UN GIRO EN EL TIEMPO

—ven aquí— dijo Candy tomándome de la mano con fuerza— no me sueltes— me ordenó mientras comenzábamos a caminar entre la gente. No sé cómo, pero Candy se estaba abriendo paso entre todo ese grupo, formado principalmente por mujeres y jovencitas. La escuché balbucear algo sobre un barco, Londres y América mientras avanzábamos.

—no pueden pasar— dijo un hombre alto y robusto que custodiaba la entrada tras bambalinas.

—Terry nos está esperando— dije recuperando el aliento que había perdido al empujar a un par de señoras gordas y a varias muchachas.

—¡a ustedes también! — respondió el hombre en tono de burla.

—es en serio— dije— ella es la señorita Candy White y yo soy…

—¡Claire! — me interrumpió el guardia— es cierto— giró la manija de la puerta que permitía el acceso y la multitud comenzó a gritar. — pasen rápido, por favor— dijo empujando la puerta con una mano para dejarnos entrar y alejando a la gente con la otra extremidad.

—pasa Candy— dije haciendo que entrara primero. Cerramos la puerta inmediatamente.

—¡es un caos! — dijo recargándose en la puerta. También le faltaba el aliento y tenía las mejillas encendidas, tal vez por la emoción o por el esfuerzo físico que había hecho para lograr llegar al frente.

—pero ya estás aquí. Ahora debes buscar a Terry. — en ese momento recordé la carta. Era momento de dársela. — antes de seguir avanzando…toma esto— ya había sacado la carta de mi bolsa— Terry me pidió que te la diera cuando terminara la obra, pero con todo el alboroto de allá afuera no pude hacerlo.

—¿qué es? — preguntó mirando el sobre fijamente.

—algo que quiere decirte, supongo— contesté— pero ya que vas a verlo, tal vez puedas leerla frente a él, ¿no?

—sí…— dijo Candy más que confundida y comenzó a caminar sin decirme una palabra.

Adentro era otro caos. La gente corría de un lado a otro con trajes, utilería, papeles o parte de la escenografía que tal vez debía ser reparada.

—iremos por aquí— dijo Candy decidida mientras comenzaba a caminar por un largo corredor. — no hay nadie por ahí y hay muchas puertas, deben ser los camerinos, ¿no?

—claro—dije siguiéndola. La verdad es que Candy tenía razón y la dirección que habíamos tomado nos llevaría hacia Terry.

—aquí es— se detuvo frente a la puerta que tenía el nombre de Terry grabado. Llamó dos veces y no hubo respuestas. Volvió a tocar y la puerta se abrió, pero no salió Terry, sino Charles. Di un paso atrás y Candy miró confundida al joven que tenía delante— disculpe, venía a buscar a Terry.

—está adentro— respondió serio dejándola pasar.

—esperaré afuera— le dije a Candy antes de que cerrara la puerta, pero no estaba segura de que me hubiera oído.

—¿quién es ella? — me preguntó Charles tan pronto como la puerta se cerró.

—alguien importante para Terry— contesté sin querer dar mucha información pues la actitud de Charles era diferente a las otras veces que lo había visto. En ese momento estaba serio, casi molesto. Tenía fruncido el entrecejo y su mirada parecía lanzar fuego. Había hablado con Terry sobre Susana.

Charles no dijo nada y fue hasta su camerino, un par de puertas más al fondo. Yo me quité del pasillo para no estorbar y los minutos comenzaron a ser más largos.

—¿dónde está Terry? — escuché la voz del director quien, casi a gritos, llamaba a Terry.

El silencio se hizo presente. Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y miraban al director fijamente. La puerta de Terry se abrió, también la de Karen, Charles y otros actores más.

—¿qué ocurre? — preguntó Terry ya sin su traje de Romeo.

—es Susana— dijo el director y todos comenzaron a murmurar, pero Terry pareció no escucharlos. Charles se acercó inmediatamente— una enfermera vino a buscarte, Susana desapareció.

—¡¿QUÉ?! — gritaron Charles y Terry al mismo tiempo.

Me acerqué a los tres hombres y en ese momento Candy también se asomaba por la puerta. Tenía los ojos llenos de lágrimas y su nariz y mejillas estaban rojas.

—iré a buscarla— dijo Terry estirando la mano hacia una mesa próxima a la puerta de su camerino. Había tomado sus llaves.

—voy contigo— dijo Candy en un susurro y Terry la tomó de la mano.

