como yo hubiese querido. Lo que sientes ahora no me es ajeno… también lo sentí… y eso me volvió débil. Me fui a un abismo tan profundo que de solo recordarlo aun me duele. Yo… aun pienso en él… de cuando en vez. No pensé que, luego de su partida, pudiese volver a sentirme así con alguien más… Pasó un tiempo considerable para sanar la profunda herida que el vacío me provocaba. Y en ese momento hubo otra persona que pudo llegar hasta ese lugar tan oscuro y lograr sacarme de él. Y por eso siempre le voy a estar agradecida.

-Kurosaki, ¿verdad? -Rukia asintió -Ahora entiendo aún más…

-Pero la partida de aquella persona que fue tan importante, la ausencia de Renji, el desprecio de Nii-sama ya había hecho mella en mí. No puedo contra ello. Por eso… cuando me dijiste que debía ser sincera con Ichigo no pude hacerlo. Sigo siendo temerosa, sigo sintiendo terror a depender de alguien más… de volver a perder a alguien a quien quiera, alguien que se inserte profundamente en mi corazón. Tuve que tomar una decisión respecto a Ichigo. Era renunciar a haber recuperado a Renji… a mi familia y haber ganado el afecto de Nii-sama. Tenía un lugar, lo tengo… Ichigo es muy importante para mí, por muchas razones. Dejarlo partir fue muy doloroso, pero él está bien, es feliz y yo también.

-Querer la felicidad de quienes quieres por sobre la tuya es un acto desprendido y muy loable.

-Gracias… aunque me costó bastante entenderlo… Pero ya estoy en paz con ello.

-Me alegro y te agradezco la sinceridad. Entiendo completamente lo que pasa por ti y no sabía que era tan profundo… tan oscuro. Te pido disculpas por no saber entenderte, ahora lo hago.

-No lo hagas, fui yo la que no fui sincera y no te dejé ver que hay algo que me impide poder permitirme el dejar que alguien se lleve mi corazón como lo hizo esa persona hace ya tantos años. Quizás te sorprenda que no ha sido Ichigo el causante de todo esto… él aun está en mi corazón y sé que jamás lo arrastrará con él, pase lo que pase. Pero no te equivoques, lo quiero profundamente, es de las personas más importantes en mi vida. Como lo son Renji y Nii-sama.

-Lo entiendo…

Rukia guardó silencio, tampoco Shuuhei dijo otra palabra. Su rostro era inexpresivo, pero algo había cambiado en él, como si sus palabras hubieran puesto paños húmedos sobre el dolor que sabía estaba sintiendo.

-Gracias por escucharme y entender… siempre has sido muy generoso conmigo y lo valoro muchísimo. No puedo pedirte que me perdones… pero saber que me entiendes me trae mucha paz.

-Nunca te he culpado por nada, no hay nada que perdonar. Tranquila. La decisión que tomé, ahora más que antes, sé que te traerá un descanso…

Rukia hizo el amague de ponerse de pie, poniendo sus manos sobre la mesa. Pero se detuvo… aún había algo.

-Shuuhei… No es que no quiera sentir lo mismo que tú, es que no puedo -confesó -Tengo miedo… de alguna forma… tú me recuerdas a esa otra persona… -él se sorprendió -Ese carisma, esa manera de ver la vida… tu calidez, lo muy en casa que me has hecho sentir todos estos años… has sido lo más lindo que me ha pasado hace tiempo y siento no poder habértelo dicho antes. Ya es muy tarde para intentar explicarte todo… y me es muy difícil decírtelo sin plantar en ti esperanzas… Pero, contigo me siento frágil. Logras suavizar y mover la barrera que he puesto. No me siento cómoda con ello. Tengo miedo… -la voz le tembló -Tengo miedo que si dejo caer esa barrera… si me permito depender de ti, dejar mi corazón en ti termine volviendo a caer en ese abismo. Pero, por otro lado, hay una parte de mí que grita que lo haga. Que deje de ocultarme tras esa barrera… que merezco volver a sentirme como entonces. Y sé que tampoco puedes prometerme que jamás me faltarás… y sé que intentarías con todas tus fuerzas cumplir con esa promesa… pero no puedo… -una lágrima rodó por su mejilla, bajó la vista y se pasó la mano para secarla -No puedo.

Se sintió rodear en un abrazo fuerte y soltó un suspiro. Se tragó las lágrimas como si ya no hubiese motivo para dejarlas caer. El abrazo se rompió ligeramente y él la tomó por los brazos.

