Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecefn a L. J. Smith y Julie Plec.

(Se seca las lágrimas con un pañuelo)


"I believe in true love. I believe in love at first sight. I believe love conquers all. And that doesn't mean there's not gonna be hard days or difficult things to deal with, because there will be. But finding that person who does it for you and knowing that person loves you back it just makes everything so much easier..."


Capítulo 4 – And Then You

Querido Diario:

Estoy deprimida.

Sé que realmente no tengo razones pasa estarlo. Al menos no razones que importen. Pero uno simplemente no puede evitar cómo se siente, ¿no lo crees tú? Es que… Simplemente no estoy conforme con mi vida. Siento que no pertenezco acá, que me espera algo mucho mejor pero no tengo idea de qué puede ser.

No es que me esté quejando de lo que tengo. No es eso. Es que… es realmente muy difícil de explicar.

Tengo una hermosa familia, grandes amigos y todo parece ir tal cual lo he planeado. ¿Pero es así como se supone que debería ser la vida?

Pensaba que uno tenía que recorrer un camino sin rumbo sin saber lo que le depara, tan sólo preparado para encontrarse con nuevas aventuras y averiguando qué hacer en la marcha. No se supone que debas trazar una línea recta, esquivar los desvíos que no llevan a ningún lado para lograr conseguir el "éxito".

¿Es eso en lo que nos hemos convertido? ¿El éxito se ha resumido en una vida acomodada libre de los prejuicios de los demás?

Si es así, entonces no quiero tener éxito en la vida. Porque sé que puedo conseguir todo lo que quiero si pongo la mente en ello, todo lo que quieren que obtenga, lo que es aceptado por mis padres, pero eso no significa que aquello sea lo que realmente necesito. ¿Sabes por qué? Porque me da la impresión de que cuando tenga todo en mis manos, el gran vacío seguirá en mi interior. El vacío que me acompaña a todas horas.

Me falta algo, necesito algo. Y me frustra no saber qué es. He tratado de darle vueltas al asunto para poder descubrir que es, pero no logro dar con las palabras, no logro escribirlo. Es un sentimiento de necesidad que se encuentra muy en lo profundo. Está en mí y no puedo descifrarlo. Es… como cuando tienes las palabras en la punta de la lengua. Sabes que lo sabes, pero no puedes recordarlo o no puedes decirlo en voz alta.

En fin… No creo que sea saludable vivir con las expectativas altas. Porque uno suele imaginar un montón de cosas que no se llegan a cumplir. Soñar despierta puede ser agradable en el momento, imaginar todas las cosas que pueden ocurrir… Pero la desilusión es mucho más potente y muchísimo más dolorosa.

Creo que ese es mi gran problema. Estoy constantemente desilusionada, y eso me deprime. Me levanto por las mañanas, abro la puerta de mi casa, camino por las calles pensando que en algún momento me encontraré con el amor de mi vida. Cuando estoy rodeada de gente suelo creer que entre todas esas personas está el indicado, el hombre al que amaré y que me amará hasta que muera.

Pero nada nunca pasa. Regreso cabizbaja a mi habitación por las noches sabiendo que fui tan, pero tan ilusa por haber creído semejante tontería.

La creencia popular dice que el amor llega a ti cuando menos lo esperas. Yo lo espero constantemente con gran intensidad, con un deseo que prácticamente se desborda de mi piel, porque quiero amar a alguien con todo mi corazón. Entonces… ¿ese es mi error?

La vida suele ser bastante dura para una romántica empedernida. Uno suele creer que el amor está en todas partes cuando no siempre es así. Y tengo que recordarlo para la próximo, así me ahorro un poco de dolor.

¿Pero saber qué es lo más ridículo de todo?

Si pudiese patearme a mí misma lo haría, porque sigo creyendo que pasará algo increíble uno de estos días. Y que lograré encontrarlo…

Si es que ya no lo he hecho.

Tuya,

Elena.

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Lancé un largo suspiro y cerré mis ojos. El primer día de la semana y ya estaba demasiado cansada como para mantenerme despierta. ¿Cuántos meses llevábamos de clases? Miré la pantalla de mi celular. Oh, cierto. Sólo dos meses.

¿Entonces cómo es posible que esté tan agotada? No quería ni levantarme.

Reuniendo toda la fuerza de voluntad que mi cuerpo almacenaba, me levanté de un salto antes de arrepentirme, preparé la ropa que iba a usar, saqué una toalla que estuviese seca y me fui a duchar. El agua más que lavar mi cuerpo y cabello, me ayudaba a despejar mi mente, como si también pudiese limpiar el sueño.

Me levantaba ridículamente temprano, casi dos horas antes de entrar a clases. Mi excusa: así puedo demorarme todo lo que quiera en prepararme antes de ir al instituto. Incluso podía darme el tiempo de escribir en mi diario, lo cual hace que valga la pena porque realmente lo necesito.

Estaba tan absorta vistiéndome y tan solo había deslizado una camiseta sobre mi cabeza cuando sentí un golpe en mi puerta, efectivamente sacándome de mis cavilaciones.

Quien quiera que fuera no esperó a que respondiera, porque cuando me volteé y planeaba abrir la puerta, la manilla se giró y la puerta se abrió ante mis ojos.

-¿Interrumpo algo? –Preguntó la voz familiar de una persona que me tomó desprevenida.

Casi se me salieron los ojos de las cuencas producto de la impresión. Me detuve en seco con la boca abierta, una tonta sonrisa extendiéndose en mi rostro.

-No puede ser.

Parpadeé un par de veces.

-¿Jenna? –Pregunté pasmada, sin poder creer lo que mis ojos veían-. ¡Oh, Dios mío!

Estaba de pie en el umbral de la puerta, sonriendo con las manos en la cintura, me observó expectante, como si esperara que me abalanzara hacia ella.

Y lo hice.

Corrí a abrazarla. Mi tía me recibió con sus brazos extendidos a los lados cuando estrellé mi cuerpo contra el suyo.

-¿Feliz de verme? –Preguntó mientras me rodeaba en un apretado y cariñoso abrazo.

-¡Sí! –Chillé, riendo de la emoción-. No sabía que no ibas a venir.

-Esa era la idea -. Dijo ella mientras nos separábamos y recuperábamos el aliento. Jenna estiró su mano y arregló mi cabello que se había desordenado con el impacto de nuestro abrazo-. Quería que fuera una sorpresa, así que le dije a tu mamá que no dijera ni una palabra.

Retrocedí hasta el asiento en la ventana y tomé mi diario, lo cerré con su seguro. Pude ver como Jenna reconoció el pequeño libro en mis manos, pero no hizo ningún comentario. Conecté la alisadora, me senté en el suave acolchado y comencé a deslizarla por las ondas de mi pelo.

Miré a Jenna por unos segundos y sacudí mi cabeza con una sonrisa. Hace casi un año que no la veía en persona, y tenerla enfrente luego de tanto tiempo era más que desconcertante.

-Vaya, este lugar no ha cambiado en nada –observó ella mientras inspeccionaba mi cuarto.

-¿Y cuándo decidiste volver? –Le pregunté mientras se sentaba en el borde de mi cama y miraba a su alrededor-. Pensé que no volverías hasta la cena de Acción de Gracias.

-Hace un par de semanas –respondió-. Ya terminé mi tesis y di mis exámenes finales, así que ahora que ya terminé mi carrera, estoy buscando un buen trabajo. Es difícil buscar uno considerando que tengo poca experiencia, pero escuché que no hay muchos consejeros estudiantiles hoy en día, así que no debería ser demasiado difícil.

-¿Acá en Mystic Falls? –pregunté sorprendida.

Jenna había estado completamente en contra de la idea de quedarse en el pueblo desde que descubrió que Logan Fell –su ex novio-, la había estado engañando con una tipa llamada Monica. Esa noche escapó rápidamente declarando acaloradamente que este lugar era un callejón sin salida y que no planeaba volver jamás. Nos preocupamos bastantes y pensamos que algo le podía haber pasado porque no supimos nada de ella durante días, hasta que volvió a llamarnos desde un teléfono público para contarnos que se encontraba bien, que se había ido del estado y que estaba viviendo en Durham, Carolina del Norte.

Nos rogó que no le dijésemos a nadie sobre su paradero para así evitar un futuro encuentro con Logan, porque estaba segura de que él iría a buscarla donde sea que ella estuviera. Al poco tiempo después recibimos la noticia de que había comenzado a estudiar en la universidad de Duke y que estaba viviendo en una residencia universitaria.

