Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecefn a L. J. Smith y Julie Plec.
"Be careful. Love is a weapon, deary. The most dangerous weapon of all which means the pain you should worry about isn't the kind inflicted by a broken sword but the kind that comes from a broken heart."
Capítulo 5 – Broken Heart
No me había dedicado mucho a pensar en cómo conocería a Alaric Saltzman. Siempre estuve tranquila porque una parte de mi había dado por sentado que sería en una reunión familiar donde Jenna haría las presentaciones. Siempre imaginé que le haría un montón de preguntas, tratando de averiguar el estilo de vida que llevaba con ella, indagando hasta dar con algo que a Jenna se le había olvidado contar. Probablemente también le preguntaría qué lo llevó a convertirse en un profesor de historia, por qué de historia en particular o porqué se decidió por una secundaria. Después de todo, se requiere mucha paciencia para poder controlar a un montón de adolescentes. Debe ser difícil.
Pero bueno, después de todo ese interrogatorio, nos haríamos amigos bastante cercanos y lo invitaría a la próxima cena familiar. Porque cualquier hombre que hiciera feliz a Jenna merecía mi cariño y respeto. Sería cordialmente bienvenido a la familia, vendría los viernes por la noche y formaría parte de la "noche de juegos" que mis padres insistían en realizar desde que tengo memoria.
Nada fuera de lo común y todo como se supone que debe ser. Por lo que siempre esperé el día con ansias. Pero claro, jamás pensé que la primera vez que hablaría con él sería tan embarazosa, humillante e incómoda. No podía ni mirarlo a la cara y él evitó hacer contacto visual conmigo a toda costa.
Durante la clase y luego de presentarse, Alaric estimó conveniente conversar con cada alumno para evaluar cada caso por separado. Era su forma de conocernos a todos como es debido. Por lo que escuché estaba dispuesto a ofrecer un borrón y cuenta nueva, lo que implicaba que iba a ignorar deliberadamente cualquier conducta negativa anterior a su llegada y que todos comenzaríamos de cero. Cualquier incidente con el señor Tanner sería olvidado y todos los expedientes guardados por el antiguo profesor serían eliminados. Si las notas eran desastrosas, ofreció soluciones como trabajos extras, voluntariado para algunos eventos escolares. En fin, lo que se te venga a la mente. Por lo que, en resumen, Alaric Saltzman era el mejor profesor que había conocido en mi vida.
Tan sólo habría deseado que nos hubiésemos conocido de manera diferente. Cuando llegó mi turno y me llamó por mi nombre, pude ver como la sorpresa y la curiosidad se adueñaron de su expresión al alzar la vista, claramente entusiasmado. Sin embargo, apenas sus ojos se toparon con los míos una vez que me puse de pie, se abrieron alarmados y fue tan notorio como todos los músculos de su cuerpo se tensaron que estuve a punto de correr hacia la puerta y arrancar lo más lejos posible de ahí. Incluso palideció y a medida que me fui acercando a su escritorio, se removió incómodamente en su asiento, la sangre rápidamente acumulándose en sus mejillas cuando bajó la mirada a lo que supuse que sería el expediente que el señor Tanner había escrito sobre mí antes de irse. Otro día quizás me habría asustado de su contenido, pero ahora me hallaba demasiado concentrada en mirar al suelo.
Alaric se aclaró la garganta una vez que me senté en un pupitre vacío frente a su escritorio.
-Elena Gilbert -repitió rígidamente-. ¿Eres tú la…? -fue decreciendo la voz hasta un leve murmullo.
Sabía lo que quería preguntar.
-Sí, soy la sobrina de Jenna -terminé por él, mirando mis manos entrelazadas sobre mi regazo.
-Es agradable finalmente conocerte -dijo él, con un tono un poco más natural-. Jenna me ha contado mucho de ti.
Le ofrecí una sonrisa forzada, sin mirarlo directamente a los ojos. Menuda primera impresión que le has dado, Elena.
-Igual a ti -asentí lentamente.
Volvió a aclararse la garganta. Dios, no sabía quién de los dos era más torpe a la hora de entablar una conversación casual.
-Esto, hum… Sí. -Murmuró incoherentemente-. Así que… -alzó la voz de nuevo-, leí tu expediente -lo tomó con sus manos y lo alzó en el aire-. Bueno, el profesor Tanner no habló tanto de ti como del resto de tus compañeros, lo cual es algo bueno. Impecables notas, buena conducta y ningún problema dentro ni fuera de clases. Eres literalmente la definición de una buena estudiante. Eso sí, Tanner añadió unas pequeñas notas donde habla de lo bien que has desarrollado ciertos informes. Quizás les eche un vistazo si es que los encuentro en alguna parte -me lanzó una mirada cómplice-. Aún me estoy acostumbrando a este instituto, como sabrás. Y al parecer tu antiguo profesor no era el más ordenado de todos, lo cual no me facilita mucho mi trabajo.
Lo miré algo sorprendida y lentamente las comisuras de mis labios se inclinaron hacia arriba. No podía creer que el señor Tanner se había tomado el tiempo para hacer eso. Lo único que recordaba de él es lo imbécil que solía ser en el aula de clases, haciéndome preguntas casi imposibles de contestar cada vez que me desconcentraba de sus eternos monólogos.
También me tenía bastante impresionada la soltura de Alaric ahora que se hallaba más cómodo. Jenna había tenido razón, Alaric podía ser profesional cuando tenía que serlo. Y su cambio de actitud fue gratamente bienvenido y sirvió para romper el hielo. Pude sentir como mis tensos músculos comenzaban a relajarse.
-Lo único que puedo decir ahora es que espero que sigas haciendo lo que estás haciendo, porque vas por un buen camino, Elena. Jenna no había exagerado cuando dijo que era una excelente muchacha y espero con ansias que podamos trabajar juntos -me dirigió una simpática sonrisa, muy natural que le sentaba de maravillas a su atractivo rostro.
Ah, ya podía ver por qué Jenna cayó por él. Un chico bueno, que además es amable puede ser la perdición de cualquiera.
Asentí bastante complacida y me levanté cuando él me dijo que podía volver a mi puesto. Una vez ahí, pude finalmente ordenar mis caóticos pensamientos y hacer una breve recapitulación de lo que había pasado y de lo que estaba por venir. Los hechos de esta mañana seguían repitiéndose en mi mente y no podía dejar de pensar que Damon y yo habíamos acordado juntarnos en el Grill a las cinco. Demasiado increíble como para ser verdad. La imagen del hombre de ojos azulados y cabello tan oscuro como el ónix eclipsó cualquier preocupación que pude haber sentido al haber sido vistos por el novio de mi tía.
Miré mi reloj de pulsera. Faltaban exactamente… cuatro horas para verlo nuevamente. Mi estómago se contrajo de la emoción acompañado con una sensación de aleteo. Sonreí para mis adentros tratando de no levantar sospechas. A pesar de que me había convencido a mí misma de que no era una cita, no podía evitar pensar que lo era y ese pensamiento se propagó por todo mi cuerpo en forma de un placentero calor.
Estaba tan absorta pensando en todos los posibles escenarios que podían desarrollarse esta tarde que no noté la insistente mirada de Bonnie hasta que dirigí mis ojos hacia la ventana a su costado. Me estaba estudiando inquisitivamente con ojos entrecerrados y cuando arqueé mis cejas a modo de cuestionamiento, ella sólo se encogió de hombros y me ignoró por el resto de la clase. Extraño. Eso fue todo lo que conseguí de ella durante el resto del día.
Las cosas avanzaron como siempre después de la clase de Alaric. Traté de enfocarme lo mejor que pude, pero seguía bastante distraída. Aun así, logré prestar atención a mis profesores, respondí bien a las preguntas que eran lanzadas hacia mí y tomé apuntes como una buena estudiante. Pero mi cabeza seguía en otro lado, me hallaba ausente y nada lograba captar mi completo interés.
