Aquí seguimos, capítulo 8 y yo que creía que solo serían 3 o 4…
Ya saben, lo pongo por si hace falta, nada me pertenece.
Respuesta VIII
Arreglar su encuentro no iba a ser fácil, su primer problema iba a ser deshacerse de John, no sabía cómo iba a lograrlo pero tenía que hacerse. Tenía que concentrarse, mantenerse en el pensamiento del trabajo, primero era averiguar por qué motivo ella podría querer verlo, ¿Qué podría querer? Seguramente le dejó alguna pista que estaba pasando por alto debido a las distracciones que él estaba causando en su mente. No tenía tiempo para pensar en eso ahora, debía de darse prisa, hablar con Mycroft, hacer un par de llamadas y mandar lejos a la señora Hudson por una noche también.
Lestrade lo llamó repetidas veces sin resultado, ese hermano pequeño de Holmes era su dolor de cabeza, había días que lo único que de verdad quería era golpearlo pero había días peores, como el presente, en que estaba muy preocupado por ese idiota y eso hacía que su dolor de cabeza empeorara, seguramente se retiraría antes de tiempo por su culpa, eso si no le daba un derrame antes o algo así. Greg notificó a John de la situación y le pidió que si el detective le decía algo de lo que había encontrado se lo notificara, no sabía qué demonios estaba pasando pero no iba a dejar a un asesino suelto vagando libremente por las calles de Londres.
Mycroft escuchó pacientemente lo que su hermano menor le estaba diciendo, al menos lo intentó, no sabía que se traía entre manos, que esa mujer estuviera con vida no le sorprendía, no dejaba de ser algo indignante e inquietante. Bueno, si Sherlock quería hacer las cosas de esa forma estaba bien, sería él quien tuviera que lidiar con el Doctor. Pero al mayor de los Holmes era otra cosa lo que le preocupaba, la salud de Sherlock estaba peligrando, durante esa semana de encierro aprendió algo muy importante de su hermano, ya no eran solo las sospechas, ayudarlo en este punto sería imposible, por eso había recurrido a este método arriesgado, pero Sherlock era tan necio. La siguiente vez dudaba que mantenerlo aislado por una semana fuera una opción, la próxima vez quizás lo único que podrían hacer fuera encerrarlo en un manicomio ¿Cuánto más de su mente necesitaba perder su joven hermano para darse cuenta de que no tenía opción? Su corazón y su mente ya habían decidido por él, su necedad solo lo orillarían a enloquecer.
Al llegar a su departamento se comportó normal, como si nada hubiera pasado y le solicitó a John ir a ver a Molly, ella tenía algo que él necesitaba pero quería descansar un poco antes de seguir con lo que había hallado del caso y le prometió al buen doctor que le contaría cuando volviera. El pobre John no sabía que todo era una trampa para que los hombres de Mycroft lo desaparecieran un rato. Desaparecer a la señora Hudson hubiera requerido de más esfuerzo del que quería emplear y pensó que en tanto ella no saliera y no fuera vista por su casera no habría problema. La espera sería tediosa sin nada mejor que hacer. Para su afortunada desgracia la proyección de John también había decidido que sería muy aburrido esperar todas esas horas sin algo en que entretenerse.
Sherlock abrió los ojos para hallarse en el primer cuarto, la decoración había cambiado nuevamente, las paredes estaban en un tono ocre bastante claro, no había más cadenas ni correas, había una lámpara de araña bastante elegante y antigua, las velas tenían un tono dorado también. John P estaba caminando hacia él, parecía estar tranquilo, vestía nuevamente con uno de esos suéteres y un pantalón vaquero bastante cómodo a la vista, Sherlock no podía dejar de mirarlo analíticamente, parecía muy diferente de la proyección que lo apresaba y dominaba por la fuerza para tener sexo, eso lo estaba confundiendo mucho más que la última vez.
— No tienes de que preocuparte por ahora, Sherlock, tendremos tiempo para seguir con nuestras fiestas sexuales y tus fantasías de ser atado y sodomizado — extendió su mano para acariciar suavemente uno de los pómulos del detective.
