Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecen a L. J. Smith y Julie Plec. Nada acá me pertenece salvo mi escritura.
"[...] Lying is bad. Or so we are told constantly from birth. Honesty is the best policy, the truth shall set you free, I chopped down the cherry tree. Whatever. The fact is: lying is a necessity. We lie to ourselves because the truth... The truth freaking hurts. No matter how hard we try to ignore or deny it, eventually the lies fall away, like it or not. But here's the truth about the truth. It hurts. So we lie."
Capítulo 3 - So We Lie
Abrí los ojos de golpe. Mi cerebro todavía no estaba lo suficientemente despierto como para darse cuenta de lo que ocurría a mi alrededor por lo que intenté concentrarme lo máximo posible para poder averiguar de dónde provenía aquel ruido infernal que acababa de despertarme.
Lo identifiqué como un golpe fuerte, constante e insistente contra la madera.
O alguien quería entrar a mi habitación o quería que yo saliera de esta. Gemí y me di vuelta en la cama quedando boca abajo. La tela de la almohada pegada a mi rostro.
Quien sea que estuviera al otro lado podría esperar. No me levantaría a menos que fuera una emergencia. Corrección, no me levantaría ni aunque fuera una emergencia. El mundo podría sobrevivir sin mí por unas horas más. Ahora mismo, no tenía ganas de levantarme.
Después de la pesadilla me costó un mundo volver a quedarme dormida. No podía quitarme el horrible presentimiento de que alguien me estaba observando y estuve un buen rato mirando a las sombras de mi habitación como si alguien fuera a aparecer de la oscuridad en cualquier momento. Traté de convencerme de que era un pensamiento estúpido pero mi instinto me decía que no era así, que yo estaba en lo correcto. Alerta y asustada, no me atreví a cerrar los ojos. Por lo que terminé encendiendo la lámpara de mi velador, cerré la puerta con pestillo y evité mirar al espejo de mi tocador.
Esperé a que amaneciera para poder apagar la lámpara y recién cuando la pálida luz del alba se filtró por las cortinas iluminando débilmente mi habitación pude cerrar mis ojos y me sumergí en un profundo sueño libre de pesadillas.
Un glorioso sueño reparador que acababa de ser interrumpido.
-¡Elena! –Gritaron desde el pasillo-. ¡Abre la maldita puerta, perra!
Iba a matar a Caroline. Si mi mamá llegase a oírla iba a matarnos a ambas.
-¡Vamos, Elena! –Volvió a gritar-. Sé que estás despierta. ¡Es urgente!
Puede que se dé por vencida si la ignoro por completo.
Me giré nuevamente y miré fijamente al techo sin la menor intención de abrirle. Dejé que los segundos pasaran, cruzando los dedos y deseando que Caroline se marchara. Pero justo cuando volvía a cerrar mis párpados ella volvió a golpear la puerta, esta vez más fuerte.
-¡Estoy durmiendo! –Grité exasperada.
Los golpes cesaron.
-¡No, no lo estás! –La manilla de la puerta se estremeció-. ¡Ábreme la puerta!
¿Es que no podía entender que no quería abrirle? Uno pensaría que a este punto ella ya habría captado la indirecta.
-¡Estaba durmiendo hace un minuto atrás! –Gimoteé-. Vuelve más tarde, Caroline. Quiero dormir.
-¡No, no puedo volver más tarde!
-La fiesta terminó muy tarde. ¡Vete a dormir!
Mi paciencia tenía un límite y Caroline estaba a punto de alcanzarlo.
-¡No puedo dormir! –Gruñó-. ¡Abre la puerta, Elena!
-¡Pero yo quiero dormir! –Estaba prácticamente suplicando.
-¡No me importa! Ahora cállate y abre la puerta –me ordenó.
Resignada aparté las sábanas de mi cuerpo y me senté en la cama. Exhalé vaciando mis pulmones. La cabeza me retumbaba y sentía como la sangre bombeaba en mis sienes. Inhalé repetidamente tratando de ignorar el mareo y las ganas de vomitar. Como si esto fuera poco, también estaba adolorida de pies a cabeza y si no hubiese podido recordar la noche anterior habría pensado que alguien me molió a golpes, pero sabía a quién culpar por el cansancio y la resaca. Yo era la única culpable.
Me levanté a duras penas y caminé lentamente hasta la puerta, presioné el pestillo y volví a tumbarme sobre la cama al mismo tiempo que Caroline abría la puerta segundos después.
-Finalmente –dijo mordaz.
Miré el reloj despertador. Eran apenas las diez de la mañana. Haciendo un breve cálculo mental llegué a la conclusión de que dormí tan solo cuatro miserables horas, y con Caroline a mi lado no podría volver a dormir. Rendida ante mi destino, mi estado de ánimo comenzó a inclinarse hacia la irritabilidad así que decidí descargar mi frustración contra ella.
-Oh, Dios. Caroline, ¿qué estás haciendo acá? –Pregunté sin levantar la cabeza de la almohada-. ¿No podías esperar hasta más tarde? No he dormido nada y estoy realmente cansada. No tengo ganas de nada.
Ella simplemente me miró de reojo con una mueca burlona y abrió las cortinas. Mis retinas ardieron por el cambio de luz y me tapé el rostro, reprimiendo un gruñido.
Afuera estaba nublado y corría un fuerte viento que hacía que el árbol del jardín se balanceara hacia los lados, las hojas temblaran y las ramas chocaran contra el cristal. Para estar a comienzos de otoño, hacía más frío de lo normal.
Caroline andaba trayendo una gruesa chaqueta de mezclilla azul sobre un top con peplo de color blanco, vaqueros y botas.
-No, no puede esperar.
El colchón se hundió con su peso cuando se sentó a mi lado.
-Está bien –suspiré pesadamente-. ¿Qué es eso tan urgente que no puede esperar?
-Conversación de chicas –dijo alegre-. Tenemos mucho de lo que hablar.
-Tienes que estar bromeando –protesté-. ¿Era necesario despertarme a esta hora sólo porque quieres hablar conmigo? –Me volteé para mirarla. Ella arqueó una ceja, desafiándome a decir algo más-. ¿Y quién te dejó entrar?
Caroline sonrió sin molestarse por mi actitud.
-Tu mamá.
-¿Y estuvo de acuerdo con que me despertaras?
Asintió y extendió su mano frente a su rostro, miró sus uñas y examinó el delicado y perfecto diseño hecho con pintura.
-Estaba arreglándose para salir y me dijo que te dijera que no planeaba regresar hasta la cena.
-¿Dijo adónde iba?
-Sip. Mencionó algo sobre una junta con Carol Lockwood. Mi mamá también tuvo que ir, por cierto. No me dijo de qué se trataba, puede que sea una junta del Consejo.
Negué con la cabeza. Por lo que me había contado mi mamá, ya comenzaron las preparaciones del concurso de Miss Mystic Falls.
El viejo concurso de belleza tiene casi tantos años como el pueblo. Empezó a realizarse poco después de la fundación de este mismo cuando las hijas de los fundadores habían alcanzado la plenitud de la adolescencia. Las concursantes son elegidas para que compitan entre sí, la ganadora vendría siendo considerada como la más hermosa y la poseedora de las mejores cualidades.
Para mí no era más que una tonta competencia de egos que había nacido del aburrimiento de la época. Lo cual es extraño si consideramos que estaban en tiempos de guerra. Aunque por lo visto no tenían nada mejor que hacer que reunir a un montón de muchachas para que estas pudiesen sacar a relucir sus "talentos".