Salvo quizás el apuesto hombre con el que esperaba juntarme esta tarde, aquel hombre con voz tan profunda y deliciosa como el chocolate oscuro. Y ojos tan profundos y salvajes como el océano en una noche de tormenta.
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Siempre había escuchado el dicho No hagas promesas que no puedas cumplir, y fueron esas mismas palabras las que se me vinieron a la mente cuando me encontré con Caroline durante la hora de almuerzo. Nos sentamos como de costumbre en la mesa más próxima al ventanal que daba con el patio principal y ella me estaba lanzando todo tipo de armas con los ojos.
-Te mandaré un mensaje más tarde, dijiste -escupió las palabras como si fueran veneno-. Antes de la hora de almuerzo, dijiste.
Me encogí visiblemente. Sabía que se lo había prometido, pero ¿qué quería que hiciera? Lo había olvidado por completo, aunque dudaba que a ella le gustase esa respuesta.
-¡Lo prometiste! -Ladró-. No, más bien, ¡lo juraste! Y eso es peor, Elena. Mil veces peor. Confié en ti.
Suspiré pesadamente. Su viaje por la ruta de la culpa estaba haciendo efecto.
-Espero que tengas una respuesta, Elena, porque juro que acabaré contigo si me dices que no. Esas malditas perras me han estado molestado todo el puto día y necesito darles una respuesta ahora. La necesito como para, no lo sé, ¡ayer! Porque mi paciencia tiene un límite y ellas lo están cruzando.
Miré mi plato repleto de comida pensando que quizás esta conversación acabaría definitivamente con mi apetito. ¿Qué debía hacer? ¿Tomar mi lugar como una persona responsable capaz de cumplir un compromiso? ¿O abandonar todo por el bien de mi salud mental y emocional?
Quizás no había donde penderse y le estaba dando demasiada importancia al asunto. La salud antes que todo, ¿no es así? No sonaba moralmente correcto, quizás, pero bueno…. No podían obligarme a hacer algo que ya no me gusta. Y no es como si me estuviesen obligando. No, ellas querían deshacerse de mí. Yo tan sólo iba a ayudarlas tomando el siguiente paso. Así Caroline podría tomar mi lugar, y sí, era una buena idea.
El alivio fue tan efectivo como un baño de burbujas para liberarme del estrés.
-Está bien -atrapé un brócoli con mi tenedor-. Renuncio. Tú puedes tomar mi lugar.
No dijo nada, y Caroline siempre, siempre tiene algo que decir. En busca de algún peligro que estuviese asechándola y le impidiese hablar, la miré para saber qué le ocurría, pero ella me estaba observando como si no me reconociera o como si algo anduviera mal conmigo, como si me hubiese crecido una segunda cabeza o un tercer brazo.
-Oh, Dios mío -sonreí sorprendida-. ¿Caroline Forbes no tiene nada que decir?
Eso la sacó de su estupor.
-¿Por qué? -preguntó.
¿Uh?
-¿Por qué renuncias? -Aclaró-. No era la respuesta que me esperaba. Solías amar las prácticas, Elena. El equipo lo era todo para ti. Puede que tu madre te impulsó a tomar esta decisión en un principio, pero no había día que no estuvieses contenta de entrenar. Te encantaba, siempre lo has dicho. Ser capitana y toda la popularidad que viene con esto… -negó con incredulidad-. De habértelo preguntado antes, jamás habrías querido abandonarlo. Maldita sea, quizás me hubieses roto una pierna por haberte echo semejante pregunta. Tú misma lo admitiste una vez, era adictivo para ti. ¿Qué pasó, Elena? ¿Qué hizo que cambiaras de idea?
Me encogí de hombros. Mi apetito oficialmente perdido.
-No lo sé. Tienes razón, solía amarlo. Era divertido, sí. Las rutinas, bailar sin parar a pesar de que estábamos bajo mil grados de temperatura -sonreí melancólica-. Siempre me sentía tan bien después de cada día de entrenamiento, aunque me doliesen todos los músculos y mis pies me estuviesen matando. Y sí, dije que era adictivo. Porque lo era, pero… Las cosas son diferentes, este año. Todo lo que solía importarme, todo lo que solía gustarme…
-…ya no lo hace -terminó por mí. ¿Estás bien, Elena?
Una media sonrisa decoró sus lindos labios pintados de rosa, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos. Se veía triste. No quería que lo estuviese, mucho menos por mí. Caroline no tenía nada por lo que preocuparse. Quería a mi alegre, burbujeante amiga de vuelta. La necesitaba ahora más que nunca.
-Lo estoy -asentí, tratando de convencerla.
Le di una de mis mejores sonrisas. Quería convencerme a mí misma también porque quería estar bien, tenía que estar bien. No podía simplemente echarme a morir y dejar que todo terminara conmigo. No podía rendirme sin antes dar una pelea, y rendirme no estaba en mi naturaleza. A veces puedo sentir que ya no doy para más, pero siempre encuentro la manera de levantarme. Siempre hay una salida, para todos los problemas. Quizás esta pequeña decisión era un cambio para mejor. Quizás las cosas iban a mejorar.
Caroline estudió mis ojos durante unos segundos, no del todo convencida. Pero probablemente se encontró con la fuerza de mi repentino entusiasmo, porque la sonrisa finalmente alcanzó sus ojos.
-Bien -me concedió, mientras devoraba sus papas fritas-. Hm, ahora que lo pienso. Tú, Bonnie y yo podríamos juntarnos este fin de semana, y no sé, podríamos ir a una fiesta o quedarnos a dormir en mi casa. Podríamos ver un montón de películas o comer kilos y kilos de comida chatarra.
Reí encantada. Ahí estaba la Caroline que conocía y amaba.
-Suena como un buen plan.
-Lo es -asintió solemne-. Así que tienes absolutamente prohibido hacer planes para este fin de semana, ¿me oyes?
-Lo tendré en mente -le guiñé un ojo.
No sabía en qué posición nos encontrábamos Bonnie y yo actualmente, pero dudaba que rechazara la oferta de Caroline. Es muy difícil evadir a la vehemente rubia cuando algo le entra en la cabeza. Se aferra a ello con ímpetu y es muy difícil hacerle cambiar de parecer.
Ahora que me encontraba bien como para seguir comiendo, me apresuré en terminar mi almuerzo.
-Vi a Alaric Saltzman recién en el pasillo y escuché a un par de chicas hablando de lo grandioso que era él. Él es el novio de Jenna, ¿cierto? -Preguntó mi amiga mientras bebía de su botella con agua.
Me llevé una hoja de lechuga a la boca.
-Mmhmm -asentí mientras masticaba.
-¿Te reconoció?
Creo que era hora de contarle a Caroline que Damon y Alaric eran amigos.
-Sí, lo hizo.
-¿Y…? ¿Cómo se comportó contigo? -Preguntó ella alzando las cejas-. ¿Es igual a como Jenna había dicho que era?
-Creo que incluso mejor -admití-. Pero no hablé mucho con él, la verdad.
-Oh, ¿y eso por qué? -Preguntó con curiosidad.
A veces dudaba que Bonnie fuera la única que tenía locas habilidades mentales. Si bien Caroline no era tan buena con las premoniciones como Bonnie, había demostrado en más de una ocasión ser excelente a la hora de descubrir una mentira o llegar a una conjetura acertada.
-¿Quizás porque estábamos en medio de un salón de clases? En el instituto él es sólo mi profesor, y lo sabes. No puede demostrar que me conoce, porque los demás estudiantes dirán que existe favoritismo cuando no lo hay.
