Bueno, bien... Ya he salido del aula. No me ha dado tiempo ni de fijarme en Snape al salir. Estoy demasiado ocupada ideando la tortura de Granger. Pero tengo que pensar bien mi estrategia. Tiene que haber alguien con ella. Alguien tiene que chivarse. Siempre hay algún entrometido, ¿no?. Aunque con mi mala suerte quién sabe...

Veamos, Granger... ¿Hacia dónde te diriges?... Escudriño hacia donde se encamina, es lo más normal en un Slytherin, ¿vale? ¿Sino con qué excusa iba a castigarme Snape? Por Merlín, a veces me doy cuenta de lo realmente masoquista que soy... Pero no mal penséis, no me gustan los azotes. Simplemente es un buen subterfugio para poder estar a solas con él.

A no ser, claro está, que me castigue con Filch. Snape es inteligente. Y seguro que ha notado mis miradas. Aunque quizá sienta curiosidad. Si nunca ha sentido nada por nadie, y nunca ha flirteado con nadie, digo yo que sí sentirá indagación. O eso es, al menos, lo que quiero creer.

Vaya, acabo de chocar con un idiota de Hufflepuff... Eso me pasa por estar contándoos todo esto. ¿Por dónde iba? Oh, sí... Ese pelo ensortijado que cruza la esquina hacia... la biblioteca. Cómo no. Vamos, Granger... Dame pistas... ¿Qué puedo hacer para amenazarte?... No tuve que pensar mucho. La mocosa adoraba los libros, ¿no? Bien... Observo detenidamente qué es lo que lleva encima. Un libro de Criaturas Mágicas, ¿eh? Bien... Haremos una cosa...

—Confundus... —susurro con voz suave—. Accio —continuo, señalando el libro que lleva bajo el brazo. Éste en seguida viene a mí. Y tan rápido como puedo, vuelvo a agitar mi varita, desde la esquina—. Petrificus Totalus

Granger se detiene el tiempo suficiente como para que me de tiempo a despedazar el libro. Rompo las hojas, algunas las doblo, y estrello una pluma justo en la mitad de éste, mientras se calan de tinta las demás páginas intactas.

—Wingardium Leviosa... —conduzco al libro hasta el suelo, y lo dejo justo delante de ella. Deshago el hechizo anterior, y gracias al cielo, Granger parece recordar. Se agacha, cogiendo el libro perpleja, y lo lleva al interior de la biblioteca.

La sigo, por supuesto, y 10 minutos después de entregarle el libro a la Sra. Pince, es cuando no puedo evitar carcajear.

—¡Señorita Granger! ¡¿Puede explicarme qué es esto?! —grita la bibliotecaria.

Yo por otro lado, no puedo dejar de reír. O sí, ¿qué demonios es esto que...? Oh Merlín...

Alzo la mirada ¿y qué me encuentro? Una nube sobre mi cabeza que empieza a estallar en una lluvia empapándome entera. Se me quita la risa de golpe y miro a Granger con hastío.

—¡Ha sido ella, Srta Pince! —contesta Hermione, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.

—¡Srta Lestrange!

Estúpida nube del demonio...

—Supongo que no puedo poner ninguna excusa teniendo esta estúpida maldición sobre mi cabeza... —había olvidado que los libros de la biblioteca tenían maldiciones por si algún alumno intentaba estropearlos... Aunque me venía bien. Así se chivarían a Snape y podría pasar un castigo perfecto. A solas con el profesor de pociones y director de mi casa... Mmm... qué bien suena eso...

—¡¿Se puede saber por qué le ha hecho esto al libro que Granger alquiló la semana pasada?! —alza el libro y lo miro, aunque no hace falta. Ya sé lo que le he hecho.

—Diversión, supongo. Quería que la inculpasen a ella.

La bibliotecaria me mira sin dar crédito a lo que digo. Aunque más bien creo que lo que la ha sorprendido ha sido mi sinceridad.

—Que sepa, que le comunicaré este altercado al profesor Snape, Srta Lestrange —dice Irma intentando conservar la poca paciencia que le queda.

