Gracias por sus reviews! Ya estamos llegando al final de esta historia, tal como en el manga (buaaa). Entramos ya en la recta final.

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Regresaron al cuartel con naturalidad. Se toparon con un par de suboficiales, quienes se limitaron a saludar. Nada hacía sospechar su estado alcohólico. Al pasar por un estrecho pasillo, Shuuhei la arrastró dentro para atraparla contra la pared. La besó ansioso repasando su menudo cuerpo, llevando las manos hasta sus pechos y apretándolos suave sobre la ropa. La escuchó soltar un gemido ahogado entre sus labios.

-Van a vernos -murmuró Rukia apartándolo por el pecho, pero logrando que él le llevara la mano a la entrepierna y la tocara logrando encender su cuerpo -Déjalo… -gimió.

-Solo me aseguro que no te arrepientas…

-No -dijo con seguridad -Ya no.

La tomó por la muñeca para sacarla del pasillo. La soltó en cuanto salieron al corredor principal. Cortaron hacia las barracas estando atentos en disimular, en no mostrarse en una actitud sospechosa. Llegaron hasta su apartamento, Rukia ingresó primero rápido escabulléndose dentro. Shuuhei la siguió mirando hacia afuera que no hubiese nadie. Pero a esa hora estaban todos en las barracas tomando la cena. Cerró la puerta por dentro.

Rukia se lo quedó mirando fijo. La embriaguez le daba el ímpetu, pero en su cabeza una voz le repetía detente. Él la observaba en silencio dándole el pie a que diera el primer paso. La vio llevarse las manos al obi y desatarlo lento. La escuchó suspirar pesado.

-Rukia…

-Quiero hacerlo… No me hagas dudar…

Shuuhei se acercó y la besó lento, sin ansiedad. Sintió como la tela del uniforme de Rukia cedía y caía al piso. Se apartó un segundo para verla al tiempo que se desnudaba para tenerla como antes. Ella lo tomó de la mano para guiarlo hasta el futón.

-Veo que no ordenas tu habitación -bromeó recostándose, Shuuhei se le subía encima.

-Mi obsesión por el orden se limita a la oficina -respondió al tiempo que ella abría las piernas para que él se acomodara entre ellas separándolas tomándola por los muslos.

-Házmelo como antes…

La besó profundo, saboreando cada espacio de su boca. Recorriendo su cuerpo con las manos. Dejó sus labios para probar la piel de su cuello y llevando una mano, que se deslizó por su costado, sus caderas, hasta sumergirse en su intimidad. La acariciaba suave, ella dejó escapar un gemido al sentirlo recorrer su sexo. Él dejó escapar una carcajada antes de bajar sus labios hasta uno de sus senos y atraparlo dentro de su boca.

Rukia se estremeció bajo sus caricias. Lo sintió introducir un dedo en su intimidad y suspiró. La exploraba tan deliciosamente que solo podía dejarse entregar libremente. Otro dedo se coló dentro de ella y sintió la presión. No había sido de nadie desde que habían cortado.

-Hazlo suave… -le pidió en un murmullo.

Él enlenteció, dejándola tomar el ritmo. Deslizó la lengua hasta su otro pecho, atrapándolo en su boca mientras no detenía sus dedos dentro de ella, buscando ese punto sensible. La escuchó gemir y continuó el recorrido de sus labios al sur, probando cada espacio de su piel, de su abdomen. La mordió suave bajo el ombligo y la vio enarcar su cuerpo expectante. La deseaba tanto, retiró los dedos de su intimidad y se los llevó a la boca saboreando la humedad que quedó en ellos.

-Eres deliciosa…

Rukia gimió cuando sintió lamerle su intimidad. Era tal como lo recordaba, esas sensaciones que sola podía reproducir. Se aferró la futón mientras él la besaba en ese punto tan sensible. Se sentía contraer en su interior, ansiosa de recibirlo.

-Te quiero dentro…

-Y yo quiero que te vayas en mi boca -respondió dejando por un segundo el caliente tacto de su lengua y labios -Déjame probarte…

Calló dejándose mimar de esa manera tan excitante. Se sentía humedecer y su cuerpo estremecerse mientras él la lamía. Lo deseaba tanto… tanto. Aquella deliciosa sensación la invadió, sintió cada espacio de ella tensarse y gimió, gimió su nombre. Se sintió explotar de esa manera… como lo recordaba. Su cuerpo se rindió a él, podía hacer lo quisiera con ella… Bajó su vista y lo vio acariciarse su sexo antes de sentirlo firme contra el propio.

