Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecen a L. J. Smith y Julie Plec. (aunque me contentaría con sólo tener a Damon -suspira-.)
"Love. Neuroscience tells us it activates the same parts of the brain as habit forming addiction. It makes us feel like we can do anything, be anything, achieve anything. And once we taste it, we want more. [...] Thing about love is... when it's good, it's so very good and when it's bad, it hurts so much. And if you can't find a way to balance all those ups and downs, it will make you crazy."
Capítulo 6 – Not Today
Hace un tiempo atrás, mi mamá expresó en voz alta que deseaba que me enamorara tanto como quería que me rompieran el corazón. No supe qué pensar acerca de eso en un principio salvo que sonaba bastante absurdo, así que me quedé callada. Creo que ella se dio cuenta, porque me sonrió tranquilizadoramente y dijo que esperaba que yo aprendiera, tarde o temprano, que el amor trae tanto felicidad como tristeza. Que a pesar de que todos preferiríamos no sentir dolor, era inevitable topárselo y uno tenía que lidiar con él, lo quieras o no. Y que aunque no todo sea color rosa, eso no significa que el amor no fuese absolutamente hermoso. Porque lo era y ella lo había experimentado en primera persona.
Me explicaba que no existe tal cosa como el amor sin dolor, que el dolor era parte del trato y que uno debe disfrutarlo tanto como las alegrías, porque es algo así como el precio a pagar. Me convenció también de que no había que ver el sufrimiento como algo completamente negativo, sino que era mejor observarlo desde otra perspectiva, como una experiencia de vida que nos ayuda a crecer y nos convierte en mejores personas. El dolor nos hace humanos y nos vuelve más sabios; además, hay que considerar que gracias a él muchas veces evitamos cometer los mismos errores que nos llevaron a sufrir en primer lugar.
-Me gustaría que te enamores y vivas todo esto. Porque es tan bonito –suspiraba-. Pero no puedo decirte mucho, porque no es lo mismo escucharlo que vivirlo. Es algo que tienes que aprender tú sola. No te puedo dar muchos consejos ni adelantarte nada, porque son el tipo de experiencias que uno debe primero tener para luego entenderlas.
Desde entonces me prometí a mí misma que no sería la clase de chica que se echaría a morir por culpa de un chico. ¿No resultó la cita como esperabas? Hay un montón de otros chicos con los que puedes salir. ¿Terminó tu relación? Vamos, levántate y sonríe. No es el fin del mundo. ¿Alguien no te ama? No vale la pena que sufras por eso porque ya llegará una persona que te considerará su todo, su razón para existir. Y definitivamente no deberías suicidarte por un chico, porque la vida es preciosa como para simplemente abandonarla o acabar con ella. Y es tuya, así que no deberías dejar que un chico la controle. Sólo queda salir adelante, cueste lo que cueste, con la frente bien alta y confiar en que el futuro deparará algo mejor.
Pero, claro. Es más fácil decirlo que hacerlo.
No quería quedarme sentada aquí como una estúpida, llorando por un hombre al que acababa de conocer. Sabía que estaba sintiendo algo, pero reconocía que no podía ser amor. No tendría sentido. Era demasiado pronto, no me podía enamorar de un completo desconocido. Pero definitivamente era algo. No podía negarlo. ¿Era aprecio? ¿Cariño? No podía ponerlo en palabras, pero sabía que había aprendido a estimar a este extraño durante el poco tiempo que compartí con él. De una forma u otra había logrado meterse bajo mi piel y había escarbado su camino hacia una partecita de mi corazón. No podía simplemente ignorar los hechos. Era consciente de que lo poco y nada que habíamos hablado probablemente eran las conversaciones más entretenidas e interesantes que he tenido en mi vida. Los momentos más refrescantes y revitalizadores que había experimentado. Las sensaciones más estimulantes, que me hicieron sentir como nueva, como si todo fuese posible. Lo que él provocó había sido intenso, más de lo que nunca había vivido, pero me dejó con gusto a poco y quería más.
Miré su plato a medio terminar, los servicios repartidos desordenadamente sobre la mesa y el dinero que él había dejado encima para pagar nuestros pedidos. Nos habíamos dirigido hacia temas menos agradables y muy sensibles tan rápido que una vez que llegamos a ese punto, ya no hubo vuelta atrás. Reconozco que fui demasiado empática para mi propio bien, porque fui capaz de sentir su dolor. Creo que él trató de esconderlo, pero no importó, sé que estaba ahí. Damon no parecía ser la clase de persona que compartía su pasado con cualquiera y no sé qué lo habrá impulsado a hacerlo conmigo. Pero lo hizo, se abrió conmigo y no quería que se arrepintiera de eso. ¿No sabía que yo estaba dispuesta a escucharlo y ayudarlo si él me necesitaba? Siempre podría contar conmigo si él lo quisiera. Podía ser mi amigo si así lo deseara. Me conformaría con eso. Me gustaba la idea.
Pero… Oh, Dios. Fue tan fácil leer sus expresiones y las verdades que sus ojos traslucían. El siempre tan enigmático y misterioso hombre se había vuelto un libro abierto por un segundo. Era como si sus sentimientos y emociones estuviesen filtrándose de sus poros y yo las absorbiera como si estuviese sedienta, anhelante de cualquier cosa que él me pudiese dar. Desesperada. Lo que terminó por hacerme sentir peor de lo que necesitaba en estos momentos.
No fui capaz de retenerlo. Se fue tan rápido, como si el demonio estuviese mordiéndole los talones y yo no había sido capaz de preguntarle si nos veríamos otra vez. Ahora no tenía la certeza de nada y nuevamente me encontraba a la deriva cuando se trataba de él. No sería la primera vez, en todo caso, por lo que debería haber sido una lección que aprender. Me daba cuenta de que esto podría haber sido evitado, debería haberlo sabido mejor. Porque era de esperarse, sabía que no era posible que él quisiese tener algo que ver conmigo en primer lugar así que no debería haberme ilusionado de esa manera. Pero eso no evitó que lo hiciera de todos modos.
Y mira donde eso me ha llevado. Ahora me encontraba sola en el Grill porque él me había dejado acá con una cortante despedida como recuerdo. Quizás no le gustó haber compartido un poco de su pasado conmigo, lo que me entristecía bastante. Lo peor de todo es que esto ni siquiera había sido una cita así que no es como si me hubiese dejado abandonada. No tenía nada que exigirle, él podía irse en cualquier momento que él quisiera. No es como si me hubiese humillado.
Pero eso no basta para tranquilizar a mi lamentable, inocente y patético corazón. Veremos si ahora aprendes de una vez por todas, Elena.
Resignada, limpié mis mejillas con mis manos energéticamente hasta que estuvieron completamente secas y pestañeé varias veces para no derramar más lágrimas. Gracias a Dios por haber comprado la máscara y delineador a prueba de agua, o si no luciría como un desastre… si es que ya no lo soy.
Traté de aliviar el nudo en mi garganta, tragando saliva una serie de veces y controlando mi respiración, ordenándome a mí misma mantener la calma. Con un suspiro, me levanté de la silla en silencio y abandoné la mesa, dando media vuelta hacia la salida. Apenas abrí las puertas y crucé al exterior, el frío viento me recibió con un gélido abrazo que cubrió todas mis extremidades. Fue un shock para mi cálido cuerpo, pero le di la bienvenida. Necesitaba de la fría corriente de aire para mantener mi mente despejada.
Por un segundo pensé en dirigirme hacia el estacionamiento para buscar mi auto, pero luego recordé que Caroline me había traído hasta acá en su vehículo, por lo que tendría que caminar hasta mi casa. Me arrepentía de no haber insistido un poco más y haber hecho lo que yo consideraba conveniente. Pero Caroline era demasiado terca y llevaba a su idea como para haber permitido que alguien le llevara la contra. No podía culparla, porque ninguna de las dos creímos que las cosas iban a terminar de esta manera.
