Último capítulo de esta historia. Espero que lo disfruten. Ya tenemos fin al manga y ha sido bastante sorpresivo… o quizás. De todos modos Hisagi siempre será mi favorito en todo el mundo xD.

A leer!

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-No olvides que iremos al teatro el sábado -Momo hablaba esperando que la capitana terminara de guardar unas cosas antes de almorzar.

-No puedo, Momo -dijo Rukia ordenando unas carpetas y las dejó en el estante -Saldré con Shuuhei.

-Pero pueden venir con nosotros.

-Estamos de aniversario y sabes como es con esas cosas… las fechas son importantes -agravó la voz y se volvió a su amiga, ella le sonrió -Además no es cualquiera, ya van seis años. No puedo creer lo rápido que ha pasado el tiempo.

-Y aun saliendo como al principio… -bufó Momo.

-Son las reglas del juego -su voz fue suave y tranquila -Lo llevamos bien. Nii-sama nos da algunas concesiones… Hoy puedo no llegar a casa. Es un buen acuerdo. Y estamos bien así, Momo.

-¿No te importa?

-¿La verdad? -se sentó en el sillón y se estiró bostezando -Por mí me iría a vivir con Shuuhei y ser asquerosamente felices -se rio y Momo la secundó -Pero no quiero que Nii-sama tenga que pasar por situaciones desagradables por ello. Es un pequeño sacrificio. Además paso gran parte del día con Shuuhei, un espacio personal no es una mala opción -se conformaba.

-Supongo que tiene sentido.

Rukia asintió bostezando nuevamente y se cubrió la boca.

-¿Pasaste mala noche? -preguntó la teniente sentándose junto a ella en el sofá -Mirándote bien estás algo pálida.

-Creo que trabajo demasiado -respondió -Estoy agotada. Me cuesta un mundo levantarme de la cama por la mañana y, debo confesar, que hoy llegué tarde. Pero es que, simplemente, no podía abrir los ojos.

-A veces pasa -afirmó Momo -Solo pregúntale a Rangiku -bromeó.

-Ella tiene sueño crónico -se rio, se frotó la cara con las manos -Andando, se nos hace tarde para almorzar.

Los almuerzos de los miércoles era una costumbre ya que habían acordado hace ya un tiempo. Les venía bien un tiempo entre chicas cuando ya las actividades de la asociación eran delegadas a las nuevas integrantes.

La camarera llegó con los platos y los dejó sobre la mesa.

-Buen provecho -dijeron al unísono.

Momo charlaba con Rangiku sobre el festival del fin del verano. Nanao daba indicaciones como siempre mientras Isane miraba a Rukia, quien había apoyado su cabeza en la mano y parpadeaba pesado.

-Trabaja demasiado -comentó Momo a las chicas.

-Yo creo que ese Shuuhei no le dio descanso en toda la noche -bromeó Rangiku recibiendo una mirada crítica de Nanao -Era una broma…

-Puede ser -rio Momo divertida ante la picardía de su amiga -Es una buena manera de desvelarse… -agregó cubriéndose la boca.

-¡Momo! -exclamó Nanao e Isane se volvió muy roja.

Rangiku acercó un palillo a Kuchiki y la picó suave en la mejilla. La capitana abrió los ojos y se incorporó rápido.

-Lo siento -se disculpó viendo a todas las chicas mirarla con curiosidad -Estoy algo cansada con el trabajo.

-Deberías delegarle algo al vago de tu novio -la reprendió Nanao.

-Quizás -caviló Rukia obviando el comentario hacia su teniente -Pero son labores de capitanía.

-No es como que no sepa qué hacer -continuó Nanao -Y come algo, no has tocado tu plato.

La capitana asintió suave y se llevó un trozo de pollo a la boca. Y luego otro y otro… No se había percatado que tenía tanta hambre.

-Al menos tiene buen apetito -rio Rangiku -Hay que reponer fuerzas…

-¡Rangiku! -Nanao volvía a regañarla.

Momo se rio bajito al igual que Isane que no podía más con los sonrojos, pero le causaba gracia. Debía ser lindo tener alguien con quien pasar los largos días en el gotei.

-¿Vas a la obra con nosotras el sábado? -preguntó Rangiku a Rukia quien ahora sorbeteaba sus fideos.

-No puedo, tengo compromisos -se excusó.

-Eso, chica -continuó la rubia -Dale duro -rio.

Nanao se llevó una mano al rostro. Era imposible con Rangiku, tenía una fijación con eso. Rukia sonrió avergonzada, pero no dijo nada, se llevó otros fideos a la boca. Estaba delicioso.

-¿Han hablado con la comisión de decoración? Hay que hacer las compras para el festival…

Nanao seguía hablando de las actividades mientras Isane volvía su vista a Rukia curiosa. Negó con la cabeza y volvió a su almuerzo.

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-Estaba pensando en que podríamos ir a ver la obra de teatro la próxima semana –propuso Rukia ahogando un bostezo con la mano –Los chicos fueron hoy… si no la vemos nos quedaremos sin poder opinar, seguro hablarán sobre ella por un tiempo… además de sacarnos en cara de no haber ido con ellos –volvió a bostezar.

-Trabajas demasiado –comento Shuuhei y ella asintió volviendo a bostezar –Debiste decirme que estabas exhausta para dejar lo de hoy para más adelante.

-Un poco de cansancio no va a matarme –respondió tratando de controlar los bostezos.

Pasaron la velada en calma, como solía ser entre ellos. Hablando de la división, de los pendientes, de cosas triviales. Shuuhei no sabía como sacar el tema. Al generarse un hiato en la conversación alzó la voz.

