UN GIRO EN EL TIEMPO

La biblioteca de la ciudad de Nueva York era sumamente diferente a la que yo conocía, pero era mi única fuente de información en ese momento así que después de preguntar en el mostrador por el área de ciencias Terry y yo nos internamos en medio de todos esos libros.

Durante una hora estuve sacando y metiendo libros de los estantes. No esperaba encontrar algo a la primera búsqueda, pero no sabía exactamente qué palabras clave buscar.

—ahora vuelvo— dijo Terry de pronto y se perdió entre los pasillos.

Yo seguí buscando. Encontré primeras ediciones de muchos experimentos y trabajos científicos que había visto en la escuela. También ensayos sobre biología y química, algunos sobre física y hasta un ejemplar de anatomía que había sido mal archivado.

—encontré esto— dijo Terry tendiéndome un libro. Es lo único que hay por el momento.

— La máquina del tiempo de Herbert George Wells— leí en voz alta y un joven del pasillo de al lado murmuró una queja. —¿es un chiste? Esto es ficción.

—es lo que hay—dijo con voz serena— échale un vistazo, tal vez encuentres algo.

—¿quieres que construya una máquina del tiempo?

Terry se encogió de hombros y caminó hasta las mesas de lectura que había al centro. Yo lo seguí con el ejemplar en la mano. Nos sentamos y comencé a hojear el libro. Hasta ese momento me di cuenta de que él traía otro consigo y también comenzó a leerlo tranquilamente. Eran sonetos de Shakespeare…

En los primeros capítulos sólo encontré una idea; el tiempo era una cuarta dimensión a través de la cual podíamos movernos. En la historia, El Viajero del Tiempo explicaba a unos hombres su teoría y cómo funcionaba su máquina para viajar al pasado y al futuro. Un capítulo después les contaba cómo había sido su primer viaje tan detallado que me sentí en la montaña rusa que él refería. No podía negarlo, era una magnífica historia de ciencia ficción, pero no me daba muchas esperanzas.

Terry detuvo su lectura y se levantó. Vi cómo se perdía en el pasillo de literatura. Tal vez esto era un paseo para él.

Volví mi vista al libro, pero antes de poder continuar con el cuarto capítulo una voz llamó mi atención.

—es curioso que te interese ese tema— dijo un hombre tal vez unos años mayor que yo. Usaba traje gris y llevaba tres libros en el antebrazo. Era alto, su cabello era castaño y sus ojos también eran cafés. Me sonrió y señaló mi libro.

—es un tema interesante— respondí buscando a Terry con la mirada.

—¿te gustaría viajar en el tiempo? — me preguntó.

—es imposible— dije con una sonrisa fingida. No había hablado con muchas personas de este tiempo y el hombre me ponía nerviosa.

— hasta ahora — me respondió por lo bajo y sonrió. Al ver que yo no decía más decidió retirarse. Se despidió con una breve inclinación de cabeza y salió de mi radar.

Minutos después Terry regresó con otro libro de Shakespeare. Le conté lo que había pasado, pero no le dio importancia.

—tal vez intentaba conquistarte— bromeó.

—creí que había un protocolo para eso— le contesté. —¿dónde están los caballeros?

— en peligro de extinción— sonrió y una vez más me recordó a mi padre— así que debes cuidarme, prima.

—¡mocoso engreído! — repliqué divertida.

—es la segunda vez que me llamas mocoso— se puso un poco serio, pero sabía que estaba jugando— respeta a tus mayores jovencita. — me reprendió.

—tengo veintiséis, soy mayor que tú.

—nací más de cien años antes que tú, soy tu mayor. — tenía razón, pero era divertido jugar con la idea.

Reímos y un coro de voces nos reprendió. Era momento de irnos pues era seguro que ese día no iba a encontrar nada.

Salimos de la biblioteca y caminamos un par de calles para llegar al auto de Terry. Su Nueva York era sumamente diferente a la mía, en 1914 apenas estaba en desarrollo. Había menos personas y menos bullicio, eso me gustaba.

—caminemos un poco— dijo cuando llegamos a su auto. Asentí y comenzamos a andar en dirección a un pequeño parque que en mi tiempo ni siquiera existía.

