Capítulo 3
La oscuridad de la noche se cernía sobre Magnolia. La ciudad, apenas iluminada por la luz de las estrellas, poseía un aspecto tétrico mientras ella corría lo más rápido que su cuerpo le permitía. No tenía un rumbo determinado. Con la mente en blanco y las mejillas sucias de tantas lágrimas derramadas, Juvia sólo intentaba escapar de esa situación que había provocado de forma inconsciente. Aunque en muchas ocasiones Gray le había comentado que hablaba en sueños, nunca pensó que su mente fuese a traicionarla de esta forma.
Sin si quiera pensarlo, había llegado a la puerta del gremio. Paró de correr, sentándose en uno de los bancos situados en la entrada. Intentando normalizar su respiración por la carrera, subió los pies al banco, abrazando sus piernas y escondiendo la cabeza. Aún faltaban muchas horas para que amaneciera y el frío de la noche le calaba hasta los huesos. ¿Qué podía hacer ahora? No quería regresar a casa. No había tenido un miedo semejante a ver a Gray desde la batalla en la que acabó contra el nigromante que controlaba a Silver. Los pensamientos se agolpaban en su mente. Necesitaba hablar con alguien. Y sabía exactamente dónde acudir.
Unos fuertes golpes la sacaron de su maravilloso sueño donde le regalaban un pastel de fresas de tres pisos. Gruñendo por la interrupción cuando estaba a punto de darle un bocado, se incorporó en la cama. Suponía que sería alrededor de las 2 de la mañana. Iba a atravesar con su espada a quien fuera que hacía tanto ruido en plena madrugada. Con esa idea en mente se dirigió a la puerta de entrada, invocando varias espadas que flotaban justo detrás de ella. Al abrir, las espadas cayeron al suelo en un fuerte golpe. Juvia se apoyaba contra el marco de la puerta, su cabeza apoyada lastimeramente, respirando de forma entrecortada y sus grandes ojos cristalinos por las lágrimas que estaban a punto de salir. Su pelo azul estaba despeinado, llevando un ligero pijama rosa y descalza.
-Erza...san... - lloriqueó.
La pelirroja la atrajo hacia ella, abrazándola con fuerza.
-¿Qué ha pasado Juvia? -preguntó con urgencia -¿Os han atacado? ¿Es Gray? ¿Está bien?
Ante la mención del mago de hielo, los temblores en el cuerpo de la peliazul aumentaron, sus sollozos haciéndose más audible. Un escalofrío recorrió la espalda de Erza, el miedo atenazando cada parte de su cuerpo. Separó bruscamente a Juvia de ella para mirarla a los ojos.
-¡Contesta Juvia, maldición! ¿Quién ha sido? ¿Siguen allí? ¡¿Dónde está Gray?!
-¿Erza? - un despeinado Jellal asomaba a la puerta, preocupado -¿Por qué gritas así? ¿Juvia?
Cada vez más alarmado por el estado de la chica, se acercó.
-Juvia... Juvia... -incapaz de pronunciar palabra, atragantándose con las lagrimas, la maga de agua sentía que sus piernas no podrían sostenerla por mucho más tiempo.
-Juvia -la llamó Jellal con suavidad -Respira, tranquila... Eso es, respira hondo... -intentando seguir sus instrucciones, la chica clavó sus ojos en los de él -Muy bien, otra vez, sigue respirando...
Unos segundos después, Juvia se había calmado lo suficiente para poder articular palabras.
-Juvia es estúpida... -susurró. Ambos magos se acercaron más a ella para escucharla mejor -Gray-sama está bien, perdonad Erza-san, Jellal-san.
-¿Qué ha pasado para que estés así? -la pelirroja acarició su cabello, sonriéndole dulcemente- Pasa dentro, aquí hace frío.
Tomando a la maga de la mano, la guió hacia el interior de la casa. La sentó en un sofá, procurando que estuviera cómoda. Ella misma se sentó cerca de Juvia, volviendo a tomar su mano y apretándola entre las suyas.
