Memories of a bunny

Capítulo 2

Akabane Karma.

Creo que así es como se llama uno de los tíos que me ha adoptado. Y a decir verdad, estoy bastante conforme con él.

Fue el olor de la lechuga lo que me despertó y cuando abrí los ojos, la caja en la que me habían metido estaba abierta y el trozo de lechuga justo en frente de mí. No hace falta decir que después de haber estado peleándome casi toda la mañana con mis compañeros de jaula por un mísero trozo de comida procesada, estaba hambriento y casi exhausto, por lo que el hecho de ver un enorme, apetitoso y maravilloso trozo de lechuga justo en frente de mí y unicamente para mí, sin tener que compartir, sin tener que luchar por él, me hizo sentirme como el conejo más feliz de este universo.

No tardé ni dos segundos en levantarme sobre mis cuatro patitas y abalanzarme como un poseso sobre el trozo de lechuga, ni siquiera me paré a olerlo, solo empecé a comer con toda la rapidez que podía, como si alguien me lo fuera a quitar. Es una costumbre que había adoptado después de estar en ese campo de batalla lleno de penurias, también conocido como la tienda de animales. Después de haber estado años ingiriendo esa comida artificial del demonio (la cuál a veces ni podía probar) era una bendición y un milagro tener un trozo de lechuga delante de mis narices.

Estaba tan concentrado con mi cena, que no llegué a escuchar unos pasos acercarse a la caja, ni me percaté de la sombra que se cernió sobre mí. Llamadme loco, pero en ese momento quién hubiera allí era mi última preocupación, no cuando ese trozo de lechuga fresca y de calidad estaba esperando a ser comida. Y yo estoy dispuesto a hacerlo, vamos que si lo estoy, me estoy empezando a ahogar porque llevo sin respirar un buen rato. No me arrepiento, esto está demasiado bueno.

—Vaya, sí que tenías hambre.

La voz vino justo encima de mi, haciendo que por un momento me desconcentrara en mi tarea de comer hasta reventar y que levantara la cabeza con curiosidad. Reconocía en cierta medida esa voz, pero no del todo. Aunque cuando mis ojitos negros se toparon con aquellos amarillentos, reconocí al chico al instante.

Sí, era uno de los que me habían adoptado. Concretamente el que había matado al conejo de su amigo. O el que no era su amigo, no lo sé ¿Los humanos tenían por costumbre matar a las mascotas de otros como muestra de cariño y afecto? No estoy seguro, no sé como van dictadas sus relaciones y amistades, así que lo dejaré estar por el momento.

Decidí ignorarle por completo y seguir comiendo, ya que me parecía más interesante alimentarme que lo que él tuviera que decir, es verdad que debería estarle agradecido por sacarme de ese tugurio y haberme puesto comida, pero engullir esa lechuga era una prioridad para mí, en vez de tener que escucharle.

A decir verdad... Debería estar algo asustado de él ¿No? Después de todo ya mató a un conejo antes y no precisamente de una manera muy bonita, lo intoxicó.

Ostia.

Lo intoxicó.

Cuando ese pensamiento me vino a la mente, inmediatamente dejé de comer la lechuga y levanté la cabeza para mirar a ese humano con atención y el pánico empezando a invadirme.

Ahí estaba el muy desgraciado, mirándome con esos ojos amarillos y una cara normalucha. Como si no hubiera pasado nada, con inocencia. Observándome desde arriba y apoyado en sus codos, con la cabeza sobre la caja y alternando la mirada entre mi hermoso cuerpecito y la lechuga que había abandonado momentos antes.

Me da muy mala espina ¿Dónde estaba el otro chico? No me lo trago, no me creo nada. Este humano ya había matado a un conejo antes dándole de comer ¿Y si ahora me hacía lo mismo a mí? Dijo en la tienda de animales que había sido un accidente. Pero ¿Y si no lo había sido? ¿Y si es un asesino serial de conejos que disfruta viéndonos comer de su alimento envenenado? Me lo dijo mi madre en la madriguera hace mucho tiempo, que hay humanos de los que no debes fiarte, que muchos son malos, que no te quieren. Que a veces solo te buscan para cazarte, para comerte, para hacerte daño y luego fabricarse esos trapos que llevan y que llaman "ropa" contigo. Eso fue lo que le pasó a mi padre, según ella. Y para mí, que he crecido rodeado de humanos, nunca me tocaron por el grueso cristal de la jaula, pero ahora estaba fuera, me habían sacado. Y no había considerado el peligro de ello. Dios mío ¿Y si la lechuga que me acabo de comer está envenenada?

Oh dios conejil. No quiero morir así.

No puedo morir así.

