Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecen a L. J. Smith y Julie Plec. (Aunque no me molestaría si me prestasen a Damon por un rato). Las letras acá mencionadas no son de mi propiedad. Nada me pertenece, solo mi escritura.
Capítulo 1 - Fallen Love
-¡Elena! –Chilló-. ¡¿Qué diablos estás haciendo acá afuera?!
Me encogí. Para ser una chica con una voz sumamente dulce, los gritos de Caroline podían atravesar mi cráneo con la misma efectividad con que lo haría una bala.
-¡¿Estás loca?! –Continuó gritando-. Deben hacer como mil grados bajo cero. ¡Te vas a congelar!
Puse los ojos en blanco y caminé en dirección a la calle.
-Sólo quería un poco de aire.
Caroline me siguió a regañadientes. Su vestido era mucho más corto que el mío y era de un brillante tono plateado que lanzaba destellos cada vez que se movía. Su cabello rubio dispuesto en ondas se parecía mucho a los peinados de las chicas de los 50's y este también parecía resplandecer bajo la luz de la luna. Caroline era una visión.
Una bastante enojada, por lo visto.
-Bonnie y yo hemos estado planeando esta fiesta por semana, Elena. ¡Semanas! Me costó muchísimo convencer a Matt de que nos prestase el bar. Y ahora que tus padres finalmente te han dado permiso, lo que por cierto es extraño considerando que ésta fiesta está en contra de tu toque de queda y todo eso… ¡Pero ese no es el punto! El punto es que tú estuviste dentro… ¿Cuánto? ¿Cinco minutos? ¡Y te escapaste! –Me volteé a mirarla, algo exasperada. Ella me estaba apuntando acusatoriamente con un dedo-. Si no querías que organizáramos esta fiesta, debiste habérnoslo dicho.
Una gran sonrisa se extendió en mi rostro.
En más de una ocasión me había preguntado a mí misma porqué era amiga de Caroline. Ambas éramos tan diferentes. Si bien a mí me gustaba pasar mis tardes con una taza de café bien caliente mientras escribía en mi diario. Caroline, por otro lado, disfrutaba pasar su tiempo organizando eventos y bailando en fiestas que terminaban con la aparición de la policía.
Tan, tan diferentes. Salvo por dos cosas. Una de ellas, ambas confiábamos en la otra con nuestra vida y podíamos contarnos mutuamente nuestros más oscuros secretos. La otra, a las dos nos encantaba la diversión.
Es por eso que Caroline es la persona indicada cuando necesito escapar de la rutina y del encierro de mi casa.
-¿Y eso te habría detenido? –pregunté alzando mis cejas.
Caroline comenzó a reír.
-Por supuesto que no. Te habría arrastrado acá de todos modos –se encogió de hombros-. Pero, vamos, Elena. No seas aguafiestas. ¡Es tu cumpleaños! ¿No estás ni tan solo un poquito emocionada? ¿Quién sabe? Quizás éste sea el comienzo de un año estupendo.
-Estás comenzando a hablar como Bonnie –me burlé.
-Bueno, ambas sabemos que Bonnie suele tener razón la mayor parte de las veces –miró hacia el bar. La fiesta continuaba adentro sin importar que la cumpleañera se hubiese esfumado-. ¿Vendrás o tendré que agarrarte del pelo y llevarte conmigo?
Reí entre dientes y negué con la cabeza.
-Voy.
Caroline apresuró el paso hacia la puerta y la abrió de un tirón. Yo la seguí con la misma prisa. Mi cuerpo estaba entumecido y mis extremidades ya habían comenzado a tiritar.
Toda la adrenalina que había sentido hace un par de minutos parecía haber abandonado mi cuerpo y me sentía mucho más cansada que antes, pero sabía que las chicas se habían esforzado mucho en esta fiesta, por lo debía aguantar durante un par de horas más.
Luego podría llegar a la comodidad de mi pieza, donde sacaría mi diario de su escondite y me desahogaría de todo aquello que no podía mencionar en voz alta. Posteriormente, dormiría hasta altas horas de la tarde y despertaría al otro día, fingiendo que nada nunca pasó. Mañana sería un nuevo día. Sin nieblas, cuervos ni hombres misteriosos.
Pensé durante unos segundos en contarle a Caroline sobre lo sucedido, pero ella no pareció haber notado nada cuando salió a mi encuentro. Dudaba que fuera capaz de creerme. Quizás otro día.
Como si supiese que pensaba en ella, Caroline se detuvo en el umbral y me miró con una perfecta ceja arqueada. Me tensé.
-A veces me sorprendes con tu estupidez, Elena. ¿Salir a la calle con este frío?
Suspiré aliviada.
-¡Vaya, gracias! –la empujé hacia el interior.
Caroline se tambaleó y chocó con un chico que sostenía dos vasos llenos de cerveza. La mayor parte del líquido habría ido a parar en el vestido de Caroline de no ser por el chico se movió con rapidez y apartó los vasos antes de que esto pasara. Al parecer no lo suficientemente rápido, pues la mitad de un vaso se vertió en sus pantalones.
-¡Cielos! –Exclamó Caroline-. ¡No sabes cuánto lo siento! Permíteme, yo te limpio.
Detecté algo en el tono de Caroline. Oh, sí. Había entrado en modo seductor.
A falta de un nombre, decidí llamar al tipo "la nueva presa de Caroline". Este no había posado sus ojos en ella hasta ahora. Pareció gratamente sorprendido.
-No hay problema –extendió el vaso más lleno hacia ella-. Soy Stefan.
Mi amiga recibió la bebida, encantada.
-Caroline –dijo mientras le enviaba una radiante sonrisa.
Por la reacción de Stefan -que la miraba embobado sin saber qué decir-, podía asegurar que ella le tenía comiendo de la palma de su mano.