Se sintió frotar ese punto sensible contra su erección dejando escapar otro gemido. Sucios sonidos que no podía acallar, había pasado tanto tiempo.

-Lento -dijo suave.

La fricción era dolorosa pero deliciosa. Estaba estrecha, habiendo perdido la costumbre de recibirlo dentro de ello. Shuuhei hizo uso de todo su autocontrol para introducirse lento en ella. La escuchó quejarse, signo inequívoco que no había estado con nadie desde la última vez que estuvieron juntos. Aquello lo excitó más. Había sido el único en ella.

Se introdujo lento procurando no hacerle daño, guiándose de los sonidos que salían por su boca.

-¿Estás bien? -le preguntó.

-Sí -lo miró, sus labios húmedos, sus ojos brillantes -No te detengas…

Obedeció entrando y saliendo de ella. Se concentró en las sensaciones que estar dentro de ella le producían, el roce, la fricción… su humedad. La sintió rodearlo con sus piernas por la cintura.

-Más profundo… -seguía tan mandona como siempre, y él, obediente seguía sus peticiones.

La embistió hasta que no hubo espacio en ella que invadir. La tomó por las caderas incorporándose sobre las rodillas y la apegó a él con fuerza. Se quejó.

-Eres mía, chiquita…

-Solo tuya… siempre…

La dejó sobre el futón y se recargó sobre ella para moverse dentro de su intimidad. Ya no podía controlar los movimientos ni los sonidos que salían de su boca.

Rukia se sintió estremecer antes de sentir tensarse, esa sensación que nacía desde su intimidad y la embargaba por completo, otra vez, como si fuera la primera vez que sintiera así. Llevó sus manos a la espalda de Shuuhei y enterró las uñas en su piel mientras ahogaba un grito entre sus dientes.

Él la sintió relajarse y aceleró el ritmo hasta dejarse liberar en ella. Tiritó contra ella y la sintió estrecharlo entre sus brazos. No se retiró inmediatamente sino que disfrutó quedarse dentro sintiendo su sexo palpitar dentro de ella. Soltó una profunda espiración y las manos de Rukia en sus mejillas.

-Bésame -ordenó la morenita y él obedeció.

La tomó por la espalda y la obligó a erguirse para quedar ambos hincados en el futón. Él enredó los dedos en su cabello y ella lo rodeaba con sus brazos.

-Te extrañaba tanto -dijo ella en un suspiro.

No respondió. Para que decir lo obvio. Él la extrañaba así cada día. Ella se apartó para tenderse en el futón, Shuuhei a su lado. Rukia se recargó en su pecho y se sintió rodear por los hombros. Dejó una mano sobre su abdomen repasándolo con los dedos, como si dibujara en él. El le tomó la mano.

-¿Qué pasa? -preguntó Rukia -Estás extrañamente silencioso…

-Creo que ya no estoy borracho -dijo algo pensativo.

-Ah… -no supo qué decir -Yo tampoco…

Deslizó la mano evitando su tacto y se sentó.

-Debo irme… -se puso de pie y se vistió rápido. Él la miraba en silencio -Nos vemos mañana… -se despidió sin darle pie a responder saliendo como alma que lleva el diablo de la habitación.

-Vaya… Debo haber estado terrible. Esto del amor y el celibato no son buenos para el desempeño -reflexionó sentándose y rascándose la cabeza -Bueno, creo que iré a cenar.

Se puso de pie y tomando una toalla del armario se metió a la ducha.

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Rukia ingresó a su casa dirigiéndose de inmediato al comedor. El gong habría sonado hace un par de minutos y no podía hacer esperar a Nii-sama. Ingresó para sentarse frente a su hermano en actitud sumisa, reflejando que había hecho algo malo.

-¿Con que una misión? -preguntó -Y justamente una con tu grupete de amigos…

Rukia suspiró, ese era el mal menor. No sospechaba de nada más, gracias a Dios. Si tan solo Nii-sama tuviera una minúscula idea de lo que acababa de ocurrir… No respondió a la llamada de atención de su hermano, simplemente tomó los palillos y tomó unas verduras hervidas.

-Al menos espero que te hayas divertido -terminó la frase con cierto tono despreocupado, así era la juventud -Pero dejar a tu división sin sus altos rangos no es algo muy juicioso -la reprendió -Al menos debiste dejar a ese teniente tuyo ahí.