Pero bueno, el lado positivo de esto era que sabía el camino de memora para llegar a casa y no me molestaba ir a pie. El lado negativo era que no quería llegar a mi casa en estos momentos, porque no estaba de humor para una alegre cena familiar, mucho menos para poner una sonrisa en mi cara. Mis padres se darían cuenta inmediatamente de que algo andaba mal conmigo y no pararían de hacerme preguntas al respeto. Tampoco tenía ganas de pasar por un interrogatorio, porque estaba seguro de que a mis padres no les gustaría la idea de que estoy saliendo con un chico y mucho menos si ese chico no es Matt Donovan. Por lo que saltarme la noche familiar era una idea bastante atractiva en estos momentos y lo sopesé por unos segundos, debatiéndome qué hacer.
¿Pero dónde podría ir? ¿A la Casa de Caroline? Sí, claro. Ella era peor que la inquisición. Seguramente me haría desembuchar todo antes de cruzar el umbral de su puerta, así que no era una opción. ¿A la de Bonnie? Ni siquiera hablábamos en el instituto y dudaba que ella quisiera verme ahora mismo. No tenía otra alternativa que ir a casa.
Además, sabía que hoy se haría la cena de bienvenida para celebrar la llegada de Jenna y recordé que ella aprovecharía esta ocasión para presentarnos oficialmente a Alaric. No podía perderme la noche familiar aunque quisiera. Quizás no sería tan terrible, Jenna tenía la costumbre de levantar mi estado de ánimo. Sólo necesitaba un poco de tiempo a solas para ordenar mis ideas, recuperar mi compostura y mejorar mi estado de ánimo antes de llegar a casa. Así podría poner una buena cara y pretender que no acababa de ser desilusionada.
Hmm. Al parecer la larga caminata no me vendría tan mal. Al menos me iba a dar tiempo para controlar mis emociones y desahogarme un poco, también. Así borraría todo lo relacionado con Damon Salvatore de mi mente.
Ja. Sí, ni siquiera yo me lo creo. Pero al menos puedo intentarlo, quizás pueda albergarlo en una parte de mi mente e ignorarlo hasta que esté en el refugio de mi habitación. Ahí sería libre de hacer lo que quisiera sin ser cuestionada ni interrumpida.
Con una nueva determinación, emprendí mi rumbo.
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Cuando llegué al porche de mi casa, tomé una gran bocanada de aire y miré al techo, evaluando mi estado emocional. Me encuentro bien. Estoy bien. Puedo hacer esto. Totalmente. Asentí un par de veces, tratando de convencerme a mí misma y estiré mi mano para agarrar la perilla de la puerta con cuidado, abriéndola con lentitud y tratando de no hacer sonar las bisagras. Un chirrido se burló de mí y me petrifiqué ahí mismo. Oh, mierda. ¿Qué le iba a decir a mis padres? ¿Que salí con Caroline? Estaba demasiado arreglada, ellos no me iban a creer. O sea, podrían, pero era poco probable. Mierda, mierda, mierda, mierda. Cerré los ojos, tratando de controlar mi nerviosismo.
No escuché nada, ningún paso se aproximaba en mi dirección. Asomé mi cabeza y vi que no había nadie ni en la sala ni en los pasillos. Extraño pero conveniente. Solté el aliento que había estado conteniendo, me deslicé con ligereza por el umbral y cerré la puerta lo más rápido que pude sin hacer ningún ruido. Había tomado la precaución de sacarme los tacones antes de llegar a la entrada de la casa y me felicité a mí misma cuando con –zapatos en mano-, caminé de puntillas y subí casi corriendo las escaleras alfombradas, agradeciendo al cielo y al infierno porque no crujió la madera a mis pies.
Una vez en el segundo piso, vi que la puerta de Jeremy estaba abierta y él estaba recostado en la cama, escuchando música con audífonos y concentrado en su croquera, probablemente dibujando algo asombroso. Una sonrisa iluminó mi cara. No podía creer que tenía tanta suerte, pero no quise tentarla más de lo que lo había hecho, así que me apresuré en llegar a mi pieza y cerré al puerta detrás de mí. Misión superada. Podría dar saltitos de la emoción.
Me acerqué al espejo para inspeccionar mi cuerpo con un ojo crítico. Alcé mis cejas con sorpresa y retrocedí un paso.
Mi pelo era una maraña desordenada de mechones que iban a todas direcciones, obviamente la prueba de una batalla perdida en contra de la ventisca. Mi maquillaje estaba un poco corrido y se había acumulado debajo de mis ojos, los cuales estaban demasiado abiertos y desorientados. Mi rostro estaba pálido salvo por mis mejillas, que se habían enrojecido al quemarse en el aire helado. Ugh. ¿La gente me había visto así? ¡Qué vergüenza! Hice una mueca y agarré un paquete de toallitas desmaquillantes de mi tocador, sacando una y pasándola por mi rostro con más fuerza de la necesaria. En poco segundos ya tenía el rostro completamente enrojecido.
Me encogí de hombros desinteresada y caminé hasta el armario, sacando algo normal y cómodo que usar. Me decidí por unos vaqueros oscuros, una camiseta holgada y un jersey blanco. Rápidamente comencé a sacarme mi vestido hasta que sólo estuve en mi ropa interior y cuando mi piel estuvo completamente expuesta salvo por mi sostén y calzones, una sensación extraña comenzó a acariciarme. Me estremecí incómoda. Juraría que estaba siendo observada, nuevamente. Me detuve ahí mismo, completamente paranoica, agarré la ropa de la cama y la sostuve en contra de mi pecho. Los ojos bien abiertos mientras miraban en todas direcciones. Las puertas estaban cerradas, tanto la del pasillo como la que conectaba con el baño que compartía con mi hermano. No había nadie en mi habitación y no era posible que alguien estuviese escondido en el closet. ¿Cierto? Porque acababa de revisarlo y no había nada.
Así que la única explicación –aunque no del todo razonable-, era que estuviesen mirándome desde la ventana. Mi mirada se dirigió lentamente hacia allá, no realmente viendo porque no estaba segura de si quería conocer a mi posible acosador. El pánico me gobernaría si había una persona ahí. Pero una vez que lo hice, me di cuenta de que no había nadie.
No realmente.
No había ninguna persona aferrada en el árbol mirándome descaradamente pero sí había algo de pie en el marco de la ventana. El cuervo, ese pequeño animal negro, me había hecho otra visita. La ventana estaba cerrada, incluso con el pestillo y eso debería haberme tranquilizado, pero no lo hizo. Eso se estaba volviendo en una jodida costumbre. Sentía como si me estuviese exhibiendo en una playa nudista. Esos ojos eran demasiado inteligentes y no me quitaban la vista de encima. Me hacían sentir incómoda en mi propia piel y quería arrastrarme lejos de mi cuerpo. Era ridículo, todo esto era ridículo. Por un momento pensé en ir a espantar al pájaro, pero había demostrado ser bastante terco porque había vuelto a venir a pesar de que lo había asustado la otra noche. No sé lo que lo atraía tanto a mi cuarto, pero seguía volviendo y eso era sumamente espeluznante.
Opté por caminar hacia atrás, hasta que mi espalda chocó con la puerta del baño y toqueteé a ciegas la pared con una mano hasta que di con la manilla. La abrí con fuerza y me metí a trompicones en el interior. Una vez en la seguridad del espacio cerrado y sin posibles espectadores –aunque fuesen animales-, solté todo el aire de mis pulmones y reí con nerviosismo. Mis piernas temblaban ligeramente.
Si Jeremy me viera en estos momentos, se estaría partiendo de la risa. Desconfiada y recordando que mi hermano estaba en la habitación de al lado, coloqué el pestillo en ambas puertas y procedí a vestirme. Una vez que estuve completamente cubierta con capas de ropa, salí a la habitación, sintiéndome un poco más protegida.
El cuervo se había ido. La sensación de ser observada se había esfumado. Una respiración temblorosa salió de mis labios.
Un golpe en la puerta me hizo saltar varios centímetros del suelo.
-¡Santa mierda! –Espeté entre dientes.
Me iba a dar un paro cardíaco.
-¿Elena? –Llamó una voz desde el otro lado, en el pasillo.
-¿Sí, mamá? –Pregunté, mi voz algo inestable.
-Oh, eres tú. Ya llegaste. ¿Puedo pasar?
La manilla de la puerta comenzó a girar.