Caroline había hecho una buena elección. Stefan tenía el cabello de un rubio oscuro recogido hacia atrás con bastante estilo, lo que me hizo preguntarme cuanto tiempo pasó arreglándose frente al espejo. Su rostro estaba bastante definido: mandíbula cuadrada y nariz asimétrica que serían el sueño de un escultor. Como si no fuese suficiente, tenía unos grandes ojos de un singular verde grisáceo que podría confundirse con cualquier otro color si uno no les prestara suficiente atención. Y para finalizar, buen estado físico.
Cualquier chica estaría de acuerdo conmigo. Llevaba una camiseta blanca que le abrazaba íntimamente los músculos de su tonificado cuerpo.
Caroline parecía estar en medio del mismo análisis pues sus ojos lo recorrían de arriba abajo descaradamente. Disimula, Caroline.
No deseaba entrometerme en los planes de Caroline y parte de mi quería escapar de aquella íntima reunión, por lo que me aparté disimuladamente mezclándome con el resto de la gente. No tan lejos como para no oír la conversación, y lo suficientemente cerca para saber si Caroline necesitaba mi ayuda.
Bonnie, Caroline y yo teníamos una táctica para escapar de situaciones engorrosas. Cada vez que un chico se nos acercaba y comenzaba a coquetear con una de nosotras, si no nos agradaba, hacíamos señas para que salieran a nuestro rescate. Intentábamos ser sutiles, por lo que hasta ahora nos había funcionado de maravillas.
Compartíamos una conexión telepática extraordinaria, lo que quizás se deba a nuestra intuición femenina o al hecho de que nos conocíamos como a la palma de nuestras manos. Esta vía de comunicación ya tenía años y años de práctica, y era muy conveniente a la hora de hacer un examen… o en momentos como este.
La multitud dentro del Mystic Grill gritó alegre cuando el DJ cambió de canción. Un movido ritmo retumbó desde los parlantes.
Stefan pareció encontrar la conexión que unía su cerebro con su boca. Se inclinó hacia Caroline, sus caras separadas tan solo por unos pocos centímetros y le susurró seductoramente:
-¿Me concedería este baile, señorita Caroline?
Caroline río encantada frente a tal muestra de modales.
Podía notar como Stefan acababa de dar vuelta la situación. Caroline era la típica chica que soñaba con los cuentos que había oído desde pequeña. Princesas y damiselas en apuros que esperaban la llegada de su príncipe azul. Era una romántica empedernida de pies a cabeza. Creía en el destino y probablemente también en el amor a primera vista. No se molestaba en absoluto cuando alguien le decía que sus gustos eran cursis. Por el contrario, estaba más que orgullosa de admitirlo.
No estaba en contra de su romanticismo. Para nada. Yo también era una romántica empedernida. La diferencia es que yo ya no creía en cuentos de hadas. Para mí la magia, las hadas madrinas, las brujas malvadas, los príncipes o caballeros de brillante armadura... nada de eso existía.
La voz de Caroline me sacó de mis pensamientos. No me había hecho ninguna seña hasta el momento, por lo que supuse que estaría bien si la dejaba a solas con Stefan.
Ella tomó a Stefan de la mano y lo condujo hacia la pista de baile, donde ya la multitud había comenzado a sacudirse. Antes de desaparecer, Caroline se volteó y lanzó un guiño en mi dirección. Sus labios se movieron y alcancé a leer un "gracias" en ellos. Luego rodeó el cuello de Stefan con sus brazos mientras él colocaba sus manos en la cintura de ella.
"You got me lookin'
Dacing like she don't give a damn.
Her body's workin'
Bumpin' to the sound of my jam.
She's got me sweatin'
And she don't even know who I am.
I am, I-I-I a-am."
La música reverberaba por todo mi cuerpo y parte de mí quería bailar también. Después de todo, era mi fiesta, lo mínimo que podía hacer era disfrutarla.
Me pregunté dónde estaría Bonnie, quizás ella se animaría a bailar conmigo.
Un baile entre amigas se había vuelto en una especie de costumbre. Generalmente, cuando no había un chico que nos invitase a bailar, nosotras decidíamos hacerlo por nuestra cuenta. Tan solo llevábamos un par de minutos cuando la compañía masculina decidía unírsenos. Quien sabe por qué los hombres se sienten atraídos hacia dos chicas bailando. Para el final de la noche, Bonnie y yo bailábamos con nuestra propia pareja, mientras que Caroline salía en busca de un baño o una habitación en la que escabullirse con un chico.
Sí. Caroline podía ser una romántica empedernida, pero eso no quería decir que estuviese "guardando su virginidad para alguien especial". No era su estilo. Mucho menos esperar hasta el matrimonio. Nope.
Caroline solía decir que para encontrar al príncipe azul uno debe primero besar a un montón de sapos. Sip. Esas fueron sus palabras exactas. Y al parecer, esa oración también funcionaba para las relaciones sexuales.
De las tres, Caroline era la única que había perdido la virginidad. Y desde que lo había hecho, disfrutaba enormemente de las posibilidades que esto traía consigo. Bonnie, que era mucho más recatada y miedosa que Caroline, solía reprimirla un montón diciéndole que un día terminaría herida o algo por el estilo. Esto no bastaba para detener a Caroline, que tan solo ponía los ojos en blanco y le aseguraba lo hacía meramente por diversión. Al oír esto, Bonnie le rogó que se cuidase y que usase protección.
Caroline tan solo le respondió:
-Tranquila, Bonnie. Siempre uso protección.
Bonnie se contentó con esto y dejó que Caroline hiciese lo que quisiese. Esta última solía llegar a la mañana siguiente y nos contaba de sus aventuras sexuales. Bonnie ya no se horrorizaba tanto como solía hacerlo en un principio. Ahora ella y yo pasábamos el resto del día escuchando de las historias de Caroline, pidiendo que nos las contara con la máxima cantidad de detalles posibles.
Estaba bastante segura de que si me volvía una persona activa sexualmente, Caroline sería una fuente inagotable de consejos.
