UN GIRO EN EL TIEMPO
—¿estás seguro que esa es la dirección? — pregunté por milésima vez.
—sí, es esa— afirmó Terry sin prestarme mucha atención pues se estaba anudando la bufanda. Cuando yo había despertado Terry ya estaba preparado para salir a recibir a su novia.
—¿y estás seguro de que podré regresar aquí a cualquier hora? ¿No vendrá Candy? — volví a preguntar.
—no, no sería correcto que mi novia entre a mi departamento— respondió cuando se ponía el saco. Estaba segura de que se moriría si supiera que Matt se quedaba algunas noches en mi departamento, o yo en el suyo.
—bien, entonces volveré después de ir a este lugar— dije señalando el papel en el que Terry había anotado una dirección al sur de la ciudad y donde, según él, yo obtendría ayuda para volver a mi tiempo.
—sí— dijo con la vista perdida.
—de acuerdo, entonces vete ya— lo acompañé hasta la puerta y le di su sombrero— ¿en serio vas a evitar que te reconozcan así? — ese día tenía muchas preguntas para el mundo y Terry era mi primera víctima.
—no es la primera vez que lo hago— me guiñó un ojo y tomó sus llaves. —nos vemos.
—Terry— se detuvo en la puerta— cuando la veas, bésala— le dije y él sólo sonrío de lado. No podía ocultar su emoción.
El tren que venía de Chicago llegaría a las diez de la mañana. Cuando Terry había salido de casa faltaban veinticinco minutos así que llegaría a tiempo.
Yo había intentado convencerlo de que me dejara ir con él a la estación ya que tenía muchas de conocer finalmente a Candy, pero Terry había dicho que no en distintos tonos de voz, por lo que no me quedó otra opción que quedarme en casa y ocuparme de mis propios asuntos.
A las diez de la mañana salí del apartamento, nuevamente a hurtadillas, para ir a la dirección que el bisabuelo me había dado. Al salir del edificio comencé a camina hacia el sur imaginando a qué tipo de lugar me dirigía, pero no se me ocurría ninguna opción y por una milésima de segundo temí que Terry me hubiera enviado directamente a un hospital psiquiátrico porque se había hartado de mí, pero en seguida descarté la opción.
Seguí caminando. Pensaba en lo feliz que estaría Terry en ese momento al ver a su novia, su novia que era el amor de su vida. Tal vez al tenerla frente a sí la abrazaría con fuerza y la cargaría para dar un par de vueltas por la emoción y después le daría un beso intentando expresar todo lo que no había podido en el tiempo que no se habían visto, o tal vez la besaría antes y después la abrazaría con fuerza… ¡cielos! En verdad tenía ganas de ver ese encuentro, quería conocer la otra faceta de Terry, pero no debía hacerlo, así que seguí mi camino hasta que…
—¡esto debe ser una muy mala broma Terruce Graham Grandchester! — musité enojada al llegar a mi destino. Me había dado la dirección de un hipnotista. ¿cómo rayos iba a conseguir respuestas lógicas en un lugar de esos! ¡no, no, no!
Me quedé parada frente al descarado letrero que ofrecía esa clase de servicios. En ese momento un hombre de unos cincuenta años salió del lugar con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿va a entrar? — me preguntó deteniendo la puerta.
—no— dije inmediatamente. No entraría ahí nunca.
—debería, me enteré de que en mi vida anterior fui Napoleón— dijo el hombre sin disimular su emoción.
—y yo fui Iván el Terrible— dije mientras daba media vuelta para regresar por donde había venido.
Caminé de vuelta un par de calles hasta toparme con una librería. Entré sin muchas esperanzas a ver qué podía encontrar. Recorrí algunos pasillos sin poder observar lo que tenía frente a mí. Seguía pensando que había sido una muy mala jugada de Terry el enviarme ahí. ¿se quería deshacer de mí ese día? Era una opción, pero pudo haberme dicho "ve a dar una vuelta a la ciudad, una muy larga, y no vuelvas hasta mañana", pero definitivamente no debió hacer eso.
