Descargo de responsabilidad: The Vampire Diaries no me pertenece, tampoco sus personajes. Estos le pertenecen a L. J. Smith y Julie Plec.


"...But you're in love? That's so sweet!"

"It's not "sweet". It's like a disease. I slept with Robin one time and I caught feelings. I caught feelings bad. I used protection and everything."

"Oh, Barney, you don't "catch" feelings. You just have them! And they're good!"

"They're terrible! I can't eat, I can't sleep. She's all I think about. I close my eyes, I see Robin. I, I hear a song, it reminds me of Robin!"

Season 4, Episode 1: Do I Know You? (2008) How I Met Your Mother


Capítulo 6 – I'm A Mess

Una semana.

Había pasado una semana entera desde la última vez que la vi. No es como si hubiese contado cada hora y cada minuto que he estado separado de ella. No había llegado a ese extremo y tampoco lo haría, porque yo no me permitiría llegar al punto de convertirme en un idiota tan patético como mi hermano, el cual no ha parado de hablar de la rubia esa.

Pero sabía que habían pasado siete días mientras miraba como el sol aparecía en el horizonte. Corrí la cortina para poder mirar el patio delantero. El sol estaba pintando el oscuro cielo azul marino con unos débiles tonos rozados, reemplazando el resplandor de cada una de las estrellas con el brillo de las copas de los árboles, con el resplandor de las gotas de rocío en el pasto que pronto se secarían. Poco a poco el azul se transformó en un claro celeste.

Un nuevo día había comenzado y sabía que había pasado una semana.

Porque no había puesto un pie fuera de esta casa desde hace siete días. No era capaz de salir, no era capaz de dormir. Era un alivio que ya estuviese muerto porque de seguro ya estaría tirado en el suelo con algún daño cerebral severo.

Imaginé que ella se estaría levantando ahora mismo si es que ya no lo hubiese hecho. Quizás se estaría arreglando o bañando en estos momentos.

Mis pantalones se sintieron ligeramente más apretados. Tomé una gran respiración, tratando de controlar mi libido y de paso ajusté un poco la parte delantera de mis vaqueros. No tendría ninguna clase de alivio porque no planeaba hacer algo al respecto y ahora mismo no estaba haciendo más que calentar mi excitación con cada trago de bourbon que se deslizaba por mi garganta.

Hmm. Sí. Puede que estuviese un poco borracho.

Recorrí el salón de la casa de huéspedes como si fuese un animal enjaulado. Probablemente lo era a estas alturas. Sentía como si cada nervio de mi cuerpo estuviese expuesto y electrizado, mis hombros estaban tan tensos que dolían. Además, últimamente he andado demasiado irritable, o más de lo habitual porque no tomaba más que una palabra mal intencionada para hacerme estallar. Era como si el rugido estuviese listo para salir de mi pecho, las ganas de gritarle a alguien eran casi irreprimibles.

Stefan y Zach se dieron cuenta de esto, pero sabiamente decidieron no decir nada al respecto. Creo que esa es la razón por la cual no he visto ni un pelo de la cabeza de Zach estos últimos días. Sabía que pasaba el tiempo encerrado en su habitación una vez que volvía del trabajo, con su puerta cerrada con llave

Reí entre dientes y me dejé caer en mi sillón reclinable favorito, el que estaba junto a una mesa llena con mis botellas de licor. Agarré el vaso que había dejado encima y bebí de él, cerrando los ojos con placer cuando el alcohol quemó ligeramente mi garganta.

No es como si una puerta cerrada con llave pudiese detenerme. Si quisiese a Zach muerto, él lo estaría en menos de lo que dura un parpadeo. Él lo sabía, yo lo sabía, incluso Stefan lo sabía. Pero no sabía cómo se las arreglaba para comer porque ni siquiera lo había visto ir a la cocina. Tampoco teníamos personal, así que no sabía cómo lo hacía. Era digno de admiración, supongo.

Pero si se atreviera a salir, al menos tendría algo de entretención. Suspiré aburrido.

Abrí lentamente mis ojos y tiré la cabeza hacia atrás, mis ojos fijos en el techo. El aburrimiento es algo poderoso –pensé mientras analizaba los patrones grabados en la madera.

La única razón por la cual logré sobrevivir durante esta semana que estuve recluido sin disecarme o acabar con Zach como si fuese un aperitivo fue porque tenía un montón de bolsas de sangre bien escondidas y fuera del alcance de Stefan. Porque él no necesitaba saber eso. Primero que todo, porque tenía que seguir pensando que yo estaba atacando humanos durante la noche; y segundo, porque no necesitaba que mi hermano se volviese todo destripador sobre mi trasero. Así que mientras más lejos estuviese de las bolsas, mejor para mí. No necesitaba añadir más problemas a la lista de los que ya tenía.

Como el hecho de que me quedaban apenas dos bolsas.

¿Pero por qué no salía simplemente a cazar un desafortunado humano? Esa, de hecho, era una excelente pregunta. Bueno, la respuesta es bien sencilla: Bien, pues… no quiero encontrarme con ella. Solté un gemido frustrado. Patético, lo sé. Tal vez yo en verdad no era mejor que el idiota que tengo por hermano.

No me sentía capaz de mirarla a la cara. No cuando le había confesado uno de mis más preciados secretos. ¿Por qué infiernos lo hice, de todos modos? Quizás porque esos oscuros ojos castaños me persuadieron para así lo hiciera. Ella era la culpable de que le confesara todas esas estupideces. Ella era la culpable de que yo me sintiese sucio luego de matar a esa mujer. Ni siquiera me sentí mal la primera vez que usé a una mujer para mi placer, cuando seguí las instrucciones de Sage hace ya tantas décadas atrás. ¿Y ahora una simple chiquilla humana con un complejo de santa llegaba y me hacía esto? Ella era la jodida culpable de que sintiera como si un maldito cuchillo estuviese siendo torcido una y otra vez en mi estómago, manteniendo la herida abierta y sangrante.

Me sentía culpable porque había hecho llorar. Sabía que ella tenía problemas en su vida y no se encontraba emocionalmente estable. Pero eso no evitó para que yo encontrara una forma de gatillar una respuesta en ella. Provoqué su llanto y por un instante creí que la culpabilidad sería momentánea, que desaparecería una vez que estuviese apartado de ella.

Lo intenté, eso mismo estaba haciendo ahora mismo. Pero nada pasó, nada cambiaba aún. ¿Por qué no se había ido? La idea de esfumarme de este maldito pueblo, correr tan rápido como me fuese posible y no volver jamás era tentadora. Pero sabía que no serviría de nada. Porque habían pasado siete días y seguía sintiéndome terrible. El desagradable pesar se volvía cada vez peor por cada jodido segundo que no pasaba junto a ella, rogándole su perdón. Y sabía que apenas me asomara al exterior iría corriendo a donde sea que ella estuviese. Si no la encontraba, entonces la rastrearía. Y si aun así, no la hallaba por ninguna parte, entonces saquearía el planeta entero hasta dar con ella.

¿Qué pasó con el vampiro sin emociones? –Se burló de mí una vocecilla molesta dentro de mi cabeza.

El gruñido que he estado reprimiendo durante todo este rato buscó su camino fuera de mi cuerpo, haciendo retumbar mi garganta. Lancé el vaso vacío contra una pared, sintiendo una extraña satisfacción al ver cómo explotaba en un montón de pequeños cristales.

Necesitaba disculpable. ¿De qué? No tenía idea. No tenía ni la más mínima idea de lo que había hecho. Por lo que no estaba seguro por donde siquiera empezar. No creo que el dejarla sola fuese la razón del problema. Ella no había llorado por eso. ¿Probablemente porque no tuve reparos en herir sus sentimientos? Pero no le había dicho nada ofensivo o nada que pudiese herirla… creo.

Bueno, ya. Quizás me empeñé en mostrarle mi punto de vista. Sabía que la había desilusionado cuando le dije que no creía en el amor. Sabía que ella no es una chica cualquiera. No, señor. Ella es una romántica empedernida. La chica tenía la palabra "amor" escrita en la frente… Y supongo que no tomó muy bien mis palabras.

¿Qué tal si destruí la única esperanza que aún le quedaba?

La chica ya estaba bastante deprimida desde un comienzo.

Que buena forma de convertirte en un imbécil –volvió a susurrar esa parte dentro de mí.

Mi mente estaba logrando sacarme de quicio. Le ordené que se callara e iba a empinar mi vaso lleno de bourbon cuando me di cuenta de que gracias a mí ahora estaba repartido en todo el living en forma de pequeñas y diminutas esquirlas.