-Ambos sabemos que esta relación no tiene futuro, Rukia…

-¿Vas a cortar conmigo? –preguntó sintiendo que un nudo se le formaba en la garganta –Dijiste que aceptabas las condiciones… pensaba que me amabas… sabes que no puedo ofrecerte más… -sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

-No, no estoy diciendo eso, por favor no llores –se asustó, Rukia estaba especialmente emocional últimamente –Solo estoy tratando de… en fin, soy un idiota. No quiero cortar contigo, de ninguna manera –le tomó la mano y ella soltó un suspiro tragándose las lágrimas, Shuuhei debía admitir que le parecía simpático ese arranque, aunque sonara sádico –Rukia, sé que no podemos aspirar a nada más que esto, y está bien. Fue un acuerdo que tomaste con tu hermano, uno al que accedí y mantendré siempre. A lo que voy es que… ya llevamos un tiempo juntos y ha sido muy bueno. Pero…

-¿Ves que sí vas a cortar conmigo? –retiró su mano con brusquedad.

-¡Que no, mujer! –volvió a tomarle la mano –Déjame terminar –Rukia bufó –Si las cosas fueran de otra manera… -soltó su mano y buscó algo dentro de su ropa, sacó una pequeña cajita –Si pudiésemos… es algo simbólico, porque sé que no es posible, pero si las cosas fuesen diferentes –abrió la caja donde había un anillo, Rukia lo quedó mirando sorprendida –Si pudieses… ¿te casarías conmigo?

-Sí… -susurró sin voz, sintiendo que las lágrimas volvían a aparecer –Claro que sí… -asintió.

Vio como él deslizaba el anillo en su dedo y se sonrió tontamente, fue entonces que se largó a llorar con hipo y todo.

-Es tan injusto… -murmuró cerrando los ojos con fuerza –Tan injusto… -Shuuhei la abrazó con fuerza y ella lo rodeó con los brazos -¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así? –se apartó para quedar frente a él, miró su mano sobre el hombro de su novio –Es muy bonito, gracias.

-De nada…

-No puedo usarlo… -agregó.

-Lo sé.

-Tomarte el tiempo de elegir algo que jamás podré usar… -suspirar –Y gastar tu dinero en ello… -lo miró severa –No debiste gastar dinero, con lo que te ha costado organizar tus cuentas. Era un gasto innecesario…

-No para mí.

Rukia se sonrió. Definitivamente había significado mucho para ella. Después de esos años. De todo lo que habían vivido. Shuuhei había logrado ganarse ese lugar especial en su corazón. Había distintas maneras de amar y eso lo había aprendido con el tiempo. Y ella lo amaba…

Su habitación había sido siempre el testigo de sus sentimientos. El lugar donde se permitía amarlo como se merecía, como ella merecía ser amada.

-Te amo

-Y yo te amo a ti, tonto –respondió con una sonrisa.

Él la besó y se retiró de encima luego de otro de sus candentes encuentros… como siempre había sido.

-Voy por un vaso de agua, ¿quieres uno?

-No, estoy bien.

Lo vio salir de la habitación y alzó su mano frente al rostro observando su anillo. Se veía bien, podría acostumbrarse a ello, pero sabía que no correspondía. Se giró sobre el costado y cerró los ojos dejando salir un sonoro bostezo de su boca. Pronto sintió unos pasos y a Shuuhei meterse al futón, le pasó un brazo por el costado.

-Buenas noches –le dijo besándola en el hombro.

-Buenas noches –ahogó otro bostezo –No me despiertes temprano…

-Tenemos que trabajar…

-Ve solo –bostezó otra vez –Puedes jugar a ser el capitán Hisagi por un día –bromeó –Sueñito, adiós –concluyó en tono de jugarreta.

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Terminaba en la ducha cuando escuchó la puerta abrirse de golpe, descorrió la cortina para ver a Rukia abalanzarse sobre el inodoro y vomitar. Tomó la toalla y atándosela rápido a la cintura salió para tomarle el cabello. La vio encorvarse otra vez y volver a vomitar. Rukia suspiró. Él le alcanzó un poco de papel. Se limpió la boca.

-Qué asco… -masculló Rukia.

-Seguro algo te cayó mal de lo que comimos anoche…

-¿Y cómo tú estás bien? –respondió botando el papel al inodoro y tirando la cadena. Fue al lavamanos y se mojó la cara y enjuagó la boca.

-He comido bastante basura en mi vida, tengo el estómago a prueba de todo –se golpeó el abdomen -¿Te sientes bien?

-No –respondió seco –Volveré a la cama.

-¿No sería mejor que…? Tu hermano puede molestarse si te quedas aquí.

-Me siento más cómoda aquí, contigo -dijo con seguridad. Su última palabra -Cuando termines, ¿puedes prepararme un té? Me vendría bien.

-Claro, bonita.

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Pero sus indisposiciones no mejoraban. Y aquella mañana no era diferente. Hacía un par de semanas que estaba bastante mal. Pero no quería hacer un problema de ello. Como todos los días se dispuso para ir a desayunar con su hermano. Tenía el cuidado de ocultar el regalo de Shuuhei. No podía llevar el anillo en la mano, que hubiese sido lo normal. Si alguien siquiera lo viera haría correr el rumor que podría llegar al clan… y a Nii-sama.

Decidió colgarlo de una cadena y llevarlo dentro del uniforme. No era para dejarlo guardado escondido al fondo de un cajón temiendo que alguien lo descubriera.

Pero fue un descuido, algo de un segundo. No había tenido el cuidado de fijarse si al vestirse lo había dejado bien escondido dentro de la ropa. Pero no fue así y lo notó cuando su hermano se la quedó mirando al pecho cuando desayunaban. No alcanzó siquiera a sentarte.

-¿Qué significa eso? -la miró severo.

Rukia se llevó la mano al pecho y sintió la cadena y el anillo entre sus dedos. Bajó la vista.

-No… no es como lo crees. No estoy comprometida…

-Eso se ve como un anillo de compromiso para mí.

Rukia soltó un suspiro y cerró los ojos.

-Al menos… al menos déjame creer que lo estoy de verdad… -la voz se le quebró.

-Rukia… -su hermano pasó de la severidad a la compasión -Sabes cómo son las cosas.

-¡He hecho todo como quieres! -lo miró… estaba ¿llorando? -¿Qué importa si tengo o no un anillo de compromiso si nunca me voy a poder casar? ¿Qué importa?