No era una novedad para nadie en Mystic Falls que las tres éramos inseparables. Todo el mundo lo sabía. Por lo mismo no era de extrañarse que recurrieran a mí cuando no podían encontrar a Bonnie o a Caroline por ningún lado. Las tres siempre estábamos al tanto de todo, dónde nos encontrábamos y a dónde íbamos a ir.
Por aquella misma razón Caroline nos pedía constantemente que la cubriésemos cuando ella decidía salir con un chico, o cuando no iba a llegar a la casa. Por lo que cuando su madre llamaba, siempre inventábamos una excusa creíble para justificar su ausencia o hacerle creer que estaba con nosotras.
Desde donde estaba parada, podía sentir como llegaban las olas de calor que irradiaban las parejas en la pista de baile. Necesitaba algo de beber, mi garganta estaba demasiado seca y me encontraba demasiado sobria como para disfrutar esta fiesta.
La verdad es que yo no era de la clase de personas que decía: "Sin alcohol no hay fiesta". Pero si dijera que no me gustaba dejarme llevar por sus efectos, estaría mintiendo.
El Mystic Grill era un restaurante que poseía, además, un bar que estaba abierto hasta altas horas de la noche. Pasar un rato en el Grill era una costumbre para todos los que vivían en Mystic Falls. Ya sea para comer, beber o festejar, el Grill era lo más conveniente. Incluso mi hermano Jeremy y yo solíamos venir cuando Mamá se daba un merecido descanso (algo que casi nunca pasaba, salvo en raras ocasiones) y optaba por no cocinar. En situaciones como esta, nuestros padres solían darnos dinero o nos traían ellos mismos.
Vivir en un pueblo pequeño no ofrecía mucha variedad, y por fortuna este bar/restaurante tenía de todo.
-¡Feliz cumpleaños, Elena! –gritaron un par de chicas.
Las reconocí al instante. Asistían conmigo a la práctica de cheerleading después de clases. No tenía nada en contra de ellas, eran simpáticas cada vez que hablaban conmigo en persona, pero no era un secreto que yo no les agradaba a ellas. Me detestaban, y no estaba segura de sí tenían motivos para hacerlo.
Bonnie las escuchó accidentalmente un día cuando estaban hablando en los casilleros del instituto. Seguramente pensaron que estaban solas, pero Bonnie alcanzó a oír como estas hablaban de mi relación con Matt Donovan con otras chicas de nuestra clase y decían que yo era una perra sin sentimientos que había roto su corazón.
Incluso habían tenido el descaro de inventar rumores sobre mí y Tyler Lockwood. Lo que encontré sumamente ridículo, pues ni siquiera era mi tipo. No lo conocía realmente, pero por lo que podía ver y había escuchado, Tyler era un idiota. Demasiado músculo y poco cerebro. Jamás pude entablar una conversación real con él. De hecho, creo que la única vez que hablé con él fue porque necesitaba mi ayuda en ciertas clases y yo accedí a prestarle mis apuntes para que pudiese estudiar. Pero eso era todo.
Aunque claro, para ellas significó algo completamente distinto.
Forcé una sonrisa.
-¡Gracias! –me acerqué a ellas-. Gracias por venir, por cierto –sin importar lo que ellas pudiesen decir de mí, yo jamás dejaría mis modales de lado. Era la anfitriona, así que me comportaría como tal-. Chicas, ¿alguna de ustedes ha visto a Bonnie?
Una de ellas negó con la cabeza. Su nombre era Megan. Fácil de reconocer. Cabello rubio arena, grandes ojos azules y piel bronceada.
-Creo haberla visto en el bar hablando con Matt –dijo con voz rasposa, mirándome de pies a cabeza-. ¿Es verdad, Elena?
Ya sabía que me preguntaría, pero le respondí de todos modos.
-¿Qué es verdad?
A su lado, Lilith, una joven de pelo negro azabache y grandes dientes blancos que me recordaban a los de un caballo, pareció reprimir una risa.
-Que tú y Matt terminaron.
Quería arrancar las sonrisas de sus caras. ¿Una abofeteada sería suficiente? No. Era mejor arrancarles la piel con mis uñas.
-Sí, es verdad –me limité a decir.
Ellas sabían perfectamente lo de mi ruptura con Matt. Por todos los cielos, ¡ya han hablado con todo Mystic Falls al respecto!
-Estuvimos hablando con Matt hace un rato –prosiguió Megan-. Ahora que tú has terminado con él… No te importa si lo invito salir, ¿cierto?
Se me heló la sangre. Matt no se había tomado muy bien el término de nuestra relación y lo menos que necesitaba ahora era que Megan comenzara a meterle ideas en la cabeza. Eso iría completamente en contra de mi plan de seguir siendo su amiga.
Matt Donovan y yo habíamos sido mejores amigos desde que yo tenía memoria. Nuestras madres habían sido muy cercanas en la secundaria, por lo que no era de extrañar que sus hijos lo fueran también. Él vivía a tan solo un par de casas de distancia y durante toda nuestra infancia él solía acercarse a mi jardín donde jugábamos todas las tardes.
Los años fueron pasando, Bonnie y Caroline aparecieron en mi vida. Si bien Matt se llevaba muy bien con ellas, nuestros momentos juntos ya no fueron lo mismo. Los juegos de niñas no le sentaban muy bien por lo que fue un alivio para él conocer a Tyler Lockwood. Pero esto no evitó que nos siguiéramos viendo. Para nada. Nos juntábamos todos los fines de semana a ver películas o salíamos a trotar por las calles. Mis padres incluso permitían que se quedara a dormir de vez en cuando, aunque siempre en otra habitación.
Matt era el chico maravilla, amado por todo el mundo. Mis padres lo aprobaban a ojos cerrados, lo que fue en gran parte la razón por la cual Matt y yo comenzamos a salir a inicios de la secundaria.
