Aquí seguimos y nada me pertenece, ya saben.
Bueno, aquí está, tuve que ver los capítulos de nuevo y por eso me llevó un poco más de tiempo.
Espero que los casos de este capítulo no les aparezcan aburridos y bueno, habrá un poco más entre John y Sherlock a partir de ahora -aunque en este capítulo no hay mucho de eso.
Y si creen que John P no volverá a salir, se equivocan, él sigue ahí, esperando el momento perfecto, pero por ahora, habrá un poquito de normalidad.
Terminando el segundo caso de Sherlock volveremos a la locura de su cabeza, pero no nos adelantemos.
-Me da la impresión de que este fic está un poco lejos de lo que era originalmente, ya publicado no hay nada que hacer, volveremos de alguna manera a lo que estaba proyectado, aunque puede que tardemos un cap o dos para volver al camino-.
XIII
"Juego"
La escena del crimen estaba contaminada ya, especialmente porque habían no menos de una veintena de policías ahí, lo que no era para menos, ya que el crimen había sido especialmente violento. John, siendo el soldado que era, había visto muchas cosas pero esto sin duda le había dejado un nuevo esquema de horrores en la memoria.
El asesino había entrado por la puerta de atrás, forzando la cerradura con bastante fuerza, usando una palanca, sin duda había sido algo ruidoso, por lo que el hombre de la casa, Thomas River seguramente bajó a verificar qué estaba pasando. El asesino sabía que Thomas bajaría, estaba preparado, posiblemente era lo que había planeado, eso indicaban las huellas que estaban justo detrás de la puerta de la cocina; cuando Thomas llegó fue sorprendido por la espalda, el asesino le había clavado un arma blanca de filo largo en la espalda, de tal forma que atravesó su cuerpo hasta perforar el pulmón, después lo apuñaló diecisiete veces más, las perforaciones tenían distintas longitudes y profundidades, pero eso ya lo estaba viendo John.
—Fueron cuatro armas diferentes—dijo el doctor —La primera parece la más larga, posiblemente unos treinta centímetros, y las demás oscilan entre los quince y los vente centímetros— mirando de cerca notó que en el cuello había una marca —Y también usó algún cordel o cuerda para asfixiarlo, aunque él ya estaba muerto para cuando usó la cuerda— eso era confuso para él —¿Para qué iba a ahorcarlo si estaba muerto?—pero su pregunta no fue contestada.
—El asesino no forzó la puerta con la palanca, eso no le hubiera dado el tiempo de guardarse para asesinar a Thomas River— Sherlock dijo en un susurro, sin duda el asesino ya estaba adentro, había hecho ruido para llamar la atención.
—¿Entonces dices que le preparó una emboscada?— John podía aceptar eso, después de todo ese caso apenas estaba comenzando —¿Con qué motivo podría querer hacer eso?—
—Para asesinarlo— Sherlock usó ese tono particular que perfectamente venía un "no seas idiota John" implícito. Se levantó para ir al siguiente cuerpo, el cual estaba justo en la sala.
—Justo detrás de ti, corazón— no tenía por qué haberlo dicho, pero John quería saber si, por alguna casualidad del destino, Sherlock entendería la broma que acababa de hacer, era un poco pronto, ya que se iban a tomar las cosas con calma, pero era una oportunidad que no quería dejar pasar, especialmente porque a veces, muy seguido en realidad, el detective se burlaba de él, por una vez esperaba poder voltear el marcador, un poquito nada más.
Sherlock se detuvo en ese momento, quedando de pie, inmóvil, justo a un par de pasos de la sala, analizando las palabras de John, estaba seguro de que querían decir algo, sí, muy seguro, solo que no sabía exactamente qué es lo que John estaba implicando en esa oración.
—John, estamos en medio de un caso— dijo como si eso fuera una explicación suficiente, pero debió darse cuenta qué, claramente, para el doctor no lo era.
—Lo sé— en ese momento el segundo cuerpo, que pertenecía a una criada, estuvo a su vista. No era nada de lo que estaba esperando —La partió a la mitad— no solo la partió a la mitad, había abierto su ropa, por completo, por la parte de atrás, le había gravado algo con algún marcador, palabras que no se podían leer claramente por la sangre y le había cortado los dedos de los pies. Los dedos estaban dentro de un frasco, junto a la chimenea, al igual que su lengua. La parte inferior del cuerpo y la parte superior estaban separadas por unos cincuenta o sesenta centímetros. Violento no alcanzaba a describirlo y aún faltaba revisar otros cinco cuerpos. Las bromas de John se quedaron en una.