-Rukia, cálmate y baja la voz. Te va a escuchar la servidumbre.

Rukia no lloraba, eso era muy poco frecuente. Y menos alguna vez le había alzado la voz a su hermano ni enfrentado por nada. Se limpió las mejillas y vio al rostro preocupado de Byakuya. Ver a una mujer llorar rompe a todo hombre… peor si es su hermana.

-Perdón… lo siento… lo lamento -dijo bajando la vista -No debí hablarte así, Nii-sama. No es justo. Has sido muy generoso y comprensivo… no sé qué me pasó. No voy a casarme… descuida. Ha sido solo… es algo simbólico. Jamás iría contra tus deseos… ya es suficientemente difícil para ti aceptar que llevo una relación con alguien que no apruebas.

-Entiendo la situación… no es correcto dado el acuerdo al que hemos llegado, pero… ha sido un gesto muy loable y adecuado para ti. Toda chica se merece saber que quien tiene a su lado la quiere y valora como para querer compartir el resto de su vida con ella.

Rukia alzó la vista, seguía leyendo en Nii-sama una profunda compasión y un grado de culpa.

-Solo procura ocultarlo bien.

-Sí, Nii-sama -tomó su taza y se la llevó a los labios. Estaba delicioso.

-Se nota que es caro -dijo Byakuya de pronto -Tu anillo -la vio tomarlo e intentar verlo llevando la vista muy abajo y tirando de la cadena -¿Por qué no te lo pones un momento?

-¿Es una broma? Porque es muy mala…

-Sabes que no bromeo… ¿No has pensado que, quizás, quiero ver a mi hermana comprometida?

Se quitó la cadena, deslizó el anillo fuera para ponerlo en su dedo.

-Se te ve muy bien -apreció y ella se sonrió tímida -Tu hermana estaría muy contenta.

Rukia se sonrojó ligero. La sirvienta ingresó con más té, la menor de los hermanos escondió rápido la mano bajo la mesa. A Byakuya ese gestó le rompió el corazón… pero así era mejor.

La mujer sirvió más en la taza de Rukia y se la quedó mirando de reojo.

-Gracias, Mitsuki -dijo la morena.

La sirvienta volvió a salir luego que el señor le indicara con un sutil gesto que no deseaba más té. Rukia miró a su mano una vez más antes de retirar el anillo y colgarlo nuevamente de su cuello.

-Termina tu desayuno, no puedo esperarte.

-Sí, Nii-sama.

Se puso de pie y salió del comedor. Rukia terminó su desayuno en silencio. Lamentaba haberle hablado de esa manera a Nii-sama… pero había perdido el control por un segundo. Fue como si de pronto toda la emocionalidad que tenía hubiese salido de ella como una explosión.

-¿Va a querer algo más, señorita? -escuchó a su lado.

-Oh, no te sentí entrar -se volteó sorprendida -No, puedes retirarlo.

Se puso de pie rápido y trastabilló. Se apoyó en la mesa y respiró profundo. Sintió que la sangre se le iba a los pies. Se volteó hacia la sirvienta y se fue al piso.

La mujer alcanzó a sujetarla antes que se estrellara la cabeza. La tendió con cuidado y le levantó las piernas. Se hincó junto a ella y le dio palmaditas en la mejilla.

-Rukia-sama… despierte… -la llamó y ella abrió los ojos -No se mueva.

-¿Qué sucedió?

-Se desmayó -le dijo con voz suave -Ya se pasará. Solo descanse un momento -le sonrió con dulzura -¿Se siente bien?

-Sí, que extraño… -murmuró.

-Señorita… no se tome a mal esta pregunta, por favor. Es que últimamente ha estado tan delicada de su estómago… he notado que vomita en las mañanas… -Rukia se la quedó mirando -Debería no limpiarse la boca con la manga de la yukata -le sonrió -De verdad, no es mi intención ser impertinente… pero ¿está usted en estado?

-¿En qué estado? -preguntó con curiosidad y la mujer le hizo un gesto de redondez a la altura de la barriga -¡No! Claro que no… no… no… yo… no… sé… -si no hubiera estado recostada se desmayaba otra vez, comenzó a tiritar de nervios -Yo… no puedo… Nii-sama…

Mitsuki le tomó la mano mientras Rukia se llevaba la otra al rostro y se cubría los ojos, en un gesto de ocultarse y perderse de lo que estaba pensando.

-Tranquila… ¿puede sentarse? -Rukia asintió y Mitsuki la ayudó a incorporarse -¿Se siente mejor?

-No… no puedo… -seguía en shock.

-No quise importunarla, señorita… Soy solo una mujer entrometida. Por favor, olvide lo que dije. No… -iba a ponerse de pie, pero Rukia la tomó por la muñeca.

-No me dejes sola…

-Está bien, señorita.

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Aimi se sorprendió cuando Rukia le dijo que iría a verla, la verdad su prima era de esas personas que prefería ser invitada que tomar la iniciativa. Más por timidez y por no molestar, sobre todo ahora que Aimi era madre de familia.

-Por favor cuéntame algo que no sea de pañales y cuentos infantiles -rogó Aimi en cuanto se sentó en la sala cargando a su segundo hijo, de no más de tres meses -Es todo lo que veo últimamente -bromeó.

-Creo que estoy embarazada.

-¿Qué? -exclamó y hasta el bebé se sobresaltó -¿Cómo es eso que crees? Tienes que ver a un especialista… ¡Por Dios, qué dejada! Esto va a estar muy bueno… ya quiero ver la cara de Byakuya -se rio.

-¿Cómo puedes reírte? -gruñó Rukia.

-¿Y por qué no? Se le va a caer toda su perfecta cabellera -se volvió a reír.

Aimi era la única del clan que sabía de la relación entre Rukia y Shuuhei. Fue más bien casualidad que se enterara, no algo que Rukia quisiera precisamente. Era riesgoso, aun cuando Aimi guardó muy bien el secreto.

