Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de J.K. Rowling yo solo los uso un poco para jugar con ellos en mi loca cabecita esperando que sea de su agrado.

Nota: Este capitulo esta dedicado especialmente a Jazmin Snape, feliz cumpleaños cielo y mil gracias por ayudarme y aguantarme que cumplas muchos años mas.

Cap.28 (Eileen Snape)

Snape siempre había sido una persona dueña de sus emociones, pero desde que había entrado en su corazón esa insufrible sabelotodo castaña y futura madre de sus hijos todo estaba patas arriba y todas sus emociones estaban a flor de piel.

En esos momentos la emoción que mas predominaba era la frustración, el enojo y la incertidumbre.

Temía no sobrevivir a este embarazo, estaban a días de poder conocer al fruto de su amor y la espera se estaba volviendo lenta y dolorosamente agónica.

Si en algo se caracterizaba Hermione era en ser una persona muy decidida y eso estaba comenzando a volver loco a Snape ya que la castaña insistía en seguir ayudándole con la preparación de pociones cuando lo único que quería Snape era que se quedara tumbada en el sofá que le había instalado en el laboratorio leyendo un libro o haciendo los cálculos de aritmancia para sus nuevas pociones, pero ella no estaba en labor de cooperar con las intenciones de Snape.

Y el problema no era que no quisiera que le ayudara, sino más bien que con el peso extra que ya había ganado su centro de gravedad había cambiado lo cual la hacía ligeramente torpe y más aun porque no se alcanzaba a ver los pies por el gran abultamiento de su vientre.

- ¡Maldita sea! - exclamó Snape revisando su dedo el cual estuvo a punto de perder al momento de estar descabezando algunos sapos.

- ¿Estas bien? - pregunto Hermione mientras trataba de volver a ponerse en pie lo cual está vez si logro.

- Pequeña bruja insufrible tu vas a lograr lo que el Lord nunca consiguió - refunfuñó Snape mirando con desaprobación a Hermione quien ya no se intimidaba ante la mirada de su oscuro mago.

- Estas muy paranoico, no me va a pasar nada por ayudarte solo te pasaría los ingredientes, no me gusta sentirme inútil quiero ayudar - dijo Hermione sabiendo que había ganado la discusión al ver la mirada de rendición de Snape.

Con una enorme sonrisa Hermione se encaminó hacia los estantes donde estaba el ingrediente que sabía iba a necesitar Snape quien volvía a "concentrarse" en su tarea.

Hermione se dio cuenta de que tendría que estirarse para poder alcanzar el vial que contenía el líquido dorado que quería, no se arriesgaba a usar la magia ya que en últimas fechas le estaba resultando muy cansado y hasta un poco inestable.

Se apoyó en las puntas de sus pies agarrándose del estante hasta que tomó el vial entre sus manos y al volver a apoyar sus pies por completo en el piso perdió el equilibrio tambaleándose y por acto reflejo se volvió a tomar del estante soltando el frasco con el líquido viscoso y dorado que fue derramado en el suelo.

Hermione bajo la vista y quedo aterrorizada con lo que vio al sentir la humedad en su entrepierna y que descendía por sus muslos hasta el suelo.

Snape solo escucho el ruido del cristal al estrellarse en el suelo para inmediatamente levantar la vista.

- ¡Maldita sea Hermione tú quieres matarme! - siseo Snape con furia contenida y miedo.

Hermione estaba muda por el shock y solo podía ver a Snape con la mirada pérdida.

- Lo siento pequeña - dijo Snape acercándose lentamente con las manos en alto mostrándole que no le iba a hacer nada.

Quería asustarla eso desde luego pero no a tal grado, ahora era él el asustado su mujer estaba en estado de shock y a su parecer era una reacción exagerada pero aun así temía por ella y el bebé.

- Severus - susurro Hermione llevando sus manos al vientre como protegiéndolo.

Snape de inmediato bajo la mirada con una mezcla de emociones donde predominaba la incredulidad y el dolor al ver que Hermione pensaba que era un monstruo capaz de dañar lo más importante en su vida. Cuando termino de revisar a Hermione su mirada termino en el suelo percatándose de los dos charcos de líquido; uno dorado y otro transparente.

- ¡Por Merlín! Se te ha roto la fuente - exclamó Snape entendiendo ahora su reacción, su bebé estaba a punto de darse a conocer y el tenía que actuar con serenidad y darle el apoyo a su mujer aunque por dentro era un caos total.

Con cuidado tomó a su parturienta mujer al tiempo que hacia un hechizo no verbal para apagar el fuego del caldero y poder irse a San Mungo.

Llegaron a la sala y se dirigieron a la chimenea donde ya había una bolsa con todas las cosas necesarias para Hermione y para el bebe.

Con cuidado se metieron en la chimenea y con voz firme Snape dijo "San Mungo" y se vieron envueltos por llamas verdes que de inmediato los trasladaron al hospital.