Jenna jamás se dejó convencer para que volviese, aunque tampoco ayudó mucho que Logan decidiera estudiar periodismo y que muy pronto aparecería en los noticiarios día y noche como reportero. Jenna no quería tener que lidiar con él, prefería mantenerse alejada y nos tranquilizó un poco el saber que realmente le gustaba vivir allá. Decía que no echaba de menos Mystic Falls, que mudarse había sido una buena idea, pero que lo único que la apenaba era no poder estar más cerca de nosotros.

-Sí –rió Jenna, captando mi asombro-. Mi novio recibió una oferta laboral de Mystic Falls High School. Al principio me opuse a que viniésemos, pero después de pensarlo muchas veces y de conversarlo repetidamente con él, me di cuenta de que vivir acá no es una idea tan mala… Este sitio es mi hogar.

Sonreí ante la mención de su novio. Jenna me había contado tanto de él que era como si ya lo conociera.

-¿Tu novio el profesor? –Alcé mis cejas juguetonamente-. ¿Así que ustedes van en serio?

En vez de comportarnos como tía y sobrina, Jenna y yo éramos como hermanas. Al ser muchos años más joven que mi mamá, Jenna pasó a convertirse en la hermana mayor que una tuve, pero más divertida. Se volvió mi confidente y sabe cosas que jamás les podría contar a mis padres. Siempre ha guardado mis secretos como si fuesen los suyos. Es la mezcla perfecta entre un adulto responsable que sabe lo que hace y una mujer joven alocada y muy liberal. Me da muchos consejos, los cuales se basan en su propia experiencia. Fue por eso mismo que no me sorprendió su decisión de convertirse en consejera estudiantil.

Jenna ha cometido un montón de errores y los comparte conmigo con la esperanza de que yo pueda evitar hacer lo mismo que ella, no obstante, insiste en que debo cometer mis propias meteduras de pata de vez en cuando para así aprender de ellas.

Me ha enseñado a beber alcohol y me ha dado lecciones tales como: "no tomes jamás con el estómago vacío", "siempre come algún aperitivo mientras bebes", "evita los tragos dulces porque no te darás ni cuenta cuando ya estés ebria", "siempre toma cuando esté rodeada de gente en la que verdaderamente confíes"; y por último, la lección que considera más importante: "nunca, nunca recibas algo de alguien que no conozcas."

Después de Caroline y Bonnie, Jenna fue la primera en mi familia en enterarse de que algo andaba mal en mi relación con Matt y fue la única en apoyarme cuando decidí terminar con él. Aunque nuestras conversaciones por teléfono no suelen ser muy frecuentes, estas son interminables. Podemos hablar horas sin descansar; lo que me consiguió una buena regañada cuando mi papá recibió la factura del teléfono.

Cada vez que Jenna visitaba el pueblo lo pasábamos en grande. Somos más que cercanas y la amo con mi vida. No sé qué haría sin ella.

-Sí, eso creo –sus grandes ojos avellana brillaron con entusiasmo-. Las cosas parecen marchar bien con Alaric. Todo es mucho más fácil. ¿Pero sabes algo? Cuando mencionó su interés por volver a Mystic Falls por un momento pensé que nuestra relación terminaría ahí. Nunca creí que él realmente quisiera venirse conmigo, de hecho, pensé que ambos nos iríamos por diferentes caminos y continuaríamos nuestra vida por separado, pero… no fue así –la sonrisa de Jenna se extendió-. Se mostró bastante animado cuando recibió la oferta de trabajo y fue él quien me convenció de volver. Cuando finalmente acepté la idea de mudarnos de Duke, se alegró mucho y al día siguiente comenzamos a empacar.

Su estado de ánimo era bastante contagioso, se veía tan feliz que no tardé en alegrarme por ella.

-Eso es un gran paso. Mudarse juntos.

-Dice que quiere comenzar una vida conmigo –dijo soltando un largo suspiro, la sonrisa pegada al rostro-. Está muy emocionado ante la idea de conocer a mi familia, ni siquiera tuve que persuadirlo.

-¿Y no cree que el pueblo es aburrido? –Pregunté-. Muchos prefieren salir en vez de quedarse.

-Cree que la historia de Mystic Falls es fascinante –rió-. Pero eso es de esperarse, Ric es un profesor de historia. Es un maniático de las cosas antiguas, y este pueblo en particular tiene más historia de la que él podría enseñar.

Alaric Saltzman, por lo que había escuchado, sonaba como un tipo agradable al que me gustaría conocer.

Jenna y él asistieron a la universidad de Duke y se conocieron en el campus. Como los dos estudiaban algo relacionado con humanidades, estuvieron en la misma facultad y tenían muchos amigos en común, por lo que acaban encontrándose en más de una ocasión en fiestas y eventos sociales.

Jenna me había explicado que Alaric era cuatro años mayor que ella y que la primera vez que había oído hablar de él se había enterado de que estaba comprometido con una mujer de la misma edad que él llamada Isobel Flemming, pero que a finales del mismo año cuando tuvo la oportunidad de conocerlo oficialmente por primera vez, fue él mismo quien le dio la noticia de que su compromiso había sido cancelado.

Jenna aún no está muy segura de cuáles fueron las razones que provocaron el quiebre porque a Alaric no le gusta hablar de su ex, pero por lo que ha logrado sacarle, al parecer Isobel no estaba realmente interesada en el matrimonio ni deseaba asentarse; quería otra clase de vida, por lo que terminó marchándose antes de que ninguno de los dos alcanzase a llegar al altar.

No está de más mencionar que Alaric fue el más afectado por la ruptura del compromiso y por un tiempo estuvo cerrado a la idea de volver a tener una nueva relación porque aún seguía amando a su ex prometida. Se convenció a sí mismo de que continuar su carrera era lo más importante y dejó las emociones de lado, pero las cosas fueron cambiando una vez que conoció a Jenna. En un principio la relación consistió únicamente y en nada más que amistad, pero con el pasar de los meses, poco a poco, Alaric logró salir adelante, en gran parte gracias a Jenna. Y una vez que logró recuperarse de su desolación, no tardó en enamorarse de la hermosa mujer de cabello rubio fresa que lo había sacado de su lúgubre soledad.

Una vez que Alaric le confesó su amor, no tardaron en estar juntos. La diferencia de edad no significó ningún problema ya que él era tan sólo dos pares de años mayor que ella. Salió antes que Jenna de la universidad y muy pronto encontró trabajo como profesor en la ciudad de Durham. Ella mencionó una vez por teléfono que habían decidido tomarse las cosas con calma, pero que ambos estaban dispuestos a dar el siguiente paso y poco después comenzaron a vivir juntos. Se veían en las mañanas antes de que ambos se dirigieran a sus respectivas clases, Jenna como estudiante de universidad y Alaric como profesor de secundaria.

Y por lo visto, las cosas resultaron bastante bien por primera vez en la vida de los dos.

-¿Te vas a quedar acá? –Inquirí-. Porque tu pieza está intacta desde la última vez que la usaste. No hemos tocado nada.

Jenna negó con la cabeza.

-No. No podría porque Ric y yo vivimos juntos. Eso significaría que tendría que traérmelo conmigo, y no es la idea. Sería incómodo para ustedes porque ni siquiera lo conocer y bueno… nosotros necesitamos nuestro propio lugar. Por eso mismo estamos arrendando un departamento en el centro. Es bastante pequeño, pero es todo lo que necesitamos por ahora mientras buscamos la casa perfecta. Miranda dijo que podía quedarme acá por un par de días si lo deseaba, ya sabes, para ponernos al día. Pero Ric necesita ayuda con la mudanza. Acabamos de llegar y tengo que ayudarlo a desempacar y todo eso.

Comprendía sus razones, así que asentí.

Aún estaba un tanto sorprendida de cómo había cambiado la actitud de Jenna en estos pares de meses. Hace un tiempo era defensora de la independencia de las mujeres y estaba absolutamente en contra de las relaciones amorosas, argumentando que los hombres no eran más que cerdos y que nosotras no debíamos de gastar nuestro preciado tiempo en ellos porque no valían la pena. Y aquí está ella ahora, planeando su futuro con su pareja, muy segura de sí misma y de lo que está haciendo. Me gusta el cambio.

