Hola! He regresado con el penúltimo capítulo de esta larga historia. El último es un epílogo. ¿Verdad que fue bastante larga? Y pudo serlo más… tengo la tendencia a ser algo lenta para desarrollar los relatos. Espero que les guste el fin de este fic y muchas gracias por el apoyo durante estos dos meses en los que se han publicado ¡20 capítulos! A veces me sorprendo de mi productividad. Les debo un Ichiruki después de esto. Veremos cuan desmoralizada me deja Kubo este jueves con su final. Ya tengo un fic en el horno, veremos que sale y como el trabajo me lo permite.

Nuevamente muchas gracias y a leer!

.

-¿Por qué pensaste que me había acostado con Akabashi?

Rukia lo siguió con la mirada para verlo sacar una libreta de un cajón, desde su puesto sobre uno de los cojines en el suelo. Se sentó frente a ella y comenzó a pasar las hojas de anotaciones.

-Fue un pensamiento que se me cruzó por la cabeza, nada más… -dijo tratando de disimular la vergüenza que, el haber explicitado esa fugaz idea, le daba -Tanta simpatía entre ustedes… -habló como si no le importara, pero lo hacía. Lo vio alzar la vista de la libreta al escucharle ese tono de desdén, para volver a lo suyo en un segundo -¿Qué haces?

-Me pediste diez razones -respondió sin mirarla y jugando con un lápiz entre los dedos -Hilo mis ideas.

Rukia asintió en silencio y se puso de pie, su teniente la miró con disimulo caminar hacia el shoji y descorrer para respirar profundo la brisa fresca que silbaba en el jardín.

-Cierra esa puerta, Rukia… -dijo logrando que ella se volviera hacia él -Puede verte alguien…

-¿No quieres que Akabashi sepa que la dejaste sola para encerrarte en tu cuarto con tu capitana? -volvió a mirar hacia afuera.

-No quiero que nadie le vaya con cuentos al capitán Kuchiki… -respondió levantando la vista leve de sus anotaciones -Y deja de mencionar a Yumeko. Cualquiera diría que estás celosa -agregó con tono burlón, Rukia lo miró con el ceño fruncido.

-¿Por qué tendría que estarlo?

Shuuhei no respondió, sino que volvía a escribir. Rukia volvió a mirar hacia el jardín. ¿Por qué seguía haciéndole creer que no le importaba? En una fracción de segundo imaginó la escena al revés. Ella sentada en ese cojín escribiendo en la libreta, él en su lugar junto a la puerta. Incluso le dibujó en el rostro un gesto que jamás le había visto, una mezcla de desdén y repudio. ¿Por qué tendría que estarlo? Le preguntaba su imaginario teniente… Una punzada le atravesó el pecho.

-No son celos… -murmuró sin mirarlo, él alzó la vista -Es pensar que podrías darte cuenta que ella es mucho mejor que yo… para ti.

-¿Qué tal si esa decisión me la dejas a mí en lugar de elucubrar sobre ello?

-No soy la mejor opción si me la paso… -suspiró -Me la paso rechazando cada uno de los avances que quieres dar.

-Eso no es verdad… si los hubieses rechazado todos no estaríamos teniendo esta conversación. Has rechazado solo los que han ido demasiado rápido o abarcan mucho.

Rukia asintió aun sin voltear. Lo escuchó ponerse de pie y acercársele, se giró hacia él y vio que le extendía un papel. Lo tomó y comenzó a leer en silencio un listado de varias cualidades o características.

-Esto pudo decirlo cualquiera -dijo Rukia desilusionada, esperaba algo cursi al nivel Hisagi.

-Justamente, pudo decirlo Renji, Momo, el capitán Kuchiki, Kiyone… y creo que hay algunas cosas que tú misma hubieses puesto y que yo no hice en enumerar lo bueno y querible en ti.

La capitana revisó nuevamente la lista. Tenía razón.

-Dijiste que querías razones porque eres la mejor mujer.

-Está bien…

-¿Querías otra cosa?

Rukia caviló y volvió a mirar el listado.

-Quizás esperaba algo más… no que pusieras más cosas en el listado. Sino que más… no lo sé… Pero… gracias. Es agradable saber que ves estas cosas en mí.

Había obtenido lo que quería, sus razones. Entonces, ¿por qué no sentía que la satisficieran? ¿Por qué parecía que la conversación era tan superficial? Volvió a mirar a la lista y contó mentalmente… solo eran nueve.