Sin darme cuenta empecé a andar en círculos por la caja. Con un montón de pensamientos negativos en mi cabecita y el pelirrojo ese mirándome con curiosidad.

Mi preciada vida no puede acabar aquí, yo soy esencial para este mundo. Además, tengo muchas cosas que vivir y que experimentar. Todavía no he mordido en la mano a ningún humano como se debe, no he comido pimiento, quiero pimiento, aún no he hecho mi propia madriguera, no he conocido a una conejita que quiera procrear conmigo y no he formado mi propia camada. Quiero hacer todas esas cosas antes de morir al menos, y aunque no se me conceda, al menos que me dejen probar el pimiento y morder a alguien, por favor, lo que pido no es tanto ¿Qué voy a hacer? Esto no puede acabar así ¿Hay alguna manera de evitar que me muera intoxicado? Solo lo pregunto.

—Ey ¿Qué te pasa?— Dijo el humano encima de mí.— ¿Tan mala está la lechuga?

Bueno, teniendo en cuenta que a lo mejor la has envenenado, sí. Está asquerosa, como tu alma. Psicópata. Asesino. Sácame este alimento del demonio de mi auto proclamada caja ahora mismo, desgraciado. Como no lo hagas me abalanzo sobre ti y te dejo la cara como un colador a base de mordiscos.

Esto intenté decírselo poniéndome frente a él y levantando la cabeza con orgullo, claro que no sé cómo se lo tomó. Porque antes de darme cuenta, él había alzado las manos y me había cogido con decisión, para luego alzarme hacia arriba y mirarme con una sonrisa.

—¿Por qué te asustas tanto? No he envenenado la lechuga ni nada de eso.

¿Debería creerme eso? No lo sé, pero la forma en la que me sonreía me tranquilizaba algo, solo un poquito. Es cierto que si me estuviera intoxicando ya hubiera notado los síntomas, así que tal vez todo esto no era más que un mini-ataque de pánico sin sentido.

Eso era lo que estaba pensando mientras el humano se sentaba en el suelo y me sostenía en sus brazos, haciendo que estuviera acurrucado en su pecho y (no voy a mentir) más que cómodo.

—Si has creído que soy un asesino de conejos o algo, te diré que no es verdad. Así que por el momento, deberías estar más tranquilo ¿Vale?

Después de eso empezó a acariciarme la cabeza, con parsimonia y delicadeza, como si me fuera a romper bajo su tacto. Y no es como si me gustara que me sobase o algo, claro que no, pero lo dejaré pasar. Le creeré por el momento, pero el hecho de que me encuentre cómodo con ese humano no tiene nada que ver. No, claro que no.

Bueno sí.

Me gusta este humano ¿Vale? Me declaro culpable, pero nunca había recibido cariño por parte de uno y está bien de vez en cuando, nadie puede juzgarme. Además, estoy frágil después de haber pensado que me iba a matar, por lo que necesitaba algo de consuelo. Y encima me ha dado lechuga. Que no está envenenada, es una gran razón para cogerle cariño a un humano. Así que le perdono todos los males y dejo que me sobe todo lo que quiera, yo no me voy a quejar. Encima huele a fresa, me gustan las fresas y su pelo me recuerda al color de una. Podría acostumbrarme a estar con Akabane, que creo que es como se llama, y si no que se aguante porque no es mi culpa que los nombres humanos sean tan raros.

—Creo que puedo entender a Gakushuu y su gusto por vosotros.— Dijo el chico pensando en voz alta.— Sois calladitos, monos y bastante tranquilos.

Gakushuu, me suena ese nombre. Creo que va a ser mi dueño ¿Verdad? El chico cuyo conejo fue intoxicado y ahora necesita uno nuevo. Claro que dudo de que se entere de que el otro está muerto, porque si me han comprado a prisa y corriendo para reemplazarme es para que el pobre humano no sepa que su mascota ha sido asesinada cruelmente. Bueno, yo no tengo problema con eso, si el humano puede vivir conmigo pensando que soy otro, yo también, siempre que tenga una jaula para mí solo y comida, estará bien para mí.

Claro que también me gustaría ver a Karma de vez en cuando, cosa que creo que pasará porque son amigos ¿Verdad?

Aunque no es como si me gustara Karma ni nada de eso.

—Si te digo la verdad, me siento un poco mal por lo que he hecho.— Confesó con algo de arrepentimiento.— Solo quería enfadar a Gakushuu haciendo que su conejo me quisiera más que a él, pero lo único que he conseguido ha sido dejarle sin mascota.