Como mencioné antes, Jenna jamás ha tenido suerte en el amor y haciendo memoria, su última relación fue bastante desastrosa. Le costó mucho recobrarse una vez que terminó con Logan. Así que creo rotundamente que Jenna necesita a alguien que pueda hacerla feliz, que sea capaz de mantenerle los pies en la tierra pero que a la vez pueda impulsarla a seguir sus proyectos y a no abandonar sus sueños, alguien que sea su pilar y pueda protegerla de lo que se avecine en el futuro.

Por lo que Jenna me ha contado hasta el momento, Alaric es el candidato perfecto para esta labor. Su pasado tormentoso se asemeja mucho al de Jenna por lo que será capaz de comprenderla y de darle su espacio si ella lo necesita. Alaric es la roca de la relación y Jenna necesita la seguridad que él puede otorgarle.

Deseaba verlo con mis propios ojos y juzgarlo yo misma. Ansiaba conocer al hombre que fue capaz de convertirá a la alocada y liberal Jenna –una persona que solía arrancar de cualquier compromiso-, en una responsable mujer en busca de una vida tranquila en el pueblo del que escapó años atrás.

-¿Y cuando voy a conocer a este famoso Alaric? –Le pregunté a Jenna con genuina curiosidad-. Dijiste que quería conocernos. ¿Vino contigo? ¿Está abajo hablando con mis papás?

Hice el ademán de ponerme de pie, pero Jenna me detuvo y negó con la cabeza.

-No. Hoy era su primer día de trabajo y tuvo que irse más temprano de lo habitual porque tenía una reunión con el director antes de que comenzaran las clases. Creo que para terminar de planificar el tema de los horarios. Además, deseaba llegar antes que los estudiantes para poder conocer el recinto, habituarse al sistema y alcanzar a conversar con sus nuevos colegas para ver cómo funcionan las cosas por ahí…

La miré detenidamente mientras ella se ponía de pie.

Había algo en su voz, algo que no había escuchado nunca antes.

-Pero tu mamá nos invitó a Ric y a mí a cenar –prosiguió-. Así que podrás conocerlo esta noche, si es que no te lo topas en el instituto.

-Suena como una buena idea –sonreí con honestidad-. ¿Sabes si me hará clases? El profesor Tanner fue despedido hace una semana atrás y nos está haciendo clases un reemplazante.

Jenna estaba hurgueteando en mi tocador, levantando de vez en cuando algún objeto y volviéndolo a depositar en el mueble.

-Puede que sí, pero no estoy segura. Como dije, hoy le asignarán su horario –dijo mirándome de reojo, la comisura de sus labios elevadas en una pequeña sonrisa.

Me acerqué a la cama y tomé el chaleco azul marino que había dejado ahí estirado, y sobre este una chaqueta de cuero. El clima se estaba volviendo bastante helado aunque estuviésemos en otoño y no quería congelarme. Por mucho que me gustaría ponerme al día con Jenna, no podía dejar de asistir a mis clases ni podía retrasarme, porque pronto comenzarían las semanas de exámenes, así que me dirigí al tocador para echarme algo de perfume y seleccionar qué aros ponerme.

-¿No crees que sea incómodo? ¿El que tu novio sea mi profesor de asignatura? –Le pregunté distraída. Mitad en serio, mitad bromeando.

Jenna soltó una pequeña carcajada.

-Sí, ya hemos hablando de eso. No te preocupes, Ric es bastante profesional y planea comportarse de la misma manera cuando tú y Jeremy estén en el instituto. Ya sabes, pretender que no se conocen fuera del establecimiento y conservar las apariencias, porque de lo contrario él tendría problemas con el director. Pero será él mismo y no su profesor cuando estén fuera del recinto –Jenna sonrió con cariño-. Aunque está un poco nervioso de conocerlos porque quiere agradarles.

Ahí estaba nuevamente. Ahora pude detectar aquello tan curioso en su voz que me había llamado tanto la atención. Era orgullo y amor puro. Podía verlo en el brillo de sus ojos y en tierna sonrisa. Jamás había oído a Jenna hablar así de alguien, ni siquiera de Logan –del cual había estado casi obsesionada-.

-Es bueno saberlo –omití hacer algún otro comentario.

Un golpe en la puerta rompió nuestra burbuja privada. Ambas miramos al mismo tiempo a la persona que estaba de pie en el pasillo. Mi mamá nos saludó dulcemente con la mano.

-Elena –dijo al tiempo que entraba en mi habitación-. Caroline está abajo esperándote.

¿En serio? No escuché la bocina.

Me acerqué a la ventana y miré a través del vidrio. Efectivamente, ahí estaba mi amiga. Su auto estaba estacionado frente a mi casa y tenía las ventanas cerradas. Podía verla sentada detrás del manubrio mientras hablaba por su celular. Parecía agitada y algo molesta. Debió sentirse observada bajo mi escrutinio porque miró en mi dirección y me hizo señas para que me apresurara.

-Voy enseguida –le dije a mi mamá-. Ya estoy lista.

Caminé hasta el perchero que estaba junto a mi puerta, saqué un bolso y me lo colgué al hombro. En la noche anterior había guardado todo lo necesario como lápices, libretas y cuadernos pero me devolví al asiento de la ventana para tomar mi diario y guardarlo con cuidado entre mis cosas.

Mi mamá se percató de que había guardado el pequeño libro y sonrió. Ella fue la que me impulsó a escribir en él en primer lugar y lo hacía desde que era pequeña. Era una tradición entre los Gilbert que había pasado de generación en generación. En el ático están guardados un montón de tomos de distintos años que le pertenecieron a Johnathan Gilbert, y mi papá solía leérmelo cuando era pequeña.

Recuerdo que no hacían más que asustarme, porque eran cuentos de terror y hablaba mucho de los vampiros en Mystic Falls. Ahora en la actualidad, pienso que Johnathan no era más que un hombre un tanto desquiciado pero con mucha imaginación. De alguna manera todas las personas que lo rodeaban lograban transformarse en vampiros, brujas u hombres lobos. A Jeremy le gustaban más ese tipo de cosas y muchas veces lo he visto tomar uno que otro diario para comenzar a hacer bocetos basados en la descripción que ahí sale de los "demonios".

A diferencia de Johnathan Gilbert, yo sólo me conformaba con plasmar mis sentimientos y pensamientos en las hojas de papel. En parte me fue ayudando poco a poco a mejorar mi estilo de narración. Si bien el objetivo principal es desahogarme y liberar todo lo que tengo dentro y no puedo decir en voz alta, también me sirve para practicar. Puede que mis planes para el futuro sean estudiar medicina en la universidad y ser un gran médico, pero escribir un libro siempre ha sido mi sueño y no planeo abandonarlo.

Miré a Jenna antes de retirarme.

-Supongo que nos veremos esta noche –dije.

Jenna me envió una cálida sonrisa y se acercó para volver a rodearme con sus brazos.

-Te extrañé –me susurró al oído-. Extrañaba nuestras conversaciones, 'Lena. Hablar por teléfono no era suficiente. Y no puedo esperar a que me cuentes todo lo que ha pasado mientras yo no estuve.

-Igual yo –admití mientras apoyaba mi mentón sobre su hombro, respirando el agradable olor de su acondicionador-. Así que la próxima vez que decidas abandonar el estado prométeme que no desaparecerás por tanto tiempo.

El cuerpo de Jenna se estremeció con su risa.

-Lo prometo.

-Estoy feliz por ti –le susurré al oído.

Me separé de nuestro abrazo. Los ojos de llena brillaban de felicidad, lágrimas reprimidas. Mi mamá nos miró a ambas con una afectuosa sonrisa.

-Elena, ¿no vas a desayunar antes de irte?

-No tengo tiempo, mamá –cuando me lanzó una mirada reprobatoria, añadí-: Caroline se enfadará mucho conmigo si la hago esperar. ¡Pero llevaré algo para el camino! –grité mientras bajaba rápidamente las escaleras en dirección a la cocina.

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Dicho y hecho. Caroline se quejó de mi retraso, pero pronto olvidó su enfado cuando le mencioné sobre el retorno de Jenna.

Durante todo el trayecto al instituto le fui contando a Caroline las novedades sobre Jenna y Alaric mientras íbamos comiendo de paquete de galletas que había sacado de la alacena de mi casa. Ella me escuchó atentamente en todo el recorrido, riendo o comentando algo de vez en cuando.