Estaba pensativo. Caminaba con la frente en alto, pero con un gran peso sobre los hombros. Nos detuvimos en una banca y nos sentamos en completo silencio. No necesitaba saber en qué estaba pensando así que lo dejé tranquilo y me dediqué a observar la ciudad.

—¿cómo lo resolverían en tu tiempo? — me preguntó de pronto.

—¿lo de Susana? — pregunté para confirmar que estuviéramos en el mismo canal. Él asintió. — no creo que sea una cuestión de épocas sino de buscar y explotar todas tus opciones.

—te escucho— me miró atentamente y yo respiré profundo para expresarme.

—crees que lo mejor es quedarte a su lado, ¿no? — él asintió con pesar— y supongo que si estuvieras solo no te importaría, pero está Candy y tú la amas, ¿cierto? — volvió a asentir, no le estaba diciendo nada nuevo, pero me escuchó atentamente. — creo que lo mejor para todos sería hablar con la verdad. Dile a Susana lo que pasa por tu mente y por tu corazón y escucha también lo que ella tiene que decir. — frunció el ceño— te apuesto lo que quieras a que no has tenido una conversación seria con ella desde el accidente. No te culpo, su madre siempre está a su lado y la manipula a su antojo, pero yo creo que Susana es una persona madura. Lo fue para salvarte la vida y lo será para lo que venga, pero si siguen evadiendo la realidad ninguno va a salir del dilema en el que está.

—¿Susana está en un dilema? — preguntó incrédulo.

—ella cree que porque te salvó la vida tú debes entregársela para que haga y deshaga a su antojo, pero en el fondo sabe que no es lo correcto y que ninguno de los dos será feliz si están juntos en la forma en la que piensan. Sólo que ninguno es capaz de tomar una decisión… dime algo, ¿has pensado cómo será tu futuro con ella como tu esposa?

Negó levemente con la cabeza y se talló los ojos.

—una constante pelea— dijo al fin— a veces siento que me odia y me asusta porque yo soy el que debería estar en el hospital en este momento. Pero otras veces me mira como si yo fuera lo único que tiene en el mundo y eso me aterra aún más porque es cuando siento que debo quedarme a su lado sin importar nada, ni nadie.

—si la haces tu esposa, ¿crees que ella será feliz? — volví a preguntar.

—no

—¿y tú?

—tampoco. Siempre cargaremos con los murmullos de la gente. Ayer salió un artículo en el periódico en el que decía que desde ahora yo le debo mi vida y mi carrera a Susana. Pero si la abandono también dirán que soy un malagradecido, un hombre sin honor.

—Terry, si hay algo que he aprendido en mi vida es que la gente siempre va a murmurar. No importa si haces lo correcto o lo incorrecto. Nunca estarán contentos con tu vida. Así que no hagas tanto caso de lo que dicen y haz lo que tú creas que es correcto para ti, para ella y para Candy. Dime cómo te imaginas tu vida con Candy.

Sonrió como el joven que era, solo el nombre de su novia le cambiaba el semblante.

—feliz, no sé cómo, pero feliz. Es ella a quien amo y a quien temo hacer mayor daño. Si me caso con Susana, Candy va a sufrir porque volveré a dejarla y esta vez para siempre. Si abandono a Susana y me quedo al lado de ella sufrirá porque no creerá que es lo correcto. Sin importar lo que decida Candy va a sufrir.

Volvió a tallarse los ojos y me di cuenta que cada vez que lo hacía era para evitar que las lágrimas corrieran. Claro, los hombres no debían llorar, pero ¿qué pasaba con los chicos?

En unos segundos se repuso. Estaba acostumbrado a hacerlo y eso me partía el corazón.

—no cedas antes la más fácil de las soluciones, porque lo que hagas no lo podrás revertir y no querrás arrepentirte toda tu vida por una mala decisión. — dije con tranquilidad y sentí una bofetada en el rostro con mis propias palabras. Yo también había tomado decisiones y ahora me arrepentía. Pero Terry aún no la tomaba, él tenía más oportunidades que yo.

—¿y si no hay otra solución? — preguntó.