-Solo hay nueve… -murmuró -No son diez.

-La última es algo larga -se alzó de hombros -Me prometí que haría todo bien contigo. Lo que pasó ese añejo año nuevo jamás debió pasar conmigo. Nunca. Lo que ocurrió ese día debería haber sido con esa persona a quien tanto amaste o con Kurosaki… o con quien tuviese tu corazón. No conmigo. Y no me digas que no importó, que jamás te arrepentiste, porque eso es imposible. Con suerte habíamos hablado algo antes de eso…

-Pero si no me arrepiento. Te lo dije esa vez…

-Me lo dijiste cuando aun no habías tenido tiempo de decantarlo. Y eres lenta en esas cosas… las cosas emocionales -puso el tono bromista que utilizaba Rukia cuando se burlaba de él -No te di tiempo para decantarlo, claro que en ese entonces no lo sabía.

-Decantado o no, no hubiese tenido más importancia de la que tuvo. No fue nada.

No sacaba absolutamente nada tratando de hablar de esos temas con ella. Seguía dándose contra esa barrera que ella había construido y se golpeaba una y otra vez. Se la quedó mirando.

-De acuerdo… tal vez no significó nada para ti. Pero creí, y sigo creyendo, que mereces más que un polvo de una noche. Traté de darte una relación que, de alguna manera, no hiciera ver que lo ocurrido no había tenido importancia. Y en querer hacer eso, quise conocerte más, pasar más tiempo contigo… Solo hice lo que consideré correcto. Nunca quise enamorarte ni hacerlo yo en el proceso… simplemente que no fuera algo… Solo no quería que te convirtieras en otra de las conquistas de una noche de mi escueta lista. No mereces estar en esa lista…

-¿Y en qué lista merezco estar?

-En cualquiera menos esa -exclamó algo asustado -Es bastante mala… -Rukia se rio -Las señoritas de buena familia no deben estar en esa lista, por ningún motivo.

-Al menos no es tan larga -lo bromeó.

-No, no lo es…

La vieja creencia en los dos caminos de la vida volvió a su mente, pero en este momento había dos voces en su cabeza tratando de ganar su atención. Una que le decía que todo estaba bien así, que era la instancia para volver a dejar las cosas como antes, volver a apelar a los tragos… No, eso no estaba bien. No podía seguir haciéndose la tonta frente a la situación. No era el alcohol, no era que a veces deseara a su teniente por la historia anterior, no era que no le importara… Tampoco sabía muy bien qué era lo que sentía por él, pero si no lo dejaba entrar en su corazón nunca lo sabría. Era riesgoso para ella y para él. Pero… nunca sabría a qué la llevaría tomar esa decisión si no lo hacía.

Era el momento de dejarse de evasivas, de excusas…

-¿Qué tal si empezamos una lista juntos? –Rukia alzó la voz.

-Ya empezamos la lista de Liarte con un colega –respondió reflexivo con un tono inocentón.

-Pero esa es muy fea… pero si soy la única en ella… -Shuuhei asintió -Podríamos cambiarle el nombre. Que tal si… -bajó la vista al suelo algo nerviosa -Y si… ¿quieres empezar a listar a tus novias y comenzar conmigo? -estaba completamente roja -No valen las de antes de ingresar al Gotei -aclaró.

¿Novia? ¿Rukia Kuchiki acababa de llamarse a sí misma su… novia? Por dentro saltaba, gritaba y estaba vuelto una revolución. Por fuera, siempre calmado.

-Es una buena lista -respondió y ella le sonrió nerviosa.

-También me lo parece... –murmuró, no era que quisiera bajar la voz, era que prácticamente no le salía. Llevó su mano para alcanzar la de Shuuhei y la tomó con algo de timidez -¿Vas a besarme o tengo que pedirlo por favor? –preguntó recuperando la seguridad en su voz, pero el sonrojo hasta las orejas.

-No tienes que pedirlo, de hecho podrías hacerlo tú…

-No alcanzo si no te agachas.

-Ah, claro. No había pensado en eso -la bromeó y se inclinó para quedar frente a ella -¿Ahora sí?

-Perfecto -lo tomó por el kosode -Ven aquí, guapo.

Lo besó profundo y con malicia arrastrándolo hasta dejarse caer sobre uno de los cojines. Él cayó sobre ella brusco. Ella pasó le pasó los brazos por el cuello no dejándole escape. De pronto lo apartó.

