Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

TODO DE MÍ.

VI.
El orgullo de Rowena.

Helena se sorprende cuando se da cuenta que está considerando una y otra vez la sugerencia del Fraile.

Al principio se ha puesto algo confundida por la repentina intervención del Fraile ya que hace años que nadie le dirige la palabra –contando a aquel estudiante de Slytherin– sin embargo por alguna extraña razón, en lugar de sentirse ofendida por la invasión a su privacidad, ha estado con eso en mente desde el día de ayer. Helena no necesita a nadie para encontrar al Barón, ella sabe el lugar que más frecuenta, al igual que el Barón sabe que ella suele estar en la biblioteca.

No por el típico cliché que le ponen a su Casa,, de ninguna manera, sino porque le encanta ver a los estudiantes ayudarse mutuamente –independiente de la Casa– y, de vez en cuando, se pregunta si alguna vez alguien quiso tenderle una mano a ella.

Ahora que ya es muy, muy tarde se da cuenta que debió escuchar a su madre cuando le dijo que no le importaba si no sacaba siempre una E en cada asignatura.

Siempre creyó que lo hacía para reconfortarla por no ser la digna hija que todos esperaban de Rowena.

Se equivocó: a Rowena realmente no le importó. Lo único que deseó fue que encontrara la felicidad. Ni un título, o el reconocimiento fueron tan importante como verla sonreír como lo hacía de pequeña; cuando los cotilleos le resbalaban y lo que más le encantaba era ver a su madre aunque sea sólo dos meses mientras los otros diez los pasaba con su papá.

—Si mamá hubiera estado conmigo, jamás hubiera robado su diadema —murmura Helena externalizando su sentir.

Ella inmediatamente se siente culpable.

Rowena fue una buena mamá que no se merece que su ingrata, ladrona hija la critique por su forma de comportarse. Actualmente entiende lo difícil que era mantener a Hogwarts en buen estado, especialmente en sus inicios y siendo únicamente tres.

A pesar de que Hogwarts tenga una buena reputación en la actualidad, la inexistente fama de aquella época le puso una buena prueba por delante a Rowena, Godric y Helga: la de la perseverancia y el trabajo duro, aun cuando todo apuntaba a que el colegio no duraría más de media década.

Helena empieza a sentir una pequeña calidez creciendo en su interior; Hogwarts fue, es y será su hogar

Estado tan ensimismada, ha empezado a recordar aquella parte de la conversación.


—Sabes, Fraile. —Recordó que le dijo mientras quería irse del pequeño terreno vacío que se convertiría en el Bosque Prohibido—. Me agradas, lo sabes, pero también conoces lo que el Barón me hizo y no puedo perdonarlo por eso.

—Helena —dijo el Fraile con ese tono que la hacía sentir como esa pequeña niña que creía que Rowena no la quería, que prefería con los futuros magos prodigios y que se prometió que sería tan buena como ellos para ganarse el orgullo de Rowena.

Esa pequeña al que su papá intentaba animarla mimándola; eso no llenó el vacío que creció en su interior.

—¿Qué?

—Rowena te amaba, Helena. Fuiste su luz, su alegría… su todo. Y lo más importante, su orgullo. A Rowena no le importaba lo estudiantes prodigiosos que hubiera en la escuela, ella no paró de hablar ni un momento sobre lo maravillosa y talentosa que era su hija.

»No hay problema en que no lo hagas por ti misma, Helena. Pero ¿por Rowena? Ella fue una buena madre al final. Lo que más quería Rowena era que fueras feliz.


Por Rowena…

No, por su mamá va a hablar con él.