Aquí seguimos y nada me pertenece, ya saben.
Ok, lo confieso, había un proyecto que estaba haciendo –sobre el amor de mi vida Jason Todd, ni modos, no lo podía evitar- pero ya está concluido y vuelvo con esto!
XIV
Si, John estaba seguro de que su vida iba a ser mucho más corta de lo que estaba destinado a ser, todo por culpa de Sherlock, no había otro culpable, se aseguraría de aclararlo en sus últimas memorias.
Ahora estaban en el interior de un edificio, que realmente John no tenía ganas de saber el nombre, resguardados de las garras del tigre gracias a una puerta de metal. Afortunadamente el tigre no podría salir de la calle en la que estaba y no pondría en peligro a nadie más.
—¡Un tigre! ¡Un maldito tigre!— el doctor gritó cuando recuperó un poco el aliento —¡¿Se puede saber cómo acabamos siendo perseguidos por un tigre maldito en un callejón cerrado?— lo golpearía, realmente lo golpearía si no fuera porque lo quería mucho, muchísimo.
—Alguien tenía que ser la carnada— er… mala respuesta al parecer, la cara que John puso en ese momento le indicó que "quizás" su honesta respuesta no era lo que estaba esperando escuchar—El dueño de Atrel no tardará en llevárselo— dijo, restándole importancia a ello, porque, de verdad, no era gran cosa, la habían pasado peor.
—¿Car…?— él respiró profundamente y… No, no, de verdad lo golpearía como siguiera de esa forma —¿Y se puede saber cómo diablos sucedió todo esto?— porque sabía que el detective no le había contestado, estaba evadiendo la pregunta, tratando de distraerlo con… Oh, ese cabrón, pero ahora que había notado que sólo buscaba distraerlo no se lo pondría fácil.
Sherlock le narró brevemente el caso, aunque no parecía muy emocionado, tampoco parecía ser un caso misterioso, ni de lejos, el castaño había dicho, al final, que sabía desde el principio que fue el propio dueño quien dejó salir al tigre, porque eso mantendría distraídos a todos sus familiares mientras ayudaba a una prima a fugarse o algo así, ese no era asunto suyo y le daba igual.
—¿Entonces por qué aceptaste el caso?—John le preguntó, ciertamente algo confundido.
—Hoy parecías tener un día particularmente aburrido en la clínica— fue todo lo que el castaño contestó, al tiempo que miraba su celular, el dueño del tigre ya se lo había llevado del lugar, el enorme felino estaba bien y nadie había resultado herido.
—¿Y tú idea de entretenimiento es hacer de carnada para que un tigre maldito se entretenga?— sí, superaría eso del tigre en un día o dos, pero no hoy, no ahora.
—…Es mejor idea que quedarse a aburrirse en un pequeño consultorio— eso sonó más a un reproche infantil, cosa que no le podía importar menos, lo había hecho por él… Y para divertirse un poco, el caso estaba frío y su cerebro estaba derritiéndose y muriendo lentamente.
—La próxima vez yo escojo nuestra cita, Sherlock— John sonrió, porque sabía que el detective no lo hacía para molestarlo, exactamente, Sherlock tenía una incorrecta idea de lo que eran las interacciones con otras personas, eso era su versión de invitarlo a salir, comenzaba a entenderlo ahora…
—No fue una cita—ahora él era el que estaba confundido, todo lo que acababa de pasar fue un caso, no una cita, en las citas las personas salen a cenar, al teatro o algo así. Cosas aburridas.
John se acercó a él, sujetando su rostro con ambas manos, dándole un beso en la intimidad del edificio, que parecía estar abandonado. Sherlock cerró los ojos y agarró las muñecas de John apenas con fuerza. No era lo que estaba esperando, ni siquiera se le había pasado por la cabeza porque no habían compartido muchos besos, pero le gustaba la idea de ser "premiado" de esa forma por haber logrado sacar a John de un día aburrido de trabajo, por supuesto que el doctor nunca iba a admitir tal cosa.
