Sí, yo había dicho que dos domingos pero ¿qué creen? Lo pude tener antes xD (aunque eso significa que no todo lo que quería será actualizado, ni modos.

¡Nos vemos dentro de dos domingos!

Acoso V

Había pasado una semana desde que Sherlock había salido de Baker Street, siete días desde que no cruzaran palabra alguna y tampoco hubo mensajes, John se hallaba en ese momento tomando una taza de té en su sillón. Esa semana de silencio lo mantenía intranquilo, el detective había estado en mal estado cuando se fue, después de pensarlo un poco el doctor concluyó que ese día le pareció un animal acorralado, como si le temiera a algo, era ese algo a lo que John no le podía dar nombre ¿A qué le temería un hombre como Sherlock Holmes? No a las pesadillas de los mortales comunes sin duda.

Mycroft le aseguro que su hermano menor estaba bien, más desequilibrado de lo normal sin duda, pero se encontraba bien, solo tenía unos asuntos personales que atender, cuando terminara con ello seguramente volvería a su casa a seguir desperdiciando su vida como lo hacía. Eso no tranquilizaba del todo al doctor sin embargo aminoraba un poco su preocupación. Miró su reloj y apenas eran las diez de la mañana, no tenía que trabajar ese día por lo que saldría a dar una vuelta para despejar su mente. Lejos estaba de imaginar por lo que su mejor amigo estaba pasando.

Sherlock estaba encerrado en una habitación privada, apenas había probado bocado desde que fue a encerrarse a ese lugar, había dormido poco y trataba desesperadamente de no dejarse llevar por ninguno de sus pensamientos.

Su piel pálida contrastaba de forma espantosa sus ojeras, sus ojos estaban rojizos por tantas veces que se frotaba el rostro y los aplastaba con sus manos. No le gustaba lo que pasaba, no le gustaba esa sensación de pánico que se tiene cuando algo más grande y aterrador está persiguiendo a uno, algo que no se puede controlar, de lo que no puede defenderse ni escapar. Nunca pensó que llegaría el día que desearía con cada célula activa de su cerebro ser una persona normal, para no afrontar semejante situación. Tenía la respuesta ahora y lo que más deseaba precisamente era no haberla encontrado.

Todo fue tan evidente esa tarde, ese instante, verlo sentado frente al ordenador, su cabello corto y rubio, oír su tono de voz preocupado por él. Fue un golpe demoledor.

Frotó las yemas de sus dedos contra su cuero cabelludo con fuerza, sacudiendo su cabello descuidadamente ¿Qué podía hacer ahora? ¿Cómo debía de actuar? ¿Había alguna guía o alguna solución? No, una y otra vez la respuesta era no, tenía que aprender a vivir con lo que sabía, como lo había estado haciendo siempre, para seguir su camino, volver a su rutina, o a la falta de ella. Necesitaba algo que despejara su mente o que la destruyera para que pudiera reconstruir todo desde cero.

Para su desgracia no existía nada tan poderoso que pudiera hacer ninguna de las cosas que deseaba. Pronto se quedó quieto, mirando la pata de una silla de madera, era de un tono rojizo, le recordaba una pista de baile, un vals, era una memoria de su juventud, no tenía deseos de hacer un esfuerzo para tener el recuerdo completo. Sin darse cuenta se vio transportado de nuevo a ese lugar, su palacio mental.

Estaba en ese cuarto, el que la proyección había modificado como su celda personal, era irónico, él era prisionero de su propio palacio.

Sangre, todo estaba cubierto de ella en ese lugar, incluso la tela con la que sus manos estaban atadas estaba escurriendo sangre.

Él estaba de pie, la proyección del doctor, quien ahora era el amor y señor de su mente. Estaba frente a él, solo con la gorra oficial puesta, sin sonreír. Se acercó a él, con la fusta en mano, recordándole las aberturas que sangraban en su espalda.

