¡Y después de tres cumpleaños de Lizeth he aquí el final!
Acompañenme a ver esta triste historia. Ahora resulta que a Lizeth ya no le gusta el Everlark. Me tardé tanto terminando esto que ya no le gusta la pareja.
Ustedes pueden aprender de mis errores y no tardar tanto para evitar que les pase esto, amiguitos.
Pensé en hacerla Finnis pero ya le hice dos, así que ni modo, se queda Everlark xD.
Disclaimer: Nada de esto me pertenece.
Fergalicious
Peeta esperaba ansioso en una de las mesas de la cafetería. Su pie se movía frenéticamente. En esos momentos la rosa roja en su mano se veía como algo que definitivamente era demasiado. Comenzó a arremangarse la camisa hasta los codos, lamentando haberse vestido tan formal. Después de todo ella había dicho que era una cita.
Paso del nerviosismo al pánico. ¿Cómo se supone que iba a reconocerla? Dudaba que se presentara con su ropa normal de trabajo o un antifaz. No tenía forma de reconocerla. Pero ella sabía como era. Katniss podría identificarlo fácilmente. Claro, si es que se presentaba...
— Eres Peeta, ¿cierto?
No había notado a la chica que estaba frente a él.
— Y tú Katniss, ¿verdad?
La chica sonrió con confianza.— Yo pregunté primero.
— Sí, soy Peeta.
— Y yo soy Katniss, mucho gusto.
Tomó el asiento frente a él, lo observó por un par de segundos antes de fruncir los labios.
— ¿Pasa algo? — preguntó asustado, temiendo haberlo arruinado en menos de diez minutos.
— No tenía idea de que era venir de etiqueta.
Aunque pareciese mentira, no había notado su atuendo. Unos pantalones cortos negros, botas, blusa blanca holgada y una chaqueta. Él, en cambio, había incluso comprado zapatos nuevos.
— Oh...
— Esto comienza a ser un poco incómodo.
— Oye, tú no eres quien viene como si fuese a ir a una boda.
Katniss sonrió de nuevo.
— Tienes razón, pudo ser peor. Pude ser tú.
— No te atrevas a burlarte de mí — bromeó—. Soy tu mejor cliente y no querrás que me enfande contigo.
Katniss se mordió las uñas para despues acariciar su mano con la suya.
— No tengo problema con ello. Sé la forma perfecta para hacer ganar tu perdón — se mordió el labio y le guiñó el ojo.
Peeta agradecía no haber perdido nada de comida todavía, porque se hubiese atragantado.
No le molestaban las insinuaciones de Katniss, eran parte de su encanto. Tampoco era la primera mujer de quien las recibía. Eso no evitaba que lo pusieran algo incómodo.
— Solo estoy bromeando — aclaró Katniss, cuando notó sus mejillas enrojecer furiosamente.
— Lo sé, lo sé.
— Eres bastante sensible a los comentarios.
— Solo cuando vienen de una chica linda — soltó, y justo dos segundos después se arrepintió de sus palabras.
A Katniss no pareció molestarle el comentario, creía haber visto un leve rubor en sus mejillas.
— Así que soy una chica linda.
— Lamento haber dicho eso, no fue mi intención incomodarte — se rascó la cabeza, avergonzado.
— Para nada me ha molestado, sobre todo cuando viene de un chico que me gusta.
Si esa fuese una competencia sobre sonrojarse, Peeta perdería muy fácilmente.
ooo
Estaba maravillado con todo el tiempo que pasaron juntos. Eran contadas las cosas que tenían en común como que ambos respiraban y les gustaba comer, pero aun así siempre tenían un tema de conversación.
Ninguno de los dos quería que terminara, por lo que decidieron ir al cine. Estaban a punto de tomar un taxi cuando Katniss recibió una llama.
— Hola, Prim. ¿Qué pasa? — frunció el ceño y le ofreció una mirada de disculpa lo que él supone es por la interrupción cuando él hablaba.— No te preocupes, estaré ahí en diez.
Se quedó observando su teléfono por unos segundos.
