-¿Ya fueron a informar al Maestro sobre la misión, Gray-sama? -preguntó Juvia mientras se llevaba el tenedor a la boca.
-Erza dijo que iría a verlo de camino a Fairy Hills- contestó un Gray sin camiseta- Natsu estaba realmente mal entre el viaje en tren y los golpes de Lucy, yo estaba cansado por tener que llevarlo al hombro al no poder andar y Lucy no paraba de hablar sobre que un baño le haría olvidar las estupideces de un Dragon Slayer.
-Eso suena a que Natsu-san está bastante herido -comentó preocupada.
Gray se encogió de hombros mientras comía y murmuraba algo sobre que estaba acostumbrado a los golpes. Terminó su plato en poco tiempo, estaba realmente hambriento.
-Estaba delicioso, Juvia -apreció - Yo lavo los platos, tú has hecho la cena.
-Pero Gray-sama debes estar cansado, a Juvia no le importa hacerlo.
El moreno rodó los ojos y le sonrió por toda respuesta.
-¿Fuiste de misión en estos días? -preguntó mientras lavaba.
-Gajeel-kun y Juvia salieron a hacer un trabajo, pero fue muy fácil... Después solicitaron un mago de agua aquí en Magnolia, así que Juvia se quedó mientras Gajeel-kun salía de la ciudad con Lily.
-¿Por qué no te esperó para ir juntos? -Cierto era que el Dragon Slayer de hierro no era el más afectuoso del gremio, pero la mayor parte de las misiones las realizaba con Juvia, ya que, después de tantos años de conocerse, sabían trabajar muy bien juntos.
-Gajeel-kun ha estado cogiendo muchos trabajos últimamente, así que Juvia le preguntó... -hizo una pausa, sin saber si realmente debía o no continuar - Parece que quiere conseguir dinero suficiente para comprar... algo... -finalizó indecisa.
-¿Ah? ¿Qué quiere comprar con tanto ahínco? -preguntó, aunque no estaba realmente interesado. Seguro que sería otra guitarra con la que poder torturar los oídos de todo el gremio.
-Un anillo... para Levy-san...
-¿Por su cumpleaños? Creía que ya habíamos celebrado el cumpleaños de Levy este año -cogió un trapo para secar los platos mojados.
-No es por eso Gray-sama -continuó con una risita- Gajeel-kun quiere un anillo de matrimonio... Quiere ganar lo suficiente para el anillo y la boda en caso de que Levy-san diga que sí.
A Gray se le desencajó la mandíbula de la impresión, mirando a la maga de agua como si estuviera gastándole una broma.
-P-p-pero, ¡ellos no llevan tanto tiempo juntos! -gritó a la desesperada.
-Gajeel-kun y Levy-san llevan mucho tiempo enamorados el uno del otro -dijo con delicadeza- Han probado a vivir juntos y les va muy bien, Gajeel-kun cree que es hora de dar el siguiente paso.
-¡Llevan juntos prácticamente lo mismo que nosotros! Y si es por eso, nosotros hemos convivido más tiempo, ¿recuerdas el tiempo que se disolvió el gremio? -Gray hablaba rápido, casi sin respirar, sin medir las consecuencias de lo que decía. Sólo no era capaz de entender por qué tanto precipitarse .
A Juvia se le ensombreció el rostro. Por supuesto que lo recordaba, habían sido los mejores meses de su vida (antes de empezar a salir con Gray). Lo que realmente la entristecía era la reacción del chico ante una propuesta de matrimonio. Como siempre el lado tsundere del mago de hielo le pasaba factura.
Con el silencio de la maga, Gray fue capaz de darse cuenta de lo que había dicho. Inspiró aire profundamente. Otra vez igual. Siempre acababa hiriendo a la chica sin darse cuenta por su falta de emotividad y romanticismo.
-No quiero decir que... bueno tú y yo... es sólo que... no digo que nunca lo haría... es difícil para mí... creo que... -farfullaba intentando expresarse.
Juvia se recompuso rápidamente y cambió su expresión por una sonrisa tranquilizadora.
-No te preocupes Gray-sama, Juvia lo entiende -dijo- Si no te importa, a Juvia le gustaría leer un rato antes de ir a la cama.
Sin esperar la respuesta del moreno, la chica salió de la cocina. Ahora fue el rostro de Gray el que se ensombreció ante su ausencia.
Juvia se dirigió hacia la estantería del salón, cogió un libro cualquiera y se sentó en el sofá, abriéndolo. No iba a leer exactamente. Necesitaba pensar. Era feliz con Gray, eso no estaba en duda. Su relación con él era incluso mejor de lo que había imaginado en un principio. Si bien el chico no expresaba sus sentimientos con palabras, sus gestos siempre le habían demostrado todo. Cuando iban juntos siempre la cogía de la mano o de la cintura. En el gremio la buscaba con la mirada para asegurarse de que estaba todo bien. Le pedía que lo acompañara a las misiones con su equipo, aunque Juvia solía declinar esas invitaciones. Era mejor que cada uno tuviera un espacio con sus nakamas. Hacían muchas misiones juntos. Él la presentaba como su novia ante todos. ¡Incluso la besaba con sus nakamas delante! En la frente, el pelo, las mejillas, los labios... Siempre se anteponía a todos sus deseos. La invitaba a citas casi todos los fines de semana, compraba el té favorito de Juvia cuando le tocaba hacer la compra, ¡incluso le traía algún recuerdo de sus misiones!. La quería, ella sabía que la quería, pero... le gustaría escucharlo de su boca al menos una vez.