Lamentablemente yo por ser descendiente de una de las familias fundadoras estaba obligada a participar. Carol Lockwood, la esposa del alcalde del pueblo, ya me había escogido como una de las competidoras y muy pronto aparecería mi nombre en la lista oficial.
Caroline también estaba seleccionada y se tomó esta noticia mucho mejor que yo. Estaba animada y realmente quería ganar el primer lugar. Yo, por otro lado… no podía estar menos desanimada.
Mi mamá insiste en que debo ganar este concurso porque según ella es una tradición. Le he dicho en innumerables ocasiones que no estoy interesada, pero ella siempre saca a relucir su viejo argumento sobre la importancia de la familia y luego me lleva por el camino de la culpa para persuadirme, diciéndome que mi triunfo la haría feliz. Al parecer, esto es algo que una chica Gilbert haría, ya que las distintas generaciones han ganado este concurso. Mamá, la abuela y su madre antes que ella. Todas han sacado el primer lugar, así que no me quedaba otra opción que continuar con esta absurda y superficial tradición.
Lo peor de todo es cuando mi mamá comienza a darme consejos y pasos a seguir, informándome sobre los distintos eventos que vendrán y tendré que asistir por obligación como "voluntaria" para ayudar y colaborar con tal de ganar puntos. Ridículo, ¿no?
A veces pienso que ser parte de una de las familias fundadoras apesta. Como si no fuera suficiente con la presión de la escuela, ahora tengo que ser parte de este denigrante concurso. Porque eso es precisamente lo que pienso de los concursos de belleza… Son denigrantes. Un par de personas juzgan a un grupo de jóvenes por lo que se supone que es nuestra "mejor faceta". Pero es todo lo que es: una faceta. No nos conocen por completo. Ni siquiera saben quiénes ni cómo somos realmente. Pero observan nuestro comportamiento el que no es más que un acto para luego clasificarnos en números como si fuésemos objetos.
-No. Mi papá tenía que ir a la clínica hoy temprano en la mañana y estará allá todo el día. No habría ido si hubiese tenido una reunión en el consejo –bostecé y me estiré en la cama-. ¿Mi mamá dijo algo más?
-Sí. Creo que dejó un poco de dinero para ti y para Jeremy para que fueran a almorzar más tarde en el Grill.
-Entonces estoy a cargo –sonreí.
Generalmente cuando mis padres me dejaban a cargo yo hacía planes con Caroline y Bonnie y volvía antes de que mis padres regresaran a la casa, dejando que Jeremy hiciese lo que quisiese. Siempre íbamos al centro comercial, al cine o a una fiesta. Cualquier cosa que se nos ocurriera. Y como mi hermano era bastante tranquilo y prefería pasar la tarde dibujando y escuchando música, dejarlo solo no significaba ningún problema y yo podía estar fuera de casa sin tener que preocuparme por él. Siempre estaba pendiente de que hubiese comida en la casa y todo lo que Jeremy pudiese necesitar antes de desaparecer. Si no lo hacía, Jeremy podría acusarme con mis padres y yo estaría en problemas. Lo que sí, habíamos acordado que si se presentaba una emergencia, a la primera persona a la que debía llamar era a mí sin importar la gravedad de la situación, así yo estaría en la casa cuando mis padres volvieran. Jeremy y yo teníamos una buena relación y casi nunca peleábamos, así que él estuvo de acuerdo conmigo.
Caroline compartió mi mirada de complicidad.
-Yo diría que sí –iba a decir algo más pero ella alzó las manos haciéndome una señal para que me callara-. Nope. Ahora que ya he cumplido con mi deber de mensajera, es momento de que me escuches, porque tengo algo que decirte. Así que no más interrupciones.
-¿No puedes esperar un poco? Mi cabeza me está matando y me gustaría tomar una pastilla. Además, aún no he desayunado y muero de hambre.
Caroline puso los ojos en blanco pero asintió de todos modos.
-Con una condición –cuando me mantuve en silencio ella prosiguió-. ¿Puedo cocinar yo? La verdad es que tus habilidades culinarias apestan. Y es demasiado temprano como para que incendies la casa.
La fulminé con la mirada.
-¿Qué? No me mires así. Sabes que es verdad.
Tenía que darle la razón. No era conocida por ser una gran cocinera. Mi excusa era que, al tener una madre que se adueña de la cocina y que se hace responsable de todas las comidas del día, no hay mucho que yo pueda hacer por lo que no es algo productivo para mí el tener que aprender a cocinar.
Claro, llegaría el día donde tendré que hacerlo. Y cuando llegue ese día… Bueno. Aprenderé a cocinar. ¿Qué tan difícil puede ser? Ahora, si soy un completo desastre, siempre habrá objetos tecnológicos que me ahorrarán la molestia. El microondas, por ejemplo. Pero, vamos. Estamos en el siglo veintiuno. La mujer ha evolucionado, y ya no está mal visto que los hombres se preocupen de las labores de un hogar. Me preocuparé de que mi futuro marido sepa cocinar.
-Está bien.
-¡Yay! –Chilló Caroline.
-¡Caroline, habla más despacio! –La reprimí al tiempo que me tapaba las orejas con las manos.
-Oops. Lo siento.
Minutos después yo estaba sentada en una silla sirviendo café en dos tazas mientras Caroline preparaba tostadas francesas en el sartén. Como ella tampoco había desayunado coloqué dos puestos en la mesa para que ambas comiésemos una vez que ella terminase de cocinar. Jeremy no tenía ganas de levantarse aún y me dijo que él se prepararía algo más tarde, así que no me molesté en ponerle un puesto a él también.
Ahora mismo Caroline se volteaba cada cierto tiempo para dejar las rebanadas de pan listas en los platos y cuando terminó de usar la cocina apagó el gas y comenzó a merodear, abriendo las puertas de las repisas hasta que encontró lo que buscaba. Con el azúcar flor en sus manos, sacó una cuchara, un pequeño colador y comenzó a espolvorear los trozos de pan frito.
Luego se sentó a mi lado y con tenedor en mano partimos las tostadas y nos llevamos un pedazo a la boca.
-Mmm –gemí con placer.
-Delicioso –dijo ella con la boca llena de comida, sonriendo conforme consigo misma.
¿Para qué tenía que aprender a cocinar si tenía amigas que podían hacerlo? Entre las tres siempre hacíamos planes de vivir juntas en un departamento cuando seamos mayores de edad. Ese era el sueño y queríamos volverlo realidad una vez que termináramos la secundaria. Caroline y Bonnie podrían encargarse de cocinar y yo haría el resto. Comprar los alimentos o lavar los platos. Ustedes nombren algo y yo lo haré.
Mientras sorbía café de mi taza, Caroline se removió en su asiento. La miré alzando las cejas. Parecía un manojo de nervios y abría la boca constantemente para volver a cerrarla sin decir nada. Se mordió el labio como por tercera vez con una actitud nerviosa que era tan poco Caroline para mi gusto que me hizo sentir incómoda.
-Escúpelo, Caroline –la insté a hablar.
-¡Dios! No puedo aguantar esto por más tiempo –dijo agitada-. Elena, ¿recuerdas a ese chico al que prácticamente me arrojaste anoche? Guapísimo, muy alto. Tenía el pelo de un rubio oscuro y unos ojos verdes que están para morirse…
Traté de hacer memoria. No estaba segura de cuál era el nombre de tipo del que Caroline me hablaba. Pero lo recordaba. Es difícil olvidar una cara bonita. ¿Steven? No. ¿Stephen? Hmm, no. Pero era muy parecido. En otro idioma quizás… Stefan. ¡Sí! Era el hermano de Damon. Su nombre era Stefan.