—también yo— dijo Charles y yo di un paso al frente mirando a Terry. Él me miró asustado, no tenía idea de lo que ocurría.

—si salen los dos juntos serán abordados por los reporteros y nunca saldrán— intervino el director.

—iremos a la puerta principal para que dejen esta salida libre— la voz de una mujer se escuchó claramente. Karen Claise había salido de su camerino y la actriz que interpretó a la madre de Julieta asintió con la cabeza. —será mejor que vengas también, Robert.

—sí, tienes razón— asintió el director y en cuestión de segundos la mitad del elenco salía por la puerta principal del teatro.

La primera en salir fui yo para asegurarme de que no hubiera nadie que detuviera a Terry o a Charles.

—Candy y yo iremos en mi auto— me dijo Terry.

—yo llevaré a Claire— dijo Charles— no eres el único con un buen sueldo— dijo señalando un auto muy similar al de Terry.

—nos vemos allá— dijo Terry y ayudó a Candy a subir al automóvil.

—Claire…— Candy iba a decir algo, pero Terry ya había encendido el coche y se disponía a partir.

—los veré después— dije.

Charles y yo subimos a su automóvil. El actor conducía como loco por las calles con tal de llegar pronto y antes que Terry.

—me gustaría llegar viva al hospital, ¿sabes? — dije sujetándome de la manija. No creí que los automóviles de principios de siglo pudieran ser tan rápidos.

—no estoy para bromas— dijo mientras girábamos.

—¿qué pasó entre ustedes dos que te puso de tan mal humor? — pregunté seria.

—nada.

—¿nada? — repetí— la segunda parte de la obra inició más tarde lo que debía. Al terminar la obra, sales del camerino de Terry y antes de salir le dices que no es mejor que tú— me miró con el rabillo del ojo— no le mencionaste lo del sueldo sólo porque sí. ¿Qué pasó? ¿pelearon?

Charles condujo una calle más en silencio.

—peleamos en el intermedio— respondió finalmente— casi le rompo la cara. — ¿era cierto eso? — al término de la primera parte me dijo que me había equivocado en una línea. Le respondí que todos nos habíamos equivocado en algún momento y…

—y sin razón alguna salió el tema de Susana, ¿no?

—si ya sabes lo que pasó no debiste preguntar.

—no lo sabía, pero la única razón por la que ustedes pelearían es por Susana. — Charles no dijo nada— lo que me parece estúpido, infantil y ridículo. Se comportan como niños frente a un problema de adultos.

—no necesito un regaño en este momento, Claire. Lo único que necesito es saber qué pasa con Susana. ¿por qué se fue? Y ¿a dónde?

—tienes razón. ¿tienes idea de a dónde pudo haber ido?

—no, ¿tú?

—no, la única que sabría algo es su madre.

Charles tomó un camino que yo no había recorrido con Terry. Era un atajo, así que llegamos antes al hospital, sólo unos minutos antes.

La nieve me impedía ver claramente, no había luz de luna y eso tampoco ayudaba. Bajamos del auto y entramos corriendo al hospital, donde el ambiente era tenso. Enfermeras, doctores y guardias de seguridad caminaban de un lado a otro buscando a Susana.

Lo primero que Charles y yo hicimos, sin preguntarnos, fue subir a la habitación de Susana. La ventana estaba abierta y el aire del exterior golpeaba terriblemente. La cama estaba desecha, las muletas no estaban y la silla de ruedas que había visto anteriormente estaba hasta el otro extremo del cuarto, como si alguien la hubiera aventado. También había restos de un florero que se había roto no sé en qué momento de la noche.

Mientras yo observaba la habitación Charles ya había salido. Escuché cómo gritaba su nombre, sin importarle que los demás pacientes lo escucharan. Salí detrás de él y recorrimos el pasillo. Al llegar a las escaleras Terry y Candy subían, acababan de llegar.

—¿algo? — preguntó Candy.

—acabamos de llegar— respondí— su habitación está hecha un desastre.

—¡Susana! — la voz de Charles resonó por todo el pasillo. —¡Claire! ¡por aquí!

Candy, Terry y yo corrimos hasta donde estaba Charles. Al final del pasillo había una puerta de metal que conducía hacia la azotea del edificio. Se me revolvió el estómago y me imaginé lo peor.

Subimos las escaleras y se nos presentó una imagen terrible. Susana, envuelta en una bata verde de terciopelo, se sujetaba del barandal. ¡Iba a lanzarse!

Me temblaron las piernas y no me pude mover, sólo vi lo que pasaba.

