UN GIRO EN EL TIEMPO
El ensayo terminó ya muy tarde y sin grandes errores. Los actores fueron a sus camerinos a cambiarse y los de producción revisaron que utilería, vestuario y escenarios estuvieran en perfectas condiciones.
—vayan todos a descansar. Los quiero listos para el estreno en dos días.— fue la última orden del director. —pero antes...quiero mostrarles algo— extendió la mano hacia uno de sus asistentes y este le dio un largo papel enrollado que él se encargó de extender para que todos lo vieran. Era la nueva publicidad de la obra, el mismo afiche que había visto en casa de Terry con el nombre de Susana, solo que este decía Karen Claise y tenía su imagen abrazada a la de Terry.
El elenco admiró el trabajo y poco a poco se fueron marchando. Karen tomó uno de los afiches y sonrío complacida al ver su nombre. Terry también tomó uno y sin decir nada ni hacer algún gesto en particular se marchó del escenario. El actor que representaba a Benvolio se tensó un poco al recibir su afiche, pero tampoco dijo nada.
El resto de los actores también pasaron por una copia de la publicidad y expresando distintos sentimientos fueron dejando vacío el escenario. Podía notar que no tenían nada en contra de Karen y solo era que la situación de Susana les rondaba siempre la cabeza, después de todo, pudo tratarse de cualquiera de ellos aquella noche en la que las luces cayeron.
El director se despidió de mí y me indicó que esperara ahí a mi primo. Obedecí y aunque tenía las piernas entumecidas por estar tanto tiempo sentada volví a ocupar una de las butacas.
Ser actor debía ser algo extraordinario, pero también exhaustivo y aún más en el ámbito teatral donde cada error representaba un quiebre en el argumento. Por eso era que el director se encargaba de corregir hasta el más mínimo detalle que tal vez un público aficionado no notaría, pero si lo haría un crítico o un experto.
—¿vendrás a la obra?— escuché una voz masculina entre los asientos. Era Benvolio. Yo me encogí de hombros. —deberías, será una buena representación— dijo sonriente. El chico era atractivo; alto, delgado y de espalda ancha, se notaba que hacía ejercicio, tenía el cabello castaño y sus ojos eran cafés y llenos de brillo. Su sonrisa también era atractiva. —toma, por si tu primo no te invita— me extendió un boleto y yo lo tomé.
—para ir al hospital no se necesita presentar boleto— le dije. Él sonrió nervioso.
—no dejará entrar a nadie que no sea Terry.
—¿lo has intentado?— pregunté
—sí, pero la señora Marlow fue muy clara al decir que Susana no quería ver a nadie de la compañía.
—¿su madre dijo eso?
— en resumen — sonrío y comprendí que la señora Marlow había dicho mucho mas. La pregunta era si había transmitido los deseos de Susana o los suyos. —tal vez algún día vuelva a verla. — dijo esperanzado.
—estoy segura de que así será.
Al salir del teatro pasamos por la entrada principal donde ya estaba presente la nueva publicidad. La habían colocado esa mañana.
Como ya era costumbre para Terry nos dirigimos al hospital San José donde Susana ya lo esperaba impacientemente.
Durante el trayecto le hice mil y un preguntas a Terry sobre el teatro y su afición por él. Me contó que su madre era actriz y que él había amado las tablas desde pequeño, pero al vivir en Inglaterra y ser hijo de un duque, detalle que no conocía, la posibilidad de convertirse en actor ni siquiera se vislumbraba. Esa fue una de las razones por las que había ido a vivir a Estados Unidos.
Me contó a grandes rasgos de su primer papel en teatro y de cómo había sido elegido para el rol de Romeo. Resultó que cuando él estaba haciendo audiciones, Candy estaba presentando exámenes para convertirse en enfermera.
—exámenes para dos— murmuré. Matt y yo nos habíamos conocido en época de exámenes y después de eso nos hicimos inseparables. — por cierto, el joven que interpreta a Benvolio , ¿cómo se llama?— pregunté.
—Charles Pemberton— respondió— ¿por qué?
—curiosidad.
—habló contigo — su voz sonaba más a afirmación que a pregunta.
— sí
—¿te habló de Susana y de cómo dejó de salir con él por mi culpa?— preguntó irónico.
—¿ellos salían?—
—¡no te lo dijo! Pero si es su historia favorita.