— ¿Qué estás haciendo? — no podía evitar ser sigiloso, ese John era más peligroso e intimidante cuando estaba tranquilo, porque no sabía que esperar de él.
— Ahora qué sabes, porque sé que lo sabes, sobre lo que la respuesta real a mi pregunta es — el detective trató de decir algo pero John cubrió su boca con dos de sus dedos, evitando que pudiera rebatirlo — Voy a darte una pequeña tregua, quiero que pienses en esto, quiero que lo consideres verdaderamente, porque la siguiente vez que nos veamos — se acercó para susurrarle al oído — Me voy a llevar otro pedazo de tu cordura si tu respuesta no me gusta — le dio un suave beso en la mejilla, alejándose de él lentamente — Y esta vez será una pieza grande, Víctor, Irene y Lestrade no son suficientes —
— ¿De qué estás hablando? —las ideas que le veían a la cabeza ahora no le gustaban, estaba seguro de que eso tenía un sentido profundo, algo en lo más escondido de su mente estaba pasando y no estaba bien, mejor dicho, estaba peor de lo que había considerado.
— Tú eres el arquitecto y señor de tu palacio mental, entonces… ¿Por qué tengo el control absoluto de ellos, sus espacios y, más importante, porque tengo control sobre de ti? Piénsalo Sherlock — por unos breves segundos los ojos azules habían cambiado de color a un matiz verde muy particular — Nos veremos pronto — y con eso desapareció y Sherlock se dio cuenta de que había vuelto al mundo "real". Era momento de hablar con ella.
La Mujer, tal como su nombre lo indicaba, era el epítome femenino de la sensualidad a la vista, todos sus movimientos, el tono de su voz, la forma en la que lo miraba, incluso Sherlock podía entender que ella era una pieza única, retorcida, de arte en carne y hueso. Un peligro inminente sin duda alguna.
Ella necesitaba un favor, de los grandes, al parecer se había topado con algunas personas con cierto tipo de influencia y poder, ella necesitaba encontrar a una cierta persona, un médico cirujano, para terminar con sus tratos con esas personas influyentes. Por supuesto Sherlock no podía creerle todo lo que ella decía, pero iba a tomar ese trabajo por ella. La mujer presionaba otras cosas en su cabeza, excitaba ciertos tipos de procesamiento que ninguna otra persona podía tocar, ella era una competencia, una carnada y un depredador, ella iba a pagarle cualquier cantidad que él pidiera o traería cualquier objeto de valor que él quisiera, como pago por ese trabajo. Por supuesto, también podía pagarle de otras maneras, había puesto una sonrisa que destellaba con picardía refinada mientras le sostenía la mirada, a pesar de todas las cosas pasadas ella sabía cómo jalar la correa elegantemente para hacerlo sentir incómodo, aunque él se comportó lo suficiente estoico como para no dejárselo notar.
No significaba que ella no lo supiera.
Llegó el amanecer y Sherlock estaba sentado en el sofá, La Mujer se había ido hacía rato. Él no estaba haciendo nada en particular, solo estaba esperando, después de todo John P sólo le había dado una pequeña tregua para que pudiera hablar con ella sin complicaciones. Había pensado en todo lo que su proyección de John le había dicho, en la forma en la que se había estado sintiendo. Todo tenía un patrón, había pasado antes por todo eso, pero sus desvaríos habían sido menos notorios. Lo repasó un par de veces y llegó al mismo resultado ¿Cuánto tiempo quedaría?
Sherlock cerró los ojos y se relajó, necesitaría toda su fuerza de voluntad para poder concretar lo que tenía que hacer, él sabía, estaba muy consiente de saber, que solo estaba comprando tiempo, tarde o temprano ya no le quedaría nada a que aferrarse y John sería el único que tuviera que sufrir y no quería eso. Unos pasos se oían a la distancia, zapatos de vestir, sin duda alguna, tacones, botas militares, todas las pisadas se mezclaban entre sí.
Frente a él se detuvo John, un hombre rubio vestido con su uniforme militar, una mirada severa, se trataba de la proyección del hombre que estaba dispuesto a morir o matar, detrás de él iban tres personas, amarradas de manos y entre sí en una cadena, como si fueran prisioneros, los tres tenían una bolsa blanca de tela en la cabeza, los tres se hincaron en el suelo detrás de John, con la cabeza inclinada hacia el piso, eran solo sacrificios.
