Aquí seguimos y nada me pertenece, ya saben.
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"Un momento para después"
Sherlock se alejó de John, lentamente. Sin dejar de mirarlo, deseaba tanto que se despertara y le hablara y al mismo tiempo esa idea lo aterrorizaba. Se fue a su lado de la cama, sin cambiarse siquiera, le dio la espalda al doctor y pretendió que iba a dormirse.
Esa voz en su cabeza no se callaba, no sabía cómo contestar la pregunta, no quería saber por qué algo en su cabeza le estaba preguntando, para empezar. Sherlock cerró los ojos, tratando de no pensar, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió tan desesperado ¿Qué era ese dolor que estaba sintiendo? Las emociones eran tan inútiles, por supuesto que él sabía, lo sabía, pero no quería pensar en ello, solo lo haría peor.
John abrió los ojos y miró fijamente al frente, sin moverse, incluso su respiración se detuvo por unos segundos, era increíble que Sherlock no lo hubiese notado ya. Para empezar él estaba rozando la delgada línea entre la somnolencia y la conciencia, sintió a su compañero tocar su rostro, pero no se movió, él sabía que Sherlock tenía una manera peculiar de ir a través de las cosas y si se movía podía romper su cadena de pensamiento y el castaño quedaría de un humor insufrible, pero nunca se esperó que las cosas pasarían así.
No supo que hacer cuando Sherlock lo besó, por lo que se quedó paralizado, en realidad es porque estaba paralizado que no hizo nada. John se forzó a respirar, tratando de no hacerlo muy rápido, se forzó a no pensar, sin duda no sería nada de lo que se pudiera imaginar, el detective lo habría hecho como un experimento, tal vez para probar algo o quizás solo porque estaba aburrido, Dios lo sabría únicamente por que ningún otro mortal que no fuera Mycroft podría saber lo que Sherlock estaría pensando.
John no quería preguntarle al hermano mayor si le era posible.
Un beso suave, una caricia tímida, del tipo que esperaría de la niña que le dio de su primer beso, nunca de un hombre tan descarado y dispar como su compañero.
John no debía de pensar en eso, no ahora, no aquí, cuando tenía que compartir una cama con ese hombre, no cuando podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo casi como si fuera el propio, no cuando estaba a solo unos centímetros de él y estirar su brazo para halarlo por sorpresa sería tan fácil... ¿Y qué haría después de eso?
Él amaba a Sherlock, estaba muy consciente de eso, era su mejor amigo y haría cualquier cosa por él, literalmente cualquier cosa o eso pensaba, el doctor no estaba seguro si sus sentimientos iban por ese lado en particular, todo lo que sabía era que Sherlock era un niño en el cuerpo de un hombre con la mentalidad de un demente, un niño que necesitaba afecto y comprensión sin prejuicios, un hombre que necesitaba ser abrazado sin motivos ulteriores, un demente hambriento de ser aceptado, aunque no se le comprendiera del todo, por alguien que "perteneciera al mundo normal".
John no sabía si podía hacerlo como un amante, podía ser su amigo, su hermano, su sombra si fuera necesario, pero ser su amante era un nivel completamente fuera de sus límites, especialmente porque el doctor era malo con las relaciones, lo que me nos deseaba era hacerle daño.
Con sus pensamientos hechos un caos, ambos, trataron de conciliar el sueño sin lograrlo, la mañana los sorprendió con apenas tiempo para haber descansado lo indispensable y había un caso que tenía que ser resuelto.
Sherlock fue el primero en ponerse en pie, cambiándose de ropa, para parecer presentable. A solo un par de pasos de la puerta escuchó que tocaban a ella, el detective se apresuró a abrir, para no tener que enfrentar a John tan pronto, necesitaba pensar en lo que había hecho y al mismo tiempo necesitaba borrarlo de su cabeza.
En la puerta estaba el joven que había ido a pedir su asistencia, se veía diferente, era de la misma altura, no corrigiendo eso, éste chico era ligeramente más alto, sus ojos eran idénticos pero más fríos, por describirlo de algún modo, tenía las mismas facciones finas sin embargo era diferente. Definitivamente no era el mismo que los había recibido el día de ayer, pero se conducía y hablaba como si lo fuera. Su primera certeza sobre ellos, gemelos, estaban actuando como una sola persona pero sin duda se trataba de unos gemelos, la pregunta siguiente era lógica ¿Por qué estaban esos gemelos pretendiendo ser la misma persona? ¿Qué sabía su familia sobre ello? ¿A quién estaban pretendiendo engañar? Era momento de trabajar.