Pero una vez que aparcó en su lugar habitual en el estacionamiento de estudiantes, el ambiente se tensó considerablemente. Supe que algo tenía que decirme cuando apagó el motor y miró al frente sin despegar la vista del parabrisas mientras lanzaba un largo suspiro, como si estuviese reuniendo el valor suficiente para enfrentarme.

Me preparé mentalmente para lo que sea que fuera a lanzar en mi dirección.

-Escúpelo, Caroline –le insté.

Ella tardó unos segundos en darme la cara, y cuando lo hizo finalmente, habló:

-Mira, sé que dijiste que últimamente has estado demasiado ocupada para hacerte cargo de las Lady Timberwolves, y con Bonnie hemos postergado los ensayos por lo mismo. Pero el partido de los Timberwolves es este viernes y las chicas me han estado preguntando si has pensado en nuevos movimientos que agregar a nuestra rutina. Es el debut de este año, Elena.

Me concentré en mirar por la ventana a mi lado y fingí interés por cualquier otra cosa que no fuera mi amiga. Ella al ver que no planeaba contestarle, volvió a suspirar pesadamente.

-Entiendo que estés estresada por los exámenes y la presión de tus padres. Créeme, te entiendo. Si yo estuviera en tu lugar ya me habría vuelto loca o pegado un tiro. Y sabes que estoy de tu lado, por eso mismo voy a contarte esto cuando no debía… Okay, aquí voy –inhaló profundamente, reuniendo coraje-. Las chicas estuvieran hablando sobre quitarte tu posición de capitana.

Debería haberme sorprendido, pero no lo hizo. Lo veía venir desde hace bastante tiempo, más o menos desde que terminé con Matt y todo el mismo se puso en mi contra. Lo esperaba, pero eso no evitó que mi estómago se contrajera con ansiedad.

Fruncí el ceño y miré a Caroline. Ella se estaba mordiendo el labio y tenía los ojos azules muy abiertos llenos de temor e inseguridad. Se había desabrochado el cinturón de seguridad y estaba ladeada en su asiento, medio inclinada en mi dirección y con sus inquietas manos en el regazo. Como se dio cuenta de que no iba a decir nada, su nerviosismo aumentó y comenzó a hablar con mayor rapidez, seguramente temiendo que estuviese enojada con ella.

-Creen que no estás lo suficientemente preocupada por el equipo y están de acuerdo en que la mejor solución es revocarte de tu puesto y poner a otra en tu lugar.

-¿A quién? –Pregunté tratando de no traslucir ninguna emoción y portando mi mejor cara de póker.

No es que me importase quién ocuparía mi lugar, yo sólo quería satisfacer mi curiosidad. Y probablemente también hacer añicos mi autoestima.

Caroline inspeccionó mi rostro como si estuviese buscando algún sigo de enfado que le impidiese continuar. Cuando no encontró ninguno, prosiguió:

-Megan se ofreció a tomar tu puesto –contestó ella prácticamente escupiendo el nombre. Luego fue decreciendo el volumen de su voz hasta un pequeño murmullo tan bajo que casi no pude oírla-, pero las demás creen que lo ideal sería que yo fuera la capitana.

Asentí. Estaba de acuerdo. Tenía sentido porque Caroline era la segunda al mando después de mí. Jamás faltaba a los ensayos y siempre estaba presente a la hora de tomar decisiones si se lo pedía. Además, era grandiosa y sabía cómo moverse y atraer la atención del público.

Las chicas tenían razón, no podía negarlo. El equipo era actualmente la última de mis preocupaciones. El año pasado solía tomármelo con bastante seriedad pues era la única chica de segundo año que había sido capaz de liderar a la cheerleaders. Era algo histórico e inusual. Solía amarlo y era divertido.

Pero las cosas fueron cambiando estos últimos meses, las cosas son diferentes este año. Con el pasar de las semanas me fui dando cuenta de que en vez de asistir a los ensayos por gusto y diversión, terminé haciéndolo por obligación. Cada día que practicaba las rutinas se convertía en un suplicio y me encontré a mí misma tratando de postergar las fechas de los ensayos; inventando excusas para no asistir y dejando a Caroline temporalmente a cargo para que me reemplazara.

Tener que practicar era definitivamente la peor parte de mi día y traté de evitar hacerlo. Miraba los días en el calendario y me cansaba de tan sólo saber que tenía que inventar nuevos pasos, me desanimaba la simple idea de quedarme a planificar después de clases. Así que cuando me preguntaban qué día nos quedaríamos a bailar, yo sólo me hacía la tonta y trataba de ignorarlas sin que se diesen cuenta.

Entendía que quisiesen sacarme del equipo y me sentía aliviada al pensar que ya no sería parte de las Lady Timberwolves, pero eso no hacía más que aumentar mi sentimiento de culpa. Se suponía que yo estaba al mando por lo que debía asumir mi responsabilidad y liderar al equipo. Eso es lo que haría una buena capitana. Antes solía pensar que mi abatimiento sería momentáneo, que tan sólo debía aguantar hasta que se me pasara.

Es lo que la Elena Gilbert de hace un par de meses atrás hubiese hecho.

¿A quién trataba de engañar? Ahora cheerleading no significa nada para mí, y me pregunto cómo es que tardé tanto tiempo en darme cuenta de eso. Me habría evitado tantos problemas.

Mi vida amorosa, mis estudios, mis actividades extracurriculares, mis proyectos, mis planes para el futuro… ya nada tiene sentido. Las vacaciones, las celebraciones en familia y los cumpleaños parecen ser otro día en el calendario. Todo parece apagado, aburrido e inútil. Ya nada logra agradarme; todas mis alegrías se han vuelto momentáneas y se desvanecen tan rápido como llegaron.

Me terminé convirtiendo en una persona a la que apenas conozco, en una persona que terminó haciendo todo por costumbre, porque era lo que se esperaba de ella. En una Elena sin vida, y ahora no sé cómo escapar de eso.

Cualquiera diría que mi vida es envidiable. Admito que hay gente que vive en peores condiciones que las mías. Que sufren desgracias o que están bajo un contante e insoportable dolor. Pero, sinceramente... ¿Qué hay de envidiar en una vida vacía y sin significado? Estoy sedienta de… vida. Un día me dediqué a navegar por internet y encontré un sitio donde hablaban de la falta de interés en general hacia todo lo que te rodea. Lo reconocí como mis propios síntomas. Y ahí decían que es un síntoma de una enfermedad muy conocida: La depresión. Y por un momento pesé, extrañada: ¿Estoy deprimida? La idea sonaba ridícula cuando la decía en voz alta. Pero luego miré todo desde una perspectiva diferente y ya no sonaba como algo tan descabellado. Al parecer… sí, estoy deprimida. Y ni siquiera eso fue capaz de asombrarme. Ya nada parece hacerlo.

Pero estoy mintiendo, sí hubo algo que pudo. No algo, más bien alguien. Alguien que logró sacarme de mi profundo adormecimiento y consiguió estremecerme hasta la médula. Fue tan breve, pero por un momento toda esa falta de viveza se desvaneció y dio paso a una euforia inexplicable. Me embargaron sensaciones que parecieron recorrer todas mis terminaciones nerviosas, emociones desconocidas que jamás había experimentado y que tomaron el control de los latidos de mi corazón y mi respiración. Como si fuese una droga que hubiese ingresado a mi torrente sanguíneo. De repente estaba dentro de mí, y ya no lo pude sacar.

Esperaba que pudiese repetirse esa noche gloriosa. Pero no quería pensar en lo que Damon fue capaz de hacer, porque sigo pensando que el alcance de su influencia resulta más que sobrecogedor. Sigue siendo alguien peligroso por ser capaz de dominarme con el poder que ejerce sobre mí. Lo peor de todo, es que sigue siendo un completo desconocido.

"No confíes en los extraños", solía decirme mi abuelo. "Ni en tu familia. No confíes ni en mí, porque hasta alguien de tu propia familia puede hacerte daño. Así que cuídate."

Hmm. Tan solo pensar en Damon logra hacer que mi pulso se acelere y calor inunde mis mejillas. Así que traté de concentrarme en la situación que tenía en mis manos.

-Realmente no quiero hablar de esto, Caroline –dije mientras colocaba los dedos sobre mis sienes, masajeándolas lentamente.