—¡Susana! — gritó Candy y dio unos pasos al frente.

Charles ya estaba cerca de ella, caminaba lentamente, supongo que para no asustarla. Terry también avanzó varios pasos y se acercó más que Candy.

—¡Sussie! — dijo Charles— Sussie, no te sueltes.

—¡vete Charles! ¡vete— gritó la joven actriz.

—Susana, por favor, no lo hagas— dijo Candy— Susana…Terry está aquí, por favor no lo hagas.

La actriz volteó a ver a Terry y se sujetó con más fuerza al barandal, pero no se movió ni un milímetro.

—¡vayanse todos! Si yo muero podrán ser felices.

—eso no es cierto— dijo Terry— si te pasa algo nunca me lo perdonaré— la voz de Terry era fuerte, grave y no titubeaba. Charles le lanzó una fuerte mirada. — Susana, ven, por favor.

Candy fue mas rápida que todos. En un segundo se había lanzado hacia Susana y la tomaba por la cintura. Sentí pánico. Si Susana se lanzaba podía llevarse a Candy consigo.

—Susana, piénsalo. De nada servirá que lo hagas. Piensa en las personas que te quieren. — la voz de Candy era una súplica.

—a nadie le importo. Todos estarán mejor sin mí— Susana se negaba a escuchar y Terry estaba asustado. La vida de Candy corría peligro.

Charles le hizo una señal a Terry y este asintió. Lentamente Terry avanzó hacia el barandal.

—Susana…

—¡vete! — gritó una vez más.

Charles avanzó también hacia el barandal, pero del lado opuesto. Candy hizo un enorme esfuerzo físico y jaló a Susana. Logró que la actriz se soltara del metálico barandal y en un segundo Charles y Terry se interponían entre la actriz y el vacío.

Candy y Susana cayeron y sus cuerpos se enterraron en la fría nieve. Charles avanzó y tomó a la alterada actriz entre sus brazos y ella se aferró a él y comenzó a llorar. Terry levantó a Candy ágilmente como si fuera una pluma. Le palpó la cabeza, los brazos y la espalda y la abrazó fuertemente. Candy también lo abrazó.

En ese momento, un grupo de enfermeras, un médico y la madre de Susana subían. La mujer gritó el nombre de su hija en repetidas ocasiones y se acercó a ella que seguía en brazos de Charles.

—¡llévenla a su habitación! — ordenó el médico mirándonos a todos. —¡pronto!

Charles miró a Terry una última vez y comenzó el descenso seguido de las enfermeras y el médico. La señora Marlow nos miró a los tres que quedábamos ahí, pero detuvo su vista en Candy.

Terry la tomó de la mano y juraría que retó a la señora Marlow con la mirada. Hasta ese momento yo me pude mover y avancé hasta detenerme al lado de Candy. La señora Marlow volvió a mirarnos y frunciendo el ceño alcanzó a su hija en su habitación.

—será mejor que todos bajemos— dije caminando hacia la puerta por la que todos habían desaparecido.

—Claire, espera— dijo Candy y yo di media vuelta.

Candy y Terry se lanzaron una de esas miradas con las que se dice todo. Terry le dio un beso en la frente y se acercó hacia la puerta.

—no se tarden— dijo antes de desaparecer.

Yo no entendía lo que pasaba.

—Claire, Terry me dijo todo— Candy se acercó hacia mí y me tomó de las manos.

—¿todo? — pregunté. ¿le había dicho de dónde venía?

—todo lo que hiciste para convencerlo de decirme lo que había ocurrido con Susana. Me contó que estuviste a su lado estos días y que lo apoyaste. También me dijo de los regaños que le diste y de cómo me protegiste en el teatro para que no escuchara los comentarios sobre el accidente.

—yo…—me había quedado son palabras—¿cómo te dijo todo en tan poco tiempo?

—la carta me hablaba del accidente y de lo que tú has hecho toda esta semana. Ya conocías a Susana, a su madre y a ese actor…

—Charles— dije.

—sí, a él. — sonrió— no sé cómo lograste que Terry confiara en ti, ya te habrás dado cuenta de que es una persona difícil y que no abre sus sentimientos a cualquiera, pero me alegra que lo haya hecho contigo. Dirás que estoy loca, pero creo que te pareces mucho a nosotros.

—Candy, yo…

—gracias Claire— me abrazó y se me hizo un nudo en la garganta— gracias por habernos apoyado.

—no creo haber hecho mucho, pero si ayudé en algo, me alegro— fue lo único que pude decir.

