Bueno luego de como 3 semanas (?) aquí esta, originalmente iba a ser más corto, pero creo que ya es un poco tedioso de leer, aunque no deseo editarlo. Ya en el 4to capítulo se verán las cosas que en realidad quería poner aquí (mmm a veces divago y todo sale más largo y este es el resultado) Por lo que gracias por leer y vendré con el próximo capi en menos tiempo.


El disturbio III

John esperó pacientemente unos minutos hasta que el detective dio signo de volver, Lestrade elevó una ceja al mirar a Sherlock hablar sin pausas sobre ciertas cosas que no parecían tener sentido y luego salió corriendo, lo típico, el DI solo intercambió una mirada con el doctor antes de verlo salir tras el menor de los Holmes.

La información vino un poco más rápido de lo esperado y se pudieron entrevistar con los cuidadores de perros, los lapsos "idos" del detective estuvieron sin aparecer por casi veinticuatro horas, al menos de lo que John pudo ver y al fin luego de correr por todos lados la asesina se dio a conocer, una chica que se vestía de chico y que cuidaba de todo animal que pudiera encontrarse, claro que siendo cuidadora conoció a sus víctimas, ella alegó que eran monstruos y que se lo merecía. Finalmente podían tener algo de paz.

Después resultó que habían pasado tres días desde el último extraño incidente en el que Sherlock había perdido la noción del mundo, John estaba seguro de que no fue algo normal, aunque pensándolo un poco, nada en su compañero de piso podía clasificar como normal. Bueno, el caso en el que estaban trabajando se resolvió y apenas la noche anterior habían atrapado a la asesina y aún tenía que ordenar los detalles para transcribirlo a su Blog, pero eso sería después.

El doctor estaba preparando algo para comer, era bastante temprano y tenía mucho sueño, entrar a dormir pasada la media noche no era sano; no estaba seguro si debía ir a notificarle a Sherlock o no, el quisquilloso detective se había pasado esos tres días encerrado en su cuarto todo el tiempo que no empleó para su investigación, no sería tan anormal de no ser porque ni una sola vez se había quejado, en esas pocas horas, de que estaba aburrido o de que su cerebro se podría o que implosionaba o algo así, a decir verdad había estado tranquilo, demasiado para ser él. Sí, lo mejor era ir a verificar que estuviera haciendo algo peligroso o, en su caso, más peligroso de lo acostumbrado.

John entró al cuarto de su compañero hallándolo acostado, boca arriba, con los ojos abiertos y con las manos juntas, era su posición para estar en su palacio y por lo general solía hacer eso en el sofá, lo llamó solo un par de veces sin resultado, si estaba profundamente perdido en sus pensamientos no estaría aburrido asique no había problemas, suponía, esperaba. Si iba a estar más tiempo así bien podría aprovechar para arreglar un poco el tiradero que tenían en la sala, solo eran unos pocos libros por ahí pero su formación militar no le permitía ignorarlo por siempre.

Sherlock nunca fue consiente de la pequeña visita de John a su cuarto, en esos tres días en que iba y venía de su palacio al, ahora denominado, mundo real había estaba pensando en una respuesta para esa maldita pregunta, John P había estado presente todo el tiempo para oírlo y ninguna respuesta parecía satisfacerlo. Aprovecharía el tiempo que tenía en ese momento para resolver la cuestión y luego se relajaría por un trabajo bien hecho, o lo que sea.

Justo en ese momento estaban los dos, en ese cuarto, sentados frente a frente y tomando una taza de té ¿Desde cuándo el té era importante en su palacio mental? Lo razonaría en otro momento.

Dame una respuesta, Sherlock Holmes — John P estaba sonriendo, sosteniendo su taza con cuidado, esperando.

Se trata de trastornos químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad, la obsesión y la depresión. Es un fenómeno que incluye patrones conductuales, cognitivos y emocionales característicos que… — ya había tratado de responder la pregunta dos veces antes desde su punto de vista científico y había sido rechazado, tal vez un enfoque más general serviría.

Incorrecto — interrumpió deliberadamente antes de oír todo el texto de libro — Tratas de explicarme algo que sé, soy doctor, no lo olvides, sé cómo funciona el cuerpo humano y no, no es una respuesta adecuada — en sus ojos se podía ver una fiereza que el detective no estaba seguro de haber visto en el John real —Si no respondes correctamente la próxima vez no me haré responsable de mi comportamiento — se levantó y salió del cuarto, dejándolo solo, otra vez.

Miró las paredes de ese cuarto, ahora eran grises, piedra gris y tallada al relieve, era extraño pero no podía distinguir todas las cosas que estaban grabadas, había una tabla periódica, aunque le pareció que eso estaba un poco fuera de lugar.