El capitán del equipo de football y la capitana del grupo de cheerleaders. Todo el mundo insistía en que éramos la pareja perfecta.
Salvo que no lo éramos. Para mi Matt siempre será mi amigo, tan solo eso, nada más. Desearía haberlo notado antes, pero no. Comencé a darme cuenta de esto después de nuestra primera cita. Faltaba algo, quería más. Algo que Matt no podría darme y me sentía fatal. No quería herir sus sentimientos pero tampoco podía seguir con la farsa. Tenía que terminar mi relación con él antes de que ambos saliéramos heridos. Traté de que nuestra ruptura fuera lo más pacífica posible, pero no hubo manera de que Matt se lo tomara de buena forma.
Hubo llanto, gritos y súplicas. Él me rogaba que cambiara de idea, que le diera otra oportunidad. Casi pude oír como su corazón se quebraba cuando le dije que no podía, que solo lo amaba como un amigo y que no podía tener una relación con él. Le rogué que me entendiera, y le ofrecí lo único que podía darle: mi amistad.
Después de todo, habíamos sido amigos toda la vida.
Pero él solo me miró fríamente, sus ojos humedecidos por las lágrimas que había derramado durante nuestra pelea. Me dio la espalda y se marchó sin mirar atrás.
Perdí la cuenta de cuantas veces lo llamé ese día. Matt jamás me contestó salvo a la semana siguiente, al parecer cansado de mi insistencia. Al menos me dijo que podíamos recuperar nuestra amistad luego de un tiempo, pero que era precisamente eso lo que necesitaba. Tiempo.
Después de eso, ya no volví a llamarlo. Le otorgué la distancia que él tanto deseaba. Sabía que él me amaba y que su amor no era correspondido del mismo modo, por lo que no quería torturarlo con mi presencia. Nos veíamos en los recreos, durante nuestras prácticas, y a veces cuando íbamos de camino a nuestras casas. Pero no hemos hablado, al menos no en persona, desde nuestra pelea.
Temía que Matt creyera en las mentiras de Megan. Porque estaba segura de que ella haría todo lo que estuviera en su mano para que Matt pensara lo peor de mí. Pero Matt me conocía, él no le creería.
Aunque eso no quería decir que quería que Megan estuviese a su lado. Matt era una de las personas más importantes en mi vida y no quería que esa víbora venenosa pusiera sus garras en él.
-Para nada –le di una dulce sonrisa, completamente falsa.
Quería golpear el rostro de Megan con todas mis fuerzas. Cerré mis puños y me contuve. Lo último que necesitaba ahora era hacer una escena. ¿Cómo se atrevían a aparecer en mi propia fiesta de cumpleaños? ¿No tenían vergüenza?
-¡Genial! –Chilló Megan, haciendo que mi ira aumentara-. Le preguntaré la próxima vez que hable con él.
No iba a hacer ninguna clase de comentario así que simplemente asentí.
-Bueno, espero que se estén divirtiendo –dije educadamente-. Yo iré a ver a Bonnie. Si me disculpan…
Me alejé de ellas lo más rápido posible. Estaba prácticamente temblando de rabia. Inhalé la máxima cantidad de aire que mis pulmones podían albergar para luego soltarlo lentamente. Repetí el proceso un par de veces hasta que sentí como mí cuerpo comenzaba a relajarse. Mi corazón seguía martilleando en contra pecho, pero era fácil ignorarlo con lo fuerte que repercutía la ensordecedora música en mi cuerpo.
"Now move your body so the rhythm can set you free.
Another round and we can drown out our heart beatings.
Just like a drug I let the music set me free.
I like it loud. I like it loud."
Finalmente divisé a Bonnie, sentada en el bar hablando con Matt mientras él limpiaba el mesón con un paño. Juzgando por el rostro de él, no parecían entablar una conversación muy alegre. Bonnie lo miraba compasivamente.
Me senté en el taburete junto a Bonnie. Matt ya se había alejado a tomar las órdenes de otros chicos. Ella se giró para mirarme y una gigantesca sonrisa cubrió su rostro.
-¡Hola, desaparecida! –Prácticamente dio un salto en mi dirección y sus brazos me rodearon en un apretado abrazo-. Caroline te estaba buscando hace unos minutos, ¿has hablado con ella?
-Sí –sonreí-. Salí a tomar un poco de aire. Hace un poco de calor acá, ¿no crees?
Bonnie asintió.
-Mira, Caroline te estaba buscando porque queríamos entregarte esto.
Bonnie se incorporó del taburete y prácticamente se abalanzó sobre el largo mesón, sus pequeñas piernas colgando en el aire. Pensé que estaría sacando una botella ubicada en el otro extremo, pero luego se impulsó hacia atrás, sus dos pies aterrizaron en el piso de madera con un ruido sordo. Una corona en sus manos.
La corona estaba hecha de pequeñas flores rojas de fantasía que rodeaban un círculo de ramas y hojas verdes.
-Pero no está acá –continuó hablando-. Así yo te la daré. ¿Cómo puedes ser la reina de la fiesta si no tienes una corona? –La colocó sobre mi cabeza-. Ahí tienes.
-Asumo que la idea fue de Caroline –toqué el material con mis dedos.
Sólo se encogió de hombros, la sonrisa aún en su rostro.
Bonnie era una belleza exótica. Pelo negro, piel morena y ojos verdes. Era pequeña y menuda, por lo que parecía una verdadera muñeca. Además, poseía unos labios gruesos que solían revelar una gran sonrisa de dientes blancos.
-Es Caroline. ¿Qué esperabas?
-Me veo ridícula. Pensé que todo esto ya había terminado con mi cumpleaños número quince.
Bonnie negó con la cabeza.
-Ni lo sueñes. De hecho, estoy segura de que cuando llegue su cumpleaños, Caroline usará un vestido tipo Cenicienta, pero rosado.
-No me sorprendería.