—creo que hiciste mucho— me apartó un mechón de cabello del rostro— creo que tus ojos se parecen a los de Terry. Ahora, vamos abajo. Debe haber algo que podamos hacer.

—espera…ustedes…seguirán juntos, ¿verdad?

Candy miró el piso, después el cielo y finalmente a mí. —sí, no será fácil, pero ¿cuándo lo ha sido? Creo que Susana, Terry y yo no podremos ser amigos, pero amo a Terry y no voy a dejarlo ahora que me necesita para apoyar a Susana.

—me alegra saber eso— dije con una sonrisa que estuvo a nada de convertirse en llanto— no sabes cuánto me alegra. Sé que serán muy felices.

La señora Marlow tuvo un ataque de nervios cuando Charles y Terry le explicaron lo que Susana iba a hacer. Por eso, el médico le dio unos calmantes y la llevó a su consultorio para revisarle la presión.

Susana estaba ya en su habitación. No tenía ninguna herida física, pero su rostro estaba demacrado y moralmente no debía sentirse bien. Charles estaba a su lado, tomando su mano. Candy, Terry y yo estábamos al margen de esa escena. Desde que habíamos bajado Susana no nos había dirigido la palabra, solo hablaba, y en voz baja, con Charles.

—esperaré afuera— dije desesperada por tanta tensión y tanto silencio.

—Claire— la voz de Susana era casi imperceptible— ¿puedo hablar contigo?

Miré a Charles, a Candy y a Terry que pronto desalojaron la habitación.

—creí que era la solución, ¿sabes? — dijo antes de que yo hiciera cualquier gesto. —creí que, si moría, entonces mi mamá, Terry y Candy podrían rehacer sus vidas. Sólo estoy ocasionando problemas a todos, hasta a las enfermeras, y la verdad…ya estaba cansada de esto— con sus brazos abarcó toda la habitación.

—me alegra que no lo hayas hecho— dije y no supe qué tono adquirió mi voz.

—pero…—sonrió con pesar— hay algo más que quieres decir.

—no…nada.

—entonces, lo diré yo— alisó las sábanas— Susana es una tonta, una idiota por haber arriesgado su vida y la de Candy de esa forma; y lo peor de todo, es una cobarde, pues no logró soltarse del barandal y…

—nada de eso— la interrumpí— no eres nada de lo que dijiste. Creo que entiendo tus motivos, pero…me duele pensar que no te importan las personas que están a tu alrededor. Tu madre no habría superado nunca tu muerte. Terry y Candy no habrían podido "rehacer sus vidas" cargando siempre con la culpa de tu muerte y…dime, ¿pensaste en Charles? Estoy segura de que te ama y sospecho que tú también lo amas.

—ahora lo sé— murmuró— pero, también amo a Terry.

—lo sé, sé que tus sentimientos son puros…

—pero él ama a Candy.

—y ambos tienen un gran corazón y estoy segura que si los dejas lograrán hacerte bien.

—¿amigos nosotros?

—personas maduras y buenas. No te digo que lo hagas, no si no quieres. Sólo digo que no te cierres a las personas. Si te dijera lo que hicieron esta noche en el teatro, no lo creerías.

—¿qué hicieron? — preguntó y yo le conté que Karen y el resto del elenco habían llamado la atención de la gente para que Charles y Terry pudieran salir rápidamente hacia el hospital.

—estás cansada, será mejor que me vaya.

Susana accedió. Era ya muy noche y era importante cuidar la salud de Susana.

—¿podrías decir a Candy que quiero hablar con ella?

—¿estás segura? ¿no deberías dormir?

—llámala.

Salí de la habitación y respiré profundamente, me faltaba el aire desde hacía horas. Candy y Terry estaban a un lado de la puerta, charlaban en voz baja.

—¿cómo está? —preguntaron.

—cansada, pero dice que quiere hablar contigo— respondí mirando a Candy. —insistí en que debía descansar, pero…

—iré— dijo Candy y Terry y yo nos quedamos en el pasillo.

—¿y Charles?

—fue a ver a la señora Marlow.

—ah… ¿estás bien? —pregunté. Parecía que llevaba días sin saber de Terry.

—agotado, pero me siento bien, tranquilo— nos alejamos de la puerta de Susana— ¡no tienes idea de lo que sentí al ver a Candy tan cerca de caer, creí que…

—pero no pasó— lo interrumpí— también sentí pánico y…me paralicé en el peor momento, pero nada malo pasó. Ella está bien y tú estás a su lado, eso es lo que importa, ¿no?