-Iré a prepararte un té Juvia, estarás helada -Jellal desapareció en la cocina, dándoles algo de intimidad.
-De verdad que Juvia lo siente mucho Erza-san, no quería montar un espectáculo, pero no sabía qué hacer... -su mirada se encontraba fija en las manos de Erza que abrazaban la suya.
Con su otra mano, la maga de clase S levantó su barbilla, mirándola fijamente sin dejar de sonreírle suavemente.
-No te preocupes por eso, me alegra que hayas venido a verme -volvió a acariciar su pelo, como si fuese una niña - ¿Ha pasado algo entre Gray y tú?
Ella asintió. "Si le has hecho algo, voy a matarte Gray Fullbaster" pensó. Jellal volvió de la cocina con dos tazas humeantes, dándole una a cada chica.
-Os dejaré solas para que habléis.
-No, por favor, Jellal-san, Juvia no quiere que se vaya... Juvia sólo... necesitaba hablar -su tono de voz cada vez bajaba más, por lo que era algo difícil de oír.
-Bebe -le sugirió sonriendo. Se sentó al lado de Erza, mirando como Juvia bebía tranquilamente. Parecía que se sentía reconfortada por el té.
Tras un par de sorbos, comenzó a hablar. Intentó no dejarse nada dentro. Transmitió sus dudas, frustraciones y deseos, mientras ambos magos la escuchaban con atención. Al llegar a la parte de la discusión de esa misma noche, unas lágrimas traicioneras hicieron su aparición, siendo limpiadas por Erza.
-Así que saliste corriendo de casa -la maga de agua asintió en respuesta -¿Gray no sabe que estás aquí? -la chica negó.
-Estará preocupado, tenemos que llamarlo -dijo Jellal.
-Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites Juvia, pero Gray tiene que saber que estás bien -le dijo Erza.
-Muchas gracias por escuchar a Juvia y dejarla quedarse Erza-san, pero no quisiera ser una molestia.
-No digas tonterías -la pelirroja se levantó de golpe -Acompáñame, te llevaré a la habitación para que descanses. Deberías dormir algo.
Ambas chicas entraron a la habitación de invitados, mientras Jellal cogía la lácrima de comunicación para llamar a Gray.
- ¡¿Erza?! Menos mal, ¡¿sabes dónde está Juvia?! Oh por Mavis, ¡no la encuentro! ¡Me he recorrido toda la ciudad y no está en ninguna parte! -la preocupada voz de Gray no hizo sino entristecerlo por la situación que vivían.
-Soy Jellal, Gray. Juvia está aquí, con nosotros.
-¿¡Cómo!? ¿Ha estado ahí todo el tiempo? ¡Voy a matarla! ¡No sabe lo preocupado que he estado, maldita inconsciente!
Jellal se separó la lácrima del oído por los gritos de Gray.
-¡Voy hacia allá! -sentenció.
-Gray, no sé si eso será lo mejor, ella está muy nerviosa...
Antes de poder concluir su explicación, la lácrima fue arrebatada de su mano por una muy furiosa Erza. Jellal suspiró. Gray estaba más que muerto.
-Hola Gray...
La temperatura corporal del mago de hielo bajó varios grados de golpe al escuchar la amenazantemente baja voz de Erza Scarlet.
-Juvia está aquí... Ha llegado llorando... -el cuerpo de Gray comenzó a temblar. Erza estaba furiosa.
-Erza -intentando no transmitir el miedo que sentía por el castigo que, sin duda, la maga pelirroja iba a infringirle, Gray consiguió controlar el temblor de su voz -Voy a por Juvia.
-No es conveniente ahora -lo cortó- Acaba de dormirse.
-Me da igual, tengo que hablar con ella.
-Y yo te digo que ahora no. Vuelve a casa, descansa, mañana estará más tranquila- sin más explicación cortó la llamada.
-¡Mierda, Erza!
