Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecen a L. J. Smith y Julie Plec. (Aunque daría lo que fuera por tener a Damon. Pero la vida no es justa -se cruza de brazos y hace un puchero).
"It's the most important thing there is. Love. Finding the right person to spend your life with. [...] Love finds you, son. You don't find love. It's got a little bit to do with destiny, fate, what's written in the stars..."
Capítulo 2 - Love Finds You
Querido Diario:
No podría dormir aún si lo intentara. Un cansancio extremo parece haberse apoderado de mi cuerpo, y aun así, no puedo cerrar mis ojos ni calmar los latidos de mi corazón. Trato de controlar mi respiración y relajar mi mente. Pero me es imposible. Termino mirando al techo mientras siento cómo la sangre bombea en cada parte de mi cuerpo. Un palpitar frenético y constante. Mi corazón no parece querer descansar.
Por lo que decidí escribir. Es lo primero que hago cuando necesito despejar mi mente e intento hacerlo cada vez que puedo. Si no escribiera tan a menudo, doy por seguro de que ya habría perdido la cabeza.
No puedo dejar de pensar y mi mente está completamente activa sin importar cuan agotada me encuentro.
Cuando llegué a casa todas las luces estaban apagadas y nadie parecía estar despierto, así que subí a mi habitación tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a mis padres. Eran casi las cinco de la mañana y aunque sabía que no me retarían ni me castigarían por llegar tarde (al menos no hoy por haber estado en mi fiesta de cumpleaños), no deseaba hablar con ellos.
No quería hablar con nadie. Solo me quería tirar encima de la cama y dejar que las horas transcurrieran. Mañana no tenía clases, así que podía dormir hasta altas horas de la tarde.
Apenas logré lavarme los dientes y la cara, cambiar mi vestido por mi cómodo pijama y correr las sábanas de mi cama antes de lanzarme a ella.
Me duele todo el cuerpo, cada músculo parece gritarme cada vez que me muevo. Mis piernas y brazos parecen haber adquirido mil kilos más. Me da la impresión de que en vez de huesos, carne y sangre, ahora estoy echa de plomo.
Sé que esta es la consecuencia de todos los bailes que compartí con Damon.
Bailé toda la noche hasta que mis piernas no daban más. Ahora que lo pienso, creo que bailamos por horas. Y no me arrepiento ni un poquito.
Aunque sea precisamente él la razón por la cual no puedo dormir en este momento. No me importa. Bailar con Damon fue extraordinario.
No sólo porque es excelente en ello, porque créeme, lo es. Pero… un baile con Damon parece ser eso y a la vez muchísimo más. Incluía coqueteo, conversación de vez en cuando y… él intentó besarme. ¡A MÍ!
Sí, intentó. No llegó a cumplir su objetivo. Oh, siento como mis mejillas arden de tan solo recordarlo.
Mientras él y yo nos movíamos al ritmo de la música, nuestros cuerpos habían estado tan unidos que ningún centímetro nos separaba, nuestros alientos con el fuerte olor a alcohol se mezclaban y su mirada se mantuvo pegada a la mía. Aquellos penetrantes ojos de hielo jamás abandonaron los míos.
Cuando una canción lenta y sensual llegó hasta nuestros oídos, él aprovechó esa oportunidad y trató de capturar mis labios con los suyos, pero yo me aparté al instante.
Sabía que había sido la decisión más estúpida que había hecho en mi vida una vez que él me miró algo perplejo. Mis acciones contradecían el ardiente deseo que tenía mi cuerpo por él. No se cómo pero creo que él lo notó, porque una mirada divertida cruzó por su rostro. Creo que se dio cuenta de mi lucha interna.
Pero no me pareció correcto, ¿sabes? No es que no quería besarlo, porque quería y con todas mis ganas. Pero… no lo sé. No quería que él pensara que yo era así de fácil. Porque no lo soy. Y sé que era tan solo un simple beso, pero un beso para mí es algo mucho más íntimo. Es algo que se comparte entre dos personas que se aman.