—sí.

—fue un momento terrible para todos, nunca imaginé que algo así podría pasar. Susana va a necesitar ayuda psicológica. —Terry me miró y estuvo a punto de refutar mi argumento— de donde yo vengo la ayuda psicológica no significa estar loco.

—entonces no es tan malo tu siglo—bromeó.

—tiene muchas ventajas.

—espero que pronto sepamos cómo puedes regresar.

—sí, yo también.

Nos quedamos en silencio por unos minutos hasta que le pregunté sobre Charles.

—ya no tiene caso hablar de por qué peleamos— contestó— Claire, quiero agradecerte por todo lo que has hecho esta semana. De no ser por tu compañía, no sé qué estaría pasando en este momento.

—para eso están los primos, ¿no? — sonreí y él hizo lo mismo.

—para eso está la familia— dijo mirándome fijamente a los ojos. ¿Acaso sabía algo sobre nuestro lejano parentesco? —me alegra que aterrizaras en mi departamento.

—mi departamento—lo contradije divertida.

—nuestro departamento, ¿te parece?

Candy salió en ese momento de la habitación de Susana. Miró a Terry y sus ojos se llenaron de lágrimas. Me hice a un lado y vi cómo él la abrazaba con fuerza. ¿de qué había hablado con Susana?

Me alejé lentamente y bajé las escaleras. Ellos dos tenían que hablar a solas. Me senté en una de esas bancas incómodas de madera y recé para que no hubiera más problemas. La sala estaba tranquila, al igual que el resto del hospital pues el estado de alerta ya había pasado y como todo había pasado de noche, las probabilidades de que lo ocurrido con Susana llegara a los periódicos eran bajas.

Me recargué en la banca y cerré los ojos. La adrenalina de mi cuerpo ya estaba disminuyendo y en cualquier momento me iba a quedar dormida.

—es tarde para visitas, ¿no cree? — abrí los ojos y el señor que se había convertido en abuelo recienteente me miraba sonriente.

—creo que sí, pero tenía que venir.

—¿se encuentra bien? La persona a la que vino a ver…

—sí, ahora sí, creo que todo está bien.

—me alegra escuchar eso, son buenas noticias— sonrió de nuevo.

—¿y su nieto?

—¡está en perfectas condiciones! Mañana saldrán de aquí e irán a casa.

—son buenas noticias— repetí.

—¡excelentes! — exclamó— y ya que todo está bien, creo que es hora de irme. Debo trabajar.

—¿de noche?

—trabajo en la estación de trenes y mi turno comenzará dentro de poco.

—entonces, que le vaya bien.

—a ti también— dijo el hombre y se marchó con paso ligero. Sin duda era feliz.

Me levanté de la banca y comencé a dar de vueltas por toda la sala. ¿Faltaba algo más por hacer? Susana seguía viva, con suerte, había comprendido que había personas que la amaban. Charles se había decidido a luchar por ella y tal vez tenían un futuro juntos. Candy y Terry ya no corrían peligro de separarse y mi familia estaba asegurada.

Me detuve al pie de la escalera. Mis bisabuelos bajaban los escalones lentamente. Candy se detuvo casi a la mitad del camino y Terry bajó un escalón más. La miró de frente, tomó sus manos y las besó casi con devoción. Candy lo miró fijamente mientras llevaba sus manos a sus labios y sonrió ante el contacto. Ella se lanzó a sus brazos y claramente le dijo "te amo"

Bajaron el resto de los escalones y llegaron hasta mi lugar. El rostro de Terry había cambiado; sus ojos tenían más brillo que antes, su rostro ya no era pálido, a pesar del terrible clima del exterior, su sonrisa era contagiosa pues Candy también sonreía. Sus ojos verdes estaban llenos de vida, de esperanzas y de ilusión, sus mejillas estaban rojas por el contacto de Terry. Estaban tomados de la mano y parecía que nada podría romper esa unión.

—¿todo bien? — pregunté cuando los tuve frente a mí.

—todo bien—dijo Terry— Susana ya está dormida, el médico dice que sigue alterada por lo que intentó hacer y que deberá estar más tiempo aquí, bajo observación.

—se repondrá. Charles estará a su lado.

—y nosotros también—intervino Candy y Terry asintió.

—¿se quedarán aquí toda la noche? —pregunté.

—sí, quiero saber cómo está la señora Marlow—contestó Terry.