-¿A todo esto, donde está ella? –Bonnie recorrió con la mirada toda la multitud.
-Intenta buscarla en la pista de baile –le indiqué con un dedo-. La última vez que la vi estaba bailando con un tipo.
-¿De instituto? –Preguntó Bonnie, sorprendida-. ¿No que prefería no acostarse con alguien a quien vería todos los días?
-No lo sé. Se llamaba Stefan, y no recuerdo haberlo visto en el instituto.
Bonnie miró hacia donde estaban las parejas bailando, pensativa.
-¿Qué? ¿Lo conoces? –inquirí.
-No, pero oí por ahí que habían llegado dos chicos nuevos a Mystic Falls. Difícilmente los llamaría chicos ya que oí que el mayor tenía más de veinte años.
-¿Y tú crees que Stefan es uno de ellos? –deduje-. ¿No crees que sería demasiada coincidencia?
-Elena –Bonnie me miró directamente a los ojos-. Es difícil no conocer a alguien en este pueblo. Todo el mundo conoce a todo el mundo. Y escuché a un par de chicas hace unos minutos hablar sobre los hermanos.
Analicé la información durante unos segundos.
-¿Sabes cuáles son sus nombres?
Bonnie sacudió su cabeza.
-No, pero mencionaron que se estaban quedando en la casa de huéspedes de los Salvatore.
Estaba segura de que mis ojos se abrieron como platos.
-¿Te refieres a la gran mansión? ¿A la que solíamos ir a escondidas cuando éramos niñas? –Bonnie sonrió-. ¡Amo esa casa!
La información pareció llegar a mi cerebro.
-Woah –alcé un mano, como para que se detuviera-. Espera, ¿son de la familia Salvatore?
Las cejas de Bonnie se fruncieron.
-¿Los conoces?
-No. Pero mis padres siempre hablan sobre las familias fundadoras de Mystic Falls. Los Salvatore son una de esas familias.
Recordé las historias que solía contarme mi padre, y estaba segura de que no quedaba ningún Salvatore aquí en Mystic Falls, salvo Zach Salvatore, actual miembro del consejo.
Matt se acercó a nosotras, su rostro algo tenso.
-Feliz cumpleaños, Elena –me saludó.
Lo miré durante unos segundos, tratando de averiguar si seguía enojado conmigo o no.
-Gracias, Matt.
-¿Quieres que te sirva algo? –Las comisuras de sus labios se elevaron en una débil sonrisa-. La casa invita.
Su sonrisa se esfumó al instante, pero sus ojos parecían amistosos.
-Claro –murmuré, algo insegura.
-¿Qué te sirvo?
Sacó dos vasos del fregadero y los secó con un paño. Colocó los dos vasos frente a nosotras y comenzó a secar sus manos mientras esperaba mi respuesta.
-Un Gin Tonic –miré a Bonnie.
Ella miró a Matt, confundida.
-¿Yo también?
Matt le sonrió, divertido.
-Por supuesto.
-Lo mismo que Elena.
-Está bien. Dos Gin Tonic en camino.
Mientras Matt se disponía a preparar nuestras bebidas, Bonnie se inclinó hacia mí y susurró en mi oído:
-Hablé con Matt hace un rato –me informó-. Al parecer Megan vino hace un rato y le dijo que algo había entre tú y Tyler.
Me quedé boquiabierta.
-¿Él sabe que es mentira, no? –Susurré desesperada-. Tú le dijiste que era mentira, ¿no es cierto?
-Por supuesto –Bonnie me miró como si me hubiese vuelto loca-. Y Matt también cree lo mismo. Al principio no estaba muy seguro, pero luego le dije que tú jamás harías eso y él piensa lo mismo.
Ambas volvimos a nuestra posición anterior. Miré de reojo a Matt, él nos observaba como si sospechara de qué estábamos hablando.
-Me topé con Megan hace unos segundos –alcé un poco la voz para que tan solo Bonnie me escuchara-. Me preguntó si no me molestaba si lo invitaba a salir.
-¡No! –Los ojos de Bonnie parecían salírsele de las cuencas-. ¡Lo sabía! ¡Sabía que andaba detrás de algo!
-Está loca –gruñí-. No quiero que se acerque a Matt.
-¿Qué le dijiste tú? –Preguntó Bonnie, preocupada.
-¿Qué le iba a decir? –Murmuré enojada-. Que no me importaba. No quería comenzar una discusión con ella.
Bonnie asintió, dándome la razón.
-No tengo un buen presentimiento respecto a Megan –murmuró Bonnie, con los ojos mirando hacia el horizonte-. Esa chica solo traerá problemas.
-¿Es esta una de tus premoniciones? Porque tenlo por seguro de que eso no me calmará.
Los ojos de Bonnie se posaron nuevamente en mí.
-No tienes nada de lo que preocuparte –me dio una sonrisa reconfortadora-. De hecho, yo que tú me prepararía.
La miré confundida.
-¿Prepararme para qué?
-Este será un buen año, Elena –dijo Bonnie, su voz suave y tranquila-. Y creo que serás más que feliz.
Tomé las manos de Bonnie, como si estuviésemos invocando a los espíritus de los que tanto me hablaba. Bonnie parecía haberse perdido en sus pensamientos.
-¿Algo emocionante ocurrirá este año? –bromeé.
Bonnie siempre había tenido estos locos presentimientos que terminaban por volverse realidad. Muchas veces, de la nada solía decirnos alguna premonición, y ya no nos sorprendía ni a Caroline ni a mí cuando esto solía suceder en el futuro. Era emocionante, y Bonnie había comenzado a llamarse "psíquica". Su abuela había comenzado a contarle historias sobre su familia de brujas, Caroline solía divertirse mucho haciéndole bromas a Bonnie sobre esto y muchas veces no la tomaba en serio. Pero cada vez que Bonnie solía darle algún augurio sobre lo que podría pasarle a Caroline, ella no solía dudar en la palabra de su amiga.