—no lo mencionó, supongo que porque cree que soy tu prima. Y prefirió hablar de la salud de Susana y no de su pasado. — contesté rápidamente.
—pues ya sabes lo que pasó. — dijo mientras detenía el coche a una calle de hospital. —¿quieres entrar o prefieres ir a otro lado?
—si no te molesta voy contigo.
—para nada, vamos.
Bajamos del automóvil y caminamos en silencio hasta la entrada del hospital. Subimos las escaleras que me parecieron más pesadas que el día anterior y avanzamos por el pasillo hasta llegar a la habitación doce. Terry tocó la puerta con los nudillos e inmediatamente recibió respuesta para entrar.
Susana estaba sentada en la cama, acababa de comer pues la enfermera estaba retirando la charola con restos de comida. Su madre estaba sentada a un lado moviendo ágilmente sus manos con un par de agujas de tejer.
Terry y yo saludamos y Susana sonrío ampliamente al ver a Terry. Sin embargo su madre no hizo más que enarcar una ceja y seguir su tejido sin mirarnos. La enfermera se retiró y Susana le pidió a su madre que saliera de la habitación pues quería hablar con Terry.
—puedes ir con Claire a tomar un poco de té. — Susana fue tan directa al decir que quería que yo también saliera que no hice más que sonreír y esperar a que la señora Marlow se levantara.
—¿estarás bien?— preguntó la mujer a su hija.
—sí mamá.
La señora Marlow salió de la habitación sin esperar a que yo le diera alcance. Odiaba a Terry y, por lo tanto, odiaba a toda persona que tuviera relación con él. Eso lo entendía, pero después de conocer a Charles y escuchar que él y Susana habían salido juntos quise saber toda la historia y esa mujer parecía ser una pieza importante dentro de la trama.
Caminé un poco más rápido para alcanzarla y lo logré antes de que llegara a la escalera.
—¿sabe cuándo darán de alta a Susana?— pregunté como si se tratara de alguien sumamente importante para mí. Me di cuenta de que tantas películas me habían hecho una cínica, pero quería saber qué pasaba con estas personas del siglo veinte.
—aún no, el médico teme lo que pueda pasar cuando se enfrente al mundo de allá afuera. — respondió la mujer.
—es una mujer fuerte, seguro se repondrá.— afirmé y eso lo decía en serio.
—pero no lo logrará sola.
Habíamos llegado a la cafetería. Había una mesa desocupada en el centro y nos sentamos.
—no, pero la tiene a usted.
—y a Terrence, él debe estar a su lado— afirmó con voz áspera y llena de tanto coraje hacia él que por un segundo me asustó.
Un joven se acercó a tomarnos la orden. La señora Marlow pidió té para ambas y despidió al muchacho.
—sí eso soluciona las cosas supongo que sí, pero si...
— no intente convencerme de lo contrario. Es culpa de él que mi hija esté aquí.
—no intento convencerla de nada— respondí en el mismo tono áspero que ella había empleado. En ese momento nos trajeron el servicio de té y cada una nos servimos una taza.
Ella tomó un par de tragos y guardó silencio. En verdad no había manera de hacerla cambiar de opinión, al menos no por el momento, así que decidí tomar otra vía.
— ¿cómo era Susana antes?— pregunté después de media taza de té.
—¿antes del accidente o antes de Terrence?
—¿a qué se refiere con "antes de Terrence"?— pregunté.
—antes de que él llegara a la compañía mi hija estaba enfocada solamente en su carrera. No había nada más importante que conseguir un buen papel en las obras de Hathaway y lo estaba logrando.— sonrió añorando el pasado— era perfecta para cualquier papel. El director no tenía que decirle lo que debía hacer, ella lo sabía a la perfección. Todas las líneas, los movimientos y los gestos ella los realizaba como si los personajes hubieran sido creados solo para ella.—
La señora Marlow hablaba con verdadera admiración de su hija. Siempre he sabido que para una madre todo lo que sus hijos hacen es perfecto.
—¿no se divertía de alguna forma?
—casi no, era muy aplicada en su trabajo. A veces la visitaban unas amigas de la infancia, pero tiene meses que no las ve. También se veía con...— la señora Marlow se detuvo súbitamente. Iba a hablar de Charles y no quería hacerlo.
—¿con quién?
—con nadie, con nadie, solo con esas amigas— dio otro sorbo de té.
— ¿sus compañeros del teatro no lo frecuentaban?
—no...sí...algunos.