— Creo se el cine tendrá que esperar, lo siento.
— No hay problema — notó como comenzaba a morder su labio. No la conocía de mucho, pero sabía lo suficiente de ella para saber que estaba desesperada. Algo no iba bien.— ¿Está todo bien?
Ella dudó unos segundos, antes de responder.
— Es mi padre — explicó—. Olvidó tomar su medicamento y cuando eso pasa no tiene el mejor humor.
— ¿Hay alguna forma de calmarlo?
— Sí, sus ataques son tan fuertes que tenemos que sedarlo.
— ¿Y eso lo haces tú?
— No, mi hermana Prim, lo hace.
— ¿No puede hacerlo ella ahora?
— Lo dudo. A pesar de que tiene experiencia nunca ha lidiado con nuestro padre sola y esta no será la primera vez. Ella es solo una niña.
Un taxi se detuvo frente a ellos.
— Te debo una salida — intentó sonreirle aunque solo haya logrado una mueca.
— Lo entiendo, ¿necesitas ayuda? ¿te acompaño?
Katniss comenzó a negar con la cabeza.
— No es necesario. He lidiado con él antes sola.
Tomó su mano y le dio un apretón.
— Pero no estás sola ahora.
ooo
Katniss no pudo convencerlo de dejarla arreglar las cosas a la antigua, simplemente se rindió y ahora ambos iban en la parte trasera del automóvil.
— Es una lastima que tu primera visita a mi hogar sea por un drama familiar — dijo mientras insertaba la llave.
— Estoy seguro que no será tan malo.
No fue necesario entrar para escuchar los ruidos dentro de la vivienda. Peeta reconoció el sonido de varias cosas de vidrio estrellándose contra la pared.
Imaginó el desastre que sería, a decir verdad, imaginó muchas cosas. Cual fue su sorpresa al encontrar un departamento en perfecto estado e impecable.
Una niña rubia acomodaba varios paquetes de galletas cuando entraron.
— ¡Qué bueno que llegaste, Katniss! — la niña corrió hacia ella, abrazándola—. No sé cuanto tiempo más podría contenerlo.
— Tranquila, patito — acarició su cabeza suavemente — Ya estoy aquí, ¿tienes la dosis preparada.
La niña asintió, tomando una geringa de la mesa.
— Toma asiento, Peeta. Regresaremos pronto.
Él asintió, observando a su alrededor.
— ¿Él es Peeta? — preguntó la rubia, sorprendida—. Tenías razón, es bastante lindo.
Antes que pudiera reaccionar ambas hermanas habían entrado a la habitación.
Ahora que sabía que Katniss lo había mencionado ante su familia (por lo menos a su hermana menor) no tenía idea de como reaccionar.
Por el comentario era obvio que no solo su nombre salió en alguna conversación, si no que, además opinó sobre su apariencia.
También había dicho que él le gustaba, que si bien pudo ser parte del juego del momento bien pudo haber dicho otra cosa menos comprometedora.
Katniss y Prim salieron de la habitación con el rostro cansado. No sabía si su padre había puesto lucha contra ellas, sin contar lo emocionalmente cansadas que se deben de sentir de todo.
— Gracias por acompañarme, Peeta — le dedico una pequeña sonrisa.
— Fue un placer.
— Ahora veo porque hablas tanto de él, lindo y educado, ¿qué más quieres?
— Prim, ¿no tienes una orden de galletas que terminar?
— Ya están listas — dijo orgullosa—. Eso solo con todo el asunto de papá he hecho mal las cuentas e hice dos bandejas extras.
— Podemos comerlas nosotros — se encogió de hombros—. ¿Te quedas un rato?
Peeta deseaba decir que sí inmediatamente, pensó que tal vez ellas necesitaran un descanso o dormir un rato. Sin embargo decidió ser un poco egoísta y aceptar la invitación, no solo por la morada expectante de su hermana si no que se convenció que podría hacerla sentir mejor.
Se dio cuenta en los primeros minutos de conversación que ellas eran muy diferentes, comenzando por el físico. No cree que se le vendría a la mente que tuvieran algún parentesco.