—Por supuesto... —susurro aguzando los ojos, mirando a Granger—. ¿Y cómo me quito esto de la cabeza? —digo mientras un trueno deja caer aún más lluvia. Cierro los ojos y arqueo una ceja—. Voy a ponerlo todo perdido... —mantengo el tono de indiferencia.

—Señorita Granger —dice Irma, mirando al incordio que tengo al lado.

—¿Sí, Sra Pince?...

—Haga el favor de cuidar de la biblioteca en lo que voy a alertar al profesor Snape de lo sucedido —asiente con saña.

—Sí, Sra Pince... —dice ella sin más remedio.

—Acompáñeme —me dice estrictamente.

Y eso hago. Qué pesada... La sigo por todo el maldito colegio hasta las condenadas mazmorras. Al menos voy a estar a solas con Snape y eso necesito pensar a cada instante para no anhelar tirarla por las estúpidas escaleras que... Susan, tranquilízate por el amor de Dios...

—Espere aquí fuera.

Menuda voz de pito tienes...

—Por..., supuesto... —susurro mientras me cruzo de brazos, pegada a la rocosa pared. Comienzo a silbar. Nada me importa, ¿se nota mucho? Oh, no... Otro maldito trueno... Se me está empapando el pelo y todo el uniforme. ¡Tritones de Jengibre! No me gusta mojarme, maldita sea...

Vuelvo a cerrar los ojos, y justo cuando se detiene la lluvia, aparece mi queridísima compañera, Pansy Parkinson. Tan oportuna como siempre...

—Lestrange... ¿Qué haces tú por aquí? ¿Te han castigado? —pregunta con sorna.

—Lárgate, Pansy.

—¿Y esa nube? —la señala sobre mi cabeza, y ríe, sin remordimientos.

—¿No has escuchado mi oferta? He dicho que te largues —mascullo entre dientes.

—Oh, vamos... —pone morritos. Cosa que detesto en ella, por cierto. Es repugnante.

—No me hago responsable de lo que pueda pasar después —le alerto.

—¿Qué me vas a hacer? —me provoca, con aires de superioridad, como de costumbre. Me pone enferma.

—He dicho que te largues... —escupo entre dientes, mirándola con ira. Aunque claro, con esta estúpida nube que tengo encima poco en serio me va a tomar.

—Lestrange... que conmigo tus amenazas no funcionan... —se acerca para acariciar mi mejilla y provocarme, pero mi mano ya está retorciendo su muñeca antes de que sus asquerosos dedos rocen mi piel.

—Te avisé.

Se queja en voz alta, y rápidamente salen Snape y Pince. No la suelto. Puedo ver por el rabillo del ojo cómo se arremolina la capa de Snape a su espalda. Alzo la ceja al oír su voz amenazánome y la suelto.

—Suficiente —dice él colérico por dentro pero manteniendo la calma en su interior. ¿Cómo demonios consigue hacer eso? Le veo apretar los dientes.

—¡Qué insolencia, por las barbas de Merlín! —espeta la bibliotecaria mientras se aleja—. Severus, lo dejo en sus manos...

Sí, anda... Pírate ya y déjanos solos.

—Descuide... —susurra él sin apartar la mirada de mis ojos. Demasiada tentación me temo...

—Profesor... —interrumpe mis pensamientos Pansy, a modo de saludo o despedida. Espero que de despedida porque sino le clavo la varita en el ojo.

—Pase a mi despacho, Srta Lestrange... —murmura Snape con ese tono de voz que... Agh... En serio, no puedo con este hombre...

Paso dentro sin rechistar. Sería muy hipócrita si lo hiciera, ¿no creéis?...

Pero, ¿sabéis qué es lo que más me ha gustado de todo esto? No, no es que a Pansy le ha cerrado la puerta en las narices. Esa ridícula nariz de puerc... Iré al grano: He destrozado un libro de la biblioteca, casi inculpan a Granger, le he torcido la muñeca a esa idiota de Parkinson, y he sacado de sus casillas a Irma Pince. Oh, y por supuesto: estoy en el despacho de Snape, a solas con él. Y no sabéis lo que me pone verle así de enfadado...