-Es algo serio -insistió Rukia ante el ataque de risa de su prima -¿No ves las implicancias de esto?

-Bueno… -acomodó al bebé en sus brazos -Aparte de tener que casarte antes que se te note la barrigota y tener que dejar el gotei un tiempo no veo otras…

-¡Cómo crees que van a dejar que me case con Shuuhei! Eso es absurdo…

-Es un teniente, entre él y un noble venido a menos no hay tanta diferencia.

-Pero viene del rukongai…

-Tú también -se alzó de hombros -Van a refunfuñar un poco, pero luego se les pasa. Lo más terrible que podría pasar es que no tengas derecho a herencia. No van a sacarte del clan ni quitarte el apellido. Además, Byakuya no te dejaría a tu suerte, siempre te apoyará económicamente. Es tu hermano… y te quiere, a su manera.

-¿Tú crees que será así de sencillo?

-No, pero trato de quitarte la ansiedad… no le hace bien a tu bebé. Relájate. Ahora debes pensar en él… -dijo casual -¿Y qué dice ese novio tuyo? Debe estar feliz… ese hombre te adora. De otra manera hace tiempo te hubiese dejado… Byakuya es un bodrio con él. Créeme cuando te digo que el único que está complicando el asunto es él.

Miró a su bebé y se lo extendió a Rukia.

-Tómalo y practica -se rio otra vez cuando su prima acomodaba al pequeño en sus brazos con torpeza -Ya te acostumbrarás.

Rukia guardó silencio.

-No lo sabe… Shuuhei.

-Eso está mal… ¿por qué?... o acaso… ¿estás pensando en no tenerlo?

-Claro que no. No podría hacer algo tan horrible.

-Muchas lo han hecho por estos lados… -dijo sin darle importancia -Debes decirle, Rukia. Tienes que apoyarte en él, es cosa de dos.

-¿Y qué le digo?

-Fácil estoy embarazada, sería un buen comienzo.

-Solo dije que creo…

-Entonces sal de la duda. ¿No tienen un hospital en el gotei? Pues ve allí y dile a alguien que te revise. ¡Qué emoción! Te va a encantar.

-Acabas de decir que no quieres hablar de pañales…

-Olvida lo que dije. ¡Es emocionante! Tienes suerte, tengo muchas cosas de los niños que te van a servir.

El shoji se abrió dejando pasar a Ikki, el esposo de Aimi. Saludó a ambas y tomó asiento. Rukia le entregó al bebé y el hombre comenzó a mecerlo con maestría, como lo más natural del mundo.

-¿Qué cuentas, prima?

-Está embarazada -soltó Aimi.

-Byakuya va a matarte -se rio, otro más -Pero es una buena noticia. Felicidades, Rukia. Creo que es momento de conocer a ese novio tuyo. Ya que va a ser de la familia…

Rukia suspiró, ese par no tenían arreglo. Pero al menos la hacían sentir mejor. El resto de la velada transcurrió entre consejos de embarazo, de crianza y de matrimonio… o sí, Aimi se había autodenominado la organizadora oficial.

Podía que todo no fuera realmente tan malo después de todo. Decidió que debía darse el valor de comentárselo a Shuuhei… pero solo pensarlo le revolvía el estómago. Saliendo de casa de su prima decidió pasar al cuartel… no sin antes devolver el té en el baño.

Tocó a la puerta de la habitación de su teniente, quien abrió y la miró con sorpresa.

-¿No estabas donde Aimi? -preguntó dejándola pasar -¿Pasó algo?

Rukia pudo ser directa. Como era ella y se esperaría. Pero cuando se trataba de ambos nada era como se esperaba. En fin, el solo verlo hizo que ella se largara a llorar. Sí, con hipo y todo. La angustia, la incertidumbre y las hormonas… benditas hormonas.

Se sentaron sobre los cojines y él la abrazaba tratando de confortarla. De pronto la sintió calmarse y se apartó un poco para verla a la cara.

-¿Qué te dijo Midori? Esa prima tuya es una real molestia. ¿Fue ella? ¿Estaba ahí y comenzó con su mierda? Deberías plantarle la cara alguna vez. No porque sea noble va a seguir humillándote…

-No, no estaba… -murmuró.

-¿Te presentaron algún noble odioso? ¡Sabía que tu hermano saldría con algo así en algún momento!

Rukia lo golpeó en el brazo.

-No digas eso de Nii-sama… no había ningún noble.

-¿Entonces?

Guardó silencio. ¿Cómo se decía algo así? Él la miraba esperando una respuesta, pero comenzó a sonreír.

-¿Estás embarazada? -le preguntó.

-Creo…

-¡Lo sabía! -exclamó dichoso la tomó por las mejillas y le plantó un beso -¡Lo sabía! -se rio algo nervioso.

-¿Cómo? -murmuró Rukia más impactada de lo que él debería estarlo.

-Nunca te había visto llorar tanto… Si la última película que vimos era de comedia y lloraste la mitad de ella.

-Era emocionante, ¿de acuerdo? -se defendió.

-Y te duermes todo el día en la oficina…

-Trabajo mucho.

-Te desmayaste…

-Me bajó el azúcar.

-Y vomitas todo lo que comes…

-Ya déjalo. ¿Cómo te lo tomas tan bien? ¿Has pensado en lo que pasará?

Shuuhei suspiró.

-Tu hermano va a matarme. Tendré que enfrentarme al clan… Juntar dinero. Los bebés dan muchos gastos… -siguió pensando -No sé cambiar pañales… ¿tú sabes? -ella caviló, lo había visto con Aimi -Te va a crecer el pecho… -dijo ensoñado -Te vas a ver tan linda gordita -la besó en la mejilla.

-¿Estás contento?

-¿Contento? Soy el hombre más feliz de toda la sociedad de almas, el hueco mundo y del otro lado… ¿o acaso querrías que fuera diferente? ¿Qué tuviera dudas, que me asustara, que te dijera que no es el momento? -Rukia lo miró con duda -¿Esperabas que fuera de otra manera?