¿Cuál es la respuesta, Sherlock?- su voz dura y fría, diferente a lo que estaba acostumbrado a oír de él.

No la sé — el silbido del viento y el golpe sobre su muslo le reiteraron que se había equivocado. -No es una adivinanza, es una pregunta simple - el rubio se acercó a él, inclinándose para lamer la marca en su muslo, despacio, sin quitar sus ojos de su mirada. -Ni siquiera necesitas ser un genio para responder - acarició el interior del pálido muslo mientras hablaba - ¿Cuál es la respuesta? -

Es una reacción - un golpe más sobre su espalda, el rubio estaba detrás de él ahora, dándole un par de golpes más, el dolor lo estaba volviendo loco, sin embargo no iba a gritar, prefería destrozar sus labios mordiéndolos que gritar. Miró al piso, había sangre ahí, su propia sangre, la cual seguía goteando.

Solo tienes que decirlo y me detendré, Sherlock, di que te rindes y esto terminará aquí, una pregunta simple que un genio no puede contestar... - tomó su barbilla con su mano izquierda, con cierta brusquedad- Una pregunta simple - el castaño se veía cansado, eso a él no le importaba, el detective podía leerlo en su mirada, en su actitud - ¿O será que te gusta ser domado, como a un caballo? Un potro salvaje, eso es lo que eres, una bestia lista que no puede responder una simple cuestión —

Es un conflicto, entre dos personas - alcanzó a decir, tratando de contener el dolor.

Es una mejora - el rubio le susurró al oído, deslizando su mano derecha por su pecho, dejando que las yemas de sus dedos distrajeran al castaño en su intento por razonar — Continua — bajando hasta su vientre, si respondía bien lo premiaría si no...

Es una falla gen - no terminó de hablar, recibió un golpe en el vientre y su costillar, ese último abrió su piel, salpicando la desnudez del doctor, sobre el lado izquierdo de su pecho.

Nunca aprendes - dejó caer la fusta, agarrándose de las caderas del castaño - No es ciencia, es el dolor y el placer — susurró justo debajo de su mentón, en medio de sus clavículas — ríndete, Sherlock, es lo mejor para los dos, no quiero que tú... - pero no hubo más palabras, solo sus manos presionando fuertemente su piel, elevando su cuerpo un poco más - Es una respuesta simple, que conlleva al dolor y al placer-

Sherlock abrió las piernas, sabiendo lo que venía, El rubio se acomodó entre ellas sin prepararlo, buscando su esfínter, metiéndose por la fuerza, poco a poco. Dolía, aceptar la intromisión dolía como pocas cosas que podía recordar. Lentamente, llegando a estar completamente dentro, mirando su rostro, su respiración agitada y los ojos cerrados conteniéndose para no gritar. ¿Porque tenía que doler?

Puedo "oírte" pensar, deja de pensar Sherlock — el rubio le ordenó, esperando una respuesta que no llegó. Se movió de repente, sin avisarle, saliendo y entrando rápidamente. El detective miró el techo, tratando de recordar algo, cualquier cosa, sus manos se aferraban de las tiras de tela ensangrentadas que lo sujetaban, de no hacerlo perdería su precario equilibrio y no soportaría las consecuencias.

No es que no conozcas la respuesta - la voz del rubio lo estremeció, bajó la mirada buscando aquello que no podía hallar -Es que gusta sangrar, Sherlock- Tres embestidas más, mordiéndose los labios, hasta que el dolor fue menguando, apenas lo suficiente para no gritar cuando quisiera decir algo -Solo dilo y esto terminará- siguió embistiéndolo, sin dejar de mirarlo, como si deseara grabarlo en sus pupilar -Voy a darte un poco más de tiempo, una pista...- se detuvo un momento, besándolo en el pecho, sin soltar nunca sus caderas- Tú, tu cuerpo virgen, tu mente en ruinas, todo, todo es mío ¿Eso es suficiente? —miró en sus ojos una vez, esperando

Sherlock lo miró, sin encontrar la respuesta, un acertijo que no podía resolver, era peor que el dolor que lo estaba consumiendo ahora, pero era mejor que el placer que vendría pronto, un enigma que no tenía una sola respuesta, al contrario, tenía muchas, pero todas las que podían pensar eran incorrectas

No voy a rendirme — logró contestar, cunado las embestidas comenzaron de nuevo, más salvajes, más fuertes, nublando su mente, dejándolo lejos de todo lo demás.