Sherlock tomó nota de todo lo que observaba, la familia se movía en torno a este chico como si fuera la misma persona que el de la noche anterior, no podía creer que ninguno de ellos pudiera notar que claramente no lo era, tendría que averiguar cosas sobre la familia pero no se le daba la gana de ir preguntando ni mucho menos de fingir que estaba gusto en torno a ellos, eso era trabajo de John. No quería tener que hacer eso tampoco.
Se excusó pobremente con la familia y se fue de vuelta a su cuarto compartido, John estaba ya de pie, cosa curiosa que estaba casi listo para salir y no habían pasado ni diez minutos de que él mismo dejara el cuarto. Cuando el doctor lo miró una sombra carmín pintó sus mejillas, fue muy suave y si no fuera porque Sherlock era obsesivo al buscar cosas en John probablemente ni lo hubiera notado, apurado como iba por salir de la casa era capaz de pasar algunas cosas por alto deliberadamente, pero no sobre John, nunca sobre él.
— Buenos días, Sherlock — John logró reprimir un grito de sorpresa, hubiera preferido no ver a su compañero tan temprano.
— Buenos días — dijo el detective con recelo, después de algún tiempo leer a John era primordial y lo que estaba leyendo en él no le gustaba, pero no tenía tiempo para eso, él cerró la puerta apenas entrar — El chico que nos trajo aquí no es el mismo esta mañana —dijo sin dar explicaciones previas, como su costumbre — Gemelos seguramente, pero todos se comportan como si fueran la misma persona —
— Y quieres que averigüe todo lo que pueda sobre él — no era una pregunta, ellos sabían su papel en cada juego, pero John no estaba mirando a su compañero en ese momento, estaba evitando sus ojos adrede.
— Tú estabas despierto — dijo, entrecerrando los ojos, si hubiera sido una persona normal hubiera maldecido el momento en que pensó que besarlo era buena idea, pero se trataba de Sherlock.
— No hablemos de eso en este momento — John se sonrojó un poco más —Tenemos un caso, tienes un misterio que resolver y — y él normalmente no huiría de las cosas, no de esa forma, pero no se encontraba en condiciones de tomar una decisión si Sherlock le preguntaba por sus sentimientos, necesitaba tiempo — podremos hablar de ello cuando volvamos a casa —
— Bien — él aceptó fácilmente únicamente porque, de alguna manera, John tenía razón, no era el lugar ni el momento para hablar, no importaba lo que su estúpido inconsciente estuviera gritando — Trata de averiguar sobre el gemelo de Egon, después del desayuno debemos ir al bosque, es ahí en dónde dicen que apareció ese fantasma por primera vez—
— ¿Egon? —John no recordaba a ningún… Oh, Sherlock estaba confundiendo los nombre de nuevo — Erwan, te refieres a Erwan —
— Lo que sea — el detective movió la mano para restarle importancia, Egon, Erwan, Henry, era igual — Tenemos que buscar a la ardilla roja de la que hablan —
Sherlock salió en ese momento, sin esperar a que le rubio le respondiera, tenía suficientes cosas en la cabeza ahora, la voz de la proyección de John no lo dejaba en paz, señalando cosas al azar, como los bonitos ojos que Erwan tenía, o reclamándole porque lo dejaba solo en el cuarto cuando era obvio que necesitaba compañía, buena y caliente compañía. Aunque lo peor de él era la forma en la que había acariciado su cara y le había dicho que iba a estar ahí, sin importar su respuesta a su pregunta, ya que iba a esperar a que Sherlock estuviera listo para pensar en ello, por un tiempo.
John respiró hondo, alisando su camisa por enésima vez, había sobrevivido a su primer encuentro con Sherlock, podría sobrevivir toda la mañana con él y si al final del día seguía en una sola pieza, porque trabajar con el detective era casi suicidarse, y su mente seguía funcionando aceptablemente, porque mínimo tenía que estar loco para trabajar con el castaño, entonces lo contaría como una victoria.