-No lo sé… tenía miedo de cómo reaccionarías.

-Pues ya viste… no hay nada malo con esto.

Rukia se apegó a su cuerpo y él estrechó el abrazo, la sintió suspirar.

-Shuuhei… ¿cómo es que sabes tantas cosas sobre… esto?

-Cuando era recluta la mujer de un oficial quedó encinta y él contaba todo…

-¿Es ese oficial del que siempre hablas?

-Él mismo… era una fuente de sabiduría… y lo googlié -confesó -Me metí al computador de Eiji. Cuando empecé a sospechar… y como tú no decías nada… supuse que no sabías o no querías decirme nada aún…

-Me conoces mucho…

-Un poco -respondió -¿Prefieres que sea niño o niña?

-¿Realmente vamos a hablar de eso?

-¿Por qué no? Déjame ser meloso alguna vez… ¡Por Dios, qué mujer! -exclamó con tono de broma -Bueno, por mí… me gustaría que fuera niña… así tendría dos mujeres a quienes empalagar y una que no se quejaría… -ella le pegó un codazo -Pero si fuera un niño estaría igual de feliz. Un muchachito para continuar el apellido -bromeó.

-Creo que un niño sería una buena opción… no sabría jugar con una niña… -le siguió el juego -Pero si fuera niña podría dibujar con ella… ¡Y podría regalarle muchas cosas de chappy! ¡Y peluches! Muchos de ellos…

-¿Sabes qué deberíamos hacer?

-¿Qué?

-Una lista de nombres -se puso de pie y buscó un lápiz y papel, volvió a sentarse junto a Rukia.

-¿No es muy pronto?

-¿Pronto? Estamos en blanco… aun nadie opina ni nos dan ideas sin pedirlas.

-¿Sabes algo? Tienes razón… recuerdo que todos opinaban cuando Aimi esperaba a su primer bebé. ¡Ay que ver como la gente es de entrometida! Solo… no lo llamemos como nosotros. ¡Qué confusión!

-Comencemos pues…

Al día siguiente ya estaba confirmado. Isane estaba tan emocionada como ambos futuros padres. No paraba de decir lo poco común que era últimamente y lo muy feliz que estaba con ambos… luego de darle una serie de indicaciones a Rukia. Como que no podía cruzar el senkaimon. Lamentó aquello, no poder decirle ella misma a Ichigo y su familia.

Pero luego de la dicha venía el momento más complejo… hablar con Nii-sama. Ya que Shuuhei tenía vetada la entrada a la residencia Kuchiki, tuvieron que hacerlo en el gotei.

-Está en su oficina ahora -dijo Rukia asomándose al despacho de Shuuhei.

-Vamos -salió rápido y comenzaron a caminar hacia la sexta división -¿Nerviosa? -preguntó.

-Creo que me voy a desmayar.

-Tranquila -la tomó de la mano -Todo va a salir horrible.

-¿Tú crees que eso me hace sentir mejor? -un par de oficiales pasaron junto a ellos y se sonrieron al verlos de la mano.

-No, pero al menos vas preparada… -Rukia bufó -Va a perseguirme por todo el seireitei con su zanpakuto, va a decirme cosas humillantes y tendrás que morderte la lengua. No rebatas nada, va a estar muy enfadado… no es el momento de dialogar.

Llegaron a la puerta de la oficina de Byakuya. Rukia tomó aire profundo.

-¿Lista? -preguntó Shuuhei y ella asintió.

Él tocó a la puerta.

-Adelante.

Byakuya alzó la vista de sus papeles para ver ingresar a ambos jóvenes. Soltó un suspiro. Con un gesto les indicó que tomaran asiento. Shuuhei iba a alzar la voz, pero el capitán le indicó con la mano que se callara. Guardó silencio y cerró los ojos como cada vez que meditaba sobre un tema serio o que no quería enfrentar. Finalmente los miró, específicamente a Rukia.

-¿De cuánto estás? -preguntó seco.

Ella se sorprendió.

-De tres meses… -respondió con un hilo de voz.

El silencio nuevamente cayó entre ellos. No era el momento de dialogar, era el momento de dejar que Nii-sama digiriera la noticia.

-Se casarán a fin de mes. Correré con los gastos como corresponde y hablaré con el clan… -miró a Shuuhei -Te entrego lo más preciado que tengo en la vida. Cuídala.

-Lo haré.

-Gracias, Nii-sama.

-Pueden retirarse.

Salieron de la oficina. Byakuya vio cerrarse la puerta y se llevó las manos a la cabeza. ¿Cómo defendería algo así con el clan? Nuevamente tendría que enfrentarse a ellos. Otra vez tendría que transgredir las reglas… Al menos Rukia sería feliz, eso era un consuelo.

Fuera del despacho Rukia y Shuuhei soltaban una espiración y se miraron sorprendidos y en shock.

-Eso fue… -murmuró ella.

-Extraño -completó la frase -Vamos, debemos regresar… -comenzó a caminar, Rukia se quedó atrás -¿Pasa algo?... Habla con él más tarde. Déjalo que lo asimile…

-No es eso -se llevó las manos al cuello y se quitó la cadena -Esto no es necesario -se puso el anillo en el anular -Ya es oficial, ¿no?

Él le sonrió y retomaron la marcha.

Por la tarde decidieron reunir al grupo para dar la noticia. No era viernes y la insistencia en que todos estuviesen presentes fue sospechosa.

Rangiku puso su apartamento como era de esperarse. Estaban bebiendo como era lo usual. La anfitriona notó que Rukia no tomaba de su copa.

-¿Aun mal del estómago? -le preguntó.

-Nada de cuidado -respondió.

-Bueno que acabe el misterio -dijo Renji mirando a Shuuhei -¿Por qué tanta insistencia? Tuve que faltar a entrenamiento…

-Sí, ¿ocurrió algo? -preguntó Momo.

-Ha de ser grave -reflexionó Iduru.

-¿Les dices tú o lo hago yo? -preguntó Rukia.

-Tú, claro.

