Actualización! :D
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Inhala, exhala, inhala, exhala... Al carajo, iba a matar al imbecil de Tougo. Aquella mañana entró a la enorme sala que los jueces del infierno usaban para tomar las decisiones en cuanto al gobierno del inframundo con cierto presentimiento en su pecho. Ya llevaba un año sin saber nada de Osomatsu y como es costumbre se le dio un juicio a su caso dando el veredicto de que el antiguo Rey del cuarto y quinto círculo del infierno había muerto, al menos esa fue la respuesta que obtuvo de sus Gouls cuando regresaron con las manos vacías aquella noche de San Juan.
Pero al parecer Tougo no se iba a quedar de brazos cruzados y mando personalmente a una parte de su legión a buscar al escurridizo demonio. Akumatsu y él lo dejaron pasar, ambos sabían que ese tipo estaba loco y no conveníaj tenerlo enojado y mucho menos si se trataba del objeto de sus más profundos deseos. Siempre sintió algo de pena por Osomatsu, desde siempre llevó consigod la carga de gobernar parte del infierno, tenía que pelear por mantener su título ante todos los que quisieran quitárselo y además tenía que lidiar con el acoso constante de uno de los demonios, si no es que el único, más poderoso en todo el maldito infierno y ahora que se encontraba prácticamente solo y gradado de rango sabía que Tougo no iba a desaprovechar la oportunidad de poseer por fin al antiguo líder del infierno.
— Lo he encontrado — entró aquel repugnante ser enfundado como siempre en su fino traje café con esa desagradable sonrisa en su rostro — exijo que me dejes ir por él, ahora.
— El caso ya está cerrado y el veredicto ya fue dado, tú mismo fuiste Juez esa ocasión. — Ichimatsu suspiró, suficiente tenía tratando de mantener el orden como para ahora aceptar los caprichos de un demente.
— Ciertamente no puedo negar eso, pero todo el mundo sabe que cuando algo me obsesiona no descanso hasta poseerlo. — Ichimatsu sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral por el tono usado por el demonio mayor. — entonces Ichimatsu ¿Tengo que volver a pedírtelo?...
Karamatsu terminó de bendecir la última hoguera dando inicio oficialmente a la tan esperada noche de San Juan. Los habitantes del pueblo comenzaron a aplaudir y la verdadera fiesta dio inicio. El joven Padre sonrío después de un trabajo bien hecho, hasta ahora no había pasado ningún inconveniente con algún demonio y parecía que la noche transcurriría de forma tranquila. Camino un poco esperando el momento en que se tendría que encontrar con Osomatsu para iniciar su "cita", de solo pensarlo sus mejillas se sonrojaban fuertemente.
Habían pasado tantas cosas desde aquel día en que encontró herido a ese tonto y pervertido demonio pero no se arrepentía de nada, Osomatsu era la razón por la cual se sentía completo. Hubo un momento en que pensó que tener ese tipo de sentimientos estaba mal, sabía que posiblemente se iría al infierno, todo por cuanto había peleado y por cuanto se había preparado posiblemente seria en vano, sabía que incluso las mismas personas a las cuales había protegido se irían en su contra si llegasen a enterarse, pero ese sentimiento que le quemaba en el pecho tan intensamente no podía simplemente ignorarse, necesitaba estar al lado de Osomatsu.
— Espero que estés pensando en mí, realmente no quiero ser la causa por la que alguien desaparezca esta noche — el demonio le rodeó la cintura por detrás mientras recargaba su cabeza en uno de sus hombros. — ¿Te he dicho que me encanta tu olor?
— No realmente, no sabía que tenías esa clase de fetiches — bromeó dejándose abrazar por el otro, le gustaba sentir sus cuerpos así de juntos, eran esos pequeños y contados momentos de intimidad que compartían lo que más disfrutaba.
— Tengo muchos fetiches pero siempre me golpeas antes de que pueda realizarlos — beso suavemente el cuello del Padre antes de separarse y comenzar a caminar. — vamos, la noche es joven y quiero ir a un lugar especial contigo.
Karamatsu lo siguió sin preguntar, después de todo ese tiempo juntos, todas las experiencias y vivencias por las que habían pasado sabía que podía confiar en Osomatsu. Ambos caminaron juntos por las calles llenas de personas que iban y venían listos para comenzar a celebrar. Era en esos momentos que el demonio agradecía poder cambiar su forma para poder pasar desapercibido entre los humanos; a pesar de que se moría de ganas de tomar la mano de Karamatsu sabía que no debía pues no sólo recibiría una negativa por parte del joven Padre sino que además podría causarle problemas al menor si alguien lo veía de esa manera tan íntima con otro hombre.