-De acuerdo -resopló Shuuhei -Me quedo… -Rukia se sorprendió -Si eso hace que dejes de llorar, si quedarme logra que no te sientas sola en este lugar… si de alguna manera te hago sentir segura o en casa… me quedo.

-Pero… dijiste que no podías…

-No tenía una buena razón que me diera la fuerza para ello.

-¿Por qué?

-Escúchame tú ahora. Cuando quieres a alguien, cuando amas a alguien… no existe orgullo y el dolor es pasajero. Cuando realmente amas no te importa tu felicidad, sino la del otro y puedes dar todo con tal de verla sonreír. Así como lo haces ahora. Entiendo tus razones y sé que no puedes contra ellas. Pero no voy a abandonarte, no me perdonaría hacerte algo así… no puedo hacerte algo así, cuando solo quiero que seas feliz. Y si me quedo lo hace, lo haré… lo hago…

-Eres…

-Soy un idiota -dijo de buen humor -Van a matarme en la división del kidou… -se puso de pie -Iré a traerte un café y algo dulce… te hará sentir mejor.

Volvió en unos minutos en los que Rukia aun se sentía extraña de haber sido capaz de decir todo aquello. No esperaba que él decidiera quedarse… y se preguntaba cómo se sentiría amar con la entrega que tenía él, como tener el corazón tan libre y sin temores.

-¿Qué es? -preguntó Rukia mirando un curioso bollo.

-Come y calla, le dicen. Está bueno, me comí uno camino acá.

-Gracias…

-No hay porqué.

Rukia bebió un sorbo del café antes de devorarse el bollo. No había comido desde el día anterior y, definitivamente le hizo sentir mejor. Veía a Shuuhei mirar a la nada mientras soplaba en su café con la boca pegada a la taza. Siempre lo hacía.

-Me siento muy tonta -dijo Rukia rompiendo el silencio.

-¿Por qué? -preguntó sorprendido

-Por tener ese infundado miedo…

-No es infundado. Tiene mucho sentido.

-Claro que no.

-Claro que sí, no menosprecies lo que sientes. Es la peor manera de no superarlo. Debes permitirte sentirlos y así entenderte, es lo más sano. Algún día podrás dejarlos atrás.

-Si eso ocurre… ¿estarás esperando por mí?

-Toda mi vida…

-¿Sabes algo? Agradezco que seas cursi… me hace sentir en una novela romántica. Como Romeo y Julieta.

-¿Romeo y quién?

-Un libro que tuve que leer en la escuela de Karakura. Dicen que es un clásico del otro lado. A Ichigo le gusta mucho.

-Con que zanahorio tiene su lado sensible… quién lo diría -Rukia lo golpeó en el brazo.

-No te burles de él.

-Vale -se rio -Te dejo un momento, voy a desdecirme en la división del kidou antes que remuevan al pobre oficial al que reemplazaría.

-¿Bien valorado, no?

-Soy un buen elemento y eso gracias a que alguien me permitió demostrarlo -dijo caminando hacia la puerta -Por cierto, Rukia -ella sacó la vista del bollo -Me temo que, para variar los chicos estaban escuchando la discusión de su mami y papi -se burló.

-Era tan obvio… ¿acaso nunca podremos liberarnos de ello? -él negó -En fin… anda ve.

-Vuelvo pronto -salió de la oficina, pero antes de cerrar la miró -Y deja las cosas sucias en la cocina, sé una buena esposa -bromeó.

-Ya vete, tonto -se rio.

Escuchó cerrar el shoji.

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Las tardes del final del verano carecían de ese calor sofocante y las colinas del primer distrito del rukongai tenían la mejor vista de los sectores rurales. Las distintas plantaciones daban un escenario de colores que, al atardecer daban un espectáculo maravilloso.

-¡Qué relajo! -exclamó Rangiku dejándose caer en la hierba -Necesitaba un poco de ocio…

-Rangiku… -rio Momo -Eres la reina del ocio.

-¡Pero qué mal hablada!

-¡Qué manera de negar lo obvio! -la picó Yumichika, como siempre -Si el descaro tuviese otro nombre ese sería el tuyo, Matsumoto.

-Déjame en paz, odioso…

-¿Realmente creen que el comandante Kyoraku se tragó lo de la misión? -preguntó Rukia jugando con un largo pasto y haciéndole nudos.