El tercer cuerpo estaba justo al subir las escaleras, no había sido asesinada ahí, la segunda criada había sido arrastrada hasta ese lugar, o cargada en realidad, ya que no había evidencia que indicara desde qué punto del segundo piso fue llevada hasta ese punto. A ella le había golpeado el cráneo con un martillo, lo sabían por que el arma homicida estaba justo ahí, a un lado de la víctima. La había golpeado once veces en la cabeza, destrozando el hueso por completo. No conforme con eso había hecho unos cortes profundos desde sus muñecas hasta los las coyunturas del codo, haciendo que se desangrara más rápido. También había abierto heridas en sus muslos y el cuello, con el mismo fin.
El cuarto y quinto cuerpo eran la señora River y el jardinero, los cuales estaban en la habitación principal, acostados en la cama, con las manos entrelazadas. Ella y el jardinero habían muerto de un solo disparo en la cabeza. Además de tener las manos entrelazadas los dos estaban completamente desnudos, con las palabras "Te amo" y "Lo siento" grabadas dispersamente sobre sus pieles. Aún se estaba analizando la letra para determinar si estaba en la base de datos.
El sexto cuerpo era de un joven de no más de veinticinco años, él estaba en su propio cuarto, el cual compartía con el jardinero, amarrado a una silla, completamente desnudo también. La sangre salía de su boca, le habían cortado la lengua, pero no había muerto a causa de la hemorragia, el chico había sido envenenado. No obstante también le habían sacado los ojos, tenía veintidós puñaladas en el torso, además de que había sido castrado. John estaba seguro de que eso había sido por demás sádico, como la mujer que había sido cortada por la mitad.
El séptimo cuerpo pertenecía a Cristal River, la única hija del matrimonio. Ella no mostraba ninguna herida, había muerto envenenada, estaba en su cama, como si durmiera pacíficamente, con una bata blanca, su cabello perfectamente peinado y una rosa blanca en sus manos.
Sherlock estaba mirando las fotografías de la familia. Faltaba una persona, una mujer. Jill River, supuestamente ella vivía con la familia, pero según lo dicho ella había salido de viaje una semana antes. Por lo que Sherlock sabía, según los datos ofrecidos por Lestrade, Daniel Haley ni siquiera era conocido de la familia. El que los hubiese matado, ignorando el hecho de que estaba muerto ya, no era muy lógico. Pero volvamos a los hechos. Según su experiencia ese asesinato no podía haber sido hecho por una sola persona, no tenía duda de ello, debieron ser dos o tres los responsables. Pero solo había un juego de huellas que no coincidía con los que Vivian ahí.
Primero tendría que a averiguar sobre la muerte de Daniel, porque todo eso comenzaba ahí. También tenía que averiguar lo que pudiera sobre Jill y Crystal, porque el hecho de que la sobrina no fuera asesinada violentamente le había llamado la atención.
John y Sherlock estaban yendo al cementerio, solo para comprobar algunas cosas, cuando al castaño se le acordó preguntar por esa estúpida cosa que John había dicho en medio de la escena del crimen.
—No es nada importante, Sherlock— el doctor se sonrojó levemente, sabía que debió de haberse quedado callado, de todas formas el detective no era capaz de pillar los comentarios "malintencionados" de la manera correcta, sin importar su coeficiente intelectual —O tal vez te molestó que te llamara "corazón" ¿Es eso, no?— pero siempre podía intentar desviar la conversación a otra cosa, no es que fuera a funcionar pero valía la pena tratar
—No necesito que me llames por ningún otro nombre— él comentó con ese tono de fastidio que poseía para tratar con las cosas que no le gustaban, de verdad no entendía cuál era el punto de ponerles sobre nombres a todos, él no lo necesitaba , como lo acaba de decir, para entender los sentimientos de John o lo que sea. Por otro lado, no es que no fuera capaz de entender los comentarios "malintencionados" o de doble sentido, se trataba de que por lo general las personas los usaban para ofenderlo, no para halagarlo o jugar con él, ese era el concepto que no entendía en realidad, tampoco era que esperara que John le hablara con alguno, su cerebro aún no se ponía al día con eso, pero cuando lo hiciera…
—No es una "necesidad", es la forma en la que una persona suele referirse a otra, cariñosamente— aclaró en un susurro, tratando de no sonrojarse. ¿Qué diablos estaba pensando? ¡Por supuesto que había sido una mala idea!