Con el atractivo que Damon posee no es difícil de imaginar que un montón de chicas deben estar detrás de él. Maldita sea, yo misma me encontraba detrás de la fila de mujeres hormonales. Y esa sonrisa suelta bragas podría haberle concedido el permiso de acostarse con un número incontable de mujeres. Mujeres que pensarían que yo era una idiota por haberlo rechazado.
Probablemente lo soy.
La personalidad de Damon rebosa encanto y sabe usarlo a la perfección. Él es un experto en el arte de la seducción y estoy segura de que también sabe el efecto que provoca en las mujeres. Yo misma había caído rendida a sus pies con tan solo una sonrisa hacia mi dirección.
Quizás yo soy demasiado prejuiciosa y tiendo a categorizar a la gente sin antes conocerla. Pero algo en Damon me decía que él era un mujeriego, que sabía cómo arreglárselas para ganarse a una mujer, que las entendía y usaba ese conocimiento a su favor. No lo encontraba repugnante como en otra ocasión me habría resultado. Por el contrario, creo que aquello lo hacía aún más atrayente.
Pero yo no quería convertirme en un número.
No me hizo falta estar mucho tiempo junto a él para darme cuenta de esto, y ahora que mis pensamientos se encuentran libres de su influencia, puedo decir que él es un hombre peligroso. No puedo estar segura alrededor de él. No porque fuera a hacerme daño, sino porque… Es como si perdiera el control de mis acciones cada vez que lo veo, cada vez que me habla.
Pero yo no soy como las demás chicas. Yo no me rindo fácilmente ante un chico. Creo que en orden de estar con alguien primero uno debe llegar a conocerlo.
Era consciente de que si mis labios tan sólo entraran en contacto con los suyos, ya no habría vuelta atrás. Lo deseaba demasiado. No recuerdo haber deseado a una persona con ésta intensidad. Demonios, ni siquiera he deseado a un chico hasta ahora. Con Matt siempre se trató más bien de una amistad y jamás hubo química entre nosotros, no existía ni pasión ni deseo. Así que todo esto es nuevo para mí. La agresividad de mi deseo me había tomado por sorpresa y me aterró a la vez. Si Damon supiese lo que era capaz de hacer, del control que ya ejercía sobre mí, entonces yo estaría acabada. Me hizo sentir frágil y algo patética. Él era definitivamente alguien peligroso.
Pero no quería decepcionarlo ni hacerle parecer que no estaba interesada en él, pero mi voluntad fue más fuerte que el deseo de mi cuerpo.
A Damon lo conocí esta misma noche y por muy guapo y agradable que sea, no me traicionaría a mí misma de ese como ante un extraño. Porque eso es lo que es.
No sé de donde viene, no sé nada de su vida. En ese instante ni siquiera sabía su apellido. Era un completo desconocido para mí.
No podía arriesgarme de esa manera.
Ni herir a Matt, que seguramente nos estaba mirando desde alguna parte.
No quería que me viese besando a Damon. Sí, ambos habíamos terminado y acordado seguir siendo amigos, pero sabía que él aún me amaba y eso acabaría por destrozarlo. Ya le había hecho suficiente daño y Matt no necesitaba que yo le quebrara el corazón por segunda vez.
Pero Damon notó mi rechazo.
-¿Demasiado pronto? –me preguntó con una sonrisa.
Asentí, algo afligida pero aliviada de que se lo haya tomado con calma.
-Lo siento –le dije-. No quiero que pienses que te estoy dando ilusiones. Es sólo que…
Pero él sólo se rió e hizo un gesto con la cabeza para restarle importancia, pidiéndome que no me preocupara y asegurándome que entendía. Sentí la necesidad de explicarme, por muy ridículo que eso suene, así que le confesé que no era así siempre, en el sentido de que no solía ser tan… atrevida.
Me sentí algo abochornada cuando mencioné que mi ex también estaba en la fiesta.
Damon se sorprendió ante esta revelación y sus cejas se alzaron hasta casi llegar al nacimiento del pelo. Fue algo cómico y me habría reído de no ser por la expresión sombría que cruzó por su rostro. No pareció muy contento con lo que acaba de decirle.