-Dilo -le ordenó alejándolo por el pecho con una mano.

-¿Qué cosa?

-Dime que me amas…

Él se sonrió.

-Te amo.

-Ahora vamos a hacerlo -lo volvió a atraer a ella.

-No cambias… -dijo risueño antes que ella volviera a besarlo con las mismas ganas.

.

Despertar y verla a su lado cobraba esa mañana un significado completamente diferente. No era una locura, no era un juego… la pequeña morenita que estaba entre sus brazos… era su novia. Se escuchaba bien, pensaba y se sonreía como un idiota con el rostro oculto en el cabello de Rukia. Tenía que controlar un poco eso o parecería más imbécil de lo normal.

El sonido del gong invadió el ambiente dando por iniciada la jornada. Rukia rodó sobre el futón para quedar frente a él y se le apegó enterrándole la nariz en el cuello. Lo había logrado… después de tanto tiempo, ella le correspondía… bueno, a su manera. Pero bastaba.

La sintió besarle el cuello e ir subiendo buscando su boca donde depositó un casto beso y abrió los ojos.

-Hola… -dijo Rukia con la voz algo cascada.

-Hola… ¿dormiste bien?

Ella asintió.

-Extrañaba despertar contigo -dijo pasando un brazo por el costado de Shuuhei y le rascó la espalda ligero -¿Por qué no llegamos un poco más tarde y nos quedamos así un momento más? -se le apegó y lo rodeó con la pierna.

-Quedé temprano con Renji para entrenar… Me está ayudando un poco con el bankai.

-Eso es bueno… -le sonrió -Pero no creo que se enfade si nos tomamos unos veinte minutos más… Di que sí -se frotó contra él -Sé un buen chico… sabes lo que me gusta por la mañana.

La empujó por el hombro para dejarla boca arriba y se entretuvo con su cuello mientras le recorría el cuerpo con las manos.

De pronto el shoji se descorrió.

-Levántate vago tenemos entre… -Renji se quedó con la palabra en la boca mirando la escena -na…miento...

Shuuhei se le salió de encina y Rukia se cubrió con las tapas. El pelirrojo retrocedió y cerró la puerta. Shuuhei se vistió rápido y salió de la habitación para ser recibido inmediatamente con un derechazo directo a la nariz que no alcanzó a esquivar.

-De todas las mujeres de este lugar… ¿tenías que cogerte a la que es como mi hermana? ¿No podías mantener tu maldito pito dentro de los pantalones?

-Auch -se quejó Shuuhei llevándose las manos a la nariz y volviendo a ponerla en su lugar -¡Por la puta madre! -gritó, miró a Renji -Eres un animal. ¿No me vas a dejar explicarte nada?

Renji volvió a empuñar la mano y le iba a dar por la mandíbula, pero fue más rápido y lo esquivó.

-¡Voy a matarte! -se le lanzó encima.

Shuuhei de movió rápido y comenzó a correr fuera del cuartel saltando de techo en techo. Renji le daba alcance y maldecía el no haber practicado tanto el shunpo como ese desgraciado desvirgador de damiselas.

Hisagi se volvió para ver cuan lejos había dejado a Renji y pisó una teja suelta. Resbaló y fue entonces que el pelirrojo le dio alcance y lo tiró del kosode.

-Estoy enamorado de ella -dijo Shuuhei muy rápido, pero lo suficientemente entendible para Renji quien detuvo el otro golpe que le iba a dar -Desde hace mucho tiempo -agregó.

Lo soltó lento sin dejar de mirarlo amenazante.

-¿Desde hace cuanto?

-Desde que ingresé en la división…

Renji aligeró su gesto y comenzó a recordar ciertos eventos. Esa actitud que ambos tenían, la complicidad, los detalles entre ellos. Y cuando acabaron de pronto. ¿Sería posible que…?

-Estuvieron juntos en ese entonces, ¿verdad? -preguntó y su colega asintió lento dudando si debía admitirlo o no -Pero luego… No puedo creer que me lo haya negado tantas veces -se refería a Rukia.

-Hay cosas que es mejor ocultar, supongo.