-¿Stefan?
-¡Sí, el mismo! –Exclamó aliviada-. Wow, pensé que no te acordarías. Pero bueno. ¡Es perfecto, Elena! Es un completo caballero, y no lo digo en broma, porque tú sabes que hay tipos que sólo son amables cuando te conocen con el único objetivo de llevarte a la cama y al día siguiente se transforman en unos completos idiotas.
-No sabría decírtelo –repliqué sarcásticamente-. Jamás he ido a la cama con uno.
-Oh, cierto. Lo siento, lo olvidé –dijo sin prestarle el menor interés a mi comentario-. Pero Stefan no es como así. ¡Es un verdadero caballero! Deberías haberlo visto. Tiene unos modales impecables y es un encanto. Se mostró preocupado por mí en todo momento. Me preguntaba si deseaba hacer esto u otra cosa, me invitaba a beber o comer algo. Como dije, un verdadero caballero. No se despegó de mí en ningún momento siendo que había chicas que trataban de coquetear con él, ¡pero él ni siquiera las miró! ¡Hablamos un montón! Y fue educado en todo momento. Mira, incluso intercambiamos teléfonos.
Caroline acaparo toda mi atención. Si bien mi amiga solía emocionarse mucho cuando hablaba de sus conquistas o admiradores, jamás la había oído hablar de un chico de ese modo. Ni siquiera sobre Tyler, quien había sido su novio durante todo el primer año de secundaria. Además, Caroline no estaba buscando una relación porque según ella luego de haber salido con Tyler no tenía ganas de volver a tener un novio, al menos no ahora porque los recuerdos de su última relación eran demasiado amargos como para intentar congeniar con alguien tan pronto. Por lo que se contentaba con el sexo casual que le ofrecían los chicos a los que acababa de conocer.
Pero esto no parecía ser un simple encuentro casual. Caroline siempre comenzaba a hablar sobre lo genial que había sido un tipo en la cama seguido de múltiples detalles y consejos para cuando decidiera perder mi virginidad. Pero ahora no había escuchado nada referente a eso.
-¿Y de qué hablaron? –Pregunté.
La sospecha se evidenciaba en el tono de mi voz pero Caroline no notó nada extraño porque la sonrisa no se esfumó de su rostro.
-¡De todo! –La sonrisa no hizo más que agrandarse-. O sea, no de todo, obviamente. Pero sí hablamos de muchas cosas. ¿Y sabes qué es lo mejor?
-¿Qué? –Pregunté sin tener la menor idea de lo que me estaba hablando.
-¡Va a ingresar al instituto!
Woah. Eso no me lo esperaba.
-¿En serio? ¿Y qué edad tiene?
-Diecisiete –respondió Caroline-. Ya está matriculado y comenzará esta misma semana que viene. Dijo que le costó entrar en un principio porque hace un mes que comenzaron las clases, pero que el director entendió una vez que le explicó la situación. Stefan viaja mucho, ¿sabes? Dijo que ha visitado casi todos los estados.
Si bien tenía entendido que el hermano de Damon era menor que él, desconocía que tenía mi edad. Yo sólo había preguntado la de él, que era nada más ni nada menos que veinticuatro años. Tener la misma edad que su hermano menor no hizo más que aumentar mi sentimiento de inferioridad.
-Pensé que no ibas a acostarte con chicos de la secundaria –le dije a Caroline, tratando de apartar mi mente de mis sombríos pensamientos-. Ahora que Stefan entrará al instituto puede que te lo topes en más de una clase, por lo que lo verás muy a menudo. Puede que incluso lo veas todos los días. ¿Cómo planeas evitarlo? Tú misma dijiste que no era buena idea para el sexo casual acostarte con alguien a quien ves todos los días.
Caroline me miró aún más nerviosa.
-Esto, uh… No hemos tenido sexo.
La quedé mirando por unos segundos. Traté de parecer seria y controlar mi rostro con todas mis fuerzas pero no aguanté y me eché a reír.
-Ahora me siento como una estúpida –dijo lastimeramente-. Le envié todas las señales. ¡Lucía divina, Elena! Incluso me depilé las piernas. Pero nada. ¡Nada! Por un momento pensé que podía ser gay. Pero no lo es, estoy segura.
No podía parar de reír.
Nunca pensé que llegaría el día donde un chico se negara a acostarse con Caroline Forbes. Jamás en la vida había pasado y eso contribuyó a que Caroline se sintiese imparable. ¿Pero esto?
Caroline me dio un manotazo en el hombro.
-¡Ay! –Reprimí una carcajada-. Está bien, está bien –tosí para sofocar una risita-. ¿Qué te hace pensar que no es gay?
Caroline me miró como si estuviese loca.
-No soy ciega, Elena. Vi la manera en que me miraba. Obviamente le gustan las chicas.
-Pero se negó a acostarse contigo, ¿no?
La alegría de Caroline había sido remplazada por una rabieta similar a la de una niña a la que le acaban de negar un dulce. Cada pedazo de comida que se echaba a la boca era triturado con violencia mientras le daba vueltas al asunto.
-No tiene sentido, ¿cierto? –Dijo para sí misma sin dejar de masticar-. No pude dormir pensando en esto. Me dijo que estaba soltero. Yo lucía fantástica. Estuvimos juntos toda la noche. O sea, con todo el trabajo que le toma a una arreglarse para ir a una fiesta, lo mínimo que podría haber recibido es un beso de buenas noches.
-Woah, detente –alcé una mano para que me dejara hablar-. ¿No se han besado?
Caroline me lanzó dagas con los ojos.
-Acabo de decirlo.
Rompí a carcajadas.
-Oh, cállate.
Esta vez el golpe iba directo a mi cabeza, pero me agaché y alcé las manos para protegerme.
-¡Eh! Basta con la agresividad. La pastilla recién está haciendo efecto.
-No sé por qué me molesto en hablar contigo –lanzó el tenedor contra su plato vacío-. Jamás me tomas en serio.
¿Qué? Eso es absurdo. Siempre he estado presente cuando Caroline me necesita. Tanto como si sus conversaciones carezcan de importancia como si no. Siempre he estado ahí, al igual que ella ha estado a mi lado cuando yo lo he necesitado.
-¿Yo jamás te tomo en serio? –Volví a reírme en su cara, lo que terminó por enfadarla-. Entonces, si yo no te tomo en serio. ¿Por qué has venido a verme a las diez de la mañana cuando sabías perfectamente que estaba durmiendo?
-Necesitaba hablar con alguien y sabes que Bonnie está ocupada en las mañana con su abuela haciendo no sé qué cosa de brujería –dijo despectivamente.
-Aunque Bonnie hubiese estado libre no habrías ido a su casa –señalé.
Caroline bufó.
-Oh, supérate a ti misma, Elena. El mundo no da vuelta a tu alrededor.
Sonreí con suficiencia.
-Sólo estaba diciendo.
Caroline negó con la cabeza y su mohín se transformó lentamente en una pequeña sonrisa. Mientras yo terminaba mi plato, ella bebía lo que le quedaba de café. Segundos transcurrieron sin que ninguna dijera nada.
-Okay. Sí me tomas en serio –dejó la taza vacía en el plato-. ¿Contenta?
-Mucho –me burlé.
Honestamente, no creo que Caroline deba preocuparse de las intenciones de Stefan. Por lo que podía recordar, el chico había quedado embobado con ella. O sea, ¿quién no? No hace falta ser hombre para entenderlo. Caroline tenía razón al decir que se veía fantástica. Pero tal vez Stefan no era lo suficientemente atrevido como para dar el siguiente paso.
No como Damon –musitó una parte de mi mente.