—mh...y supongo que ellos la han visitado con frecuencia desde que está aquí.
—¡no!— exclamó— nadie la ha visto así, solo Robert Hathaway, el director. Y ninguno de ellos debe verla, no voy a exponerla para que le tengan lastima.
— ¿lastima? ¿Cree que sus compañeros le tendrán lastima?
—por supuesto, solo vendrán a hacerla sentir mal porque su carrera está arruinada.
—pero...son sus compañeros, estoy segura de que están preocupados por ella
—no conoces a esas personas. Lo único que deben estar pensando es en lo afortunados que son por no estar en la posición de mi hija.
—¿los ha escuchado decir eso? — pregunté molesta porque dijera eso sin ninguna prueba— y supongo que le ha dicho eso a Susana para que se niegue a verlos.
—es lo mejor, debe alejarse de ese mundo al que ya no pertenece.
—parece que usted es la que siente lástima por su hija y no el resto del mundo.
—¡yo amo a mi hija! ¡nunca sentiría lástima por ella! Sólo quiero que sea feliz.
—Y alejada del mundo que ama sin duda lo será—dije molesta. Ya no lograba comprender a la señora Marlow. — y si ella no puede ser feliz, tampoco debe serlo Terry, ¿no es así?
—¡no entiendes que por culpa de él mi hija arruinó su vida!
—lo único que entiendo es que ella tomó una decisión.
—ya veo lo que pretendes, quieres que mi hija se haga a un lado para que él pueda con esa joven enfermera.
—¡cuidado con lo que dice señora! — la voz de Terry sonó por todo el lugar y las pocas personas que había nos miraron con cautela— será mejor que no meta a Candy en esto, sé que a quien odia es a mi, pues bien, diga todo lo que tenga que decir sobre mí, sólo sobre mí.
Los ojos de la señora Marlow se llenaron de lágrimas, pero no de lágrimas de tristeza sino de impotencia y rabia. Murmuró cosas sin sentido y después gritó que él debía estar al lado de su hija siempre y que no quería que yo me acercara a la joven.
—eso lo tiene que decidir Susana— contestó Terry—si ella me quiere a su lado, entonces me quedaré y si acepta la compañía de Claire también la tendrá.
Sentí como si una tonelada de agua fría me cayera encima al escuchar las palabras de Terry. ¿en verdad se quedaría con Susana?
—y eso lo puede decidir en este momento, pues quiere ver a Claire, si tú quieres— dijo lo último directamente a mí.
—iré en seguida— dije poniéndome de pie. — lo lamento— dije por lo bajo cuando pasé al lado de Terry, sabía que había complicado más las cosas con mi gran boca.
Salí de la cafetería dejando a dos leones a punto de matarse. Me llamé mil veces tonta mientras subía las escaleras. Intenté controlar mis ánimos cuando llegué a la puerta de Susana, recargué mi frente en la fría madera y llamé dos veces.
—¡pase! — la voz de Susana sonaba diferente, más alegre que el día anterior. Giré la perilla y entré. —¡sabía que eras tú! — sonrió.
—Terry dijo que querías verme.
—sí, solo quería conversar con alguien. Nadie viene a verme así que no tengo con quién charlar. —respondió indicándome la silla que estaba al lado de su cama. Me senté e intenté sonreírle— perdón por haber pedido que acompañaras a mi madre, pero cuando está ella no puedo hablar con Terry cómodamente.
—no hay problema, aunque no creo que deba volver a hablar con ella.
—se quejó de todo, ¿no es cierto? Desde que todo pasó no deja de hacerlo
—es comprensible.
—pero exagerado…en fin, no halemos de ella, cuéntame, ¿fuiste a los lugares que te mencioné?
—ah…lo siento, pero no, aun no. — respondí y recordé la conversación sobre mi supuesta boda y todos los consejos que Susana me había dado.
—ya veo…Terry me dijo que fuiste con él al ensayo, cuéntame, ¿cómo va todo?
—no sé nada del tema, pero creo que bien, ya están listos para estrenar en dos días.
—todos son buenos, lo harán bien, sobre todo Terry.
—y Charles, él es un buen Benvolio — dije esperando ver una reacción en la actriz.
—sí, también él. ¿lo conociste?
—me preguntó por ti, tiene deseos de verte…—Susana se puso roja— dijo que muchos de la compañía han intentado verte, pero no han tenido suerte.
