UN GIRO EN EL TIEMPO

—¿quieres que vaya ahora mismo a entregársela? — pregunté con un nudo en la garganta.
—no, no ahora— sonrió de una manera diferente. Era claro que se le había metido una idea en la cabeza y yo era parte de algún plan— en el restaurante dijiste que habría gente hablando de Susana, ¿no? — yo asentí— pues bien, quiero que evites que Candy escuche cualquier comentario.
¡No! Eso era un mal plan, uno muy malo. En las películas nunca resultaban los planes de los protagonistas. Los malos siempre los echaban a perder.
—¿cómo quieres que haga eso?
—serás guardaespaldas de Candy. Le agradaste y no rechazará tu compañía. Mañana irás a recogerla al hotel, la acompañarás al teatro, aquí está tu boleto— en efecto, me dio una entrada para la obra— no pude conseguir un lugar a su lado, todo está vendido. Pero desde tu sitio podrás vigilarla.
—¿y pretendes que amenace a todos los asistentes para que no digan nada sobre el accidente? — pregunté con sarcasmo.
—¿puedes hacerlo? — preguntó y supe que no bromeaba.
—Terry, ¡no puedes encerrar a Candy en una burbuja y alejarla del mundo!
—¡lo sé! Lo único que quiero es aprovechar el tiempo. Ya lo desperdicié el día de hoy, tienes razón, y no quiero hacerlo el día de mañana. Pero tengo que estar en el teatro desde muy temprano y no podré verla hasta la noche. Por favor, ayúdame a ganar tiempo. — su voz era totalmente diferente. Me suplicaba que lo ayudara y yo sabía que tenía que hacerlo.

Al fin había entendido que por eso estaba ahí, en su tiempo. Si ayudaba a Terry entonces yo regresaría a casa y no había otra cosa que deseara más en el mundo.

—de acuerdo— dije al fin— la llevo al teatro, ¿y después?

—al término de la obra le das la carta. Mientras la lee yo me cambio de ropa y voy a buscarlas, entonces podré hablar con ella.

—¿por qué no se la doy antes? — pregunté.

—porque no vería la obra y quiero que lo haga, es para ella— respondió.

—¿no es muy arriesgado? — insistía en que era un mal plan.

—arriesgado es decir que vienes del futuro— se atrevió a bromear, por lo que supe que estaba seguro de su plan.

—bien— dije vencida.

Después Terry hizo algo que jamás olvidaré. Me abrazó fuerte y me dio un beso en la frente. Tenía una enorme sonrisa, estaba lleno de esperanza, aunque sabía que también estaba nervioso pues su futuro con Candy pendía de un hilo.

—lamento haberte gritado— dijo después de varios segundos— otra vez, pero tienes el don de sacar la peor parte de mí. — le sonreí todavía nerviosa por su abrazo, él no sabía lo mucho que valía ese gesto para mí— tienes hoyuelos en las mejillas— me dijo.

—sí, herencia de mamá. Matt también tiene— respondí.

—entonces sus hijos los tendrán— sonrió y caminó hacia la cocina. Llenó la tetera de agua y la puso al fuego. Le pegunté sobre las tazas rotas y me dijo que había sido un accidente cuando Candy había estado en la casa. —¿qué es esto? — preguntó tomando el sobre que había deslizado la señora Marlow por la puerta. — ¿a qué hora llegó? — preguntó mientras lo abría. Sus ojos se deslizaron rápidamente sobre la hoja— quiere que vaya a ver a Susana.

—ya es tarde— dije señalando el reloj. Terry se quedó mudo— no vayas— dije esperando que no hiciera caso, pues si lo hacía era probable que cambiara de opinión sobre su plan.

—debo ir— dijo doblando la hoja.

—¿y si cambias de opinión? — pregunté señalando la carta dirigida hacia Candy.

No dijo nada y fue a ponerse su saco. Las probabilidades de que se arrepintiera eran altas.