-¡Y tú también me lo ocultaste! -lo indicó acusador -Que buen amigo -bufó cargado de sarcasmo -Mínimo debiste decirme algo. Pedirme mi opinión… estoy enfadado, que lo sepas. Contigo y con Rukia. Y no me gusta nada que andes con ella… no eres el tipo de pareja que quiero para mi mejor amiga. Eres feo, borracho, gastas tu dinero en tonterías y… y… eres un buen tipo, a pesar de todo eso. Sé que jamás la harías sufrir, que la cuidarás y que serás el perfecto novio calzonudo que ella necesita… Solo ponle límites, necesita un poco de negativa de vez en cuando.

-¿Ya no estas enfadado? -preguntó con ilusión.

-Te odio, maldito cabrón -gruñó y Shuuhei hizo un puchero -Regresemos, Rukia debe estar preocupada y deberías ponerte algo de hielo en la nariz.

Pronto estuvieron de regreso. Rukia se había vestido y esperaba en la solera escarbándose las uñas. Nunca pensó que Renji se lo tomara tan mal, contando sus múltiples bromas… pero tampoco la manera de enterarse fue la más sutil. Al verlos regresar supo que tendría que discutir la situación con su amigo.

Y justamente eso fue lo que intentó, pero Renji seguía en su tozuda postura de no querer escuchar nada e inculparlos por callarse todo lo que pasaba entre ellos.

-No tengo porqué contarte mis intimidades -dijo Rukia cruzándose de brazos -Lo que haga o deje de hacer con Shuuhei es mi problema -destacó el mi.

-Sí… pero…

-¿Y quebrarle la nariz? -exclamó -¡Qué maduro de tu parte! Te recuerdo que tanto tú como Ichigo solían gastarme unas cuantas bromas que lo incluían -lo indicó -¿Y, ahora, que ves que tus bromas resultaron verdad ya no te parecen graciosas?

-Es que era divertido…

-Entonces sigue riendo… -remedó su tono inocentón.

-Bonita, no seas así con Renji… estás siendo muy dura -intervino sacándose la bolsa de hielo de la nariz.

-No le digas así delante de mí. Baboso.

-Me dice como quiere y tú no te metes.

-Calzonudo -gruñó el pelirrojo mirando al novio de su mejor amiga.

Rukia soltó un suspiro. Al menos Renji se lo había tomado bien. Sin embargo, aun tenían etapas que quemar… Quería hacer las cosas bien esta vez. Quería darle la seguridad a Shuuhei que esta vez iba en serio. Lo miró de reojo mientras Renji volvía a increparlo y él trataba de ser conciliador. Había tolerado sus propias incongruencias, su rechazo, el puñetazo de Renji… y las humillaciones de Nii-sama… ¿Cómo podría explicarle eso a su hermano? ¿Cómo?

-¿Por qué no vamos a desayunar? -preguntó Rukia tratando de romper la tensión.

-No, gracias. Tengo el estómago revuelto -respondió el pelirrojo de mala manera. Se puso de pie -No los voy a felicitar si eso es lo que esperan -los miró severo -Pero no voy a oponerme… -dirigió su mirada a su amiga -El capitán Kuchiki montará en cólera. Espero que sepas manejar lo que vendrá.

Y sin más salió del lugar. Rukia soltó un suspiro pesado. Sintió un brazo rodear sus hombros y se apoyó en el pecho de Shuuhei.

No sería fácil… nada de lo que vendría. Estaba dispuesta a ello, aun cuando enfrentar a su hermano no era algo que estuviera remotamente en su mente.

Fingió tranquilidad, mientras desayunaban en el comedor del cuartel, trataba de hilar en su mente un discurso que sonara seguro y convincente, aun cuando sabía que una sola severa mirada de Nii-sama podría quebrar su convicción.

.

-No quiero entrar -dijo Kiyone frotando sus manos frente a la oficina de su capitana.

Sentaro se rio.

-Te aseguro que no interrumpes nada -le comentó para tranquilizarla -Están en una reunión laboral…

El resto de los oficiales aparecieron tras ellos con cara de curiosidad. Kiyone los miró y suspiró con inseguridad. Desde que la relación entre la capitana y el teniente había salido a la luz, o más bien cuando Hibiki y Fumiko los descubrieron en la cocina, ingresar a la oficina le era sumamente incómodo. No era que estuviesen haciendo algo malo, solo los pillaron tomados de la mano y hablándose al oído… pero era algo incómodo pensar en las cosas que pasaban ahí dentro.

Fumiko se acercó a la puerta y sacó un vaso a saber de dónde. Lo apegó a la puerta, todos estaban expectantes.

