Capitulo 6: El Nuevo Gremio

Hace apenas dos meses yo era un chico bastante reservado y tímido en contra de toda forma de violencia, por lo que algunos de mis compañeros de clase solían molestarme. Solo contaba con David/Soujiro como mi único amigo. Está de sobra decir que jamás había hablado con mujeres, ni mucho menos había sido besado por alguna. Pero ahora, gracias a un mundo virtual en el que podía ser quien yo quisiera, ya había dado mi primer beso (si se podía llamar así a un pequeño beso de 2 segundos en una plaza llena de gente) y me encontraba luchando contra otras tres personas para salvar mi vida. A mi lado estaba el que yo consideraba mi peor enemigo, pues tenía la sospecha de que también pretendía a Asuna, mi joven amiga y la chica que había capturado mi atención.

-¡Será mejor que me digas quien te ha enviado!- le grité a uno de los jugadores enemigos al tiempo que le daba un tajo vertical con "Illusionister" mi nueva espada, similar en apariencia a una espada árabe -¡Créeme cuando te digo que no quieres verme enojado!-

-¡Cuidado, Kenshi! – gritó Kirito -¡A tus espaldas!

Me giré para mirar que otro de mis oponentes se preparaba para atacarme por la retaguardia. Afortunadamente, gracias a la advertencia de Kirito, pude detener su ataque.

-No es honorable atacar a tu oponente por la espalda- dije con frialdad en mi voz- Si no puedes respetar las reglas básicas de un duelo solo eres un estorbo-

Después de eso encajé mi espada en su tórax, haciendo que mi oponente se quedara sin aliento y bajando su barra de HP de verde a amarillo.

Saqué la espada de su cuerpo y centré mi vista en la persona con quien había estado combatiendo primero. Preparé la nueva habilidad que había ganado en el combate donde conocí a Asuna y corrí, nuevamente con una velocidad que no correspondía a mi parámetro de SPD.

-Será mejor que estés preparado para esto. ¡GOLPE DE LUNA!- ataqué a mi enemigo que, aunque se protegía con su espada, no pudo evitar ser golpeado, haciendo que su HP callera en la zona roja. De inmediato me giré a ver al sujeto que me había estado observando mientras estaba en el restaurante. Se había quedado inmóvil observando la batalla con un miedo evidente en su cara. En ese momento me hizo gracia que él me temiera. –Ahora es tu turno espía.-

Corrí de nuevo a gran velocidad dispuesto a atacarlo pero algo llamó mi atención. Kirito tenía a su tres oponentes en la zona roja, si recibían un solo golpe más seguro morirían. Esto hizo que me olvidara de todo momentáneamente y cambiara la dirección de mi ataque hacia él. Aunque lo había atacado de frente, la fuerza del impacto le hizo dar una vuelta en el aire cayendo de rodillas.

-Aaghh… ¿Qué… se supone… que haces?- masculló el pelinegro con dificultad pues aún le dolía el golpe que le había propinado

-Estoy asegurando mi victoria- me limité a responder

Me giré para asestar el golpe final a los dos adversarios que había herido anteriormente cuando me di cuenta de que uno de ellos, el que había sido atravesado por mi espada, había perdido toda su HP. Solo pude alcanzar a ver las lagrimas de tristeza en su rostro y, acto seguido, su cuerpo se desvaneció en un estallido de colores.

Me sentí terrible, como una basura. Una persona había muerto por mi culpa, por no pensar correctamente. Tenía ganas de llorar y pedir disculpas a todos los otros incluido Kirito pero no podía hacerlo, no si de verdad quería vengar la muerte de Rika. Miré a Kirito que se incorporaba lentamente. Sería tan fácil acabar con su vida en ese momento, un solo golpe bastaría para que yo me sintiera satisfecho. Levanté mi espada, que tomó un intenso brillo blanco, y me preparé a golpear a mi némesis cuando algo me detuvo.

-¡ALTO! –una voz femenina se escuchó a mi lado y, cuando me giré para mirar a la persona que había emitido tal grito, un golpe en el pecho me arrojó al suelo -¡No lo hagas! –

Era Asuna quien me había detenido, con una estocada que me dejó al borde de la muerte. De inmediato, ante la mirada incrédula de todos, ella ayudó a Kirito.

-Gracias… Supongo que te debo una- dijo el chico. Luego me observó con furia en sus ojos. – ¿¡Qué diablos has intentado hacerme!? ¡Se supone que somos compañeros! –

Pero no me interesaba lo que él tuviera que decirme, sino lo que Asuna me diría en este momento.