Los ojos de Katniss se notaba el cariño hacia ella.
ooo
— De ninguna manera — Katniss se puso de pie inmediatamente.
— Solo piénsalo un poco. Es lo mejor que puedes hacer por ellos.
— No, no, no. ¿Cómo se te ha ocurrido semejante idea?
— Vi el amor que te tiene Prim, ella necesita saberlo.
— No, Peeta. Jamás podría hacerlo.
Él trato de calmarla acariciándola de los hombros pero ella se apartó de forma inmediata.
— Esta mentira los va a lastimar.
Katniss resopló—. Y la verdad seguro que los pondrá a saltar de alegría.
— Hoy un tipo se subió hasta el escenario y te jaloneo, ¿cómo vas a explicar eso? ¿qué le dirás a Prim cuando vea el moretón?
— Lo que le diga a mi hermana no es asunto tuyo. Entiende, no le diré a mi familia cual es mi verdadero trabajo.
— Entonces yo lo haré — dijo decidido.
— ¿Qué?
— Iré a tu casa y les contaré todo.
Entre cerró los ojos—. No eres capaz.
— Obsérvame.
— Estoy segura que no lo harás, ¿y sabes por qué? Eso me lastimaría, arruinaría mi relación con mi familia y tú eres incapaz de hacerme daño conscientemente.
— Katniss, por favor. Piensa acerca de ello.
— Mi respuesta sigue siendo la misma — suspiró—. Y si estás dispuesto a seguir insistiendo lo mejor es que te vayas.
ooo
— ¡Katniss, Katniss! — gritó, esperando a que ella lo escuchara y detuviera. Dudaba que la alcanzara.
— ¡Espera, Katniss!
Ella finalmente pareció hacerle caso y se volteó.
— ¿Qué quieres, Peeta? — preguntó con voz cansada.
Desde el día que había intentado convencerla de decirle a su familia cual era su verdadero trabajo no la vio de nuevo. Él pensó que la perseverancia sería su mejor arma. Gran error. Cansó tanto a Katniss con el tema que hizo que le impidieran la entrada al club nocturno, alegando malos tratos hacia su persona.
Cuando iba a su casa nadie le abría la puerta aunque supiera que había alguien dentro.
Esa noche decidió esperarla en la entrada de empleados, con la ilusión de que pudieran hablar.
— Necesitamos charlar.
Ella pareció pensárselo un poco, vio la hora en su reloj de muñeca.— Lo que sea que quieras decir que sea rápido.
No pudo evitar sonreír, pensaba que Katniss lo ignoraría de nuevo.
— Primero quiero decir que lo siento — si se sorprendió, lo disimuló muy bien—. A pesar de que mis intensiones eran buenas no hay justificación para haber insistido tanto en un tema tan delicado para ti.
— Acepto tus disculpas — y por primera vez en mucho tiempo ya no sentía la tensión entre ellos.
— También te tengo una sorpresa.
— ¿Qué es?
— Mi padre tiene un par de panaderías en la ciudad — explicó—. Y hablé con el la posibilidad de que Prim venda algunas de sus galletas en cada sucursal.
— No sé si pueda...
— Sabía que me dirías eso, por lo que hablé con ella primero y está encantada con la idea.
— Gracias, Peeta. De verdad.
Lo envolvió en un abrazo. Se permitió disfrutar de la sensación lo más que pudo.
— Y las cosas no acaban ahí.
— ¿Hay más?
Peeta asintió.— También mi padre estuvo de acuerdo en darte empleo en la panadería del centro. Sé que no ganarás tanto como aquí pero será lo suficiente para que no tengas que hacer privados otra vez. Y quizá, con el tiempo puedas dejar de bailar.
Los ojos de Katniss se llenaron de lágrimas.
— No sé que decir.
— Podrías decir que sí.
Katniss rió y se lanzó a sus brazos de nuevo.— Sí.
La alegría de Peeta no se podía medir. El alivio de que la chica que lo tenía loco no tuviera que hacerlo de nuevo con otros hombres no lo cambiaría por nada.