-No hay necesidad de enviar a un refuerzo… -transmitió a sus compañeros agravando la voz tomando el rol del teniente -¿Estás seguro? -ahora agudizaba la voz tomando el rol de Rukia -Quizás sería adecuado que fuera a revisar… -hizo una pausa -Sí, es una buena idea… -carraspeó -Camino libre, Kiyone -anunció.

La tercera oficial golpeó a la puerta y escuchó un adelante, abrió la puerta. No había nada que temer. Cada uno frente al otro, el escritorio entre ambos.

-Hisagi-san -dijo sin evitar un visible sonrojo de solo pensar en estar interrumpiendo -Traigo los reportes -agitó las hojas que traía en su mano.

-Sí, pasa.

Rukia se puso de pie.

-Mandaré refuerzos, iré a pedirle a Hibiki que arregle todo -anunció saliendo de la oficina y cerrando el shoji.

Kiyone se la quedó mirando. Una carraspera del teniente la hizo voltearse. Shuuhei le extendía la mano esperando el reporte.

-¿Pasa algo, Kiyone? -preguntó con curiosidad.

-No quería interrumpir -confesó sentándose frente al teniente.

-¿Y por qué lo harías? -recibió el informe y comenzó a ojearlo.

-Pues… porque… Rukia-chan y tú…

-Mi vida personal y la de la capitana Kuchiki no tienen absolutamente nada que ver con nuestras funciones en el cuartel -aclaró sacando la vista de los papeles -¿Sí?

Kiyone asintió. Lo vio volver a los papeles y tomar un lápiz para escribir algo en ellos.

-Todos nos alegramos mucho -rompió el silencio la tercera oficial -Que los dos… ya sabes.

-Gracias -respondió sacando la vista de los documentos -Kiyone, esto no cambia en nada las cosas… Es una situación personal. Insisto que no tiene nada que ver con las funciones. Puedes sentirte libre de venir cuando necesites y quieras. Lo mismo corre con la capitana Kuchiki.

-Puedes llamarla por su nombre…

-Estamos en el cuartel -comentó con un tono familiar -Aclárame este punto -indicó un párrafo.

Kiyone comenzó a hablarle sobre el informe. Rukia y él sabían que los habían descubierto, eso no era problema. Habían quedado en mantener las distancias dentro del cuartel… aunque a veces era difícil, pero ya habían pasado cuatro meses y se había vuelto algo más sencillo que en el comienzo.

A veces discutían por temas de trabajo, aquello no era extraño. Él no tenía un carácter explosivo, Rukia un poco más… pero ambos eran muy testarudos y aquello no era novedad. Había sido así desde que él había asumido el puesto de teniente. Pero en lo que correspondía a su relación de pareja todo era paz. Eran extrañamente compatibles, tanto que se sorprendía… aunque antes tampoco habían tenido grandes problemas.

-¿Es todo? -preguntó para cuando terminaron de revisar el informe.

-Sí -respondió Kiyone.

-Déjalo aquí, veré cómo solucionarlo, descuida. Tengo que hablarlo con la capitana Kuchiki.

Kiyone se puso de pie.

-Hisagi-san… -hizo una pausa -¿Puedo ser indiscreta?

-Supongo…

-Hace tanto tiempo que toda la división esperaba que tú y Rukia-chan estuvieran juntos. Verás -soltaba toda la emoción de sus colegas -Durante años esta división ha sido como una gran familia… y verlos juntos es el gran sueño de todos. Siempre hemos pensado que hacen una buena pareja…

-Puedes retirarte, Kiyone -dijo con una mezcla de vergüenza y risa.

-Sí, sí…

Abrió el shoji y salió disparada fuera sin cerrar. Las declaraciones de la tercera oficial le causaron gracia, pero prefería mantener la compostura. La aprobación de su división lo hacía sentir bien, que era lo que correspondía… aunque eso ya lo sabía. Todo había sido perfecto, excepto…

No todo podía ser perfecto y lo sabía. Sintió el reiatsu del capitán Kuchiki ingresar en la división. Ya era un experto en detectarlo. El noble no había desistido en sus intentos por mantenerlo lejos de Rukia. Ya no era novedad…

-Buenos días, capitán Kuchiki -lo saludó al verlo ingresar a su oficina, Byakuya asintió -Rukia está en la oficina de la octava oficial.

-No busco a mi hermana, vengo a hablar contigo.