—…Tal vez algo menos cursi funcionaría mejor— Sherlock contestó, mirando hacia la derecha, se había tomado unos segundos para reflexionarlo, esas palabras habían revuelto algo en su interior, odiaba esas sensaciones porque no era muy bueno conteniéndolas cuando no sabía exactamente que las provocaba; esta particularmente podría ser nerviosismo.
—Lo tendré en mente— John sonrió, no pensó que eso fuera a ser tan sencillo, bueno, por decirlo así. Él había creído que Sherlock se negaría absolutamente a los nombres cariñosos, pero estaba tratando, realmente estaba poniendo de su parte por él —¿Qué estamos buscando aquí?— porque no estaban en el cementerio en sí, sino en las oficinas, claramente no iban a buscar una tumba, exactamente.
—Los datos del entierro de Daniel Haley— ese tono irritado que usaba a cada rato, al principio cuando se conocieron, se estaba haciendo más frecuente en ese día que en los últimos meses, no podía creer que tenía que explicarle esas cosas.
—Tú sabes que suenas como un niño caprichoso cuando lo dices así ¿No?— no pudo evitarlo, ahora que su relación estaba en un peldaño diferente era como si tuviera la obligación de decirle esas cosas, no para corregirlo, por supuesto que no, se trataba de algo más, algo que le daba calidez a su corazón.
—Sé perfectamente lo que suelen pensar las demás personas de la forma en la que hablo, en la que me comporto y por supuesto eso incluye la forma en la que resuelvo estos casos— no necesitaba que se lo recordaran a cada rato —¿Pasa algo contigo, John? Eres más irritante que de costumbre— oh sí, él también sabía que podía decirle esa cosas, era más bien una prueba de estirar y aflojar, ya que John estaba tratando de sacarlo de su estado "resolviendo un caso" él también podía lanzarle oraciones molestas para ver en qué momento estallaba, había que decir, Sherlock tenía mucha práctica en hacer explotar a las personas, metafóricamente hablando desde luego, claro que también podría hacerlo literalmente si se lo proponía.
—Solo decía que me parece algo entrañable— dijo John despacio, para que los que estaban en las oficinas no lo escucharan.
—¿Entrañable?— susurró Sherlock y se giró hacia él, parpadeando un par de veces, con la boca abierta, sin estar seguro de que eso fuera una "broma" o… ¿Qué?
—¿Y qué estamos buscando exactamente?— John carraspeó un poco y decidió que era mejor dejar esa conversación para cuando no hubiera nadie escuchando.
Sherlock se repuso treinta segundos después, concentrándose en lo que estaban buscando.
Por supuesto que tenía que ser así, era fascinante; resultaba que Daniel Haley había sido incinerado por lo que no era posible confirmar que realmente estuviera muerto. Se tomó unos minutos para analizar eso, Daniel había muerto a causa de un par de balazos en el pecho, siete meses atrás, defendiendo su tienda, en realidad defendiendo su joyería, el hombre no era millonario pero sin duda tenía dinero. Podría no estar realmente muerto, podría haber fingido su muerte.
Pero ¿Por qué atacar a la familia River? No solo robarles, matarlos de esa manera, si supuestamente no se conocían. Necesitaba encontrar el eslabón que los unía.
Por otra parte, uno no finge su muerte sin ayuda, él lo sabía muy bien. Recordaba que Lestrade dijo que Daniel tenía familia en el extranjero, unas hermanas o algo así, pero seguro que tenía amigos, conocidos, alguien…
Sí, tenía razón, como siempre, Christian Lewis, un tío en segundo grado y Natalie Lewis, hija de Christian, eran sus parientes en la ciudad. No tenían nada que ver con la joyería, pero el hombre era químico y la joven era enfermera, si vas a fingir tu muerte, sin duda, esas eran buenas opciones. Ellos dos ni siquiera habían asistido al funeral, era momento de hacerles una visita.
John sugirió que lo hicieran al día siguiente, ya estaba atardeciendo y, honestamente, era hora de comer algo, alguien debía mantener vivo a ese hombre y lo haría comer así tuviera que forzar los bocados por su garganta.
Ya en casa el ambiente estaba algo tenso, Sherlock se había cambiado para estar cómodo y se quedó en el sillón, mirando a John sin perder detalle, era como si quisiera "aprender" sobre él. El doctor no estaba seguro si esto sería algo bueno o algo malo, porque estaba muy lejos de ser su comportamiento habitual; ya le había dejado claro al detective que su rutina no tenía por qué cambiar, nada entre ellos estaba mal, sin embargo haberlo llamado de esa manera durante el día, tratar de gastarle una broma y eso último que le dijo sobre su tono al hablar fueron cosas que no estaban en su "plática" rutinaria, tal vez se había excedido en los límites del castaño, quizás debería de haber pensado en que no iba a resultar muy bien.