-¿Por qué has hecho eso Asuna? -mi voz sonaba a una combinación entre ira y tristeza –Somos del mismo equipo, más sin embargo me has atacado-

-¿¡Te das cuenta!? ¡Has estado a punto de matar a la persona que te salvó en primer lugar!- me gritó

-Tú has hecho lo mismo-

-¿Qué?-

-Yo te ayudé, te salvé la vida de aquella Avispa de Viento ¿lo recuerdas?-

Asuna bajó la mirada. Se notaba que estaba muy triste. Me hubiera gustado decirle que lo sentía, que no volvería a pasar, pero en ese momento me sentía traicionado por la chica que había considerado mi mejor amiga, así que proseguí con mi reclamo:

-Y, a pesar de ello, has estado a punto de matarme. ¡No tienes derecho a juzgarme si tú no estás libre de culpas!-

-¡Escucha! ¡No permitiré que le hables así! ¡Si quieres una pelea será conmigo!- gritó Kirito justo antes de tomar su espada y correr hacia mí, dispuesto a golpearme.

No había nada que pudiera hacer, me hallaba demasiado cansado para intentar defenderme, simplemente miré como mi rival se disponía a atacarme.

De pronto algo pasó. La espada de Kirito escapó de sus manos y voló hasta clavarse en el suelo. Delante de mí una espada negra de gran tamaño se extendía, cubriéndome del daño que hubiera podido recibir. Era Soujiro quien había aparecido para ayudarme.

-Valoro mucho la vida. Creo que es lo más hermoso de este mundo- dijo mi compañero, con una serenidad inmensa, dirigiéndose a mi agresor- Si tratas de quitarle la suya a mi mejor amigo no llegarás al piso siguiente-

-¡Soujiro! El solo ha tratado de defenderme- intervino Asuna

-¿Defenderte? ¿De un herido?-

-Está bien compañero, esto ya se ha acabado- mascullé con mucho esfuerzo. El pecho me dolía como nunca, no solo por la estocada que había recibido sino por el dolor en el corazón que me había provocado el hecho de que Asuna ayudara a mi enemigo.

-Esto no se ha acabado- se escuchó decir a una voz detrás de mí

Todos pusimos nuestra atención en el que había proferido esas palabras. Era un hombre alto, de aproximadamente unos 40 años, pelo largo de color plata. Vestía una armadura roja con bordes blancos.

-¿Quién eres tú?- inquirió Kirito

-Mi nombre es Heathcliff, soy el líder de un nuevo gremio llamado "Los Caballeros de la Hermandad de Sangre"-

-Así que estos son tus soldados ¿eh?- pregunté

-Así es. Los envié para que atrajeran la atención de la joven Asuna, pero veo que tú los has visto primero-

-¿Mi atención? ¿Por qué la mía?- dijo Asuna

-Eres una de las jugadoras más rápidas de todo Aincrad. Esperaba que consideraras la idea de unirte a nosotros sin embargo- dijo el mirándonos a Soujiro y a mí- estos chicos son bastante fuertes también. Quizás quieran unirse al gremio-

-Lo siento. Yo viajo solo- se apresuró a decir Kirito

-No necesito un gremio para sobrevivir a este juego- respondí –Vamos Soujiro, tenemos que entrenar-

Esperaba que mi colega me siguiera pero no lo hizo.

-Kenshi, tal vez si nos unimos seremos mucho más fuertes que estando solos- dijo él

Reflexioné por un rato. En efecto era una gran oportunidad, pero los ítems y el dinero eran repartidos y eso no me agradaba mucho. Finalmente tomé una decisión.

-No me parece una buena idea… pero debo admitir que es mucho más seguro que ir por ahí combatiendo a solas- me giré y miré a Heathcliff a los ojos- Tu ganas, seré uno de tus caballeros-

-Muy bien. Que dice usted señorita Asuna, ¿quiere ser parte de los Caballeros de la Hermandad de Sangre?-

-¡No! ¡No me uniré a un gremio del que él también sea miembro!- dijo refiriéndose a mí

-¡Asuna! Recuerda lo que te dije en el Piso 1- Kirito la miró intensamente- Si alguien te invita a un gremio no rechaces su invitación-

El beater se marchó dejándonos a la espera de la respuesta de Asuna. Ella miraba hacía el horizonte, pensativa hasta que se giró y respondió:

-De acuerdo, me uniré a tu gremio-

-Excelente. Bienvenida a bordo- dijo sonriente el líder- Debemos irnos. Como pueden ver, uno de mis soldados murió y necesito que alguien tome su lugar en la delantera-

Todos nos dirigimos hacia la ciudad para comprar ítems de curación y cristales de salto. Una vez hecho esto fuimos a una mansión en el recién explorado Piso 6 que servía como la base de operaciones del gremio. Durante todo el camino ninguno hizo uso de la palabra, pero me di cuenta de que Asuna me miraba con desconfianza y enojo.

-¡Bien! ¡Este es nuestro cuartel general! Siéntanse como en su casa, yo arreglaré que les consigan los uniformes-

Y así fue como me volví miembro de "Los Caballeros de la Hermandad de Sangre". El gremio se hacía cada vez más fuerte y al cabo de unos meses, exactamente en Abril de 2023, ya habíamos conseguido superar el Piso 30.