Ni siquiera cuando comenzaron a salir le dijo lo que sentía por ella. Después de pasar todo el día juntos, la besó al dejarla en la puerta de Fairy Hills. Cuando finalizó su beso le indicó a una Juvia que amenazaba gravemente con desmayarse que, al día siguiente, irían de misión ellos dos solos. La misión había sido un éxito en el que abundaron besos, caricias y gemidos. Después de aquello siguieron saliendo cada día. Quedaban para desayunar juntos en el gremio, elegían más trabajos para los dos y acababan saliendo todas las noches en dirección a casa del chico para dormir juntos.
Juvia sonrió melancólica a medida que los recuerdos del inicio de su relación la iban invadiendo. La pasión y el cariño no habían disminuido en ese tiempo. Un sonrojo invadió sus mejillas. Gray parecía nunca cansarse del cuerpo de la maga, poseyéndola de tal forma que podía sentir como la sometía con una simple mirada. Él había sido así desde el principio. Dominante, fiero, demandante. Y a la maga la volvía loca que fuese así. Se sentía deseada y poderosa de saber que causaba tal estrago en el joven que usualmente era tan tranquilo y calmado.
-¿Qué haces Juvia? -la joven se sobresaltó. Buscó con la mirada en todas direcciones hasta que vio a Gray observándola. Se había sentado en una silla, algo alejada, y la observaba.
-¿Gray-sama? ¿Cuánto tiempo lleva ahí?
-Un rato -contestó serio- No estás leyendo...
-A Juvia se le fue un poco la cabeza -admitió.
-¿En qué pensabas?
La chica soltó una risita dulce y se levantó para acercarse a él. Se sentó en sus piernas, rodeando su cuello con sus brazos.
-Juvia recordaba cómo empezaron a salir -apoyó la cabeza en su pecho.
-¿Ahora? ¿Por qué?- la miró con extrañeza.
-Supongo que Juvia te ha echado de menos y se encuentra melancólica -dijo con simpleza.
Gray la besó en la cabeza, acariciando su largo pelo azul.
-No fue el mejor inicio de todos, ¿verdad?- el chico seguía serio.
-Para Juvia fue perfecto -aseguró alzando su rostro.
-Seguro que no era lo que imaginabas -siguió insistiendo. La chica frunció un poco el ceño.
-Juvia imaginó muchas formas, Gray-sama, algunas de ellas se asemejan bastante... pero Juvia no cambiaría el modo en que empezaron a salir.
Durante un momento ninguno de los dos dijo nada. El moreno miraba a la pared, sumido en sus pensamientos. Juvia seguía mirándolo, admirando lo atractivo que estaba de perfil.
-Eres increíble -dijo al fin el chico. Ella soltó un respingo al verse interrumpida. Los corazones en sus ojos se desvanecieron hasta recuperar su azul habitual.
-¿Por qué?
Esta vez Gray sonrió y la besó en los labios. Se levantó, llevándola en brazos y comenzando a andar.
-Sólo lo eres. ¿Vamos a dormir?
La peliazul se sujetó de su cuello con más fuerza y volvió a poner su cabeza en el pecho, escuchando los latidos de su corazón. La soltó en la cama con delicadeza mientras él se quitaba los pantalones. Dormía sólo en boxers, hacía demasiado calor.
Para cuando se metió en la cama, Juvia había caído profundamente dormida. Gray pasó uno de sus brazos por debajo de la cabeza de su chica, con cuidado de no despertarla. La atrajo hacia su cuerpo y comenzó a acariciarle el cabello. Sabía que ese gesto le encantaba. Lo que nunca le había mencionado es cuánto le relajaba a él mismo tocar su pelo tan suave. Sus hebras se deslizaban con soltura por entre sus dedos, como si de agua se tratase.
La respiración profunda de Juvia comenzaba a hacer efecto en su propio cuerpo, notando como, cada vez más, su mente se iba enlenteciendo hasta la inconsciencia.
-Gray... sama... -un murmullo lo alertó, abriendo sus ojos y dirigiéndolos hacia la maga. Sonrió. A veces Juvia hablaba en sueños, y llegaba a ser realmente divertido echar un vistazo en los extraños sueños que solía tener -Gray... sama...
Algo iba mal. La chica parecía gimotear. Su entrecejo se frunció y una pequeña lágrima se deslizó de su ojo hasta perderse por su cuello. Gray se la secó con delicadeza mientras se debatía entre despertarla o no.
-Gray... sama... no quiere... a Juvia... no la quiere... no la quiere...
