¡Saludos, bomboncitos!

Espero que estén muy bien, y que su corazoncito ichirukista duela un poquito menos ya.

Esta recopilación se va a dividir en dos: los primeros cuatro capítulos, relataron momentos previos al final legal del manga; a partir de aquí, hablaremos del después (del final).

Dedicado a todas las personas que tienen a alguien a quién extrañar, alguien eterno.

Disclaimer: los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo. Sólo la historia aquí publicada me pertenece.


#5. Había tantas historias por contar que, cuando sus hijos se encontraron, sabían perfectamente a quién estaban mirando #WeAreIchiRuki

La noche estaba callada, como siempre.

El viento se sentía fresco, vivo, lleno de esas memorias que las personas dejan ir tarde o temprano para poder seguir con sus vidas. Miró al cielo estrellado y suspiró, pensando en todas las cosas que él mismo había dejado marchar desde que decidió retomar la vida normal de un humano.

—¿Extrañas a alguien? —preguntó Kazui, a su lado

—¿Hm? ¿Por qué lo preguntas?

El pequeño apretó los labios por un instante, en señal de meditación.

—Siempre miras a la luna con esa expresión, como si pudieras ver a alguien en ella. Y a veces parece que eso te pone triste.

Ichigo abrió los ojos como platos. Su hijo no dejaba de sorprenderlo cada día con esa perspicacia que, inevitablemente, le recordaba a su padre. Se puso en cuclillas para poder mirarlo a los ojos y le sonrió.

—Eres muy inteligente, ¿lo sabías?

El pequeño sonrió en respuesta.

—Entonces, ¿extrañas a alguien?

Y persistente.

Miró nuevamente al cielo y finalmente asintió.

—Extraño a muchas personas— le explicó, con una mirada tierna—. Pero ¿sabes qué? No estoy triste, porque sé que algún día volveré a verlas. Y sé que ellas me recuerdan, igual que yo… y es que las personas importantes, las que tienen un lugar aquí— señaló el pecho del niño con un toque suave—, nunca nos dejan del todo, podemos escucharlas y sentirlas en nuestro corazón.

—¿De verdad? ¿Personas especiales, como mamá y tú?

—Exacto

Kazui cruzó los brazos y frunció el ceño, como quien trata de entender algo importante. Kurosaki se puso de pie y tomó al niño de la mano.

—Ya es tarde, regresemos a casa

—¿Puedes contarme una historia para dormir? Una sobre la onee-san que te ayudó a salvar al abuelo y a las tías— pidió, brincoteando mientras avanzaba de la mano de su padre.

—Ah, te gustan las historias de Rukia, ¿eh?

Asintió con entusiasmo.

—Cuando me cuentas sobre sus aventuras, si cierro mis ojos muy fuerte, siento que puedo verla y escucharla, y entonces me dan muchísimas ganas de conocerla— hizo una pausa y sus ojos brillaron, como si por fin hubiera entendido los más grandes secretos del universo—. ¡Ah! ¿Es así como se siente?

Su padre lo miró confundido.

—Escuchar a alguien que está lejos, porque es especial y está aquí— señaló su pecho con la mano libre, igual que había hecho Ichigo un rato antes.

El pelinaranja sonrió.

—Sí.

Justo así.


¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Me daba un poco de cosa escribir este drabble y que terminara siendo una historia de esas ardidas que se escriben en las cantinas (?)… ya saben, atentar contra el final del manga y convertir a Ichi en un esposo/padre desleal que sólo extraña a Rukia; no quiero crear esa imagen, porque al contrario de Kubo, a mí sí me importa respetar los orígenes, la esencia de la historia y de los personajes, e Ichigo no haría algo así. Espero haber logrado mi cometido.

Por favor no dejen de enviarme sus reviews, contándome cómo han superado esto y si les está gustando la semana del drabble IchiRuki.

Nos leemos mañana.

Abrazos pachones para ustedes.