—siempre hay otra solución. — le respondí poniendo mi mano en su hombro. — y si no la encuentras, entonces construiré una máquina del tiempo y en lugar de ir al futuro iremos al pasado para volver a intentarlo.

Mi chiste hizo que sonriera un poco. Asintió y me miró fijamente.

—gracias— dijo sincero y le sonreí.

Nos quedamos callados otra vez. Lo que le había dicho a Terry tendría consecuencias y no sabía si eran para bien o para mal en mi futuro, pero no había podido contenerme. No me gustaba verlo así. Para mí no era justo que siendo tan joven cargara con una culpa y una responsabilidad de ese tamaño.

El hombre que había visto en la biblioteca pasó frente a nosotros y al vernos inclinó la cabeza nuevamente. Terry hizo lo mismo y yo esbocé una sonrisa. ¡Qué rayos nos veía!

— es el hombre de la biblioteca— le dije a Terry mientras el hombre pasaba frente a nosotros y hacia su saludo.

— no te asustes, no creo que sea peligroso. — me dijo quitándole importancia al asunto.

Tal vez tenía razón y solo era un hombre amable que saludaba a todo el que pasaba a su lado.

—vamos a comer— dijo Terry— me muero de hambre.

Nos levantamos y fuimos hasta su coche. Le pregunté cómo lo había comprado y me dijo que había ganado una buena suma con su papel protagónico y que lo había adquirido antes del accidente de Susana. También me contó sobre una casa que quería comprar pues su departamento ya no se le hacía cómodo.

—es muy pequeño. No entiendo por qué vives ahí— me dijo.

— es lo que puedo pagar— contesté. No iba a decirle que el departamento era de mi familia y que mi padre me lo rentaba a un mínimo precio para que yo no gastara en otro lugar.

—¿cuánto tiempo has vivido ahí?

— dos años.

La conversación de nuestra casa terminó ahí y minutos después llegábamos a un restaurante de comida italiana que milagrosamente había sobrevivo al paso del tiempo y que yo conocía, claro que, con notables diferencias, pero el lugar era el mismo, no había duda.

Elegimos una mesa alejada de la gente para poder hablar de viajes en el tiempo y matrimonios forzados en completa calma y libertad.

Mientras esperábamos nuestra comida Terry me interrogó sobre mi vida.

—sabes casi todo de mi, pero yo no sé mucho de ti, solo que vienes del futuro y que nunca has visto Romeo y Julieta. — ¡otra vez con lo mismo! No me iba a dejar en paz con eso de la obra.

—¿qué quieres saber?

— háblame de tu familia.

Los focos de alerta se prendieron en mi cerebro. No iba a hablarle claramente sobre su descendencia. Omitiría nombres, apellidos y fechas.

—tengo un papá, una mamá y una hermana— respondí con una sonrisa infantil.

—¡vaya! ¡Cuánto detalle! — agregó con sarcasmo.

—mi hermana es mayor que yo. Estudió medicina y trabaja en un hospital, está casada y tiene un hijo de cuatro años. Mi mamá también es médico y mi padre fue periodista en sus mejores años, ahora da clases de periodismo en la universidad de Nueva York.

—y tú eres publicista— afirmó Terry— exactamente ¿qué haces? — me preguntó.

Le expliqué lo que hacía en la agencia y los demás campos de trabajo de un publicista.

—yo podría ayudarte a manejar tu carrera de actor— le dije— tú solo tendrías que preocuparte por actuar y yo haría todo el papeleo.

—puedo solo— dijo de inmediato— gracias.

El camarero trajo nuestra orden y yo comí la pasta más deliciosa del mundo. Comprendí por qué el lugar aún existía en el siglo XXI, la comida era estupenda.

—¿y tus abuelos?

— los papás de mi mamá administraban un hotel que ahora maneja el mayor de mis tíos. Y mis otros abuelos, bueno, ella fue bailarina de ballet y él era gerente de un banco, en un inicio, después logró hacerse accionista e hizo fortuna. Los hermanos de mi papá son los que se encargan ahora de ese negocio y a él le dan lo que le corresponde por herencia.

—no les ha ido mal... Entonces ¿por qué vives en un departamento como el mío? — volvió a preguntar.