Ella sonrió amplio.

-Nos casamos -anunció y las chicas chillaron emocionadas.

-Hay que brindar -Iduru se puso de pie -Es una gran noticia -miró a su amigo -Hasta que le doblaste la mano al capitán Kuchiki, felicitaciones.

Renji frunció el ceño.

-La embarazaste, cabrón -gruñó y se puso de pie -Te mato…

Shuuhei se puso de pie justo antes que Renji se le lanzara encima y salió del apartamento corriendo seguido por el pelirrojo. Rukia los siguió con la mirada y se alzó de hombros.

-¿Es cierto? -preguntó Momo.

-Sí -respondió Rukia.

-¡Doble buena noticia! -exclamó Rangiku y se bebió la copa de Rukia de una sola vez -¡Hay que emborracharnos!

-Felicidades, Rukia-chan -dijo Iduru poniéndose de pie -Iré a ver que esos dos no se maten, las dejo hablar de cosas de chicas.

Salió del apartamento. Las chicas abrazaban a su amiga y comenzaban a hablar de qué llevarían para ceremonia. Luego saltaron al tema del bebé y los nombres… Shuuhei tenía razón, hicieron bien en decidirlo antes.

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La prisa de Nii-sama fue acertada. Como suele suceder, en cuanto todos supieron de la noticia, a Rukia comenzó a notársele la barriga. Aunque el uniforme aún lo disimulaba bien, pero el ser tan menuda destacaba aún más su estado.

-No estoy tan gorda, ¿verdad? -se miraba de perfil en el espejo.

-Estás preciosa -respondió su ahora esposo.

Rukia volvió a ponerse la yukata y se metió al futón.

La resolución del clan había sido determinante. No sería expulsada, pero ahora era carga de su esposo. Podría conservar el apellido o tomar el de Shuuhei. Decidió mantenerse como Kuchiki… por Nii-sama, por lo que le debía. No viviría en la residencia de la familia, ni heredaría nada.

-No te cortaré la mesada… -había dicho Byakuya -No temas acudir a mí si necesitas algo… Solo no le digas nada a Hisagi. Ofenderías su enorme orgullo.

Pues ahí estaban, en la misma habitación del cuartel. Viendo cómo arreglarían el espacio que se les volvería pequeño en cuanto llegara el bebé. Pero les bastaba, ambos provenían de donde con suerte tenían donde dormir. El espacio no era problema. Eso mientras ahorraban para rentar algo más grande… por si venían más pequeños luego. Nunca se sabía.

El tiempo pasaba rápido y pronto Rukia se vio obligada a cambiar su uniforme por un amplio kimono negro. Hasta ella admitía que se veía adorable.

-¡Estás enorme! -exclamó el comandante al verla llegar a reunión -Ese crío debe ser gigante. No te esfuerces más de la cuenta. Ese esposo tuyo puede hacerse cargo de la división.

-Ya me lo ha dicho, pero disfruto mi trabajo mientras. Luego lo extrañaré.

El comandante puso una mano sobre su hombro de manera paternal. La reunión daba inicio. Si bien no veía a Nii-sama seguido podía notar como la miraba durante las reuniones. Sabía que estaba dolido, pero trataba de agradarlo de otras maneras, como trabajar hasta el final, siendo responsable y buscando hacerlo sentir orgulloso.

El bebé nació a tiempo, ni antes ni después aunque al final Rukia se sentía explotar. Estando en el hospital recibió muchas visitas, incluso Ichigo fue a visitarla lo que la hizo muy feliz. Y Renji no soltaba a su sobrina, parecía enamorado… de una manera no perturbadora. La acompañaba mucho mientras Shuuhei estaba en el cuartel, sobre todo los primeros días en casa.

-Es tan linda -decía el pelirrojo mientras Rukia ordenaba la habitación, era un desastre -Gracias a Dios no se le parece a ese horrible sujeto.

-¿Cuándo vas a dejar de estar enfadado con Shuuhei?

-Ya se me pasó -dijo sorprendiéndose con la pregunta -Solo parezco enfadado por joderlo -sonrió con malicia.

Tocaron a la puerta y Rukia abrió.

-Nii-sama… -murmuró sorprendida y se volteó dentro -Disculpa el desorden… pasa por favor.

Renji dejó a la pequeña en la cuna y se retiró en silencio. Byakuya examinó el lugar… no era lo que quería para su hermana. Se notaba que el espacio de hacía poco y estaba casi sin ayuda…

-Luego Shuuhei ordena… yo lo intento, pero…

La pequeña comenzó a llorar y fue hasta ella para tomarla en brazos.

-Con tu hermana siempre quisimos tener hijos… pero su enfermedad… -Rukia lo miró, él se acercó y observó a la bebé -Se te parece mucho… -acercó una mano para tocarle la cabecita -No quiero esto para ti, Rukia… Vuelve a casa…

-No voy a dejar a Shuuhei, Nii-sama.

-No me refiero a eso… con Narue, con Hisagi.

La puerta se abrió y ambos hermanos se voltearon.

-¿Cómo están mis chicas? -preguntó Shuuhei de buen humor, el cual se esfumó en cuanto vio a Byakuya -Capitán Kuchiki…

-Hisagi… -si las miradas mataran ahora estarían ambos muertos -Vamos afuera, quiero tratar un asunto contigo -se volvió a su hermana y volvió a acariciar la cabeza de su sobrina -Nos vemos después.

Rukia los vio salir del cuarto. No podía escuchar lo que hablaban, pero sí distinguía sus voces en un murmullo. Fueron unos largos minutos, se sentó en el futón con la niña en brazos y embargada en preocupación. Solo distinguió una palabra de parte de Shuuhei: gracias.

La puerta volvió a abrirse dejando ingresar solo a su esposo, quien pasó a sentarse a su lado.

-He tratado de darte todo lo que puedo… pero no puedo ofrecerles nada más. No es a lo que estás acostumbrada… para una persona, quizás dos, vivir aquí está bien. Pero las barracas no están pensadas para una familia… a veces lo que corresponde es dejar el orgullo de lado… He aceptado la propuesta de tu hermano.