Casi me atraganté con un trozo de comida.
No, quizás no se trate de eso. Puede que Stefan prefiera tomarse las cosas con calma.
-Pero él te dio su número de teléfono –le recordé-. Eso es bueno, ¿no?
Caroline sacó su celular de bolsillo de su chaqueta y lo observó detenidamente.
-Mejor que nada –murmuró-. Pero no sé qué significa. ¿Crees que esté realmente interesado en mí o sólo lo hizo para no hacerme sentir mal? ¿Debería haberlo llamado?
-Uh, uh –negué con la cabeza-. No lo llames. Espera a que él te llame a ti.
Movió el celular de una mano a la otra, girando el aparato una y otra vez.
-Guarda el celular, Caroline –dije con voz firme.
-¿Pero qué pasa si no me llama? –Preguntó en una débil vocecilla.
-Entonces no llamará –me encogí de hombros. Caroline me miró con grandes ojos afligidos-. Si no llama, entonces no vale la pena. No te merecerá. Él sabrá lo que pierde.
Desbloqueó su celular y miró fijamente la pantalla de inicio.
-¿Qué pasa si estaba algo borracho y se le ha olvidado por completo? ¿Y si lo llamo yo?
Le quité el celular de las manos.
-Lo último que quieres es parecer desesperada –sostuve su mirada-. Te llamará, Caroline. No te preocupes.
-¿Estás segura?
Sabía que lo quería escuchar. Pero yo no se lo iba a decir porque sí. No. Yo realmente creía que Stefan la llamaría. Tenían una conexión. Pude verlo apenas se miraron el uno al otro.
-Segurísima –dije solemnemente-. Ahora, si te paso el celular. ¿Me prometes que no lo llamarás?
Caroline sonrió más animada que antes.
-Lo prometo –dijo colocando la mano sobre su corazón.
-Bien –lo coloqué sobre la palma de su mano.
Ambas nos levantamos de la mesa y comenzamos a lavar todo lo que habíamos ocupado. Mientras yo lavaba, Caroline se dedicó a secar los platos, tazas y utensilios. Después de todo, como ella había cocinado, a mí me tocaba lavar.
-Lamento haberte abandonado en la fiesta –dijo ella en todo de disculpa-. No estuvo bien. Se supone que era tu fiesta de cumpleaños y como amiga debería haber estado contigo. Teníamos algo planeado con Bonnie y yo desaparecí con Stefan…
Sabía que lo sentía, pero no creía que se arrepintiera de haberse escapado con Stefan.
-Oh, no te preocupes –le sonreí-. Encontré a Bonnie después y me dio la tiara, por si no lo sabías.
Los ojos de Caroline brillaron.
-¿Te gustó?
-Hmm, no lo sé –reí entre dientes-. No estoy segura de sí soy una chica de tiaras.
-Pfft. Mala suerte. Te acostumbrarás.
Una vez que terminé de lavar todo me sequé las manos con un paño.
-¿Y qué hicieron después? –Preguntó Caroline con curiosidad.
Sopesé la respuesta durante unos segundos. No estaba segura de si debía contarle sobre Damon o no. Por un lado quería que siguiera manteniéndose en secreto, como si fuera un deseo que al ser compartido con otra persona no llegara a cumplirse. Pero Bonnie ya lo había visto, así que no podría mantenerlo oculto por mucho tiempo. Y si no le contaba a Caroline y llegaba a oídos de ella de parte de Bonnie, se molestaría mucho conmigo. Por otro lado, hablarlo en voz alta con otra persona lo hacía más real. Y quería que fuese real.
Pero dudaba cuál sería la reacción de Caroline. Se lo contaré, sólo que no ahora mismo.
Algo más se me vino a la mente.
-¡Oh! –Me llevé una mano a la boca-. Casi lo olvido por completo. No vas a creerme.
Caroline abrió sus grandes ojos azules y estos se iluminaron con interés.
Si Caroline es experta en algo, es en contar chismes. Es realmente talentosa. Sabe un montón de cosas lo que la convierte automáticamente en una fuente de información. Si ocurre algo, Caroline ya está al tanto de ello. Es como si fuera los ojos y oídos de Mystic Falls. Lo que sí, apesta a la hora de mantener secretos. Muchas veces hemos tenido conflictos entre las tres debido a que Caroline no puede mantener la boca cerrada. Aunque cuando se trata de personas externas a nuestro círculo de amistad, Caroline no dice ni una palabra y guarda nuestras confidencias como si su vida dependiese de ello. Caroline es una amiga leal y uno puede confiar en ella.
-¿Qué?
-Antes necesito saber algo. ¿Fuiste tú la que invitó a Megan y Lilith a la fiesta?
-No, no lo hice. Pfft. Jamás lo haría. Las odio con mi vida. ¿Por qué me preguntas eso? Sabes que no les hablo desde que comenzaron a decir mierdas sobre ti –frunció el ceño-. Espera, ¿esas dos escorias estuvieron en la fiesta?
-Alguien más debió haberlas invitado. No pongas esa cara. No es como si lo pudiésemos haber impedido, no era un evento privado.
Caroline resopló molesta.
-Las detesto –me miró de reojo-. ¿Hicieron algo? Porque si hicieron algo no dudes en decírmelo. Y cuenta conmigo. Las pondré a las dos en su lugar. Tengo un buen derechazo.
Solté una carcajada.
-Tranquila, campeona. No, no hicieron nada. Bueno, no mucho. Megan se me acercó y me preguntó si había terminado con Matt. Como si la cínica no lo supiera. Y luego me preguntó si estaba bien por mí si ella lo invitaba a salir.
-Esa perra debe estar bromeando.
-Nope. Lo dijo para hacerme enfadar pero no bromeaba.
-Supongo que les dijiste que no –Caroline me miró seria.
Me quedé callada.
-Elena, dime que le dijiste que se fuera a la mierda –cuando no volví a contestar, se quedó mirándome boquiabierta-. ¡¿Por qué no se lo dijiste?!
-Matt y yo terminamos. No ejerzo ningún poder sobre él. Y si él quiere salir con Megan, puede hacerlo. Por mucho que yo la odie, no puedo hacer nada para detenerlo.
Caroline alzó las manos al aire, furiosa.
-Por favor. Ambas sabemos que Matt todavía te ama y que volvería corriendo si tú se lo pidieras.
No quería volver a tener esta conversación.
-No quiero volver con Matt.
-Matt es perfecto para ti –insistió Caroline-. Se proyecta contigo, Elena. Eso es importante. Además, tus padres están de acuerdo con que ustedes dos estén juntos. Estuve hablando con ellos el otro día y me contaron que últimamente has estado muy deprimida. Y estoy de acuerdo con ellos. Creo que todo este tema de la ruptura te ha hecho mucho daño. Deberías volver con Matt. Él te hacía feliz.
No. Por mucho que me odie al decir esto, Matt no me hacía feliz. ¡Ese era el puto problema! No podía estar en una relación con Matt. Puede que haya sido feliz al principio porque tenía la ilusión de que ambos funcionaríamos, pero no tardé en darme cuenta de que comenzar una relación con Matt fue un error. Un gravísimo error que no sabía cómo arreglar. Casi me costó mi amistad con Matt, casi perdí a mi mejor amigo por completo. Ahora recién había logrado que volviera a hablarme, pero aun así nos encontrábamos distanciados y sabía que si daba un paso en falso mi trabajo se desmoronaría y podría perderlo para siempre.
Nadie parece entender que yo no quiero estar con él. Nadie lo comprende. Nadie salvo yo.
Y Damon.