—¿usted otra vez? — escuché una voz masculina. Giré la cabeza hacia la derecha y vi al hombre de la Biblioteca Pública. ¡gracias Destino! — es la tercera vez en la semana— sonrió — eso debe significar algo.
—tal vez que la ciudad no es lo suficientemente grande— respondí con una sonrisa demasiado fingida.
El hombre soltó una tremenda carcajada que llegó hasta la caja donde un par de señoras pagaban unos libros de cocina francesa.
—tiene un gran sentido del humor— dijo bajando el tono de voz— demasiado sarcástico para este tiempo.
Cuando dijo la palabra tiempo me tensé. Este hombre sabía algo y eso me asustó como nunca en mi vida. Me encogí de hombros y di un paso atrás.
—no tienes motivo para asustarte— agregó y su rostro se tornó serio— sólo me estoy asegurando de que estés bien y de que no hagas trampa.
—¿trampa? — repetí confundida— no sé de qué está hablando. — me asusté más y de la manera más rápida que pude salí de la librería y eché a correr tan rápido como la falda y los zapatos me permitieron.
Había corrido tres calles sin parar; la gente que pasó a mi lado me miró extrañada, tal vez creyeron que era una ladrona, pero no me importaba. Quería alejarme del hombre extraño que me acechaba.
Llegué a casa sin aliento, con el pulso acelerado y las ideas más desordenadas en comparación a cuando había aterrizado aquí, a principios del siglo veinte. Me tomé un vaso de agua fría para calmarme.
—piensa Claire, piensa— decía mientras recorría de un lado a otro la pieza— ese tipo puede saber algo y arruinaste tu oportunidad de volver a casa o bien, es un psicópata que intenta matarte después de haberte visto en la biblioteca…de cualquier forma te alejaste y si tienes suerte no te siguió hasta aquí y estás a salvo.
Después de una hora pude calmarme. Preparé té y me senté en la sala. Me había asustado tanto que decidí no pensar en mi problema así que arreglé el apartamento lo mejor que pude. Si hubiera tenido un equipo de sonido con gusto lo habría utilizado, la música siempre me funcionaba como tranquilizante, pero en ese momento no había nada. Al terminar de ordenar la sala y la cocina me dirigí a la recámara y guardé toda la ropa que me pertenecía en una bolsa y la metí debajo de la cama. La bolsa con la que había llegado a este tiempo también la metí ahí. Candy estaba en la ciudad y aunque Terry afirmó que ella no iría a la casa decidí guardar toda la evidencia de mi presencia en esa habitación.
Sólo habían pasado tres horas desde que Terry se había ido. Tal vez estarían en algún lugar romántico compartiendo viejos recuerdos, o hablando de la situación de Susana. Esta última opción era la más peligrosa, pero la mejor. Terry y Candy tenían que hablar de lo que pasaría desde ese momento con ellos y eso tardaría mucho, tal vez tanto como una junta de negocios. Por esa razón decidí salir de casa nuevamente; no ganaría nada con quedarme ahí pensando en lo que podría estar ocurriendo o en lo que el hombre extraño había dicho, la verdad era que no quería pensar en éste último.
Lo que necesitaba era hablar con alguien de cosas sin importancia, de cosas que distrajeran mi atolondrada cabeza. Por supuesto, en ese momento, la mejor opción era Susana. El día anterior había dicho que no tenía nadie con quién hablar y al parecer le agradaba mi presencia, así que su compañía me haría bien por un rato.
Salí de casa y me dirigí al hospital. En los últimos días había caminado tanto por las calles de la ciudad que me propuse seguir haciéndolo al volver a casa. Debía hacer más ejercicio; tal vez correr, hacer gimnasia o yoga o trepar árboles en Central Park y en casa de la abuela.
Llegué al hospital y en la recepción me llevé una gran sorpresa, Charles estaba ahí intentando convencer a la enfermera de guardia de que era amigo de Susana Marlow y no un reportero queriendo sacar información.