-Seguro –me encogí de hombros a pesar de que sabía que no podía verme.
Segundos después, mi mamá estaba mirándome desde el umbral de la puerta. Los ojos entrecerrados levemente.
-¿Todo bien?
Vacilé.
-Seguro.
Frunció el entrecejo. No me creía. Oh, oh.
-¿Segura?
-Sí –traté de tranquilizarla y sonreí lentamente-. Había un pájaro en la ventana, me asusté un poco al verlo.
-Oh –alzó las cejas, sorprendida-. ¿Lo espantaste?
Bueno, el cuervo ya no estaba.
-Sí –encogí un solo hombro.
-Qué bueno –dijo indiferente, caminando hacia mi tocador-. ¿Dónde estuviste?
Aquí comenzaba el interrogatorio. Qué bueno que el vestido se me había quedado en el baño, eso sería difícil de explicar.
-Con Caroline –mentí-. Fuimos al Grill a tomar un café.
-Hmm –asintió ella, dándome la espalda-. ¿Por qué? ¿No acabas de verla en el instituto?
-Bueno… sí. Pero no es como si estuviésemos juntas todo el día. Tenemos distintas clases, y sólo nos vemos en los recreos. Por lo que no la veo todo el tiempo –divagué. Me acordé de la hora de almuerzo que habíamos compartido-. Y ella quería hablarme sobre un chico que acababa de conocer, por lo que necesitábamos más tiempo para hablar.
Mi mamá arqueó una ceja.
-¿No estaba saliendo con este chico…? ¿Cómo se llama? ¿Troy?
-No estaban saliendo –repliqué, sorprendida de que se acordara-. Sólo fueron juntos a una cita.
-Oh –dijo simplemente-. ¿Y cómo se llama este nuevo chico?
¿Por qué estaba tan interesada? Detuve ese pensamiento. ¿Por qué no habría de estarlo? Le dije que salí por ese motivo, es obvio que quiere saber más al respecto.
-Stefan –sonreí-. Es nuevo en el pueblo.
-¿En serio? –Pareció gratamente sorprendida-. ¿Acaba de llegar con sus padres?
-No lo sé –respondí honestamente-. Creo que no.
-¿Viajó solo?
-No, vino con su hermano Damon.
Una pesadez se asentó en mi estómago. Me forcé a sonreír casualmente.
-¿Los conoces? –Preguntó mi mamá, curiosa.
-Sí, estuvieron en el Grill la otra noche y Stefan se inscribió en el instituto. Hoy fue su primer día de clases.
-¿Son amigos ahora? –Inquirió.
-Uh, no lo sé. Realmente no he hablado con él. Pero se ve bastante simpático.
-Qué bueno –asintió. No sonaba del todo sincera.
Entrecerré mis ojos, esto sonaba muy sospechoso.
-¿Has visto a Matt últimamente?
Oh, diablos. Sabía que esto pasaría tarde o temprano.
-Sí, mamá –solté un gruñido.
-¿Has hablado con él? –Preguntó, sus ojos brillando con interés.
-Un poco –respondí a regañadientes.
No pareció contenta con eso.
-Deberías ser más agradable con él, Elena –me reprendió-. Él todavía te ama.
Solté un suspiro.
-Lo sé, mamá.
-¿Entonces? ¿Por qué no arreglas las cosas con él? Matt es un buen chico, no veo por qué no están juntos.
-No quiero estar con él –fruncí el ceño.
-¿Por qué no querrías estar con él? Es un chico, de tu edad, simpático y encantador. Es dulce, cuidadoso y a tu papá realmente le agrada.
Oh, qué conveniente. Lástima que a mí no me agradaba estar con él. Al menos no como mi novio. Eso, al parecer, no parecía importarle.
-Es sólo un buen amigo –me crucé de brazos.
Podía sentir como aparecía mi enfado, mi sangre hirviendo a fuego lento. Mi mamá estaba a punto de hacerme enojar.
-Pero él todavía te ama –recalcó.
Fue como lanzar un fósforo a un barril de pólvora.
-¡Sé eso! –Levanté la voz, algo insolente.
-¿Entonces? ¿Por qué no vuelves con él?
Traté de contar hasta diez. Cuando llegué a cinco me di por vencida.
-No quiero hacerlo.
Mi mamá negó con la cabeza.
-Deberías aprovechar que eres joven, Elena. Un día te encontrarás completamente sola y te preguntarás donde estará Matt y él ya habrá salido adelante y será demasiado tarde.
Oh, Dios y todo lo sagrado. Quería desaparecer de la faz de la Tierra.
-Dudo que eso pase –comenté, el sarcasmo goteando de cada palabra.
Mi mamá me lanzó una mirada reprobatoria. Cerré los ojos, derrotada.
-No quiero hablar de esto, mamá.
Puso los ojos en blanco.
-Está bien, no te molestaré –se dio media vuelta y caminó hacia el pasillo.
Hice una mueca ante el tono de su voz. No quería que se enojara, porque eso significaba que llegaría a oídos de papá y jamás vería el final de esta conversación. Necesitaba distraerla y rápido.
-¿Vendrá Jenna a cenar esta noche? –Pregunté lo más casual que pude.
Pareció funcionar a la perfección. Se volvió a girar hasta que estuvo frente a mí. Una agradable sonrisa decoró sus delicadas facciones.
-Sí, la comida está a punto de estar lista. El pollo está en el horno y falta solo aliñar la ensalada.
-Puedo hacerlo –me ofrecí, animada.
Todo con tal de que olvidara nuestra pequeña charla.
-Bien –asintió, agradecida.
-¿Vendrá Alaric con ella? –Pregunté mientras ambas nos dirigíamos a las escaleras y bajábamos al primer piso.
-Sí, acaba de llamar hace un rato. Antes de que llegaras. Dijo que venían en camino.
Mmm. No sabía que pensar de eso. ¿Le habrá dicho Alaric sobre mi encuentro con Damon? Nervios encogieron mi estómago. Dios, esperaba que no.
-¿Dónde está papá? –Pregunté mirando a mí alrededor. No estaba ni en el living, ni en la cocina.
Me pregunté si lo habrían llamado de la consulta y había tenido que ir a atender a un paciente de urgencia.
-En su estudio –respondió mi mamá mientras se acercaba al horno y abría la compuerta. Con un cuchillo empezó a remover el pollo, inspeccionándolo-. Le falta un poco.
-¿Qué está haciendo?
-Dijo que tenía que revisar unos papeles de la consulta. Algún papeleo administrativo, creo.
Se acercó a la mesa de la cocina, donde la mesa estaba puesta. Los platos estaban repartidos en varios puestos -seis en total-, con los respectivos cubiertos, servilletas y vasos a los costados. En el medio había una botella de gaseosa y un jarrón con jugo natural. También había diferentes cuencos con distintos tipos de vegetales como ensalada, brócoli, repollo, entre otros. Mi mamá realmente se había lucido con esta cena. Noté que había puesto un mantel nuevo, también.
-Huh –asentí. Fui hasta donde estaban los estantes junto al lavaplatos, y abrí las bolsas del supermercado. Encontré lo que buscaba y saqué un par de limones. Abrí un cajón a mi lado, saqué un cuchillo y un tenedor. Corté los limones por la mitad y con ellos en una mano y el tenedor en la otra me acerqué hasta la mesa para añadir jugo de limón a la ensalada.
-Gracias –dijo mi madre, pasando una mano por mi mejilla. El suave y reconocible aroma a verbena se desprendía de su piel. Un olor con el que había crecido y con el que siempre la asimilaba.
Una sonrisa dulce reposaba en su cara, se veía tan tranquila y a gusto al hacer sus labores domésticas, que me recordó lo mucho que me gustaría casarme algún día. Tener la clase de amor que mis padres tienen. Uno podía verlo cuando ellos estaban en la misma habitación.
En ese mismo instante mi padre entró al comedor, con una sonrisa satisfecha en su cara. Primero se dirigió hacia mi mamá que le estaba dando la espalda y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, apoyando el mentón en su hombro. La sonrisa de mi mamá se extendió a una de placer absoluto y ladeó su cabeza, para conectar su mejilla con la de él.
-¿Terminaste? –Ella le preguntó con una voz suave.