Estiré ciegamente mi mano hacia la mesa y agarré la botella de bourbon. No me molesté en sacar otro vaso, así que me empiné la botella y comencé a beber y a beber, hasta que vacié casi la mitad del contenido con un par de tragos. El ardor era ya casi imperceptible y no me hizo ni pestañear. Pasó un buen rato en el que estuve bebiendo tranquilamente, hasta que el líquido dejó de correr por mi garganta y me di cuenta de que había logrado vaciar otra botella. Hice un mohín con mi boca y lo lancé a un lado con un suspiro cansado. No sé cuánto he bebido porque la verdad es que no he parado en días. Perdí la cuenta del número de botellas que he tirado por ahí. ¿Serían veinte? ¿Treinta? Ya no estaba seguro.

Si fuese un humano, habría logrado matarme a mí mismo provocándome coma etílico o una falla hepática.

Eran las ventajas de ser un vampiro, supongo.

Deslicé mis ojos por el suelo del living, mirando despreocupadamente el desastre que había hecho a mí alrededor. Tenía que limpiarlo tarde o temprano, por lo que intenté levantarme y sorprendentemente mis pies se tambalearon un poco. Solté una risa divertida. Mi tolerancia era increíblemente alta porque mi organismo era capaz de eliminar el alcohol mucho más rápido de lo que lo haría el cuerpo de un humano, y aun así, me las había arreglado para embriagarme.

Era jodidamente divertido.

Así que abandoné mis planes de ama de casa y fui a recostarme en el sofá que estaba enfrente. Estaba demasiado cansado y borracho como para ir a buscar más alcohol o incluso para subir las escaleras hasta mi habitación. Me tendría que contentar con dormir aquí… si es que podía. Quizás era el primer vampiro que había logrado emborracharse hasta perder el conocimiento. Pero ahora estaba repitiendo el mismo proceso que hice anoche, cuando intenté beber sin parar hasta quedar tan desorientado que acabé por desmayarme en el suelo, sin siquiera alcanzar a llegar a mi cama.

Pero mi desmayo duró apenas un minuto. Tampoco logré quedarme dormido.

Reí entre dientes y miré la lámpara de lágrimas que colgaba del techo. Apenas había comenzado a contar cuantas figuras de cristal tenía cuando escuché unos pasos acercarse en mi dirección.

Pestañeé perezosamente y me volteé para ver entrar a mi hermano, el cual se dirigió aceleradamente hasta donde yo estaba. Un borrón imperceptible en el aire para los ojos humanos.

Oh, maldición –me quejé mentalmente-. Él lo sabe.

Sus manos rodearon mi garganta en un nanosegundo, apretando hasta cortar mis vías respiratorias, efectivamente dejándome sin oxígeno. Qué bueno que no necesitaba respirar. Yay.

-¡¿Mataste a esa mujer?! –Gritó en mi cara.

Gotas de saliva saltaron a mi rostro. Qué asco.

Sin molestarme en apartarme, suprimí un suspiro irritado y suprimí la necesidad de abrir su garganta de un mordisco. Sería tan fácil para mí simplemente apartar sus manos e introducir la mía en su pecho. La metería lenta pero fuertemente, atravesando su esternón como si fuese un cuchillo o quizás mejor podría romper y abrir sus costillas para causar más dolor. Luego sostendría su corazón con mis dedos –ese palpitante órgano que era casi inservible para nosotros salvo para mantenernos vivos a base de sangre que no era la nuestra-, tirando de él hasta que se rompieran sus arterias, arrancando a su vez una exclamación de dolor de su parte hasta que su piel se tornase púrpura y las venas comenzasen a sobresalir.

Me pregunto qué haría Stefan entonces. Mi patentada sonrisa de lado apareció en mi rostro ante ese pensamiento.

-Ahora, hermano –me las arreglé para que mi voz chorreara sarcasmo a pesar de que sonó rasposa por la presión que él estaba ejerciendo en mi cuello-. ¿Por qué siempre asumes que soy yo el que tiene la culpa cuando hay un cuerpo muerto involucrado? –Puse el mejor rostro ofendido que era capaz de fingir-. Podría haber sido un puma o un lobo.

Reí de mi propio chiste.

Aunque debo decir que la policía logró sorprenderme cuando finalmente encontraron el cuerpo que con tanto esmero escondí. Sólo les tomó una semana para hacerlo, claro. Pero no esperaba más de ellos, tampoco. Porque de hecho, yo jamás pensé que realmente lograsen encontrarla, porque me di el tiempo de arrastrar a esa mujer junto con su auto y los lancé por un barranco. Incluso me tomé la molestia de dejarla en su asiento con su cinturón de seguridad puesto, cosa de que pareciera como si hubiese perdido el control de su vehículo. Hasta rompí los frenos de su vehículo para que todo pareciese más creíble.

Pero de una forma u otra se dieron cuenta de que algo andaba mal y de que había un vampiro involucrado, porque anoche Zach le llegó con la noticia a Stefan. Al parecer el Consejo del Pueblo se había reunido y habían tenido una larga discusión, en la cual llegaron a la conclusión de que un vampiro había llegado nuevamente a Mystic Falls y que este había atacado a su primera víctima.

Y eso que había borrado las marcas de mis mordidas, desgarrando la piel hasta que pareciese como si un animal le hubiese despedazado la garganta.

Buen trabajo, Departamento de Policía de Mystic Falls. Les debo conceder esta victoria.

Ellos eran los culpables de que en las noticias anduviesen diciendo que fue un animal salvaje el que atacó a esa mujer… ¿Cómo se llamaba? Ugh. No recuerdo. Bueno, en fin. Muertes como esas, causadas por un animal son sumamente extrañas. No imposibles, a menos que vivas en Mystic Falls, donde nada pasa.

Así que supongo que fue fácil para la Sheriff sumar dos más dos cuando tenía en frente un cuerpo drenado de sangre. Tendré que ser más creativo la próxima vez. O un poco más cuidadoso. O quizás no. Todo depende de mi estado de ánimo en mi próxima matanza.

-¡¿Lo hiciste?! –Ladró Stefan.

-¡Sí! –Rugí, perdiendo la paciencia.

Lo lancé lejos de mí. Stefan se vio forzado a retroceder, perdiendo el equilibrio cuando chocó con la mesita de café y cayó sobre su trasero en el piso. Le sonreí con sorna cuando se recompuso rápidamente y corrió con su mano empuñada. Iba directo a mi cara.

-Ah, ah, ah –alcé mis dedos índices para detenerlo-. Yo no haría eso si fuera tú –lo amenacé dándome mi característica sonrisa de lado.

Podría estar enfrentándome con cualquiera y no perdería la calma. Siempre me vería tranquilo como si no hubiese nada de lo que preocuparme. Era una táctica que siempre me había servido.

Aunque Stefan no era un enemigo al cual temerle.

-Serías sabio al recordar que soy más fuerte que tú, Steffy –me incorporé lentamente hasta quedar sentado en el sofá.

-¡¿Por qué no me dejas vivir en paz, Damon?! –Gritó frustrado.

Arqueé mis cejas.

-Oh, lo siento. No sabía que la conocías –respondí burlesco-. Además, no es como si la hubiese matado aquí en Mystic Falls. Lo hice en las afueras del pueblo. ¿Así que por qué estás tan molesto?

Rodé mis ojos y solté un quejido cansado. Ahí se fue mi placentero estupor, el efecto del alcohol abandonándome por completo. Ahora estaba de vuelta con esta fastidiosa sensiblería.

-¡Salió en todas las noticias, Damon! –Exclamó Stefan, tirando de su rubio cabello-. ¡No sólo en las de Mystic Falls sino en todo el jodido estado, imbécil!

¡Oh! ¡Alerta, alerta! ¡Stefan ha despeinado su cabello de héroe!

-¿Y eso debería importar, por…?

-Quiero quedarme en Mystic Falls, Damon. ¿No quieres tú lo mismo? –Preguntó él con una mirada agotada.

-Puedes quedarte aquí todo lo que quieras, Stefan –resoplé-. Pero tu verdadera naturaleza te alcanzará eventualmente. No puedes mentirte a ti mismo por siempre. Eres un vampiro, es hora de que comiences a actuar como uno –crucé mis pies y los apoyé en el brazo del otro sillón-. Por un momento para de ser tan delirante y vive la realidad. ¿Han pensado en lo que harás dentro de quince años? No puedes vivir en Mystic Falls por siempre. La gente se dará cuenta de que hay algo extraño en nosotros. Dime entonces, ¿qué le dirás a todo el mundo cuando tengas el aspecto de un adolescente cuando se supone que en realidad tienes cuarenta? ¿Has pensado en eso, genio? Tú no eres humano. No eres uno de esos chicos que va a la escuela, conoce a una chica y se enamora de ella. No serás presentado a sus estúpidos padres humanos. Claro que puedes intentarlo, no te estoy deteniendo. No te lo prohíbo. Puedes casarte si quieres, seguro. Pero piensa en esto: jamás podrás darle hijos, no envejecerás con ella. Y que entretenido será ver a esa estúpida chica humana morir cuando tenga ochenta años y tú sigas pareciendo… -lo recorrí con mis ojos, haciendo una mueca de desprecio-, un adolescente hormonal.