-Sí, Nii-sama…

Byakuya la vio pensativa y masticar lento la comida. Rukia era de las que tenían buen apetito a pesar de su menuda complexión. Pero esa noche no parecía muy entusiasmada con la comida.

-La cena no es de tu agrado…

-No, no es eso -suspiró y lo miró sin alzar la cara del plato.

-¿Entonces?

-Nii-sama… -bajó la vista nuevamente -¿Por qué te desagrada tanto Shuuhei?

Nunca había preguntado aquello, solo lo había dado por sentado y no cuestionado. Byakuya del otro lado de la mesa disimuló su sorpresa.

-Porque es un pobre tipo -respondió con simpleza dando por finalizado el asunto -Y está muy debajo de ti.

-¿Y qué me hace tan especial para que él se vea reducido en su valía? Venimos del mismo lugar, de hecho el distrito de donde proviene es bastante mejor que el inuzuru. Obtuvo mejores calificaciones que yo, fue oficial y teniente mucho antes que yo siquiera pudiese pensar en ello…

-Pero tú eres una capitana del gotei.

-Creo que si el capitán Muguruma no hubiese regresado, Shuuhei hubiese tomado la capitanía.

-No lo veo esforzarse por ello. Se le ve muy cómodo en su puesto, sin ambiciones de superación.

-Si está en ese puesto es porque yo se lo pedí. ¿Por qué tienes que ser tan displicente con él? No te ha hecho nada, Nii-sama… Es mi teniente, es uno de mis amigos… -Byakuya la ignoró y bebió de su té -¿O, es acaso, porque hace demasiados años como para que le guardes repulsión, salía con él?

Aquella confesión logró que su hermano dejara la taza sobre la mesa y le prestara atención.

-Sé que estabas al tanto, lo intuí -agregó -¿Es por eso? ¿Pensaste que me distraería de mi trabajo? Tenemos las mejores calificaciones del gotei y, sí es verdad que las mías no han sido siempre impecables, pero Shuuhei no ha tenido nada que ver con ello. Mi división… nuestra división es lo que es por el equipo que formamos. Al menos deberías tener en cuenta el gran apoyo que ha sido para mí en todos estos años. ¿Acaso eso no tiene valor para ti? -Byakuya volvió a su té sin mirarla -Nii-sama… él es importante para mí.

-Puedo darme cuenta -la miró de soslayo -No sueles tomarte tantas molestias en defender a alguien.

Rukia se sorprendió ante la afirmación de su hermano. Tenía razón, escasamente ella alzaba la voz para contravenir las palabras o pensamientos de Nii-sama, y él lo notaba, claro. Ni siquiera sabía cómo habían llegado a ese tema… supuso que lo ocurrido antes la había dejado algo sensible.

-Solo te pido que no te refieras de esa manera a él… como si fuese una basura. Al menos no cuando hables conmigo.

Su tono fue suave, pero seguro. Muy diplomáticamente correcta, muy respetuosa. Sabía que Shuuhei nunca se ganaría el respeto de su hermano, pero que por lo menos fuera neutro con él.

-No es mucho pedir… -agregó con una cuota de petición.

-Tienes razón, no lo es. Mediré mis palabras en tu presencia por respeto a ti -concluyó -Pero antes de dar por cerrado el tema te explicaré las razones por las cuales Hisagi no es de mi agrado. No haré alusión a su origen porque no es un tema que sea neutral -Rukia asintió -Pero sí a otras cosas. Puede que sea muy eficiente en su trabajo, pero es sabido que participa en algunas actividades de dudosa reputación. Sus juergas, sus adquisiciones imprudentes en el mundo de los vivos… Su total carencia de talento en la literatura, el no cultivar ningún otro talento que no sea matar el tiempo bebiendo o faltando el respeto a su antigua división -Rukia se sonrojó, se refería al incidente de la oficina. Nii-sama jamás diría aquello con todas sus letras -Además que su aspecto puede ser… intimidante.

-La cicatriz no es su culpa…

-No me refiero a eso y lo sabes.

-Pues no hay nada de él que me intimide. Quizás es cierto que lleva la expresión personal bastante marcada en su estilo, eso no es relevante cuando puedes ver dentro de él y conocer la maravillosa persona que es…

-Ya veo.

Byakuya cerró los ojos un largo momento en el que Rukia no fue capaz de probar bocado. La menor de los hermanos cayó en que había hablado de más. Nii-sama había accedido a tratar a Shuuhei con respeto, no era necesario continuar con el tema.