-Caroline –me pasé la mano por el pelo-. Entiende. Yo fui la que terminó la relación y no planeo volver con él.
-Eso es lo que dices ahora –dijo ella-. Pero luego te darás cuenta de que lo que hiciste estuvo mal.
Me miraba como si yo estuviese confundida, como si necesitase ayuda para solucionar esto. Lo que ella no sabía era que yo ya tenía toda la película clara. Y ese parecía ser el problema de todos.
Bueno… Mala suerte. Es mi vida.
-No me estás escuchando, Caroline. Lo digo en serio. No volveré con él.
-Elena…
-¡Ssht! –La hice callar-. No. Caroline se supone que tú eres mi amiga. Y como amiga te pido que me apoyes en mi decisión.
-Sé lo que es mejor para ti, Elena –puso sus manos en mis hombros como si tratara de tranquilizarme-. Matt es tu mejor decisión. No deberías dejarlo ir.
-Bueno, eso ya lo hice. ¿No? Ya lo dejé ir.
-Pero puedes volver con él aún. Todavía hay tiempo. Debes hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Antes de que te arrepientas.
Ya había tenido suficiente.
-Conocí a alguien anoche –dije impulsivamente, dando un paso atrás.
El tiempo pareció congelarse y los minutos parecieron horas. Caroline me miró perpleja.
-¡¿Qué hiciste qué?!
-En el Grill –continué-. Se llama Damon.
Los ojos de Caroline me miraban aturdidos.
-¿Qué? –Pestañeó frenéticamente y tartamudeó tratando de encontrar las palabras indicadas-: Qui… Quiero decir. ¿Cómo? ¿Cómo lo conociste?
Inhalé profundamente. Mi corazón latía con rapidez y sentía como mis mejillas se ruborizaban. Era ahora o nunca.
-Bonnie había ido al baño y yo me quedé sentada en el bar –expliqué apresuradamente. Mis palabras casi ni se entendían con lo rápido que estaba hablando-. Él llegó y se sentó a mi lado. Comenzamos a hablar y luego él me invitó a bailar.
Caroline sacudió su cabeza.
-¿Cuál es su nombre de nuevo?
-Damon.
-¿Damon? –preguntó confundida-. No conozco a ningún Damon.
-Damon Salvatore –añadí-. Acaba de llegar al pueblo junto con su hermano.
-¿Salvatore? ¡Wow! Espera. El apellido de Stefan es Salvatore.
Sonreí.
-Stefan es su hermano.
Caroline me miró detenidamente por unos segundos.
-¿Y este Damon… es guapo? Porque por algo me lo estás contando.
-Guapísimo.
Caroline entrecerró los ojos.
-Dime la verdad. ¿Él fue la razón por la que terminaste con Matt?
La miré sin poder creer lo que acababa de decir. ¿Estaba demente?
-¿Qué? Eso es absurdo. Te dije que conocí a Damon ayer. Terminé con Matt hace como dos semanas atrás.
Caroline alzó las manos como gesto de derrota.
-Tienes razón. Lo siento… Pero aún creo que Matt es tu mejor opción.
Una lenta sonrisa se extendió por la mitad de mi rostro. Todos los créditos para Damon.
-¿Qué dirías si yo te dijera que deberías volver con Tyler?
Caroline hizo una mueca.
-¡Eh! Eso es distinto. Tyler es un imbécil.
-Bueno, yo no quiero estar con Matt –me encogí de hombros-. Eres mi amiga. Debes apoyarme aún si no te gustan mis decisiones. Además, no puedes hacerme sentir mal por terminar con alguien con quien no quiero estar. Las cosas entre Matt y yo no estaban funcionando, ya no daba para más.
Caroline soltó un largo suspiro.
-Vale.
Eso sonaba a victoria. Pero necesitaba algo mejor que eso.
-Disculpa. ¿Qué dijiste? ¿Podrías repetirlo?
-¡Está bien! No volveré a tratar de convencerte de volver con Matt. Puedes hacer lo que quieras. Soy tu amiga y no puedo decirte que hacer –bajó la mirada como si acabara de ser humillada.
-¿Y…?
Los hombros de Caroline descendieron y me miró suplicante, como si quisiera que acabara con su miseria. Pero esto era demasiado divertido como para que yo lo dejara ir sin sacarle provecho.
-Y te apoyaré en tus decisiones.
-Muy bien –aplaudí-. ¡Esa es mi chica!
-Cállate –gruñó y volvió a darme un manotazo en el hombro.
Más tarde Caroline me convenció de que la acompañara al centro porque necesitaba comprar ropa nueva. Según ella, su armario estaba repleto de ropa vieja que ya había usado miles de veces y luego se quejó de que no quería ir al instituto usando lo mismo de siempre.
Obviamente, nada de eso era cierto.
-Caroline, podrías usar una prenda diferente cada día por todo un mes –reí-. Rara vez te he visto usar algo dos veces. De hecho, cuando digo que tu armario es mucho más grande que el mío, esa vendría siendo la subestimación más grande que jamás ha oído ser humano en el planeta.
-¿Vas a acompañarme o no? –Preguntó Caroline ligeramente molesta.
-Cuenta conmigo. Pero deberíamos llamar a Bonnie, preguntarle si está libre y si quiere ir con nosotras.
-Yo la llamo y tú ve a bañarte porque, en serio, apestas –comentó mientras me empujaba escaleras arriba.
Caroline no se conformaba simplemente con planificar nuestras salidas. A ella le gustaba estar a cargo de todo. Repito: de todo. Y cuando digo de todo, me refiero a que se preocupa de cada pequeño detalle. Su lema es: "todo tiene importancia". Si vamos a una fiesta, ella es la que se encarga de escoger nuestros vestidos. Si vamos a una tienda, ella es la que da el visto bueno antes de que compremos algo. No es que dependamos de su opinión, pero todo es mucho más rápido si le cedemos el poder a ella. Preferimos ahorrarnos una discusión innecesaria, y para ser honesta, Caroline tiene un buen gusto en ropa. De hecho, si no fuera porque le gusta la actuación, yo la habría imaginado trabajando en una empresa de diseño en vestuario.
Dejé que Caroline se metiera entre mis cosas y escogiera mi atuendo mientras yo caminaba hasta el baño. Cerré las tres puertas con pestillo –la que conectaba con la pieza de Jeremy, la que daba al pasillo, y la que me llevaba hasta mi pieza-, y me despojé de mi pijama. Me tomé mi tiempo en la ducha dejando que el agua caliente relajara mis músculos y le di rienda suelta a mis pensamientos. Algo que solía hacer muy a menudo cuando no estaba en apuros y era de mucha ayuda cuando necesitaba ordenar mi caótica mente.
Pensé en todo lo que tenía que hacer. Como ya había pasado un mes desde que comenzamos el año escolar ya estaba preparada mentalmente para los exámenes que se aproximaban, pero todavía no estaba lista para que me quitaran mi libertad. El período de exámenes siempre significa que mi tiempo se verá severamente reducido y tendré que pasar la mayor parte de mi tiempo libre estudiando para las pruebas que vienen. Sin embargo, no contestos con esto, mis padres instauraron un toque de queda para evitar que me desvíe de mi meta: estudiar medicina en una de las universidades más prestigiosas del país.
Estudiar medicina siempre había sido el plan. Como mi padre era dueño de su propia clínica, he crecido rodeada de médicos, batas blancas y estetoscopios. Jamás se me ha ocurrido algo diferente porque nunca me he imaginado haciendo otra cosa. Estoy habituada a la vida y la verdad es que me gusta. Siempre he soñado con ser una gran cirujana, y esa visión siempre me hizo sentir indestructible. Y trabajar ayudando a la gente, salvando vidas… no suena nada mal, ¿cierto?