—hay algo que debes saber— dije antes de que abriera la puerta— Charles visitó hoy a Susana.

Terry giró lentamente para verme—¿lo hizo? — preguntó frunciendo el ceño. asentí— ¿cómo lo sabes?

—porque fui al hospital por la mañana—contesté— después de ir al hipnotista al que me enviaste— respondí cruzándome de brazos. Después de todo lo que había pasado en el día recordé mi aventura con el hombre que había sido Napoleón y con el hombre de la librería.

—un momento, ¿de qué hipnotista me estás hablando? — preguntó todavía más confundido.

—no te hagas el inocente conmigo— contesté cruzándome de brazos— la dirección que me diste era la de un hipnotista. El tipo tiene un enorme cartel con una larga lista de "servicios" — golpeé el piso con el pie esperando una explicación. Terry meneó la cabeza y frunció el ceño nuevamente.

—no te mandé con un hipnotista. Te di la dirección de un profesor de física.

Negué mil veces con la cabeza y le conté lo que había sucedido por la mañana.

—Claire, te juro que te di la dirección de un profesor de física. Su nombre es Philip Jobs, es profesor en la Universidad de Nueva York.

—te digo que la dirección es la de un hipnotista—repetí— tal vez te equivocaste y me diste mal la dirección.

—no, es la que él me dio— dijo pasándose una mano por el cabello.

—¿él te la dio? ¿cómo conoces a un profesor de física? — pregunté todavía más exaltada y confundida.

—soy actor— sonrió y yo enarqué una ceja— tengo que hacer relaciones públicas.

—ahora mismo me explicas tu relación con ese hombre y por qué piensas que puede ayudarme—dije poniéndome el abrigo— y no tendrás excusa para no hacerlo. Voy contigo al hospital.

—¿segura? Recuerda que la señora Marlow está ahí.

—no importa, alguien debe hacerle compañía mientras hablas con Susana. Seguro que la pasaremos bien, somos amigas— respondí con sarcasmo y Terry rio.

—vamos— dijo abriendo la puerta. —Salimos de casa y subimos a su auto.

—¿crees que alguien haya notado mi presencia en el edificio? — pregunté al darme cuenta de que en todos los días que había estado viviendo ahí no me había topado de frente con alguna persona.

—lo dudo— dijo pensativo— ya me habrían dicho algo— respondió— además no todos los departamentos están ocupados— avanzamos en dirección al hospital. Estaba nevando— dime otra vez lo de esta mañana.

—¿lo de Napoleón o lo de Charles? — pregunté quitándome un copo de nieve del hombro.

—ambos, pero primero lo de Charles— contestó.

—de acuerdo— tomé aire— lo encontré en la recepción cuando entraba. La enfermera no lo dejaba entrar porque no creía que fuera un amigo de Susana. Cuando me acerqué le dije que sí era un conocido y que podía pasar.

—¿qué dijo ella cuando lo vio?

—no mucho, se puso nerviosa, y él también. Los dejé solos para que hablaran a gusto. Charles salió cuando la señora Marlow llegó, dijo que no lo había tratado mal, pero tampoco le agrado que visitara a su hija sin su consentimiento. También me dijo que Susana le había permitido volver a visitarla— Terry asintió—eso es bueno, ¿no? — dije esperanzada.

—no lo sé.

Cuando faltaban un par de calles para llegar al hospital le pregunté a Terry sobre el profesor de física.

—conocí a sus hijos en una representación del Rey Lear, uno de ellos quiere ser actor, pero es todavía muy pequeño. El profesor Jobs me invitó a cenar a su casa una semana después de conocerlo para que su hijo pudiera hacer todas las preguntas respecto al teatro.

—¿y aceptaste ir? — pregunté asombrada.

—me gustan los niños tanto como a Candy— respondió sonriendo.

—¿niños? Espera, ¿qué edad tienen ese niño?

—ocho años.