-Sí –asintió él, besando su hombro-. ¿Está lista la cena?
-Casi lista –respondió ella.
Los observé por un momento. Parecían envueltos en su pequeña burbuja privada.
-¿Por qué no vas a llamar a Jeremy? –Le pidió mi mamá-. Yo voy a sacar el pollo del horno. Jenna debe estar por llegar.
Diversión apareció en los ojos de mi papá.
-¿Viene con Alaric? –Preguntó.
-Sí –respondió mi mamá, sin dejar de sonreír.
-Genial. Tengo ganas de conocer al hombre que logró que tu loca hermana se asentara.
Mi mamá soltó una risita.
-Jenna no es tan terrible.
-Aún recuerdo cuando se emborrachó una vez y se subió a una de las mesas del Grill.
Mi mamá se encogió de hombros mientras mi papá y yo nos reíamos entre dientes.
-Como tú dijiste, estaba borracha –apuntó tu mamá.
-Sí, pero tú no fuiste la que tuvo que ir a buscarla. El peor viaje en auto de mi vida –se estremeció-. Así que este hombre, Alaric, es digno de admirar.
Mi mamá le lanzó una mirada seca, pero la diversión bailaba en sus ojos.
-No exageres, Grayson.
Mi papá se colocó a mi lado y pasó un brazo por encima de mis hombros. Me miró cariñosamente y besó la cima de mi cabeza. Le di una pequeña sonrisa.
-Hola, papá.
-¿Cómo estás, princesa?
-Bien –respondí mientras envolvía mis brazos en su cintura-. ¿Cómo te fue en el trabajo?
-Oh, ya sabes, lo habitual –se encogió de hombros-. Eso sí, hoy tuve un caso muy interesante. Creo que te va a gustar escuchar lo que pasó con un paciente –me guiñó un ojo.
-No quiero que hables sobre algún procedimiento quirúrgico cuando estemos cenando –le advirtió mi mamá, apuntándolo con un dedo-. Es asqueroso.
Mi papá solo le sonrió.
-Voy a ir a buscar a Jeremy –dijo a cambio y me soltó para dirigirse hacia las escaleras.
Un golpe sonó a los minutos después.
-¡Yo voy! –Anuncié mientras corría hacia la puerta principal. La abrí de un tirón.
Jenna estaba en el otro lado del umbral, una gran sonrisa en su rostro. Creo que ambas chillamos y no pasó ni un segundo antes de que estuviésemos abrazadas y riendo como locas.
-Hola, pequeña –saludó mientras se apartaba-. Traje vino.
Alzó una botella oscura con una mano. Se veía costosa.
-Déjalo en la mesa –le dije.
Me hice a un lado e hice un ademán para que pasaran. Miré a Alaric con cautela. Él estaba a su lado, una pequeña sonrisa en sus labios. Se veía nervioso pero creo que le entretuvo nuestro efusivo saludo. Esperaba que le agradara nuestra casa.
-Bienvenido a nuestro humilde hogar –dije haciendo un gesto hacia el living.
Mientras él entraba con lentitud, sus hombros un poco rígidos y sus ojos alertas, miró en todas direcciones. Cada movimiento de su cuerpo parecía estar calculado y no se veía precisamente cómodo. Jenna se rio entre dientes.
-Gracias, Elena –dijo él-. Es bueno verte de nuevo.
Me pregunté si él le había contado a Jenna sobre Damon. Sabía que Jenna no les diría nada a mis padres a menos que yo se lo permitiera, pero no tenía la misma seguridad con Alaric. El pánico y nerviosismo comenzó a subir por mi garganta, cerrando mis vías respiratorias.
-Ric me dijo que te vio hoy en el instituto –ella lo miraba, sus ojos brillando con adoración-. Al parecer el será tu profesor de historia y el de Jeremy por el resto del año.
Al parecer no. Solté un discreto suspiro.
-¿En serio? Eso es genial –en verdad lo era. No tener un semestre con Tanner iba a ser el cielo en la Tierra-. Creo que todo el mundo está diciendo lo increíble que el Sr. Saltzman como profesor –les conté con complicidad.
-Sólo dime Ric –se apresuró a decir él, un leve rubor en sus mejillas.
Jenna puso los ojos en blanco mientras se reía.
Me gustaban juntos, hacían una bonita pareja. Él era un poco más alto que ella, probablemente la mitad de una cabeza. Y a medida que avanzábamos todos hacia el comedor, no podía evitar notar que ellos caminaban pegados, sus hombros tocándose y sus manos entrelazadas. Sí, definitivamente me gustaban. Eran muy tiernos.
-¿Son ellos? –Preguntó mi mamá antes de que apareciéramos a la vista. Sus ojos evaluaron rápidamente a Alaric y a Jenna-. Hola, soy Miranda.
Creo que Alaric se puso aún más nervioso, pero se movió con fluidez hasta donde estaba ella y le ofreció la mano para que mi mamá la estrechara.
-Hola –saludó-. Soy Alaric, pero puedes llamarme Ric.
Mi mamá ignoró el gesto mientras se estiraba y le daba un rápido abrazo, tomando a Alaric por sorpresa.
-Hola, Ric. Gracias por traer a mi hermana de vuelta –le dijo mientras se apartaba.
Alaric sonrió y se giró a mirar a Jenna, ella se acercó hasta él y se enroscó a su lado, rodeando uno de sus brazos con los suyos.
Definitivamente me gustaban. Mamá parecía pensar lo mismo, porque cuando nuestros ojos se cruzaron, ella alzó las cejas juguetonamente. Sofoqué una risa.
Papá y Jeremy bajaron de las escaleras en ese instante. Jeremy fue el primero en llegar y se detuvo de golpe cuando vio a Alaric y a Jenna en la cocina. Saludó primero a Alaric -un saludo casi formal que hizo que todos menos Alaric arqueáramos las cejas con diversión-, y luego abrazó a Jenna por unos segundos.
-Hola, chico –Jenna le desordenó el cabello-. Debería dejar de crecer. Cada vez que te veo creo que estás más grande.
-Hola, Jenna –sonrió él.
Papá entró en la cocina.
-Tú debes ser Alaric –saludó él, estirando la mano-. Soy Grayson. Jenna nos ha contado mucho sobre ti.
Alaric le sonrió. Mamá ya había sacado la comida del horno y nos indicó a todos que nos sentáramos en la mesa. Con Jeremy la ayudamos a servir los platos, repartir el vino para los adultos, gaseosa para él y jugo para mí.
-Espero que sean buenas cosas –bromeó Alaric.
-Oh, tú tranquilo, hombre –rio mi padre-. Creo que todos en esta familia estábamos ansiosos por conocerte. Verás, esta mujer aquí presente –apuntó a Jenna con una mano-, solía ser… ¿cómo lo llamaríamos?
-Grayson –mi mamá negó con la cabeza mientras trataba de no reír.
Jenna arqueó una ceja en dirección a mi papá, mientras tomaba asiento frente a mí.
-¿Impresionante? –Ofreció, para nada ofendida.
-No, yo no diría eso –se burló mi papá-. En fin, la cosa es que no esperábamos que cambiara tanto. Pero fue un buen cambio. Es bueno tenerla de vuelta –le dio un rápido abrazo antes de sentarse en la mesa-. Esperamos que se queden por un largo tiempo, eso sí.
-Lo haremos –confesó Alaric mientras tomaba su lugar al lado de Jenna-. Estábamos viendo un par de casas cerca de aquí.
-¿Alguna suerte? –Preguntó mi papá.
-Sí, hasta el momento nos ha gustado una. Amplias habitaciones, lindo jardín, buen vecindario.
-Me alegro –asintió mi papá-. ¿Y hasta el momento cómo te ha ido en la escuela? Jenna dijo que hoy sería tu primer día de trabajo.
-Estuvo bien –sonrió Alaric-. Cualquiera pensaría que es terrible trabajar con adolescentes, pero la verdad es que a mí me gusta. Y los chicos de acá parecen mucho más tranquilos de los que solía tener allá en Duque.
-¿En serio? –Mi papá nos miró a Jeremy y a mí, algo dudoso-. Por lo que mis hijos me han contado, sus compañeros no son precisamente angelitos.