—hará un escándalo cuando sepa lo que ha ocurrido, ¿no?

—creo que Charles ya se está encargando de ponerla al tanto. Cuando hablé con él en mi camerino me dijo que le hablaría a la señora Marlow sobre sus sentimientos hacia Susana y que no descansaría hasta que le permitiera estar a su lado.

—¡qué valiente! — exclamé.

—sí, ¿quién se atrevería a hablarle así a esa mujer? —dijo Terry sarcástico.

—sólo un loco—respondí riéndome. Yo estaba loca, eso era seguro. —¿qué hay de ustedes?

—debo volver a Chicago, Albert me necesita y mi carrera como enfermera apenas comienza, así que no puedo dejarla botada. —respondió Candy— y Terry tiene una larga temporada teatral, así que haremos esto lento, ¿no es así?

—haremos esto lento—repitió Terry— ¿qué opinas?

—creo que es un excelente plan. No hay porqué apresurarse, tienen toda la vida para estar juntos.

—así es—dijo Terry.

—¿y tú Claire? — preguntó Candy.

—¿yo? Pues…no tengo planes, creo que, por hoy, sólo iré a casa y dormiré bien. Mañana será otro día.

—¿cuándo volverás a casa?

—no lo sé, Candy, tal vez pronto o tal vez me quede aquí por unos días más. — respondí y Terry me miró haciendo una mueca de compasión y apoyo moral. Me había prometido ir a ver al profesor de física que conocía, así que pronto obtendría respuestas. También podía buscar al hombre extraño que sabía que yo era del futuro. Había muchas opciones, alguna debía llevarme a casa.

—te llevaré a casa—dijo Terry.

—no hace falta, tomaré un coche—contesté—todavía tienen cosas de qué hablar y hay que estar pendiente de Susana. Me quedaría con ustedes, pero me muero de sueño.

—¿segura que irás sola?

—sí, ya conozco la ciudad, estaré bien.

Los tres salimos del hospital. La nieve cubría la ciudad y el frío calaba los huesos. Creo que nunca había sentido tanto frio como esa noche. Terry me ayudó a conseguir un coche. Mi segundo paseo en carruaje.

—nos vemos—dije a los dos antes de subirme, pero Candy me detuvo y me dio un fuerte abrazo, lleno de emociones y sentimientos. Terry también me abrazó después y al oído me dijo gracias.

—adiós—dijeron los dos y subí al carruaje.

Le di al cochero la dirección del apartamento de Terry y el coche comenzó a moverse. Volteé a ver a la pareja y los descubrí dándose un beso. Sonreí y me acomodé en mi asiento. El carruaje era descubierto, a pesar del clima, así que podía ver la vida nocturna de la ciudad claramente.

—es una fría noche—dijo el cochero.

—sí, por eso hay que ir a casa. Podría pescar un resfriado con este clima—respondí.

—sí, es hora de ir a casa—dijo— después de dejarla a usted iré a la mía. Mi esposa me espera.

Asentí y nos quedamos callados el resto del camino hasta llegar a casa. Le pagué lo que habíamos acordado y bajé del carruaje. Entré en silencio al edifico y subí hasta mi departamento.

Al entrar, recordé que no le había contado a Terry sobre los Leagan y comencé a reír, no por mi olvido, sino por la mala jugada que les había hecho.

Terry

Con todo lo que pasó no tuve tiempo de contarte lo ocurrido desde mi frente de batalla. En la puerta conocí a la insoportable familia Leagan. Fueron groseros con Candy, le rompieron su entrada. Por suerte llevaba un boleto extra, cortesía de Charles, y logramos entrar.

Comprenderás que no me pude quedar de brazos cruzados e hice que los sacaran del teatro durante el intermedio. Misteriosamente perdieron sus boletos y tuvieron que salir. Me ayudó un hombre del personal del teatro, no le pregunté su nombre, pero era quien recibía los boletos en la entrada. Así que, por favor, si llegan a quejarse, evita que pierda su trabajo, pues nos hizo un gran favor.

¡Debiste ver sus caras de coraje y vergüenza! Candy no sabe nada, así que tú decide si le contarás. Sólo espero que no me reprenda por haber hecho algo malo.

Claire

Dejé la nota sobre la mesa del comedor para que Terry la leyera cuando llegara, en caso de que yo no estuviera en casa o de que estuviera durmiendo.

Entré a la habitación y ya sin energía para nada más me acosté en la cama sin cambiarme de ropa y en poco tiempo me quedé profundamente dormida.