-Cierto -rodó sus ojos-. Pero eso no significa que no puedan tener una pequeña conversación de vez en cuando. ¿Te vas a comer ese tomate? -Cuando negué con la cabeza, ella resopló-. Dios, eres tan especial con tu comida. Me sorprende que te guste siquiera el brócoli. Pero bueno, no alego. Al menos me tienes bien alimentada.
Aún podía echarme para atrás. Me mordí el labio. Está bien, aquí iba. En tres, dos…
-Creo que Damon y Alaric son amigos.
El tenedor de Caroline se detuvo en el aire y la rodaja de tomate estuvo a punto de caerse.
-¿Qué? -Entrecerró los ojos-. Detalles.
-Sí, incluso se dicen "hermano". El mundo es un pañuelo, ¿no? -la velocidad de mi voz era directamente proporcional a los latidos de mi corazón-. Y estoy jodida. Es probable que Alaric le salga con el cuento a Jenna, y no le tengo miedo a Jenna, ella sabe guardar un secreto. No es eso. Pero tengo miedo de que mis padres accidentalmente escuchen que he conocido a un chico. Bueno, Damon difícilmente puede llamarse un chico, ya que es todo un hombre y…
-¡Hey! -Gritó de repente Caroline-. Detén tu caballo, vaquero. Y respira, por el amor de Dios, Elena -se llevó el tomate a la boca-. ¿Qué quieres decir con que son amigos? -Preguntó con la boca llena-. Alaric acaba de legar al pueblo al igual que Damon. ¿Los viste hablando?
-Obviamente -la fulminé con la mirada-. Alaric nos vio poco después de que tocaran el timbre y cuando me estaba yendo lo oí llamar a Damon. Hasta le dijo "hijo de puta" -sonreí cuando recordé como había reaccionado Damon-. Me quedé ahí un rato para escuchar el intercambio. No pude evitarlo, lo juro. Pero creo que se conocen muy bien, porque Damon mencionó algo sobre Duke, y Alaric sabía que Damon odiaba Mystic Falls.
-Hm -frunció los labios-. ¿Damon le contó a Alaric qué hacía acá? -Recorrió con sus ojos mi bandeja de comida y acercó su tenedor para asaltar mi almuerzo.
Lo aparté de un golpe con el mío cuando iba a por el postre.
-No, no lo hizo. Pero Alaric supo de inmediato que Damon estaba coqueteando conmigo -cubrí mi rostro con mis manos-. Dios, quería morir. Lo peor de todo fue cuando Alaric me llamó por mi nombre y me reconoció al instante. No sé qué habrá pensado, pero obviamente no estaba contento. Al parecer no le agrada la idea de que yo esté con Damon… -me detuve. Mi corazón palpitó salvajemente-. No es que estemos juntos, pero creo que la simple idea de que estuviese hablando con él era suficiente para que Alaric entrara en pánico. Deberías haber visto su cara. ¿Es Damon tan terrible?
-Hmm. No lo sé -negó Caroline con la cabeza mientras me robaba otra rodaja de tomate-. Pero tienes que admitir que es demasiado atractivo para su propio bien. ¿Y ese encanto? Sumamente peligroso. No te culpo, eso sí. Yo misma me pondría en la fila para lanzar mis bragas si él lo pidiera.
-¡Oh, eso me recuerda! -La fulminé con la mirada-. Menudo espectáculo que hiciste allá afuera. ¿Podrías ser más obvia?
-Preferiría que te refirieras a mí como una persona espontánea -Caroline se encogió de hombros como si no tuviese ninguna preocupación en el mundo-. Pero no cambies de tema, jovencita. No creas que te saldrás con la tuya, Elena. Quiero saberlo todo. ¡Todo! Así que, escupe. ¿De qué hablaron? -Sacudió sus cejas insinuantemente.
Rodé mis ojos nuevamente.
-Me invitó a salir -sonreí.
Caroline inhaló una gran cantidad de aire con la boca. Oh, Dios no. Se iba a poner a gritar.
-¡¿Te invitó a una cita?! -chilló antes de que pudiera tapar su boca con mis manos, el sonido atravesando mi cabeza hasta llegar al cerebro.
Me tapé los oídos dañados.
-¡Jesús, Caroline! ¡El volumen!
-Lo siento -dijo sin sentirlo realmente. Bueno, ¿qué esperaba? Es Caroline-. ¿Dónde? ¡¿Cuándo?! ¿Te dijo como tenías que ir vestida? ¡Oh! ¿Te pasará a recoger en su auto? ¡Es divino! Me gustaría montar esa bestia. ¡Pero volviendo al tema en cuestión! ¿A qué hora te pasará a recoger? Porque tengo que ayudarte a alistarte antes de tu cita. Eso es como ley, ¿entiendes? Te dejaré tan bella y perfecta que Damon no sabrá qué lo golpeó.
Sabía que habría continuado toda una hora si no la detenía, así que la interrumpí antes de que los humos se le subieran a la cabeza.
-No, Caroline. No es una cita -suspiré apesadumbrada.
Pestañeó.
-¿Qué quieres decir con que no es una cita? -Frunció el ceño-. ¿Cómo lo sabes? Acabas de decir que te invitó a salir.
-Lo hizo, me invitó a un café. Pero no creo que Damon sea realmente del tipo que invita a citas. En ningún momento dijo que era, ya sabes, una "cita" –apoyé mi fundamento con mis manos e hice el signo comillas con los dedos.
-¡Entonces es un idiota! -Bramó mi amiga-. En serio, estoy perdiendo la fe en los chicos. Primero Stefan se comporta como si yo tuviese la peste y se niega a acercarse a menos que esté a un brazo de distancia de él. ¿Y ahora esto? No, jodidamente inaceptable.
-Espera. ¿Qué? -Traté de no reírme porque la expresión de Caroline declararía guerra si lo hacía-. ¿Qué quieres decir con lo de un brazo de distancia?
-Nada -Caroline hizo un puchero cuando la congelé con la mirada-. ¡Bien! Es sólo que he tratado de darle todas las señales a Stefan, pero sigue sin darme un beso. Me incliné hacia él, pero el muy estúpido se alejó antes de que pudiese besarlo.
Wow. Caroline realmente estaba en el modo lanzada. Pobre Stefan, estaba acabado.
-Dale tiempo -me limité a decirle con una convincente sonrisa-. Ya verás después como lo tendrás comiendo de la palma de tu mano.
-No lo sé. Stefan es demasiado… pasivo -arrugó su rostro de una manera muy poco atractiva-. Me gustan mis hombres un poco más dominantes.
Me reí a carcajadas.
-No, no lo haces. Porque prefieres ser tú la que los domina.
Caroline me guiñó un ojo.
-Pero a veces los callados son los peores, tú misma lo has dicho -le recordé.
-Sí, pero creo que Stefan es la excepción de la maldita regla -hizo un mohín.
Me crucé de brazos, desafiándola.
-Dime que al menos conseguiste una excusa de por qué no te llamó.
Una sonrisa coqueta se apareció en su rostro.
-Oh, lo hice. Y se disculpó por eso.
-¿Y qué te dijo? -Arqueé una ceja.
Alzó un hombro como para restarle importancia.
-Dijo algo como que no quería parecer muy insistente porque tenía miedo de espantarme o algo así. Estúpido, ¿no?
-Bueno… No sé si creerle, pero de ser así. No lo sé, creo que suena hasta adorable. Además, los hombres también tienen derechos a sentirse inseguros -puntualicé.
-A veces desearía que fuera tan atrevido como su hermano -se cruzó de brazos-. Bueno, no importa. Lo invité a almorzar, pero no ha llegado aún. Creo que eso lo dice todo.