-¿Entonces qué estás haciendo con Elena, eh? –Los ojos de Stefan eran directos y se atrevieron a sostener mi mirada-. Ella es una de esas estúpidas chicas humanas, después de todo.

Un rugido comenzó a construirse en mi pecho. Mi irritación alcanzando niveles homicidas.

-No lo es –negué con la cabeza.

No me limité a decirle nada más. No era un hombre paciente y Stefan ya estaba sobrepasando el límite de la poca paciencia que aún me quedaba. Así que no me rebajaría a explicarle que Elena no era una de esas estúpidas chicas humanas que eran demasiado tontas y sencillas como para atrapar mi interés. Esas chicas eran demasiado predecibles. Elena no. Ella era mucho, mucho más que ellas. Era mucho más compleja de lo que esas chicas jamás serían. Era una viva contradicción. Su alma era diferente en cierto sentido y su mente tenía más pasadizos y recovecos de lo que seguramente notaba. No era capaz de verlos ni encontrarlos, pero estaba dispuesto a ayudarla.

Sabía que a pesar de que se mostrara buena, pura y noble, escondía algo debajo de su exterior, una parte de ella que no dejaba que nadie más la viera. Era consciente de que estaba ahí porque la reconocí como una parte de mí mismo. Era la razón por la cual podía entenderla perfectamente. Ni siquiera tenía que intentarlo, todo en ella me indicaba que yo estaba en lo correcto. No era mala, pero a pesar de que la bondad en ella era mayor que cualquier otra cosa, ella poseía esta parte oscura, retorcida y egoísta –que muchas veces difícil de comprender para cualquier humano-. Esta parte también ocupaba un trozo de su alma. Un trozo considerable y me entretendría un montón haciendo que ella descubriera esta oscuridad.

Yo mismo había descubierto esto en su sueño, cuando ella había recreado todo ese escenario en el cual me adentré. Ella podría haber soñado cualquier cosa. Un día soleado en la playa, un atardecer tranquilo o incluso un aburrido día de escuela. Pero no. Ella había soñado con un oscuro, frío y tenebroso bosque. Una puesta en escena tan peligrosa que yo mismo había utilizado en mis múltiples matanzas, una de mis favoritas.

Y ella había creado todo por sí misma. Sólo me bastó con introducirme en su cabeza para comprender que ella era mucho más de lo que aparentaba ser. Fue entretenido jugar con ella, invitarla a jugar conmigo. Y ella aceptó.

Es por eso que éramos tal para cual. Ella definitivamente no era como esas insignificantes criaturas que correrían despavoridas ante mi verdadero ser. Elena estaba destinada a ser una reina de la oscuridad. Mi reina.

Ella era todo un misterio que me había predispuesto a resolver.

-¿Qué? –Stefan destruyó mis poéticos pensamientos, arruinando mi momento-. ¡¿De qué demonios estás hablando?! –Vociferó-. ¡La última vez que lo chequeé ella seguía siendo humana! –Los ojos de Stefan se abrieron con reconocimiento cuando algo hizo click en su cabeza-. Planeas convertirla –exhaló pasmado.

No le respondí y me levanté de un salto. No quería tener esta conversación ahora mismo porque sabía que Stefan no me daría un respiro.

-¡Oh, no! –Stefan gritó, dando zancadas en mi dirección, a punto de agarrar mí brazo para forzarme a encararlo-. ¡No te atrevas a irte así como así!

Como siempre, estaba en lo correcto.

Lo detuve con una fría mirada que podría haber congelado el universo entero. Stefan se detuvo inmediatamente, sin atreverse a dar otro paso. Sus ojos estaban bien abiertos con temor. Bien. Él debería temerme.

-No puedes decirme qué hacer –le dije calmadamente, con una sonrisa que se había vuelto tan cruel y despiadada, que hacía que el impacto de mis palabras fuese aún mayor. La advertencia danzaba en ellas, avisándole del peligro en el cual se adentraría si tan sólo decidía contradecirme-. Pero adelante, trata de detenerme. Has estado muy cerca de darme un motivo para matarme –hice señas con mis dedos índice y pulgar, para enfatizar lo que le estaba diciendo-. Sigue así y lo encontraré. Eso no estaba en mis planes, hermanito, si consideramos que te prometí una eternidad de miseria. Pero mi paciencia tiene un jodido límite, hermano. Y déjame decirte algo –bajé la voz hasta un bajo susurro, como si le estuviese diciendo un secreto-, ¡ya lo alcanzaste! Así que, hazlo. Detenme –hice un gesto con mis manos como si estuviese animándolo a continuar.

Alcé mis cejas, expectante.

Stefan, por otro lado, se vio tan roto que casi sentí lástima. Casi. Por suerte mi humanidad no había vuelto por completo.

-Estoy cansado de esto, Damon. ¿Por qué no podemos dejar todo esto atrás?

-Deberías haber pensado en eso cuando me forzaste a convertirme, hermano –el veneno se deslizó en mi lengua como una caricia letal.

-¡Te dije que lo sentía! –Gritó Stefan, molesto con que volviera a sacar el tema a colación.

-¡Tus disculpas no cambian el hecho de que soy un vampiro ahora! –Bramé, irritado-. Soy un vicioso monstruo descorazonado que mata por diversión y placer –solté una risa ahogada-. Infiernos, soy la criatura más peligrosa de este mundo. Y todo eso es gracias a ti, hermanito –lo apunté con una sonrisa malévola-. ¡Soy un depredador ahora! Y como no puedo cambiar eso… -me encogí de hombros, pareciendo desinteresado-, prefiero disfrutarlo. Voy a torturar y voy a matar a quien me plazca. Los humanos están aquí para que yo los use, para que yo los tome. Y voy a hacer justo eso. Le voy a rendir culto a mi naturaleza como el monstruo sádico en el que me convertiste.

Terminé mi discurso con un asentimiento de cabeza, mis ojos lo mantenían quieto en su lugar.

-¿Así que vas a matarla, entonces? –Susurró, como si temiese provocarme.

Quizás mi hermano era tan sensato como Zach. Bien por él.

-No lo he decidido aún –le mentí después de un rato.

Aunque quizás podría mantenerla humana por un tiempo. Disfrutar de su mortal existencia, de su deliciosa sangre y de su inocencia pura. Luego podría convertirla algo mucho más poderoso, en lo que estaba destinada a ser. Y ella me acompañaría hasta el fin de los tiempos.

Era una idea tan atractiva que un ronroneo estuvo a punto de arrastrarse por mi garganta.

-¡Ella tiene una familia! –Gritó mi hermano, seguramente tratando de hacerme entrar en razón.

No. Él no tenía el mismo sentido común ni el instinto de supervivencia que volvían a Zach en un hombre inteligente.

-Ella tiene padres y un hermano –continuó Stefan, más resignado esta vez cuando vio que sus palabras no me habían afectado en absoluto-. ¡Su tía es incluso la novia de tu mejor amigo! ¿Cómo no eres capaz de preocuparte por ellos? ¿No tienes ni un poco de compasión dentro de ti?

Me reí en su cara.

-¿Sigues pensando que me queda algo de humanidad?

Stefan suspiró.

-No puedes simplemente hacerla desaparecer, Damon. Sé que está ahí porque yo también la apagué y sé que no puede ser destruida. Extraño a mí hermano, Damon. ¿Por qué no podemos ser como éramos antes de que todo esto pasara?

Fruncí el ceño. Antes de que Katherine apareciera en nuestras vidas. Eso quería decir.

-Lo siento, hermano. Pero deberías haber pensado en eso antes de follar a la mujer que amaba.

Stefan hizo una mueca de dolor.

-Pero no te preocupes –proseguí sádicamente-. No me importa eso. Ya no me importa nada en absoluto.

-No puedes matar a Elena.

Le di una mirada aburrida. Pensé que ya había usado esa táctica, sus movimientos se estaban volviendo repetitivos.

-¿Por qué? ¿Por qué es la mejor amiga de esa chica en la que estás interesado?

Patético.

-No. Porque es una buena persona –lo intentó nuevamente-. Ella tiene un buen, amable y generoso corazón. Vas a destruir a todas las personas que están a su alrededor si la hieres. Ella es el núcleo, la unión de todos los que la rodean.

Me encogí de hombros. Tenía razón en eso.