-¿Lo invitaste? –Preguntó-. Pensé que no habían quedado bajo buenos términos.
-Trabaja acá –le aclaré-. Pero no, él y yo seguimos siendo buenos amigos.
-Pero él aún quiere volver contigo –inquirió.
No podría haber estado más en lo correcto.
Después de eso, la conversación pareció morir pero eso no evitó que siguiésemos bailando. Damon me convenció de que ignorara mis preocupaciones y que disfrutara el momento. Y lo hice. No recuerdo haber bailado tanto en mi vida. Llegamos a un punto en el cual mis pies me estaban matando y apenas podía mantenerme en pie. Damon se dio cuenta de eso y me invitó a beber un par de tragos. Accedí al instante. Estaba jadeando por aire y mi cuerpo estaba bañado de sudor. Pero a él no pareció desagradarle.
Su aspecto era completamente distinto al mío. No mostraba ningún signo de cansancio. Se veía bastante animado y supuse que habría seguido bailando conmigo sin parar durante el resto de la noche de no ser porque mis piernas ya habían perdido algo de movilidad.
Pero no desperdiciamos el tiempo. No, yo aproveché de recolectar algo de información sobre él. Algo que me permitiera descifrar el acertijo que era este hombre. Necesitaba algún indicio de su vida anterior, necesitaba saber su historia. Quería saber quién era él realmente, si planeaba quedarse, si lo volvería a ver.
Era completamente ajeno a mi vida, pero no quería que se fuera. No quería que desapareciera. No quería que sólo fuera "el chico en el bar".
Quería que fuera parte de mi vida.
Después de varios shots de tequila con limón y sal, la conversación fluía con naturalidad. Sentía como el líquido quemaba mi garganta, pero era un ardor agradable. Y me sentía relajada. Ni mareada ni cansada, en ese momento me sentía cómoda bebiendo y hablando con él. Damon no era la peor compañía del mundo.
Su nombre era Damon Salvatore. Yo había tenido razón cuando asumí que los dos hermanos de los que Bonnie me habló debían de ser Salvatore, porque Damon me dijo que había llegado al pueblo con su hermano Stefan hace un par de horas.
Cuando le pregunté si se dedicaba a algo o si estaba estudiando, él me dijo que hasta el momento no estaba interesado por ningún empleo pero que sí había estado unos años en la universidad, aunque esta tampoco logró captar su interés por lo que la abandonó sin pensarlo dos veces. No se veía muy preocupado sobre qué hacer de su vida por lo que supuse que debería de tener dinero guardado.
Quizás los Salvatore son una familia adinerada. Quizás tienen tanto dinero como los Lockwood. No sería extraño, quiero decir, son una de las familias fundadoras. Las familias más importantes de Mystic Falls. Algo así como la élite de este pueblo. Probablemente Damon era el heredero de toda la herencia familiar.
Confirmó lo que Bonnie me había contado. Dijo que se estaba quedando en la casa de huéspedes con su tío Zach. Y si consideramos la gran mansión en la que vive, debe de tener un montón de dinero asegurado.
Confesó que no había querido venir a Mystic Falls en primer lugar porque le traía malos recuerdos y no quiso especificar sobre qué tipo de recuerdos cuando le pregunté. Tan solo dijo que no le gustaría hablar de eso porque arruinaría el humor de la noche. Por lo que para cambiar de tema, le pregunté qué lo había traído hasta acá y él me respondió que su hermano lo había convencido de regresar al pueblo.
Durante todo mi interrogatorio él había estado mirando el vaso con bourbon que acababa de pedir y luego mi rostro cuando yo sorbía de mi recién servido vaso de tequila sunrise. Pero cuando le pregunté sobre cuánto tiempo se quedaría en Mystic Falls, él me miró directo a los ojos.
-No estoy seguro. Si me lo hubiese preguntado cualquier persona hoy en la tarde, le habría dicho que me iría lo antes posible. Pero ahora… Mystic Falls no parece un pueblo tan aburrido, después de todo.