Como si un poder sobrenatural lo hubiese invocado, Stefan se materializó en la entrada del casino. Caroline le estaba dando la espalda a las puertas dobles, así que traté de no levantar sospechas. Quería ver la sorpresa en su rostro una vez que lo viera llegar. Esto estaba a punto de ponerte muy bueno. Stefan fue a hacer la fila para retirar su comida, y traté de distraer a Caroline pidiéndole que se explicara. Los ojos de Stefan recorrieron todas las mesas, buscando con la mirada hasta dar con la rubia melena de mi mejor amiga. Una vez que la encontró, una pequeña sonrisa se extendió en su pensativo rostro y comenzó a acercarse hacia nosotras.
Pretendí estar concentrada en lo que Caroline estaba diciendo a medida que Stefan se aproximaba. Esta era mi venganza por todo lo que me hizo pasar con Damon.
-No sé, pienso que quizás no le gusto. ¿No dicen que cuando un chico no te llama es porque no está interesado en ti? -Stefan estaba cada vez más cerca-. Quizás lo asusté en la fiesta. ¿No crees que fui demasiado atrevida? Sí, quizás fue eso. Entonces… ¡Oh, Dios! Empeoré todo hoy, ¿no lo hice? Quizás ya no quiera volver a verme. ¿Qué dices si me mudo a Georgia con mi papá? Creo que no estaría reacio a que me quedara a vivir con él. Papá es el mejor. Y no sería una mala idea después de todo, puedo convivir con Steve y su hija, ¿no crees tú?
Woah. Pude ver como las inseguridades de Caroline la estaban ahogando. Me apiadé de ella. Creo que ya era hora de soltarle la soga del cuello.
-Hum, ¿Caroline? -alcé la barbilla en dirección a Stefan-. Mira.
Caroline frunció el ceño y se volteó lentamente. Justo en ese mismo instante, Stefan había llegado hasta nuestra mesa, bandeja en mano. Dudaba que hubiese escuchado mucho de nuestra conversación, así que la dignidad de Caroline -si es que existía luego del show que hizo esta mañana-, seguía intacta.
-Hola -saludó Stefan, sonriendo en su dirección.
Mi amiga lo miró boquiabierta por unos segundos. Sonreí maliciosamente y pateé su pierna con mi pie. Caroline sofocó su grito justo a tiempo cuando apretó sus labios con fuerza.
-¡Stefan! -Casi gruñó entre dientes-. ¿Por qué no te sientas con nosotras? -Miró en mi dirección. Dagas, balas, bombas nucleares siendo disparadas en mi dirección.
Stefan aceptó animado y dejó la bandeja en nuestra mesa. Por un momento me pregunté en cuál de las dos sillas disponibles se sentaría, y traté de no reír cuando se ubicó en la que estaba más cerca de la de Caroline. Comenzó a comer mientras la observaba.
Aparentemente Caroline está más ciega de lo que pensaba y los intentos de Bonnie para ignorarme se estaban volviendo realmente ridículos.
-Sí. Justo estábamos hablando de ti -le sonreí dulcemente a mi amiga-. Es una suerte que Caroline te haya invitado a almorzar con nosotras. Todas las mesas están ocupadas, como verás.
Stefan apartó la mirada de Caroline por unos segundos y me sonrió amistosamente. Caroline, por otro lado, parecía que quería arrancarme el brazo de una mordida.
¿Qué?
-Sí, y yo le estaba diciendo a Elena que debería salir en una cita con Damon -Caroline le lanzó una sonrisa azucarada-. ¿No crees que debería aceptar?
Golpe bajo, Caroline. Mi perra interior se arremangó el chaleco que llevaba puesto.
-¿Cita? -Stefan alzó las cejas, extrañado.
Negué con la cabeza.
-No es una cita. El otro día Damon me prestó su chaqueta y no pude devolvérsela. Así que quedamos en ir a tomarnos un café en el Grill esta tarde, así podré llevársela en persona sin tener que faltar a clases -expliqué.
Caroline resopló. Estuve a punto de lanzarle una arveja.
-Excusas -fingió un tosido.
La detuve con una mirada de advertencia. Stefan frunció el ceño.
-¿Tú y Damon son amigos?
Resoplé antes de que Caroline hiciera un comentario mordaz.
-Difícilmente nos llamaría amigos. Antes de esta mañana, la única vez que lo vi fue en mi fiesta de cumpleaños.
Los ojos de Stefan se abrieron atónitos.
-¿Era tu fiesta? -Asentí lentamente, su expresión torturada era bastante divertida-. Feliz cumpleaños atrasado, supongo -sonrió a modo de disculpa.
La competencia de miradas con Caroline ya había terminado y ella no le quitaba el ojo del encima al chico que estaba sentado a su lado, contemplándolo con reverente admiración. Creo que era hora de hacerle un favor.
-Gracias. Caroline aquí planeó la fiesta, ¿sabías? -Mencioné en todo de complicidad-. Ella es grandiosa a la hora de planificar un montón de cosas. Tú nómbralo y ella lo hará. Cumpleaños, eventos masivos, carnavales. Es una excelente líder, sabe cómo dirigir a las personas.
Los ojos de Stefan brillaron con interés. Y casi me reí de Caroline cuando vi como un leve rosa coloreaba sus mejillas. Nunca pensé que vería el día. Quizás desde ahora en adelante me dedique a hacer de celestina.
-Hoy mismo en la mañana, le estaba diciendo a Caroline cuan orgullosa estoy de ella. Ahora es capitana del equipo de cheerleader, ¿sabes? Las mismas chicas fueron las que la eligieron. Eso habla muy de ella, ¿no lo crees tú?
A estas alturas Stefan ya no me estaba mirando, sino que miraba a Caroline con creciente admiración. Quería abrazarme y felicitarme a mí misma por haber sido tan inteligente.
-Sí. Lo hace -musitó él-. Felicitaciones, Caroline.
Ella le sonrió tímidamente. El rosa se había vuelto en un potente y llamativo rojo.
-Gracias.
Mi trabajo aquí estaba hecho.
-Bueno, chicos… Creo que ya he terminado de almorzar y tengo que hablar con mi profesor de literatura por un trabajo que pienso adelantar -mentí-. Así que… ¡Toodles!
Stefan se giró hacía mi por última vez para decirme adiós y Caroline aprovechó ese momento de distracción para darme las gracias, gesticulando con la boca. Me despedí de Stefan y le di un guiño a mi mejor amiga sin que él se diera cuenta.
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No fue la primera vez en el día que maldije a Caroline.
Cuando terminaron las clases, literalmente corrí hacia el estacionamiento apenas tocaron el timbre para salir, y una vez allí, recordé que Caroline me había traído en su auto esta mañana. Queriendo patearme a mí misma por mi estupidez, me devolví rápidamente y tuve que buscarla por todo el maldito instituto hasta que la encontré tranquilamente saliendo de su clase de artes. Tratando de controlar mi ansiedad y sin entrar en detalles, le pedí las llaves del auto sin antes prometerle que haría algo para compensárselo más tarde.
No me extrañó -ni esperaba menos de ella-, cuando entrecerró sus ojos y se cruzó de brazos, exigiendo una explicación. Así que, no me quedó otra opción que contarle que mis planes con Damon eran para hoy en la tarde, y que contaba con menos de dos horas para arreglarme y lucir presentable antes de encontrarme con él en el Grill.
Eso fue más que suficiente. Fue ella misma la que me condujo hasta mi casa, se auto-invitó a pasar y me informó que sería ella la que escogería mi vestuario y quien me aplicaría el maquillaje necesario. No protesté al respecto porque sabía que si me negaba sería una batalla perdida, así que hoy me convertí en su Barbie tamaño real.