Su vuelta a casa fue tranquila y en silencio, ambos parecían bastante contentos. Sherlock estuvo mirando por la ventana del taxi mientras sonreía, ese resultado había sido inesperado en cierta medida pero estaba bien con él.
Ya en su hogar, John decidió que era un buen momento para darle forma a uno de los casos que tenía pendiente, sabía que con el castaño era mejor tomar las cosas despacio, él no tenía prisa, dejaría que lo que pasara entre ellos se diera naturalmente, había funcionado hasta ahora. Estaba cada vez más seguro de que ese sentimiento de amor no era solo una amistad, lo había sospechado antes, él haría cualquier cosa por Sherlock, esa era una de las definiciones más comunes y fuertes del amor entre dos personas, era parte del romance… ¿En qué estaba pensando? Se rio suavemente y negó con la cabeza un par de veces, Sherlock Holmes se estaba llevando su cordura, no solo lo llevaría a la tumba, lo volvería completamente loco antes. Y él estaba completamente bien con dejarlo hacerlo.
Sherlock fue a su habitación y se puso su pijama, no era hora de dormir pero le gustaba la comodidad, se quedó tirado en su cama, sin pensar en nada en particular… ¿Por qué su mente no estaba quebrándose? ¿Por qué no estaba desesperado por hallar un caso que estimulara su cerebro? Claro que sabía la respuesta, eral los químicos que su cuerpo estaba produciendo, mantenían su cerebro drogado y callado. No era algo malo, era más bien extraño.
"Y así es como comienza la decadencia"
La voz de su hermano se oyó fuerte y claro, él se sentó en su cama para mirar a su alrededor, Mycroft no estaba ahí, no había ido a su departamento, él lo sabría sin duda. Quizás sólo le había parecido oírlo… Lo dejaría para después, aún tenía el caso de la familia River, desde hacía un buen que tenía la sensación de que algo se le estaba escapando, no podía poner el dedo en el renglón correcto, lo había repasado varias veces y sencillamente no… Un momento…
Recordaba que uno de los investigadores había mencionado que las huellas eran perfectas, sí, lo cual no es algo común, las huellas que suelen obtener en esos casos por lo general son más parciales que totales, además de que la piel se regenera constantemente por el desgaste natural en la piel, pero aquellas huellas eran "perfectas", sin desgastes ni "accidentes" entre las líneas.
También habían mencionado que algunas estaban barridas, como si la piel se hubiera "corrido", en ese momento él sencillamente se burló de los investigadores, debía de ser su error, la piel de las manos no de "corre"… ¿Pero si sí lo hiciera? Alguien había dicho que las huellas parecían más pequeñas que las de Daniel Haley, pero debía ser un error de la máquina, ya que su coincidencia era perfecta… ¿Y si no fuera un error?
Se levantó de inmediato, tenía que hacer los análisis personalmente, era importante, necesario, indiscutible. Lestrade no pudo discutirle, le permitió los resultados del análisis, las huellas tomadas y el acceso a la casa e nuevo, para tomar algunas muestras por sí mismo. No fue necesario que John lo acompañara, de todas formas solo eran pruebas aburridas.
Lestrade no podía creer el resultado de las pruebas de Sherlock, pero el detective lo desafió a que lo desmintiera, nunca se había equivocado antes y ahora no era la excepción, la culpable era Jill River, al igual que Nataly era su cómplice. Jill no estaba en el extranjero como todos creían y tendrían que encontrarla.
Nunca se publicó la forma en la que el crimen se cometió, solo se reveló que Jill había puesto las huellas de Daniel Haley en la escena, con la ayuda de su prima Nataly. Nadie tenía que saber que lo hizo usando unos guantes, especialmente creados, con las huellas de Daniel, eso para evitar que otras personas pudieran tratar de imitar semejante atrocidad.
John tomó notas del caso tal cual cómo sucedió pero tampoco podría revelar la verdadera forma en la que pasó, por los mismo motivos.