Bueno, no sé qué decirle. Pero creo que darle wasabi (lo que sea que fuera eso) a un conejo, no es la mejor forma de ganarte su amor y cariño. Podría haberlo hecho de la forma que lo está haciendo conmigo: Salvándole de sus penurias de aquella tienda, dándole de comer lechuga y alimentos nada peligrosos y cogiéndole en brazos para acariciarle el lomo con cariño. Así es como un conejo llega a quererte. Pero bueno, al menos tiene el consuelo de que yo sí le estoy apreciando y no el conejo fallecido, que en paz descanse. Seguro que yo soy mejor que el otro en muchos sentidos, sin duda alguna.

—Bueno, solo espero que Ren le tenga entretenido un buen rato para que yo pueda dejarte en su casa con tranquilidad ¿Vale?— Dijo el chico sonriendo.

Vaya, así que planea dejarme esta misma noche en la casa del otro chico. Bueno, no es como si pudiera hacer nada, ese era el plan desde el principio y ambos sabíamos que en algún momento nos tendríamos que separar.

El problema está en que a mí no me hace mucha gracia el tener que separarme de Karma.

Creo que esto lo notó un poco por cómo me revolví en su agarre y por un momento pareció que iba a dar un salto para esconderme dentro de la caja, pero no lo hice más que nada porque... Bueno, porque no quiero, básicamente. No tengo que darle explicaciones a nadie. Aunque sí era verdad que me entristecía bastante tener que separarme de este humano tan pronto, a pesar de que pensaba que iba a matarme, no me ha tratado tan mal y parece simpático, incluso está arrepentido por haberle hecho aquello al otro conejo, parece ser de fiar. En cambio, no conozco de nada a mi futuro dueño, creo que eso debería preocuparme mucho más que el hecho de que a lo mejor no podré ver tanto a Karma como quisiera.

—Tu futuro dueño es imbécil.— Declaró él como si nada y con un tono algo enfadado.

Vale.

¿Puedo asustarme ya?

Como si no hubiera tenido bastante con pensar que me iba a morir, ahora encima me tengo que separar de Karma para irme con otro humano estúpido que a los ojos del único humano al que le tengo algo de aprecio es imbécil ¿Y ahora qué hago? Puede que la opción de escaparme siempre sea algo razonable, mucho más si mi nuevo dueño no es tanto como yo espero. Porque por favor, solo hay que mirarme. Yo necesito cuidados, una jaula espaciosa, comida decente, un entorno silencioso y tranquilo, mimitos, amor y cariño. Si me los da Karma mejor, pero básicamente es eso, y como mi nuevo dueño no esté dispuesto a dármelo vamos a tener un gran problema.

—Sí, sin duda Gakushuu es un estúpido pretencioso.— Siguió diciendo el humano sin ser consciente del cómo estaba empezando a desvariar.— No es más que un niño de papá que va paseándose por ahí con sus aires de superioridad, sus buenas notas, sus millones de fans femeninas, su cuerpo enfundado en el maldito uniforme del instituto que le queda como un guante y su maldita y perfecta cara que encandila a quién le mire. El muy estúpido, cómo lo odio.

Espera.

Espera, Karma, espera. Creo que me he perdido un poco.

Déjame asimilar las cosas ¿Ese humano te cae bien o te cae mal? ¿Es bueno o malo? Porque lo que acabas de decir me ha descolocado bastante.

El que sea un niño de papá es malo para un humano, pero bueno para mí porque significa que al fin viviré rodeado de los lujos y comodidades que me merezco, y no en una tienda de animales asquerosa. Pero el que tenga buenas notas (que no sé lo que es) y miles de fans, no lo veo malo, tampoco el que un uniforme le quede bien o el que sea guapo (Aunque el concepto de belleza para mí es muy distinto del de un humano, pero bueno). Para mí nada de eso supone ningún problema, pero... ¿Por qué a Karma sí?

No entiendo nada.

—Y encima va el estúpido y resulta que al final tiene sentimientos, cuando pensaba que ya dormía en una cripta y se guardaba los corazones empalados de sus víctimas en el armario, va y resulta ser un maldito niñato solitario, comprensivo y con un conejo de mascota al que parece querer más que a su familia. Venga ya, lo que me faltaba.

Me estoy confundiendo.

¿Ese humano es igual de malo que un zorro o igual de bueno que un ratoncito? No es por nada, pero es que mi escala del bien y el mal se divide así y en este momento no sé cómo calificar a ese chico. Karma lo está describiendo de una manera que no entiendo, como si pareciera enfadado con él, pero a la vez diciendo cosas buenas. No tiene ningún sentido ¿Los humanos son siempre tan contradictorios?

Karma, me pareces guapo, que hueles bien y que eres mi salvador. E incluso se me ha pasado por la cabeza que podría enamorarme de ti, total, nadie me lo impide y no estoy en contra del amor entre especies.