-Creo que no hay argumento que pueda hacerte cambiar de opinión respecto a la cercanía que tienes con él. Seguramente tu hermana me hubiese dicho que te dejara en paz… -Rukia se sonrió cuando escuchó nombrar a Hisana -Pero las mujeres son seres emocionales, no ven las situaciones con claridad cuando se encuentran confundidas y aturdidas por la palabrería barata de un… hombre. Y, créeme que he escuchado hablar a Hisagi y es muy hábil con las palabras. Ciertamente es algo que rescato. Solo que me es muy difícil ver involucrada a mi hermana, una miembro del clan Kuchiki, con alguien que no cumple con los requisitos que la familia impone. Solo quiero protegerte de lo que yo tuve que afrontar…

-No entiendo porqué llevas la conversación hasta este asunto, Nii-sama. Solo te pedí que fueses más considerado en el trato que le das a Shuuhei…

-Solo me adelanto a los hechos.

-No entiendo…

-Claramente. Quizás debieses escucharte más atentamente cuando hablas de él… -dijo mirando a su hermana -Termina tu cena, Rukia -dio por concluido el tópico.

Concluida la cena su hermano se dirigió a su despacho y Rukia a tomar un baño. Necesitaba despejar la mente. Debía escucharse cuando hablara de él, había dicho Nii-sama. ¿A qué se refería con eso?

Protegerte de lo que tuve que afrontar.

Se sumergió en la tina mirado el techo dejando escapar unas burbujas por la boca. ¿Afrontar? Nii-sama se enfrentó dos veces al clan, la primera cuando se casó con su hermana y la segunda cuando la adoptó. A veces se preguntaba qué hubiese pasado si Hisana-sama hubiese estado viva para cuando Nii-sama la encontró en la academia. ¿Cómo hubiese sido su vida entonces? ¿Cómo había sido la relación entre Nii-sama y Hisana como para que él decidiera irse contra el clan? ¿Cuánto se puede llegar a amar?

De todas formas, Nii-sama no debería preocuparse por ello. Nunca habría un solo punto de comparación entre lo que se estaba dejando sentir por su teniente, y la relación que su hermano tuvo con Hisana-sama. Las historias como esa solo se daban en las novelas, en los poemas… Ella no era capaz de ello. Nunca algo tan puro y perfecto. Su única experiencia del amor -aun cuando fue unilateral- no era inocente… incluía erradicar a otra persona para concretar sus sueños románticos… a una persona que estimaba y admiraba. El que era su primer amor, el que era eminentemente platónico, que debía ser idílico y ensoñado siempre estuvo cargado de envidia -aunque le costara reconocerlo- y desilusión. No, no había sido una buena experiencia y nunca hubiese resultado.

Recordó las palabras de su prima Aimi cuando fue prometida a su ahora esposo. El amor surge de la convivencia, el enamoramiento es algo momentáneo. Se elige amar, aunque suene extraño, porque una vez que ese impulso del enamoramiento se apaga se puede optar por terminar o continuar. El continuar es construir a lo largo del tiempo, es disfrutar de quien es la persona, no como se ve o por lo que nos pueda dar, sino de lo pueden compartir. O eso le había dicho su madre en su sabiduría de mujer vieja.

El agua comenzaba a helarse y decidió dar fin a sus reflexiones y salir de allí antes que le diera un resfrío… aunque el clima estuviese cálido por la tarde, había caído el frío… el anticipo al otoño que comenzaría la semana entrante.

Al ingresar a su habitación vio la siempre lista y limpia yukata que la criada dejaba sobre el tocador. La extendió y repasó la tela con sus manos. Volvió a dejarla sobre el tocador. Buscó en su armario un uniforme y vistiéndolo salió de su habitación.

No sabía realmente lo que hacía cuando llegó al cuartel. Tal vez no era diferente a lo que hacía cada vez que se veía atribulada… ir a adelantar trabajo. Vio pasar a Hibiki y Fumiko a la distancia, se reían y bromeaban con sus agudas voces saliendo del comedor, no la notaron siquiera.

Apoyó su espalda en uno de los muros del corredor y contempló a su alrededor. Algunos suboficiales circulaban, la saludaban… como si encontrarla a esas horas fuera natural. Y lo era, era la capitana… pero ella no sabía qué hacía allí. Volteó hacia la salida del comedor cuando escuchó una voz familiar. Shuuhei salía en compañía de Yumeko Akabashi. Rukia sintió que cada músculo de su cuerpo se tensaba al verlos hablar con tanta familiaridad… una que ella misma había propiciado.

