UN GIRO EN EL TIEMPO

—así que vienes del futuro— dijo Terry (como había pedido que lo llamara) después de dos horas de explicarle de mil y un formas posibles que ese era mi departamento, aunque en otro tiempo— eso es... poco común— dijo en un tono lleno de tranquilidad. Claro, los ingleses eran muy buenos ocultando sus verdaderos sentimientos.

—¡poco común! — exclamé— ¿cada cuánto tiempo ves a personas que te dicen son del futuro?. — dije perdiendo la poca calma que me quedaba; después de todo yo no era inglesa.

—nunca había conocido a ninguno— respondió— pero te creo— dijo levantándose del sofá en el que los habíamos sentado. (Los míos eran más cómodos) —¿un poco de té? Apuesto a que te mueres de frío.

—no estaría mal— dije levantándome también para asomarme una vez más por la ventana. En un par de horas ya había visto tres carruajes y aún no me hacía a la idea de no ver taxis amarillos y espectaculares sobre los edificios. Bueno, ni siquiera había grandes edificios todavía.

—ya que no estás tan sorprendido como una persona normal debería estar ¿tienes idea de cómo puedo regresar a mi tiempo? — pregunté una vez que Terry me dio una taza de té caliente.

Él se encogió de hombros y miró a un punto perdido en el lugar.

—Terry... Terry— dije intentando llamar su atención.

—discúlpame; estaba pensando— dijo dando un trago a su taza.

—en cómo puedo regresar— dije esperanzada.

—no, en Susana— respondió.

Yo levanté las cejas. Este muchacho era demasiado honesto y extraño. Tenía frente a sí a una mujer que decía que venía del futuro, lo cual podía ser una mentira y yo en realidad era una psicópata que intentaría matarlo

y se ponía a pensar en una chica.

—tu novia— afirmé intentando conservar la calma.

—¡desde luego que no! — exclamó rápidamente— es una compañera de trabajo— dijo segundos después.

—¿a qué te dedicas? — pregunté, aunque sabía bien la respuesta.

—soy actor de teatro— respondió orgulloso.

—¿de los buenos? — pregunté con cierta ironía. Supuse que le fastidiaría que le preguntara eso ya que la respuesta que daría era obvia.

—de los mejores— respondió y el término orgulloso le quedó pequeño.

Miré a la pared donde estaba colgado el afiche de Romeo y Julieta; en él aparecían los nombres de Terrence Gandchester y Susana Marlow como actores principales.

—nunca he visto Romeo y Julieta en teatro— dije con pesar y Terry abrió los ojos como platos.

—¡qué! — exclamó como sí hubiera dicho lo peor del mundo— ¿cómo es eso posible?

—bueno, pues...en mi tiempo no se le da demasiada publicidad al teatro clásico; ahora hay obras de teatro, más...contemporáneas— le expliqué.

—no puedo creerlo— dijo negando con la cabeza— no me gustaría vivir en tu tiempo.

—no es tan malo como crees— dije añorando el siglo XXI. Terry asintió con la cabeza e hizo una mueca llena de ironía; era claro que no me creía— ¿puedo saber por qué no estás tan sorprendido por lo que te acabo de decir?— pregunté ya sin poder soportar la curiosidad.

—no lo sé— se encogió de hombros— me resulta fácil creerlo simplemente— se quedó callado por unos segundos y después dijo— mi madre solía contarme la historia de un viajero en el tiempo cuando era niño, supongo que por eso no me resulta sorprendente, además todo es posible—agregó con una media sonrisa que no hizo más que recordarme a mi padre; el hombre alto, atractivo y fuerte que me había criado, cuidado, mimado y que era nieto de Terrence Grandchester y, por lo tanto él era mi bisabuelo. En ese aspecto preferí callar, seguramente si le decía nuestro parentesco familiar le iba a dar un ataque y me haría mil preguntas sobre su vida.

—el viajero del tiempo, ¿pudo regresar a su tiempo real? —pregunté.

—sí, después de un par de semanas. Según el cuento que me contaba ella, el viajero fue hasta otro tiempo con un propósito en especial y no podía irse hasta que no cumpliera lo que debía hacer— dijo Terry— pero eso es un cuento y me parece que lo de los viajes en el tiempo es algo mucho más complejo que eso así que hay que averiguar cómo puedes volver al horrible siglo XXI— dijo burlón mientras se levantaba de su lugar y tomaba las tazas de té que se habían vaciado hacía ya algún tiempo.