Pero nada parece ser suficiente para mis padres. Tengo buenas notas, excelentes notas. Me esforcé un montón para lograr subir mis calificaciones el año pasado. Pero mi padre insiste en que no son lo suficientemente buenas. Que para estudiar medicina en la universidad debo tener un promedio impecable, por lo que mis notas deben ser perfectas. No se aceptan errores, y esa presión… ha terminado por agotarme. La ansiedad hizo de mi cuerpo un juguete. A veces deseo tomarme un año sabático, un merecido descanso. Y es ahí cuando me cuestiono: ¿Esto es realmente lo que quiero hacer de mi vida? ¿Estoy lista para esto?
La respuesta siempre varía. Y esa incertidumbre…
En fin... Sé que todavía hay tiempo, aún quedan estos dos años de secundaria en los que puedo seguir mejorando. Pero no quiero que mi vida consista sólo en eso… Instituto y estudio. Se supone que soy una adolescente y que mi única preocupación debería ser eso, el estudio. Y lo entiendo. Si quiero ser alguien en esta sociedad, debo pasar por esto, pero… ¿Esto es vida? La vida es tan corta, y en vez de disfrutar y regocijarme en el hecho de que estoy viva y que gozo de buena salud, mis días se resumen en dos palabras: casa y escuela. Y quiero mucho más que eso.
Las palabras de Damon resonaron en mi mente: "Yo diría que tú quieres un amor que te consuma. Quieres pasión y aventura, e incluso algo de peligro".
Salí del baño envuelta en una toalla y con otra enrollada en mi pelo. Caroline estaba sentada en mi cama con el celular sin desbloquear en su mano y una chaqueta de cuero sobre sus piernas. Cuando cerré la puerta se volteó a mirarme. Sobre la cama había dejado un set negro de ropa interior, un vestido con puntos blancos, un pequeño cinturón de un claro marrón, un grueso chaleco negro y botas del mismo color.
Antes de que pudiera comentar nada sobre su elección, Caroline levantó la chaqueta que tenía en su regazo y se puso de pie. Señaló la chaqueta con un dedo y me lanzó una mirada acusatoria.
-¿Hay algo que hayas olvidado contarme? –Preguntó-. ¿Se puede saber de quién es esto? Es una chaqueta de hombre, Elena.
-Uh….
Caroline miró la etiqueta.
-Es de marca. Oh, ¡vaya! ¡Es carísima! No cualquiera anda con esto. ¿De quién es? –Cuando me dispuse a hablar ella me interrumpió-. No me digas que es de Jeremy porque lo conozco y sé que tu hermano tiene un gusto horrible, así que no te molestes. Y esta es una chaqueta de diseñador, por lo que debe valer una fortuna.
Eso último me hizo preguntarme si Damon estaría desesperado por recuperarla.
-Es de Damon –dije sin vacilar.
La boca de Caroline se abrió cómicamente cuando procesó mis palabras.
-¿Del chico que conociste en el bar?.. ¡OH, DIOS! ¡¿Te acostaste con él?! ¡ELENA! ¡¿Lo invitaste a la casa?!
-¡SSHT! –siseé-. ¡Jeremy podría escucharte! Y no, no me acosté con él.
-Pero lo invitaste, si no, ¿cómo es que tienes su chaqueta? Se le debe haber quedado.
-No, me la prestó ayer porque hacía demasiado frío y yo no andaba trayendo nada aparte de mi vestido. Gracias por eso, por cierto –refunfuñé.
Caroline saltó a conclusiones.
-Entonces no se quedó acá… ¿Te vino a dejar él?
-No, Bonnie me condujo hasta acá.
Caroline frunció sus labios.
-¿Así que la última vez que lo viste fue en el bar?
-Sí.
-¿Has hablado con él desde entonces?
Suspiré.
-No. Ni siquiera tengo su número de teléfono, así que no sé si lo volverá a ver.
-Pero tienes su chaqueta. Eso quiere decir que tendrá que venir a buscarla un día de estos.
-Damon no sabe dónde vivo.
Caroline hizo un gesto desdeñoso con la mano.
-Todos saben dónde viven los Gilbert. No le va a costar mucho averiguar tu dirección.
Caroline se acercó el cuero a la cara e inhaló profundamente.
-Mmm. Huele bien.
Le arrebaté la chaqueta de las manos. Caroline me lanzó una sonrisa malévola.
-Dime, ¿cómo es él? ¡Uh! ¿Se parece a Stefan?
No, Damon y Stefan no se parecían en absoluto.
-No. Damon es… -traté de encontrar las palabras correctas que pudiesen definirlo, pero no di con ninguna. Ninguna parecía suficiente.
Caroline parecía poco conforme con mi poca habilidad para expresarse.
-Dijiste que era guapo –me recordó.
Asentí profusamente con la cabeza. Oh, sí. Damon es guapo.
-No sabría cómo decirlo. Lo que sí sé, es que Damon y su hermano son muy diferentes. Puede que haya una leve semejanza, pero si la hay pasa completamente desapercibida. No se parecen en nada. Damon tiene el pelo completamente negro y lo tiene un poco más largo que Stefan y lo lleva muy desordenado, pero en vez de verse poco presentable creo que le da un aspecto muy despreocupado y sexy. Y sus ojos eran muy, muy azules y lindos. Y tiene una mirada tan intensa…
Caroline me miró estupefacta.
-Te gusta.
Calor volvió a inundar mis mejillas.
-No te sorprendería si lo vieses en persona.
-Hmm. Supongo que algún día lo veré –Caroline miró su celular-. Se me olvidó decírtelo. Bonnie dijo que no podía ir con nosotras.
Anoche Bonnie no me había dirigido la palabra en todo el trayecto de vuelta a casa, tan solo se despidió cuando me bajé del auto. Primero pensé que podía estar molesta por el hecho de que me encontró hablando con Damon. Pero no tenía ningún derecho para estarlo, después de todo yo estaba soltera y podía hacer lo que quisiese. Pero cuando intenté preguntarle qué era lo que le ocurría, me dijo que no le ocurría nada y que no me preocupara.
-¿Dijo por qué?
-No realmente. Mencionó algo sobre su abuela y que tenía cosas que hacer. No especificó nada.
Esto no hizo más que corroborar mi suposición.
-Qué extraño –murmuré-. ¿Te importaría esperarme abajo? Me quiero vestir, me estoy congelando.
-¡Oh! Cierto. Oops –Caroline se apresuró para llegar a la puerta-. ¡Date prisa!
Damon's POV
Al día siguiente
Me gustaba lo que habían hecho con la mansión. La última vez que había estado acá fue hace cuanto… ¿Veintiún años? Vaya, el tiempo pasa rápido cuando eres inmortal. No veo ninguna diferencia alguna salvo las lámparas que tienen un toque más moderno. El resto se ha mantenido intacto. La misma biblioteca, cortinas, alfombras, muebles y estantes. Hasta la mesa de centro con las botellas de licor está ahí.
La generación de bastardos Salvatore tiene un buen gusto, debo concederles eso. Al parecer no sólo son traidores, juzgadores y oportunistas. Demuestran ser de utilidad cuando los necesito, y es por eso mismo que Zach sigue rondando por acá. Pero esta vez le tendré bien vigilado, aún no olvido el número que hizo Joseph Salvatore conmigo en los años cincuenta cuando me pilló con la guardia baja.