Él sabía que no era real, que solo era en su cabeza. Pero eso lo hacía más real para él, después de varios días no estaba muy seguro de que era lo real y qué no lo era. Se quedó sentado en el sofá que tenía en ese cuarto, mirando la pata de aquella silla, fuera de su palacio, al menos tenía la seguridad de que la proyección no lo molestaría por un tiempo, después de tener una de sus sesiones lo dejaba tranquilo por unas horas o lo que Sherlock pensaba que eran horas porque bien podrían ser solo minutos, él ya no estaba mirando el pasar del tiempo, no tuvo mucho de él para hacer un análisis de cualquier forma, menos de sesenta minutos después de su "vuelta al mundo real", su hermano apareció, prácticamente de la nada, debía de ser el verdadero, el de su cabeza por lo general solo aparecía para corregirlo y "este hermano" tenía pinta de tener algo planeado.

Vístete y ponte decente, hermano mío, tienes un caso, uno importante al parecer — su tono estirado lo irritaba, más que de costumbre — Hay una persona desaparecida y dos muertos confirmados — Mycroft estaba leyendo la información de una carpeta de color manila, a Sherlock se le antojaba ese color de lo más chocante en ese momento — No hay nada de valor faltante, sin embargo el denunciante indica que sí se han llevado algo, solo que no está seguro de que es lo que hace falta —

Resuélvelo tú, no voy a salir — no complacería a su hermano ni aunque era lo que más necesitaba en ese instante.

El Director Inspector Lestrade me solicitó que te entregue los documentos personalmente, ahora es tú caso, Sherlock — el menor dirigió su vista a él, era evidente no estaba nada "feliz" — Esto ocurrió en casa en la que estuvo viviendo Irene Adler — los ojos de su hermano más joven se ampliaron ante la mención del nombre — ¿Tengo que decirle al DI Lestrade que rechazarás el caso? —

No esperaba volver a ese lugar y en esas condiciones aún menos, no vio todo lo que la casa tenía originalmente, pero sus dotes de observación seguro le dirían que es lo que supuestamente hacía falta en ese lugar, si es que en verdad algo faltaba.

Lestrade estaba esperando por él, como siempre, la información detallada era algo que había leído ya, el dueño de la casa había sido asesinado, una bala en la frente, pero tenía once apuñaladas en el pecho, especialmente del costado derecho, un brazo fracturado y faltaba parte de su cabello, lo habían rapado sobre la coronilla de forma descuidada, todo post mortem, la causa se la muerte era, al parecer, envenenamiento. El caso tenía un par de días, su hermano no se había preocupado de informarle a tiempo, vaya novedad.

Las personas desaparecidas eran su esposa, una mujer de veinticuatro años, mucho más joven que él que tenía cuarenta, y su sobrina, una joven de diecinueve años. La sobrina había quedado bajo su custodia hacía diez años, cuando su hermano y cuñada murieron en un accidente.

La denunciante era su cuñada, quien muy preocupada había llamado a los policías cuando encontró el cuerpo del hombre y no hubo respuesta de las desaparecidas. Dijo que todo en la casa estaba en orden, según como lo recordaba, no había nada tirado o fuera de lugar, pero ella estaba segura de que hacía falta algo, una fotografía o alguna pieza de las decoraciones del librero que habían puesto en la sala, ella no podía recordar que pieza era pero estaba segura de que se veía más vacío de lo que debía.