-Eso ya me lo dijiste una vez. Sigue sin ser una razón suficiente para detenerme –fruncí mis labios-. Es miserable. Y todos los que están a su alrededor no tienen idea. ¿Crees que sufrirán al verla desaparecer? Todos están demasiado preocupados en sí mismos como para prestarle un poco de atención. Sólo esperan que ella vaya corriendo cuando ellos la necesitan, solo para empujarla a un lado cuando no les es útil. Ni siquiera se dan cuenta de que se está desmoronando por dentro.

-Tú no sabes eso –protestó Stefan.

-Tú no visto lo que yo vi en su cumpleaños. Al menos yo puedo ponerle fin a su mísera vida humana y ofrecerle algo mucho mejor.

-Así que vas a convertirla –concluyó.

-Lamento decirte esto, hermano. Pero realmente eso no es de tu incumbencia.

Comencé a retirarme, pero apenas había logrado llegar al pasillo cuando escuché que Stefan alzó la voz a mis espaldas. Un poco temerario si me lo preguntas a mí.

-¿Qué tiene ella? –Preguntó Stefan-. ¿Qué tiene ella que hace que te preocupes?

Volví a encararlo.

-Recuerdo perfectamente que te dije que no me importa nada en absoluto –recalqué.

-Sí, tú mismo lo dijiste –rodó sus ojos-. No tienes humanidad.

-Oh, no la tengo –mis sonrisa de lado apareció nuevamente-. ¿Así que por qué estábamos hablando de esto?

-Sólo quiero saber por qué estas interesado en ella –arqueó sus cejas desafiantemente-. Quieres ponerle fin a su sufrimiento. Eso no parecer ser algo que haría un vampiro sin emociones.

SI le explicase lo que había descubierto, él no me creería… o me pegaría un puñetazo en la cara.

-Ella es… -suspiré, sacudiendo mi cabeza. Tratando de encontrar una palabra que la describiera. No di con ninguna que pudiese abarcar todo lo que ella era-. ¿Qué quieres que diga, Stefan? ¿Qué me interesa? Sí, lo hace. Lo suficiente como para convertirla en algo más duradero –coloqué un dedo sobre mi mentón, fingiendo pensar en ello-. Hace bastante tiempo he estado considerando la idea de tener a una compañera. Tú eres demasiado aburrido. Necesito algo con lo que entretenerme y convertirla a ella sería algo muy placentero.

-No puedes transformarla en tu juguete.

El feroz gruñido que antes se había construido en mi pecho escapó de mi garganta con violencia. La casa llegó a temblar, los vidrios se sacudieron y el suelo se estremeció. Stefan abrió los ojos alarmado.

-Oh, sí, hermano. ¿Olvidé decírtelo? Aprendí a utilizar mi fuente de poder hace un tiempo atrás. ¿La niebla? No es nada comparado con lo que puedo llegar a hacer –sonreí descaradamente, disfrutando el miedo que encontré en su mirada-. Te dije que no puedes decirme que hacer.

Él había sido lo suficientemente estúpido como para insultar a Elena. Aunque él no debía saber por qué me habían afectado sus realmente palabras.

Me lancé contra él con toda la fuerza y rapidez que era capaz de convocar. Un latido y Stefan estaba parado en medio de la habitación; otro latido y Stefan había sido embestido en contra de una pared. Los cuadros de pintura a nuestro lado cayeron al suelo, algunos marcos se rompieron, los cristales se trizaron y rompieron, los muebles rebotaron contra la pared de madera en la que Stefan estaba apoyado. Mis dedos estaban envueltos alrededor de su garganta mientras mi hermano se retorcía bajo mi agarre, pateando mis piernas y golpeándome con sus manos. Pero yo no me moví. Ni siquiera pestañeé. Permanecí inmutable mientras él luchaba por liberarse.

-¡Damon, para! –Masculló, de alguna manera logrando que su voz saliera de su garganta.

Quizás mi apretón no era lo suficientemente fuerte. Aumenté la presión de mis dedos y Stefan jadeó por aire como si lo estuviese asfixiando. Oh, por favor. Él no necesitaba respirar.

Rodé mis ojos en respuesta a su dramatismo.

-Ahora, ¿por qué haría eso? –Ladeé mi cabeza, entrecerrando mis ojos pensativamente como si realmente estuviese considerando su petición. Jugando con mí presa como lo haría un felino-. Ya te lo advertí una vez. Dos veces me has dicho qué puedo y qué no puedo hacer. No habrá una tercera. No volveré a darte otra oportunidad. Así que si yo fuera tú, escogería muy bien tus próximas palabras desde ahora en adelante. Porque has logrado cabrearme, Stefan. Y tú no quieres verme enojado, ¿o sí?

Representé mis palabras con acciones, suavizando el apretón alrededor de su garganta. Las marcas de mis dedos se difuminaron al instante. Si hubiese sido un humano, hubiese tenido esos moretones por días… si es que no le hubiese roto el cuello con la fuerza que utilicé.

Stefan abrió la boca. Porque él era jodidamente estúpido.

-¡Ella tiene sentimientos por ti! –Soltó abruptamente.

Alejé mi mano de él como si me hubiese electrocutado. Di un paso hacia atrás, casi tropezando con la alfombra. Stefan avanzó hacia mí con una determinación casi suicida en su rostro.

Entrecerré mis ojos hacia él. A segundos de abalanzarme sobre él como una pantera.

-Estás mintiendo.

Buen intento, Stefan. Mereces un jodido premio.

-Caroline me lo dijo –explicó él.

-¿Su amiga, la rubia? –Bufé-. ¿Y qué sabe ella de todo esto?

Stefan sonrió como el gato que se comió el canario. Mis manos se convirtieron en puños.

-Caroline conoce a Elena de toda su vida. La conoce –subrayó-, y sabe que tiene sentimientos por ti.

-Elena ni siquiera me conoce –le recordé.

Yo no era una persona fácil de amar y a Elena le tomaría bastante tiempo hacerlo una vez que me conociera por completo. Ocurriría de apoco, lentamente. Estaba seguro de eso porque no me rendiría hasta que ella se enamorara de mí. Quería que ella fuera mía: cuerpo, corazón y alma. Y para conseguir eso necesitaba que ella se entregase voluntariamente, que se enamorase de mí, que me dejara poseerla de todas las formas posibles.

Pero sabía que estos sentimientos que ella pudiese estar sintiendo hacia mí ahora mismo se verían opacados por el temor y la repulsión una vez que le contara mi más oscuro secreto. Ella se resistiría y lucharía contra sus más oscuros deseos. Podía apostar a que lo haría, porque no esperaba menos. Su pasión ardiente no le permitiría rendirse así como así, esperaba que ella luchase contra mí. Y esa resistencia… lo haría todo muchísimo más delicioso. Tendría que trabajar con cuidado, lentitud y perseverancia. Todo estaba en la sutileza del encanto. Ella no se daría ni cuenta cuando estuviese completa y profundamente enamorada de mí. Tan enamorada que sería capaz de consumir cada célula de su cuerpo.

Y desde entonces no habría vuelta atrás. Ella sería completamente mía.

Pero eso no significaba que no estuviese contento con este pedacito de información. Esto era simplemente la confirmación de que mis planes estaban funcionando perfectamente. Traté de no demostrarle nada a Stefan, pero podría haber jurado que mi corazón se había acelerado. Y eso era imposible.

-¿Dónde crees que sus sentimientos irán cuando ella descubra lo que soy realmente? –Expresé en voz alta, sacando a relucir mis pensamientos.

-Si ella te ama lo entenderá –asintió Stefan como si fuese una verdad absoluta.

-Oh, por favor –puse mis ojos en blanco-. ¿Recuerdas como actuaste cuando te enteraste de Katherine?

Stefan frunció el ceño.

-No la amaba.

Reí por debajo de mi aliento.

-Cree lo que quieras, Stefan. Pero es una mentira y lo sabes.

-¡No la amaba! –Repitió Stefan, enojado-. Tú eres el que la amaba.

Iba a decirle que cerrara su puta boca cuando me interrumpió:

-¿Y qué estás haciendo de pie tan temprano? Oh, cierto. No has ido a la cama aún. ¿Problemas para dormir, Damon, o has estado matando a inocentes durante toda la noche?

-No trates de hacerme sentir culpable, Stefan –las comisuras de mis labios se alzaron con diversión.

-Deberías sentirte culpable –murmuró Stefan entre dientes-. Ella no será capaz de perdonarte si descubre a cuantas personas has matado.

-¿Qué pasó con el discurso de "si ella te ama lo entenderá"? –Alcé mis cejas.

Stefan sacudió su cabeza.