—es amigo de la señorita Marlow— dije parándome a su lado. La enfermera y Charles voltearon a verme. Él sonrió y la enfermera me lanzó una mirada furibunda. — y yo soy…
—pueden pasar— dijo la enfermera sin dejarme terminar. Al parecer ya me identificaba y yo no había reparado nunca en quién estaba a cargo de la recepción.
—¡gracias! — dijimos Charles y yo a coro y comenzamos a caminar hacia la habitación doce.
—me alegra que te hayas decidido a venir— dije mientras avanzábamos.
—fue una decisión de último minuto— sonrió— quiero ver qué pasa.
Estaba entusiasmado y también nervioso. Al parecer era el día de los reencuentros.
—lindas flores— dije señalando el ramo de rosas que llevaba en la mano derecha.
—espero que le gusten.
—a todas las mujeres les gusta que les lleven flores— afirmé— creo que debería esperar abajo a que termines tu entrevista— dije cuando nos acercábamos a la habitación.
—de hecho, ya que estás aquí podrías…introducirme—dijo acomodándose la corbata.
—lo dices para que la señora Marlow piense que fue mi idea y me odie más— dije lo más seria que pude. Charles se puso serio y juraría que se arrepintió de haberme pedido ayudarlo— ¡lo haré! De todas formas, ya me odia— dije riéndome. — tranquilo, es aquí— toqué la puerta un par de veces y escuché cómo Susana me daba el paso.
Abrí despacio y alejé a Charles de la puerta para que su llegada fuera una sorpresa y también para evitar que la señora Marlow hiciera un drama antes de tiempo.
—hola Susana— dije en el quicio de la puerta.
—hola Claire, pasa por favor. — dijo sonriente.
—¿no está tu madre? — pregunté inmediatamente al ver la pieza vacía.
—no, fue a casa a descansar un poco. Estoy sola.
—ya no más— sonreí— te tengo una sorpresa— hice señas a Charles para que se acercara. Me hice a un lado y dejé que el chico entrara— lo encontré en la puerta intentado convencer a la enfermera de dejarlo entrar.
—¡Charles! — exclamó Susana verdaderamente sorprendida— ¿qué haces aquí? — preguntó pasándose una mano por el cabello.
—quería saber cómo estabas. No sabemos nada de ti— respondió avanzando unos pasos hacia la cama. Yo lo seguí en silencio tras cerrar la puerta. Charles se detuvo y se aferró al ramo de flores que llevaba.
—gracias por preocuparte— dijo Susana y un incómodo silencio vino después de eso.
Yo nunca había sido buena como Cupido, pero en ese momento no me quedó otro papel para interpretar…
—¡qué hermosas flores! — dije— ¿son para Susana?
—eh…sí…claro— respondió Charles con palabras atropelladas y las extendió a Susana. Ella las recibió y las acarició.
—son muy bonitas, gracias…
—déjame ponerlas en el florero— dije señalando uno vacío que estaba a un costado de la cama. Susana me tendió el ramo y lo acomodé. — creo que saldré para que puedan charlar a gusto— dije después de terminar y de jalar una silla para Charles.
Ninguno de los dos me respondió. Estaban demasiado nerviosos como para articular palabra, así que salí despacio y crucé los dedos para que todo saliera bien en esa entrevista. Tenía esperanzas, si Charles sentía todavía algo por Susana, cosa que era evidente, y ella le correspondía tan solo un poco, tal vez Terry podía tomar una buena decisión sin sentirse culpable.
Pensando en esto bajé las escaleras y me dirigí hacia la sala de espera. Había muchas bancas de madera y solo un par estaban ocupadas. Me senté en una desde donde podía ver quién entraba y salía. No quería que la señora Marlow interrumpiera la charla de su hija con el actor.
Pasaron varios minutos y nada pasó así que me relajé un poco, pero seguía con los dedos cruzados implorando suerte. De repente un hombre se sentó a mi lado, se parecía a Louis Armstrong, pero por desgracia no era él.