— Hola Sherlock — la voz segura y confiada, éste John sin duda sabía lo que quería y no iba a perder la oportunidad de obtenerlo, incluso si era por la fuerza — Pensé que nos veríamos en esta situación un poco más tarde, esto demuestra que tengo razón ¿No crees? — el detective se quedó callado, esperando, los dos lo sabían, era momento de hacer la pregunta — ¿Qué es el Amor? —
— Eres tú — esta vez Sherlock estaba seguro de que estaba en lo correcto — Siempre has sido la respuesta pero yo no podía verlo — lo cual era frustrante y aterrador por igual — Tú no deberías de existir, solo eres una distracción — el cuarto lentamente estaba cambiando a otro lugar, era un pequeño espacio dentro de un taxi, después fue la parte trasera de una ambulancia y se trasformando rápidamente en varios lugares de sus recuerdos, pero él sabía que la raíz de todos ellos estaban en el taxi.
— Eso es correcto — el doctor sonrió y su silueta cambió para adquirir la forma de alguien más, ahora los dos se miraban a los ojos, Sherlock sentado en el sofá y su proyección de pie frente a él — Así como sabes que esto no terminará bien para ti — no era una amenaza, era un hecho — Este sentimiento es una distracción, es perjudicial y solo te hace vulnerable, ya hablamos de eso antes… ¿Qué escusa vas a poner ahora? — el sonido del avanzar de las agujas de un gran reloj estaban sonando por detrás de la proyección, los muros estaban comenzando a temblar.
— Es por el bien de John, él no es homosexual y todo esto — dijo refiriéndose a sus sentimientos por el doctor — Solo lo va a mortificar, por su propio bien y el mío, tú no debes existir — lo decía con mucha seguridad, pero al mismo tiempo le dolía tener que admitirlo.
— Tú eres el único que puede decidirlo, pero tienes que darme algo a cambio, yo no desapareceré solo porque así lo quieres —ya estaba más que comprobado — ¿A quién me darás esta vez? — los tres arrodillados detrás de él alzaron la cabeza, como si pudiesen verlo a través de la tela blanca — La habitación de Mycroft es bastante espaciosa —
— No — los ojos de Sherlock habían enrojecido ligeramente, era doloroso tener que pasar por esto otra vez.
— ¿La base de tu procesamiento lógico es mucho sacrificio para mí? ¿Los sentimientos valen tan poco para Sherlock Holmes? — no hacía falta contestarle a su proyección — Las opciones que quedan no son muchas, tienes pocos allegados o conocidos — menos de diez en realidad — Jim Moriarty —
— A él menos que a nadie — no, si le permitía tener ese lugar estaba seguro de que todo su palacio colapsaría, Moriarty representaba el reto a perder, la locura, la ambición y era, irónicamente, la base más fuerte de su amor por John, John hubiese muerto por él y no podía permitirse perder el control sobre esos recuerdos
— ¿Qué vas a ofrecerme entonces? —
— Molly Hooper — ella representaba algo importante para él ahora, era su amiga y alguien confiable, leal. Era un sacrificio que seguramente costaría más trabajo de sobrellevar a la larga, pero… Ya le había dado a Víctor, a La Mujer y, con tal de ganar tiempo, a Lestrade.
— La adorable Molly — ella ingresó, andando despacio — Vas a tener un nuevo lugar — él le colocó la bolsa en la cabeza y le amarró las manos, mandándola con los tres que estaban a su espalda — Yo no desapareceré solo porque lo quieras, un descuido, una ráfaga de luz, entre las sombras, volveré de cualquier forma —
— Esta vez me aseguraré de que no — Sherlock movió las paredes de su palacio, el cual había dejado de moverse, todo había vuelto a la calma — No me enamoraré de nuevo — cerró el cuarto, el cual despareció de su vista, dejando un pasillo largo en su lugar, las habitaciones de los cuatro sacrificios estaban en su sitio, pero estaban cerrados, borrar sus sentimientos por John, cada vez, estaba resultando más difícil, había sido la cuarta vez que lo hacía y necesitaba poner un candado para mantenerlos ocultos, bajo la sombra de alguien más a quien apreciara, pero no contó con que podía usar esos recuerdos reprimidos en su contra, ahora se escudaba con sus amigos y más tarde ¿Qué haría si esta no era suficiente? No, él sabía que no lo sería.