Había un grabado del sol y otro de la luna, ah, el sistema solar en un eclipse de sol; también había un par de cuadros de la naturaleza ¿Cómo es que no tenía control de ese cuarto? Miró el piso, mármol blanco. Aparte de las sillas de madera, también tallada, no había nada ahí, bueno casi nada, al mirar hacia el techo notó que había algo nuevo, unas cadenas colgaban de él, no tenían nada solo estaban ahí.

Sherlock parpadeó rápidamente hasta que estuvo en el mundo real, ya sería como media mañana ¿Se había quedado dormido? Podía ser… Era extraño, sentía hambre, casi no experimentaba esa sensación ¿Cuándo fue la última vez que había comido? No importaba realmente.

Salió de su cuarto, comería algo y seguiría con alguno de sus experimentos, debía tener al menos dos o tres en curso, ah sí claro, John había tenido un accidente con uno de ellos, en fin.

Media hora después no podía quedar quieto, caminaba de un lado para otro aún en su ropa del día anterior, era algo muy simple y no podía hallar una respuesta… Oh claro, estaban hablando de una emoción, era solo eso ¿Cómo no lo vio antes?

Ya sé que es — sonrió como si acabara de encontrar algo que nunca antes hubiese visto, pero fue bastante breve, la duda lo invadió, parecía una respuesta muy simple y por lo tanto seguro que no sería la correcta, pero John era una persona sencilla y hasta cierto punto simple con las cosas, ahora John P no parecía serlo… Quizás debería pensarlo mejor antes de contestarle.

Pasó el resto del día meditando, mientras que el rubio se mantenía al margen, pensaba que solo debía darle un poco de espacio y las cosas mejorarían, la tarde comenzó a pasar y las cosas realmente no habían cambiado.

Era justo lo que tenía frente a sus ojos, todo y nada lo mismo tiempo, Sherlock estaba de pie, a un costado de la ventana, con ese magnífico violín en sus manos, a punto de comenzar su melodía y sin embargo no había sonido alguno, llevaba en esa posición cerca de una hora, tal vez más, John no estaba seguro ¿Qué podía estar pasando por su mente? Se hizo esa pregunta no menos de cinco veces en los últimos quince minutos y no tenía manera de averiguarlo. Lo que más le preocupaba al Doctor era que su mejor amigo estuviera en una crisis, una peor que la que tuvo cuando supo de la muerte de La Mujer, esta vez su depresión parecía más profunda.

Su palacio mental estaba firmemente construido, con salas específicas para cosas, o personas en algunos casos, era su refugio, su santuario para evadir la aburrida vida que tenía a diario, al menos así había sido hasta que esa maldita incógnita apareció. Amaba los misterios, los casos envolventes y las espirales tergiversadas que representaban los casos extremadamente raros, pero… Una simple pregunta lo estaba consumiendo de mala forma, tenía la respuesta pero no parecía adecuada, de hecho era una pregunta que se podía responder de muchas formas, todas correctas, dependiendo del punto de vista y el contexto con el que se manejara y aun así todas estaban mal para él, la única respuesta que el hallaba perfecta y justificablemente correcta era, para su desgracia, la más equivocada.

Tenía que haber una respuesta adecuada, ya que no podía ser correcta tendría que ser adecuada, pero por más que buscaba no podía hallarla, ni en el rincón más recóndito de su palacio. Tenía que hallarla, debía de hacerlo… Lo necesitaba… Si no lo lograba todo se vendría abajo y su cordura sería una de las cosas que pereciera, lo sabía y el tiempo se le estaba acabando.

Tal vez nada de eso habría pasado si no hubiese prestado atención a ciertos detalles, había cosas que ignoraba adrede y por una estupidez no lo hizo esa vez. Todo comenzó con ella, La Mujer agrieto uno de sus muros y la maldita pregunta vino de ahí, ella permanecía en ciertas partes de su palacio, pero no podía ingresar a cualquier parte, así estaba bien. Por otra parte estaba él, EL, apareció repentinamente hacía bastante tiempo, no podía decir cuántos minutos, se puso de pie justo de frente suyo y se le quedó mirando, con esa ligera sonrisa cordial, era molesto, estaba tratando de olvidar lo aburrido que era vivir en ese insípido mundo de idiotas y llegó de la nada, sin ser invitado y la pregunta salió de sus labios, diferente, realmente no eran exactamente las mismas palabras y sin embargo entendía que se estaba refiriendo a lo mismo, la anomalía estaba en que no podía alejarlo con sus palabras, ni con sus acciones, ni siquiera cambiando de sala, seguía presente, era EL, pero era diferente, eso nunca había pasado antes y esa "falla" era un factor sumado al misterio a resolver.

Tomó una decisión, lo vería en ese mismo momento y aclararía las cosas, respondería su pregunta con su simple pero eficaz respuesta y todo volvería a la normalidad, aunque él no tenía ni la menor idea de lo que iba a encontrar una vez que se enfrentara a John P.

