Dedicado a todas esas personas que saben que el amor no se grita, se demuestra. Justo como Ichigo y Rukia hicieron durante toda su historia. Y a la Naranja Morada, que me animó a compartir todo este cariño con ustedes.

Tercer capítulo en honor a esta pareja. Espero que disfruten la lectura.

Disclaimer: los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo.

Si fueran de mi propiedad, esto ya sería una realidad.


#3. Nunca necesitaron tomarse la mano. Bastaba con mirarse para saber que se sostenían del otro, que no se marcharían del todo. #WeAreIchiRuki

—Ichigo…—llamó, mirando a la criatura, con los brazos cruzados

El aludido apenas si respondió con un sonido gutural. Ella frunció el cejo y apretó las manos.

—¿Por qué demonios tengo que acompañarte en esto?

—¿Qué quieres decir? Me has hecho ir tras esos hollows sin descanso, debes ayudarme con eso. Además, no es como si tuvieras mucho más que hacer— refunfuñó, colgando el enorme bolso en el perchero.

Una vena en la frente de Rukia saltó justo antes de que le golpeara en la cabeza.

—¡¿Quién rayos te ha dicho que no tengo nada más que hacer?!

—¡Oye, enana!

Sus miradas se encontraron de cerca, fieras, retadoras, mientras una corriente eléctrica los recorría a ambos. Hubieran continuado de la misma forma por un rato, de no ser por el llanto.

—¿Lo ves? Ya ha comenzado a llorar— suspiró Ichigo, poniéndose en cuclillas frente al porta bebé—. Ya, ya ha pasado. Anda, no llores más.

Aparentemente, su vecina necesitaba una niñera de emergencia e Isshin había ofrecido amablemente los servicios voluntarios de su hijo mayor, quien era "un experto en el cuidado de bebés". Al final, a Ichigo no le había quedado más remedio que aceptar la encomienda, y había involucrado a Rukia como su segunda al mando en la misión, ya que sus hermanas estaban ocupadas en la clínica.

—Tal vez está hambriento— sugirió la morena, agachándose a un lado de Kurosaki. Miró al bebé por un momento, como si se tratara de una nueva especie de hollow—. Parece bastante molesto.

—Por supuesto que sí, tus gritos ponen de mal humor a cualquiera.

La vena saltó nuevamente en su frente. Estaba a punto de golpearlo de nuevo, cuando él extendió sus manos y tomó al bebé en brazos.

—Ven aquí— lo acercó a sí mismo y lo alzó en el aire, sonriéndole ampliamente; un segundo después, el bebé dejó de llorar—. Eso es. Ya está mejor, ¿no es cierto?

Ella lo miró con el rostro ladeado.

—Pareces saber muy bien lo que haces— comentó, curiosa.

Bajó al bebé hasta apoyarlo en su pecho y asintió suavemente.

—Mis hermanas eran aún muy pequeñas cuando mamá murió— explicó, sentándose en el sofá. Rukia se sentó a su lado—, así que tuve que aprender a hacerme cargo de muchas cosas para ayudar a papá.

—Hmm— Rukia extendió su dedo índice hacia las manitas del niño, permitiéndole jugar de esa manera—. ¿Cómo era ella? Tu madre, quiero decir…

Sabía muy bien que Ichigo no tocaba nunca el tema, porque aquella era una herida muy dolorosa aún, pero en ese momento parecía estar bien preguntárselo, tal vez porque él mismo había iniciado la conversación, o por la tranquilidad que su mirada reflejaba al mirar al infante.

Él meditó un momento y sonrió con una mezcla de dulzura y melancolía.

—Era muy dulce— dijo, clavando sus ojos en el pequeño, como si el simple hecho de llevarlo en brazos lo transportara al pasado—. Siempre tenía las palabras justas para hacernos sentir mejor. Sus brazos eran tan cálidos, que un solo abrazo podía hacernos dormir tranquilamente después de llorar o de pelear con alguien… Y siempre tenía esa sonrisa en la mirada, llena de… paz.

—De amor— complementó. Él la miró con asombro, y ella entendió su pregunta sin necesidad de ponerla en palabras. Respondió con una sonrisa, y es que ¿de otra forma podría haber sido? ¿Qué otra clase de persona podría haber formado a una familia tan fuerte, tan dispuesta a dar todo por los demás? Ichigo había puesto en peligro su vida para salvar a sus hermanas, para salvarla a ella, y eso ya decía suficiente sobre la mujer que le había educado.

Cuando un puchero apareció en el rostro del pequeño, el pelinaranja no dudó en entregárselo a su compañera.

—O-Oye

—Sostenlo un momento, iré por su leche

Rukia lo miró con angustia.

—¿Qué se supone que haga ahora? —sostenía al infante a una distancia prudente, como si temiera herirlo de alguna manera.

—Sólo cuídalo, no tardaré mucho.

Le tomó un par de minutos preparar el biberón con la temperatura adecuada. Mientras lo hacía, recordaba a su madre haciendo lo mismo para Yuzu mientras cantaba algo para él y para Karin. Y aunque no se dejaba llevar muy seguido por aquellas ideas, no pudo evitar pensar lo afortunado que sería de poder encontrar a una mujer fuerte y dulce, alguien que pudiera quedarse siempre a su lado, una persona que pudiera entender las cosas importantes con tan solo una mirada, para formar una familia en el futuro.

—Muy bien, aquí está— anunció, entrando a la sala de nuevo. Se detuvo en seco.

En el sofá, justo donde le había dejado, Rukia permanecía sentada, acunando al pequeño entre sus brazos mientras éste dormía tranquilamente sobre su pecho; ella lo miraba con esa sonrisa llena de paz

De amor.

—Tardaste demasiado— dijo, en voz baja—. Ya se durmió.

No pudo contener una sonrisa. Se sentó a su lado y acarició la frente del bebé con suavidad.

Alguien que pudiera quedarse siempre a su lado, una persona que pudiera entender las cosas importantes con tan sólo una mirada, ¿eh? Tal vez era mucho más afortunado de lo que creía, después de todo.


¿Qué les pareció? Este capítulo en especial me rompió un poquito más el corazón, porque no solamente formaron esas parejas forzadas al final de la historia, sino que formaron una familia con ellas. Y AUCH, creo que eso le rompe el corazón a cualquiera.

En cualquier caso, no se olviden de dejarme por aquí sus comentarios al respecto. Espero que este capítulo les hiciera el día/la noche un poquito más feliz.

Besos y abrazos apapachadores para todxs los ichirukistas que no se rinden.