Cuando llegó a la cocina escuché que murmuraba algo que me fue imposible entender así que le pregunté ¿qué ocurría?

—quiero que todo salga bien en los próximos días y para ser honesto tu situación no ayuda a mis planes.

—¡vaya! Gracias por la sinceridad— dije con sarcasmo—créeme que esto tampoco me ayuda a mí, tengo una vida que está yendo a la basura y necesito arreglarla.

—lo primero que tienes que arreglar es cómo regresar a tu verdadera vida— dijo tranquilo después de varios segundos— deberás quedarte aquí. Si alguien te ve así llamarás la atención.

No había pensado en ello. Necesitaba un lugar donde quedarme ya que no podía permanecer en mi apartamento que en eso momento no era mío.

—¿no tendrás problemas? — pregunté después de pensar en el escándalo que se generaría sí alguien se enteraba que una mujer desconocida se alojaba en casa de Terry.

—¿se te ocurre una idea mejor? — preguntó comenzando a perder la paciencia conmigo. No, no tenía una mejor idea. No podía arriesgarme y salir así, vestida como estaba por las calles de Nueva York a principios del siglo XX. Simplemente no era una buena idea.

Minutos después ya me estaba instalando en mi habitación o, mejor dicho, la habitación de Terry. Como es lógico tuve que acostarme con la ropa que llevaba puesta. Sólo me había quitado las botas y desabrochado la chamarra. Yo usaría la habitación y Terry dormiría en el sofá.

Le dije más de una vez que yo podía dormir en el sofá y él en su habitación, pero se negó diciendo que estaba acostumbrado a dormir así, incómodo.

No dije más y dormí en su habitación. O al menos eso intenté porque el hecho de estar en una época que no era la mía me tenía tan confundida y desorientada que no pude cerrar los ojos hasta las tres de la madrugada.

Esto era terrible. Pronto amanecería, Matt llegaría a mi apartamento y no me encontraría por ningún lado. No sabía cuánto tiempo pasaría y, si eran más de veinticuatro horas, entonces me darían por desaparecida y no habría lugar donde me pudieran hallar a menos que la policía tuviera una máquina del tiempo secreta y la utilizara para encontrarme durante la Primera Guerra Mundial.

Estando ya sola y segura que no era un sueño tuve un miedo terrible, este tipo de cosas no ocurren sólo porque sí. Debía haber una explicación lógica, relacionada con la física y esas cosas. Tenía que investigar y encontrar la manera de regresar a casa si no quería quedarme por siempre en el siglo XX y vivir los años veinte, la crisis económica de 1929, la próxima guerra mundial, el no poder trabajar en lo que yo quisiera, el ser libre y lo peor de todo, no volver a ver a Matt mi a mi familia.

Un par de lágrimas brotaron de mis ojos, me encogí y abracé la almohada mientras comenzaba a recordar la vida que había llevado y lo lejana que era ya.

Desperté poco antes del amanecer. A pesar de que no había dormido muchas horas no me sentía cansada ni somnolienta. Al abrir los ojos me encontré en la habitación de Terry, no en la mía donde había un televisor, un armario lleno de ropa mía. El libro que están leyendo tampoco estaba en la mesilla de noche, ni siquiera estaba la mesilla de noche. Sentí desesperación. Me había dormido con la esperanza de que al despuntar el día yo estaría en mi casa y en mi tiempo. Me levanté de la cama y me puse las botas. El frío era insoportable, era todavía peor que el que había sentido el día anterior. Sujeté mi cabello con una liga que encontré en mi chamarra y salí de la habitación. Para mi sorpresa, Terry ya estaba despierto. Lo encontré sentado en el comedor, una taza de té lo acompañaba.

—hola— dije acercándome.

-— entones es verdad— respondió con voz divertida— creí que había bebido de más ayer y que alucinaba.

—me encantaría ser un producto de tu imaginación. —agregué mientras me sentaba a su lado.

Terry asintió y me miró fijamente sin decir una palabra. Yo me sentí cohibida, sus ojos azules eran intensos y penetrantes, se parecía tanto a mi padre.

—te serviré café— dijo de pronto y se levantó para ir a la cocina. Tomó una taza y la llevo llena de dicha bebida.

—creí que estabas tomando té.

—no en las mañanas— sonrío y puso la taza frente a mí.