-Eso es diferente. Ella es demasiado buena como para salir con un asesino –dijo Stefan como si la palabra le asqueara.

Irónico, porque a él lo habían llamado "El Destripador de Monterey".

-¿Y? Eso es lo que soy. Si ella me ama tendrá que aceptarlo simplemente. Está en mi naturaleza –me encogí de hombros-. Ya te lo dije.

-No si hay otra forma –insistió él.

-Oh, cierto. Las bolsas de sangre –dije con ironía-. Bueno. No estoy muy seguro sobre eso. Creo que ella me aceptará de todos modos.

Stefan se rio.

-¿Ahora quién es el delirante? –Se burló de mí.

Él tuvo la valentía suficiente como para burlarse de mí. Así que tendré que golpearlo con la verdad. Que doliera.

-Ella está triste, miserable y deprimida viviendo su normal vida humana. Ella quiere algo más, necesita algo más, y no sabe qué. Pero yo sí y voy a darle justo eso –moví mis cejas seductoramente.

-¿Vida eterna? –Stefan resopló-. Ella ama a su familia. No sería capaz de dejarlos.

Bueno, no había pensado en eso.

-No tiene que hacerlo –declaré con el ceño fruncido-. Al menos no ahora –me encogí de hombros.

Stefan me miró durante un par de segundos. Su pequeño cerebro estaba pensando. Casi podía ver los engranajes girando en su pequeña cabeza.

-Te preocupas por ella.

Sonreí lentamente, dándole una de mis mejores sonrisas desquiciadas.

-No lo hago.

-Lo haces. No estarías interesado en su vida y felicidad si no lo hicieras.

-Creo que ya tuvimos esta conversación, no lo sé –rodé los ojos-, hace como cinco minutos atrás. Y como tú lo dijiste, ella es sólo mi juguete –mentí.

-¡Oh, por Dios! –Stefan exclamó exasperado-. ¡Tienes sentimientos por ella! ¿Por qué no puedes simplemente admitirlo?

-Apagué mis emociones, Stefan –refuté.

Mi cuerpo se estaba tensando lentamente. Preparándose para el ataque.

-Y están volviendo, ¿cierto? –Me sonrió.

No le respondí. Esperando que dejase de hablar. Una persona sensata lo haría.

-Es por eso que mataste a esa mujer, ¿no es así? –Persistió, inquebrantable en su postura de idiota-. Te sentías desesperado porque han vuelto.

Eso fue lo que bastó.

-¡PARA! –Rugí.

Le di un puñetazo en la cara con toda la fuerza que fui capaz de reunir. Stefan salió despedido en contra de la pared, casi dejando un agujero en ella. Cayó en el suelo sobre su trasero, tocándose la mandíbula herida con sus manos. Estaba dislocada de una manera bastante horrible, por lo que se tomó la molestia y él mismo la devolvió a su lugar. Sangre goteó sobre sus dedos.

-Solo… –repetí sin aliento-, para.

Mis manos estaban temblando.

Stefan se limpió la sangre del rostro. Pero no estaba enojado como creí lo que estaría después de que lo golpeé.

Estaba jodidamente estupefacto. ¿Cómo logreé perder el control de esta manera? Había confirmado las palabras de Stefan justo enfrente de él.

Él se veía aliviado y me estaba sonriendo.

Eso me hizo sentir enfermo y expuesto.

-Está bien, Damon –me tranquilizó.

Le di la espalda y me marché de ahí antes de que pudiese decir otra cosa.

Más tarde durante ese mismo día, alguien golpeó la puerta de mi pieza, donde me había refugiado luego de la conversación que tuve con Stefan.

Me sentía emocionalmente agotado. Ugh. Como si toda la oleada de emociones que me agobiaron hace un par de horas hubiesen hecho de mí su juguete, dejándome débil y fatigado. Era una de las tantas razones por las cuales apagué mi humanidad hace tantos años atrás. Los sentimientos y las emociones podían ser tan sobrecogedores. Prefería no sentir a sentirme así.

Necesitaba un respiro. Quería estar solo.

-Quien sea el que esté ahí, será mejor que se vaya –gruñí, mi cabeza presionada contra mi almohada-. No estoy de humor y un asesinato no me vendría mal en estos momentos.

El latido que estaba al otro lado en el pasillo se aceleró. Fruncí el ceño. Era un latido humano. Me incorporé de la cama y fui hacia la puerta. Capté una esencia familiar cuando me acerqué y la abrí de un tirón.

-¿Cuáles son tus últimas palabras? –Pregunté con una sonrisa diabólica.

El hombre que estaba parado al otro lado del umbral solo puso sus ojos en blanco a pesar de que su corazón latía tan rápido como el de un colibrí.

-Eres un imbécil –dijo Alaric, empujándome a un lado para poder entrar.

Solté una carcajada divertida y de inmediato me sentí aliviado. Manos mal que no era Zach porque no habría tenido la misma misericordia con él que con la que tenía con Ric. No podía acabar con Ric, el mundo sería un lugar tedioso sin mi tímido y alcohólico mejor amigo.

Nos habíamos conocido hace un par de años atrás, cuando estuve de paso por Duke y decidí quedarme un rato cuando me topé con la sororidad femenina de la universidad. Porque qué hombre se resistiría a eso. Además, la cuidad era bastante tranquila y era perfecta para armar un poco de caos sin levantar sospechas. No había cazadores de vampiros rondando por ahí ni tampoco otros vampiros que pudiesen estropear mis planes, por lo que decidí pasar un tiempo ahí, lo suficiente como para acostarme casi con la mitad de la población femenina –tanto como si estuviesen disponibles como si no-, y aproveché de alimentarme libremente de ellas, sin nadie me que detuviera.

Así fue como conocí a Isobel Flemming. En ese entonces ella era una estudiante junto con Ric y los dos estaban estudiando en la universidad de Duke. Ella era una antropóloga, si la memoria no me falla y él estaba estudiando pedagogía en historia y geografía.

Ric podía ser aburrido cuando quería.

En fin, no sé cómo Isobel se las arregló para encontrarme, pero yo había estado bebiendo y coqueteando con mujeres al azar esa noche en un bar de mala muerte cuando la morena se me acercó y comenzó a flirtear conmigo. En resumen, bebimos y follamos toda la noche. Y cuando estaba a punto de beber de su sangre, dejando que mi rostro cambiara y mis colmillos se extendieran, ella se volteó para mirarme antes de que los enterrara en su cuello y me pidió que la convirtiera.

Decir que estaba estupefacto sería el eufemismo del año.

No supe que hacer, ni si debía matarla ahí mismo. Ella sabía mi secreto. Nadie en la ciudad sabía quién yo era y de alguna forma ella sabía que yo era un vampiro. No había hecho nada para delatarme a mí mismo pero ella igual lo sabía.

Obviamente, la interrogué para que confesara cómo consiguió esta información. Quería saber cómo diablos sabía lo que yo era, si alguien más se lo había dicho, si trabajaba para alguien o si de alguna manera me había rastreado. Pero ella estaba rodeada de verbena, y sí, habría sido muy fácil para mí arrancar todos sus brazaletes y collares, pero la verdad es que la idea de convertirla no sonaba para nada mal, así que decidí hacerlo. Porque no tenía nada que perder. Yo simplemente estaba cumpliendo con los deseos de la mujer y déjame decirte que fue una mujer muy insistente. Además, el sexo entre vampiros era algo que hace mucho tiempo no disfrutaba y seguro como el infierno no rechazaría la oportunidad de tener sexo que pudiese volar mi cerebro.

Claro que no contaba con que después su ex prometido se obsesionase conmigo e intentase matarme en venganza por haberle arrebatado la vida de su mujer. Le tuve que gritar al muy imbécil para que me dejara en paz, revelando el secreto de mi existencia para hacerle entender que su mujer no estaba muerta, que estaba vivita y coleando, muy lejos de él y definitivamente no como humana.

Por supuesto que al principio pensó que estaba mintiendo e intentó atravesar mi pecho con una estaba. Pero como obviamente no se lo iba a permitir, tuve que utilizar algo de fuerza fruta y mi fastidio me llevó a conducir la misma estaca con la que él planeaba matarme y la enterré muy en lo profundo de su pecho, atravesando sus pulmones y enterrándola en su corazón. Asombrosamente el luchó por sobrevivir y su muerte tardó unos minutos. Realmente esperé que el muy idiota muriera ahí mismo porque había logrado cabrearme, por lo que me sorprendí bastante cuando después de un rato rompió el silencio al absorber una gran bocanada de hambre como si se estuviese ahogando.

