Saludos, pedacitos de amor.
Aquí el penúltimo capítulo de este especial, dedicado a todas las personas que, a pesar del final del manga, siguen creyendo en el IchiRuki porque entienden que va más allá de cualquier venganza o capítulo final.
Por favor, disfruten la lectura y no se olviden de escribir sus comentarios al respecto.
Disclaimer: los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo.
#7. Era así. A pesar de todo, se permitían extrañarse cada día; ella al deslumbrarse con el sol, él admirando la luna blanca. #WeAreIchiRuki
"¿La extrañas?" había preguntado Keygo hacía... ¿cuánto? ¿un año? ¿tal vez tres o más? Ni siquiera lo recordaba. Lo que sí recordaba, era haber mentido con un rotundo no.
Nadie le había preguntado algo luego de la última despedida, aunque a veces creía poder leer las palabras en la mirada de sus amigos. En cualquier caso, ¿qué podría responder?
Le gustaba su vida, por supuesto, él mismo había elegido ese lado de la vida, lejos de los shinigamis y de Rukia; lo había hecho porque era lo correcto, lo necesario, nunca porque fuera lo más sencillo.
Después de todo los ucedido, la vida simplemente había seguido el curso que todo debe seguir. Su familia lo hacía feliz, le permitía experimentar una parte antes inexplorada del mundo pero, en medio de todo eso, ¿la extrañaba? Sí. La extrañaba cada día, cuando miraba en el armario donde alguna vez pudo observarla dormir, cuando su hijo hacía dibujos caricaturescos de conejos (porque él así se lo había enseñado), cuando recorría las calles en las que alguna vez compartieron tantos momentos. Luego, al caer el anochecer, cuando la luna aparecía en el cielo nocturno, no podía evitar sonreír; sonreía porque ella estaba ahí, fuerte y hermosa, tan deslumbrante que era capaz de detener la lluvia, igual que el primer día. Y aunque seguía extrañándola, entendía que hay lazos que perduran más allá del tiempo y la distancia.
Lazos unidos por el mismísimo destino.
Abrazos y besos cachetones para todxs.