Los siguientes días fueron tranquilos, aburridos. Ningún caso interesante, nada que requiriera salir del departamento. ¿Qué pasó con los asesinos? ¿Todos tenían que tomar descanso al mismo tiempo? John lo había mantenido distraído por algunos minutos al día, los besos eran distractores casuales y momentáneos, Sherlock estaba dispuesto a tomar más tiempo para besarse si eso lo mantenía alejado del tedio. Él sabía que no debía de decirlo de esa forma frente a John o se lo tomaría a mal, el doctor era siempre tan dramático.
Hablando del rubio, no se encontraba en casa esa noche, hubo una emergencia de algo, no estaba prestando atención así que no lo recordaba, y John se presentó a la clínica a cubrir el turno nocturno. Fue un accidente o algo así, no era importante. Sherlock se fue a su habitación después de haber pasado casi todo el día en el sofá, apenas abrir la puerta se topó con alguien a quien no creyó volver a ver en ese lugar. La Mujer.
—Te he extrañado— ella dijo con esa sonrisa seductora. Estaba acostada en la cama, vestida de negro, una falda que le llegaba a media pantorrilla, la blusa de seda y botones al frente, su cabello suelto y cuidadosamente esparcido sobre el cubrecama.
—Pensé que estarías en otro país— él no podía recordar ningún motivo que ella pudiera tener para estar ahí, después de todo hizo matar al doctor desde el principio y sus cómplices nunca aparecieron. No podía leer en ella, como en el resto de la gente, al principio pero ahora había cosas que podía saber, ella buscaba algo, necesitaba que él hiciera algo por ella o quizás…
—Lo estaba— ella se levantó lentamente, acercándose a él. Pasó sus dedos sobre el rostro del castaño lentamente, mirándolo a los ojos en todo momento, sus dedos llegaron a su barbilla y con su pulgar tocó la comisura de su boca —No hay manera de mantenerse lejos de esos bellos pómulos afilados— ella se acercó más a él, besándolo.
Sherlock se quedó inmóvil por casi diez segundos, perdido en sus propios pensamientos. No se suponía que él debería estar recibiendo un beso de ella, estaba en una "especie" de relación con John, besarla sería infringir una regla moral, no escrita, sobre la fidelidad. Él no tenía ningún interés en las moralidades, eran absurdas ideas arcaicas la gran mayoría y eran para la comodidad de los demás y no de uno mismo, pero… Pero, para John, sin duda era algo importante y él no quería herirlo de ninguna manera. Se apartó de ella, aprovechando su mayor altura, hacer su cabeza hacia atrás fu suficiente, la tomó por los hombros y la hizo retroceder un par de pasos.
—Es tarde para mí— ella dijo, con los ojos ligeramente empañados, parecía un poco angustiada, como si realmente le doliera su rechazo —Él finalmente se ha robado tu corazón— ella se soltó, caminando unos pasos, dándole la espalda.
—Nadie puede vivir sin un corazón pulsando la sangre en su interior— él frunció el ceño, había supuesto que ella era un poco más inteligente que eso.
"No se refiere a eso, no sea tonto Sherlock"
Había sido la voz de su hermano de nuevo, el detective parpadeó un par de veces, su hermano no estaba ahí, tampoco había sido el sonido producido por bocinas, era como sí…
—Yo nunca he tenido problema en compartir— ella giró de vuelta hacia él, tratando de dar la impresión de que realmente no le importaba —Tal vez al doctor tampoco le importe— ella se acercó a él lentamente, parecía que ya no estaba afectada por el rechazo anterior.
"La cuestión no es si corresponderías o no, hermano mío, piénsalo detenidamente. La cuestión siempre fue una diferente"
Sherlock se giró hacia su ventana, estaba seguro de que esa era la voz de su hermano, nadie más podía tener ese particular tono irritante.
John estaba tomándose un descanso, no había sido una noche lenta y ni siquiera estaba programado que estuviera en turno. Un accidente en una de las avenidas principales, causado por la colisión de dos autobuses, uno de turismo y otro de pasajeros, además de los autos particulares, dejó a más de cien personas heridas, además de que ya habían muerto cuatro de ellas. No, no había sido la mejor de las noches, por supuesto que no se había aburrido pero… No le gustaba cuando esas cosas pasaban, eran personas inocentes, niños, estudiantes, padres de familia volviendo a casa. No era el tipo de acción que le gustaba, honestamente y nunca se lo diría a Sherlock, era mejor estar en la perspectiva de tener a un tigre en frente, en un maldito callejón cerrado.