El John del mundo real salió a su trabajo, rogando a Dios que todo estuviera en su lugar cuando volviera, pero por si acaso le hizo una llamada al DI, le aseguró que no era nada serio, solo… Solo quería que pasara más tarde por el 221B para verificar que le edificio siguiera ahí. Claro que diciéndolo así sonaba muy dramático no era culpa de Lestrade que John fuera tan dramático al respecto, pero no lo culpaba a él tampoco por eso, con Sherlock nunca se podía esperar poco desastre.

¿Debería llevar un grupo de búsqueda, John? — no quería pensar en ello, pero Lestrade temía por una recaída del detective, sería algo muy lamentable.

No, no se trata de eso — quiso sonar seguro pero era poco probable — Conozco los síntomas, estoy seguro que esto, sea lo que sea, es otra cosa — más como de requerir una camisa de fuerza, sus pensamientos le apuntaron y ya hubiese actuado en consecuencia si se tratara de otra persona, pero Sherlock siempre era diferente.

Está bien — reprimió un suspiro, tenía un mal presentimiento de todo eso y por lo general no se equivocaba — Te haré saber si algo anda mal, John —

La llamada terminó y el doctor esperaba que todo eso solo fuera una faceta, muy loca faceta, para que pudieran volver a su rutina lo antes posible.

Sherlock estaba caminado en su palacio mental, clasificando todo lo que estaba ahí, el cuarto de Víctor no estaba por ningún lado, no lo había olvidado, simplemente no lo encontraba, lo cual no tenía sentido pero era cierto. Barba roja seguía en el mismo lugar, ese espacio para el arrogante de su hermano seguía en su sitio, cerrado y distante como debía. Estaba el apartado para sus padres, incluso el del DI Lestrade, no que alguien más tendría que saber que incluso él tenía un cuarto en la mente de Sherlock.

Mientras caminaba notó que se había agregado un pasillo que no debería de existir, todo ahí era en tonos ocres, como ese cuarto, una puerta labrada e incluso había música clásica proviniendo de ahí… Ingresó cautelosamente, era el mismo cuarto, ahora en tonos grises con grabados, su sillón favorito estaba ahí, había más cadenas colgando del techo y la tabla periódica seguía ahí, John P también y estaba sosteniendo un cráneo muy familiar en sus manos.

Nunca me dijiste de quién era — el rubio comentó casualmente — Aunque no tiene importancia supongo —le sonrió amistosamente y el cráneo fue dejado en alguna repisa — ¿Té? —

¿Dónde está la habitación de Víctor Trevor? — se le quedó mirando fijamente, aun sabiendo que no podría concluir nada de él, solo era una proyección, no sería lógico concluir algo que su mente había creado ¿Verdad?

Cómo lo usual supongo — él sirvió el té sin inmutarse ni un poco — Él está bien, junto con ella — le dio la taza, tomando un sorbo de la propia — ¿Quieres hacerles una visita, Sherlock? — tenía las cejas elevadas, sonriendo con solo una de las esquinas de su boca, el tono que había usado era de diversión, no, se estaba burlando… ¿Cómo una proyección podía…?

¿Dónde está? — él estaba usando su rostro desprovisto de emociones, no porque John P pudiera leerlo, eso sería absurdo.

Pero no hubo una respuesta, el rubio simplemente miró hacia una puerta que estaba a su izquierda, una puerta que Sherlock estaba completamente seguro que no existía segundos atrás. La puerta se abrió lentamente, revelando a La Mujer, ahora completamente desnuda, sentada en un sillón negro, el cual resaltaba su fina piel blanca, frente a ella estaba Víctor, con un traje gris claro, ambos parecían estar conversando como si fueran amigos de años, pero al mismo tiempo parecían ser solo dos personas sin profundidad.

No había motivo para que las proyecciones se "comunicaran" entre sí, solo eran percepciones que tenía almacenadas, no eran reales y sin embargo estaba seguro de que todo eso estaba pasando, tal vez necesitaba fumar. Miró a la proyección del doctor y después regresó su vista a los otros dos, una realización se hizo en fracciones de segundos, el problema no eran las proyecciones en sí, era él mismo… Su mente estaba combinando los tres apartados, de esas tres personas.

Oh —la proyección de John lo miró, ahora estaba sonriendo de una forma intimidante, justo como la sonrisa de La Mujer, aunque la del doctor tenía un matiz más profundo, sabía cosas que él ignoraba y al detective no le gustaba estar en esa posición — Así que ya te has dado cuenta, Sherlock, entonces ¿Tienes una respuesta para mí ahora? —

La proyección del rubio caminó hacia él y Sherlock solo pudo retroceder un paso, no tenía una respuesta, solo tenía preguntas, no debía dejarse intimidar por una creación de su propio cerebro pero su subconsciente le estaba restregando en la cara, por ponerlo de algún modo, que no lo sabía todo, peor aún, su subconsciente estaba alineando aquello que no podía comprender.

