Hola Dramioners!

En primer lugar muchas gracias por todos los corazones que me han regalado! De verdad aprecio que se hayan tomado el tiempo para leer mi historia. Por otra parte les cuento que estoy bastante inspirada así que si todo va bien, actualizare bastante seguido. Solo ténganme un poco de paz-ciencia XD!

Okey, solo me queda dedicar este capítulo a #Sly-queen que me insistió para que continuara escribiendo. Gracias genia! Y a propósito les recomiendo pasar su blog y leer su propio dramione.

Travesura realizada! ;)

NOX

Capítulo 3: De pociones y cicatrices

Dryling. La pócima curativa.

Hermione sabía que esa no era una receta sencilla pero trago saliva y se dijo que podía lograrlo como cualquier otra pócima que hubiera hecho antes.

Escrutó el salón y vio todos los griffindors y slytherins estaban tensos. Nadie nunca había usado los ingredientes que estaba nombrando el profesor Slughorn, y por las caras de algunos de sus compañeros podía darse cuenta que no tenían idea de que hacer.

Todos estaban expectantes y preocupados, ya que todas las asignaturas comenzaban a evaluar desde el principio del año, y siempre era mejor llegar con buenas notas a los Éxtasis.

Pero a ella no le importaba. Siempre le había ido excelentemente bien en pociones y este año no sería la excepción. Realmente estaba feliz, y eso era lo que la impulsaba a dar lo mejor de sí.

Había regresado a Hogwarts. No más tras poner las grandes puertas del comedor, siento que su pecho se liberaba y una gran emoción la embargaba. El año anterior su escuela había quedado semi destruida por la guerra, pero ahora estaba esplendida como nunca. Un cielo embrujado y lleno de estrellas le dio la bienvenida, y supo con certeza que este último sería inolvidable.

Durante la elección, el discurso de Dumbledore y la cena, había hablado animosamente con sus amigos y compañeros de casa. Parecía que todos experimentaban esa sensación de alegría contagiosa, como cuando se vuelve al hogar después de un largo viaje. Todos, menos uno.

Desde la mesa de Slytherin, un rubio observaba con ojos de plata como en las otras tres mesas se vivía un atmosfera típica de bienvenida. Pero en la suya había solo un murmullo constante y bajo.

Él estaba en una punta, solo. El resto de los slytherin sentados juntos, parecían hacerle un apartheid muy evidente. No lo querían, para ellos a partir de ese momento era un traidor. Todos los que alguna vez se habían llamado sus amigos o lo habían seguido en sus mejores momentos como líder de las serpientes, ahora le daban la espalda y lo ignoraban rotundamente.

Hermione había observado el salón con una sonrisa, como todos festejaban o reían, hasta que llego a la mesa de los Slytherin y su sonrisa se le fue diluyendo en el rostro. Vio a Malfoy solo, y el resto de su casa muy lejos de él, y se sintió mal por el chico.

Mal porque aunque la guerra hubiera terminado, para él estaba empezando la parte más difícil: enfrentarse a todos como un traidor, un paria. Sería un marginado para ambos lados.

Apartó rápidamente la vista de allí y se concentró en lo que intentaba decirle a los gritos Ron del otro lado de la mesa. El bullicio de Griffindor se transformó era un rugido ensordecedor que retumbó en el gran comedor, por varias horas luego de que todos se hubieran ido.

Pero al día siguiente, comenzaron sus de clases y allí estaba ella. En pociones y con ansias de empezar a trabajar.

-Muy bien- dijo el profesor Slughorn- antes de comenzar voy a hacer un anuncio. Esta vez vamos a cambiar las parejas de trabajo. Sé que siempre se juntan por amistad, pero esta vez yo me encargaré de formarlas. Espero que esto sirva para fomentar la amistad también entre estas dos magníficas casas, no es verdad?- el profesor miro a su salón con un sonrisa forzada, y sus alumnos lo miraron turbados, como si pensaran que antes de dar clase se hubiera tomado una jarra de licor Abrassax.

El ambiente se cortaba con tijera. Había miradas resentidas de parte de Slytherins hacia Griffindor, y otras de indiferencia de los leones hacia las serpientes.

-Está bien, comencemos entonces. El señor Weasley con la señorita Parkinson- entonces se giró hacia el pelirrojo y le dijo – Una excelente pareja para que mejore en pociones- y le guiño un ojo. Ron pasó de empalidecer a tener la cara más roja que la piedra filosofal. Parkinson revoleó los ojos e hizo una mueca de disgusto.

-…el señor Potter con el señor Zabbini. Estoy seguro que algo bueno saldrá de ustedes. –Harry forzó una sonrisa, y la serpiente murmuró algo por lo bajo y tensó su mandíbula dando a entender que no le daba ni pizca de gracia sentarse al lado de "el gran salvador Potter".

-…el señor Longbotton con el señor Nott. Usted- dijo dirigiéndose a Theodore Nott.-Ayudé a su compañero, por favor.- Ambos, tanto Neville como Theo sabían que esa decisión, ayudaría mucho al griffindor que era pésimo en pociones.