—¿le molesta si me siento aquí? — preguntó cuando ya lo había hecho. Yo negué con la cabeza y aunque había muchas bancas vacías no me importó que lo hiciera. — gracias— sonrió y colocó su mano en su rodilla derecha— he pasado mucho tiempo de pie en las últimas horas y la edad ya es más un enemigo que un aliado. — la verdad es que no era tan viejo, pero lo escuché quejarse. — ¿viene por un familiar? — me preguntó.
— no, vengo por una conocida— respondí.
— ¿está muy mal?
— tuvo un accidente que le dejó graves daños físicos, pero creo que lo más preocupante son los daños emocionales— respondí después de varios segundos.
—sí, ese tipo de heridas son difíciles de sanar, aunque no imposibles— su voz era dulce y tranquila. Seguramente escuchar una historia de sus labios era la gloria para sus hijos.
—lo mismo pienso yo. Y también creo que uno mismo debe buscar la manera de sanar y no pensar que es tarea de otros.
—pero se necesita ayuda para eso— dijo el hombre.
—sí…— agregué pensativa.
—seguramente usted ayudará a su amiga a superar esto.
—eso intento…y también quiero ayudar a otros a que no comentan tonterías. — dije por lo bajo.
El hombre con cara de Louis Armstrong me miró por varios segundos y después asintió con la cabeza como dando su aprobación a mis palabras.
—¿usted por qué está aquí? — pregunté ya que el hombre se había tomado la amabilidad de preguntarme a mí.
—por mi hija y por mi nieto, nació hace unas horas— respondió con una sonrisa.
—¡felicidades! — dije— espero que sea un niño muy sano.
—lo será, tanto como su abuelo.
Le pregunté más cosas sobre su hija y su nieto. Resultó que este niño era el tercer nieto de la familia y el primer hijo de la más pequeña de sus hijas. Su esposa y yerno estaban en la habitación con ella y el bebé y él había salido a fumar un cigarrillo y a obsequiar puros a cualquier persona que pasara frente a él.
—aquí tiene el suyo— me dio un puro que sacó del interior de su saco— tal vez sea demasiado fuerte para usted, así que déselo a su novio.
—lo haré en cuanto lo vea— dije divertida por la ironía. Matt no fumaba, pero seguro se moriría de la emoción de ver un puro de más de cien años de antigüedad. Aunque seguramente no se lo daría a él, sino a Terry.
—hágalo— dijo poniéndose de pie— ahora debo ir a cargar a mi nieto. Hasta luego.
—felicidades— repetí cuando se marchaba.
Minutos después Charles salió de la habitación de Susana. Me encontró en la sala de espera y nunca pudo borrar la alegría de su rostro.
—¿ya estás más tranquilo? — pregunté cuando se sentó a mi lado.
—sí, ahora sé en qué condiciones está.
—eso es… ¿bueno?
Vaciló para responderme y yo no lo presioné.
—me alegra haberla visto y saber que está estable, pero no puedo decir que está perfecta. Algo la angustia y no quiso decirme qué es, aunque no hay que ser adivino para eso. Está preocupada por Terry, hoy no lo ha visto, ¿cierto? No ha venido a verla.
—aún es temprano y tuvo cosas que hacer— contesté de mal modo. ¿acaso todos tenían que desquitar su frustración con Terry?
—¿qué cosas? — preguntó dando a entender que no había nada más importante que la persona que estaba en la habitación doce.
—no lo sé, no soy su niñera— contesté— además ha estado aquí todo el tiempo, creo que tiene derecho a descansar un poco, sobre todo porque mañana es el estreno de la obra y debe estar preparado. Por muy bueno que sea, debe concentrarse.
Charles me miró con los ojos entrecerrados. Notó inmediatamente que no iba a dejar que se quejara amargamente de Terry.
—sí, debemos estar listos— dijo después de varios segundos. — creo que en tu presencia no se puede hablar de Grandchester— dijo burlón.
—no tienes motivo para hacerlo— respondí seria— y tienes razón, así que cuidado con lo que dices incluso si no es en mi presencia—amenacé mitad en broma y mitad en serio.
—callaré.