-Tome asiento.

-No es necesario, seré breve. Por enésima vez, aléjate de Rukia.

-No lo haré. Me temo que esa decisión es entre ella y yo. Usted, con todo respeto, no tiene injerencia en la relación que mantenga con su hermana.

-No eres un mal tipo, Hisagi. Debo admitir que has cambiado bastante y me imagino que Rukia ha tenido algo que ver con eso… o simplemente no informa tus faltas.

-Es objetiva, informaría si tuviese que hacerlo.

Byakuya parpadeó pesado.

-No consentiré su relación.

-Insisto, su opinión me tiene sin cuidado.

-Cuidado como me hablas, Hisagi. Puedo informar tu actitud insolente -el teniente apretó los dientes -¿Qué crees que puedes ofrecerle a una muchacha noble? ¿Te la llevarás a vivir a las barracas? Vivir como un oficial pobre y sacarla de casa…

-No voy a caer en su juego, capitán Kuchiki.

-Puedo sacarla del clan.

-Jamás haría eso, no trate de engañarme. Pero no la ponga entre la espada y la pared… Va tomar una decisión por una relación que podría terminar mañana.

-Veo que te la tomas muy en serio -dijo con sarcasmo.

-Si enfrenta a Rukia con estos argumentos logrará derribarla… Si la hace elegir entre usted y yo, no tengo esperanza. Pero voy a dar la pelea.

-¿Me estás amenazando?

-No, se lo estoy jurando.

-Muy bien. Lo siento por ti -se volteó hacia la puerta y se retiró de la oficina dejando la puerta abierta.

Shuuhei bajó la vista a sus manos, tiritaba. Las empuñó en un intento por controlar el tremor. Era una mezcla entre temor e ira, de esa que paraliza, que adrenaliza cada extremidad presto para atacar.

Unos pasos se acercaron a la entrada, Rukia miraba al interior.

-¿Todo bien? -ingresó y cerró la puerta -Vi salir a Nii-sama.

-¿Estuvo aquí? -preguntó tratando de parecer tranquilo -Seguro solo pasaba por aquí…

-No me mientas, lo detesto. ¿Qué pasó?

-Nada, Rukia. Nada -ella enarcó una ceja -Está bien, estuvo aquí. Tuvimos un interesante intercambio de opinión -Rukia se cubrió la cara con las manos -Tranquila, todo se llevó bajo un ambiente de respecto y diálogo -agregó con cierto sarcasmo.

-No podía ser todo tan sencillo, ¿verdad? -él negó -Debe haber alguna forma de llevar esto en paz.

-Está en paz y así pretende llevarla tu hermano… pero seguirá presionando hasta que alguno de nosotros ceda… -le tomó la mano -Yo no voy a ceder.

Rukia bajó la vista a su mano oculta bajo la de su teniente. Alzó la mirada con seguridad.

-Yo tampoco.

.

Hisagi tenía razón en una cosa, no iba a expulsar a Rukia del clan. No sería capaz. Era su hermana, su orgullo, lo más preciado que tenía. Y, por lo mismo, quería lo mejor para ella.

Recordaba cuando su abuelo descubrió la relación que llevaba con Hisana y su proceder. Lo sentó en su despacho, alzó la voz y tuvo que escuchar una serie de injurias hacia ella. Que quería su dinero, que lo utilizaba, que no lo amaba… cada palabra le destrozaba el corazón. No porque se atreviese a hablar así de ella, se lo esperaba, si no porque con cada una de ellas le hacía ver que no quería que fuera feliz, sino que cumpliera con su deber como líder del clan.

Hasta cierto punto Rukia se encontraba en una posición similar… pero era una mujer. Si las cosas con ese tipo se enseriaban, ella saldría del clan… por su propia voluntad para irse con él. Todo por lo que había luchado esos años se iría a la basura. Todo lo que Hisana quería para ella no habría significado nada… "Quiero que Rukia sea tu hermana" No, no significaría nada… Lo único que pidió Hisana era que se convirtiera en su familia y con ello les hizo un bien a los dos. Rukia siempre sería su hermana.

-Rukia… -suspiró -Traté por todos los medios de disuadirte -la menor de los hermanos pudo leer preocupación en su rostro -De ninguna manera quise que te vieras involucrada en algo así. No es justo para ti… es el precio a pagar por ser una Kuchiki. Te lo quise ahorrar a sabiendas que te hacía daño cada vez que me oponía.