Totalmente frustrado, pegó un puñetazo contra la pared más cercana. "Mierda, mierda, mierda". Esta vez sí que la había hecho buena. Estaba cabreado. Cabreado con Erza por no dejarle ver a su novia, cabreado con Jellal por no hacer entrar en razón a ese demonio pelirrojo, cabreado con Juvia por haber salido corriendo y meterse en casa de Erza, y, sobre todo, cabreado consigo mismo.
¿Cuál era su maldito problema? Se había prometido que cuidaría a la maga, que la protegería de todo, incluido de sí mismo. Si tan sólo fuese más expresivo con sus sentimientos...
Sintiéndose más estúpido que nunca, volvió hacia su casa.
Lo poco que quedaba de la noche fue larga y tortuosa para el mago de hielo, que daba vueltas en su cama sin conseguir dormirse. El aroma de Juvia estaba impregnado en las sábanas y almohadas. Poco a poco, su olor fue embotando sus sentidos y relajando su cuerpo...
"Gray-sama" una dulce voz lo sacaba de la inconsciencia del sueño. "Gray-sama" volvió a llamar. Con pereza, abrió un ojo, encontrándose con una preciosa sonrisa y los vívidos ojos azules por los que no podía negarle nada a su dueña. "¿Estaba teniendo un buen sueño, Gray -sama?" preguntó inocentemente. "La realidad es mejor" con una mano, atrajo la nuca de su chica hacia sus labios. Con una risita suave, la chica se dejó hacer, presionando sus labios contra los del mago. Gray sintió como Juvia acariciaba su mejilla con los dedos a la vez que abría su boca y pasaba su lengua por su labio inferior, lamiéndolo. Con un gemido ronco, entreabrió sus labios para atrapar esa lengua juguetona. Juvia respondió a su profundo beso, de forma lenta, tranquila. Ambos disfrutaban de la calma producida por ese contacto. Sin poderse contener, el chico desliza sus dedos por el muslo de su compañera, acariciando superficialmente la marca del gremio y haciendo que la maga soltara un suspiro en su boca. La abrazó por la parte baja de la espalda, sin parar de acariciarla. Juvia respondió mordiendo su labio inferior sin llegar a hacerle daño. Colocó ambas manos en sus caderas para situarla encima de él. Sin romper el contacto con sus labios, la maga se acomodó y echó su largo pelo hacia un lado para que no le molestase. Comenzó a repartir suaves besos desde su mandíbula hasta el lóbulo de su oreja, donde succionó con fuerza, haciendo que un suspiro escapara vergonzosamente de sus labios. Siguió bajando hasta su cuello, mordiendo en la zona donde el cuello se une con la clavícula, lugar especialmente sensible para Gray, quien encajó sus dedos en la cadera de la chica, estando seguro de que dejaría una marca.
Con la dulzura que la caracterizaba, Juvia delineó con sus manos el torso del moreno, repartiendo caricias y besos hasta llegar a la cadera. Sorprendentemente, Gray miró hacia abajo y se encontró desnudo. ¿Cuándo se había quitado los calzoncillos? ¿Y por qué Juvia estaba ya en ropa interior? ¿Había estado así desde el principio? Sus pensamientos se alejaron cuando la peliazul siguió con sus caricias a lo largo de su miembro, el cual se encontraba ya en toda su dureza. Siseó al sentir los dedos de la chica, a lo que ella respondió con una cálida sonrisa y agarrándolo con su mano. Lo sacudía hacia arriba y abajo con una lentitud pasmosa. Se incorporó, quedando a horcajadas sobre él. "Gray-sama" lo llamó con su tierna voz. Gray clavó sus ojos en los de ella, encontrándolos cristalinos por el deseo que contenían. Sin desviar la mirada por un segundo, y apenas alzando las caderas, Juvia se introdujo su pene lentamente. ¿Cuándo había perdido las bragas? Una corriente eléctrica lo recorrió de arriba a abajo. La chica comenzó un lento vaivén, a la vez que giraba su pelvis, produciendo distintas y placenteras sensaciones. Gray sabía que no iba a durar mucho más. Cada vez que Juvia tomaba la iniciativa en el sexo, él no podía aguantar. El chico gemía a la vez que ayudaba a su chica, guiando con sus manos su movimiento de cadera. "¿Te gusta así, Gray?" Ante esa forma de nombrarlo, él se incorporó, quedando sentado y guiando rápidamente su boca a los pezones erectos. Mordió, lamió y chupó todo lo que pudo antes de sentir como todo su cuerpo se tensaba. Ya estaba cerca. Muy cerca. Juvia gemía y suspiraba de placer. Su vagina empezaba a contraerse rápidamente. Ya casi, ya casi...