El desayuno fue agitado, por decirlo lo menos, había muchas personas en el lugar. John notó que había varios pares de gemelos en esa familia, la mayoría rubios o castaño dorados, todos de ojos claros. Erwan estaba sentado justo al frente de ellos, cuidando que todos tuvieran comida en sus platos y administrando la sal o los condimentos requeridos, mirándolos y sonriéndoles con una disculpa pintada en el rostro, casi se veía como una chica en ese momento, el doctor abrió los ojos ante la sorpresa, solo por unos segundos, pero por breve que fue Sherlock lo notó, el doctor estaba seguro de que este "Erwan" era la chica disfrazada del día anterior, no podía creer que nadie más lo notara. O podría ser que solo pretendieran, pero la gente que estaba frente a él no parecía ser del tipo de personas que hicieran algo como eso.
John insistió en ayudar a levantar la mesa, platicando con la señora de la casa, la madre de Erwan presumiblemente, mientras que su compañero se prepara para ir a investigar al bosque, una treta sin duda. Lo poco que supo de ellos fue suficiente, Erwan en efecto tenía un hermano gemelo, Emil, quien murió cuando tenía diez años, se había ahogado en un viaje familiar… El momento fue incómodo pero John era un experto en la materia ahora. Sus instintos le dijeron que no preguntara por la chica, les hizo caso, ellos lo habían salvado en el pasado.
Justo después fuero al bosque, guiados por el propio Erwan. Sherlock había notado los cambios, sabía que el del comedor había sido Egon "uno" y el que los estaba guiando era Egon "dos", no sabía cómo habiendo tanta gente en esa casa nadie había notado la forma en la que se intercambiaban o tal vez sí lo sabían. No era un punto importante justo ahora, pero miró a John, mientras hacía un gesto suave con su mano sobre su muslo derecho, una seña ensayada para preguntar si el rubio había traído su arma con él, John había asentido sutilmente, el detective miró al frente, calculando, era posible que sí fueran a necesitar de unos tiros para mantenerse a salvo.
En el bosque no había nada, ningún rastro de artificios, caminatas o animales siquiera, lo último era un poco raro en realidad pero no imposible.
Erwan estuvo hablando de las supersticiones en la familia, el hecho de que habían muchas ardillas rojas en el lugar pero que la que buscaban debía tener una mancha en la frente de color blanco o algo similar decían sus abuelos y por último mencionó que su hermano, Emil, murió hacía unos años, ahogado en una visita a sus familiares en otro pueblo, en un lago, Erwan lo hacía sonar tan casual como si platicara de hermosos recuerdos, un chico extraño sin lugar a dudas, no parecía extrañar al gemelo muerto del que estaba hablando.
Para el atardecer estaban de vuelta, cansados, con hambre, al menos John, también sin pistas. Sherlock había estado repasando las cosas escuchadas, pero nada concreto había salido de eso, las muertes no estaban relacionadas con ambiciones, la familia no tenía mayor herencia que las tierras que poseían, el abuelo muerto, al igual que sus hermanos, no habían dejado dinero, incluso las propiedades se habían entregado como se estipulaba en su testamento, nadie parecía disconforme. Pero era obvio que no era así, este asesino era listo sin duda pero no más que él.
John se quedó después de la cena para conversar un poco más, ahora se quedó hablando con la abuela, quien insistía en que debían de vender la casa e irse a vivir lejos, en dónde la ardilla roja no pudiera alcanzarlos, ni ella ni el fantasma de su marido. Ella parecía verdaderamente convencida que era el fantasma de su esposo el que estaba haciendo todo eso.
El fantasma de su esposo cuando era joven, como cuando se habían casado. Y esa maldita "ardilla roja" se había metido para maldecir a su familia.
John se fue a su cuarto compartido para decirle a Sherlock lo que había escuchado, porque eso seguramente era algo importante. Nunca se trató de una verdadera ardilla para empezar.
El detective estaba ya en su lado de la cama, tapado hasta la cabeza, dándole la espalda, como un chiquillo enojado, berrinchudo, incluso se había arrollado en la sábana como si con eso pudiera evitar al mundo entero, era una de sus malas costumbres cuando estaba aburrido, salvo que ahora ano estaba aburrido, al menos John creía que no era por eso. La imagen tenía algo familiar para el doctor, era triste… Sherlock estaba triste, eso por sí mismo era suficiente para hacerlo triste a él también.