—es muy pronto para que sepa qué quiere ser de grande— dije— seguramente cambiará de opinión dentro de unos años.

—yo supe que quería ser actor desde muy pequeño— se defendió — aunque sí es probable que cambie de opinión. — dijo después— pero ese no es el tema. Lo importante es que aparte de responder setenta y cuatro preguntas sobre el teatro también pude preguntar al profesor sobre su trabajo. Es un hombre brillante y creo que él podría ayudarte a entender cómo llegaste aquí y cómo puedes irte.

—ya sé cómo llegué aquí— dije tranquila al saber que mi bisabuelo no me había enviado con un hipnotista que probablemente era un charlatán. —pero no me caería nada mal una ayuda para salir de aquí. Tal vez podamos verlo…mañana no, tenemos cosas qué hacer…vayamos pasado mañana, ¿si?

—¿sueles hablar sola? — se burló Terry de mi pequeño soliloquio.

—¡oh! ¡cierra la boca! — dije entre risas…

El buen humor se esfumó en el hospital. Terry inhaló profundo antes de entrar a la habitación de Susana. Yo lo esperé afuera y la señora Marlow no tardó en salir. Me miró de arriba abajo y yo la saludé sólo por cortesía.

—supongo que usted lo trajo— dijo con voz severa.

—¿a quién traje?

—al actor.

—aquí todos son actores— dije burlona. Con Susana no podía ser grosera, no tenía corazón para serlo, pero con su madre era diferente, ella no me soportaba y yo tampoco a ella.

—usted trajo a Charles, no crea que soy estúpida.

—¡para nada! — exclamé— pero yo no lo traje, llegó por su cuenta.

—no le creo— dijo ya más enojada— primero usted sugiere que mi hija necesita visitas y después se aparece ese muchacho.

—ese muchacho está enamorado de su hija. Ese muchacho se preocupa por la salud de su hija. Ese muchacho puede hacer feliz a su hija— dije recalcando cada vez más las palabras. — ese muchacho está más interesado en Susana que usted.

—¡cómo se atreve a decir eso! — gritó al momento en que se acercaba una enfermera y nos reprendía por gritar en el hospital. La señora Marlow volvió a mirarme de arriba abajo y caminó hacia las escaleras.

Terry tenía razón al decir que sacaba lo peor de él, pero también sacaba lo peor de la señora Marlow. Tal vez podía utilizar ese don para ayudar a Candy y Terry a estar juntos y formar la familia a la que yo pertenecía.

Recorrí un par de veces el largo pasillo mientras repasaba el plan de Terry para el siguiente día. Yo tenía que hacer algo para que las cosas salieran bien, pero no se me ocurría nada. Me detuve nuevamente a unos metros de la puerta de Susana y esperé a que Terry saliera.

—dijo que era amigo del gobernador y que demandaría al hospital si su esposa no se recupera—dijo un médico a otro mientras caminaban por el pasillo.

—seguramente juega ajedrez todas las noches con Glynn— dijo el otro médico en tono de burla— ni siquiera te molestes por sus comentarios, estás haciendo lo que debes y lo que puedes hacer en su caso— agregó el galeno quien parecía tener más experiencia con los pacientes y sus familiares. Al parecer el más joven se enfrentaba con una persona inconforme por el servicio que brindaban en el hospital. Las cosas no eran tan diferentes en mi época. Siguieron avanzando y dejé de escuchar su conversación.

Terry no tardó en salir. Me preguntó si quería ver a Susana y negué con la cabeza. Era demasiado tarde y yo quería volver a casa. Salimos del hospital en silencio y por suerte no nos topamos con la señora Marlow.

—Terry, ¿cómo se llama el gobernador? — pregunté durante el trayecto a casa.

—Martin Henry Glynn— respondió inmediatamente.

—¿sabes si está en la ciudad?

—creo que sí…no estoy seguro, ¿por qué? — preguntó.

—por nada— sonreí y me quedé en silencio el resto del camino.