—cuando terminé de estudiar me empeñé en hacer todo por mí misma. Me sentía lo suficientemente capaz de llevar las riendas de mi vida profesional y económicamente. Así que busqué trabajo y un departamento que pudiera pagar con lo que empezaba a ganar. No era mucho así que cuando encontré TU departamento a un buen precio lo tomé.

La historia era más o menos como se la había contado a Terry...

Sí había buscado trabajo y casa por mi cuenta y al salir de la universidad me había ido a vivir con un par de amigas. todo había ido bien hasta que una de ellas se había mudado a Chicago y la otra había comenzado a llevar a su novio un día sí y el otro también al departamento. La presencia del hombre era insoportable pues creía que estaba en su propia casa y arrasaba con todo lo que había en la alacena y la nevera.

Me harté de la situación y busqué departamento. Matt me había ofrecido ir a vivir con él, pero yo no estaba lista para eso y mis padres, por muy modernos que fueran y por mucho que quisieran a mi novio no aprobaban la idea. Así que mi padre me ofreció el departamento a un precio que yo pudiera pagar. Acepté sus condiciones y me mudé.

—¿cómo conociste a tu novio? — me preguntó.

Fue mi turno de sonreír con solo recordarlo.

—fue el último año de escuela. Él estudiaba literatura, también en último grado. Lo conocí en época de exámenes. Yo estaba a punto de tirar la toalla en una materia. Una tarde fui a.…un restaurante de la zona y ahí estaba él. Charlamos un poco y no nos volvimos a ver hasta después de periodo de exámenes. Él estaba celebrando con amigos y yo también y.…el resto es historia...

Esta vez la historia no había sido tal como se la conté a Terry, pero había detalles que era mejor callar. Después de todo era mi bisabuelo.

El interrogatorio terminó al igual que la comida. Cuando salimos el frio de la ciudad me caló los huesos. Metí las manos en los bolsillos del abrigo y encontré los billetes que Terry me había dado por la mañana. Se los regresé, pero insistió en que me los quedara por si en algún momento necesitaba algo y él no estaba presente. Le agradecí y volví a guardarlos.

De vuelta a casa no hablamos de nuestros problemas. Terry me mostraba su ciudad y yo le contaba detalles de la mía. La diferencia era estratosférica, pero intenté no ser tan explícita en mis descripciones para no provocar un colapso nervioso en Terry.

Cuando llegamos a casa, Terry se aseguró de que no nos vieran entrar. No quería causar un escándalo y yo tampoco. Entramos con sigilo al departamento e inmediatamente Terry se cambió de ropa y salió.

—Iré a ver a Susana— me dijo antes de cerrar la puerta. —estás en tu casa.

Claro que estaba en mi casa, pero no con mis cosas. Me quedé observando el lugar no sabía en qué ocupar mi tiempo así que me senté durante un rato en el sofá esperando recibir iluminación divina, pero nada.

Me dirigí a la ventana y miré por largo rato la ciudad. De repente los recuerdos de mi vida vinieron a mi memoria. Recordé las navidades en casa de mis abuelos, los veranos en los campamentos a los que iba con mi hermana, las Pascuas, Día de Gracias… todo lo que había vivido…hasta que me detuve en el momento en que conocí a Matt…

Los exámenes de fin de curso me tenían mareada, llevaba tres semanas durmiendo poco y comiendo nada. Mi único consuelo era saber que no era la única que estaba muriendo por toda la carga de trabajo.

El viernes por la tarde, en lugar de ir a mi casa a tomar un descanso me dirigí a un bar que estaba a unas cuadras de la universidad. Era un lugar frecuentado por muchos compañeros. Cuando entré me di cuenta de que no había mucha gente, tal vez los universitarios llegarían más tarde. Me dirigí a la barra y ordené una cerveza. El chico que atendía el bar me sonrió y me la dio de inmediato. Di un trago y evité hacer gestos. Era la milésima vez en mi vida que intentaba tomarme una cerveza y el resultado siempre era el mismo, terminaba dejando más de la mitad y pedía otra cosa. Intenté dar otro trago y al no soportar el sabor amargo en boca me di por vencida. Por muy pretensioso que sonara, la cerveza no era lo mío.