Ahora tenía a un muy atento detector de mentiras con la mira puesta en él. John no pudo más que maldecir a su estupidez, porque se lo había ganado a pulso, posiblemente su mejor opción era retroceder un par de pasos.
La cena transcurrió en su habitual silencio, el detective apenas comió tres bocados y tomó té, sin dejar de mirar a su compañero de piso, el rubio no podía imaginarse qué clase de cosas pasaban por esa mente, porque tan brillante como era, Sherlock, también estaba bastante loco y podía ser un maldito sádico cuando se lo proponía.
Por su parte, el detective, no dejaba de pensar en lo ocurrido en el día, en las palabras de John y en el caso, tenía prioridades, debía de mantener su concentración en resolver el caso y todo lo demás quedaba en segundo plano pero, pero… John era una distracción que no podía controlar, no estaba seguro de cómo portarse alrededor de él ahora, todo era más fácil antes, cuando no era consciente de tantos detalles, de cuando era felizmente ignorante. Oh eso era nuevo, nunca se había considerado a sí mismo ignorante y feliz por eso menos. ¡John iba a destruir su mente!
—Sherlock, para lo que sea que estés pensando ¿De acuerdo?— John comentó, era su tercer intento por llamar la atención del detective —Te vez bastante más estresado de lo normal—
—Es tú culpa— dijo el detective con ese tono infantil que usaba cuando sencillamente se había cansado de lidiar con los "normales".
—Bien, entiendo que no estas a gusto con la forma en la que te hablé antes, lo entiendo, no lo haré de nuevo— no era exactamente una disculpa, porque no se sentía como si debería de disculparse pero sabía que presionarlo no ayudaría en lo absoluto.
John se levantó de la mesa, recogiendo los platos, estando muy consciente de que el detective seguía sin apartar la vista de él. Todo ese lío en el que se había metido iba a llevarlo a la tumba, estaba seguro, no sabía en qué estaba pensando cuando creyó que sería una "buena idea" salir con Sherlock Holmes. Como sea, estaba ya en ese barco así que no iba a tirarlo todo por la borda antes de tiempo, después de todo le gustaban las emociones fuertes y la adrenalina corriendo por su cuerpo. Era hora de descansar por lo que haría eso mismo, el día siguiente prometía que no iba a estar calmado.
John le dio las buenas noches al detective y se dispuso a irse a su cuarto pero Sherlock se levantó de su asiento, como si recién se diera cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor, y sin decirle palabra alguna se inclinó para besarlo, sujetando su rostro para evitar que el doctor se le fuera a escapar.
El rubio no podía estar más desconcertado ¿Qué estaba pasando por la cabeza de ese hombre?
Sherlock lo soltó, separando sus rostros apenas lo justo como para rozar sus labios, sin decirle absolutamente nada. Lo miró intensamente a los ojos, sin parpadear, respirando muy lentamente, era como si hubiese logrado detener el tiempo, un momento prolongado únicamente para ellos. Después de lo que pareció el transcurso de horas Sherlock soltó al doctor, muy lentamente, para irse a su habitación en silencio.
John sólo atinó a mirarlo irse, sin poder moverse, casi se había olvidado respirar. ¿En dónde demonios había aprendido a hacer algo así? Ahora dormir le iba a ser imposible.
Apenas llegar a su cuarto, Sherlock, cerró la puerta y se dejó caer sentado contra ella, su corazón estaba latiendo con tanta fuerza que no le permitía escuchar ninguna otra cosa que no fuera su salvaje galope. La verdad es que había actuado por impulso, sin pensárselo mucho, no esperó que dejara a John, literalmente, paralizado por la sorpresa. Bueno entonces solo tendría que hacerlo de nuevo en algún momento en que lo agarrara desprevenido. Sonrió como un idiota, no recordaba haber hecho otra cosa que lo emocionara tanto, y se refería a todo el recuento de su vida.
Tal vez, y solo talvez, ese error humano no era tan malo después de todo.
A la día siguiente Sherlock borró esa última frase, todos los errores humanos son malos, pero hay algunos por los que vale la pena equivocarse, por desgracia estaban en un callejón sin salida con un enorme tigre justo al lado de la entrada y no tenían arma alguna para defenderse de él.
—¿Cómo diablos fue que terminamos así?—John murmuró, tratando de no sufrir un infarto, no hacía ni un par de horas que todo iba bien, de verdad, ¿Cómo diablos había pasado eso?