Maldito bastardo. Me pregunto qué habrán pensado los médicos cuando lo encontraron con un vaso bien enterrado en el cuello. No me arrepiento de haberlo matado, ese bastardo se lo merecía por traidor. ¿Venderme a un científico loco para que realizara experimentos conmigo? ¿Esperaba que me quedara tranquilo luego de que me hubiese inyectado verbena? Nope. Débil y ardiendo como estaba en ese momento igual reuní la fuerza suficiente para acabar con él.
Hablando de humanos… Me pregunto dónde estará Zach en estos momentos. Pobre indefenso y estúpido humano que cree que puede controlarme sólo porque tiene una reserva de verbena escondida en alguna parte. Al menos él tiene un poco más de sentido común y trata de no cruzarse en mi camino. Jamás me cansaré de hacer su patética y solitaria vida humana miserable. Se lo merece por ser descendiente del bastardo de Giuseppe. Su existencia es razón suficiente para que yo lo odie.
Aunque Stefan me prohibió que lo toque y no me dejará matarlo, tampoco convertirlo en mi bolsa de sangre con patas. Maldito Stefan que siempre arruina mi diversión.
Podría hacerlo de todos modos si así lo quisiera. Pero como dije, Zach tiene un poco más de sentido común. Evita molestarme, por lo que no tengo verdaderas razones para matarlo. Stefan dice que es parte de nuestra familia y que como pertenece al consejo de Mystic Falls, su desaparición no haría más que levantar sospechas.
Respecto a lo segundo… Tiene razón. Lo último que quiero es alertar al Consejo de la existencia de vampiros. Sigo creyendo que son un montón de ilusos e incompetentes humanos, pero aún recuerdo lo que fueron capaces de hacer esos incompetentes humanos cuando descubrieron la verdad sobre Katherine. No terminó muy bien cuando eso ocurrió. El recuerdo de la bala enterrada en lo profundo de mi pecho es demasiado vívido aún, aunque hayan pasado más de ciento cincuenta años.
Me estremecí y detuve la línea de mis pensamientos. No quería pensar en Giuseppe, mucho menos sobre Katherine. Esa perra no hizo más que destrozar mi corazón. Fui su maldito juguete al que pudo manipular a su gusto. Y no conforme conmigo, también utilizó a Stefan. ¡Al mismo tiempo! Como si mi confianza en mí mismo no estuviese lo suficientemente pisoteada.
Bueno, al menos la zorra está bien muerta. Felicitaciones, Johnathan Gilbert.
Gilbert.
Elena Gilbert.
Una sonrisa se extendió por mi rostro sin que me diera cuenta.
La verdad es que no sé qué es lo que tiene Elena que me atrae tanto. No es su increíble parecido a Katherine, aunque debo admitir que esa fue la principal razón por la que me acerqué a ella en primer lugar. Quería saber si su similitud con Katherine era más que sólo su aspecto, por muy exacto que este fuera. No puedo ni describir la satisfacción que sentí al comprobar que Elena y Katherine son completamente opuestas en cuanto a conducta y sentimientos.
Katherine era seductora por naturaleza pero también muy egoísta y manipuladora. Era malvada y tan solo se preocupaba de sí misma. Jamás pudo amar a otra persona que no fuera Katherine. Todo el mundo giraba en torno a Katherine. Perra sin corazón.
Elena en cambio… Elena es inocente, dulce y compasiva. Es buena, completamente buena. El poco rato que estuve hablando con ella fue capaz de revelarme su belleza interior. Es la clase de chica que se preocupa de lo que piensa su familia y amigos sobre ella, la clase de chica que trata de hacer todo lo posible por mantener a todos felices, aunque tenga que sacrificar su propia felicidad.
Completamente diferente a la maldad y destrucción que yo puedo ofrecerle. Tal como lo dice su nombre, Elena es la luz que lucha contra la horrible oscuridad que rodea a mi existencia.
Elena. Cuánto deseaba volver a verla. Las horas que pasé con ella en el bar no fueron suficientes y no pude evitar seguir su esencia hasta que encontré la casa donde ella vive con sus padres y su hermano. Subí hasta el árbol que me permitió ver el interior de su habitación y la observé mientras escribía en su diario, luego me quedé ahí una vez que se quedó dormida. Tampoco pude evitar meterme en su cabeza y controlar su sueño, la tentación era demasiado grande como para controlarme a mí mismo, siendo que soy un experto en autocontrol. Pero Elena parece poner a prueba todos y cada uno de mis años de práctica.
Me fui una vez que despertó, aunque no pude resistir jugar con ella un poco más y la asusté con mi cuervo. Aún recuerdo como su cuerpo temblaba por el frío y el miedo, como la adrenalina hacía que su corazón bombeara más rápido, la sangre fluyendo por su torrente sanguíneo a gran velocidad. Aún recuerdo el aroma, y no pude impedir que mi mente recreara el exquisito sabor que debe de tener.
No puedo esperar a que sea mía. Por eso mismo decidí dejarle un pequeño mensaje a través de aquel sueño. Aunque me aseguré de que no fuese capaz de recordar mi rostro una vez que despertara. No podía arriesgarme a que saltara a conclusiones.
Eso terminaría por aterrarla y arruinaría mis planes.
Entré al espacioso living y me dirigí directamente hacia el estante donde guardaba mi licor. Ninguna persona podía meter sus sucias manos y tomar mi alcohol. Eso sería como comprar un pasaje directo al infierno. Nadie salvo yo. Si no era yo el que compartía entonces nadie tenía la autorización para beber mi preciada colección. No iba a gastar un montón de dinero en estas costosas botellas para que sean desperdiciadas. La única excepción a mi regla era Stefan.
Bueno, no del todo. No está en mi naturaleza compartir, odio hacerlo y trato de evitarlo si me es posible. Sé que soy egoísta, Stefan está al tanto de eso también y es lo suficientemente inteligente como para mantener reservado su propio alcohol. Mi hermano es listo para algunas cosas.
Aunque jamás se me antojaría un trago de su colección. Ugh. Stefan no es lo suficientemente exigente en cuanto a calidad ni ha desarrollado un paladar con gustos tan refinados como el mío.
Lo que me recuerda que Stefan suele beber esa asquerosa sangre animal. Tengo que reprimir las náuseas cada vez que recuerdo su sabor. Stefan me convenció de que la probara cuando trataba de cambiar mi dieta. Es asquerosa. Repugnante. Nauseabunda. No es ni tan dulce, ni tan deliciosa ni tan embriagadora como la sangre humana. No sacia ni te fortalece, tan sólo te mantiene con la fuerza suficiente para mantenerte funcionando. Pero yo no podría vivir sin el poder que fluye por mis venas luego de cada sorbo del exquisito elíxir que es la sangre humana. Sin mencionar el placer que es capaz de otorgar.
Imaginé cómo sería probar la sangre de Elena por primera vez.
Mis colmillos dolían ansiosos por salir, podía sentir cómo comenzaban a descender. Los retraje y traté de pensar en algo más. Control, Salvatore.
En ese mismo instante Stefan descendió las escaleras y entró en el salón. Llevaba una mochila colgando de la espalda y estaba vestido listo para salir.
-¿Adónde vas, hermanito? –pregunté con curiosidad.
Necesitaba algo de entretenimiento.
-Al instituto.
No acababa de oír eso. Stefan no podía ser tan patético.
-¿Fingirás ser un estudiante de secundaria? Wow. Justo cuando pensaba que no podías ser más patético tú terminas por sorprenderme.
-Damon, no empieces –me advirtió Stefan-. Tengo que pretender que tengo diecisiete años. Un adolescente normal va a estudiar, así que me inscribí y hoy comienzo mis clases.
No pude por menos que reír.