Podía sentir como se aproximaba un dolor de cabeza. Malditas cefaleas tensionales.

-Lo siento –dijo ella en tono de disculpa-. Sabes que no te molestaría si no fuese importante. Pero es que ellas quieren saber tu respuesta hoy mismo porque tienen planeado ensayar con o sin ti.

Entendí el mensaje entre líneas. Caroline fue realmente dulce al tratar alivianar el golpe.

-Entonces, si no aparezco me sacarán del equipo –deduje.

Di en el clavo, porque Caroline se encogió.

-Exacto –hizo una mueca-. No quiero que pienses que estoy de parte de ellas. ¡Ugh! Odio esto. ¡Ni siquiera fue mi idea! La gente pensará que soy una mala amiga y que te he quitado del equipo.

Agarré el bolso con una mano y abrí la puerta con la otra. Caroline abrió sus ojos alarmada.

-Ellos no tienen idea de lo que sucede realmente, así que no debería preocupártelo que piensen de ti –me bajé del auto-. Y yo no me juntaría con una mala amiga, por lo que si te ven conmigo, una vez que no esté en el equipo, se darán cuenta que los rumores no son más que eso: rumores.

Caroline se bajó de su coche y cerró la puerta del conductor de un portazo.

-Sí, tienes razón –dijo probablemente tratando de convencerse a sí misma-. Así que… ¿qué quieres que les diga?

-Aún no estoy segura, pero hum… ¿podrías darme un poco de tiempo para pensarlo?

Lo necesitaba para decidir si debía seguir o no en el equipo. Por mucho que ya no me gustara, no sabía si eso cambiaría una vez que lo abandonara por completo.

Caroline frunció sus labios, sopesando mi propuesta por unos segundos y se notaba que no estaba para nada contenta. Eso quería decir que la estaban presionando para conseguir mi respuesta, y ella la necesitaba ahora mismo. Lo entendía, pero… no tenía ninguna. Al menos no en este instante. Si me dedicaba a analizar los pro y los contra, seguramente llegaría a tomar una decisión, pero para eso necesitaba por lo menos una hora. No quería tomar decisiones apresuradas, y quería pensar esto fríamente y con calma. La indecisión es mi segundo nombre, por lo que tenía que llevar a una conclusión.

-Te mandaré un mensaje más tarde –traté de mostrarme firme para poder persuadirla.

Caroline entrecerró sus ojos, seguramente adivinando mis intenciones.

-Antes de la hora de almuerzo.

-Lo prometo –dije y me burlé de ella al poner la mano sobre mi corazón.

-Es en serio, Elena. Necesito tu respuesta.

-Dije que lo prometía. No, tacha eso. Lo juro con el corazón –dije dramáticamente.

Caroline puso los ojos en blanco.

Me extrañó que Caroline no hubiese mencionado a Bonnie en todo el camino. A estas alturas ya deberíamos estar las tres reunidas antes de entrar a clases y no veía a Bonnie por ningún lado, por lo que probablemente llegaría tarde. Decidí preguntárselo a Caroline, quizás ella había hablado con Bonnie.

-¿Dónde está Bon? –Le pregunté cuando comenzamos a caminar por el estacionamiento en dirección a la puerta principal-. ¿No se supone que debíamos haber pasado a buscarla?

Caroline negó con la cabeza.

-No. Dijo que se había atrasado y que ella misma conduciría hasta acá.

Si bien las tres teníamos nuestros propios vehículos, muchas veces nos turnábamos en las semanas y una de nosotras llevaba a las demás al instituto. Viaje de ida y vuelta. La idea fue de Bonnie que dijo que era bueno para el medio ambiente y que de paso, a la larga, podríamos ahorrar bencina.

Hablando de Bonnie… Ella aún no se había contactado conmigo y no hemos hablado desde la noche de mi cumpleaños. El nudo de ansiedad volvió a aparecer en la boca de mi estómago. Sé que algo no anda bien porque es una costumbre entre nosotras hablar todos los días sin falta. La he llamado un par de veces pero me lanza directamente al buzón de voz, como si tuviese el teléfono apagado. Mi instinto me dice que algo no anda bien.

A mi lado, Caroline jadeó exageradamente como si alguien le hubiese echado un cubo de hielo en la espalda. Solté una risa involuntaria.

-¿Qué ocurre? –Pregunté sin ocultar mi diversión.

-¡Está acá! –Gimió dándose la vuelta, dándome la espalda a mí y a quien sea que hubiese visto.

¿Pero qué mierda?

-¿Bonnie?

Observé perpleja como Caroline corrió hacia el espacio que había entre dos autos y se agachó hasta quedar a la altura de uno de ellos, escondiendo todo su cuerpo. ¿Quién era esta chica y que había hecho con mi valiente amiga?

-Uh… ¿Qué estás haciendo?

Me acerqué a ella, sin lograr entender qué es lo que pasaba.

-¿De quién te estás escondiendo? –Inquirí bajando el volumen de mi voz.

Quizás la persona de la que se escondía podía estar cerca.

-¡Stefan! –me siseó Caroline como una serpiente.

Mi amiga había logrado atraer la atención de varias personas que estaban a un par de metros de nosotras con su voz no-tan-disimuladamente-baja. Miré a una chica que se sentaba detrás de mí en biología y la saludé torpemente con la mano.

Aún había algo que no tenía sentido.

-¿Por qué te escondes?

Seguía sin comprender. ¿No que le gustaba?

-¡No me llamó, Elena! –Gimió Caroline, en un arrebato de desesperación-. ¡No sé qué hacer!

Ohh. Así que de eso se trataba todo.

La parte superior de su rostro estaba asomada por sobre el techo del auto, como si estuviese espiado a Stefan.

Arqueé una ceja.

-Podrías partir mostrando algo de dignidad –disparé.

Eso pareció haber activado una parte de su femenino cerebro, pues volvió a erguirse y alzó la barbilla en un gesto muy altanero. Sofoqué una risa.

-Ha. Muy gracioso. Olvidé reírme. Ha, ha –su voz chorreaba sarcasmo-. ¿Lo ves? –Me preguntó abriendo mucho los ojos, una expresión que sólo se podía interpretar como pánico.

Me compadecí de ella y decidí ayudarla.

-Uh… Déjame ver –me giré lentamente, inspeccionando a los estudiantes y autos con la mirada, uno por uno, tratando de reconocer al chico rubio que había visto en el Grill-. ¿Dónde lo viste?

-Se bajó de un auto –murmuró Caroline, dándome la espalda.

-Wow, ese es un dato muy útil considerando que estamos en un estacionamiento –me burlé.

-Corta con el sarcasmo –me reprimió Caroline-. El auto es fácil de distinguir, no tardarás en encontrarlo.

-Está bien, está bien. Si tú lo dices… -dije socarronamente.

Traté de buscar algo inusual y mis ojos se posaron inmediatamente en un descapotable de un claro tono azulado, idéntico al de un cielo despejado. A mi papá le gustaban mucho los vehículos y pude reconocerlo como un Chevy Camaro Convertible, un modelo bastante retro. Precioso carro. Era el tipo de auto que verías en una carrera clandestina, cuyo dueño era probablemente un rudo conductor que se ganaba el dinero haciendo apuestas. Podía imaginármelo como un tipo grande y musculoso que suele coquetear con la chica de la bandera que se encarga de dar la señal a los corredores para que arranquen los motores.

O eso, o también podía imaginármelo como un greaser de los cincuenta que pertenece a una banda criminal. Un muy guapo greaser.

Caroline había estado en lo correcto. Era fácil de distinguir y definitivamente llamaba mucho la atención. Los autos de los alumnos no eran la gran cosa, por lo que el Camaro acaparaba un montón de miradas. Mis ojos se apartaron del vehículo y se deslizaron hacia sus ocupantes que estaban de pie a ambos lados del carro.

Me petrifiqué en mi lugar.

Sí, Stefan Salvatore estaba ahí junto a la puerta del copiloto. Pero no estaba solo.

Damon estaba junto a él.

-¡Oh, Dios! –era mi turno de jadear.

¿Recuerdan cuando me burlé de Caroline y su carencia de dignidad? ¿Si? Bueno… ¡A la mierda la dignidad!

Me agaché y me escondí detrás del auto. Caroline se inquietó aún más y siguió mis movimientos. Cuando ambas estuvimos a la misma altura, ella cuchicheó:

-¿Qué pasó? ¿Vienen para acá? –Palideció.