Dejó que disfrutara del café, era como el que yo tomaba. Su silencio me inquietaba, no tenía idea de lo que pasaba por su mente.

Después de varios minutos volvió a levantarse de la mesa.

—tengo que salir un momento. No le abras a nadie— me indicó al tiempo que se ponía su abrigo.

—¿a dónde vas?— pregunté con miedo de quedarme sola.

— al hospital— respondió y salió sin darme más explicaciones.

Terry me confundía, no parecía demasiado sorprendido por mi situación. ¿Acaso no era un problema grave? Por la noche él mismo había dicho que esto no le ayudaba en su vida. Dijo que tenía planes, pero no cuáles. Y ahora iba al hospital, ¿a quién iba a ver? Mi cabeza tenía más preguntas que repuestas en ese momento.

Lavé lo que había en el fregadero y arreglé la cama en la que había dormido. Mientras lo hacía, intenté no pensar en mi situación, pero no tardé mucho en acabar así que una vez más me sumí en la desesperación de no saber qué hacer.

Me asomé por la ventana para ver la ciudad de día. Las mujeres usaban largos vestidos y de manga larga. Llevaban abrigos también y casi todas usaban guantes. Los hombres usaban trajes, sombreros y también abrigos acogedores. La ropa era mi primer problema, no podría salir nunca usando pantalones ajustados.

Los carruajes aún imperaban y solo pude ver tres autos pasar. El único lugar en el que yo había visto caballos era en el hipódromo y fue una sola vez en la que mi papá nos llevó a mi hermana y a mí.

Me alejé de la ventana y tomé mi bolsa, lo que fuera que llevara tenía que cuidarlo. No podía arriesgarme a dejar algo del futuro botado por algún lugar. No sabía qué consecuencias podría tener.

En mi bolso no llevaba nada tecnológico, mi teléfono celular lo había dejado en la entrada cuando recogí la correspondencia. Llevaba una libreta de notas, bolígrafos, un espejo de bolsillo, rubor, un labial, un cepillo y pasta de dientes de bolsillo. Estar tanto tiempo fuera de casa me había enseñado a llevar lo indispensable conmigo siempre. También estaba mi cartera y otras cincuenta cosas que no sabía si me servirían.

La vida en el edificio comenzó cerca de las ocho de la mañana. Escuché pasos, voces y risas por el corredor. Esperaba que no hubiera una mujer anciana y entrometida que se diera cuenta de mi presencia. Por fortuna nadie llamó. Estaba segura en casa de mi joven bisabuelo.

Cerca de las once de la mañana regresó Terry con una enorme bolsa.

—¿qué tal tu día?— preguntó.

—he tenido mejores— respondí.—¿puedo saber dónde has estado?

—fui al hospital, al teatro y a hablar con la señora que viene a limpiar. Le pedí que no viniera hasta arreglar esta situación. No es buena idea que alguien te vea.

Asentí con la cabeza tras su explicación.

—¿por qué estás tan tranquilo?—pregunte cuando puso la bolsa sobre la mesa del comedor. Le había preguntado lo mismo anteriormente, pero su respuesta no me satisfacía. — me creíste fácilmente y me dejaste dormir en tu casa. ¿Esto no te resulta extraño?

—es lo más extraño que me ha pasado en la vida— respondió— pero supongo que terminaste en mi casa por alguna razón y debo aceptarlo.

—pero...anoche dijiste que interfería en tus planes.

—y lo haces. Espero a mi novia, vendrá de Chicago dentro de unos días.— me interrumpió abruptamente. La calma y honestidad de Terry me tenían verdaderamente mareada.— pero no es tu presencia lo que ahora me preocupa.

—¿ah no?

—no, curiosamente me agradas. Aunque nunca hayas visto una representación de Romeo y Julieta. — bromeó. Él también me agradaba, después de todo cada cuánto tienes la oportunidad de conocer a tus antepasados.

—entonces, ¿qué te preocupa?

—Susana.

—¿esa Susana?— pregunté señalando el cartel de la obra. Terry asintió—¿qué pasa con ella?

Terry inhalo profundo y comenzó a contarme una historia verdaderamente trágica. Susana estaba enamorada de él, pero Terry tenía novia y se llamaba Candy. Se habían conocido en Inglaterra durante el colegio y por terribles razones se vieron obligados a separarse y viajar a Estados Unidos. Así, ella se había convertido en enfermera y él en actor. Cuando volvieron a comunicarse Susana ya estaba en la ecuación.