Sherlock miró el lugar detenidamente por unos minutos, verificó el polvo, las marcar en la madera, los objetos en el lugar, sí, hacían falta dos marcos de fotografía, familiares seguramente. Inspeccionó cada parte de la casa que le pareció prudente o necesario y luego miró las fotografías, necesitaba hablar con la cuñada, lejos de la policía y de cualquiera que la conociera, por ahora dejaría todos los datos almacenados en su cerebro, aún eran las tres de la tarde o una hora cercana a las tres, no tenía ganas de ver el reloj.

Era momento de afrontarlo, debía de volver a Baker Street, si podía estar ahí sin más incidentes entonces él habría ganado y la proyección no tendría más dominio, controlaría su palacio mental de nuevo y la paz regresaría. Entró a su casa en silencio, repasando los posibles escenarios en su cabeza, todo estaba bien, él tenía el control. Al ingresar a la cocina lo miró, John Watson, el buen John, estaba preparando algo para el almuerzo, o la merienda, lo que fuera, sintió hambre repentinamente, no había comido nada en varios días y Mycroft no había hecho ni el intento de obligarlo.

John se giró al oír los pasos, cosa rara, nadie más tenía llaves de su casa, solo…

Has vuelto — el doctor sonrió y fue como si la luz del sol entrara por una apertura en un cuarto oscuro — Tu hermano no mencionó que volverías hoy cuando hablamos —

No. Yo… — muy elocuente sin duda, el aire era pesado, no podía ser así ya que en esencia los componentes del aire eran nitrógeno en un setenta y ocho por ciento, oxígeno en un veinte, gases nobles en uno por ciento, dióxido de carbono en un punto cero tres y agua en un punto noventa y siete, eso no era pesado, no podía ser que — Necesitaba tiempo para arreglar un asunto personal — tartamudeó al principio, lo sabía, ¿Arreglar? No, por supuesto que no, estaba jodido, real y brutalmente jodido — Y ahora hay un caso, un asesinato y dos personas secuestradas — ¿Él estaba hablando? Porque la persona que estaba hablando sonaba como un idiota y él no era un idiota — ¿Has hecho algo interesante en tu semana libre? — sonrió mostrando los dientes, claro que no era un idiota, era el idiota más grande de Londres ahora.

No — John sonó incrédulo porque no podía creérselo, Sherlock acababa de tartamudear — Ha sido aburrido sin persecuciones — pero no iba a meterse en la vida personal del detective — Negaré que alguna vez dije eso — y fijándose mejor, notó que el moreno era un desastre — ¿Te sientes bien? Te vez un poco más pálido ¿Has dormido un poco por lo menos? —

Transporte, John — le recordó, pero sin dejar de sonreír. De verdad tenía hambre — Voy a arreglarme — miró al doctor un momento antes de comenzar a caminar — Y dormí lo necesario — no quería preocuparlo demás.

Seguro —quizás no eran las mejores condiciones, pero estaba feliz de que el detective hubiese vuelto — Es un poco tarde pero voy a almorzar ¿Tú…? —

Sí, comeré un poco — dijo y después se metió al baño, cerrando la puerta con seguro, cerró los ojos con fuerza, no queriendo recordar sus sesiones con la proyección de cierto doctor en su cabeza — Puedo hacer esto — se dijo a sí mismo, con la inocente creencia de que en verdad podría.

John se quedó en la cocina, con esa sonrisa que claramente decía "No me la creo" en el rostro, quizás lo que le pasaba a Sherlock no era una cosa tan mala después de todo.

Su almuerzo fue un poco torpe y le ambiente se sentía un poco extraño, pero ambos parecían estar de buen humor y eso era lo que importaba.

Y espero que les haya gustado, aún falta ver un poco más de acción, pronto, pronto.

Gracias por leer.