-No, no lo son –rio Alaric-. Pero son manejables. Eso es todo lo que puedo pedir. Después de todo, son adolescentes.
-Estás absolutamente en lo correcto –mi papá alzó su copa de vino dramáticamente.
Después de eso, la cena había transcurrido normalmente. La conversación fluyó sin ningún problema y no hubo pausas incómodas ni momentos embarazosos. Creo que después de un rato, Alaric se encontraba completamente cómodo y a gusto en nuestra compañía. Nosotros también, él era un hombre muy agradable. Se expresaba con soltura, tenía buenos modales y era muy simpático. Mientras comía con tranquilidad, me di cuenta que durante toda la velada Jenna no le había quitado la vista de encima en ningún momento salvo cuando nos hablaba de vez en cuando, pero el resto de la noche sus ojos le pertenecían únicamente a él. No era muy diferente en el caso de Alaric, él también disfrutaba observándola cada vez que podía, pero como era primera vez que venía a nuestra casa, un montón de preguntas eran lanzadas en su dirección, por lo que él tenía que despegar sus ojos de ella cada vez que respondía lo que sea que le hayan preguntado o hacía algún comentario sobre alguna cosa que alguien había dicho.
Pero ambos compartían esa misma mirada, la que sólo existe entre dos personas que se aman mucho.
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Había subido al baño cuando todos estaban sentados en el living, conversando e intercambiando anécdotas mientras disfrutábamos de un juego familiar. Fuimos por las adivinanzas, y nos dividimos en parejas. Un participante de cada pareja debía dibujar en una gran hoja de bloc mientras el otro intentaba adivinar lo que sea que el compañero estaba dibujando. Como me tocó con Jeremy y él era un talentoso artista, pueden adivinar quién era el equipo ganador hasta el momento.
Acababa de salir del baño cuando me topé con una alta figura en el pasillo. Me tomó unos segundos recobrarme de la sorpresa para luego darme cuenta de que se trataba de Alaric. Le sonreí mientras le daba la pasada. Él me dio las gracias mientras se dirigía al baño, pero se detuvo antes de entrar, dubitativo.
-Uh… ¿Elena? –Me llamó antes de que me alejara.
Me di la cuenta para mirarlo a la cara.
-¿Sí?
Él abrió la boca pero ninguna palabra salió. Parecía dudar lo que sea que iba a decir. El nivel de incomodidad comenzó a aumentar entre nosotros. Creo que sabía hacia donde se dirigía esto…
-Hoy te vi hablar con Damon –finalmente dijo.
Sip. Había estado en lo correcto. ¿Qué quería que le dijera?
-Sí –cambié mi peso de un pie a otro-. Lo conocí el otro día.
Alivio cruzó su rostro.
-¿Así que ustedes dos no…? –Dedujo.
Podía sentir como la decepción volvía adueñarse de mí.
-No, sólo somos… amigos, creo –confesé-. Como dije, acabo de conocerlo.
Él asintió, obviamente mucho más calmado gracias a mi respuesta… Él esperaba escuchar eso.
-¿Por qué? –Entrecerré mis ojos.
-Créeme, es mejor que mantengas tu distancia con Damon –me aconsejó.
¿O me advirtió? Parecía honesto y sus ojos me imploraban que le hiciera caso. ¿Pero por qué?
-¿Por qué? –Volví a preguntar, frunciendo el ceño.
-Damon no es la clase de chico que tiene citas o al que le presentas a tus padres –respondió con brutal honestidad.
Sí, ya me había dado cuenta de eso. La decepción aumentó.
-¿Y eso por qué?
Necesitaba respuestas.
-Él es… -lanzó un suspiro. Parecía agotado-, complicado. Como dije anteriormente, haces bien en mantener tu distancia.
¿Recuerdan el dicho: "No hagas preguntas si no quieres escuchar las respuestas."? Sí, creo que yo acabo de ignorarlo.
-¿Es por esa mujer? –Pregunté osadamente.
Me arrepentí al instante.
-¿Mujer? –Alaric frunció el ceño. Luego la comprensión rápidamente pasó por sus ojos-. ¿Te refieres a Katherine? ¿Él te contó sobre ella? –Parecía sorprendido.
¿Así que la perra que le rompió el corazón se llamaba Katherine? No sabía que pensar. Solo sabía que una sensación desagradable se asentó en la boca de mi estómago. De repente quería devolver todo lo que había comido. Katherine era un bonito nombre. Eso no me gustaba.
-No dijo su nombre –me encogí de hombros-. Ella es la mujer que rompió su corazón, ¿cierto?
Alaric asintió, aún estaba frunciendo el ceño.
-Sí, pero es más complicado que eso.
-¿Él aún la ama? –Me atreví a preguntar.
Alaric alzó sus cejas.
-Creí que eran amigos.
-Lo somos –solté algo defensiva-. Sólo estoy… preocupada por mi amigo, ya sabes.
No pareció creer nada de lo que me dijo. Maldición, y yo que creía ser una buena mentirosa.
-No podría decírtelo –negó con la cabeza-. He sido amigo de Damon por mucho tiempo y lo conozco. Más de lo que me gustaría, la verdad. Y es por eso que te lo estoy diciendo. Tú pareces ser una buena chica, realmente, pero Damon no es la clase de hombre que se involucra con chicas buenas.
-¿Por qué no?
La expresión de su cara parecía preguntarme si realmente quería saber. Creo que acepté el desafío.
-Porque ellas nunca terminan bien.
-Lo haces ver como una mala persona –señalé.
Lo que me estaba empezando a molestar. Por lo que había visto de Damon, él no parecía ser un mal tipo. Había sido agradable, divertido y hasta caballeroso. La necesidad de defenderlo era fuerte. Pero la parte sensata de mi cerebro me dijo que lo escuchara, después de todo, Alaric lo conocía por mucho más tiempo que yo.
Él no parecía contento con lo que iba a decir a continuación.
-En el fondo él es una buena persona. Pero él es complicado. Dios, puedo creer que vaya a decir esto. No quiero que lo menciones a nadie, muchísimo menos a él o me matará –se estremeció-. Pero Damon está… dañado y no es sólo por Katherine. Realmente no puedo decirte por qué, pero lo único que te puedo pedir, es que por favor, mantengas tu distancia cuando se trata de Damon. Créeme, no necesitas ese tipo de drama en tu vida.
-No eres quien para decirme lo que debo hacer –solté bruscamente.
Una chispa de ira cruzó los ojos de Alaric.
-Sé que no, Elena. Sólo estoy tratando de ayudarte.
-¿Cómo me puedes ayudar cuando no me dices la razón por la cual tengo que alejarme de él?
-Porque no son mis secretos para contar. Le pertenecen a él y dudo que te los cuente a ti.
Ay, eso como que dolió. Pero sabía que tenía razón.
-Está bien –miré el suelo, sin atreverme a demostrar lo humillada que me sentía en estos momentos-. Gracias, Alaric.
-Lo siento –dijo y parecía franco-. Tú eres realmente importante para Jenna y sé que si algo te pasa la destrozaría a ella. Y no quiero verla mal. Espero que me entiendas.
Alcé la vista y me encontré con sus ojos suplicantes. Me sentía mal, tan mal como había estado luego de que Damon se fuera, pero traté de sonreírle a Alaric. Él se preocupaba por Jenna.
-Lo hago –traté de serenar su expresión torturada-. No te preocupes.
Pareció alegrarse al escucharme. Asintió en silencio y fue hasta el baño. No me sentía capaz de ir abajo y continuar con el juego familiar, así que me dirigí a mi habitación y cerré suavemente la puerta detrás de mí. Contemplé mi cuarto vacío, como si las respuestas de la vida estuviesen almacenadas en estas cuatro paredes.
¿Qué le había pasado? ¿Era posible sentirse así de terrible por el dolor ajeno? ¿Quién era Damon Salvatore?