Oh, Diario. Mi corazón casi se me salió del pecho cuando volvió a sonreírme con aquella coqueta sonrisa.
Él aprovechó que tenía la guardia baja para comenzar su propio interrogatorio. Logró conseguir más información de la que me hubiese gustado compartir, pero sus preguntas eran bastante simples. Me preguntó si vivía con mis padres, si me gustaba lo que enseñaban en el instituto. Que planeaba hacer una vez que me graduara de la secundaria y si planeaba comenzar a salir con alguien o si prefería permanecer soltera.
Me puse tan roja como un tomate y él re rió complacido cuando le dije que no estaba adversa a salir con alguien, pero que me gustaría disfrutar de mi soltería por un tiempo.
Cuando Matt anunció el cierre del bar, Damon se ofreció a conducirme hasta mi casa. Me dijo que su auto estaba estacionado afuera y que yo estaba demasiado desabrigada como para irme caminando hasta mi casa. Luego de eso, se sacó su propia chaqueta y la colocó sobre mis hombros.
Aún la tengo puesta. Huele a cuero, a un delicioso perfume y un olor irreconocible que tan solo podía provenir del propio Damon.
Me negué a su propuesta diciéndole que no era necesario pues mi amiga Bonnie me había traído hasta acá y que habíamos acordado que ella me llevaría de vuelta. Trató de convencerme de que aceptara la oferta diciendo que no era ninguna molestia. Pero en ese mismo instante llegó Bonnie preguntándome si estaba lista para irme.
Bonnie miró a Damon algo recelosa. No pareció afectada por su atractivo y lo miraba como si él estuviese haciendo algo indebido.
-Damon Salvatore –se presentó él estirando su mano hacia ella con elegancia.
Damon tampoco se mostró tan simpático como lo había sido conmigo. Me di cuenta al instante de que su sonrisa era falsa y había una dureza en sus ojos que no había visto antes. No me hubiese gustado estar en la posición de mi amiga y mi lado protector salió a flote.
Pero ella parecía segura de sí misma. Y antes de cualquier cosa, me dirigió una mirada reprobatoria. ¿Por qué lo hizo? Aún no lo comprendo.
-Bonnie –se limitó a decir ella.
Ambos estrecharon sus manos y los ojos de Bonnie parecieron salírsele de las cuencas. Se giró bruscamente hacia mí, algo pálida y me preguntó apresuradamente.
-¿Vamos?
Asentí. Quería separarlos lo antes posible. Bonnie parecía algo agitada y me pregunté si habría tenido otra de sus visiones. Damon, por otro lado, tenía una mirada calculadora, observaba a mi amiga como si estuviese haciendo un análisis mental. No parecía muy contento ante la presencia de ella. Su mandíbula estaba tan tensa que casi podía oír como apretaba los dientes.
-Estaré esperando en el auto –dijo mi amiga.
Prácticamente se echó a correr hasta la puerta, esquivando a las personas que bloqueaban el camino.
Damon arqueó una ceja en mi dirección. Yo tan solo me encogí de hombros.
-Debió haberse olvidado de algo –mentí.
Por lo visto, él no se tragó mi mentira. Entrecerró sus ojos en mi dirección, pero aquella chispa, el brillo en sus ojos había vuelto. La expresión sombría que había adquirido su cara cuando Bonnie había aparecido ya se había esfumado y ahora era el mismo Damon con el que yo había estado hablando hasta hace unos minutos atrás.
-Fue agradable conocerte, Damon –le dije.
Y lo decía en serio.
Lentamente su sensual sonrisa de lado apareció.
-Fue genial conocerte a ti también, Elena.
Se inclinó para agarrar mi mano y le dio un beso al reverso de esta. Sus modales anticuados y a la vez tan encantadores casi me provocaron un ataque cardíaco. Me derretí en ese mismo instante.
Oh, diario. Que hombre tan encantador. No puedo dejar de pensar en Damon. Pero no estoy segura de sí lo volveré a ver. No intercambiamos números ni tampoco acordamos vernos otro día. Puede que él se vaya de Mystic Falls mañana mismo y yo jamás lo sabré.