Siguieron caminado un rato más disfrutando únicamente de la compañía del otro y de las luces y el jolgorio de las personas. Poco a poco comenzaron a dejar al pueblo atrás adentrándose lentamente en la arboleda, Karamatsu comenzó a ponerse nervioso, no es que tuviera miedo de que Osomatsu lo atacara, más bien tenía miedo de encontrarse con compañía no deseada por esos lares del bosque, peor aún porque ya estaba anocheciendo y él no llevaba sus armas consigo; el de rojo por su parte estaba alerta, aún era temprano para que los demonios comenzarán a salir y si quería pasar más tiempo con el de azul debía de apresurarse.
El demonio apuró el paso mientras tomaba de la mano al Padre para guiarlo entre los matorrales, Karamatsu trató de seguirle el paso pero se vio tropezando varias veces con algunas ramas salidas de los árboles. Tanto misterio lo ponía ansioso y quería saber de una vez por todas que era lo que tramaba Osomatsu. Cuando por fin detuvieron su andar el de ojos azules se sorprendió al reconocer el lugar en donde se encontraban. El enorme abedul estaba decorado con velas que iluminaban el pequeño claro del bosque, fue ahí donde, hace un año, había encontrado herido a Osomatsu.
— Feliz aniversario — sintió los brazos de Osomatsu en su cintura mientras ambos cuerpos se juntaba de manera íntima, Karamatsu soltó un largo suspiro mientras dejaba caer su cabeza en el hombro del demonio.
— No puedo creer que lo recordaras después de tanto — se burló recibiendo un pellizco por parte del de rojo.
— Me ofendes amor mío, además esto recién empieza. — en un rápido chasquido de dedos una suave música se dejó escuchar llenando el silencio del bosque, de nuevo Osomatsu agradecía sus habilidades demoniacas. – ¿Me concedes esta pieza?
Karamatsu miró la mano que Osomatsu le tendía, nunca había bailado en su vida y realmente no quería pisar o hacer el ridículo frente al demonio. Iba a negarse pero el mayor lo tomo de la cintura comenzando un suave vals; el Padre se dejó guiar mientras recargaba su peso en el pecho del mayor, la música parecía darle un toque mágico al ambiente, todo parecía tan perfecto que quiso quedarse así para siempre, se olvidó de que Osomatsu era un demonio y él un Padre que brindaba sus servicios, y su vida entera, a Dios. Se olvidó que su relación estaba más que prohibida, en esos momentos solo eran ellos dos, no existía ni el cielo ni el infierno. Osomatsu paro de bailar mientras lo miraba directamente a los ojos, Karamatsu no preguntó nada pero lo miraba con cierta duda.
— Sé que me golpearas después de esto pero... — El agarre en su cintura se intensificó mientras el demonio acercaba sus rostros — Voy a besarte Karamatsu.
— Hazlo — Fue apenas un susurro pero fue lo suficientemente audible como para que el demonio se adueñara de sus labios rápidamente sin intención alguna de separarse de él.
Ambas bocas encajaban perfectamente, aquella era la prueba contundente, ambos estaban hechos el uno para el otro. Karamatsu rodeo tímidamente con sus brazos el cuello del demonio mientras el beso comenzó a tomar más intensidad; la música seguía sonando y la luz de las velas tintineó por unos segundos. Osomatsu quería llegar a más pero no tenía idea de cómo lo tomaría el de azul, con precaución comenzó a pasear sus manos por los costados del Padre teniendo especial cuidado en no tocar algo indebido, no quería asustar a Karamatsu.
El joven Padre se tensó de inmediato al sentir las caricias del demonio pero no hizo nada por detenerlo, cerró los ojos concentrándose enteramente en el beso que aún mantenía con Osomatsu y dejo que su mente y su sentido común se fueran lejos, esa noche era solo para ellos. Todo era perfecto hasta que, de la nada, un grito de terror se escuchó por todo el bosque, al parecer venia del pueblo. Karamatsu se separó violentamente del demonio, debía regresar al pueblo, no quería ni pensar en que un demonio había atacado a alguien en su ausencia.
— ¡Espera Karamatsu…! – Pero el de azul ya no lo escuchaba pues había prácticamente corrido hacia donde creía estaba el pueblo.
Osomatsu suspiro frustrado por su noche arruinada pero el sentimiento no le duro mucho pues antes de avanzar siquiera un paso un viento helado le recorrió la columna entera haciendo que su cuerpo se retorciera por culpa de varios y potentes escalofríos. Reconocía esa horrible sensación donde fuera, el viento de la muerte que nunca presagiaba nada bueno, solo conocía a una sola persona con el suficiente poder como para hacerle temblar de aquella manera.
— Tougo…
— Ha pasado un año entero Osomatsu – de entre los arboles la macabra silueta del Juez del infierno se dejó observar – Pero al fin te he encontrado…
El de rojo paso saliva con dificultad, solo tenía dos opciones, pelear o huir lo más rápido posible. Cualquier cosa que eligiera sabía que tenía que proteger a Karamatsu de ese demente, aun si eso le costaba la vida…
Las cosas se complican X3 espero les haya gustado :3