—¿en serio? Tal vez han venido en horas que no son de visita. ¿te dijo algo más?
—te manda saludos— contesté— ¿es un amigo tuyo?
—sí, entramos al mismo tiempo en la compañía de teatro y nos hicimos buenos amigos hasta que…no debería decir esto…
—¿qué? — pregunté exasperada por darle tantas vueltas al asunto de un noviazgo o casi noviazgo.
—Charles me declaró su amor hace algún tiempo.
—y lo rechazaste…
—sí, yo ya estaba enamorada de Terry para ese entonces.
"Si lo hubiera hecho antes nos habríamos evitado todo esto" pensé mientras Susana hablaba de él y de sus demás compañeros de tablas.
Minutos después la puerta se abrió dando paso a la madre de Susana y a Terry, la discusión que yo había iniciado ellos la habían dado por terminada y no sabía qué tan mal había sido.
—Terry, le contaba a Claire sobre la primera presentación de "el rey Lear" ¿recuerdas a la mujer que intentó subir al escenario al terminar el primer acto? — rio de buena gana y Terry también le sonrió tras asentir con la cabeza.
—hija, creo que hoy has estado muy activa y que debes descansar. —intervino la señora Marlow.
—pero no estoy cansada madre.
—creo que tu madre tiene razón. —dijo Terry—debes descansar.
—tal vez— sólo se dejó convencer por Terry así que después de unos minutos él y yo salimos de su habitación.
Terry no dijo nada hasta llegar a la puerta del hospital y durante el trayecto me sentí como una niña a quien sus padres están a punto de regañar, pero en privado para no llamar la atención de la gente.
—¡qué demonios le dijiste a la señora Marlow! —gritó cuando estábamos a unos pasos de su auto.
—nada que no fuera cierto—contesté— le dije que no debía a tratar a su hija con lástima y que estaba mal que no dejara que nadie la visitara.
—¡qué más! — volvió a gritar.
—que ella había tomado una decisión al querer salvarte de que las luces cayeran sobre ti. —contesté sin dejar de mirarlo a los ojos, pero su mirada era demasiado fuerte y terminé por desviar la mirada.
—¡tienes idea de todo lo que me dijo porque tú abriste la boca! — negué ligeramente con la cabeza— ¡claro que no! ¡no se te ocurrió pensar en que me exigiría casarme de inmediato con su hija para pagar el daño que le había hecho! ¡me gritó una vez más que la vida de Susana está arruinada por mi culpa y que sería un miserable si no me quedaba con ella!
—¿qué le respondiste?
—que no tiene que preocuparse por eso, que estaré con Susana.
—entonces…¿qué sucederá con Candy?
Terry me lanzó una última mirada aniquiladora, después su rostro se serenó un poco y me ordenó subir al auto sin responder a mi pregunta.
—lo lamento— dije casi al llegar a casa— no debí haber dicho nada a la señora Marlow, es solo que me desesperó que te culpe de todo y que no entienda los actos de su hija. Espero que puedas perdonarme, no era mi intención causarte más problemas.
No dijo nada, ni siquiera me miró y eso me dolió.
—no debí gritarte, lo lamento— dijo al detener el auto en la entrada de su casa— gracias por intentar defenderme.
—entiendo por qué lo hiciste…
—no es excusa para gritarle a una dama. — sonreí con un nudo en la garganta. —Ahora, entremos.
Al llegar a la puerta escuchamos como relinchaba un caballo tras ser azotado por su dueño. Giré para ver al animal y me quedé inmóvil.
—¡el taxista! — exclamé.
—¿qué? — preguntó Terry.
—fue el taxista el que me puso aquí— el hombre que había azotado al caballo conducía un carruaje, es decir, un taxi del siglo veinte y fue hasta ese momento en que me di cuenta de que aquel hombre de barba blanca era el responsable de que estuviera al lado de mi bisabuelo.
—¿de qué hablas? — preguntó Terry todavía mas confundido que yo.
—la noche que llegué aquí, a tu tiempo, había tomado un taxi para que me llevara a casa después del trabajo. Era noche, así que tomé el primero que pasó. — Terry asintió dándome pie para continuar—durante el trayecto me preguntó sobre mi trabajo y cuando me bajé dijo cosas sin sentido, después de eso todo comenzó a ponerse extraño; olvidé mi teléfono junto al correo, la luz se fue, no había nadie en los pasillos y ¡bam! Aparecí aquí.