Gray abrió los ojos sobresaltado, temblores del orgasmo aún recorriendo su cuerpo. Su respiración entrecortada, la frente perlada de sudor y sus sábanas pegajosas y mojadas por su semen. Resoplando, se pasó una mano por el pelo, despeinándose. Era evidente que su hábito de desnudarse no era del todo malo. Al menos no había manchado la ropa. Miró el reloj que estaba en la mesita de noche. Las 5 de la mañana. Apenas había dormido 20 minutos. Decidió darse una ducha y cambiar las sábanas. Sabiendo que no iba a volver a dormir, sacó un álbum de fotos que Juvia le había regalado por un aniversario que ella misma había inventado. Foto tras foto, la sonrisa de la maga lo perseguía. Apenas había estado unas horas sin ella y parecía que tanto su mente como su cuerpo ya la necesitaban.
Suspirando, se tumbó boca arriba en la cama ya limpia, con un brazo tapando sus ojos. La mirada de sufrimiento que le había dirigido Juvia se había quedado fija en su mente, torturándolo como nunca antes había pensado que pudiese hacerlo. Sabía que tenían que hablar de ese tema en algún momento, que el que él expresase sus sentimientos con palabas era algo que la maga necesitaba. El momento para hacerlo no había sido el más oportuno desde luego. Ni la forma. Maldita sea, él no quería dejarla, ¿por qué todo había sucedido de esta forma?. Desde luego, dejarla ir sería un gran acto de generosidad por su parte. Ella se merecía alguien mejor que él. Alguien que la colmase de mimos y atenciones, que la dijera que la quería en todo momento, alguien romántico y cariñoso. Sí que habría sido generoso. Pero él no lo era. No le importaba que lo llamasen egoísta por no dejarla ir. Ella había peleado con uñas y dientes hasta conseguir colarse debajo de su piel, y ahora ya era tarde para echarse atrás.
Con una sonrisa arrogante asomando por su cara, Gray susurró: "Volverás a mí, Juvia".
No obstante, para cuando llegó el medio día, toda la resolución y confianza de Gray se había esfumado, y la ira se había hecho presente. Tres veces había ido ya a casa de Erza, y en las tres ocasiones había recibido la misma respuesta: "Aún no está lista, Gray". ¿Lista para verle, para hablar con él... o para qué más?. Él sólo quería aclarar todo ese embrollo, y el demonio pelirrojo no lo dejaba atravesar el umbral de la puerta. Lo que más le molestaba de todo es que, a medida que iba pasando el día y los demás miembros del gremio se daban cuenta de la ausencia de Juvia y Erza, iban a visitarlas. ¡Todos estaban entrando y saliendo de la casa! ¡Todos hablaban con la maga de agua!.
-No desesperes Gray -dijo una rubia sentándose a su lado.
-Lucy... ¿has estado allí?- preguntó sin mirarla.
-Hai. Erza me llamó para decirme que Juvia estaba en su casa -confirmó.
-¿Cómo... cómo está ella?
-¿De verdad quieres saberlo? -su tono cambió a uno de acusación- Está destrozada Gray, cree que lo habéis dejado y que ha sido su culpa.