Llegamos a casa y mientras tomábamos un poco de café, Terry me contó la charla que había tenido con Susana.

—sabe que no fui a verla en todo el día porque Candy está aquí— dio un sorbo— se puso a llorar.

—¿y qué le dijiste?

—que había venido a ver la obra y que tenía que decirle lo que había pasado. —dio otro sorbo de café— un segundo me dijo que podía irme con Candy y dejarla y al siguiente que si la abandonaba moriría.

—eso ya te lo había dicho, ¿no?

—varias veces, pero…esta vez es diferente.

—¿por qué? — pregunté sin poder ocultar mis nervios—porque ahora sé lo que quiero realmente y voy a hacer todo lo posible por lograrlo—respondió de una manera tan segura que creí que Terry había madurado de la noche a la mañana. Ya no parecía un muchacho temeroso e inseguro de su futuro. Su deseo era estar al lado de Candy e iba a luchar para conseguir su felicidad.

—me alegra que ya no tengas dudas— dije después de varios segundos de mirar detenidamente el rostro decidido de Terry. — creo que deberías ir a descansar, es tarde y hay mucho por hacer mañana. — logré que Terry aceptara dormir en su habitación y yo me quedé en la sala despierta un rato más.

Estaba en la cafetería de la universidad en compañía de Jack, Marianne y Elliot. Los cuatro discutíamos sobre una técnica de marketing tradicional para persuadir a un público de consumir algo sin recurrir a la publicidad directa.

—mi madre compra cualquier cosa que mi tía Lucy le mencione— dijo Marianne robando el ultimo trozo de rosquilla que Elliot tenía. — sabe convencerla de casi cualquier cosa— dijo un poco fastidiada.

—como la manguera expandible para el jardín que no tienen— dijo Jack con burlona voz.

—o como la vez que creíste que Maroon 5 iba a dar un concierto aquí sólo porque Olivia te lo dijo—agregué yo.

—porque su amiga se lo dijo— se defendió Jack queriendo justificar aquella semana en la que estuvo loco de emoción.

—y a esa amiga le dijo otra amiga a quien otro amigo le dijo—agregó Elliot— así nacen los chismes.

—¿y los chismes no son marketing? — preguntó Marianne.

—lo son— escuchamos una voz masculina— pero preferimos el término "boca a boca" para sonar más especializados— el profesor Campbell se sentó con nosotros y nos dio una cátedra de dicha técnica durante cuarenta minutos, lo que posteriormente nos ahorró una tarea en su clase.

Desperté a las cinco de la mañana con energía suficiente como para no parar en todo el día y eso era bueno. Terry no tardó en despertar.

—buenos días— saludó mientras yo preparaba más café. Al parecer él también era adicto a esta bebida.

—¿dormiste bien?

—sí, como hace mucho no lo hacía.

—y sin necesidad de alcohol— bromeé recordándole su borrachera de días atrás.

—sabía que no lo ibas a dejar pasar—dijo fingiendo fastidio.

—ya me vas conociendo, eso me agrada— respondí con una sonrisa que denotaba cuán molesta podía llegar a ser.

—¿me darás un sermón?

—no, creo que ya aprendiste la lección, el alcohol no soluciona nada. —dije mientras le servía café— tendrás que llenar tu alacena, ya queda muy poco.

—lo haré mañana— asintió con la cabeza y bebió su café.

—¿a qué hora debes estar en el teatro?

—a las siete, tenemos que ver algunas cosas legales— contestó.

—y supongo que a esa hora ya habrá periodistas en la puerta.

—sí, algunos buscan entrevistas antes de la obra para no tener que perder tiempo esperando.

—¿tú das entrevistas?

—intento no hacerlo y menos con lo que pasó con Susana.