Había estado completamente seguro de que había escuchado su corazón detenerse. Incluso había ido en una de una pala y una gran bolsa de basura y estaba a punto de encender mi auto y cargarlo hasta algún lugar remoto en el cual pudiese cavar un hoyo y enterrarlo ahí mismo. Pero Alaric Saltzman estaba respirando y su corazón estaba latiendo aceleradamente.

Estaba más confundido de lo que alguna vez estuve en mi vida. Era un humano y estaba vivo. Pero no me tomó mucho tiempo descubrir que su anillo tenía algo que ver en todo esto. Cuando despertó, comenzó a insultarme con todos los nombres existentes bajo la luz del sol y fue algo cómico de ver. El tipo estaba realmente enojado y decidí en ese entonces que era un hombre valiente y digno de mi respeto. Cualquier persona habría estado aterrorizad y traumada por haber muerto. Pero él se atrevió a insultarme cuando acababa de matarlo. Por lo que decidí contarle todo para brindarle algo de tranquilidad, después de todo, yo también sabía lo que era sufrir de un amor no correspondido. Y le conté sobre cómo su ex prometida me había perseguido hasta encontrarme, lo que había ocurrido entre nosotros –para el gran disgusto de él-, y como ella me había rogado que la convirtiese.

Luego de eso, Alaric no quiso saber nada más. Creo que desistió en sus intentos de acabar con mi vida, quizás porque se dio cuenta de que realmente era inútil o tal vez porque descubrió que en realidad no era completamente mi culpa. Si Isobel no me hubiese buscado, ella seguiría viva después de todo. Ella era la que quería convertirse desde un principio y eso fue antes de que me conociese. Por lo que obviamente no quería su vida mortal con Ric y definitivamente no quería casarse con él. Yo simplemente la ayudé a finalizar sus planes.

No sé cómo pasó realmente, pero con el tiempo Alaric y yo nos volvimos amigos. Fue un proceso lento, porque ninguno de los dos confiaba en el otro en el principio. Pero él sabía un montón sobre vampiros y decidí usarlo a mi beneficio. Como Alaric no era precisamente un fanático de los vampiros, me ayudó a encontrar a un par de enemigos que me habían estado molestado desde hace un par de décadas y que habían decidido dar un paseo en Duke. Me acompañó a acabar con ellos y me protegió la espalda en uno que otro momento cuando menos me lo esperaba. Él tuvo la oportunidad de matarme en varias ocasiones y no lo hizo, en su lugar decidió sálvame la vida. Por lo que también lo salvé yo en retorno. La confianza se fue construyendo después de esto y luego ambos sabíamos que podíamos contar con el otro.

Pero Alaric decidió abandonar la vida de cazador hace poco tiempo atrás, cuando comenzó a enamorarse de la encantadora Jenna Sommers, quien era casualmente la tía de Elena. Ric me dijo que no quería seguir arriesgando su vida cuando podía tener un tranquilo matrimonio con la mujer que amaba. Pero sé perfectamente que él tiene un baúl con armas guardadas en alguna parte dentro de una bodega. No está de más ser precavido, supongo. Además, Ric le da de beber verbena a Jenna diariamente sin que ella lo sepa. No para protegerla de mí, porque sabe que yo no le haría nada, sino para protegerla de quien sea que se atreviera a compelerla. Era un movimiento inteligente y Jenna jamás se había dado cuenta de que Ric mezclaba un par de gotas de aceite de estas flores dentro de su café cada mañana.

-Así que tu hermano finalmente si dio cuenta de que recuperaste tu humanidad –dijo tranquilamente, recogiendo una botella de bourbon en su camino hacia mi cama. Se sentó en ella-. Le tomó más tiempo del que presupuesté.

Puede que me haya equivocado. Quizás sería mejor para todos si lo hiciese desaparecer de este mundo.

-¿Qué sabes tú sobre eso? –Pregunté tirándome en la cama, haciendo que Alaric rebotara contra el colchón.

Me lanzó una dura mirada como diciéndome: "Madura."

-Bueno, partamos por el hecho de que si tú no tuviese humanidad… yo ya estaría muerto –dijo él, llevándose la botella a la boca.

-Siempre podría cambiar eso –me encogí de hombros, lanzando una sonrisa encantadora.

Él resopló.

-Soy el único que te entiende –dijo como si eso fuese algo por lo cual presumir-. No puedes perderme.

-Alguien se tiene demasiada estima –coloqué mis brazos detrás de mi cabeza y miré al techo, analizando los pliegues de madera, tratando de ver si había alguna figura extraña que resaltara del resto.

Dios, necesitaba algún pasatiempo. Rechacé las llamadas de Ric porque sabía que él pediría que nos juntásemos en el Grill y sabía que si iba al bar-restaurante entonces habría una posibilidad de que me encontrase con Elena.

Estaba tan jodido.

-¿Qué pasó entonces? –Preguntó Ric-. ¿Por qué tu hermano me llamó? –Me ofreció su botella como ofrenda de paz.

La recibí y di un buen trago del líquido ambarino. Hmm. Podía sentir la pesadez del alcohol adueñándose de mis sentidos.

Tendría que reponer mi colección de licor, porque si seguía así, pronto se acabarían las últimas cinco botellas que me quedaban en la bodega del sótano. Aunque… siempre podría beber de la cosecha de vino de los Salvatore.

No era una mala idea.

-¿Qué te dijo? –Lancé de vuelta.

-Él dijo que… -dudó-, estabas pasando por un momento difícil.

Solté una carcajada.

-¿Dijo eso?

Oh, Stefan. Tienes que aprender a meterte en tus propios asuntos.

-Sí –asintió, arrebatándome la botella y dándole un buen sorbo-. Y que necesitabas mi ayuda –carraspeó cuando el alcohol quemó su garganta.

-Hmm –fruncí mis labios pensativamente-. ¿Y qué planeas hacer para ayudarme? -Miré mi reloj despertador en mi mesa de noche. Eran apenas las dos de la tarde-. ¿No deberías estar en la escuela ahora? –Fruncí el ceño.

-No tengo clases ahora –se encogió de hombros-. Y estás evadiendo el tema. ¿Qué pasó?

Me encogí de hombros. Recordaba el consejo que Alaric le había dado a Elena. Sabía que si le decía mis intenciones con su nueva "sobrina", él no estaría muy contento conmigo.

-Nada –mentí.

-¿Entonces por qué me llamó tu hermano? –Arqueó una ceja.

No quería contarle. Valoraba demasiado la opinión de Alaric. Claro que no le iba a decir eso. El idiota no dejaría de presumirlo hasta el fin de sus días.

-No sabía que Stefan tenía tu número –desvié la conversación, haciéndome el tonto.

Él captó mi intención de inmediato y me detuvo con una mirada.

-Para de cambiar el tema, idiota.

Resoplé.

-No quiero tener una conversación–cerré mis ojos, esperando que captara la indirecta y se fuera-. Si quieres tener una charla sentimental y que alguien abra su corazón y te confiese todo lo que siente, para eso ve a ver a tu mujer. Ella es la que tiene ovarios, yo no.

-¿Charla sentimental, eh? –Me empujó con su mano.

Abrí mis ojos y fingí estar enojado.

-¿Por qué no vas a molestar a alguien más? ¿No tienes una novia con la cual pasar el tiempo? –Los volví a cerrar-. No te quiero aquí, eres molestoso y aburrido.

Él solo se rio.

-Pensé que necesitabas un amigo con el cual desahogarte… -se detuvo y lo reconsideró-, o un compañero de tragos.

-Pfft. Prefiero emborracharme solo –rodé mis ojos por debajo de mis párpados-. No te necesito.

-¿No vas a decirme qué pasó? –Inquirió.

-Nope –sonreí.

-Bueno, nos vemos otro día, entonces –se incorporó, entregándome la botella.

La alcancé ciegamente.

-Además, no puedo dejar a Elena esperando abajo demasiado tiempo –dijo a modo de despedida-. Así que tengo que irme.

Mis ojos se abrieron instantáneamente.

Los ojos de Alaric irradiaban tanto diversión como enfado.

-Eres un hijo de puta –siseó.

-¿Stefan te lo dijo? –Me quejé, dándome la vuelta y apoyando la parte delantera de mi cuerpo contra el cubrecama. Mi voz sonó amortiguada cuando hablé-: Ugh. ¿Vienes a decirme que me mantenga alejado de ella? –Alcé la cabeza para sonreírle descaradamente-. Lamento romper tu corazón, pero Stefan ya me dio ese sermón. Deberías haber venido más temprano. Si sigues así, van a quitarte el título de mi mejor amigo. Ahora no tienes nada más que hacer acá, así que puedes retirarte –volví a dejar caer mi cabeza sobre el cobertor.

-Al menos tienes la decencia para admitir que eres malo para ella –dijo él mordazmente.