Su sangre se heló por completo, dejando paralizada su mano que reposaba en la mejilla de su novia. Sus ojos se abrieron de espanto al contemplar más lágrimas caían por la pesadilla que vivía la chica. El cuerpo de Juvia convulsionaba apenas perceptiblemente por los sollozos contenidos, pero él pudo notarlo al estar tan cerca.
-Juvia -la llamó.
-Nunca... le dice que la quiere a Juvia... no la quiere... va a dejarla... Juvia no es suficiente... Juvia es la mujer de la lluvia...
-Juvia despierta -la llamó más apremiante.
-Nadie la quiere... constante y silenciosa... Juvia no puede estar con gente... nadie la quiere...
-Vamos Juvia, ¡despierta! -zarandeó un poco su cuerpo.
Los ojos de la mujer de agua se abrieron por completo. Observó su alrededor, intentando enfocarse en el lugar en el que se encontraba. Su mirada, ahora limpia y brillante por las lágrimas derramadas, se topó con la de Gray.
-¿Qué ocurre, Gray-sama? -susurró.
-Estabas teniendo una pesadilla -respondió en su mismo tono- Llorabas.
La mano de Juvia se dirigió a su cara, dándose cuenta, sorprendida, de que estaba mojada. Efectivamente había estado llorando.
-Juvia no se ha dado cuenta -limpió sus mejillas con ambas manos y se recostó en el pecho de Gray.
-¿Qué soñabas?
-Juvia no lo recuerda -murmuró.
-Mentirosa... -con una mano, Gray levantó su barbilla, haciendo que la chica levantara la cabeza para verla a los ojos -¿Qué soñabas?
Su labio tembló un poco, mientras sus ojos se aguaban otra vez.
-¡Oi, oi! -exclamó espantado- ¡Pero no llores otra vez!
-Juvia miente... Juvia sí lo recuerda... -las lágrimas corrían empapando su rostro de nuevo -Pero... pero Juvia no quiere contárselo a Gray-sama...
-Ya lo hemos hablado antes, hablas en sueños -le recordó con un suspiro.
La chica se removió, incorporándose, quedando sentada en la cama. Lo miró, una mezcla de tristeza y miedo se asomaba en sus ojos. Parecía indecisa de cómo seguir esa conversación. Gray se sentó también en la cama, dándole la espalda. Su espalda completamente tensa, su cabeza agachada, y sus manos cerradas con fuerza.
Juvia se maldijo a sí misma. Recordaba perfectamente la pesadilla que había tenido, pero desconocía qué habría podido decir mientras soñaba.
-Gray-sama -comenzó. Su voz tembló un poco.
-Sabía que esto iba a pasar -la interrumpió. Su voz, tranquila y suave, contrastaba con la tensión que irradiaba su postura corporal -Te estoy haciendo daño.
-Eso no es cierto -dijo la chica -No me haces daño, Juvia sólo...
-Sí te hago daño. Me prometí a mi mismo que te cuidaría... Que haría todo lo que hiciese falta para que fueras feliz.
-¡Y Juvia es feliz con Gray-sama! -exclamó con desesperación. No le gustaba el cariz que estaba tomando la conversación. Cuando Gray caía en ese pozo de oscuridad era muy difícil sacarlo -Siempre cuida a Juvia, Gray-sama lo da todo por ella, ¡no puedes pensar que le haces daño!.
-Es una realidad...
Juvia temblaba. Sus lágrimas habían vuelto a caer y no era capaz de darse cuenta de ello. Se acercó a su novio, gateando por la cama. Con miedo a que el chico la rechazará, extendió su mano hasta posarla en su hombro, intentando que se girara para verla a la cara. En lugar de volverse, Gray cogió su mano, llevándola a sus labios y depositando un suave beso en su palma. Animada por el gesto, Juvia lo abrazó por la espalda. El mago de hielo podía notar cómo Juvia lloraba suavemente por la nueva humedad de su espalda, justo donde la chica había colocado su mejilla. Sus brazos alrededor de él temblaban. Si por el llanto o el miedo a perderlo, no sabría decirlo.
-Quizá no fue una buena idea... salir juntos -pudo notar cómo el cuerpo de la peliazul se paralizaba por completo. Juraría que hasta escuchó el ruido sordo que hizo su corazón al detenerse.
-No... -susurró ella con horror- no...
-Espera Juvia, escúchame -Gray intentó girarse, más esta vez fue ella la que se lo impidió.
-No, por favor... -sus temblores habían aumentado de forma considerable. Las lágrimas habían desaparecido por la sorpresa, pero el miedo teñía su voz por completo.
-Juvia... te hago daño, esto no puede seguir así, quizá sería lo mejor...
-No... ¡no!
De un salto, la peliazul se levantó de la cama y, en pijama como estaba, salió corriendo de la habitación.
-¿Juvia? -Gray salió corriendo detrás de ella -Espera, ¡Juvia!
La chica abrió la puerta hacia la calle de un tirón, adentrándose en la oscuridad de la noche, corriendo como si la persiguiera el mismísimo Zeref.
-Mierda... -el moreno se echó en la pared, deslizándose hasta acabar sentado en el suelo. ¿Cómo se le había ido tanto de las manos?.