-No –mascullé entre dientes-. Damon está acá.

Este era el último lugar en el que hubiese imaginado encontrármelo. No me lo esperaba para nada y no estaba preparada para esto.

Una radiante sonrisa cruzó el rostro de Caroline.

Oh, no. Elena, ¡¿por qué no puedes mantener tu jodida boca cerrada, maldita sea?!

-¿Damon? ¿Damon, "el chico del bar"? –Exclamó.

Seguramente ambas éramos una imagen muy divertida ahora mismo. Las dos casi arrodilladas en el pavimento escondiéndonos patéticamente de un chico.

-El mismo –farfullé.

Caroline pareció olvidar lo que estábamos haciendo porque se levantó de un salto con entusiasmo. Intenté tirar de la manga de su chaleco para atraerla a mí, pero ella apartó mi mano con un manotazo. Sus ojos rastrearon el aparcamiento hasta que encontró lo que buscaba.

-¡Oh, infiernos! –Aulló-. ¡Está para comérselo!

Estaba segura de que no fui la única persona que la escuchó porque tres de nuestras compañeras de práctica que en ese momento caminaban hacia la entrada miraron a mi amiga y se largaron a reír.

Rogué que la voz de mi amiga no hubiese llegado a oídos de Damon. Pero sospeché que los potentes gritos de Caroline habrían llegado hasta el otro extremo del estacionamiento.

-¡Caroline! –Bramé con las mejillas enrojecidas. Me sentía, oh, tan humillada-. ¿Recuerdas esa conversación que tuvimos sobre no decir lo primero que se te viene a la cabeza?

-¿Recuérdame de nuevo por qué no lo besaste? –Preguntó a su vez Caroline sin quitarle los ojos de encima, mordiéndose el labio provocativamente. No estaba segura de sí era consciente de lo que estaba haciendo-. Es una delicia para la vista. Olvídate de las presentaciones, unos segundos con ese bomboncito y ya tendría mis piernas rodeándole la cintura. Con gusto haría "Home Run" con él, al diablo con las tres primeras bases –hizo un gesto despectivo con la mano-. Y estoy segura de que él no tendría problema alguno. Sí. Por la manera en que camina debe creer que es el regalo de Dios para las mujeres.

Oh, maldición.

-No lo puedo creer –refunfuñé entre dientes lo suficientemente bajo para que Caroline no me oyese.

Ni siquiera se molestó en bajar el volumen de su voz. ¡Estaba prácticamente gritando! Todo el mundo se iba a enterar de esto.

-Ahora entiendo por qué te comportaste como una niña de once años cuando habla de su actor favorito –se llevó un dedo al mentón, como si hubiese dado con una gran revelación-. Deberías haberlo invitado a tu casa. ¡Oh, Elena! Si alguna vez te acuestas con él, quiero que me lo cuentes con lujo de detalles. ¡Quiero saberlo todo! ¡TODO! ¿Me oyes? Debe ser increíble en la cama. Apostaría todos los vestidos de mi guardarropa.

Me tapé el rostro. No deseaba ser parte de esto.

Mi amiga lanzó un gran alarido y comenzó a saltar, riéndose como loca. El insoportable ruido me recordó a una hiena.

-¡Vienen para acá! –Chilló Caroline descontroladamente.

¡¿Qué?!

Rápidamente empecé a buscar donde esconderme, demasiado avergonzada por el espectáculo que había armado Caroline como para encarar a Damon. Mis ojos recorrieron el lugar desesperadamente pero no encontré ninguna salida por la cual escabullirme sin ser vista, así que opté por quedarme en mi lugar y traté de conservar la poca y nada compostura que aún me quedaba. Me enderecé y fingí estar apoyada en el auto, manteniendo una expresión neutral en mi rostro.

-Hey, ¡viniste! –Saludó Caroline alegremente.

Quería partirle el pescuezo.

De reojo pude ver como mi amiga se inclinó a darle un beso en la mejilla a Stefan. Pretendí recién haberme percatado de la presencia de los hermanos y puse mi mejor cara de sorpresa.

Damon estaba a unos pasos de distancia portando esa exasperante e irresistible sonrisa torcida. Parecía divertido e incrédulo, obviamente no se compró mi acto de fingido desinterés porque sacudió al cabeza y se rió entre dientes. El rubor de mis mejillas se profundizó. No era la mejor de las actrices pero supuse que podría haber pasado desapercibida. Por lo visto me equivoqué.

Caroline fue la primera en recordar sus modales y decidió hacer las presentaciones.

-Stefan, quiero presentarte a mi amiga, Elena –dijo indicándome con su mano-. Elena, este es Stefan.

-Hola –le saludé, algo cohibida por la presencia de su hermano mayor.

El aludido frunció automáticamente el entrecejo y sus ojos verdes se entrecerraron levemente. Me sentí algo incómoda bajo su escrutinio y cambié el peso de un pie a otro.

Me dio la impresión de estar en una especie de prueba. El hecho de que se trataba nada más ni nada menos que del hermano de Damon no hizo más que aumentar mi inseguridad. Sabía que de una forma u otra debía agradarle porque es alguien cercano a Damon y su opinión tiene peso. Pero su mirada era más que un poco descarada; no en un sentido obsceno, pero tampoco era precisamente buena. Lo único que deseaba era que dejara de mirarme.

Con los ojos busqué a la primera persona que se me vino a la mente en busca de ayuda.

El rostro de Damon no revelaba ninguna emoción, pero sus ojos hablaban por él. Estaban fijos en su hermano y parecían despedir destellos de fura aun cuando este último le estaba dando la espalda. Cuando notó que le estaba observando, la llama de sus ojos se suavizó y me lanzó un guiño.

Por tonto que parezca, eso logró reconfortarme un poco.

-Hola, Elena –dijo Stefan, con voz amable.

Sorprendida por el tono de su voz, me fijé nuevamente en él. Lo más raro de todo, es que sus labios estaban curvados en una sonrisa bastante amigable y estiró su mano para que la estrechase.

¿Pasé la prueba? Supongo que sí.

Titubeé antes de darle un fuerte apretón. Stefan pareció complacido.

-Está… bien –musitó Caroline lentamente-. Eso fue extraño.

Dímelo a mí.

La sonrisa de Stefan se agrandó cuando volvió a enfocarse en mi amiga.

-Caroline, este es mi hermano… -comenzó a decir Stefan pero ella lo interrumpió con rapidez.

-Oh, sé quién es él –presumió Caroline-. Elena me ha contado mucho de Damon.

Además de romperle el cuello iba a arrancarle el corazón con mi propia mano.

Los labios de Damon se extendieron en una gran sonrisa, pero en vez de coqueta ahora era fanfarrona. Se veía bastante satisfecho consigo mismo.

Ugh. Estúpido, arrogante y apuesto hombre.

-Es un placer –dijo él dando un paso al frente y uniéndose a nuestra conversación. Sus ojos cobalto no dejaron de mirarme en ningún momento-. Hola, Elena.

Caroline. Literalmente. Lanzó. Un. Jodido. Grito. Agudo.

Apenas tenga la oportunidad de estar a solas con ella juro que la golpearé tan fuerte que verá estrellas. La furia me estaba volviendo agresiva y homicida.

Ella no parecía arrepentida en absoluto, porque cuando le dirigí una mirada llena de reproche tan solo se encogió de hombros.

-Ya que eres nuevo acá, Stefan. ¿Qué te parece si te muestro el establecimiento? –Ofreció mi amiga mientras le agarraba del brazo y tiraba de él.

Stefan pareció algo desconcertado. Oh, no tenía idea de cuan lanzada y tenaz podía ser Caroline cuando tenía algo en mente.

Sonreí para mis adentros.

-Oh, seguro. Gracias –se mostró sinceramente animado, la sonrisa y sus ojos lo delataban.

-¡Genial! Porque no iba a tomar un no por respuesta.

Damon se apartó para dejarlos pasar y se colocó a mi lado. Cuando Stefan no la estaba mirando, Caroline inclinó su cabeza hacia Damon y me sonrió tácitamente, dándome a entender que me estaba dejando a solas con él a propósito. Como Damon no la estaba mirando, no percibió nada de esto.

Agradecí al cielo y a los infiernos por esto.