Solo tendría unos días, tal vez semanas, lo único que podría salvarlo, tal vez, sería superar esos estúpidos sentimientos por John de una vez por todas y seguir adelante con su vida.
Para cuando John llegó Sherlock estaba durmiendo en el sofá, y decidió no despertarlo. Su plática con Mycroft había sido perturbadora, el mayor de los Holmes le había dicho que el detective estaba atravesando una crisis "crónica", era algo que borraba de sus recuerdos pero con el tiempo volvía a aparecer y seguiría pasando hasta que Sherlock lo superara o se alejara de la causa, pero Mycroft nunca mencionó cual era la "causa" de esto.
Por lo que John tomó la única decisión sensata, vigilar a su compañero a sol y sombra, el hermano mayor había sido muy claro sobre el problema que más le preocupaba, la cordura del menor estaba peligrando, porque Sherlock no era como el resto de las personas y este "fallo" en su mente iba a dejarlo loco si no lograba ayudarlo…
John asumió la responsabilidad, ya lo había perdido una vez, no lo perdería de nuevo… Verlo ahí, durmiendo profundamente movía cosas en su pecho que no había sentido hacía un largo tiempo, le gustaría poder abrazarlo todo el tiempo, sosteniéndolo para mantenerlo a salvo del resto del mundo. John sabía que no ere homosexual, pero Sherlock era la única persona que había conocido que despertaba esos sentimientos, lo quería como a su amigo, lo amaba como aun hermano o eso es lo que se había dicho, porque sabía que sus sentimientos y preocupaciones iban más allá. En su corazón sabía que no solo mataría o moriría por él, incluso estaba dispuesto a dejar que el mundo se cayera a pedazos si con eso lo mantenía a salvo.
— Tú no tienes idea de lo que le haces a las personas, Sherlock — murmuró para sí mismo, a pesar de lo antipático y grosero que podía ser, Molly, Lestrade, la señora Hudson, todos habían caído por su encanto único y aunque eran diferentes formas de quererlo, él y Molly no podían dejar de mirarlo con adoración, únicamente por lo brillante que era y él, personalmente, se sentía responsable de proteger a ese corazón roto que Sherlock dejaba ver accidentalmente en los momentos que pensaba que no lo miraba.
John se inclinó sobre el detective, dándole un suave beso en la frente, deseando que se recuperara pronto. Se fue a la cocina, ya casi era hora del almuerzo y si no tenían nada en la nevera tendría que ir a comprar algo para comer.
Sherlock abrió los ojos, cuando supo que John estaba lo suficientemente retirado, John Watson le había dado un beso ¿Cómo debería de tomarse eso? Estaba confundido.
En ese momento él ignoraba todo el problema, porque ya había sido borrado de su memoria, pero estaba seguro de que había oído a alguien haciéndole una pregunta.
"¿Qué es el Amor?"
Pensaría en esos raros acontecimientos más tarde, por ahora tendría que apurarse a dar con el cirujano que La Mujer necesitaba encontrar y resolver todo el misterio que ella se traía entre manos antes de que alguien saliera herido.
Sí, ustedes podrían decir ¿Qué? ¡Pero si solo volvimos al principio! Y sí, yo podría dejarlo como el final abierto que es y que todos se queden con el sentimiento de que pudo haber sido más.
Pero no soy tan cruel. El capítulo 9 marca un nuevo principio en la meta, y nos centraremos más en el mundo Real y en John, sus sentimientos y en como Sherlock debe lidiar con esos impulsos involuntarios, porque le beso que John le dio ha abierto una puerta que Sherlock no sabía que existía. Y La Mujer también tendrá mucho que decir al respecto, aunque su aparición será breve para no molestar a nadie.
Nos vemos en la siguiente.