Me duché rápidamente y correteé de aquí para allá tratando de terminar todo a tiempo antes de que me dieran las cinco. Mientras estaba en el baño, Caroline se tomó la libertad de trajinar en mi armario y seleccionó lo que usaría -sí, incluyendo mi ropa interior-. Dejó todo esto estirado sobre la cama, listo para llegar y ponerse.
Me detuve en seco cuando vi lo que había seleccionado. No había manera en el infierno de que me pondría ese vestido. No a menos que quisiera que Damon pensara que era una ramera y le diera a entender que estaba ofreciendo algo que no estaba dispuesta a dar. No, en absoluto. Joder, no.
-Debes estar loca si piensas que usaré eso -gruñí entre dientes.
Ese vestido apenas me cubría el trasero, si es que puede clasificarse como vestido. Caroline me lo había regalado hace un año y no lo había usado jamás. Porque… ¿en serio? ¿Es necesario que me explique?
-¿Qué? -Preguntó inocentemente mientras lo levantaba con una mano-. ¿Qué tiene de malo?
-¿Qué tiene de malo? -La miré con incredulidad. Me estaba jodiendo-. ¡Luciré como una puta! -Gesticulé salvajemente con las manos, para resaltar cuan corto era.
Sus ojos giraron hacia el techo.
-Oh, vamos. ¡No seas tan dramática! Para eso escogí estas calzas. ¡Duh! Problema resuelto.
-No usaré eso -me aferré a mi toalla húmeda, sin dejar mi brazo a torcer.
-¡Bien! -Gritó malhumorada-. Entonces tendré que buscar algo mejor.
Había ocurrido casi lo mismo con todo lo demás. Caroline aún no entendía que se suponía que esta no era una cita y seguía diciendo que todo esto se trataba de dar una buena impresión para que Damon se animara a invitarme a otra, que de esta salida dependían todas las demás.
En cuanto al maquillaje, Caroline sabía me que gustaba lucir natural y pensaba que era una buena decisión, así que no se opuso y apenas me colocó brillo de labios, delineador y rímel en las pestañas.
Aplaudió animada.
-¡Listo! -Sonrió satisfecha-. Mírate en el espejo y dime que te parece.
Caroline era una maldita genio.
Había escogido un vestido corto que me llegaba por sobre la rodilla y era de mi color favorito, un intenso borgoña que combinaba perfectamente con mi piel olivácea. Tacones "fóllame" que me hacían lucir mucho más alta de lo que ya era y había recogido mi pelo en un elaborado peinado, que dejaba al descubierto mi largo cuello, el cual lucía un collar a juego con los aretes.
-¿Y? -Preguntó jactanciosa.
-Damon pensará que malinterpreté esta salida -expulsé todo el aire que mis pulmones contenían.
Caroline sonrió a sabiendas.
-Lo sé. Pero no existe tal cosa como "no lucir divina donde sea que vayas". -Hizo un gesto con la cabeza, que me recordó a las típicas chicas populares de las películas que suelen ser adictas a la moda y se comportan como perras-. Además, sería un tonto si te rechazara ahora mismo -añadió-. Apuesto a que quedará embobado cuando te vea. Ya verás.
Me mordí el labio, algo insegura.
-Vamos, yo te llevo -anunció mientras sacaba sus llaves del bolsillo de su chaqueta.
-No, espera -la agarré del brazo para detenerla-. ¿Después cómo me devolveré?
Se encogió de hombros y un brillo malicioso se apoderó de sus ojos.
-Supongo que Damon tendrá que traerte de vuelta.
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Caroline me dejó en la acerca donde estaba la entrada del Grill no sin antes gritar: "¡Llámame apenas te dé el beso de buenas noches! ¡Y usa protección!". Varias personas se voltearon a verme, y muchas de ellas se pusieron a reír. Con las mejillas ardiendo de vergüenza, estuve parada ahí un par de segundos hasta que entré en razón e ingresé por la puerta del bar-restaurante antes de que pudiera acobardarme. Una vez dentro, inspeccioné el lugar en busca de Damon -con su chaqueta doblada cuidadosamente en el brazo-, pero no lo encontré por ningún lado, así que me dirigí hacia la mesa del bar donde Matt estaba trabajando y me senté en uno de los taburetes.
Aún faltaban un par de minutos para las cinco, y ahí podría esperar a que Damon llegara.
Matt estaba tomando una orden de un hombre que debería tener unos cincuenta años y apenas me vio el shock se hizo evidente en su expresión.
-¡Elena, te ves increíble! -exclamó.
Un hombre que estaba sentado en el taburete contiguo al mío se giró par a hacerme un descarado examen visual. Traté de no estremecerme por el asco, pero Matt lo paró con una mirada reprobatoria. El tipo recibió la indirecta, volvió a sentarse mirando hacia el frente y empinó su vaso hasta beber todo el licor de un solo trago.
Impresionante.
-Gracias -le respondí y me quedé sin otra cosa que decir.
Las cosas con Matt aún no fluían tan bien como antes, pero quería trabajar en eso y recuperar su confianza. Quería a mi amigo de vuelta.
-¿Qué estás haciendo aquí? -Preguntó Matt después de un rato, mientras mezclaba la bebida de una mujer que estaba en sus treinta-. ¿Estás esperando a alguien?
Oh, chico. Esto estaba a punto de ponerse incómodo.
-Uh, sí… -estiré las palabras, tratando de prolongar el momento. Se supone que voy a juntarme con alguien.
El rostro de Matt se comprimió por el disgusto. Me encogí.
-¿Una cita? -Soltó, claramente molesto.
Realmente estaba harta de esa pregunta. Rodé los ojos.
-No, no es una cita -aclaré-. Estoy acá para juntarme con un… amigo.
Miré mi reloj. Eran las cinco en punto.
-¿Está atrasado? -Preguntó, obviamente sin creer lo que acababa de decir.
Creo que escuché algo de esperanza en su oz. Y bueno, eso era realmente molesto y deprimente. De repente me sentí mal por Matt.
-No, aún no. Acordamos juntarnos a las cinco -suspiré.
¿Qué pasaba si Damon no llegaba? Mis hombros se tensaron y empezó a dolerme la espalda.
-¿Es el chico que vino a tu fiesta? -Trató de parecer casual, pero falló horriblemente.
Lo miré fijamente sin responder. ¿Qué quería que le dijera?
-Los vi a los dos el otro día -dijo apresuradamente.
-Sí -bajé los ojos hacia mi regazo, donde reposaba su chaqueta-. Olvidé entregarle esto.
Creo que Matt malentendió lo que dije, porque celos brillaron en sus ojos. Estiré mis piernas y comencé a balancearlas en el aire, lista para largarme de ahí.
Justo a tiempo, como si el universo me estuviese rescatando de una situación embarazosa, sentí la presencia de alguien deslizarse por mi espalda, una mano posándose sobre mi hombro. Electricidad recorrió mis venas y estremecimientos subieron por mi columna vertebral. Sabía de quién se trataba antes de incluso girarme para ver su rostro, el inolvidable aroma a cuero, perfume y esa esencia natural entró por mi torrente sanguíneo y alimentó mi alma. Inhalé profundamente, a segundos de cerrar mis ojos de placer, mi vientre contrayéndose deliciosamente. Alcancé a detenerme antes de que pudiese avergonzarme.
Me volteé y no había nada que me preparara para recibir la sobrecarga de emoción que golpeó mi pecho cuando volví a encontrarme con esos brillantes ojos azules. De repente me sentía algo mareada y su aroma no era de gran ayuda, tampoco. No importaba que lo hubiese visto esta mañana, era como si lo estuviese conociendo por primera vez.
Fui transportada a la noche de mi cumpleaños.
-Hola, Elena -me regaló su patentada sonrisa ladeada.
Quería agradecerles a sus padres por haber creado semejante espécimen humano. Una verdadera obra maestra.