Aún podía escuchar la voz de Caroline una vez que se alejó con Stefan caminando por los pasillos.

-No te veías muy feliz cuando te vi –dijo Damon mientras inclinaba su cuerpo acercándolo más al mío.

Sin importar cuantas veces imaginé este encuentro, no estaba preparada para hablar con él. Incluso había memorizado lo que podría decirle cuando volviera a verlo, pero ahora todas aquellas palabras me parecían estúpidas e insignificantes. Me encontraba más nerviosa que cuando lo conocí. Quería desviar mi mirada de la suya, pero sus ojos azules eran tan atrayentes que hacerlo sería un crimen. Era una especie de ratón que estaba petrificado mirando los hipnóticos ojos de una serpiente antes de ser devorado.

Me temblaban las piernas y sentía las rodillas extrañamente débiles. Mi corazón martilleaba con rapidez y podía sentir como bombeaba la sangre en mis orejas. El latido era tan fuerte que temía que Damon pudiese escucharlo. Traté de controlar mi respiración y parecer normal pero estaba demasiado acelerada como para quedarme tranquila en mi lugar. Sequé mis sudorosas manos en mis pantalones.

-Estás acá –dije sin apartar mis ojos de los suyos.

"How my love, it spins me 'round.

And how my love, it's let me down.

And how my thoughts, they spin me 'round.

And how my thoughts, they let me down.

Then there's you, then there's you.

Then there's you… Then there's you."

Damon ladeó la cabeza e hizo esa cosa con sus ojos que ya había aprendido a amar y odiar al mismo tiempo. Pareció tener un efecto directo con mis rodillas así que busqué el soporte del auto para apoyar mi espalda y mantenerme de pie.

-Estoy acá –asistió sin dejar sonreír-. ¿Mal día?

Si estaba hablando de mi reacción ante el arranque de emoción de Caroline. Sí, me había molestado un poco, pero no era para tanto. Había sido divertido, aunque completamente embarazoso.

-¿Escuchaste a Caroline? –Pregunté con un quejido.

Se encogió de hombros.

Eso era un sí.

-Estábamos aquí desde antes que ustedes llegaran –me informó sin hacer caso de mi pregunta-. Tú y tu amiga parecían estar discutiendo sobre algo.

Baje la mirada al suelo y me aparté de Damon. Como todavía estábamos en el lugar en el cual me había escondido hace un rato, comencé a alejarme y caminé en dirección a la puerta principal del instituto. Damon me siguió.

-Hey, lo siento. No era mi intención entrometerme –se disculpó y su voz sonaba honesta.

Sonreí porque me pareció adorable.

-No, descuida –le tranquilicé-. Para serte sincera, no estaba peleando con ella.

De repente recordé algo. Entrecerré mis ojos y lo miré acusatoriamente.

-¿Qué estás haciendo acá?

Me dio una mirada traviesa.

-¿A qué te refieres? –Trató de parecer serio y ocultar su sonrisa pero no lo consiguió.

-Eres demasiado mayor como para ser un estudiante. No se supone que deberías esta aquí. Así que… ¿qué estás haciendo acá? –Arqueé una ceja.

-Ouch. Me haces sentir como un anciano decrépito. Y yo que pensé que era irresistible –fingió estar herido.

Le miré expectante a la espera de una respuesta. Las comisuras de los labios de Damon se elevaron.

-El auto de Stefan estaba averiado y necesitaba que alguien lo trajera. Nuestra casa está bastante lejos del instituto así que lo conduje hasta acá.

Sonaba creíble, pero algo me decía que esa razón no era suficiente.

-Que considerado de tu parte –dije con sarcasmo.

-Oh, sí. La idea nació de la bondad de mi corazón –me siguió el juego con falsa seriedad, posando su mano sobre su pecho y cerrando sus ojos como si estuviera derramando sus sentimientos con esa oración.

Me reí de lo ridículo que se veía. El hielo de sus ojos parecía haberse derretido por completo y lucía contento, probablemente porque había logrado hacerme reír.

-¿Por qué será que no te creo? –Pregunté sardónicamente.

-Porque eres demasiado lista para caer en eso –contestó seductoramente.

Creo que la especialidad de este hombre es hacer que cada palabra, cada frase suene de manera coqueta. ¿Cómo podría olvidar que era un experto en el arte de la seducción?

Mi instinto comenzó a decirme que estaba siendo observada así que me giré para mirar a mí alrededor y me di cuenta de que estábamos siendo vigilados, la mayor parte de las ojeadas que recibíamos provenían de distintas chicas que simplemente no podían despegar la vista de Damon. Una reacción normal y entendible si consideramos su atractivo. No se ven hombres como Damon todos los días, por lo que no podía querellarme contra ellas. No realmente. Definitivamente no podía desquitarme con Damon tampoco porque él no tiene la culpa de haber nacido tan jodidamente apuesto. Pero eso no significaba que estuviese de acuerdo con que lo examinasen desvergonzadamente como si fuese un pedazo de carne.

Sentí como mi estómago se contrajo con una emoción desconocida. Un diferente tipo de calor recorrió mi cuerpo y mis manos se cerraron en forma de puños. De manera brusca, las imperiosas ganas de arrancarles los ojos a todas y cada una de ellas me sobresaltaron.

Para evitar una pelea insensata, volvía a concentrarme en Damon, quien no parecía afectado por la atención que estaba recibiendo. Por supuesto. Era más que probable que él estuviese acostumbrado a ser el centro de atención de la población femenina.

Vamos, Elena. No seas tonta.

-¿Así que estás diciendo que no debería confiar en ti? –Pregunté con una gran sonrisa, lanzando sus palabras en su contra.

Damon se rió entre dientes.

-Estaba diciendo la verdad cuando dije que Stefan necesitaba que lo condujera hasta acá. No sé si los sabes, pero el autobús no pasa cerca de nuestra casa –me dijo como si fuera un secreto.

Me di cuenta de que no respondió a mi pregunta. Mi cerebro lo encontró interesante. A mi corazón no le importó en absoluto.

-¿Así que esa es la única razón por la que has venido? –Opté por preguntar-. ¿Ahora hacer de chofer?

Damon adoptó un aire de complicidad, como si fuera a revelar información confidencial.

-Admito que fue una de las razones, pero no la principal. De hecho, estoy aquí por otra cosa.

Hablar con Damon es casi lo mismo que estar interrogándolo. Como si yo fuera el policía y él fuese el delincuente que no quiere aceptar su crimen. Hay que prácticamente sonsacarle las respuestas porque las oculta deliberadamente.

-¿Oh, sí? ¿Y qué cosa? –Pregunté alzando las cejas, desafiándolo a que continuara.

Me dedicó una sonrisa lobuna que mostró todos sus dientes blancos. Los latidos de mi corazón se volvieron erráticos.

"You know I know the tune well,

I've written it all over myself if you can't tell,

with a melody that climbs and then falls,

then falls without you…

Without you…"

-Si bien no recuerdo, tú tienes algo que me pertenece y me gustaría recuperarlo.

Tardé unos segundos en responder todavía demasiado encandilada como para pensar más allá de cuan hermosa era su sonrisa.

-¡Oh, sí! ¡Tu chaqueta! –Exclamé una vez que recuperé la conexión cerebro-boca-. Quería devolvértela pero no sabía cómo.

O sea, sí. Pero estaba esperando que tú mismo vinieses a buscarla –contradijo una parte de mi mente.

-Es por eso que estoy acá. Quería venir a buscarla en persona, porque así tendría una excusa válida para volver a verte, ¿no crees?

Oh, Dios. Estaba segura de que me daría un infarto porque habría jurado que mi corazón había dejado de latir.

-Asumo que no la traes contigo. Así que, ¿te parece si la vamos a buscar? Podríamos ir en mi auto.

Eso me trajo de vuelta a la realidad.

Le di una sonrisa lastimera. No podía hacer novillos aún si lo quisiera. Luego no tendría como explicárselo a mis padres y terminarían por castigarme.

Aunque valdría la pena.

-Lo lamento. Desearía poder, pero no será posible porque tengo clases.

Apenas lo dije sonó el timbre.

El simple hecho de que tendría que despedirme de él me hizo sentir sorprendentemente desasosegada. Quería seguir hablando con él, pero si quería seguir siendo la alumna responsable de la cual mis padres estaban orgullosos, debía cruzar las puertas ahora mismo o llegaría atrasada.