No sé por qué, pero aquel pensamiento me deprime un poco.
Algo interesante finalmente acaba de pasar en mi vida y hay una posibilidad de que no lo vuelva a ver nunca más. Podría, porque sé dónde encontrarlo pues sé la dirección de la casa de los Salvatore. Pero no quiero parecer una acosadora o una arrastrada.
Pero me gustaría verlo nuevamente.
Supongo que si le intereso lo suficiente él se daría el tiempo de buscarme por algún lado, ¿no?
A quien engaño. Jamás en la vida él se interesaría en una estudiante de un instituto. Soy mucho más joven que él y es probable que a él le interese salir con chicas de su edad. Mujeres que serán capaz de satisfacer sus necesidades. Porque él es un hombre y yo soy tan solo una adolescente que todavía no ha perdido la virginidad.
No. No hay manera en el infierno de que yo capte su atención. Lo que ocurrió hoy es un milagro del universo, y probablemente jamás se repetirá. Lo bueno no dura para siempre. Al menos lo disfruté mientras duró. Ahora mismo me arrepiento de no haberlo besado. Dios, que estúpida fui. Pero será mejor que atesore este recuerdo en lo profundo de mi memoria porque no volverá a repetirse.
Aunque su chaqueta sigue en mi posesión.
Eso significa que debe recuperarla, ¿no es cierto? Hay una posibilidad, por muy remota que sea, de que lo volveré a ver.
Eso tranquiliza a mi desconsolado corazón.
Bueno, ahora que he logrado calmar mis agitados pensamientos veré si puedo conciliar el sueño. Quizás pueda dormir hasta después del mediodía. Así lograría reponerme de la resaca que seguro tendré.
Con amor y demasiado cansada para seguir escribiendo,
Elena.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~D&E~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
No sé cómo llegué a parar hasta acá. Lo último que recuerdo fue que dejé mi diario en su escondite habitual detrás del cuadro que está por sobre el respaldo de mi cama. También recuerdo haber apagado la lámpara del velador, luego me acomodé en mi cama y me cubrí con las sábanas, dispuesta a dormir.
Así que no tengo idea de cómo llegué hasta acá. No sé cómo di a parar al medio del bosque con nada más ni nada menos que mi pijama. Unos shorts demasiado cortos que no llegaban ni a la mitad de mi muslo y una camiseta de tirantes. Sé que no era la estación del año más adecuada para andar vestida de este modo, pero cuando tu casa tiene calefacción, no parece haber nada que te lo impida.
Salvo que ahora no estaba en mi casa, sino que estaba rodeada por un montón de árboles tan altos que debían de tener más de cien años. La luna brillaba sobre la copa de estos y el follaje no permitía que la luz se filtrara, por lo que abajo donde yo me encontraba no llegaba ningún rayo de luz y estaba todo demasiado oscuro como para poder divisar algo en la distancia.
Debería de estar en lo profundo del bosque porque no oía más ruido que el de los animales que caminaban sobre las hojas que habían caído al suelo. No me inquietó porque debían de ser animales pequeños, ya que el sonido de sus pisadas pasaban desapercibido salvo por el crujir de las hojas. De vez en cuando el ulular de un búho que merodeaba a mí alrededor llegaba a mis oídos.
Ningún motor que me indicara la existencia de un auto en las cercanías, ni el murmullo constante de los autos al cruzar la carretera. Nada que se relacionara a la civilización humana.
Me encontraba tan sola que me dieron ganas de llorar. Tenía mucho frío y el aire estaba tan helado que parecía cortar mi piel cada vez que me movía. Con lo poco que veía, alcé mis manos hasta mis rostros y forcé mi vista para poder examinarlas. Sobre los nudillos se habían formado grietas que ahora estaban enrojecidas y habían comenzado a sangrar. Mi piel había comenzado a partirse.