- la señorita Brown con la señorita Buldstrog, el señor Thomas con el señor Smith…-y así siguió y siguió emparejando a sus estudiantes, hasta que por último dijo:

- …ah! Y por supuesto ya me olvidaba la señorita Granger con el señor Malfoy.

Silencio sepulcral. Nadie dijo nada por unos instantes que parecieron eternos. Un sangre pura con una sangre sucia. Muchos de los slytherin aún pensaban así, y no les gustaba para nada como habían quedado las cosas en el mundo mágico.

Las serpientes miraron a Draco, con una última esperanza de ver una reacción negativa. Algo que les demostrara que seguía siendo el mismo sangre limpia que todos temían y el cual respetaban desde siempre. Pero él no abrió su boca, solo se limitó a mirar a un punto fijo perdido en sus pensamientos. Como si no estuviera presente en la clase y no hubiera escuchado nada.

-Espero excelentes resultados, así que… a trabajar!

Hermione miró a sus amigos sorprendida por el compañero que le había tocado. Harry le devolvió una mirada que no pudo descifrar y Ron se limitó a amenazar con una mirada asesina a un Malfoy que ni siquiera se percataba de lo que estaba sucediendo.

Se levantó con mucha parsimonia de su asiento y se acercó al rubio. Se sentó a su lado un tanto incómoda por la situación, recordando la atmosfera tensa del día anterior, y como ella al despedirse le había dicho por su nombre. Sonrió brevemente sin saber muy bien porque, y entonces le pregunto:

-Tienes la lista de ingredientes que necesitamos par…

-Aquí está todo- él sonaba frio y distante, como si estuviera haciendo un increíble esfuerzo para hablarle. Le acercó un estuche y ella lo abrió. Allí dentro había ingredientes como para hacer mil y un pócimas. Ramitas, hojas secas, colmillos, plumas, polvos, líquidos babosos y otras cosas que Hermione fue reconociendo la mirada.

-Entonces empezamos, quieres?-le dijo esperando a que la mirara a la cara cuando le hablaba.

Él solo asintió y comenzó a cortar en finas hebras una raíz de mandrágora que llevaba el preparado. Ella por su parte exprimió algunas semillas, rayó una corteza y pesó en una pequeña balanza algunos polvos que había que agregar.

Cada tanto miraba de reojo al slytherin, consciente de que él no quería entablar ningún tipo de charla que no fuera sobre la poción, y eso le molestaba un poco. No por que quisiera ponerse a hablar como Ron cuando mencionaban el Quiddich, sino que simplemente le hubiera gustado entablar un sencilla conversación sobre Hogwarts, las materias, o sobre él.

"¿Qué dices Hermione?-la voz de la conciencia le hablaba-¿Por qué quieres saber sobre él?"

Se convenció de que solo quería saber cómo estaba luego de lo sucedido el año anterior, lo de su padre y lo que él mismo vivió. Todos esos sucesos lo debían haber afectado mucho. Quería, sin saber muy bien porque, brindarle consuelo. Una leona a una serpiente. Quería ayudarlo pero no sabía cómo llegar hasta él. Era una muralla impasible, y las únicas veces que la había mirado con esos ojos de plata, se había dado cuenta que un mar inmenso los separaba, y que sería una tarea muy difícil. Casi imposible. Casi.

Todo eso estaba pasando por su mente, cuando el propio Draco la sacó de sus cavilaciones de golpe.

-Granger, tus dedos- le señaló su mano derecha y se dio cuenta de que por haber estado pensando se había cortado el de dedo índice y mayor. Algunas gotas de sangre empezaron a salir, brotando como una vertiente roja. Soltó el cuchillo para ir a lavarse, cuando sintió que una mano fuerte y fría la tomaba por la muñeca y le tiraba hacia delante.

-Déjame ver. –le dijo secamente. Hermione estaba atónita y paralizada por la actitud del muchacho, y dejó que él la ayudara.

Draco agarro un trapo que había ahí y lo paso por uno de los dedos de ella, cuando de pronto la vio. En la muñeca que estaba sosteniendo con su propia mano, sintió entre sus dedos la piel de la chica y observó con fijeza la marca en su brazo. Se quedó rígido. Extrañamente lo único que podía hacer era hundir su mirada en esas palabras rojas que todavía brillaban en la piel blanca de la chica.

Hermione se dio cuenta en seguida de lo que Draco estaba mirando, y rápidamente apartó su brazo de él, bajándose la manga de la túnica.

-Estoy bien, Draco, solo ha sido un corte. No tiene importancia- y lo miró fijamente esperando a que él chico reaccionara.

Pero él no lo hizo. Se quedó estático unos momentos, clavado en el piso, sin poder moverse de allí. En su mente estaban esos gritos, esa escena otra vez, torturándole. Atormentándole.

Entonces todo paso muy rápido, él se alejó bruscamente de ella y salió del salón como una ráfaga invernal. Esa que llega cuando estamos desprevenidos disfrutando de un día soleado y no tenemos nada con que abrigarnos. Esa sensación helada y cortante, que únicamente se siente cuando intentas ayudar a alguien, y esa persona no quiere o no puede abrirse.

Y así se sintió Hermione, como si de pronto todo el sufrimiento del slytherin le hubiera caído encima, sin darle tiempo a reaccionar.