Damon hizo un puchero. Se veía tan lindo que estuve a punto de ceder. Sé fuerte, Elena.

De repente se me ocurrió una idea, y antes de acobardarme me lancé a los leones.

-¿Qué te parece después de clases? –Le ofrecí.

El brillo malicioso volvió a encender los ojos de Damon.

-¿En el Grill a las cinco? Te invito a un café –chequeó su reloj.

¿Realmente estaba haciendo planes con Damon? Si alguien me habría dicho que esto ocurriría antes de toparme con él, me habría reído en su cara.

-Sí, suena perfecto.

Me convencía mí misma de que esto no era una cita, de que era simplemente un encuentro casual entre dos personas sin ningún compromiso. Yo le había dicho a Damon que no estaba en busca de una relación y sabía que él lo recordaba. Además, aún no estaba segura de qué era lo que él buscaba.

Recuérdalo, Elena. Baja tus expectativas.

-Fantástico. Nos vemos allá –se inclinó hacia mí y acercó su rostro al mío.

Dejé de respirar.

Damon capturó mis ojos y sostuvo mi mirada con los suyos como si estuviese esperando mi permiso. No podía apartar la vista de aquellos irises azules mientras él acercaba sus labios a los míos. No podía moverme ni hablar, tan solo observé con atención cuál sería si próximo movimiento. Comencé a cerrar lentamente los ojos cuando sentí su aliento acariciar mis labios. Olía a menta fresca.

Suave como los pétalos de una rosa, los labios de Damon comenzaron a rosar la comisura de mis labios y justo cuando pensé que me besaría sin más, él se apartó ligeramente y ascendió nuevamente hasta llegar a mi mejilla, donde presionó sus carnosos labios en un cálido beso que duró más de lo necesario.

Exhalé todo el aire que había estado conteniendo.

Damon se apartó por completo y estudió mi rostro por un momento. Parecía complacido consigo mismo, mostrando su engreimiento al sonreír.

-Vas a llegar tarde –me recordó él.

Me volteé sin más, hecha una furia y caminé hasta la puerta por donde un montón de alumnos estaban entrando.

Alcancé a escuchar una suave carcajada que provino de Damon.

¡ARG!

-Damon Salvatore, hijo de puta –oí a alguien decir.

Llena de curiosidad, me detuve donde estaba y miré por sobre mi hombro. Varios estudiantes se quejaron y gruñeron algo que no alcancé a oír pero que no me importó.

El hombre era más alto que Damon como por una palma y su cabello era color rubio arena. Estaba vestido con una camisa azul con las mangas y los botones superiores desabrochados; pantalones oscuros y zapatos de vestir. Traté de buscar algún parentesco entre los dos, pero no di con ninguno. Ni siquiera se parecía a Stefan por lo que supuse que no eran familiares. El hombre parecía ser mayor que Damon por unos cuantos años. Traté de averiguar de dónde podrían conocerse, pero me fue imposible.

Una sonrisa incrédula estaba dibujada en la cara del hombre que parecía sorprendido de ver a Damon. Este, por otro lado, le lanzó una impresionante sonrisa de oreja a oreja que era capaz de quitarte el aliento.

-¡Ric! –Exclamó Damon-. Hace tiempo que no nos vemos, hermano.

¿Ric? No podía ser Alaric. No, sería demasiada coincidencia. El tipo podría perfectamente llamarse Richard. Sí.

Ambos se acercaron y se dieron un apretado y varonil abrazo, palmeándose mutuamente la espalda con fuerza.

-Lo mismo digo, hombre. ¿Qué estás haciendo acá? –Preguntó Ric-. Pensé que odiabas este pueblo.

Damon se encogió de hombros.

-Sí, ahora no me parece tan malo, después de todo.

Lanzó una mirada en mi dirección y me sonrió descaradamente, sabiendo perfectamente que estaba escuchando. Ric siguió la dirección de su mirada y cuando me vio, arqueó una ceja.

-¿Eres consciente de que es una menor de edad, cierto? –Preguntó en voz baja.

Trágame tierra.

Damon se rió entre dientes.

-La última vez que te vi estabas en Duke –dijo Damon ignorando su pregunta-. ¿Qué demonios está haciendo en Mystic Falls?

Palidecí.

-Recibí un trabajo como profesor de historia, así que Jenna y yo decidimos mudarnos aquí. Ella extrañaba su hogar y a su familia. Y yo deseaba conocerlos –sonrió.

Damon asintió, se veía alegre por su amigo.

-Quien te viera ahora, hombre –le volvió a abrazar-. Estoy feliz por ti. ¿Tienes clases ahora?

Alaric miró hacia la puerta donde yo me encontraba congelada, asustado.

-¡Oh, sí! ¡Mierda! Ya estoy llegando tarde. Menuda primera impresión. ¿Nos vemos luego? ¿Te quedarás, cierto?–Le preguntó apresuradamente a Damon mientras avanzaba hacia la entrada.

Recobrándome de mi shock, entré al instituto y corrí por los pasillos, esquivando las miradas de los alumnos que aún no entraban a clases. Alcancé a oír el grito de Damon:

-¡Sí, me quedo!

Entré al aula de historia y me senté en mi pupitre. Bonnie estaba sentada en el suyo, y cuando me vio se sorprendió al verme tan agitada y en vez de ignorarme, me preguntó si estaba bien.

Asentí con la cabeza. No podía explicarlo aunque quisiera.

Alaric entró a la sala dando grandes zancadas.

-Buenos días a todos –saludó-. Bien.

Dejó un libro de texto en su escritorio, le sonrió a la clase y con tiza prosiguió escribiendo su nombre en el pizarrón.

ALARIC SALTZMAN

-Alaric Saltzman –anunció-. Es un trabalenguas, lo sé. No se rueda exactamente la lengua. Saltzman es de origen Alemán. Mi familia emigró aquí en 1755 a Texas. Yo, sin embargo, nací y me crie en Boston. Ahora, el nombre Alaric le pertenece a un bien muerto tatarabuelo. Nunca podré agradecerle lo suficiente. Ustedes probablemente querrán pronunciarlo "A-laric", pero es "A-la-ric", está bien. Así que pueden llamarme Ric. Soy su nuevo profesor de historia.

Así que Damon Salvatore y Alaric Saltzman son amigos.

Damon es amigo de Alaric jodido Saltzman, de la pareja de mi tía Jenna, mi nuevo profesor de historia.

El mundo es un jodido pañuelo.


NA: Not kissing just a lot of teasing! ¡DIOS! ¿Será posible? ¡He actualizado un capítulo!

Pido mis más sinceras disculpas, en serio. He estado tan ocupada últimamente con trabajos, pruebas, presentaciones, libros que debo leer para el liceo y un montón de cosas más, que ni siquiera he tenido el tiempo para agarrar mi computador, sentarme en alguna parte y ponerme a escribir. Ni siquiera puedo ver episodios de las series que me gustan. No puedo esperar a que lleguen las vacaciones. Las necesito conurgencia. Pero en fin. Aproveché la licencia médica y el hecho de que sólo tengo prueba este jueves para meterme en el computador y comenzar a escribir. Era ahora o nunca. El capítulo ya estaba listo hace meses, solo le faltaban algunas modificaciones, revisar la ortografía y añadirle el final. Reescribí todo hoy mismo y fui añadiendo cosas, me demoré HORAS, pero estoy conforme.

¿Que les parece? ¡Damon y Alaric son amigos! Hablando de Alaric... Le di mucho hincapié a la historia de Jenna y Alaric porque estos dos personajes serán muy importantes en la historia. Además, me encantan. Hacían una pareja tan adorable. ¡TAN ADORABLE! Mi corazón sangre por ellos.

¿Amaron el capítulo? ¿Lo odiaron? ¿Quieren más? ¿Están felices? ¿Debería seguir como voy? ¿Creen que Damon es tan irresistible como él cree que lo es? Porque yo si lo creo.

¡Díganme lo que piensan, se los ruego! Dejen sus hermosas opiniones en el recuadro de reviews, estaré esperando leer sus pensamientos. Se siente bien estar de vuelta, hace mucho, mucho, mucho tiempo que quería volver a escribir y me molestaba no tener tiempo para hacerlo. Porque quería y lo necesitaba.

Esta es la canción que sale en este capítulo:

And Then You - Greg Laswell

Muchos abrazos y besos para todos,

Javiera.