Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

TODO DE MÍ.

Capítulo X – Escena perdida II.
Esto es lo que hace una familia.

—… ¡¿Q.U.É?!

Es el potente grito que se escucha en la Torre de Astronomía. Él ha estado paseándose en la Torre de Astronomía cuando una preocupada Helena ha llegado levitando lo más rápido que se puede sólo para informarle que hace un par de horas ha ocurrido un nuevo ataque y que han encontrado a Nick petrificado junto a un alumno de segundo de Hufflepuff. El Barón está enterado de que, de algún modo, la Cámara de los Secretos ha vuelto a ser abierta, después de cincuenta años, creando el caos y la confusión por cada rincón del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, nadie sabe por qué, cómo, ni quién lo ha hecho sin embargo, si existe un detalle tan sorprendente que seguramente seguirá siendo el tópico de conversación entre el alumnado es el hecho de que Nick, un fantasma, haya sido convertido en piedra. Más o menos.

Lo que no ha acabado de comprender es exactamente eso. ¿Cómo a un fantasma puede ocurrirle aquello? Y, en primer lugar, se supone que Nick está muerto y que ver a quién sabe lo que sea, que esté haciendo esto, no va a hacerle ni el menor daño posible; entonces, ¿alguien sabe cómo ha pasado? En segundo lugar, ¿quién ha sido? ¿Acaso la Cámara de los Secretos no afecta sólo a los magos nacidos de muggles? Eso es lo que dice la historia, debería de ceñirse a rajatabla.

—… ¿Sabes qué reside en la Cámara? Digo porque fuiste de Slytherin y quizá mencionaron un aspecto que hemos pasado por alto. —Helena se ha aventurado a preguntar. El Barón la mira y dice que no moviendo su cabeza de un lado a otro. La fantasma suspira resignándose y convenciéndose de que no sabrá nada más. Si ni con el tiempo que ha pasado, se ha recolectado más información… Pasado unos minutos, Helena desiste ya que duda de que sea un secreto que se desvele tan fácilmente.

»Ojalá que consigan que Nick, y los dos alumnos también, vuelvan a la normalidad.

»Y se capture a quien lo ha hecho —dice ella en voz muy baja: sus ojos reflejan mucha preocupación y sigue perdida al momento en que está tratando de recordar si se ha descubierto aunque sea una criatura que petrifique a su víctima a la distancia.

En estas circunstancias, Helena detesta que Salazar Slytherin fuera la clase de mago que no daba la información de lo que planeaba a cualquiera, sin importar a él que esos cualquiera fueran los amigos con los creó un reconocido colegio mágico… Y a los que abandonó por diferencias de ideales, esto es historia para después.


Un mes ha transcurrido desde aquel evento, siendo más de la medianoche, sin embargo ese minúsculo detalle no va a impedir que se quede unos cinco minutos más, no importa a quién se vea: en el rostro del Fraile está reflejada la misma incredulidad de cuando se enteró del trágico y demasiado misterioso evento, es increíble, que se note el sarcasmo, que nadie hasta ahora ha encontrado una pista que, al menos, insinúe y ayude a los profesores para que puedan encontrar una explicación perfectamente lógica y razonable. Da igual lo mágico que sea en lugar en el que está, que tenga unas potentes barreras…

¿Y qué? Es de conocimiento general que hasta la magia tiene estatutos para que funcione. Por ejemplo, un encantamiento tiene que decirse correctamente o de lo contrario no funcionará.

Ya no hay quien niegue que lo de Nick no haya carecido por completo de sentido, independiente del ángulo en que se vea.

En este intervalo de tiempo él, Helena y el Barón han formulado millones de hipótesis, ninguna ha dado el resultado que fervientemente han esperado.

—La Cámara de los Secretos tiene que ser encontrada y ser sellada para siempre —dice el Fraile entrando por quinta vez en el día en la enfermería: observa al pequeño Justin, en cuyo semblante se ve tanto pánico que provoca que quiera decirles palabras de aliento. El Fraile gime en desesperación y ruega una y otra vez porque la pesadilla acabe lo más pronto posible. La sensación de impotencia es desagradable para él.

La única vez que el Fraile no supo qué era lo que debía hacer tuvo como resultado a su mejor amigo con su mano medio lastimada esperando a que un adulto llegara para curarlo. Fue un accidente en donde los dos tuvieron la culpa. ¿Cómo un par de niños de ocho años podían saber que no tenían que acercarse a la fogata donde se cocinaba el almuerzo? Era el tipo de experiencia por la cual no quería volver a pasar.

Sin embargo el destino es caprichoso y ha decretado lo contrario.

—Fraile, ¿volverá a la normalidad antes de que culmine el curso?

El fantasma de Hufflepuff se voltea para ver al Barón, quien ha llegado junto a Helena.

—No lo sé, Barón. Lo más probable es que cierre el colegio permanentemente.

—No pueden hacerlo: es nuestro hogar. Si se cierra, ¿a dónde nos iremos? ¿Y qué pasará con Nick si no vuelve a ser el de antes?

—Les tiene sin cuidado, Helena —gruñe el fantasma de Slytherin.

Él no demostrará abiertamente que le preocupa Nick, básicamente porque nunca ha sabido cómo hacerlo –por problemas de actitud en su juventud–, pero si llega a descubrir al causante hará que se arrepienta. Todos los fantasmas se cuidan entre sí, se puede decir que son una gran familia fuera de lo convencional. Es cierto que unos lo demuestran más que otros. Si no lo hacen ellos, ¿quién se encargará de eso? Normalmente nadie pregunta por su opinión, ¿o es que creen que él no sabía que Riddle abrió la Cámara cuando estudió en Hogwarts? Si se dignasen a preguntarles, obviamente se van a evitar un montón de problemas. Pero no, creen que ellos pueden vérselas por su propia cuenta cuando evidentemente no es así.

—Hay que ser optimistas, se recuperará.

Helena y el Barón espera que el Fraile acierte.