-Hola -grazné una vez que recordé que tenía un cerebro para pensar y una boca para hablar.
Era bastante consciente de que Damon no había retirado su mano de mi hombro, creo que Matt también lo notó porque su mirada estaba fija donde esta reposaba. Inmediatamente salté en modo de reparación de daños, pero Damon habló antes de que pudiese decir algo:
-¿Por qué no vamos a sentarnos a un lugar más privado? -Señaló una de las mesas desocupadas en la esquina del Grill, casi ocultas por una pared. La sonrisa aún grabada en su rostro.
-Sí -me giré hacia el bar-. Adiós, Matt -me despedí agitando mi mano torpemente.
Matt hizo una mueca como si hubiese probado algo amargo y asintió. Confundida, volví a centrar mi atención en Damon y supe de inmediato a qué se debía la cara larga de Matt. Damon lucía bastante presumido ahora mismo, una mirada de suficiencia y superioridad que iba dirigida hacia él. Por un momento quise quitársela de una bofetada, pero creí que sería mejor distanciarlos lo antes posible antes de que esta competencia se volviera ridícula. Me puse de pie y estuve así de cerca de perder el equilibrio y caer de bruces cuando Damon me tomó de la mano para ayudarme a bajar del taburete. No que necesitara la ayuda, pero apreciaba el gesto de caballerosidad. Me quedé sin palabras y lo miré algo pasmada.
Los ojos de Damon casi se salieron de sus cuencas cuando repararon en mi vestimenta. Miré hacia abajo alarmada, buscando alguna araña gigante o una posible rasgadura. Cuando no encontré nada, mi ceño se arrugó y alcé la cabeza, sin entender lo que ocurría. Caroline me había dicho que lucía bien.
-Wow -exhaló lentamente-. Luces… espectacular.
Me ruboricé furiosamente. La temperatura de mi cuerpo subió varios grados.
-Gracias -sonreí, de pronto sintiéndome demasiado tímida. Cambié mi peso de un pie a otro.
Damon tardó un rato en despegar su mirada, recorriendo lentamente mi cuerpo con los ojos, dejando una estela de calor a su paso. Como si ya no sintiera que estaba bajo un ardiente sol de julio. ¿No hacía calor aquí?
A diferencia del otro tipo sentado en el bar, esta vez la evaluación envió un placentero temblor que hizo vibrar a todas las células de mi piel.
Sonrió nuevamente, una lenta y sensual sonrisa lobuna. Un dolor desconocido e insistente se hizo presente en mis partes femeninas, partes que de repente se sentían extrañamente húmedas. No era tan tonta como para no saber lo que estaba ocurriendo, pero… Wow, esto nunca me había pasado antes. Sólo lo había leído en novelas y no creí que pudiese suceder con una simple mirada. Pero el aire se encontraba cargado con una pesada electricidad que era casi palpable.
Las fosas nasales de Damon se dilataron y juré que sus ojos se volvieron dos tonos más oscuros en ese mismo momento. ¿O estaba alucinando? ¿Es posible darse cuenta de eso? Quizás me estaba volviendo loca. Apreté mis muslos con fuerza, porque esos ojos no hacían nada por atenuar el palpitar ahí abajo.
El tintineo de los vasos al chocar nos sacó ambos de nuestro trance. Damon alzó bruscamente la cabeza y miró por sobre mi hombro. Un músculo en su mandíbula saltó cuando me tendió la mano para que la tomara. Lo hice, aún algo sobrecogida por la reacción que había tenido mi cuerpo. Me guio hacia la mesa y noté que su cuerpo estaba bastante tenso. La camisa negra que llevaba no revelaba demasiado, pero sus músculos se contraían de vez en cuando y pude se podía ver la rigidez por la manera en que caminaba.
¿Estaba molesto? ¿Qué pasaba si no quería estar conmigo? Eso realmente apestaría. Detuve mis pensamientos antes de que me afectaran demasiado.
Una vez que llegamos hasta la esquina del restaurante, Damon apartó la silla una la mesa e inclinó su cabeza, una indicación para que me sentara. Traté de parecer normal y no demostrar cuando insegura me sentía. Volví a mirar a Damon, una expresión divertida en su rostro.
¿Pero qué…? Este hombre era realmente cambiante. Necesitaba aprender el ritmo, y rápido, o me perdería con facilidad.
-¿Te dejé esperando demasiado tiempo? -Preguntó el mientras se sentaba frente a mí.
-No -sonreí-. De hecho, acababa de llegar.
Damon pareció contento con esa respuesta.
-Bien. -Miró a su alrededor-. Me gusta ese lugar -anunció casualmente-. Es bastante acogedor.
Mis ojos se centraron en la línea recta de su mandíbula. Jamás le había prestado atención a la mandíbula de un hombre, pero demonios, estaba segura que la de Damon podría cortar metal. Mis dedos picaban por tocarla, quería estirar mis brazos y deslizarlos por su cara.
-Estoy segura de que a todo el mundo le gusta -dije algo ausente-. Es uno de los mejores sitios que hay en este pueblo -comenté.
Pero probablemente él ya lo sabía. Me quería pegar un palmazo en la cara.
-¿Sueles venir muy a menudo? -Inquirió él, sus orbes azules enfocados en mí.
-Sí, podría decirse que es mi sitio habitual -tomé su chaqueta con mis manos, recordando el motivo de todo esto-. Toma, aquí tienes.
Damon alargó su brazo para recibirla, y cuando cerró su puño en el cuero mis ojos cayeron en el gran anillo que llevaba en el dedo medio.
-Lindo anillo -silbé.
Damon siguió mi mirada.
-Oh, sí -pasó sus dedos por él, como si lo estuviese examinando-. Es un anillo familiar.
-¿Lo heredaste? -Pregunté con curiosidad-. Se ve antiguo.
Damon sonrió.
-Algo así.
Ladeé mi cabeza, mostrando mi interés y recibí a cambio una cálida sonrisa que hizo que mi corazón se apretara.
-Los Salvatore tienen a guardar las reliquias familiares, y anillo proviene de un… pariente lejano. El hermano de mi tátara-tatarabuelo, cuyo nombre era Damon -su sonrisa se expandió-. Él es el dueño original.
Calculé mentalmente.
-¿Tiene más de cien años? -pregunté fascinada.
-Más de ciento cincuenta -Damon me guiñó un ojo.
-¿Y qué tipo de piedra es?
Los ojos de Damon destellaron. Parecía estar disfrutando de una broma privada.
-Lapislázuli -me contó.
-Huh. Nunca oí de ella. -Miré el anillo fijamente-. Es hermosa.
-No es muy común. ¿Sabías que hay joyas con esta piedra en el tesoro de Francia? -Preguntó él, sacando a relucir sus conocimientos-. Actualmente hay pocas minas donde se extrae, pero se encuentran principalmente en un país de Sudamérica, llamado Chile -asintió-. Y de ahí se exporta a Europa y a Estados Unidos.
-No tenía idea -sonreí encantada-. ¿Cómo sabes todo eso?
Se encogió de hombros, pero el gesto no era para nada modesto. Damon estaba claramente orgulloso de todo lo que sabía. Eso me hizo reír.
-Uno aprende ese tipo de cosas después de viajar por todo el mundo.
-¿Qué lugares has visitado? -Me incliné sobre la mesa, colocando los codos en la madera y mi cabeza sobre mis palmas.
Damon me observó durante un rato, la sonrisa en su rostro.
-Veamos -lanzó un suspiro, y alzó la vista hacia el cielo como si estuviese recordando-. He estado en Inglaterra, Francia, España, Italia… Casi en toda Europa, en realidad -colocó un dado en sus labios, pensativamente. Mi vista se fijó en ese carnoso labio inferior por más tiempo del que debería-. Un año me dediqué a recorrer Asia, fui a Rusia, China, pasé por todo Corea y pisé la isla de Japón. Luego me dirigí a Sudamérica. Estuve en Brasil, Perú, Argentina y en Chile.