Bonnie jadeó y apartó sus manos al instante, como si la hubiese electrocutado. La miré desconcertada. No me esperaba esa reacción.
-¿Qué fue eso? –pregunté preocupada.
-Nada, no fue nada –dijo apresuradamente.
-¿Segura? –insistí.
-Sí.
-Bon… -comencé.
Bonnie suspiró, derrotada.
-Cuando te toqué… vi a un cuervo.
-¿Un cuervo?
-Un cuervo… y había niebla –sus ojos estaban casi cerrados y parecía estar buscando algo en lo profundo de su memoria-. Un hombre.
Podía sentir como se erizaba mi piel cuando los escalofríos volvieron a recorrer mi columna. Bonnie acababa de ver lo que había sucedido en la calle.
-¿Pudiste ver quién era el hombre? –Pregunté con ansiedad.
Bonnie se mordió el labio.
-No –negó con la cabeza-. O sea, su rostro estaba tapado con la niebla. No podía ver sus facciones. Nada.
-Pareció como si te hubieses asustado… ¿Fue algo muy malo? –Pregunté tratando de no mostrar cuanto me afectaba en realidad.
Al ver que Bonnie no abría la boca para responder, sostuve su mirada hasta que sus ojos desesperados se posaron en mí.
-Puedes decírmelo, Bon.
-Es que tengo este sentimiento, Elena –miró hacia el techo, tratando de encontrar las palabras-. De que es sólo el comienzo.
La miré durante unos segundos, procesando la información.
-¿Qué quieres decir con eso?
-No lo sé, Elena. Simplemente lo sentí cuando vi… cuando creí haber visto lo que vi. Pero no hay manera de que sea psíquica, ¿sabes? –río nerviosamente-. Eso es una tontería.
No parecía convencida. Estaba tan nerviosa como ella por lo que decidí no presionarla al respecto. Además, quería analizar todo lo que me había dicho.
De modo que no había imaginado nada. No estaba loca. Él hombre había estado ahí.
No sabía si debía estar alegre al saber que no estaba alucinando o estar aterrorizada porque todo había sido real.
¿Sólo el comienzo? ¿No sería la única vez que el hombre misterioso se me aparecería?
Parte de mí quería que todo esto acabara. Pero Bonnie dijo…
Agarré el vaso que Matt ya había preparado y me lo empiné. Bebí más de la mitad de un solo sorbo. Bonnie notó mi consternación.
-Hey –preguntó con delicadeza-. ¿Estás bien?
-Perfectamente –mentí.
Bonnie hizo una mueca.
-Lo que dije… No quería asustarte. ¿Lo sabes, verdad?
-Por supuesto que sí, Bon.
-Bien –las comisuras de sus labios se elevaron en una pequeña sonrisa-. Iré al baño. Vuelvo enseguida.
Observé como se marchaba mientras yo continuaba bebiendo de mi vaso.
Las ganas de volver a mi casa retornaron con violencia. Esta vez no era sólo de recostarme en mi cama y escribir. No, ahora quería el consuelo y la protección que solo Mamá podría ofrecerme. Pero ella había acordado de quedarse en casa con Papá porque Caroline había insistido que esta fiesta era únicamente para jóvenes. Jamás me opuse a la idea, de hecho, me parecía bien.
Ahora, en cambio, me hubiese gustado que la fiesta fuese en mi casa. De ese modo, si me escondía en mi pieza, nadie podría culparme o echarme de allí.
Absorta en mis pensamientos, no noté que alguien se había en el taburete que estaba a mi otro lado hasta que la persona en cuestión carraspeó.
-Hola –dijo una voz sorprendentemente profunda y suave.
Me giré lentamente, sin saber qué esperar. Después de todo lo que había ocurrido hasta el momento, no sabía si estaba preparada para lo que viniese a continuación.
Y no lo estaba.
No era un chico. No. Definitivamente no era un chico. Solamente podría definirse como a un hombre. Un hombre. Sí, señor. El hombre más atractivo y hermoso que había visto en toda mi vida.
Si antes había encontrado que Stefan era guapo, la persona sentada junto a mí lo opacaba completamente al joven. No había palabras que le hiciesen justicia. Atractivo y hermoso parecían demasiado pobres ahora.
Tenía los ojos del azul más hipnotizante jamás visto, pero no eran de cualquier azul. No, esos penetrantes ojos que me miraban ahora eran de un azul tan claro como el hielo. Azul grisáceo, el tono azulado que más me encantaba en los ojos de otras personas. No en los míos, claro está, pues mis ojos eran de color chocolate.
Tenía el cabello de un intenso color negro, tan negro como lo tenía el cuervo al que había visto, más abajo, una frente amplia con gruesas cejas, muy masculinas. Una mandíbula fuerte acompañada por una nariz simétrica que parecía calzar a la perfección con su rostro. Y para finalizar, unos labios carnosos por los que la mayoría de las chicas matarían. Labios provocadores que parecían estar rogando para que alguien los besara.
Estaba segura de que estaba babeando como una idiota. ¿Pero quién no lo haría? Él hombre parecía ser sexo con piernas. Con su brazo apoyado en el mesón, era la imagen viva de relajación y confianza en sí mismo.
Un tipo como él no merodeaba por las calles de Mystic Falls. No. Una persona con ese aspecto, con ese atractivo y esa belleza solo podía estar posando como modelo en una de las agencias de modelaje más importantes, ya sea tanto de Nueva York como de Europa. Me sorprendía no haberlo visto en algún anuncio o algo así. El hombre era estupendo.
Estaba vestido completamente de negro. Completamente. Camisa negra con los dos botones superiores sin abrochar. Chaqueta negra cuyo cuero podía oler desde mi lugar en el taburete. Vaqueros negros que parecían estar descaradamente bajos, probablemente por debajo de la cadera. Y botas que lucían carísimas, probablemente de algún diseñador.