— Sherlock — la voz de John fue suave, un poco más que un susurro — Yo no sé por qué fue lo de ayer, pero quiero que sepas que sin importar lo que sea, o lo que pase, no voy a dejarte ¿Lo entiendes? Voy a seguir siendo tu amigo, sin importar qué — fue más fácil hablar con él mientras que no mirara, porque las pláticas emocionales y sobre los sentimientos eran difíciles para John, no le gustaba estar vulnerable pero odiaría que Sherlock estuviera herido por culpa de su falta de expresión emocional.
Sherlock no se movió más que para asentir un par de veces, eso era suficiente por ahora. El doctor se cambió a sus pijamas rápidamente y se acostó en su lado de la cama, dándole la espalda al detective, por nada en particular, solo era la forma en la que dormirían al parecer, tampoco desconfiaba de él como para temer por su seguridad, el castaño no lo lastimaría ni trataría de hacerle algo mientras dormía.
La habitación estuvo en silencio por un largo rato, el rubio estaba durmiendo mientras que el castaño estaba en silencio, dentro de su propio mundo, extrañamente en calma, ninguna de sus proyecciones estaba presente para distraerlo y quizás eso era lo peor, estaba solo consigo mismo.
Un grito, fuerte y aterrado, sacaron al detective de su concentración. Sherlock no perdió el tiempo haciendo preguntas, se levantó en el acto y despertó a John con una violenta sacudida, el trabajo estaba llamando. John se frotó los ojos y cuando otro grito se escuchó quedó despierto por completo. Era el grito de una mujer, el asesino estaba atacando a una mujer.
Ella, la esposa del segundo tío, estaba gritando sin parar, llorando, hablando incoherencias, su padre, el abuelo Eustass, había ido a su habitación para matar a su esposo. Una puñalada letal en el corazón, otra en el lado derecho del pecho, como un reflejo. La sangre había salpicado en varias partes, quien quiera que haya sido aún debía de estar cerca, tal vez en la misma casa, tal vez en el bosque. Pero todos ellos creían que era obra de un fantasma, no lo escucharían si les decía que tenían que salir a buscar al asesino.
Todo fue conmoción y llanto, Sherlock y John salieron sin preguntar, tenían un asesino que atrapar.
No vieron al asesino, hallaron algo diferente a lo que habían esperado, una mujer mayor, de cabello ya plateado, la ropa, un vestido de novia, aunque vieja estaba bien cuidada. Ella no parecía perdida, ella estaba buscando algo, quizás estaba buscando a alguien.
— Señora —John se apresuró hacia ella — No debería estar afuera a estas horas, es peligroso — le hubiese dicho que había un asesino andando por el bosque, pero ella no le dio tiempo de explicarse.
— ¿Emil? — la voz era aguda y cansada — ¿Has visto a mi pequeño Emil? —
— ¿Emile? — Sherlock preguntó para sí mismo, estaba seguro de que ese era el nombre del gemelo muerto.
— ¿Lo conoces? ¿Sabes dónde está mi pequeño Emil? — ella insistió, pasando de John para ir hacia el detective.
Los gritos de otra mujer los interrumpieron, la familia de Erwan había ido a buscarlos al notar que habían salido y la abuela estaba entre ellos.
— ¡TÚ! ¡Todo esto es tú culpa! — la anciana gritó, señalando a la mujer vieja que llevaba el vestido de novia — ¡Es tú culpa! ¡Maldita Ardilla Roja!—
Y todos los presentes se quedaron mirando a la anciana vestida de novia, como si ella fuera capaz de aclarar lo que estaba pasando.
John temía por la seguridad de los tres, porque si la familia se iba sobre esa mujer mayor la matarían y él no podía permitirlo, Sherlock pasaba, casualmente, a estar en medio de todo el lío.
En la cabeza del detective todo comenzaba a tener sentido, salvo pro pequeños detalles que no tenía, ese era un misterio prácticamente resuelto. Que aburrido había sido.
Y espero que les haya gustado, no es un gran misterio, pero la escena del beso tenía que estar en algún lado, la ternura de John y por supuesto la torpeza que aún no llega del todo. Este "misterio" ya la mayoría lo debe de haber resuelto, pero sino no se preocupen, es solo un capítulo más y de vuelta a Londres, La Mujer y John Proyección estarán de vuelta, dándole más dolores de cabeza a Sherlock.
Gracias por leer.