Le pregunté de qué había hablado con Susana, pero no me dijo muchas cosas. Sólo que estaba complacida con su visita y que le permitía volver a hacerlo. Había enviado saludos a unos cuantos actores con quienes tenía amistad y le había deseado éxito en el estreno del día siguiente. También me dijo que había salido porque la señora Marlow había llegado y aunque no había sido grosera con él sí se había enojado de que estuviera a solas con su hija.
—¡vaya vigilancia monté! — dije cruzándome de brazos— me senté aquí para ver en qué momento llegaba y no me di cuenta. Seguramente me lanzó una maldición por dejarte entrar.
—sí, y yo que tú andaría con cuidado. No sabes en qué momento puede asesinarte un rayo o cuándo puedas convertirte en calabaza— bromeó y yo reí de buena gana.
—no deberías hablar así de la mujer que podría ser tu suegra— dijes después— pero tienes razón, andaré con cuidado que ya bastantes sorpresas he tenido hoy.
—¿qué?
—nada, yo me entiendo— respondí quitándole importancia al comentario— ahora debo irme, es tarde y hay mucho por hacer—dije levantándome.
—tienes razón.
Salimos juntos del hospital y cada uno tomó un camino diferente. Me dirigí a casa con la esperanza de que la presencia de Charles fuera benéfica para todos. Cuando llegué a la esquina del edificio en el que vivía vi el automóvil de Terry estacionado frente a la puerta. ¡ya estaba en casa! Aceleré el paso, pero me detuve casi al llegar a la puerta pues esta se abría y daba paso a una mujer hermosa…
¡Era ella! Esa joven era la bisabuela, era la mamá de mi abuela Claire, la abuela de papá. Era Candy; una chica rubia con unos rizos definidos, nunca había visto un cabello así. Los rizos de mi hermana tendrían envidia de los de ella. Era muy joven, tal vez unos años menor que Terry, no estaba segura. Era esbelta, su figura parecía hecha a mano. Aun de lejos pude notar su mirada inocente y angelical como la de mi abuela. Terry le decía algo y ella sonreía.
Yo estaba petrificada, esperaba conocerla, pero no creí quedar embelesada ante su presencia. Si conocer a mi bisabuelo ya había sido todo un milagro, verla a ella, a su lado era como un sueño.
—conozco un buen lugar para comer— decía Terry ayudándola a bajar los pocos escalones de la entrada. Al parecer se estaba comportando como todo un caballero.
Di un paso atrás para no interrumpir la cita, porque eso era, pero fue demasiado tarde. Terry ya me había visto.
—¡ahí estás! — dijo más sonriente que preocupado— Candy, quiero presentarte a alguien.
La joven rubia ya había reparado en mí. Me miró con inocencia y me dedicó una sonrisa. Yo la correspondí nerviosa.
—ella es Claire, vive en este mismo edificio— dijo tranquilo. ¿había escuchado bien? ¿había dicho eso? — un piso arriba del mío.
—mucho gusto— dijo Candy sin borrar la sonrisa y tendiéndome su mano. Hice lo mismo y recibí un firme apretón de manos.
—el gusto es mío.
—Claire vive con su primo, aunque sólo está de visita— continuó Terry. ¡este chico era muy bueno para las historias!
—como yo— dijo ella— ¿de dónde vienes?
—de…de Boston— contesté tranquilizándome un poco para seguir el hilo de la charla. — vine a visitar a mi primo y a ayudarlo con unos asuntos.
—nosotros íbamos a comer, ¿quieres venir? — preguntó Candy sin pensarlo dos veces.
Terry sonrió discretamente. Candy había decidido algo y eso era ley.
—no quisiera importunar. Supongo que tienen muchas cosas de qué hablar. — dije esperando alguna seña de Terry indicándome qué hacer.
—de ninguna manera. Insisto en que vengas con nosotros— dijo Candy.
Yo no podía negarme a una salida con los bisabuelos Grandchester así que dije que sí.
—si no les molesta.
—puedes invitar a tu primo también.
Este último comentario puso nervioso a Terry. Las mentiras siempre terminan devorando a quien las crea, pero ese no era el momento.