Yup. Estaba segura de que me lo estaba comiendo con los ojos. Cuando finalmente alcé la vista, noté que él me seguía mirando. Oh, Dios. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero él vio la manera en la que lo había observado. No parecía molesto, eso sí. Parecía divertido.
Me ruboricé furiosamente.
-Hola –respondí con voz entrecortada.
Por el amor de Dios, Elena. Contrólate. No querrás parecer una idiota.
Demasiado tarde, susurró una parte de mi cerebro. Cordialmente le dije que se fuera al infierno.
-Linda corona –dijo con voz seductora. Cosquillas recorrieron mi cuerpo.
Un momento. ¿Qué?
Mis dedos automáticamente se alzaron hasta tocar la corona artificial que estaba sobre mi cabeza. Me ruboricé aún más, como si esto fuese posible.
-Oh –maldije a Caroline por dentro-. E-Es por… -tartamudeé -. Es por mi cumpleaños.
La más encantadora sonrisa cubrió su rostro. Inmediatamente supe que quería verlo sonreír más a menudo. ¿Había sido yo la que provocó esa sonrisa? Felicitaciones, Elena.
-Feliz cumpleaños…
-Elena –sonreí.
Finalmente había encontrado el dominio de mis hormonas. ¿No lo he dicho antes? Malditas hormonas.
-Elena –pronunció cada sílaba lentamente, como si estuviese acariciando el sonido con su lengua -. ¿Cuántos cumples, Elena?
Sentía como mi cuerpo parecía reaccionar ante su presencia, ante su voz.
-Diecisiete.
Por un segundo me pregunté por qué me estaba hablando a mí. De todas las chicas acá presente, ¿por qué este dios griego había decidido fijarse en mí?
Ignoré el pensamiento de que los dioses griegos estarían envidiosos de su físico. Aunque no había visto lo que ocultaba aquella camisa. Estaba segura de que estaba en forma.
Calor inundó mis mejillas. Alcé la palma de mi mano y la coloqué en contra de mi cara, tratando de aliviar el rubor. Sabía que era inútil.
-¿Y esta fiesta es para ti? –Preguntó señalando el restaurante en general.
-Sí, mis amigas Caroline y Bonnie la hicieron para mí –respondí más incómoda de lo normal.
Su presencia me intimidaba. Pareciendo notar esto, se inclinó aún más hacía mí, hasta que nuestras rodillas se tocaron. Quise apartarme, algo avergonzada, pero decidí no hacerlo. Estúpida idea.
Vamos, ¿qué pasó con la Elena que tenía confianza en sí misma? ¿La Elena que no temía coquetear con algún chico? ¿A la que no le daban miedo las citas?
Aunque esto era una cita, me recordé a mí misma.
-Hmm –sus ojos seguían en mí, como si tratara de leer mi alma-. Deben ser buenas amigas.
Volví a sonreír.
-Las mejores.
Asintió. No parecía interesado en hablar de ellas, porque cambió inmediatamente de tema:
-Llegué hace solo hace unos instantes y debo admitir que me di cuenta de que algo ocurría contigo –su tono de era tranquilizador, como si estuviese evitando hacerme enojar-. Eres la cumpleañera, sin embargo, noté que eras la chica más… miserable.
Fruncí el ceño. Eso no sonó para nada halagador. Pero no era como si estuviera mintiendo.
-No quiero entrometerme –me aseguró-. Pero, ¿puedo saber lo que te pasa?
Miré mis manos, sin saber que decir. Permanecí en silencio durante unos segundos.
Primero que todo, él era un completo extraño. Segundo, no tenía idea de qué decirle. ¿Qué acababa de ver a un hombre de pie en la calle que parecía dispuesto a secuestrarme o matarme ahí mismo? No, no parecía ser suficiente. Probablemente sonaría mejor: ¿Qué quizás el hombre ni siquiera era real y que me lo había imaginado todo? Pero la cosa se pone mucho más interesante. ¿Me creería si le dijera que mi mejor amiga al parecer tiene poderes sobrenaturales y que vio la misma visión que yo, salvo que en este mismo lugar y en su propia mente?
Sí, claro. Él podía saber lo que me pasaba. Seguro.
-Está bien si no quieres decírmelo –dijo él.
Alcé la vista hasta toparme con sus profundos ojos azules. Estos parecían desafiarme a que le dijera la verdad.
Decidí en decirle algo que era parcialmente verdad, aunque no la razón de mi actual angustia.
-Es que hace un tiempo terminé con mi novio –confesé-. Y ha sido bastante difícil.
Su expresión pareció endurecerse por unos segundos. Pero todo fue tan rápido que dudé que hubiese cambiado en primer lugar, porque al instante volvió a mostrar aquella sonrisa que me animaba a continuar.
-¿Por qué terminaron? –Alzó sus manos, como si no quisiese ofenderme-. Si puedo preguntar.
-La vida, el futuro… -volví a mirar mis manos-. Él quería algo que yo no le podía ofrecer.
Pareció captar el verdadero significado de mis palabras.
-¿Y tú no lo querías?
-No sé lo que quiero –me encogí de hombros.
Una coqueta sonrisa de lado remplazó la amigable sonrisa anterior. Estaba segura de que este hombre practicaba esos movimientos faciales. En serio. Es imposible tener tal destreza. Acababa de ganarse mi admiración.
-Bueno, eso no es verdad. Tú quieres lo que todo el mundo quiere.
Esta conversación era refrescante, excitante. Sentía como si cada terminación de mi cuerpo había vuelvo a nacer. Me sentía… viva. Por muy ridículo que aquello sonara.
Por lo que decidí seguirle el juego. Quería seguir hablando con él.
-¿Qué, misterioso extraño que conoce todas las respuestas?
Él rió. Una sonrisa formada en lo profundo de su garganta. Un sonido bastante sexy. Mi cuerpo se estremeció.