-¿Qué país te gustó más?
Estaba realmente fascinada. ¿Cómo alguien tan joven ya había viajado por todo el mundo? Quizás sus padres eran empresarios y lo llevaban en sus viajes de negocios.
-Italia -entrelazó sus manos sobre la mesa.
-¿Y por qué?
Al parecer podría hablar con él por el resto del día y no me aburriría jamás.
-La familia de mi padre proviene de Italia y aprendí a hablar italiano desde que era pequeño. Siempre me llamó la atención, y quizás buscaba mis raíces cuando viajé hasta allá. Pero tiene todo lo que me gusta. Bellos paisajes, clima agradable, deliciosa comida, excelentes vinos y… hermosas mujeres -me lanzó un guiñó.
Al tanto de que la sangre se estaba acumulando en mis mejillas, aparté la mirada rápidamente. Damon soltó una carcajada al mismo tiempo que una camarera se acercó a tomar nuestra orden. Agradeciendo la distracción, me enderecé en la silla y solté un largo suspiro de alivio. Tomé el menú en mis manos. Damon recibió a la chica sin verla realmente y con un rápido asentimiento. Imitó mis movimientos y tomó la carta, revisando el listado hasta decidirse por un café expresso con una quesadilla salvadoreña. ¿Por qué no me sorprendía que le gustara el café bien cargado? La camarera escribió rápidamente su pedido y una vez que se fijó en él -al igual que yo anteriormente-, se ruborizó profusamente, claramente afectada por el atractivo de Damon. No la culpaba, pero eso no significaba que no me molestara un poquito. Quería poner mis ojos en blanco, pero sabía que Damon estaba pendiente de mi reacción porque esperaba que yo pidiera lo que quería, por lo que me controlé lo mejor que pude, a pesar de que moría por rodar mis ojos, y pedí un caffè macchiato acompañado con un pastel de fresa y chocolate, tratando de que mi voz sonara neutral.
Damon se rio entre dientes. La mesera anotó frenéticamente mi pedido en su pequeña libreta y prácticamente corrió hacia la cocina. Me quedé mirando el lugar en el que había estado antes de volver la vista hacia Damon. Su sonrisa ladeada estaba pegada en su rostro.
Suspiré. Maldito presumido. Dejé que una de mis manos cayera sobre mi mesa y recorrí el Grill con mis ojos, en busca de alguna cara familiar. No era de extrañarse que algún conocido estuviese acá, porque este era el lugar habitual de casi todos en Mystic Falls.
Mis pensamientos fueron efectivamente interrumpidos cuando Damon se apoderó de mi mano, tomándola entre las suyas. Giré mi cabeza tan veloz hacia nuestras manos unidas que me dolió el cuello. Damon estaba sonriendo mientras dibujaba patrones con sus dedos en la palma de mi mano, un intenso cosquilleo se expandió por mi piel.
-¿Dónde te gustaría viajar a ti, Elena? -Preguntó él.
Creo que Damon sabía exactamente lo que estaba haciendo. Traté de que las palabras salieran, pero mi mente se hallaba en blanco y mi boca demasiado seca como para hablar. Me costó un rato reponerme y cuando hablé, mi voz salió más rasposa de lo normal.
-Italia -respondí.
-¿Sólo Italia? -Preguntó, ladeando la cabeza.
¿Qué estaba preguntando?
-Sí…
-¿Por qué? -A medida que su sonrisa crecía, comenzaron a aparecer perfectos dientes blancos.
-¿Uh?
Una profunda risa gutural retumbó desde lo profundo de su pecho.
-¿Por qué te gustaría ir a Italia?
Recordé que tenía un cerebro.
-Las mismas razones que tú -solté precipitadamente.
-Oh, ¿así que te gustaría ir a ver a las hermosas mujeres? -Sacudió sus cejas, aprovechándose del momento para tomarme el pelo-. ¿Beber de las exquisitas cosechas de vino?
Estúpida Elena.
-No -rodé mis ojos-. La comida y los paisajes me llaman la atención.
Asintió mostrando su acuerdo.
-Ya me parecía extraño -musitó sarcásticamente-. Por un momento pensé que estaba perdiendo mi tiempo acá -sacudió su cabeza con fingido horror-, que no estabas realmente interesada en los hombres y que te gustaría escaparte a una viña con una hermosa italiana. No te culparía, en todo caso -suspiró con pesar-. Pero sería decepcionante.
Lo contemplé por unos segundos hasta que la risa burbujeó su camino fuera de mi garganta.
-Eres ridículo -lancé mi cabeza hacia atrás mientras reía.
-Esperaba que 'increíble' -se encogió de hombros-. Bueno, un hombre puede soñar.
En serio, ¿de dónde había salido él?
La camarera volvió con nuestros pedidos. Observé como sus manos temblaban cuando depositó los platos en la mesa, muy cerca de botar una de las tazas y derramar todo el café. Se disculpó más de una vez por su falta de coordinación y sentí algo de lástima por la chica. Debía de tener un par de años más que yo, pero ambas nos encontrábamos en la misma condición. Damon podía ser bastante intimidante.
Hablando de… Él parecía querer hacer un comentario mordaz para empeorar la situación de la chica. Averiguando sus intenciones, detuve a Damon con una mirada y le agradecí a la chica.
-No hay necesidad de comportarse como un imbécil -le reprendí una vez que la camarera se había retirado.
Damon echó la cabeza para atrás y soltó una ronca risa.
-No es mi culpa que las mujeres sucumban ante mi irresistible apariencia -Damon se encogió de hombro.
Puse mis ojos en blanco. Caramba, el ego de alguien se hallaba por las nubes.
-¡Vaya! Realmente necesitamos trabajar con tu autoestima.
-Mi autoestima está perfecta como está -la sonrisa de Damon se volvió casi grosera-. Aunque se me ocurren un par de cosas que podríamos hacer.
Oh, querido bebé Jesús. Él no acababa de decir eso.
-Oh, ¿en serio? -Arqueé una ceja, siguiéndole el juego-. ¿Cómo qué?
Damon sostuvo mi mirada durante unos segundos y se acomodó en su asiento. Estiró las piernas por debajo de la mesa, tomó su taza de café y la llevó a sus labios.
-Mmm -gimió-. Cosas muy divertidas.
Lo observé hipnotizada durante todo el proceso hasta que recordé algo llamado amor propio y ataqué mi comida antes de comenzar a babear como una tarada. Damon se rio de mí y yo lo fulminé con la mirada, lo que hizo que se riera más fuerte aún.
-¿Así que tú vas ahí por la vida, ofreciéndole a chicas desconocidas ese tipo de cosas divertidas? -Pregunté sardónicamente.
Damon me miró por debajo de sus pestañas. Pestañas que eran injustamente largas para ser un hombre, la verdad. Estaba segura de que algunas chicas matarían por tenerlas.
-Sólo si son hermosas -contraatacó. No me iba a ruborizar. Le ordené a mis mejillas que no lo hicieran. No lo iba a hacer.
Cuando la mirada de Damon sostuvo la mía y el tiempo transcurrió así entre nosotros, la sangre lentamente comenzó a subir por mi cuello, hasta que se concentró en mi rostro. Maldita sea.
-Me encanta cuando te ruborizas -dijo él, las comisuras de sus labios hacia arriba-. Es adorable.
Reí nerviosamente.
-¿Así que estás soltero? -Tenía que cambiar la conversación o no dejaría de ruborizarme, y era malditamente molesto y humillante. Había perdido la cuenta de cuantas veces había ocurrido el día de hoy-. ¿O andas coqueteando a espaldas de tu novia?