Respiró profundamente y se dispuso a seguir, las cosas ya estaban bajo control, pero mucho de los heridos estaban grabes, estarían en observación por las siguientes horas, dos de ellos posiblemente no lo lograran, ellos no podían hacer nada salvo esperar.
Tiró su vasito de café, ya vacío, y comenzó a dar su ronda, los que tenían ahí no eran muchos, pero eran tres doctores en turno y apenas habían sido suficientes, no quizo imaginarse como se puso el hospital general, cuando su celular comenzó a vibrar, lo tenía en ese modo para no perturbar a ningún paciente.
No era un mensaje, era una llamada. Su celular estuvo vibrando por casi cinco minutos. El doctor suspiró y se prácticamente corrió a la oficina, esperando a que estuviera vacía, no podía imaginarse en qué demonios se había metido Sherlock una madrugada como esa, quizás se le había ocurrido intentar con un oso o, ¿Por qué no?, un tiburón con un secreto internacional peligroso en su estanque…
El número que vio no le era familiar sin embargo decidió contestar, las personas no marcan solo por qué sí a esas horas.
—Doctor, tiene que venir a ayudarlo— esa era la voz e Irene Adler, sonaba extraña, no molesta, más bien parecía estar desesperada. Eso sería algo inusual para una mujer como ella.
—¿De quién habla y de dónde me está hablando?— no le daba buena espina, se suponía que ella debía de estar perdona en algún lado, es decir, después del caso en el que ese doctor murió en su casa no esperaba saber nada de ella.
—Sherlock, Baker Street— ella colgó justo después de eso.
Cuando el doctor llegó al apartamento La Mujer estaba en medio de la sala de estar, desesperada, Sherlock estaba en su sofá, con las piernas recogidas y las manos en su cabeza, cubriendo sus oídos, él estaba diciendo algo, pero eran solo murmullos, no podía entenderlo desde ahí.
Todo lo que ella pudo decirle fue que no sabía lo que había pasado, ellos solo estaban hablando, ella lo había besado y después él se alejó. Sí, ella estaba siendo sincera y John ignoró su molestia creciente por el bien del detective; ella le dijo que justo después él salió corriendo, hacia el sofá y desde ese momento no se había movido de la posición en la que se encontraba, le llamó porque no sabía qué más hacer. Por supuesto lo primeo que el doctor tenía que hacer era revisar al castaño, asegurarse de que no fuera una conducta causado por una de sus peligrosas mezclas de drogas que le muy idiota no había aprendido a no tomar.
Al estar cerca de él puso escuchar que todo lo que estaba diciendo era "cállate" una y otra vez.
—Sherlock— el castaño no respondió —Sherlock, mírame— esta habló con autoridad, esperando a que funcionara, esta vez el detective lo miró, sus pípilas se veían normales, pero con él nunca se podía estar seguro.
—John, dile que se calle, no quiero oírlo— él dejó de presionar su manos contra su cabeza, aferrándose a las muñecas del doctor.
—Irene está en silencio, ella no ha dicho nada desde hace varios minutos— el rubio tenía le presentimiento de que no se refería a ella.
—No ella, mi hermano, sólo dile a él que se calle—
—Sherlock, tu hermano no está aquí— ahora sí se estaba preocupando, Mycroft le había dicho muy poco sobre esos días que Sherlock no había estado, habían sido difíciles pero importantes, esas ausencias prolongadas o que habla repentinamente no eran solo "una cosa de su palacio mental", era algo muy serio.
—Lo sé— Sherlock le contestó apenas en un susurro, se veía como un hombre perdido entre la multitud, como si no supiera en dónde estaba ni a dónde estaba yendo.
El rubio sabía que no podía hacer nada por él si no sabía qué diablos le estaba pasando y para eso tendría que hablarle al hermano mayor, esta vez tendría que decirle que estaba pasando.