Hubiese jurado que no notaron su presencia, cuando Shuuhei se volteó para verla. Él parecía sorprendido, ella… ella tenía un gesto ilegible.

-Buenas noches, capitana Kuchiki -dijo Akabashi rompiendo el silencio.

Rukia se quedó mirando a la oficial. Era tan guapa, agradable, dulce… Si Shuuhei se iba con ella… La misma sensación que tuvo al dejar marchar a Ichigo luego de la batalla, hace tantos años, se apoderó de ella. Pero con una diferencia… Rukia sabía que Shuuhei la amaba. ¿Iba a dejarlo pasar? ¿Iba a tentar al destino una vez más? Las palabras de Renji, dichas hace tanto tiempo atrás cobraban sentido… Hasta el más grande de los amores puede apagarse. ¿Quería que lo que sentía Shuuhei por ella se desvaneciera en el aire? ¿Quería que la historia volviese a repetirse por guardar silencio? Había perdido a Ichigo por el miedo a no ser correspondida, por el miedo de impedirle vivir… No estaba segura si quería a Shuuhei de la misma manera, solo sabía que algo en ella gritaba que aparatara a esa dulce oficial de su lado. No solía escuchar a esa voz… la misma que rogaba que le diera una oportunidad a su teniente, que le pedía la dejara sentirse vulnerable… que se dejara alcanzar.

-Buenas noches, Akabashi-san.

Había sido ella la que había huido de la habitación. La que nuevamente le daba la espalda dando a entender que sus sentimientos no eran importantes.

Vio a Akabashi mirar a Shuuhei interrogante. Por un instante pudo vislumbrar lo que ocurriría si en ese momento volvía a darle la espalda. Él se iría con Akabashi… iría con ella… La oficial sería tan adorable como siempre, sonreiría de sus bromas, adoraría todo lo que él hiciera… y él podría encontrar en Akabashi todo lo que ella no le entregaba. Ya no habría cafés por la mañana, esos serían para Akabashi. No habrían los buenos días a primera hora, esos sería para la oficial. Las sonrisas, las bromas, las cursilerías… ya no le pertenecerían. Si no actuaba en ese momento lo perdería.

Déjalo ver que te importa. Déjalo ver que lo quieres. No dejes que se vaya con ella… no lo alejes…

-Shuuhei, ¿podemos hablar?

Él asintió. Akabashi continuaba con esa mirada interrogante. Rukia lo sabía, la oficial sentía algo más que amistad por Shuuhei. Y había sido su culpa. Pudo hacer como antes… pudo…

-Claro -respondió él -Lo dejamos para otro día, Yumeko.

¿Tenían planes? ¿Qué planes podrían tener? De pronto imaginó a Shuuhei actuando con Akabashi como lo hacía con ella… No de una manera inocente. ¿Lo habría hecho ya con ella? Habían sido cinco años… ¿con cuántas mujeres habría estado? ¿Cuántas habrían tenido lo que ella? ¿Se habría interesado por alguna de ellas?

Akabashi se perdió por el pasillo, Shuuhei se le acercó. Rukia salió completamente de lo que se esperaría de ella tomándolo posesivamente por la muñeca para acercarlo más de lo protocolarmente correcto. Él parecía sorprendido.

-¿Te acostaste con ella? -fue lo primero que salió de sus labios.

-No.

Rukia tomó aire profundo y bajó la vista a la mano que lo sostenía con fuerza soltando el agarre.

-Parece que no he sido lo suficientemente claro, Rukia -le dijo tomándola del mentón para que alzara la vista -No existe otra mujer para mí que no seas tú -retiró su mano.

-¿Por qué?

-¿Y por qué no?

-Dame razones…

-¿Cuántas necesitas?

Rukia guardó silencio.

-Diez.

-Puedo darte veinte, cincuenta… cien…

-Quiero escucharlas…

Shuuhei asintió. Rukia lo tomó de la muñeca para guiarlo fuera del cuartel camino a las barracas. Solo quería escucharlo… solo quería escuchar las razones por las que valía la pena seguir luchando por ella…

-Solo… -dijo Shuuhei cuando se detuvieron fuera de su habitación -Entiende que para mí no es solo sexo… y si vienes por eso… puedes regresar a tu casa. No estoy borracho.

Rukia asintió, él a descorrió el shoji.

-Yo tampoco…

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