-Nii-sama… nunca ha sido mi intención hacerte perder todo lo que has sacrificado por mí estos años. El nombre y el honor del clan… Entiendo que lo que has hecho ha sido por cuidar de mí. Pero…

-¿Lo amas?

-No lo sé -fue honesta -Pero me gusta pensar que sí.

-Nunca podrías comprometerte con él.

-¿No crees que es muy pronto para hablar de eso? Es una decisión importante y no se toma de la noche a la mañana. Y tampoco, como expones, aquello sería posible. No me imaginé que pudiera ser diferente de ninguna manera.

-¿Hisagi lo sabe? -preguntó y Rukia asintió -¿Sabe que su relación no tiene ningún futuro? -volvió a asentir -¿Y por qué insiste?

-¿No hubieras insistido tú también?

-Yo hubiese luchado hasta el final…

-Él no es un Kuchiki… hay batallas que no vale la pena luchar, no cuando sería en vano. Estamos bien así. No pido tu bendición, porque sé que no puedes hacerlo. Ésta es nuestra manera de luchar… tratar de seguir juntos aceptando las condiciones. ¿Puedes… permitirme salir con mi teniente, Nii-sama? Solo salir… sin ponerle un nombre frente a nadie, sin hacerlo oficial. Seré discreta, el clan nunca se enterará. No lo traeré a casa, no irá conmigo a ningún evento… para ellos será como si no existiese.

-Muy considerada. Pero sigo sin entender. Este es el momento cuando deberías volverte rebelde.

-No quiero perderte, Nii-sama. No quiero perder a mi familia… pero tampoco quiero que sea mi familia y mi hermano quienes dañen a quien quiero. ¿Lo entiendes? Porque no se merece que lo humillen, no cuando hace todo para que yo sea feliz. Exponerlo al clan solo ensuciaría todo…

Byakuya la miró en silencio. Casi podía ver a Hisana en ella, cuando ocultaba cada humillación y trato displicente que tuvo que tolerar de la familia. De las injurias que le levantaban… de como la llamaban a sus espaldas. Su esposa había demostrado tener un temple increíble, pero sabía el alto precio que pagó por vivir su amor. Ahora Rukia estaba dispuesta a pagar el precio, no con su orgullo, sino empeñando sus sueños románticos -o los que debería tener una chica enamorada- por la tranquilidad de su… sin nombre.

-Puedo entender tus razones, pero no las de él…

-Yo le pedí que no insistiera… y que no me obligara a elegir entre él y tú. Tampoco lo hagas tú.

Byakuya no supo cómo responder a aquello. Se la quedó mirando esperando encontrar en los ojos de Rukia la respuesta que Hisana le hubiese dado. ¿Qué hubiese hecho su esposa? ¿Cómo le negaba su petición a nombre de unas reglas que él mismo se había saltado hace tanto?

-De acuerdo, puedes salir con él… nada más.

-Gracias, Nii-sama. Sé la posición en la que te pongo y te agradezco tu generosidad. Lamento ser una desilusión para ti.

-Nunca digas eso, Rukia. No eres una desilusión… solo eres mi propio pasado dándome una bofetada sin reparo. Puedes retirarte.

-Sí, Nii-sama.

No importaban los términos, pensó Rukia retirándose del despacho de su hermano. No importaba realmente que su relación no tuviese proyecciones a futuro… siempre y cuando estuvieran juntos. Era un buen acuerdo, uno que no transgredía las reglas del clan, que no pondría a Nii-sama en una posición incómoda y un precio que tanto ella como Shuuhei estaban dispuestos a pagar.

.

No toda historia romántica tiene un gran final feliz, aunque así fuese en las películas y series de Momo. Algunas concluían de manera simple.

-Mientras estemos juntos todo estará bien, ¿cierto? -preguntó Rukia mirando al estanque del jardín de las barracas.

-Muy cierto -respondió Shuuhei tomándole la mano.

Unos suboficiales pasaban por el lugar rumbo al comedor. Ya a nadie sorprendía verlos juntos en actitudes que denotaran su estado de pareja.

-¿Estás bien? -se la quedó mirando.

-Voy a estarlo cuando Nii-sama me perdone…

-Ya lo hizo, te lo aseguro. Ahora bésame que no viene nadie -le estiró la trompa.

Rukia le dio un corto beso antes que pasara otro suboficial. Se recargó en él y volvió a suspirar.