No es que no lo comprendas, Sherlock — el doctor estaba a un paso de él, tomando el mentón del detective con delicadeza — Es que aún no sabes que sabes la respuesta — el más alto dejó de moverse por completo tratando de llegar a un entendimiento de esas palabras — Ahora dime ¿Qué es el Amor? —

Nueva información se le fue entregada, corrió todo el conocimiento que tenía y no pudo contestar algo satisfactorio, él había dicho que tenía la respuesta pero que no sabía que sabía, no tenía sentido, él sabía lo que conocía, no podía saber algo que no sabía o no conocer lo que sabía, era un absurdo, pero cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad, su problema era que aún no llegaba a esa "Verdad".

John se desvaneció sin tener una respuesta, el detective estaba en el "mundo real" ahora, traído de vuelta por los golpes dados a su puerta. No estaba seguro su maldecir a la persona que lo estaba perturbando o agradecerle, quería saber la verdad y al mismo tiempo odiaba sentirse atrapado por las incógnitas de su propio cerebro.

Lestrade estaba en la puerta, mirándolo analíticamente, no tenía un caso para él, estaba seguro, el DI estaba realizando una inspección de su persona, no tenía tiempo para él ni quería esforzarse, lo despidió siendo más grosero de lo normal, yendo a su cuarto a encerarse justo después.

Volvió a sumergirse en su Palacio Mental, estratégicamente lejos de dónde estaba, tenía que recorrer toda la información que tenía, toda la que estaba cambiando, requería de averiguar por qué estaba siendo modificado.

"Aún no sabes que sabes la respuesta"

Esa simple oración estaba consumiendo su razonamiento.

Al verificar la información de su cerebro pudo notar que nada estaba afectado, al menos no de lo más importante, se dirigió a la parte que contenía información más científica, pero el corredor cambió apenas dar él tres pasos, John estaba esperándolo, con aquella sonrisa amable.

No iba a dejarlo inconcluso, estaba vez estaba preparado para responder, solo dejaría fluir todo lo que sabía, en algún punto tendría que tener la respuesta adecuada. El doctor parecía saber lo que estaba pensando ya que ingresó a ese cuarto y dejó la puerta abierta.

Sherlock miró todo sin demostrar interés, el cuarto lucía diferente, no había muebles, solo un espacio cerrado con muros de piedra, parecía un calabozo de los tiempos pasados, no iba a tomarse la molestia de analizarlo en ese momento.

¿Qué es éste lugar? — preguntó al fin, mirando la techo, incluso se podía ver el cielo nocturno, alguno que debía de tener almacenado en su memoria próxima a borrar seguramente.

Bueno, considerando que no te das cuenta aún, he decidido que te daré una pista — sonrió cándidamente y esperó, pero solo quedó el silencio entre ellos.

Sherlock miró el lugar, si ese cuarto era una pista entonces solo podía tener una respuesta lógica.

Una prisión, estas insinuando que "el amor" es una prisión — bueno, sin duda es una forma en cómo podría describirse, después de todo él mismo decía que el amor era un "error humano"

Es una pista, no es la respuesta, Sherlock — acertijos, que irónico era, él odiaba los acertijos y su mente se las arreglaba para joderlo con uno…

También hay cadenas, sangre salpicada, no hay ventanas, parece que el amor solo es un impedimento, algo en lo que no vale la pena pensar —

Es el mayor de los impedimentos y también la peor manera de dejarse someter — susurró el doctor, tomando el rostro de Sherlock entre sus manos — Es la una de las grandes fuerzas del universo, aun así no es la respuesta correcta — se acercó a él, besando sus labios delicadamente — Estaré esperando una mejor respuesta, pero si te equivocas te castigaré… —

Con eso desapareció y el detective se quedó mirando el techo nuevamente, aturdido. No era un estúpido, él simplemente no quería mirar en esa dirección, pero la respuesta a la que había llegado no permaneció en su mente, desapareció casi tan rápido como llegó.

John regresó a su hogar a temprano, Lestrade le había dicho que el detective estaba bien, más punzante de lo normal, tal vez solo estaba disgustado por no tener nada que hacer. El doctor sabía que había algo más, pero lo dejaría pasar por ahora. La música de violín fue lo que lo recibió primero, no era triste, no era feliz, parecía un vals antiguo, las notas estaban vibrando con emociones fuertes, incluso el rubio podía notar eso.

Sherlock — su amigo lo miró por un instante sin embargo no dejó de tocar —… —no sabía que decirle, esperaba que estar ahí para él fuera suficiente por ahora.