—Cuando te diga, corre a la izquierda— él no dejaba de ver al tigre, calculando las mejores probabilidades de salir más o menos con vida de ahí.
—¿Estas loco?— no sabía para que preguntaba si él lo sabía perfectamente —¡El maldito tigre va a comernos si corremos directo a él!— pero el detective ya había dado la señal y había comenzado a correr… Estaban muertos, realmente muertos.
Unas horas antes, justo a media mañana, Sherlock estaba despierto y tomando su taza de té mientras analizaba lo que sabía, con mucho detenimiento.
Daniel Haley estaba muerto, fue incinerado y no había cuerpo que lo probara por lo tanto, sin embargo ahí estaba su acta de defunción, el cadáver fue llevado al San Barth, aunque no fue Molly quien proceso el cuerpo ella sí lo había visto y le dijo que sin duda el hombre estaba definitivamente muerto.
Eso descartó el hecho de que el tipo fingiera su muerte, pero un fantasma no mataba a una familia, un fantasma no puede hacer nada, él no creía en fantasmas. Por lo que estaba en el punto de partida de nuevo.
Christian Lewis y su hija, Nataly, no asistieron al funeral porque no se llevaban con Daniel, incluso rechazaron los bienes que éste les había dejado en su testamento, sin embargo eso no los dejaba del todo fuera del asunto. Nataly estuvo en turno cuando su primo llegó al hospital, por lo que sin duda lo vio y no era posible que no sintiera algo, ya sea ira, tristeza o placer, al verlo morir, la gente "normal" está llena de sentimentalismo, ella no podía no sentir nada.
Pero nada los unía a la familia River, absolutamente nada. O eso había pensado hasta que vio a Nataly personalmente, ella tenía algo que vio en casa de la familia River, un collar idéntico, si es que no el mismo, con el que Jill River, la hermana que estaba de viaje en el extranjero… Tendría que hablar con ella, hacerla volver, para todo caso ¿Por qué no había vuelto de su viaje al enterarse que su familia murió?
Por desgracia John no podría acompañarlo, ya estaba en la clínica, cubriendo su turno matutino. Tendría que hacer esto solo, con lo que detestaba tratar con la gente y su apego por el doctor no estaba ayudando ahora que estaban en un lugar más adelante en su relación, o lo que sea que John prefiriera llamarlo, ¿Interacción social?
Estaba a punto de salir a investigar al respecto cuando alguien entró al departamento, guiado por la señora Hudson desde luego. Era un hombre joven, bien parecido, sin duda rico, no, millonario, la ropa que llevaba no era solo cara además era de un diseñador; acento británico peor de ascendencia de oriente medio, tercera generación. Un hombre joven a mediados de sus veintes, con dinero de sobra y mucho tiempo libre. Ya tenía un caso, no perdería el tiempo con otro si él era aburrido.
—¡Señor Holmes! ¡Por favor, tiene que ayudarme!— se escuchaba desesperado, no se trataría de una mujer ni una aventura romántica, ese tipo de desesperación era más común en los que han perdido algo o a alguien. No por muerte ni abandono, literalmente han perdido a alguien, tal vez un hijo, a uno de sus padres o… —¡Atrel Desapareció! ¡Necesito que me ayude a encontrarlo!—
—Tengo un caso ahora, si secuestraron a alguien de su familia de aviso a las autoridades, no tengo tiempo— aburrido, no valía la pena gastar su tiempo en ello.
—Atrel es mi tigre, señor Holmes, no lo secuestraron, desapareció ¡Necesito que me ayude a encontrarlo! ¡Le pagaré lo que pida! ¡Lo que quiera! ¡Pero, por favor, necesito encontrarlo! ¡Es un tigre de trescientos kilos, señor Holmes, si lo ven en la calle lo matarán!— en ese momento el castaño se giró para mirar al cliente.
—¿Por qué cree que no fue secuestrado?— tenía potencial, deseaba que no fuera un casi típico de secuestro por dinero, por otro lado, es más fácil robarse a un niño o incluso a un hombre que a un felino de gran tamaño.
—Porque si alguien hubiese entrado a mi casa para llevárselo la alarma se hubiera activado, los guardias lo hubieran visto o habrían sido atacados por Atrel, señor Holmes—
Un tigre desparecido, nadie lo vio salir de su jaula y, al parecer, tampoco irrumpieron en su jaula. No era muy interesante pero le serviría de entretenimiento en lo que Lestrade buscaba a Jill River.
Sherlock se preguntó si John iría con él cuando le dijera que estaba buscando a un "gatito de trescientos kilos".
Gracias por leer.