—es una buena nota y no la dejarán pasar, ese es su negocio— yo sabía de notas de primera plana— pero perderá fuerza con el paso del tiempo. — Terry asintió no muy convencido de mis palabras. Él sabía que era cierto, pero quería que el mundo le quitara la vista de encima inmediatamente y eso no iba a suceder tan pronto. — cambiando de tema, ¿tienes algún pantalón que me puedas prestar?

—¿pantalón? ¿te quedaste sin ropa?

—no, aún tengo para hoy, pero necesito un pantalón y no puedo usar el mío porque es demasiado…—dudé

—ajustado,

—sí.

—no sé para qué lo quieres, pero revisa en mi armario, toma lo que necesites.

—gracias. Oye, no quiero ser abusiva, pero necesito dinero para ir por Candy al hotel.

—es cierto, no había pensado en ello— de su billetera sacó unos dólares y una tarjeta— se hospeda en el hotel Royal— ahí está la dirección.

—bien, ¿ella sabe que iré?

—sí, se lo dije cuando me despedí.

—¿y aceptó?

—sí, dijo que le habías agradado, no sé por qué— se burló— y creyó que era buena idea ya que ambas vienen de otra ciudad.

—¡vaya! Así que ya tenías el plan antes de decírmelo.

—no había pensado lo de la carta, pero sí en que la acompañaras.

—pues será mejor que nos apuremos, tengo que ir al teatro contigo y después prepararme para ir por Candy.

—¿al teatro? ¿qué tienes que hacer ahí?

—amenazar a todos para que no hablen sobre Susana durante la obra. — Terry me miró confundido— yo me entiendo, no te preocupes, todo saldrá bien.

Llegamos media hora antes al teatro. Terry entró y yo me quedé afuera por la parte trasera. No tuve que esperar mucho para que un reportero se acercara a pedirle al guardia que lo dejara entrar para entrevistar al director. El guardia le dijo mil veces que no podía pasar y el reportero fingió darse por vencido.

—deben estar preparándose para la visita— dije tranquila acercándome al hombre que no pasaba de los treinta años.

—¿qué visita? — preguntó viéndome de arriba abajo.

—la de Glynn, dicen que vendrá al estreno.

—¿el gobernador vendrá? — el hombre entrecerró los ojos sin creerme.

—eso dijeron en mi redacción y me mandaron a averiguar, pero nadie dice nada— saqué mi libreta de notas busqué una página al azar— lo único que he conseguido es un "sin comentarios" de Grandchester. ¿qué se supone que haga con eso? A mi jefe le interesa el gobernador.

—el gobernador nunca viene a este tipo de evento, ¿Por qué habría de venir?

—¿no sabes? — el reportero negó con la cabeza— Glynn quiere congraciarse con el presidente y contratar a la compañía para que represente la obra en la casa presidencial.

—¡me van a matar! ¿cómo supiste eso?

—lo siento amigo, sabes que no puedo darte mi fuente— dije negando con la cabeza y mostrando pena exagerada.

—ya me ayudaste— dijo echándose a correr para tomar un carruaje. Seguro iba a la redacción de su periódico.

Me alejé más de la puerta trasera del teatro y me encaminé hacia la entrada principal. En la taquilla había dos personas queriendo conseguir entradas para la función de esa noche.

—lo siento señor, pero todo está lleno— dijo el hombre que vendía los boletos.

—¡está bien! Deme dos entradas para la función de mañana.

—con gusto— el de la taquilla le mostró los lugares vacíos que había y el señor eligió sus asientos.

La señora que estaba atrás se desesperó rápidamente por tener que esperar hasta el día siguiente para ver la obra.

—¿quería ver al gobernador? — pregunté recargándome en la pared.

—¡el gobernador va a venir! — exclamó la señora nerviosa y emocionada.

—eso dicen— me encogí de hombros.

—¡no puede ser! Tengo que decirle a mi hermana que me cuente todo lo que vea esta noche, ella consiguió boletos para hoy— dijo la mujer e inmediatamente se marchó sin comprar boletos.