-Pero… estamos bien. Pronto tendremos lo suficiente para conseguir algo más grande. He ahorrado bastante…

-Rukia, está bien. De verdad. No podemos pagar a alguien que te ayude y no mereces desgastarte como lo haces.

-Pero detestas a Nii-sama.

-No lo detesto, bonita. Solo no hemos sabido entendernos, por diferentes razones. Lo comprendo, no soy quien quería a tu lado… Quizás yo seré igual con Narue… ¿no crees? Querer lo mejor para quienes amas es válido. Y yo quiero lo mejor para mi familia… -Rukia le sonrió -¿Lista para volver a casa?

-¿No tengo nada que decir al respecto?

-Me temo que con tu hermano ya hemos tomado una decisión.

-Lo sorprendente es que, finalmente, han podido estar de acuerdo en algo.

-No lo había pensado así. Ahora dame a mi princesa -la tomó de los brazos de Rukia.

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Tenía los dedos llenos de los colores de los crayones. Las uñas teñidas de azul, violeta y amarillo. Estaba realmente concentrada, se mordía la punta de la lengua con los labios y estaba prácticamente enterrada sobre la hoja. A ratos se apartaba, valoraba su obra, cambiaba de colores y seguía. Llevaba en eso casi toda la mañana.

-Terminé -exclamó la niña, que representaba unos seis años, alzando su dibujo -Mamá.

Rukia alzó la vista de sus papeles sentada tras el escritorio mientras su única hija estaba frente a ella.

-Está hermoso, Narue -dijo con el mismo entusiasmo que su hija tomando el dibujo -¡Mira cuántos gatitos! -se lo regresó.

-Es un regalo para papá -comentó con una gran sonrisa.

-¿Cómo es que siempre le das dibujos a tu papá y nunca a mí?

-Porque tú dibujas muy lindo y papá no sabe dibujar -le explicó.

-Eso es muy cierto -Rukia se puso de pie para arreglarle su oscuro cabello y el grueso flequillo -¿Dónde dejaste tu bolso? -preguntó y la niña indicó a la mesa. La madre sacó una peineta y arregló las coletas -Ve a darle el dibujo a papá.

Narue salió de la oficina con su dibujo. Rukia se quedó mirando al shoji con una sonrisa. Siempre sintió que había un espacio en ella, un sitio que permanecía vacío. Cuando Narue llegó supo que ese espacio era suyo, que la estaba esperando. Ese espacio que siempre aguardó por su familia.

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-Papá

La pequeña morenita ingresó a la oficina como si nada y al ver al comandante Kyoraku sentado hablando con su padre se sobresaltó.

-¡Vaya si crecen como la mala hierba! -apreció Shunsui mirando a la chiquita.

-Lo siento -dijo Shuuhei rápidamente -La niñera se enfermó y avisó a última hora…

-Está bien, no es como que vaya a organizar una revuelta -bromeó -Ven, Narue-chan.

La niña se acercó tímida. No era una chiquilla con una personalidad arrolladora ni bromista o de respuestas brillantes. Narue era bastante tímida, de sonrisa nerviosa y de pocas palabras.

-Saluda al comandante, hija.

-Buenos días, Kyoraku-sama -dijo con voz suave y las manos tras la espalda.

-¿Qué tienes ahí? -preguntó el comandante.

-Un dibujo… -murmuró extendiéndole la hoja.

El comandante lo tomó y miró con detenimiento. Tenía el mismo escaso talento que Rukia-chan, pero debía reconocer que lo intentaba.

-Muy bonito -se lo regresó.

-Gracias… -dijo bajito.

Shuuhei se puso de pie y se arrodilló junto a la pequeña.

-Cariño, papá está ocupado ahora… ¿viniste a mostrarme tu dibujo? -la niña se lo entregó -¡Pero qué lindo! ¿Es para mí? -ella asintió -Muchas gracias, mi princesa -se volteó hacia la muralla donde tenía pegados los dibujos de Narue, ya casi no había espacio -Vaya… ¿dónde podemos ponerlo?

Vio un espacio, se puso de pie y despegó algunos para dejarlos más juntos y darle espacio a la nueva obra de arte de su pequeña. Miró al escritorio. El comandante le alcanzó la cinta adhesiva.

-Gracias -dijo y pegó el dibujo -¿Qué dices, Narue? ¿Se ve bien?

-Sí, papá -sonrió satisfecha y feliz que a su papá le hubiese gustado.

-Ve con tu mamá. En cuanto termine de hablar con el comandante Kyoraku iremos a almorzar, ¿si? -la niña asintió -Despídete.

-Hasta pronto, Kyoraku-sama.

-Adiós, Narue-chan.

La niña salió de la oficina. Shuuhei volvió a sentarse.

-Se parece cada día más a Rukia-chan.-comentó el comandante y miró a la muralla -¿Qué vas a hacer cuando se te acabe la muralla?

-Siempre puedo tapizar el shoji -bromeó.

-Es una buena opción -consideró tomando de su té -¿En qué estábamos?

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-Fue un largo día -dijo Rukia con un suspiro dejándose caer en la cama -Al menos Narue se divirtió.

-¿Qué hicieron?

-Dibujó, jugamos con sus muñecas, fuimos al club de arreglos florales… Tu hija hace que saque la femineidad que no tengo -se rio -Y jugó con Yachiru -agregó -Me temo que debió comer muchos dulces.

-Que lo haga una vez no causa daño -dijo relajado -¿Y cómo estuviste tú? ¿Todo bien?

-Solo estoy muy cansada. He tenido sueño todo el día -bufó.

Su esposo le desanudó la yukata que usaba para dormir y fue entonces que se hizo evidente. Una pequeña barriguita. Puso su mano sobre ella, Rukia se sonrió.

No dijo nada, no le habló, no fue meloso. Solo se quedó con la mano sobre la barriguita. Pasado un tiempo la besó bajo el ombligo. Retiró la mano y beso la frente de su mujer.