-Bueno, entonces espero que tengas un buen día. Oh, ¡espera! ¿No olvidas tu almuerzo?
Stefan exhaló tratando de controlar su temperamento. Yo solo sonreí.
-Dios, ¿por qué tienes que comportarte como un idiota?
Me encogí de hombros.
-No sé por qué te sorprendes, hermano. Pero por si lo has olvidado, tú fuiste el que me convenció de regresar a este endemoniado pueblo.
-Sí, porque esperaba que pudiésemos dejar todo el pasado atrás y comportarnos como hermanos por una vez en la vida. Han pasado más de veinte años desde la última vez que nos vimos, Damon.
Desvié la mirada. Stefan suspiró y caminó hasta la puerta.
-Stefan, ¡espera!
Stefan se volteó a mirarme con el ceño fruncido.
-¿Qué quieres, Damon? Voy a llegar tarde.
-Oh, por favor. Podrías correr con la velocidad de vampiro y estarás allí en menos de diez segundos. Eso no haría más que levantar sospechas, ¿no crees? Se supone que los adolescentes de diecisiete años ya tienen su propio auto, o al menos una bicicleta. Sobre todo si tienen dinero. ¿Tú qué planeas hacer? ¿Ir caminando? ¿Estás loco?
Stefan se encogió de hombros.
-Mi auto está averiado y tengo que arreglarlo. No puedo hacerlo ahora mismo así que caminaré hasta allá. ¿Cuál es el problema?
-¿No quieres que te lleve? Mi auto está estacionado afuera –sugerí.
-¿En tu auto? –Las cejas de Stefan estaban tan fruncidas que casi se juntaron en el medio-. ¿Esta es una especie broma?
-Vamos, iré a por mis llaves –dije mientras desaparecía en el aire y aparecía al instante con las llaves en mi mano.
Tres… Dos… Uno…
-¿Es una trampa o algo así? En serio, ¿qué ganas tú de todo esto?
Sabía qué pensaría mal de mí. No podía culparlo. En el pasado no había hecho más que darle razones para que perdiera la confianza en mí. Bueno, no era como si ahora mis intenciones fueran puras. Aunque no le iba a decir eso, obviamente.
-Nada. Pero la casa está lejos del instituto. Si caminas, la gente comenzará a preguntarse cosas. Digamos que quiero mantener mi identidad en secreto.
Stefan seguía sin poder creerme.
-¿Eso tiene que ver con Elena?
Me congelé ahí mismo. Justo en ese instante había lanzado las llaves al aire para volver a atraparlas y estuve a punto de dejar que cayeran al piso. Las atrapé gracias a mis reflejos sobrehumanos.
-¿De qué estás hablando? –pregunté.
Ahora era mi turno de parecer confundido.
-Te vi con Elena ayer en la fiesta. Luce exactamente igual a Katherine.
-Y yo que pensaba que estabas demasiado ocupado bailando con la rubia esa… ¿Cuál era su nombre de nuevo? Oh, sí. Caroline. Encantadora. Linda chica. Lástima que habla más de lo que mis oídos pueden escuchar, pero linda chica. Adorable.
-Es una buena chica, Damon. No te le acerques.
Traté de no ofenderme.
-¿Te refieres a la preciosa Elena o a su amiga Caroline? –le di una de mis mejores sonrisas de lado.
-A ambas –me reprimió Stefan con voz firme.
-Relájate, hermanito. No planeo matar a ninguna de las dos.
Stefan sacudió la cabeza.
-Desearía que no intentaras matar a nadie en Mystic Falls. La masacre de 1994 dejó mucho que hablar, Damon. Me costó limpiar tu desastre.
No le dejaría que me hiciese sentir mal al respecto.
-Pero eso iría en contra de mi naturaleza vampírica, Stef.
-Quiero quedarme en este pueblo, Damon –me suplicó-. ¿No puedes simplemente parar este desquiciado juego de una vez por todas?
-No es un juego, hermano. Es un asunto de vida o muerte. Los vampiros necesitamos de sangre para sobrevivir. Sangre humana. No esa porquería que tú bebes.
-¡Pero no tienes que matar para conseguirla! Hay otros medios.
-Oh, sí. Bolsas de sangre. ¿Pero dónde está la diversión en eso? Además, me gusta la temperatura corporal que los cuerpos humanos le otorgan a la sangre.
-Damon –me advirtió Stefan.
-No sabe tan bien en bolsas, Stefan. Sé que tú notas la diferencia. La sangre añeja y fría… No es de mi gusto. Puede que tú la toleres, pues es mucho mejor que esa asquerosidad de la que te alimentas.
-Damon, por favor –rogó.
Stefan lucía muy agotado, por un momento aparentó sus más de ciento sesenta años. Parte de mi quiso compadecerse porque era mi hermano pero mi orgullo me obligaba a que no le permitiera controlarme y que no dejara que me dijera que hacer.
-Vamos, vas a llegar tarde –le dije mientras salía por la puerta, dejándolo solo en la casa.
Stefan me siguió a regañadientes.
No podía esperar ver el rostro de Elena cuando me viera en el instituto. Podía imaginar la sorpresa que cubriría sus hermosas facciones cuando me vuelva a ver.
NA: ¡Wow! ¿Siguen aquí después de este LARGUÍSIMO capítulo? Definitivamente el más largo que he escrito. Primero que todo quiero darle las gracias por sus comentarios y opiniones. Los comentarios me animan a seguir escribiendo y estoy muy contenta de que les haya gustado lo que he escrito hasta el momento. Espero que les siga gustando mi trabajo a futuro, porque planeo seguir escribiendo.
Ahora, lamento la tardanza. Tenía planeado publicar este capítulo días atrás. De hecho, quería publicarlo para mi cumpleaños, pero no alcancé porque aún me faltaba por terminarlo. Tenía la idea pegada en la cabeza pero no me veía capaz de traspasarla en palabras, no podía lograr escribirla. Aún no sé si estoy muy segura respecto a este capítulo, nuevamente me siendo muy aprensiva respecto a mi escritura, así que me gustaría mucho si pudiesen decirme qué tal les pareció este capítulo.
En sí pido disculpas por la falta de Delena en este capítulo, pero encuentro que era necesario para la historia mostrar un poco más de la amistad de Caroline y Elena porque estas dos muchachas van a pasar mucho tiempo juntas en este fanfic. Además, necesitaba mostrar un poco más de la vida de Elena, qué es lo que quiere, qué es lo que la preocupa, qué es lo que hace, cómo son sus padres, cómo es su relación con Jeremy. Por cierto, la frase que utilicé en este capítulo creo que representa mucho a Damon y a Elena en algunas situaciones, la verdad les duele así que suelen mentirse a sí mismos.
También pudieron ver cómo se comportó Stefan con Caroline. Me gusta Steroline, siempre pensé que esos dos acabarían juntos desde que Stefan le dijo "You and me? It's not gonna happen" Stefan firmó su sentencia en ese momento.
¡Está de más decir que acepto sugerencias e ideas! Quiero agradecer nuevamente por la crítica positiva que he recibido. Muchísimas gracias. Me encanta leer lo que piensan sobre mi historia. Las opiniones y comentarios son el alimento de la musa. ¡Alimenten a la musa!
PD: ¡SORPRESA! El punto de vista de Damon. ¿Qué les pareció? ¿Creen que le hice justicia? ¿Debería seguir escribiendo con el punto de vista de Damon o debería continuar escribiendo sólo con el de Elena? Necesitaba usar el punto de vista en ese momento, pero no estoy muy segura de si logré representarlo bien...
Besos y abrazos,
Javiera