-Escuché tu consejito el otro día –le informé, volviendo a alzar la cabeza para ver su reacción-. La otra noche cuando estabas hablando con ella.

Sus ojos se entornaron.

-¿Estabas espiando? –Se veía como si quisiese golpearme.

-Bueno, sí –respondí como si fuese obvio.

-¿Por qué no la puedes dejar tranquila? Es una buena chica, Damon.

Hoy era el día de "todos contra Damon", al parecer.

-No estoy haciendo nada –dije ofendido-. No me he acercado a ella en una semana, hombre. ¿Cuál demonios es tu problema?

-Stefan dijo que tenías sentimientos por ella –me acusó.

-¡No los tengo! –Exclamé con una expresión grave.

-Eres un puto mentiroso –escupió Alaric, sacudiendo su cabeza con desaprobación.

Me molestó que tuviese tan mala opinión de mí.

-¿Qué quieres que haga? ¿Que te prometa que no me acercaré? –Hice un gesto despectivo con la mano-. Lo siento, hombre. Pero no lo haré.

-No es como si sirviera de algo, tampoco –gruñó Alaric-. Sé que lo harás de todos modos.

-¿Entonces qué haces acá? –Pregunté, obviamente echándolo-. Además de decirme que me aleje de ella, claramente. ¿Vienes a acompañarme? Mi trasero –añadí sarcásticamente-. Te importa una mierda mi amistad en estos momentos.

Creo que lo tomé desprevenido, porque lució algo arrepentido.

-Damon…

-Ahórratelo –le ordené-. No quiero oírlo.

-No tendría ningún problema si quisieses estar con ella –dijo de todos modos, viéndose desesperado-. Pero te conozco, hombre, y sé que tus intenciones aquí no son puras.

-Cielos. Gracias –puse los ojos en blanco.

Aunque no estaba del todo equivocado. Pero herir a Elena no estaba en mis planes.

-Haber, ¿entonces qué vas a hacer con ella? –Negó con la cabeza, como si no lo pudiese entender-. Eres inmortal, ella no. Y sé que no la matarás, así que ni siquiera te molestes en decirme lo contrario.

-Lo dices como si estuvieses muy seguro de eso –arqueé una ceja.

-Lo estoy –asintió-. ¿O no debería? –Ladeó la cabeza, estudiándome.

Me encogí de hombros.

-No lo sé. No creo que ella se lo tome muy buen cuando se entere de lo que soy. ¿Qué pasa si corre despavorida contándoselo a todo Mystic Falls? Tendré que detenerla.

Era obvio que no planeaba matarla. No definitivamente, al menos. Pero dejaría que Alaric creyera lo contrario. Quería hacerlo enojar, quería que me gritara.

-¿Planeas contárselo? –Alaric abrió los ojos sorprendido-. Damon… -emociones contradictorias cruzaron su rostro-. Ella es una chica inocente. No sabe nada de esto. Ella aún es completamente pura. ¿Por qué la necesidad de corromperla?

-Eso es lo que haría un buen demonio –sonreí cruelmente.

-¿Por qué ella? –Alaric insistió-. ¿Por qué no otra chica? ¿Por qué tiene que ser la sobrina de mi novia?

-¿En serio eres tan egoísta? –Alcé las cejas con sorpresa-. Pensé que realmente te preocupabas por Elena.

-¡Lo hago! –Protestó Alaric como si lo hubiese insultado-. Sólo estoy tratando de entender, maldita sea. ¿Es porque se parece a Katherine?

Un gruñido brotó de mi garganta.

-No.

Alaric frunció el ceño.

-No quiero que te le acerques.

-Lo siento, pero no me importa lo que tú quieras –cerré mis ojos, tratando de ignorarlo.

Alaric bufó.

-Vaya, que estúpido fui al creer que nuestra amistad significaba algo para ti.

Demonios, eso dolió.

-Ric –suspiré.

-No. Esta vez tú ahórratelo, Damon. He tenido suficiente de esta mierda. La próxima vez que te la encuentres, ella estará tan llena de verbena que no podrás compelerla. ¿Me oyes? –Apuntó su dedo amenazadoramente en mi dirección-. Y si tan solo la tocas de algún modo o me encuentro con marcas de mordidas, te esperará una estaca en el corazón.

Lo fulminé con la mirada.

-No tienes una oportunidad en mi contra. Puedo acabar contigo así de simple –chasqueé mis dedos en el aire-. Sólo recuérdalo. Ya lo hice. Me encantaría hacerlo otra vez si me provocas.

Alaric palideció un poco.

-Lo intentaré.

Ya era suficiente. No quería pelear con Ric. Él tenía razón, él era el único que me entendía. Y era el único al que podía soportar a pesar de que podía cabrearme hasta niveles sobrenaturales.

-No planeo herirla, Van Helsing –rodeé mis ojos-. Así que puedes relajarte.

Alaric se desinfló como un globo. El alivio brilló en su mirada.

-Así que tienes sentimientos hacia ella –parecía triunfante.

Espera un momento…

¿Todo esto era una táctica que él había usado para hacer que confesara? No, eso sería rebuscado. Pero averiguar la verdad definitivamente había estado en sus planes.

Jodido e inteligente hijo de puta.

-No –negué aceleradamente-. No los tengo.

-Los tienes –sus ojos se abrieron cómicamente-. ¡Stefan tenía razón!

-Oh, Dios –apunté a la puerta-. Fuera de acá. Ya me aburriste. Vete –Coloqué mis dedos en el puente de mi nariz, cerrando mis ojos y suspirando audiblemente.

Alaric se rio de mi reacción.

-¡Ahora! –Lo eché.

-Mi amenaza sigue en pie, Damon. Pero si tus sentimientos son honestos… Bueno, quizás puedo hacer una excepción y dejar que vivas.

Solté un bufido.

-No puedes matarme.

-Moriré en el intento –sonrió, pero se desvaneció al instante-. Pero lo digo en serio, Damon. No la conviertas.

No le respondí. Alaric suspiró.

-No a menos que ella lo quiera –dijo derrotado, adivinando mis intenciones al instante.

Le lancé una sonrisa de oreja a oreja.

-Pero la conozco. Es demasiado buena, no caería por un imbécil dañado como tú –la sonrisa volvió-. Así que buena suerte al intentarlo.

Me levanté de un salto y lo rodeé con mis brazos, exprimiéndolo como a una naranja.

-Es bueno saber que cuento con tu aprobación, tío –no pude resistir tomarle el pelo, ahora sabiendo que habíamos vuelto al territorio de "mejores amigos por siempre".

-Eres un bastardo hijo de puta –gruñó él, respirando con dificultad y golpeando mi espalda con sus puños para que lo soltara-. ¡Déjame ir, maldita sea!

Me reí y lo solté de inmediato.

-Ahora vete –le abrí la puerta-. Tienes a una chica a la que hablarle de mí. Y espero que le digas cosas buenas, nada parecido a la mierda que le dijiste el otro día.

-Toda esa mierda era cierta –me recordó él.

-No sirve para mis propósitos –hice un gesto con mis manos y lo empujé hacia el pasillo-. Quiero que sepa lo increíble, majestuoso y divino que puedo ser cuando….

-Adiós, Damon –me interrumpió, saliendo por la puerta y cerrándola antes de que pudiese terminar.

Un peso que no sabía que tenía sobre mis hombros se liberó en ese momento. Tenía una chica con la que disculparme.

Claro que era más fácil decirlo que hacerlo. Una vez que decidí salir de la casa de huéspedes, me di una buena ducha y me cambié de ropa para estar presentable. Había estado usando lo mismo durante toda una semana. Asqueroso, lo sé. Demándame. Pero una vez que estuve listo, agarré las llaves de mi Camaro y me dirigí al instituto, porque estaba seguro de que ella estaría allá en estos momentos.

Y sí, a pesar de que el horario de clases ya había acabado, Elena seguía en Mystic Falls High porque estaba acompañando a sus amigas a sus prácticas de cheerleader. Que

Claro que era más fácil decirlo que hacerlo. Me costó reunir el valor suficiente, pero una vez que logré ponerme de acuerdo con mi mente y decidí salir de la casa de huéspedes, me di una buena y necesaria ducha y cambié mis ropas por algo presentable. Había estado usando lo mismo durante toda una semana. Asqueroso, lo sé. Demándame.

Pero una vez que estuve listo, agarré las llaves de mi Camaro y encendí el motor. Me dirigí el instituto, porque estaba seguro de que ella estaría allá en estos momentos. Algo me lo decía. Y no estaba equivocado. A pesar de que el horario de clases ya había terminado, Elena seguía en Mystic Falls High porque estaba acompañando a sus amigas a sus prácticas de cheerleaders.

No conocía a una persona más indulgente que a ella.