Semanas antes a mi llegada Susana había tenido un accidente en el teatro al salvar a Terry de que unas luces le cayeran encima. Había sido grave y desde entonces la actriz estaba en el hospital.

—fuiste a verla hoy— afirmé.

—he estado ahí todos los días— contestó tallándose los ojos. Estaba cansado.

—no debe ser fácil tener que decírselo a tu novia.

—para nada. No sé cómo va a reaccionar... — se pasó una mano por el cabello y volvió a respirar con pesar—de hecho tengo una idea y eso me preocupa porque creo que será lo mejor.

—¿de qué hablas?— pregunté intrigada. Cualquier decisión de Terry afectaba mi existencia.

—tal vez deba quedarme al lado de Susana, después de todo ella me salvó la vida, se lo debo.

Su declaración me dejó sin palabras. Estaba dispuesto a sacrificar su amor por Candy y quedarse con Susana. Eso era demasiado, no podía hacer eso ¿o sí?...

No sabía qué decirle así que me quedé callada y esperé a que él siguiera hablando, pero se había sumido en sus pensamientos una vez más. En ese momento entendí que lo que le ocurría era demasiado y que por eso mi presencia era el menor de sus problemas.

—traje algo para ti— dijo cambiando por completo su semblante. Al parecer sus habilidades de actor también las utilizaba en la vida cotidiana. Se levantó del sofá y fue hasta la bolsa que había traído. Sacó un vestido largo y pesado. Era blanco con listón morado en los bordes y en la cintura. Las mangas llegaban hasta los codos y el cuello era redondo y muy amplio. — no encontrarás respuestas en este lugar, tendrás que salir y no lo harás con eso puesto. — señaló mi ropa e hizo un gesto de disgusto.

—gracias— dije tomando el vestido entre mis manos. No era feo, pero no estaba acostumbrada a ver tanta tela formando una sola prenda. — había pensado ir a la biblioteca, tal vez encuentre algo ahí, en el área de ciencias.

—supongo que es un buen lugar para comenzar— asintió— vístete y te llevaré.

—Gracias otra vez.

Entré a la habitación y me cambié. No quise pensar en el hecho de no poder bañarme. De mi bolsa tomé lo necesario. Por fortuna también llevaba una pequeña crema para manos y un frasquito de perfume que me habían obsequiado en una tienda departamental cuando compré un perfume para mi mamá la Navidad pasada.

Salí del cuarto y Terry asintió complacido. —ahora si pareces humano— se burló de mí— también te conseguí un abrigo. El clima no es muy amistoso últimamente.

—¿de dónde sacaste esto? — pregunté intrigada— espero que no lo hayas comprado.

—no, lo saqué del teatro, del cuarto de utilería. Nadie notará que faltan cosas. — respondió.

Cuando llegó el momento de salir me quedé trabada en la puerta, presa del pánico, pero Terry literalmente me empujó para que cruzara la puerta. El edificio era sumamente diferente al que yo vivía, pero era el mismo. Cien años después yo estaría mudándome a ese lugar.

Terry caminó detrás de mi unos metros y cuando llegamos a las escaleras me ayudó a bajar. El largo del vestido se atoraba entre mis pies y lo pisaba o jalaba con cada movimiento que hacía. Tenía que andar con cuidado pues llevaba las mismas botas con las que había llegado del siglo futuro.

Cuando llegamos al final de las escaleras Terry miró por todos lados. No había nadie en el pasillo, así que nadie se enteraría de mi existencia, por el momento.

—te dejaré rápido en la biblioteca y volveré al hospital. La madre de Susana tiene que arreglar unas cosas y no podemos dejarla sola.

Asentí, pero no me gustó el plan. No quería estar sola en Nueva York y tampoco quería que Terry estuviera solo en esos momentos. Él tenía razón, si yo estaba en ese momento con él era por algo y tal vez era para hacerle compañía, sin importar lo que pasara.

—tengo una mejor idea— dije deteniendo el paso. Terry me miró enarcando una ceja. — déjame ir contigo al hospital.


Aquí les dejo el segundo capítulo, gracias por sus comentarios a: Mary men, Gatita, Darling eveling, Eli Diaz, Katnnis, Dianley, Mimi, Aurasi y a quienes dejaron un comentario de manera anónima, espero les guste la continuación de la historia.

Saludos