-¿En qué piensas? -le preguntó al verlo pensativo.

-En algo realmente idiota e impulsivo que hice hace un tiempo…

-¿Qué cosa?

-Besar a una colega el día de año nuevo. Las mejores bofetadas que me han dado en mi existencia… y recibí muchas antes.

-¿Eso hizo que te enamoraras de mí? -se rio.

-No… fue darme cuenta que no quería despertar con nadie más a mi lado, nunca más. Eso y que, por alguna desconocida razón, eres inmune a mis ronquidos… y que eres tan preciosa -la besó -Inteligente -en la mejilla -divertida -en la otra -sexy -en el cuello.

-Eres tan tonto Shuuhei.

Sacó su nariz del cuello de Rukia.

-Y por eso me amas -le sonrió.

-También, pero te amo porque siempre buscas como hacerme feliz -se abrazó a él -Eres un consentidor de lo peor. Me gusta que busques el lado bueno de las cosas, que no te cueste reír, que seas tan transparente y directo… eso me hace sentir muy segura. Suelo saber qué esperar de ti y eso quita toda ansiedad. Contigo todo es simple, sencillo…

-Algo estaré haciendo bien -dijo orgulloso de sí mismo.

Rukia se apartó para quedar frente a él.

-Desde ese año nuevo has hecho todo bien… todo -le sonrió.

Posó las manos sobre sus hombros y se le subió al regazo. Lo besó lento, profundizando de a poco. No era un contacto de pasión superficial, era de esos besos que se dan desde el corazón. Él la tomó por la cintura con suavidad. Desde que la supo embarazada la trataba como si fuera de porcelana, había sido lo mismo con Narue. De pronto ella se apartó y se llevó una mano al vientre.

-Se movió -dijo suave.

Sentir al bebé moverse la primera vez es una mezcla entre alegría y tranquilidad. Significa que todo va bien.

-¿Se sigue moviendo? -preguntó Shuuhei con ilusión.

-Sí -respondió divertida -Mucho -se rio -Ya crecerá más y podrás notarlo.

-De momento tú eres mi informante y eso me basta. ¿Vamos a esperar que se duerma?

-Sí, me siento mal pensado que está despierto… aunque no sienta nada -se le bajó de encima y se tendió en la cama. Se rio -Es un pececito movedizo.

Shuuhei se tendió a su lado y la observaba sonreírse.

La vida está hecha de opciones y está en uno tomar la que creamos correcta. Más allá del deber o lo aceptado… tomar la opción que se intuya como la correcta, la que uno -a pesar del sentido común- sepa que será la adecuada. Ese año nuevo pudo decir que no y quedarse donde Rangiku… o pudo dejar a Rukia en su casa… o pudo no invitarla a su habitación. Pudo, cuando ella lo dejó, decidir dejar la división; pudo dejar que jugara nuevamente con él años más tarde… Pudo nunca haberle dado otra oportunidad. Pero siempre hizo lo que creyó correcto, sin pensar en los demás… sin siquiera pensar en su propia conveniencia. Había mantenido esa promesa: vivir sin pensar en el mañana, sin angustias ni temores… vivir intensamente.

-Rukia… -ella salió de su ensoñación -¿Qué esperas del resto de tu vida? ¿De corazón?

Ella ladeó la cabeza y le sonrió.

-Vivir esta vida tal como este momento… todos los días. Reír mucho, ver a nuestros hijos crecer y, al final del día, que me abraces por la espalda y me ronques en la oreja -él se rio -¿Y tú?

-Creo que esperamos lo mismo… salvo que no quiero que me ronques en el oído. Decirte que te amo, que los niños y tú son lo mejor que he hecho en esta vida -hizo una pausa -Y si algún día no estoy para decirlo, que mires a nuestros hijos y lo recuerdes.

-¡No digas esas cosas cuando tengo las hormonas por el cielo! -se puso a llorar -¿Por qué me casé con un tipo tan cursi?

-Porque en el fondo… muy en el fondo… eres tanto o más cursi que yo.

Se quedaron en silencio. Rukia sacó unos pañuelos de papel de la mesita de noche y se sonó los mocos y secó sus lágrimas.

-Parece que se durmió… -murmuró dejando los pañuelos sobre el velador.

Iban a retomar el asunto pendiente cuando la puerta de la habitación de abrió. Narue traía cara de tragedia y a su gato de felpa bajo el brazo.

-¿Pasa algo, cariño? -preguntó Rukia incorporándose en la cama -¿Tuviste una pesadilla? -la niña negó.

-Hay un monstruo en mi armario y se quiere comer al señor Bigotes -se refería al gato- ¿puede dormir con ustedes?

-Claro -respondió la madre y la niña le entregó a su peluche -¿Quieres dormir aquí también para asegurarte que el señor Bigotes esté a salvo? -la pequeña asintió y se subió por el lado de Rukia dándole la espalda -Toma al señor Bigotes -le entregó el gato -Abrázalo fuerte para que sepa que no está solo.

Ambos adultos se acomodaron al nuevo espacio. Shuuhei abrazando a Rukia, Rukia a Narue y Narue al señor Bigotes.

Rukia se volteó sobre el hombro.

-Pobre de ti que me empieces a puntear con tu depredador cuando Narue se duerma -le advirtió.

-Buenas noches para ti también, mi amor.

-Apaga esa luz.

Shuuhei sacó el brazo de entre las colchas y alcanzó el interruptor. El silencio invadió la habitación. Un primer y suave ronquido salió de entre los labios de la pequeña Narue. Otro grave y profundo sumó al ambiente a un ritmo cadencioso. Pronto se le unió uno más agudo, pero más intenso… ese era el misterio de porqué Rukia no escuchaba jamás roncar a Shuuhei mientras dormía… porque ella lo hacía más fuerte.

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Fin

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Un final dulzón para este proyecto.

Nos leemos en otro escrito.

PD: hay una canción que se me hace mucho a esta historia, es Quizás porqué de Sui Generis, merece la pena.