Pero pienso que estas completamente pirado y la forma en la que hablas de mi futuro amo me da una mala sensación. No sé lo que quieres de él, ni lo que sientes hacia él, pero teniendo en cuenta que le has matado a la mascota y a la vez pareces tenerle algo de admiración, tiene que ser un sentimiento que sólo los humanos conocen. Porque nunca he escuchado hablar de él ni lo he sentido, por lo que en este momento se escapa completamente de mi privilegiada y maravillosa cabecita.

—De todas formas no importa lo que te diga, vas a caer rendido a sus pies, igual que todos los demás.— Acabó diciendo mientras me levantaba y me miraba a los ojos.— Es tan perfecto en tantos sentidos que es imposible odiarle del todo, hazme caso.

¿Perdona?

¿Me estás diciendo que hay un ser más perfecto que yo? ¿Que hay un humano que osa ser más maravilloso que yo? ¿Y que encima ese humano va a ser mi amo?

No me lo creo.

No hay nada más perfecto que yo, desgraciado inculto. Solo tienes que mirarme para darte cuenta.

Me había enfadado tanto por aquello que estaba a punto de morderle debido a la indignación y el enfado que sus palabras habían causado en mi cuerpecito, pero antes de que lo hiciera un sonido estridente sonó por la casa, sobresaltándome y haciendo que me encogiera en sus brazos con rapidez.

Dios conejil, que susto más grande. Por un momento he pensado que se me iba a salir el corazón por la boca ¿Qué demonios ha sido eso? ¿La llamada de Satanás? ¿Un alarido de emergencia? ¿Un grito? Por favor, no me explico cómo pueden vivir los humanos con ese ruido, Karma ni se ha inmutado a pesar de que ha sido horrible. O esta gente tiene una capacidad auditiva equivalente a una piedra de río o es que yo soy tan genial que lo puedo sentir todo. Y creo que tengo razón en los dos razonamientos.

—Vaya, el timbre. Eso significa que es Sakakibara y que es hora de que te lleve a tu nuevo hogar.— Dijo Karma levantándose y aproximándose a la caja.

¿Timbre? ¿Eso era lo que había sonado? Pues joder, parecía que estaban matando a algo. De ahora en adelante me cuidaré de eso que se llama timbre, sea lo que sea, no vaya a ser que me mate de un infarto o algo peor.

Eso era lo que pensaba mientras Karma volvía a dejarme en la caja y me miraba con una leve sonrisa. Será desgraciado, me sigue pareciendo el humano más bello que he visto nunca, pero el hecho de que está loco sigue estando ahí. Pero mira, puedo perdonárselo todo siempre y cuando me dé otra hoja de lechuga fresquita y apetitosa para zamparme por el camino hacia mi nueva casa. Sí, eso era todo lo que necesitaba.

Intenté decírselo pegándole una patada con mi patita a la otra lechuga, que estaba a medio comer y ya no parecía nada apetitosa, pero Karma solo me sonrió más mientras empezaba a andar con la caja en la mano. Que por cierto, me iba a marear, porque ir metido en una caja cutre y que vayan zarandeando a esta, es un asco. Pero es la vida que me había tocado vivir, mira que bien.

—Lo siento, te daría un trozo de lechuga, pero tenemos que irnos.— Contestó Karma con un tono de voz algo pensativo.— Te pediría que no cayeras en la trampa de Gakushuu y te enamoraras de él. Pero es bastante difícil hacerlo si yo estoy metido en esa trampa de lleno.

Espera, espera, espera.

¿He oído bien? ¿He entendido bien?

¿Karma no va a darme más lechuga?


Hola ~

Ay, después de una semana de exámenes y exámenes y lágrimas y exámenes y ganas de tirarse por un balcón y más exámenes, aquí os traigo la segunda parte de este... Fic, o como queráis llamarlo, porque yo no sé cómo considerarlo (?) Tengo tantos fics y proyectos que hacer y que seguir que ya dudo de que siga un orden, así que no sé qué deciros porque ni siquiera yo sé lo que voy a continuar o a traducir después de esto, tengo un cacao mental impresionante, pero al menos os traigo conejitos para compensar ~

En este capi básicamente el conejito escucha las primeras impresiones de Gakushuu... Dadas por Karma de una manera sutil y sana (?) No sé qué más explicar dado a que este fic están hecho de una manera que dudo que haya que explicar algo, todo lo hago por el "humor", si es que lo queréis llamar así, por lo que (?)

Solo espero que a alguien le haya gustado ~

Nos vemos (~*-*)~ ~(*-*~)