Sólo sabía una cosa. Todo a su alrededor gritaba problemas y debía admitir que él era definitivamente complicado. Sí, era enigmático, encantador, divertido y apuesto. Pero sabía que esa cara bonita ocultaba un pasado y no la clase de pasado que me gustaría escuchar, al parecer. Realmente planeé seguir el consejo de Alaric, pero sentí que no debía. Al menos no hasta que supiera lo que ocurría con Damon realmente. Tenía que saberlo, no podía quedarme con la duda. Una vez que sepa de qué se trata todo, ahí recién veré si me alejo o no. Así que tendré que averiguarlo de una forma u otra. Pero como no sabía si lo volvería a ver, mis planes de detective tendrían que esperar.
Pero una vez que obtuviera mis respuestas y si no eran buenas… ¿Sería capaz de mantener mi distancia? Dios, esperaba que sí. Lo último que necesitaba ahora era problemas. Y Damon era un problema con P mayúscula.
Un sonido me sacó de mis cavilaciones. Me volteé al tiempo que Jenna abría la puerta.
-¿Estás bien? –Preguntó ella.
Forcé una amplia sonrisa.
-Perfectamente.
Ella frunció el ceño, luciendo más que preocupada.
-¿Segura?
Mierda.
-Sí. ¿Por qué?
-Estás llorando –se cruzó de brazos frente a mí.
Doble mierda.
-Oh –rápidamente pasé mis manos por mi cara, borrando el rastro de lágrimas.
Definitivamente había estado llorando y no me había dado ni cuenta. ¿Cómo le puedo explicar eso a una persona?
-¿Qué está pasando? –Preguntó Jenna.
-No es nada –hice un gesto con la mano para que se fuera-. Ve abajo con los demás. Vuelvo enseguida.
-No me iré hasta que me digas qué es lo que sucede.
-No es nada, Jenna –insistí.
-Elena, tú sueles contarme lo que sea. Incluso por teléfono –me apuntó con un dedo amenazador-. Cualquier secreto tuyo, yo lo sé. Así que quiero saber qué es lo que te ocurre.
La miré por unos segundos, debatiendo si debía o no confesarle lo que me atormentaba. Ella tenía razón, yo le contaba todo. ¿Cómo no? Era mi confidente y eso significaba que confiaba en ella. Es sólo que no sabía si debía confiar esto con ella. Recordé las palabras de Alaric: "No son mis secretos para contar".
-Tuve una pelea con Bonnie –la mentira se deslizó de mi lengua sin ningún esfuerzo.
Ella pareció comprarla.
-¿En serio? –Preguntó extrañada-. Pero si ustedes son muy unidas. ¿Qué es lo que pasó?
Bueno era hora de contar algo cierto. La vida se trata de equilibrar las cosas. Hay que mantener el balance.
-No lo sé. Es como si estuviese molesta conmigo y no quiere hablarme. Pero no sé por qué. No sé lo que le pasa –me senté en mi cama.
Esta era una verdadera preocupación y se sentía bien desahogarme, incluso aunque no fuera el motivo de preocupación más importante ahora mismo. Era una pequeña carga y ahora ya no estaba en mis hombros.
-¿Desde cuándo se ha comportado de manera extraña contigo?
Jenna se sentó a mi lado y deslizó sus brazos por mis hombros, dándome consuelo con su abrazo.
-Desde mi cumpleaños.
-Woah. ¿Y eso por qué? ¿Pasó algo?
Había tenido una de esas visiones raras suyas y yo había conocido a Damon, eso es lo que había pasado.
"Cuando te toqué... vi a un cuervo. Y había niebla. Un hombre."
Me tensé bajo los brazos de Jenna, mi cambio repentino no pasó desapercibido.
-¿Qué? ¿Qué ocurre?
-Creo que ya sé lo que pasó.
-¿Te importaría decirme qué?
-No, o sea, no me importaría. Pero no estoy segura… Tengo que hablar con ella primero –hice una mueca de disculpa.
-Entiendo –me dio un apretón de mano-. Trata de arreglar las cosas con ella. Y… bueno, tú sabes que puedes hablar conmigo si lo necesitas.
-Lo sé –sonreí.
-Bien. Le diré a tu mamá que estás cansada y que quieres dormir.
Necesitaría más que eso para mantener a mi mamá abajo.
-Dile que mañana tengo un examen importante en la mañana.
-Buena idea –me guiñó un ojo-. Descansa, Elena. Buenas noches.
Me despedí con la mano.
-Dile a Alaric que es un tipo increíble y dale las gracias.
-¿Las gracias? ¿Por qué? ¿Qué hizo? –Una gran sonrisa se extendió por su rostro.
-Por preocuparse por ti –respondí.
Jenna se ruborizó.
-Está bien, yo se lo digo.
-Eso espero. Adiós, Jenna.
-Adiós –se despidió mientras cerraba la puerta.
Nuevamente sola, no sabía si sentirme mejor o peor luego de mi conversación con Jenna.
Sé que había tenido una especie de epifanía al recordar las palabras de Bonnie. Ella había tenido una visión y había visto a un hombre, a un cuervo y esa extraña niebla. Vio al hombre justo después de que yo lo había encontrado en la calle, y yo no le había dicho nada de él a mi amiga. Vio a ese cuervo y quizás se trataba del mismo cuervo que me ha estado siguiendo y vigilando estos días. Y la niebla… esa niebla tan espesa que no te permite ver nada.
También había soñado con ese hombre y el cuervo había estado ahí. Él hombre había estado rodeado por esa niebla. Aún no podía recordar su rostro, pero él estaba de pie frente a mí. Me habló, me llamó por mi nombre y tomó mi mano.
"Quiero que seas mía."
Podía sentir como las lágrimas picaban mis ojos, la sensación de ardor volviéndose prácticamente insoportable. Comencé a llorar ahí mismo, con fuerza y sin ningún tipo de control. Traté de hacerlo en silencio para no llamar la atención de mi familia. No me sentía capaz de explicar lo que me ocurría, porque ni yo tenía idea de que es lo que pasaba. Así que sin siquiera cambiarme ropa, me deslicé bajo las sábanas y continué llorando.
No sabía si era porque estaba deprimida, no sabía si lloraba porque me estaba volviendo loca y estaba teniendo visiones. O si todo esto se trababa de Damon. Era hasta chistoso el hecho de que él no era nada mío y había logrado destrozarme de un modo increíble. No le tomó ningún esfuerzo en absoluto. Solo bastó que yo depositara mis sueños de amor en él sin siquiera darme cuenta. ¿Era así de necesitada? ¿Estaba desesperada? Todo esto era jodidamente hilarante.
Reí como una desquiciada mientras las lágrimas seguían derramándose por mi rostro, calientes sobre mi piel hasta se enfriaban al caer y humedecían mis almohadas. Necesitaba algo con lo que distraerme. No, necesitaba desahogarme. En este momento no podía hablar con nadie y no es como si estuviese dispuesta a conversar sobre algo que ni siquiera tenía sentido, así que recurrí a mi único amigo en el cual podía confiar en estos momentos, porque sabía que él no le diría nada a nadie y no me juzgaría.
Abrí el cajón de mi velador y comencé a buscar con mis manos entres las cosas que estaban dentro, corrí un montón de lápices y papeles, levanté un par de pequeñas cajas donde guardaba pequeños obsequios hasta que toqué la tapa de cuero de mi diario. Lo saqué con cuidado, lo abrí donde estaba el marcador y sacando un lápiz del cajón, comencé a escribir.
Querido Diario:
No creo ser lo suficientemente inocente como para creer en el instalove. De hecho, lo detesto. No es de amargada ni nada por el estilo. Quizás sea posible, ¿quién sabe? Quizás hay gente realmente suertuda que conoce al amor de su vida al echarle un vistazo. Pero… ¿es realmente posible enamorarse con tal solo mirar a una persona?
¿Cómo puedes llegar a amar a alguien que apenas conoces? La idea es inconmensurable para mí. Si te dedicas a pensarlo por tan solo unos segundos, querido Diario, te darás cuenta de que en realidad no conoces el apellido de tu "amado", ni a qué se dedica ni donde vive. Desconoces tus sueños, sus metas o lo que lo aterriza. No tienes idea de lo que ha hecho en su pasado. ¿Cómo puedes asegurarte de que no es un psicópata o un simple idiota sin cerebro que sólo quiere meterse en tus pantalones? ¿Estarías realmente dispuesto a poner las manos al fuego por un total desconocido?