-¡No hemos dejado nada! -exclamó mirándola por fin- ¡Erza no me deja entrar para explicárselo!
-Y tiene razón, es mejor que se tranquilice primero -suspiró la maga de espíritus estelares- Poder acercarse a ti fue lo que la llevó a entrar en Fairy Tail... y con el tiempo estuvo tan enamorada de ti... cuando empezasteis la relación... Gray, ya sabes que Juvia siempre te ha considerado alguien que está por encima de sus posibilidades, el que estés con ella es prácticamente un sueño...
-Eso no es así Lucy, tú sabes que no lo es -gruñó -Mierda, tú sabes que si no hubiese sido por ella yo ya habría muerto en más de una ocasión. Siempre hemos luchado juntos, codo con codo, no sé por qué piensa que estoy por encima.
-Es sólo qué... tú la salvaste de la pesadilla de lluvia en la que vivía... Supongo que eres algo así como la persona que le devolvió la vida -razonó- Juvia cree que tiene la culpa de que te quieras alejar.
-¿Cómo podría pensar eso? Es culpa mía... Por mi incapacidad de decirle lo que siento por ella -colocó su cabeza entre sus brazos- Tenéis razón al decir que soy un tsundere.
Lucy no contestó. En su lugar, un aura oscura comenzó a apoderarse de la rubia, a la vez que sus ojos brillaban de odio contenido. Gray levantó la cabeza para mirarla y su expresión se convirtió en terror.
-¿Lu-Lu-Lucy? -la llamó sudando.
-¿Es por eso? -susurró- ¿Por eso es por lo que os habéis peleado? ¿¡Nunca le has dicho que la quieres!? ¡Maldito insensible!
Al instante, todas las cabezas femeninas del gremio se volvieron en su dirección, destellando la misma aura de odio que la maga de espíritus estelares.
-¡Gray! -rugieron todas echándose encima de él.
Los golpes, arañazos y patadas no se hicieron esperar.
-¡Todos los hombres sois iguales! -gritaba Evergreen.
-¡Malditos magos insensibles, nunca pensáis en nuestros sentimientos! -patada de Levy.
-¿¡Cómo podéis mandar tantos mensajes contradictorios?! -arañazo de Mira con las garras de Satan Soul.
-¡Y os coláis en nuestros dormitorios manchando de comida nuestras novelas por escribir! -Lucy punch.
-¡No fregáis el baño! -rodillazo de Bisca.
Gray, en su estado de semiinconsciencia, comenzaba a pensar que cada una de las magas estaba descargando su frustración por sus propias historias sobre él.
Para cuando acabaron de aliviar su tensión acumulada, el mago de hielo parecía más una masa deforme que un hombre. Wendy se apresuró a curarlo.
-Te lo tienes merecido, ¿lo sabías?- Charle , sentada en un taburete, bebía su té tranquilamente mientras observaba a su amiga ejercer su magia curativa.
El mago asintió como pudo, soltando un gemido al sentir un pinchazo de dolor.
-Por favor Gray-san no te muevas aún.
Secándose el sudor de la frente por la paliza que había propiciado, Lucy se volvió a acercar a su amigo.
-Bueno, ahora que ya hemos aclarado todo, necesito la llave de tu casa Gray.
-¿La llave? -preguntó el chico que ya se estaba incorporando, mirando con rencor a la maga.
-Juvia necesita ropa -se encogió de hombros.
-No... No, por favor Lucy, tengo que hablar con ella, no se puede ir, no así, tenemos que hablar... -casi lloró.
-Tranquilo, sólo es para hoy, Juvia salió corriendo en pijama -sonrió- ¿Quieres acompañarme? Igual ya quiere verte.
-¿Crees que querrá? -se levantó esperanzado.
-Gray... hablamos de Juvia... siempre quiere verte -le dio un apretón de ánimo en el hombro.
Un peso desapareció de su interior, haciéndolo sentir más liviano y esperanzado al salir del gremio.