-Claro que no -exclamó Renji -Pero qué más da.

-Debe estar haciendo lo mismo que nosotros, pero con sake -agregó Ikkaku.

-Eso me recuerda algo -canturreó Kira sacando unas botellas de su bolso -He aquí, señores. El elixir de la vida -dijo en tono solemne.

-Dame, dame -pidió Shuuhei como un niño pequeño y todos lo miraron frunciendo el ceño -¿Qué? Muero de sed…

-Te recuerdo lo que te dijeron en la cuarta división -advirtió Rukia -Ya tienes el hígado de papel.

Renji bufó. Ahí iban otra vez. Había pasado un buen tiempo que ese par no mostraba sus actitudes parejísticas, pero desde comienzos del verano que éstas habían vuelto a surgir. Rangiku un poco más allá se reía y Kira le lanzaba una botella a Shuuhei ante la molestia de Rukia quien seguía reprendiéndolo.

Comenzaron a beber y a bromear. Era una versión veraniega de los viernes de sake. Renji, Kira e Ikkaku se fueron a los pozones a practicar el deporte acuático favorito de ellos: quien arroja más agua fuera de un chapuzón. El resto de los muchachos seguía hablando. Yumichika se puso de pie.

-Iré a buscar algunas flores silvestres para la oficina. Tienen una hermosura en su simpleza.

-Yo también -dijo Rangiku bastante alegre -Quiero un arreglo nuevo y ganarle a Nanao mañana en el club.

Momo miró a Rukia y Shuuhei, los únicos que permanecían sentados.

-Yo también voy -dijo la teniente -No quiero hacer de chaperona -bromeó, pero ninguno de los dos la escuchó estaban demasiado ocupados discutiendo porqué no y porqué si abrir otra botella.

Los tres oficiales se marcharon.

-Ya basta, Shuuhei. No quiero tener que darte libre mañana por otra de tus resacas. Tenemos mucho trabajo -forcejeó por la botella que ambos jalaban.

-No seré el único con resaca, no te dejaré sola en tu embriaguez, Rukia.

-No estoy ebria… -él se rio -Bueno, un poco. Además, qué te importa. No soy yo la que tiene el peor hígado del seireitei.

-Error, chiquita. Ese es el comandante.

Aprovechando esa distracción, Rukia le quitó la botella y trató de ponerse de pie, Shuuhei la jaló por la manga del haori haciéndola caer de trasero.

-Dame esa botella, Kuchiki.

Rukia extendió el brazo dejando el sake fuera de su alcance. Shuuhei se estiró sobre ella para alcanzarla.

-Déjalo, Hisagi me estás aplastando -se quejó.

Él le arrebató la botella y se incorporó ligero. Rukia lo miró desde el suelo. Estaban tan cerca, la mente tan borrosa, la risa tan a flor de pie.

Se quedaron mirando. Shuuhei soltó la botella que rebotó ligero en la hierba. Apoyó la mano en el suelo sin dejar de ver a los ojos de Rukia.

Razón 1 para enamorarse de Shuuhei: hacía que el temor desapareciera por algunos instantes.

-¿Alguna vez has hecho algo totalmente inconsecuente, Hisagi-san? -le preguntó ella.

-Podría nombrar un p…

Rukia de había incorporado para besarlo. Lo arrastró al suelo jalándolo por el kosode. Él se apartó ligero y se la quedó mirando. Rukia le sonrió pícara antes que fuera él quien la besaba. Rukia lo correspondió obligándolo a profundizar el beso atrayéndolo con fuerza por la ropa, abriendo la boca, lamiendo sus labios.

De pronto, él cortó el beso. La vio con los labios rojos y húmedos. La mirada expectante.

-Vamos a tu habitación -le propuso bajo su cuerpo realizando un sugerente movimiento de caderas.

Y contrariamente a lo que podría esperarse, o quizás lo más consecuente con sus sentimientos y aunque mañana lo reconocieran como un error, él respondió.

Aún no sé por qué no mandas a esa mujer a buena parte.

-Yo tampoco… -murmuró.

-¿Qué? -preguntó Rukia.

-Vamos.

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¡Por fin! Gracias querido sake por siempre darle el valor a nuestra protagonista. Los miedos pueden construir las más gruesas e infranqueables barreras, pero siempre hay alguien que puede derribarlas… solo hay que saber reconocerlo.

Nos vemos en el siguiente capítulo (tiene lemon para los que lo esperaban)