Considero que esas son cosas demasiado importantes y que no pueden ser ignoradas así como así. No creo que debamos subestimar al amor de esa manera. Sí, se supone que es el sentimiento más poderoso del mundo, que puede cambiarlo todo y que puede vencer cualquier cosa. Pero no creo que se active de manera instantánea con tan solo ver a una persona. Como si de repente miraras a alguien caminando en la calle y, ¡boom!, estás enamorado.
Incluso aunque, hipotéticamente hablando, se tratase de almas gemelas que se han reunido después de mucho tiempo o de muchas vidas. Si fuese así, considero que vendría siendo más bien como un potencial de amor. Ya que si bien estas almas están destinadas a encontrarse y predispuestas a amarse, no creo que baste con volver a reunirse. Si las personas cambian con el tiempo, ese cambio debe dejar una marca en el alma de alguna manera. Por lo que para mí es necesario un proceso de reconocimiento, en el que estas almas volverán a adaptarse luego de una extensa separación, para así poder sumergirse en la otra y finalmente transformarse en una sola.
Para amar a una persona, en primer lugar, uno debe saber quién es esa persona. Uno debe permitir ese encuentro espiritual, pero para eso se necesitan amplias conversaciones, un extenso diálogo, charlas incesantes. No basta con una cita, ni dos. Eso no es suficiente porque se requiere mucho, mucho más. Porque las personas somos demasiado complejas. Todos guardamos secretos o algún pasado oscuro y para que alguien se atreva a revelar los suyos hace falta tiempo y confianza. Uno va aprendiendo cada pequeño detalle de aquella persona, aprende a amar tanto sus defectos como sus virtudes. Van adquiriendo importancia tanto las pequeñas cosas como los profundos recovecos de su mente y de su corazón.
Es un viaje que ambos van realizando juntos y en algún puto de este viaje, va a llegar el momento donde podrás dar un salto al vacío por la otra persona, donde podrás hacer el sacrificio por el otro, cuando la conexión será tan fuerte y el amor tan grande que no habrá nada que se le compare. Cuando habrás alcanzado el punto más alto de tu vida que será capaz de eclipsar todo lo malo.
Insisto, para algo tan grandioso como eso se requiere tiempo. El amor no aparece simplemente de la nada. No funciona así. Para mí es una construcción que dos personas van desarrollando poco a poco, de menos a más. Es progresivo y a veces lento. Pero vale tanto la pena que jamás podrías llegar a arrepentirte, aunque a veces duela como el infierno. Incluso aunque sea involuntario e incontrolable. Porque definitivamente no es una decisión. Jamás oirás a nadie decir que ha "decidido enamorarse". Es algo que simplemente pasa. Y cuando ocurre no hay vuelta atrás, no se puede apagar, no se puede borrar, no se puede cambiar. Después de todo, "el corazón quiere lo que quiere".
Pero en fin, mi punto es que el amor o una relación basada en este sentimiento, requiere confianza mutua y la confianza es algo que tampoco aparece espontáneamente, como por arte de magia. Uno trabaja por conseguirla y se esfuerza al máximo por darla. El amor y las relaciones requieren compromiso, cuidado, dedicación, trabajo y esfuerzo.
Mucho más tranquila,
Elena.
Damon's POV:
Es jodidamente irónico. Soy la criatura más peligrosa del planeta, la gente me teme cuando ve mi verdadero ser. Corren, lloran, tiemblan, gritan. Nadie se atrevería a enfrentarme en una pelea a menos que tengan unos ardientes deseos de morir. Demonios, ni siquiera se atreverían a desafiarme o levantarme la voz. No a menos que quisiesen perder un miembro de su cuerpo o un órgano vital. He oído que son bastante importantes.
Y, sin embargo, aquí me hallaba. Sintiéndome impotente, malditamente débil e inútil. ¿No dije que era irónico? ¿Es una especie de broma? Si lo es, seguramente la planificó mi padre. Estoy seguro de que se estaría riendo en mi cara en estos momentos si no estuviese ardiendo en el infierno. Si tuviese la oportunidad de encontrarse conmigo nuevamente, me llamaría un debilucho y se regocijaría al saber que estoy sufriendo, mucho más si se trata de una mujer. Me llamaría toda clase de iluso y patético.
"Bien por ti, Damon. Porque todo lo que tengo es decepción."
No por primera vez en mi vida, agradecí que Stefan lo hubiese matado. Esperaba que hubiese sido doloroso, aunque sabiendo que en ese entonces Stefan carecía de autocontrol y tenía estas tendencias… destripadoras, probablemente lo había sido. Esperaba que le hubiese dolido como el infierno. Tan solo me habría gustado presenciarlo, ver como se muere con mis propios ojos. Yo mismo habría estado riéndome al ver su cara horrorizada al ver que su jodido niño preciado estaba dispuesto a matarlo. Que conste que él fue quien lo mató, yo no.
Me pregunto si alguna vez pensó que yo lo haría. Admito que si Stefan no lo hubiese hecho, probablemente yo lo habría asesinado. Y con gusto. Pero, ¿alguna vez lo imaginó? Bueno, la vida da muchas vueltas.
En fin, ¿por qué estaba pensando esto? Oh, sí. Por ella.
Hace un rato había dejado de llorar, ahora sólo podía escuchar su respiración entrecortada mientras sollozaba en sueños. No quería ni adentrarme en su mente por temor a ver lo que estaba soñando. No quería verlo. La pequeña chica había llorado hasta que había estado tan cansada que no aguantó más y se quedó dormida. Se quedó dormida mientras lloraba.
Y sabía que yo había sido el culpable de todo esto, lo que me hacía sentir como el imbécil más grande de este planeta. Me habían llamado imbécil un montón de personas a lo largo de los siglos, innumerables veces. La mayor parte de ellas solo me reía o continuaba haciendo caso omiso, porque ninguno de ellos valía la pena como para hacerme enojar. Infiernos, me han llamado peor. Y en ningún momento me molestó que la gente me llamara con distintos nombres. Me entretenía, me divertía que los demás me odiaran. Me daba esta clase de retorcido placer ver que los demás me detestaban. Pero yo jamás dije estar en mi sano juicio.
El problema era ella. Esa indefensa e inocente humana. Sabía que todo el dolor y toda la tristeza que la embargaba habían estado allí porque yo las había puesto ahí. Si se tratase de cualquier otra persona, incluso Stefan, habría aplaudido por afectarla de esa manera. Porque eso significa que tengo control sobre esa persona y si hay algo que me gusta en este mundo es el control. El control y el poder de ejercerlo.
Pero no, no con ella. Jamás con ella. No lo merecía, ella no merecía nada de esto. Ella no debería haberse topado con alguien tan complicado, retorcido y dañado como yo. Alaric había tenido razón. Al principio mi visión se había nublado y vi todo rojo, todo estuvo bañado en sangre y estuve a punto de partir el árbol de su patio delantero por la mitad cuando escuché que Alaric le estaba advirtiendo que se alejara de mí. ¿Por qué haría eso? Alaric estaba pidiendo a gritos que lo matara. Él tenía un deseo de muerte. Por un momento olvidé que era mi mejor amigo e imaginé como mis manos rodearían su cuello, como enterraría mis dedos en su piel, como atravesaría toda su carne y sus huesos hasta decapitarlo. Sólo con mis manos. Sería tan fácil como aplastar una uva.
Pero luego me di cuenta de porqué lo hacía y jamás estuve tan agradecido en mi vida de haberme hecho amigo de Alaric Saltzman. Él lo hacía por ella, aunque le haya dicho que lo hacía por su tía. No, no, no. Él realmente lo hacía por ella. Porque él veía lo mismo que yo veía en ella. Ella era tan diferente a todas las personas y seres sobrenaturales con los que me he topado en este mundo. En su cuerpo no había ninguna sola gota de maldad. Era tan diferente a Katherine, era la antítesis de Katherine. Completamente distinta, de pies a cabeza, a pesar de lucir exactamente igual. Ella era buena, realmente buena. La clase de persona que sólo deseaba el bien para todos y que rescataría a los animales callejeros para luego llevárselos a su casa.