Sonreí cuando la vi sentada en el pasto, su piel seguramente estaba quemándose bajo el ardiente sol, probablemente uno de los pocos días soleados que nos quedaban ya que se estaba adentrando el otoño, una de mis estaciones favoritas.

Ella estaba mirando a sus amigas, utilizando su mano como visera para resguardar sus ojos del brillo del sol. Mirando cómo las demás chicas saltaban y bailaban con los ojos entrecerrados. Ni siquiera me molesté en mirar cómo las demás hacían su rutina. Seguramente lo habría hecho en otro momento, pero no era eso a lo que venía y tenía que hablar con Elena. Pero no había modo de acercarme sutilmente, tendría que ir directamente hacia ella y eso implicaría llamar la atención del resto de las muchachas.

Aunque eso podría ser entretenido. Coquetear con Elena frente a todas esas chicas. De seguro le haría sentirse bien, si es que no le daba vergüenza. Probablemente así sería, porque había descubierto la semana pasada que Elena podía ser una chica muy tímida y reservada. Tenía una gran tendencia a ruborizarse cuando algo la avergonzaba. Era sumamente adorable. Y caliente, si consideramos que se ruborizaría del mismo modo en los momentos de pasión. ¿Hasta dónde llegaría ese rubor? Se extendería bien abajo hasta sus pechos.

Lamí mis labios inconscientemente.

Iba a tomar un paso en su dirección, ya decidiendo que hacerla ruborizar iba a ser una experiencia increíblemente interesante, cuando una mano me detuvo al posarse sobre mi pecho. Casi salté de mi piel, sobresaltado. Ningún humano había logrado asustarme, jamás. Pero ni siquiera me había dado cuenta de que la rubia se había acercado porque había estado demasiado concentrado en Elena como para notarlo.

¿Cuál era su nombre? ¿Caro….? ¿Carol? No. Caroline.

-Caroline, siempre tan encantadora –le sonreí cortésmente-. Es un gusto volver a verte.

-Sí, no me sorprende que ese encanto te saque de tus apuros. Pero esta vez no va a funcionar, guapo –dijo ella fríamente.

Me estaba fulminando con la mirada y tomé un sabio paso hacia atrás. Una mujer enfadada no era algo agradable. Generalmente podía coquetear con ellas hasta que su mal humor se esfumara, pero me daba la impresión de que eso no funcionaría con Caroline.

Bueno, mierda. Estaba jodido. Elena estaba a varios metros de distancia, por lo que no podía oírnos. Tampoco se había dado vuelta para vernos, ella aún no sabía que estaba aquí.

La irritación se vertió sobre mi torrente sanguíneo. Caroline estaba interrumpiendo mis propósitos.

-Necesito hablar con Elena –le dije simplemente, la seriedad encarnada.

Ella puso sus ojos en blanco.

-Sí, eso no va a pasar.

Solté una respiración pesada.

-¿Y por qué no?

-Porque tú, imbécil, la hiciste llorar la otra noche –dijo ella entre dientes, con sus ojos entornados.

Me estaba dando toda esa mirada juzgadora y estaba rápidamente perdiendo mi estima hacia ella. Pero sabía que en el fondo estaba protegiendo a su amiga. Bien. Al menos alguien se preocupaba por ella. Ya era hora.

-¿Elena te lo contó? –Fruncí el ceño.

Ella me dio un manotazo en el hombro.

-No. Ni siquiera me ha dicho algo –siseó en voz baja.

Obviamente no quería que Elena escuchara esta conversación.

-¿Entonces como lo sabes? –Rodeé mis ojos.

-Me contó su hermano, idiota. ¿Sabías que no andaba en auto? Que se tuvo que ir caminando a su casa. Ni siquiera tenía un abrigo, imbécil –me dio otro manotazo.

¿Se fue caminando sola? Sabía que esa noche había sido particularmente helada. Como ella tenía un auto, había supuesto que había llegado en él. No era algo por lo que preocuparse, pero…

La culpa volvió a arremolinarse en la boca de mi estómago. Tenía aún más razones por la que disculparme.

-No lo sabía –dije estúpidamente, sin saber que decir.

-¿Qué demonios fue lo que le hiciste? –Preguntó ella.

Se veía bastante molesta.

-¿A qué te refieres?

-Elena no ha hablado conmigo sobre esa noche en toda la semana. He tratado de preguntarle qué fue lo que pasó y ella no quiere decírmelo. Obviamente algo me está ocultando, pero no me lo va a decir. ¿Qué fue lo que le hiciste?

Alcé mis manos en derrota.

-No le hice nada, lo juro.

-¿Entonces por qué está tan deprimida? ¿Le dijiste algo? –Preguntó sarcásticamente-. Sé que Elena es la reina de las apariencias y puede que se vea perfectamente normal. Pero conozco a mi amiga y sé que algo le está pasando. Y si me entero de que es tu culpa, la vas a pagar, Salvatore. ¿Me oyes?

Puede que Stefan tenga razón respecto a Caroline.

-Alto y claro –asentí, optando por no hacerla enfadar más de lo que ya lo estaba.

-Ahora dime, ¿qué fue lo que le dijiste?

-Yo… -exhalé, sin saber qué revelar.

Caroline esperó a que me explicara, cuando oí aquella voz tan dulce como la miel:

-¿Damon?

Alcé los ojos y miré por sobre Caroline hacia Elena, que nos estaba mirando con el ceño fruncido, sin comprender por qué estaba hablando con su mejor amiga. Había estado inclinado sobre la rubia mientras discutía con ella para evitar hablar demasiado fuerte por temor a que Elena nos oyera, por lo que inmediatamente me enderecé y me aparté de Caroline.

Comencé a caminar hacia Elena. No podía esperar a estar lejos de rubia.

Elena me estaba mirando mientras me acercaba con esos grandes ojos castaños, sin decir una palabra. La duda y el desconcierto bailaban en el brillo de su mirada. Quería explicarle tantas cosas, pero sabía que todo debía ser a su debido momento.

Todo estaba en la sutileza del encanto.

Pero estaba aquí por otro motivo. Le debía una disculpa por ser un imbécil. Quería ganármela. Que ella pensara bien de mí. Y mi comportamiento la semana anterior no ayudaba mucho.

-Elena –le saludé, ofreciéndole una sonrisa dubitativa, sin saber cómo comenzar.

No me respondió, sino que optó por mirarme como si se estuviese asegurando de que estaba ahí. Cambié mi peso de un pie a otro, sin saber que hacer. No tenía experiencias con las disculpas. Nunca lo había hecho, ni siquiera sabía si era capaz de dejar salir las palabras. Esperaba que sí. Todo dependía de esto.

-Recuerda lo que te dije, Salvatore –me advirtió su amiga, apuntándome con un dedo antes de dirigirse hacia el resto de las chicas que seguían practicando.

Un breve vistazo me dijo que todas nos estaban mirando con curiosidad.

Volví a centrar mi atención en Elena. Ella me seguía mirando pero aún no decía nada. ¿Estaba molesta? ¿No quería hablar conmigo? ¿Había decidido seguir el consejo de Ric?

Podría patear a mi amigo.

Apunté hacia nuestras espaldas, donde había un par de bancas y mesas a lo largo del patio, debajo de unos árboles que ofrecían una sombra agradable. De seguro ella estaba muerta de calor, podría ver el sudor brillar en su frente.

-¿Podemos hablar? –Le imploré, con ojos suplicantes.

Elena me observó por un par de segundos. Y esperé a que me contestara. El nerviosismo aumentando. Y no recordaba haber estado así de nervioso, solo tenía un vago recuerdo de haber estado nervioso cuando estaba con Katherine, allá en 1864. Era humano en ese entonces y me volvía tan inseguro cuando ella me pedía que hiciese algo y yo necesitaba desesperadamente su aprobación. Temiendo decepcionarla de algún modo.

Katherine se estaría riendo de mí en estos momentos.

Pero no me importó, porque una vez que Elena asintió, supe que lo que sea que había arruinado podía ser arreglado. El consuelo fue como si la mejor de las drogas fuese inyectada directo a mis venas. Por lo que le lancé una de mis mejores sonrisas, que me había conseguido a un montón de mujeres en mi pasado.

Los latidos de su corazón se aceleraron.

Sí, definitivamente podía arreglar esto.


NA: *jadea* ¿Será posible? ¡Actualicé el capítulo!

Sí, probablemente soy la peor escritora de la historia de la humanidad. Y realmente no sé si les guste esto, pero, bueno, no sé. Espero sus comentarios, chic s :(

Realmente lamento no poder actualizar tan seguido. En verdad.

Love,

Javiera.

Música para este capítulo:

I'm A Mess - Ed Sheeran

Crossfire - Stephen