-No se puede tener todo en la vida -dijo ella y Shuuhei la miró.

-Supongo que no… pero te tengo a ti y me basta.

-Cursi -se sonrió -Y yo te tengo a ti.

Un poco más allá los oficiales del cuartel observaban la escena tras unos pulcramente podados arbustos. Apenas podían verse a Fumiko y Hibiki entre las ramas.

-El capitán Kuchiki ha dado su negativa… -comentó Fumiko, últimamente había estado estudiando la lectura labial y se le daba muy bien.

Los otros oficiales suspiraron pesado. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil para ellos? Con todo lo que le costó a ambos dar el paso. Fueron años de seguir el desarrollo de su relación, de leer entre líneas de sus conversaciones, las actitudes entre ellos, las miradas… Todo aquello para que el capitán Kuchiki pusiera entre ambos la cruel sentencia: nunca podrían estar realmente juntos. Adiós a sus sueños de la boda, los hijos… Tendrían que conformarse con las historias rosas que una de las oficiales escribía sobre ellos.

-No es justo -dijo Akabashi cruzándose de brazos -La prefirió a ella y ahora queda en nada.

-Cállate, odiosa -gruñó Hibiki -Si no pude yo, menos tú -la miró con desdén.

-A callar las dos -exclamó otra de las oficiales -Tú -indicó a Hibiki -Eres una zorra. Y tú -a Akabashi -Eres una mosca muerta.

-No puedo contra ese argumento -se rio Hibiki.

-No soy ninguna mosca muerta -gruñó Yumeko y todos se la quedaron mirando -Que no. Ella misma -indicó a la capitana -Me dio la venia para que saliera con el teniente.

-Eso es porque Kuchiki es medio tonta -bufó Hibiki y Fumiko le jaló una trenza.

Mientras las chicas se enfrascaban en esa discusión, Nakano, el oficial de la cocina parecía perdido en sus pensamiento. Samewa por otro lado indicó a las chicas que concluyeran su absurda discusión.

-Hay una manera en que el clan Kuchiki acepte la relación que llevan los dos -dijo el oficial, perteneciente a una familia noble de baja casta -Ya saben… no puede deshonrarse al clan. ¿Qué deshonra es más grande que tener una relación con un tipo sin título? ¿Qué deshonra el clan se empecinaría en ocultar?

-Hay unas hierbas -comentó Nakano -Pueden dar resultado… No son difíciles de conseguir. En la cuarta división deben tener. Normalmente se utilizan para algunas preparaciones en bajas dosis… pero con la adecuada…

-Puedo conseguirlas -dijo Hibiki -Era mi antigua división.

-¡Yo también quiero! -exclamó Fumiko, todos miraron a Eiji y él hizo un gesto de reticencia.

Comenzaron a planificar el siguiente paso, Nakano explicando cómo haría llegar las hierbas hasta la capitana, los otros dando ideas. Se habían vuelto bastante bulliciosos.

Rukia se volteó hacia los matorrales, Shuuhei siguió su mirada viendo entre los arbustos a todo el plantel de oficiales del cuartel.

-¿Qué hacen ahí, vagos? -exclamó el teniente, todos asomaron sus cabezas lento -A trabajar.

Los oficiales se perdieron por el pasillo hacia sus despachos.

-Me pregunto qué traman cada vez que nos espían -dijo Rukia con curiosidad.

-Ni idea -respondió Shuuhei -Debe ser solo por molestar. Supongo que no tienen demasiadas cosas que hacer. Deberemos cargarles la mano, ¿no crees?

-Talvez tengas razón -meditó un segundo -Pero no sería justo. Aunque… sería bueno pedir una evaluación de las escuadras, ¿no? Eso les quitaría bastante tiempo -agregó con malicia.

-Esa es mi chica -la besó en la sien -¿Vamos? Deberíamos predicar con el ejemplo…

Le tendió una mano para ayudarla a ponerse de pie y partieron rumbo al cuartel.

.

Renji está enfadado y se demorará en digerirlo, pobre. Byakuya ha dado su sentencia final. Y finalmente nuestros protagonistas son asquerosamente felices… aunque sea de una manera poco convencional.

Nos espera un salto temporal y ver cómo se resuelve esto finalmente.

Le gustó, no le gustó. Deje su review, recuerden que su opinión es importante para esta escritora. Nos leemos en el epílogo!