Froté mis palmas para generar algo de calor con el roce y luego las coloqué sobre mis antebrazos, tratando de calentar mi cuerpo. Tenía la piel de gallina y los pelos de mis brazos estaban erizados. Tenía los pies descalzos y podía sentir la humedad del suelo. Traté de reprimir mi asco y dominar el temor que comenzaba a dominarme. Siempre he sabido que los bosques están llenos de insectos y arácnidos, y la idea de que una araña enorme comenzara a escalar por mi pierna me aterraba.
Me estremecí. Algo cálido y húmedo se deslizó por mi mejilla.
Estaba llorado, y eso me hizo sentir patética. Ya no era la niñita que le tenía miedo a la oscuridad. Era más fuerte que eso.
Traté de reconfortarme con los recuerdos de mi infancia. Caroline, Bonnie y yo solíamos venir a jugar a los bosques todo el tiempo y conocíamos algunas rutas de memoria. Aunque claro, jamás nos habíamos adentrado tanto porque sabíamos que podríamos perdernos, y mucho menos de noche.
La idea de quedar abandonadas en medo del gigantesco bosque de Mystic Falls no era atractiva. Este bosque tenía kilómetros y kilómetros de distancia. Era oscuro como boca de lobo por las noches y en él habitaban animales salvajes.
Papá me había contado que antiguamente solían haber lobos, pero que actualmente no se sabía de la existencia de ellos. Podrían haber emigrado a un mejor hábitat o quizás se refugiaron donde nadie pudiese encontrarlos.
La idea de encontrarme con uno tan solo aumentó mi terror.
Tentativamente comencé a dar unos pasos en cualquier dirección. No podía orientarme, y no había modo de guiarme. Ni siquiera la estrellas se veían por sobre las copas de los árboles. Así que me concentré en caminar en una sola dirección.
No había explicación lógica que me dijese cómo llegué a este lugar salvo que todo se trataba de un sueño. Debía de estar soñando, era lo único que tenía sentido. Una horrible pesadilla.
De la que no podía despertar.
Fui moviéndome cada vez con mayor velocidad hasta terminar corriendo. Pero algo se enredó en mi pie provocando que cayera contra el empapado suelo. Traté de proteger mi cara y aterricé en mis brazos. Las raíces enterrándose en mi piel.
Un sollozo se escapó de lo profundo de mi pecho.
-Despierta, Elena –me ordené en voz alta, mi voz interrumpida por mis gemidos de dolor-. Vamos, despierta.
Mi cuerpo y mi pijama se humedecieron por completo. Mi piel estaba congelada y no podía parar de temblar. Traté de reunir el valor suficiente para ponerme de pie, sin parar de llorar en ningún momento. Un dolor agudo se extendió por mi brazo, y estaba segura de que había comenzado a sangrar porque un líquido oscuro y cálido comenzó a correr desde el codo hasta la muñeca de mi brazo izquierdo.
La herida era profunda y la sangre no paraba de correr. Mi padre era médico y si él estuviese acá habría dicho que había pasado a llevar una vena importante.
Mis instintos de supervivencia parecían estar pasando por un momento decisivo. Limpiar la herida como me fuera posible y hacer un torniquete con trozos de tela para detener el sangrado o conservar mi ropa como medio de protección aunque estas estuviesen mojadas para evitar estar tan expuestas y arriesgarme a morir desangrada.
Un fuerte resfriado o morir de hipotermia parecían ser inevitables. Y sea como sea, no podía evitar el frío, por lo que limpié mis manos en la tela del short, pasándolas por mi trasero, ya que era la única zona además de mi espalda que no estaba húmeda producto de mi caída. Agarré el extremo inferior de mi camiseta y la subí, alzando los brazos y deslizándola por sobre la cabeza. La adrenalina me dio la fuerza suficiente para rasgar la tela con mis propias manos.
Tomé uno de los trozos y lo deslicé por la herida, tratando de limpiarla. Dolía un montón por lo que intenté hacerlo todo lo más rápido posible. Luego utilicé un trozo de tela limpio y lo rodeé por sobre la herida, girándolo y apretándolo hasta que corté la circulación de mi brazo y detuve el sangrado. Para finalizar, hice un nudo utilizando mi mano derecha y mi boca para tirar de él. Me costó al principio. Mis manos estaban tan heladas y mojadas que me costaba moverlas y aferrarlas a la tela, pero después de unos minutos lo logré.