—¿por qué cargas un teléfono contigo? — fue la única pregunta que hizo Terry.
—porque han evolucionado Terry— contesté al borde de un colapso. — pero eso no es lo importante. Lo importante es que ya sé cómo llegué aquí.
—¿y eso te ayuda a irte? — preguntó.
—no, pero ya es un comienzo, ¿cierto?
—si alguien te puso aquí, entonces alguien más te puede regresar a tu tiempo…debemos buscar a quien sea capaz de hacerlo.
—¿se te ocurre algún lugar donde podamos buscar?
—por el momento no— dijo pensativo — pero ya se nos ocurrirá algo.
Abrió la puerta para que entráramos al edificio. Creo que ambos caminábamos como autómatas pues estábamos sumergidos en nuestros propios pensamientos.
No podía creer que no me había dado cuenta de que el taxista fue el que hizo todo el truco del tiempo. Las preguntas surgieron, ¿cómo lo había hecho?, y ¿por qué?, ¿que ganaba él?, ¿por qué me había mandado a esta época justamente?, ¿conocía a Terry?, ¿a mi familia y su historia?
—me duele la cabeza— dije cuando entramos al departamento.— no puedo con tantas emociones.
El actor sonrío.
—deja de que quejarte y tómate una de las pastillas que me diste en la mañana.— se había vengado por el escándalo de la mañana.
Entró en la habitación y permaneció ahí por unos minutos. Yo me puse a caminar por la sala y la cocina; tenía las piernas agotadas por estar tanto tiempo sentada, primero en el teatro y después en el hospital. Para no perder el tiempo me entretuve en la cocina y busqué algo rápido para hacer de comer. En ese momento Terry salió de la recámara, se había cambiado de ropa.
—¿te molesta si duermo un rato en la cama?
—¡claro que no, es tuya!— dije rápidamente — descansa.
Dio media vuelta y entró nuevamente. Tras cerrarse la puerta no supe qué fue lo que hizo Terry adentro y nunca lo sabría.
Me preparé una ensalada y la comí de pie. Intenté no pensar en lo que había ocurrido con la madre de Susana, pero no podía. Había visto su desesperación y su rabia. Al principio intentaba justificarla pues entendía que estaba desesperada, pero que desquitara su enojo sobre Terry y que tratara a su hija con lástima me hacía rabiar.
También estaba impaciente por conocer a Candy, Terry había hablado tanto de ella y también se preocupaba tanto que ya la imaginaba como la mujer más dulce y encantadora. Quería conocerla, pues desde donde yo veía las cosas ella sería la única que podía dar una solución definitiva a todo el asunto de Susana.
Al mismo tiempo que caía la noche la nieve comenzó a cubrir la ciudad y la temperatura disminuyó considerablemente. Terry no despertaba y yo preferí no molestarlo. Tenía que estar fresco y tranquilo para el estreno y para recibir a su novia quien no sabía cuándo llegaría.
Me acosté en el sillón después de tomar uno de los libros de Terry. Tenía una buena colección de Shakespeare, todas las obras teatrales y varios libros de poesía, algunos tenían anotaciones al pie de página. Seguramente Terry se convertiría, con el paso del tiempo, en todo un experto del dramaturgo inglés.
Tomé la obra de Macbeth y me puse a leerla. Recordé que era una de las piezas favoritas de Matt y que solía ver la adaptación al cine de Roman Polanski. ¡Dios! ¡Cuánto lo extrañaba! Tenía que volver pronto a casa, ya no me importaba mucho qué excusa daría por mi ausencia, solo quería volver a ver a mis padres, a mi hermana, a Matt...deseaba poder abrazarlo y besarlo una vez más...
Me quedé dormida poco después de terminar la escena en la que Lady Macbeth se suicidaba, después de eso ya no era capaz de entender una sola palabra así que deje el libro a un lado y acomodé en el sofá para poder dormir.
—Claire...Claire...— la voz sonaba demasiado lejana como para poder reconocerla, pero después de escucharla por seis veces supe que era la de Terry. Abrí los ojos con pesar, aún tenía mucho sueño.— despierta ya.
—no quiero...
—levántate, ya sé qué debemos buscar para que vuelvas a casa. — abrí los ojos sorprendida, ¿era en serio?— arriba, hay mucho que hacer hoy, Candy llega en unas horas.— dijo con una enorme sonrisa y sin poder contener la emoción.