No sé por qué le había preguntado eso, pero había sido una duda que se mantenía persistente en mi cabeza y no dejaría de rondar hasta que no la sacara de ahí. Y como el tema estaba bastante relacionado. Pensé… ¿por qué no? Aunque, claro, ahora temía la respuesta.
La sonrisa de Damon comenzó a desaparecer. Un malestar se asentó en la boca de mi estómago y sentí como toda mi alegría se esfumaba.
-Yo no hago relaciones de ningún tipo -él negó con la cabeza, su cara completamente seria, libre de ningún tipo de broma.
Oh, maldición. ¿Recuerdan el malestar en la boca de mi estómago? Sí, creo que iba a desarrollar una úlcera.
-¿Por qué no? -Pregunté confundida.
No sé por qué insistía en el tema, él obviamente no quería hablar de eso. ¿Alguna vez han escuchado el dicho "No hagas preguntas si no quieres saber la respuesta"? Bueno, yo sí. Pero eso no me detuvo, y eso me convierte en la masoquista más estúpida que ha pisado la Tierra.
-Es una larga historia -dijo, su voz algo cortante.
Bajé la vista a la mesa. Mi apetito había desaparecido. Creo que escuché a Damon maldecir por lo bajo, no estaba segura porque no lo vi.
-Sólo digamos… -la tirantez era evidente en su voz-, que la vida me ha enseñado que no vale la pena realizar ningún tipo de compromiso.
Lo miré, turbada.
-Eso no es verdad -protesté.
Damon miró hacia otro lado.
-Créeme, las relaciones no valen la pena. Eventualmente la gente termina engañando a otras y el amor siempre se acaba -hizo un gesto con su mano, como si cuando el agua se escurre entre los dedos-. El amor no es eterno -se encogió de hombros-. Al menos eso es lo que aprendí.
Sus ojos azules estaban increíblemente fríos, y un desagradable estremecimiento recorrió mi cuerpo. ¿Cómo era posible que esta conversación diese un cambio tan drástico? Por sobre todo lo demás, ¿qué le había pasado a él que lo había convertido en una persona tan… amargada? Como una romántica empedernida me rehusaba a creer lo que él estaba diciendo. El amor sí es eterno.
-Lo dices como si todas las relaciones están condenadas a terminar -lo miré algo molesta.
-Soy un fatalista -dijo tajantemente.
El hielo en su voz no hizo más que aumentar mi desesperación por hacerle cambiar de opinión. No podía creer eso. Ninguna persona debería dejar de creer en el amor. No son necesario los cuentos de hadas, pero el amor lo es todo. ¿Qué es una vida sin amor? No tiene sentido. Qué triste y solitario sería todo.
Qué triste y solitario debe encontrarse Damon. Me dolió el corazón por él.
-¿Qué te pasó? -Susurré, demasiado triste como para alzar la voz.
Damon parecía algo conmovido por mi pregunta porque tardó un largo rato en responder.
-Desperdicié mi tiempo amando a alguien que jamás me amó. Peor aún, amaba a otra persona, a otro hombre que jamás la habría amado tanto como yo lo hice. -Rio amargamente, el sonido no hizo más que aumentar el dolor de mi corazón-. Yo habría dado todo por ella, ¿sabes? Pero jamás le importé, simplemente me usó para disminuir su aburrimiento. Ahí fue cuando me di cuenta de que el amor es una pérdida de tiempo… Porque yo la había amado incondicionalmente. Y mira donde eso me llevó. ¿No lo ves? El amor no consigue nada, lo que único que hace es destruir.
-Eso no es verdad -repetí en voz baja, desesperanzada-. Dijiste que yo quería un amor que me consumiera. ¿Por qué me dirías eso si no crees en el amor?
No tenía sentido.
-Porque tú obviamente crees en él. No serías feliz sin amor, ¿a qué no, Elena? Y eres libre de creer lo que quieras -se encogió de hombros, su mirada distante y helada-. Algún día verás que tengo razón.
Negué con la cabeza. La frustración se estaba adueñando de mi cuerpo, de mi alma.
-Lo siento -opté por decir. Y lo sentía realmente-. Por lo que sea que ella te haya hecho.
Obviamente esa mujer no lo merecía, porque si lo hubiese hecho se habría dado cuenta de su error. Se habría dado cuenta de que no amar a Damon había sido un error fatal. No lo conocía demasiado, quizás no lo conocía en absoluto… pero podía ver la intensidad de sus sentimientos, y era indiscutible que él la había amado más que a nada en este mundo. La clase de amor con la cual siempre había soñado. Pero claramente ella no lo había hecho y había roto el corazón de Damon.
Y eso era más que triste. Me sentía mal por él. No la clase de lástima de la cual uno trata de escapar, sino de la clase de pena que uno siente hacia otra persona a la cual intenta ayudar sabiendo que no hay manera de hacerlo, sobre todo cuando esa persona no quiere ser salvada.
Creo que ese era el caso de Damon. Me sumergí en el azul de su mirada tratando que me permitiera ayudarlo, aún si eso era imposible. Pero sus ojos abiertos se veían perdidos y asustados.
-No lo estés -apartó su mirada-. Adiós, Elena.
Damon se levantó de la mesa, sacó una billetera del bolsillo trasero de su pantalón, lanzó un billete a la mesa que estaba segura de que dejaría una gran propina a la mesera. Y se retiró sin mirar atrás.
Me quedé sentada ahí sin saber qué había hecho mal. Sin tener idea de qué había hecho para arruinar todo lo que nunca tuve pero que podría haber tenido. Observé los platos llenos de comida queriendo dilucidar las respuestas de la vida, queriendo entender qué acababa de pasar. Quería comprender cómo alguien como Damon se había resignado a dejar de creer en el amor. Un odio creciente recorrió mis venas como un veneno mortal, el odio iba dirigido hacia la mujer que le había hecho daño. ¿Era ella consciente de todo el dolor que le había infringido a Damon? Para que un hombre apasionado por naturaleza se conforme con vivir una vida sin el sentimiento más poderoso de todos… el desastre que provocó debería haber sido monumental.
Y temía que Damon no se recobrase jamás.
El dolor se hizo insoportable. Mis ojos escocían y cuando toqué mis mejillas me di cuenta de que estaban húmedas por las lágrimas. Lloraba como cuando alguien llora la pérdida de un ser querido. Yo lloraba por Damon, por su amor desperdiciado y por su corazón roto.
NA: Okay, estaba demasiado ansiosa por publicar este capítulo que ni siquiera tuve tiempo de mandárselo a mi beta para que lo revisara. Así que discúlpenme si encuentran algún error, traté de revisar las faltas de ortografía y de redacción, lo reescribí innumerables veces, tantas que ya perdí la cuenta. Creo que este es el capítulo más LARGO que he escrito hasta el momento. ¿Qué puedo decir? Estaba muy inspirada. Esta idea me llegó el otro día cuando viajaba camino a casa. Fue tan grande el golpe de creatividad, que tuve que comenzar a escribir en una pequeña libreta todas las ideas para así evitar olvidarlas. Este es el resultado.
¿Les gusta? Lamento no actualizar tan seguido, realmente lo hago, pero no puedo escribir todo el tiempo aunque quisiera. Y trato de hacerlo cada vez que puedo, sé que no es excusa, así que lo siento para todas aquellas que quieran leer esta historia.
Espero que les haya gustado, no sé que pensar de esto. El principio del capítulo era bastante alegre y terminó siendo muy deprimente y lleno de drama. ¿Qué opinan? Quiero saber que piensan, así que por favor. Dejen sus comentarios, los agradecería:(
Besos y abrazos,
Javiera.