-Listo –exhalé algo cansada.
No había perdido tanta sangre. Pero la adrenalina había abandonado mi cuerpo y pude sentir como el cansancio sucumbía mi cuerpo cuando notó la ausencia de esta hormona. El oxígeno ya no circulaba por mis venas como antes y me sentía más débil que antes. Mi piel parecía estar sumergida en agua congelada y cada vez que respiraba, era como si el hielo ingresara por mis fosas nasales.
La parte superior de mi cuerpo estaba completamente desnuda y sometida al frío. Me acerqué a un árbol y me abracé a mí misma, tratando de conservar el calor. Me senté en el suelo y acerqué mis piernas hasta mi pecho.
Un ruido llamó mi atención.
Era más fuerte que las pisadas que había oído antes. Si era un animal este debía de ser muy grande. Podía escuchar sus grandes zancadas aproximándose hacia donde yo me encontraba a gran rapidez. ¿Un lobo?
Bueno, si esto no se trataba de un sueño iba a morir de todos modos.
¿Sería posible morir en la vida real si alguien te mata en un sueño? Jamás había oído hablar de ello. Pero todo esto parecía tan real. Quizás si despierto después de esto debería buscarlo en Google.
Me reí amargamente. Las lágrimas habían vuelto a aparecer.
Alcé la vista para encontrarme con lo que supuse que sería mi muerte inevitable. Mi cuerpo se tensó aún más de lo que estaba. Y no fue por el frío.
No. Los árboles estaban rodeados de esa niebla espesa y la silueta del hombre había vuelto a aparecer.
Un sueño.
Suspiré un poco más aliviada.
El hombre se aproximó cruzando la niebla. Ya no era una mancha poco definida, ahora era una figura bien formada. Él estaba trayendo una chaqueta de cuero, vaqueros negros y botas.
Mi cuerpo se estremecía dolorosamente. Mis músculos habían perdido la movilidad y mis brazos cayeron a mis costados. Lo único que tapaba mi pecho desnudo eran mis piernas. Yo estaba apoyando la mejilla en mis rodillas.
En vez de sentirme asustada, me sentí calmada. A salvo. Él me ayudaría. Ya no lo veía como al acosador en medio de la calle que quería raptarme. Ahora él era mi salvador. Él me llevaría a algún lugar cálido y me curaría.
Podía sentir como los latidos de mi corazón se volvían cada vez más lentos pero en vez de encontrar esto alarmante lo consideré una buena señal. No estaba asustada. ¿Debía estarlo?
-Elena.
No. Él sabía mi nombre. Él me conocía. No tenía de qué preocuparme.
Lo miré nuevamente. Estaba demasiado oscuro como para distinguir su rostro, pero de un modo u otro pude ver sus ojos. Estos eran tan azules como el cielo y tan claros como el agua.
El hombre parecía estar sonriendo.
Oí un graznido y mis ojos se movieron lentamente hacia lo alto un árbol. El cuervo negro parecía estar mirándome desde ahí. Su plumaje brillaba incluso en la penumbra.
-Ven conmigo, Elena –dijo el hombre.
Su voz era tan suave que me invitaba a aceptar su orden. Traté de alzar un brazo y mi cuerpo protestó ante esa pequeña acción. Él tomó mi mano y se agachó hasta que sus ojos quedaron al mismo nivel que los míos. Su contacto era sorprendentemente cálido y mi brazo dejó de sacudirse.
-Quiero que seas mía.
Solo lo miré. Sus ojos descendieron hasta la línea roja de sangre que aún no se secaba.
Ese rostro. Lo había visto antes.
-No tienes idea de lo que puedo ofrecerte, Elena.
Movió su mano libre hasta el oscuro líquido, embadurnando su blanco dedo de rojo.
Esa voz.