Hice a un lado la botella y saqué mi teléfono del bolsillo. Envié un par de mensajes y lo dejé sobre la barra. Segundos después un chico se sentó a mi lado, lo miré con el rabillo del ojo y tomé otra vez la botella de cerveza. El muchacho llamó al bartender y ordenó una cerveza.

—Y un peach mojito para ella— dijo señalándome.

Volteé a verlo incrédula. ¿en serio? ¿Primero la bebida y después el saludo?

—Gracias, pero no— le sonreí y le di otro trago a mi cerveza. Después del tercer trago ya no sabía a nada.

—La cerveza no es para ti— me sonrió. Era atractivo, tenía ojos azules, cabello cobrizo, barba partida y al sonreír se le marcaban dos hoyuelos en las mejillas— prueba esto, te gustará más— dijo al momento en que el bartender volvía con las bebidas. — gracias Bruce.

Miré la bebida por varios segundos, si la tomaba aceptaba pasar al menos una hora con este hombre y si me negaba…no parecía ser de los que cedían tan pronto.

La organización del bar era típica, así que frente a mi había un espejo a través del cual me aseguré si el chico venía solo. No iba a ser parte de la apuesta de un grupo de amigos. Estaba solo. Solamente estaba ocupada una mesa llena de chicas, tal vez de primer semestre.

Volví a mirar la bebida y regresé la vista al hombre que la había ordenado. Me veía fijamente, como si quisiera descifrar mis pensamientos. Tenía una sonrisa atractiva y eso me hizo temblar un poco. Nunca lo había visto y estaba completamente segura que era estudiante de la universidad.

—Te gustará, es solo durazno, jugo de lima…

—Ron, almíbar y Sprite— lo interrumpí, conocía la bebida porque era lo que regularmente pedía en el bar después de intentar con la cerveza.

—Así es— volvió a sonreír y dije ¡por qué no! Le di un trago y asentí, me gustaba el sabor. – Matt – dijo tendiéndome la mano.

—Claire – respondí a la formalidad y nos sumergimos en una larga charla…

Terry volvió a casa cuando la noche había caído. Me saludó y se sirvió una copa de licor.

—¿cómo te fue? — le pregunté sentándome cerca de él.

—intenté hablar con ella…y…se soltó a llorar tan pronto como le dije que debíamos hacer algo con nuestra situación… dijo que yo podía dejarla sola cuando quisiera, que no me necesitaba y un minuto después me decía que si la dejaba se moriría. — me contó las cosas con rabia, estaba harto y Susana no ayudaba en nada.

—tal vez con el tiempo se serene— dije sin estar muy segura de mis palabras.

—no tengo toda la vida, Candy llegará en pocos días y para entonces ya debo saber qué hacer. — vació su copa de un solo trago y se sirvió otra. Iba a decirle que dejara de beber, pero sabía que no me haría caso, así que como su compinche tomé un vaso y me serví de lo que estaba tomando. Me terminé la copa y él sonrió, después de sirvió otra e hizo lo mismo con la suya. Quería emborracharse, pero no lo iba a hacer totalmente solo…alguien tenía que vigilarlo.

Un par de horas después se quedó dormido en el sofá, se había acabado dos botellas y yo solo había tomado tres copas en todo ese tiempo. Recogí todo y lo cubrí con una manta que traje de su habitación. Me preocupó lo que el alcohol podría hacerle, tal vez no era la primera vez que se emborrachaba, pero esperaba que fuera la última. Hoy había solapado su vicio, pero mañana mi querido bisabuelo me escucharía atentamente… los Grandchester de mi familia no tomaban como él lo había hecho sin importar qué tipo de problemas tenían.


Hola, he aquí un capítulo más, me disculpo por la borrachera de Terry, sé que a nadie le gusta esa faceta del actor, pero hay un propósito para ello.

Gracias por sus comentarios a:

Flormnll

Ofe

Arabeth

ELI DIAZ

Chiiari

Dianley

Darling Eveling

Anfeliz

Gissa Alvarez

Katnnis

Gianny17

Sol Grandchester

También quiero agradecer a quienes leen de manera anónima y a todas las personas que han comenzado a seguir esta historia.

Saludos