Sabía perfectamente esto y eso no evitó que la hiriera. Lo hice, porque está en mí. Es quien soy. Es algo típico de Damon. Arruinar todo lo que toco, todo lo que veo. Lo que más me torturó fue ver su expresión torturada cuando me dijo que lo sentía. Katherine arrancó mi corazón de mi pecho y se puso a bailar sobre él. Y Elena lo sentía. Ella era demasiado empática y compasiva. Sus ojos marrones eran demasiado para mí. Aún podía verlos llenándose de lágrimas, una y otra vez cada vez que cerraba mis ojos. Sólo quería entrar a su habitación y quitar todo ese dolor, toda esa tristeza.
¿Y en qué posición me dejaba eso? Yo no debería estar sintiendo absolutamente ningún tipo de mierda. Yo apagué mi interruptor. Sé que lo hice, recuerdo perfectamente el momento en que lo hice. Las llamas y los gritos de mi amigo eran demasiado vívidos en mi mente como para olvidarlos. Dejé que Enzo ardiera en llamas, lo abandoné por completo una vez que supe que no había otra alternativa. Apagué mi interruptor, me di media vuelta y simplemente lo dejé ahí. Lo abandoné y no sentí ningún tipo de dolor. Ningún remordimiento, nada de culpa, nada de pesar. No sentí nada. Por eso sé que apagué mi interruptor. ¿Y luego de eso? Todo había sido tan fácil. Herir, matar, torturar. Era sumamente divertido. Y en eso se resume todo lo que viví después. En diversión. Hacía lo que me complacía cada vez que quería, cómo, dónde y cuándo quería. Y jamás me arrepentí de eso. Nada había sido capaz de afectarme.
Hasta ahora.
Sé que a pesar de tener el interruptor apagado había sido capaz de sentir deseo. Y eso es porque está en mi naturaleza. El deseo de matar, el deseo de beber sangre. El deseo corre por mis venas. Pero este deseo que siento ahora, no se asemeja en nada a lo que solía sentir todas las veces que torturaba a una persona o al que sentía cada vez que me acostaba con una mujer cualquiera. Ese deseo había sido opacado como un eclipse total. Ahora sólo sentía un tipo de deseo, un ansia interminable que no se detenía, que no parecía tener fin y que sólo aumentaba y empeoraba con el tiempo. Sobre todo luego de esta tarde, había empeorado al máximo luego de nuestra conversación.
Quería tenerla. Y sabía que no estaba hablando de algo puramente físico. Quería tenerla cuerpo, alma y corazón. Quería que fuera mía. Toda mía. No había estado mintiendo cuando me introduje en su sueño. La deseaba, simplemente la deseaba. La deseaba como nunca había deseado nada en este mundo.
¿Pero por qué? ¡Yo había apagado el interruptor! Esto no es posible. Mi humanidad no está encendida. No soy capaz de sentimientos, no soy capaz de tener emociones. Soy sólo el monstruo en el que me he convertido. Nada más. Vivo del sufrimiento ajeno y me encanta. O al menos pensé que así era. Pero yo no he encendido el interruptor. ¿Por qué lo haría? No sentir es mejor, mucho mejor. Porque prefiero no sentir a sufrir por el hecho de que me siento como el imbécil más desgraciado de la historia. Y todo esto porque había hecho a una chica llorar. Pero no era sólo una chica. ¿Habrá sido ella? Maldita sea. Me siento culpable y ella es la culpable.
Elena.
Me estremecí y el árbol se estremeció debajo de mí. Alivio y pánico corriendo por mis venas. No estaba preparado para esto. Yo no quería esto. Yo no pedí esto. Esta noche estaba llena de ironías. Yo estaba muerto y no necesitaba respirar, pero ahora mismo sentía como si el aire no llegase a mis pulmones y era como si me estuviese ahogando. Agarré mi pecho con una mano, casi desgarrando mi camisa. Podía escuchar el crujido de las ramas al ser trituradas con mi otra mano. Esto no estaba bien.
Salté silenciosamente del árbol y me desvanecí hasta aparecer en el medio de la carretera, muy lejos de Elena, a las afueras de Mystic Falls donde no podría levantar sospechas. ¿Por qué me preocupaba de eso? Quién carajos sabe.
Un vehículo se paró frente a mí. Una lenta sonrisa se deslizó en por mis labios. El pánico había comenzado a disminuir, ahora era más fácil respirar. La anticipación había remplazado la culpa por deseo. Pero no era suficiente. Así que cuando la chica se bajó de su auto, me lancé precipitadamente hacia ella. Ni siquiera podía esperar y jugar con ella un poco más. Estaba desesperado.
Rasgué su garganta mientras ella gritaba al tope de sus pulmones. Creo que hasta que dañó sus cuerdas vocales. No es como si importara ahora, ella estaría muerta dentro de pocos segundos. Y ese fue el último pensamiento que corrió por mi mente cuando una gota se deslizó por mi lengua y descendió por mi garganta. Ahora podía olvidarlo todo. Toda la culpa, todo el remordimiento, todo el pesar, todo el dolor, toda la tristeza. Podía dejar todo atrás y abandonarme en el placer. Me estremecí de dicha. Corrientes eléctricas recorrían mi torrente sanguíneo. El placer era mucho mejor que el pánico. Por esto lo hice, por esto apagué el interruptor. Porque es mejor no sentir nada en absoluto salvo deseo y placer puro.
Pero la mujer dejó de luchar contra mis brazos y se desvaneció. Su suministro de sangre se acabó y cayó como un peso muerto por lo que la solté bruscamente y la vi caer al suelo, sin molestarme en recuperar mi rostro humano. La vi tendida ahí, sin vida y con los ojos dilatados por el miedo sin siquiera inmutarme.
No había sido suficiente. No sentí ningún tipo de satisfacción. Ese pequeño orgasmo que se producía al beber sangre fresca no había aparecido. No me sentía poderoso, no me sentía indestructible. Me agarré el pelo y comencé a tirar de él hasta que doliera. Un grito desesperado comenzó a construirse desde lo profundo de mi pecho, pero lo que salió fue un rugido de rabia.
No podía escapar de ella, no la podía arrancar de mi sistema. Era imposible. Mi reino de oscuridad, siempre tan siniestro había sido todo lo que necesitaba. Pero ya no, ahora no era más que solitario. Ella parece ser todo lo que necesito, porque me sentía físicamente herido por estar lejos de su luz incandescente.
Elena.
Luz.
NA: OH. DIOS. MÍO. ¿Es posible? ¡Actualicé un capítulo!
Sinceramente, chicos/as, ofrezco mis disculpas desde lo profundo de mi corazón. Me siento realmente mal por no haber escrito este capítulo antes. Acabo de terminarlo, ni siquiera me molesté en revisar la ortografía de la última parte, ni re-escribirlo porque estaba tan ansiosa por publicarlo que no me aguanté. Tan sólo quería publicarlo, ¡porque estoy tan emocionada!
Hay algo llamado "bloqueo del escritor" no sé si lo han escuchado. ¿Sí? Yo también. Bueno, eso es lo que me ocurría. Cada vez que intentaba escribir, consideraba que estaba todo terriblemente mal redactado o no era lo suficientemente bueno. O me encontraba demasiado deprimida y cada cosa que escribía era como tirarse al vacío y no podía dejar de caer. Y no quería traspasar eso al fanfic. Pero en fin, ¡finalmente terminé un capítulo! Siento que esto está presentable, así que me siento contenta por publicar algo.
Estoy especialmente contenta por haber escrito el punto de vista de Damon. Quería volver a hacerlo, ¡y me gustó tanto! Es divertido adentrarse en la cabeza de Damon porque uno sabe perfectamente lo que le ocurre ¡y él no quiere admitirlo!
Espero que les guste este capítulo. He estado muy ocupada estudiando y haciendo trabajos últimamente, así que escribir un capítulo en medio de todo ese caos me trae un poco de paz y tranquilidad.
Muchos besos y abrazos para todos,
Javiera.
PD: Canciones que utilicé como inspiración para este capítulo:
Not Today - Imagine Dragons
As Long As You Love Me - Sleeping At Last (cover)
Fly Down - Stephen