-¿Permitirás que te lo enseñe? –preguntó mirando simultáneamente a su dedo y a mí.
Asentí.
-Hmm, eso creí –dijo complacido-. Nos vemos pronto, Elena.
Se llevó el dedo a la boca y un gemido de placer retumbó desde lo profundo de su garganta. En vez de encontrarlo repulsivo, solo sentí curiosidad hacia él. ¿Por qué estaba haciendo eso?
El cuervo volvió a graznar.
Desperté sobresaltada. Una mano en mi pecho y la otra aferrada a las sábanas, como para asegurarme de que estaba en mi cama. En mi habitación.
Todo parecía en orden. Las cosas estaban en su lugar tal y como las había dejado antes de dormir.
Otro potente graznido.
Seguí el sonido con la vista. La ventana estaba abierta de par en par y el cuervo negro estaba apoyado en la rama del árbol que estaba junto a mi pieza.
Corrí hacia él.
-¡Shuu! –traté de espantarlo.
El cuervo lanzó un chillido y comenzó a aletear sus alas, elevándose y emprendiendo el vuelo. Desapareciendo en la noche.
Cerré la ventana rápidamente y me aseguré de dejarla con pestillo. Había estado tan casada que lo había olvidado por completo cuando me fui a dormir. Me reprendí por mi estupidez. Ahora hacía tanto frío en mi pieza como en el exterior.
Cuando me disponía a juntar las cortinas, vi movimiento abajo en el jardín. Me asomé, mi cara casi tocando el cristal.
Pero ahí no había nada. Solo el césped uniforme y los árboles que daban la bienvenida al bosque. Deslicé la tela suavemente tratando de no hacer mucho ruido para no despertar a mis padres y me acerqué a mi cama.
Tan pronto como volví a deslizarme por las sábanas cubrí mi rostro con mis manos.
Traté de recordar mi sueño pero las imágenes eran algo borrosas. Pero el dolor había sido tan real. El frío, la humedad, el silencio sobrecogedor, la calidez de la sangre.
Me estremecí. Una pesadilla, tan solo eso.
No podía recordar nada concreto salvo trozos de tela. Más sangre.
Cerré mis ojos y forcé a mi mente para que recordarse.
Un cuervo.
El hombre.
"Quiero que seas mía".
NA: Primero que todo, quiero disculparme por la tardanza. 21 días tardé en publicar este capítulo. Me sentía muy aprensiva por el resultado y no estaba segura de publicarlo. Lo escribí semanas atrás, pero no estaba muy conforme por lo que lo borré por completo y lo escribí de nuevo, y luego lo reescribí y modifiqué. Creo que ahora estoy algo más contenta, pero me gustaría saber qué piensan ustedes al respecto.
Ahora, quiero agradecerle a todos aquellos que han comentado y han dado reviews a mis capítulos. Se los agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Me alegra un montón, y me hace aun más feliz que alguien me dedique algo de su tiempo para leer lo que he escrito, y me hace aún más feliz saber que les ha gustado lo que he escrito. Mi musa está vuelta loca, haciendo bailes de victoria y dando saltos por todas partes. ¡Gracias de nuevo!
Creo que se pueden dar cuenta de que en el final de este capítulo Damon se parece un poco más al Damon de los libros. Me encanta tanto el Damon de los libros como el de la serie. Y los momentos en los cuales Damon intentaba seducir a Elena para que lo siguiera al reino de las sombras... -suspira-. Me encanta.
Quería escribir sobre todo lo que pasó en el bar, para mostrar la conexión que se generó entre Damon y Elena. El próximo capítulo será sobre lo que ocurría al día siguiente. Estoy pensando en la trama, en el viaje que harán Damon y Elena. Buscando y descartando ideas. Así que está de más decir que acepto sugerencias. Si tienen alguna idea, estoy más que feliz de recibirlas.
Se vienen mis vacaciones de invierno, así que aprovecharé este tiempo para escribir. Y espero -cruzando los dedos-, actualizar el fanfic lo más pronto posible.
Gracias nuevamente. Mucho amor y abrazos para todos,
Javiera.