El hombre que estaba en la taquilla escuchó lo que dije y en cuanto terminó de comprar se fue con paso veloz. Necesitaba a más personas para esparcir la noticia así que me quedé un rato más afuera del teatro, pero no tuve que hacer mucho. El reportero haría todo por mí. Media hora después de verlo ya había una horda de reporteros queriendo buscar la información de la visita del gobernador.

—¿conseguiste algo? — preguntó cuando me vio.

—todavía no.

—sí sé algo te aviso— dijo amablemente— soy Erick.

—Claire.

Dejé que el resto de los reporteros hicieran su trabajo y me fui a casa. La gente me miraba extrañada pues iba vestida como hombre y era evidente que era una mujer. Pasé por una tienda y me miré en el cristal. No parecía un hombre, pero si me veía como una desaliñada mujer y ese era mi plan. El periodismo era un mundo de hombres, como muchas otras actividades, así que si quería parecer reportera tenía que verme más masculina y al parecer lo había logrado. Si tenía suerte, por la noche se hablaría de la supuesta visita del gobernador al teatro y no de la situación de Susana.

Una hora antes de que iniciara la obra yo ya esperaba a Candy en la puerta del hotel Royal. Había tomado un carruaje para que me llevara hasta el lugar. Le pedí que me esperara para llevarnos al teatro y el hombre aguardó pacientemente.

Mientras esperaba revisé que llevara los boletos de la obra y la carta de Terry para Candy. Cinco minutos después de mi llegada, Candy salía del hotel. Se veía hermosa con su cabello rubio recogido en una cinta rosa y envuelta en un abrigo largo verde. Al verme sonrió, levantó la mano para saludarme y yo hice lo mismo.

—¡te ves hermosa! —dije tan pronto se acercó a mí.

—¡oh! gracias— se sonrojó y se llevó una mano a la mejilla derecha— tú también te ves linda, el azul te queda perfecto— me dijo. Llevaba el ultimo atuendo que Terry me había comprado, el azul. Me había hecho un chongo con mucho trabajo, pues pocas veces me peinaba y había utilizado un poco del maquillaje y el perfume que llevaba. Candy también desprendía un delicioso y sutil aroma a flores.

—¿nos vamos? — señalé el carruaje que nos esperaba.

—sí, por cierto, quería pasar a comprar un ramo de flores— dijo con un poco de timidez— para Terry.

Me emocioné ante el gesto y asentí con la cabeza.

—podemos decirle al cochero que nos lleve a un buen lugar para comprarlo— dije mientras nos acercábamos.

Subimos al carruaje y Candy le dio indicaciones de pasar por una florería antes de llegar al teatro. El hombre asintió y echó a andar el vehículo.

Candy me contó que estaba emocionada por ver actuar a Terry como Romeo.

—una vez fui Julieta— dijo sonriente— fue en Inglaterra, durante un festival escolar. Yo estaba castigada y no podía asistir al evento, pero el señor Andley me envió un par de trajes hermosos, uno de hombre y otro de mujer. Usé los dos y me divertí mucho. Siempre dije que los trajes eran de Romeo y Julieta.

—así que Terry es tu Romeo y tú eres su Julieta— dije recordando aquel día en que Terry se había sonrojado cuando le pregunté si le agradaba su Julieta de tablas. Él no tenía más Julieta que Candy.


Hola, aquí les dejo un capítulo más de la historia, ahora viene lo bueno...

Dicen por ahí que "excusa no pedida, justificación dada" pero, les comento que he vuelto a mis actividades normales y no sé con qué frecuencia voy a poder actualizar, prometo apurarme y espero no desanimarlas con la historia.

Gracias por sus comentarios a:

Elisa ventura

Gissa Alvarez

Sol Grandchester

Vialsi

Darling eveling

Mercedes

Anmoncer1708

Pecas

Pati

Eli Diaz

Darjeeling

Chiiari

Dianley

Lady Lyuva

Friditas

Agradezco su tiempo y sus palabras, nos leemos pronto.