-Bueno, solo digamos que he estado alrededor por un tiempo… He aprendido un par de cosas –me guiñó.
¡ME GUIÑÓ! ¡El sexo con piernas me ha guiñado a mí, Elena Gilbert!
Quizás todo esto sea un sueño. No estoy despierta. Vamos, Elena. Es hora de despertar. Levántate y brilla.
No, mejor continúa durmiendo. Sí. Sigue conversando con…
Aguarda un momento. Él no me había dicho su nombre.
-Así que… -estaba segura de que me parecía mucho a Caroline en estos momentos. Coquetear con descaro era su fuerte, no el mío. Pero con él parecía inevitable-, misterioso extraño sin nombre. Díme, ¿qué es lo que quiero?
Sus ojos se abrieron aún más.
-¿No me he presentado? –Preguntó desconcertado-. Perdóname, no quise ser grosero. Mi error… –soltó una risa ahogada-. Soy Damon.
Damon. De alguna forma aquel nombre le venía a la perfección.
-Ahora, Elena, para responder a tu pregunta… -pausó dramáticamente, agregándole suspenso a sus palabras. Yo solo reí-. Yo diría que tú quieres un amor que te consuma. Quieres pasión y aventura, e incluso un poco de peligro.
No podía despegarle la vista de encima. Sus palabras llegaron directamente a mi cerebro y mi corazón parecía estar completamente de acuerdo con él.
Ya que al parecer realmente sabía todo, ahora yo quería saber qué es lo que él quería.
-¿Y qué es lo que tú quieres? –pregunté con una amplia sonrisa.
-Bueno, Elena –se reclinó contra el mesón, apoyando su espalda en él. Noté que había estado bebiendo de un vaso, aún le quedaba algo de líquido y era de color amarillo. Supuse que sería whisky o brandi-. La verdad es que yo quiero… y me gustaría muchísimo… si tú me permitieras alejarte de lo que sea que te inquietaba y bailaras conmigo ahora mismo.
No podía creerlo.
-¿Quieres que baile contigo? –Reí.
-No te rías –esa sonrisa de lado volvió a aparecer. Sentí como si me estuviese derritiendo por dentro-. Hablo en serio. ¿Quieres bailar conmigo, Elena?
Debía de haber una sonrisa bobalicona en mi rostro. No podía evitarlo. Era tan agradable conversar con él. Y lo que me estaba proponiendo era demasiado bueno como para ser verdad.
-Me encantaría –acepté.
El hizo algo raro con sus ojos, no estaba segura de cómo describirlo, pero los movió de un modo que hizo que su mirada fuese aún más penetrante. De algún modo dio resultado, porque estaba segura de que si me siguiese mirando de esa forma, conseguiría que yo hiciese todo lo que él quisiese y mucho más. Cedería a todos sus caprichos, creería todas sus mentiras.
Tomó mi mano y me levantó de mi asiento. Electricidad corrió por mis venas desde donde mi piel entró en contacto con la suya. No quise apartarme esta vez. No, por nada del mundo. Esta vez me acerqué mucho más a él.
Él pareció haber percibido lo mismo. Sus ojos adoptaron un color mucho más oscuro, ahora ya no lucían aquel azul claro tan peculiar. Ahora eran de un gris muy oscuro.
Lujuria.
Me guió hasta la pista de baile donde (al igual que Stefan hizo con Caroline) colocó sus manos en mi cintura. Imitando a mi amiga, coloqué mis brazos en su cuello. No podía ser que él fuera real. Era imposible que una criatura como él existiera. Yo no podía tener tanta suerte. Pero de alguna manera, desafié toda la lógica del universo, y de un modo u otro, di a parar con Damon.
O él dio a parar conmigo.
Si bien él era el misterioso extraño que sabía todas las respuestas. Yo sabía algo con certeza.
No lo dejaría ir por nada del mundo.
"Our heartbeats used to move in time.
They've slowed down, left us behind.
This is the starting of a fallen love.
Fallen love."
NA: WOAH! ¿Siguen ahí? Este capítulo ha sido LARGUÍSIMO. La verdad es que pensé en dividirlo en dos partes, pero luego decidí no hacerlo para no postergar el encuentro. Me gustaba la idea de que Damon y Elena se conociesen en el primer capítulo. (Bueno, técnicamente se conocieron en el prólogo, pero... Ustedes saben a lo que me refiero). Y sí, he colocado algunas frases de la serie. No pude evitarlo. Me encantó la escena donde se conocieron por primera vez. Definitivamente mi favorita.
Me ha tomado más de SIETE horas escribir este capítulo, más que eso, la verdad. Comencé ayer y lo terminé hoy, finalmente. Aplausos para mí.
Ahora, espero que les haya gustado y dejen sus comentarios. Me encanta saber la opinión de los demás sobre mi escritura. ¿Soy vanidosa? Probablemente. Pero la única manera de que los capítulos sigan publicándose es si la musa ha sido bien alimentada. Y mi musa se alimenta de opiniones. Así que... ¡háganlas llegar!
Muchísimas gracias por haber leído este capítulo. Lo actualizaré lo antes posible. Estoy pensando en el camino que recorrerán Damon y Elena después de este encuentro. Demás está decir que acepto cualquier sugerencia ;)
Les dejo acá el listado de canciones que he utilizado para este capítulo. ¡Era una fiesta!
Sexin' On The Dance Floor - Cash Cash ft. ADG.
I Like It Loud - Cash Cash
Bootie in Your Face - Deorro (no está mencionada, pero la estuve escuchando mientras escribía.)
Chronicles of a Fallen Love - The Bloody Beetroots ft. Greta Svabo Bech
Mucho amor y abrazos para todos,
Javiera.
P.D.: No se acostumbren a que publique los capítulos diariamente, porque me conozco, y sé que eso no va a durar. Nope. Aunque trataré lo máximo posible de publicar el próximo capítulo dentro de poco.
