Para todas esas personas que disfrutan los atardeceres de azotea.
Me importan un cacahuate los fenómenos físicos/geográficos, esto es IchiRuki de corazón.
Por favor, disfruten la lectura acompañada de su OST favorito.
Disclaimer: los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo, yo sólo los utilizo para aliviar los corazones dolidos.
#4. No era ningún secreto que los corazones del sol y la luna permanecían en un solo lugar: en la sonrisa de cada atardecer. #WeAreIchiRuki
Se sentó en la azotea del que era ya su hogar. A lo lejos, el sol comenzaba ya a ponerse y la luna asomaba detrás y, aunque era un lugar completamente distinto, se sentía como si estuviera en el mismo sitio donde ambos se despidieron alguna vez.
—¿Estás buscando a Rukia-chan? —preguntó Isshin, al ver a su hijo mirando en todas direcciones.
Él dio un respingo.
—P-por supuesto que no. ¿Por qué habría yo de estar buscando a esa enana-chasqueó la lengua y desvió la mirada, como si no le importara ni un poco el tema.
Pero no podía engañar a nadie.
—Subió a la azotea hace un rato— anunció Karin.
—Ya les he dicho que no estoy buscándola —refunfuñó—. Tsk. Regresaré a mi habitación.
Mientras subía las escaleras, pudo sentir claramente las pícaras miradas clavadas en su espalda. Lo sabían. Sabía que lo sabían, y aun así no pensaba decirlo en voz alta.
—¿Ichigo? —lo miró sobre el hombro en cuanto detectó su presencia—. ¿Qué haces aquí?
—Oh, Rukia— dijo, como quien no sabía lo que hacía—. Yo sólo… me gusta venir aquí de vez en cuando, a… mirar el cielo.
Eso no era una mentira total. Al chico sí le gustaba admirar el cielo, sólo que normalmente lo hacía desde su ventana en lugar de subir la azotea, así que, técnicamente, no le estaba mintiendo, ¿verdad?
—¿Qué hay de ti? —preguntó, sentándose a su lado. Las piernas de ambos colgaban en el borde del techo y sus manos estaban apoyadas una al lado de la otra, sosteniendo parcialmente su peso.
—Me gusta el atardecer en la Tierra. Tiene algo… distinto a la sociedad de almas— confesó ella, con los ojos clavados en el horizonte.
—¿En verdad?
La morena suspiró, con una sonrisa muy suave (y triste).
—Creo que realmente voy a extrañarlo cuando me marche.
Ichigo se quedó inmóvil por un momento. Era así, incluso si a veces prefería olvidarlo, ella pertenecía a la sociedad de almas, con el resto de los shinigamis,y algún día tendría que regresar. Era lo correcto, aunque no era lo más fácil de aceptar.
—Es el único momento— dijo, con la mirada escondida bajo las sombras
—¿Hm? —ella lo miró inquisitiva.
—Mientras intercambian lugares en el cielo, la luna y el sol pueden encontrarse. Es el único momento en el que sucede algo así, por eso resulta tan… especial.
Ella sonrió más ampliamente y volvió la mirada al cielo rojizo.
—Esa es una bonita historia. Parece que, después de todo, no siempre eres tan torpe.
Ichigo chasqueó la lengua en respuesta.
Los dos permanecieron en silencio, sentados el uno al lado del otro, con sus manos rozándose y la mirada perdida en el futuro.
—Rukia—llamó él, al fin.
Ella lo miró en respuesta.
Él se puso de pie repentinamente y apartó la mirada, para evitar sonrojarse por las palabras que ya estaban fluyendo fuera de su boca.
—Cuando estés lejos… recuerda siempre este atardecer. Así podrás sentirte cerca… ya sabes, de Karakura.
Tal vez fue la sorpresa de escuchar a Kurosaki decir algo así, o la sensación de que difícilmente podría sentirse así estando lejos, pero por un momento se quedó ahí, incapaz de responder.
—Tú también— dijo, finalmente.
Él no se marcharía de Karakura, por supuesto, pero sabía lo que quería decir. Sabía que ella había entendido el verdadero significado de sus palabras.
Y así lo hacía.
A veces, cuando la vida parecía demasiado sin él(la), le gustaba sentarse en la azotea a ver el atardecer.
Sonrió.
Aquel era el momento en el que el sol y la luna, seguían reencontrándose cada día.
Fin del cuarto capítulo en honor a nuestra pareja.
¿Les gustó? Sigan dejando sus comentarios por aquí, desahogarse siempre es bueno entre integrantes del mismo fandom.
Besos y abrazos pachones para todxs.
Nos leemos mañana, en un nuevo capítulo.