—él salió a trabajar y volverá hasta tarde— respondí— pero gracias por considerarlo.
Ese día había visto muchas sonrisas, la de Susana, la de Charles y la del señor que se había convertido en abuelo por tercera vez, pero ninguna se comparaba con las sonrisas de Candy y Terry juntos.
Hola, he aquí la llegada de Candy, en el próximo capítulo nos dedicaremos exclusivamente a ella. Gracias por sus comentarios, espero que les siga gustando la historia.
Gissa Álvarez: gracias por escribir tus impresiones sobre esta historia. Me gusta pensar lo que pasó con aquellos personajes a los que no se les dio tanta voz. Dices que cada vez comprendes más la separación de Candy y Terry, pues déjame decirte que yo también, apenas estoy viéndolo desde otra perspectiva pues recientemente vi ese capítulo. Gracias por tus comentarios, te mando saludos.
Chiiari: gracias por tus comentarios, espero que te guste este nuevo. Saludos.
Anfeliz: me dejaste asombrada al decirle a Terry…eso que le dijiste…creo que a pesar de todos los problemas a los que se enfrenta sigue siendo un muchacho y por eso no actúa como esperamos, aunque prometo que ya no le van a faltar… en esta pequeña historia. Saludos y gracias.
Sol Grandchester: en tu comentario anterior dijiste algo sumamente importante y es que hay que agradecer que Susana haya salvado a Terry sino hubiera muerto y habríamos sufrido más pues ya bastante tuve con la muerte de Anthony y eso sigo sin superarlo. También concuerdo que todo se va a la basura cuando Susana se pone loca y caprichosa y hasta aquí dejo el ensayo argumentativo. Que estés bien.
CarolL: gracias por el cumplido y al fin llegó Candy, espero te guste el capítulo. Saludos.
Tete: Terry no se casa con Susana, afortunadamente sino pobrecito, tendría que soportar a la loca de la madre y a la actriz. Gracias por el comentario, saludos.
Rosa: hola, me refería a que descartaran la idea de que se podía enamorar de Claire porque eso no es posible, yo no toco ese tipo de temas delicados. Por otra parte, tienes razón en eso de que dejó el amor de Candy, pero sabemos el motivo y afortunadamente existen los fics para que desahoguemos nuestra frustración antes ese capítulo. Espero continúes en esta historia, gracias por el comentario, saludos.
Flormnll: gracias por el cometario, aquí otro capítulo y ya con Candy en escena, a ver qué te parece. Saludos.
Dianley: hola, a mi me da impotencia y coraje la actitud de la mamá, por un lado la entiendo, pero me choca su…existencia, por eso nunca la uso, en otro fic la maté y creo que esta es la primera vez que la dejo hablar, por muy mal que se escuche eso… agradezco tu cometario y espero que te guste el rumbo de la historia. Saludos.
Vialsi: hola, gracias por el cometario, te mando saludos.
AlexaPQ: Hola, yo también he leído los fragmentos que hay traducidos del Final Story y me alegró saber que Susana murió y al menos no fue infeliz y el sacrificio que hicieron los personajes sirvió de algo, aunque seguiré diciendo que es una loca egoísta. Respecto a los quince minutos, tal vez los conceda y logre cambiar la historia. Gracias por el cometario, te mando saludos y repito que me gustó tu fic sobre Susana.
Eli Diaz: hola, gracias por leer, creo que ya todos estábamos ansiosos porque llegara Candy, veamos qué pasa ahora. Saludos.
Friditas: Hola, gracias por tu comentario, creo que hice trampa para no ver el reencuentro en la estación porque me parece que hay cosas, como esa, que no podemos cambiar porque perdería fuerza el argumento del dilema y la angustia de Terry. Gracias por el cumplido y espero que te hay gustado este capítulo. Saludos.
Melany389: gracias por el comentario, espero te siga gustando. Saludos.
Tengo dos comentarios anónimos, los agradezco y espero que les agrade el capítulo. Saludos a todas.