Una vez en el hospital se apresuraron a ir a la recepción para que pudiera atenderlos.

- Buenas tardes, tienen cita o es una urg... ¡Oh profesor Snape!, no hay entrega el día de hoy o ¿Sí? - pregunto tímidamente la joven bruja que atendía la recepción.

- Que no se da cuenta que estoy en labor de parto - casi grito Hermione para después ser atacada por una fuerte contracción.

- Lo siento, en este momento le aviso al sanador - dijo apresuradamente la joven.

- Me duele Severus - de quejó Hermione cuando la contracción cedió.

- Siento mucho tu dolor - susurro Snape mientras le acariciaba tiernamente la barriga.

Momentos después apareció un mago con una enorme bata blanca.

- Buenas tardes, veo que hoy conoceremos a un nuevo integrante de la familia Snape - dijo el sanador con una enorme sonrisa inmutable ante la mirada asesina de Hermione, una copia casi perfecta a la de su oscuro mago.

El sanador les indicó el camino hacia una habitación donde le indicaron se recostara en la camilla donde un par de enfermeras ya les esperaban para ayudarle a subirse y colocarse una bata.

La pareja se quedó a solas minutos después cuando el sanador la reviso y determinó que aún le faltaba para comenzar con el trabajo de parto.

- Todo va a salir bien - dijo Snape sentado al lado de la cama mientras acariciaba la alborotada melena castaña.

- Yo lo sé, sé que eso tiene que doler, pero nunca espere que fuera tanto - se quejó Hermione mientras otra contracción hacía de las suyas.

- Porque no se me ocurrió buscar alguna poción para calmar tu dolor - se quejaba Snape viendo con impotencia sufrir a su insufrible sabelotodo.

- Si lo vemos por el lado bueno esto no duele tanto como cuando me torturó la loca de Bellatrix - dijo Hermione contemplando momentáneamente la cicatriz que exhibía en su antebrazo, aunque claro ella no tardo tanto.

- Como me encantaría que esa maniática aún siguiera viva para así poder matarla yo mismo - dijo Snape destilando el más puro de los odios.

- Yo estoy feliz de que este muerta, no se merece el manchar tus manos con su sangre - dijo Hermione haciendo un enorme esfuerzo por seguir hablando cuando otra contracción se apoderó de su cuerpo.

- ¿Crees qué se puedan manchar más? - pregunto con sarcasmo Snape.

- Por favor Severus no quiero pelear, hoy no - pidió Hermione controlando también su carácter.

- Lo siento, te lo estoy poniendo más difícil - dijo Snape sabiendo que una vez más su castaña tenía toda la razón.

El tiempo seguía pasando y aún no iba a nadie a decirles que ya era el gran momento cosa que comenzaba a desesperar a ambos magos.

- ¡Por Merlín! Severus no le hemos avisado a Draco, yo estaría muy molesta si no me avisaran - dijo Hermione haciendo puños las sabanas mientras el sudor comenzaba a perlar su frente.

- No me quiero separar de ti en estos momentos - admitió Snape.

- No creo que tardes mucho, además es lo correcto y creo que también sería adecuado avisar a Harry - comento Hermione.

Sin decir nada mas Snape salió de la habitación y conjuro un patronus que se dividió en dos.

En la que se antaño fuera el hogar de los Granger dos rubios se pusieron en alerta cuando una de las protecciones que colocó Narcisa comenzó a sonar.

Para su fortuna el susto no les duro mucho cuando se dieron cuenta que se trataba de un mensaje, uno que en particular Draco ya llevaba tiempo esperando así que sin perder más tiempo fueron a la chimenea e hicieron la conexión necesaria para poder usarla e ir a San Mungo.

Por otro lado el niño que vivió se encontraba en Hogwarts donde había sido llamado de urgencia por la directora.

Cuando llego a las puertas a la que por mucho tiempo consideró su hogar se encontró con Hagrid quien ya le estaba esperando para acompañarlo hasta la oficina de McGonagall.

- ¡Hagrid! Que gusto volver a verte - saludo efusivamente Harry perdiéndose en el enorme abrazo que le dio Hagrid.

- Mira nada más, ya eres todo un hombre - dijo Hagrid sintiéndose nostálgico.

- El tiempo pasa muy rápido, pero tu sigues igual que cuando te conocí - dijo Harry.

Comenzaron a hablar de trivialidades mientras iban de camino hacia el castillo, preguntándole por Ron y por supuesto de Hermione de quien no había podido despedirse cuando se fueron del castillo.

Hagrid le contó a Harry como fue la estancia de Hermione como aprendiz de Snape, lo feliz que él la notaba, todos los rumores que comenzaron a circular después de las navidades sobre su embarazo y las especulaciones sobre la identidad del padre y por último la salida del castillo y la sorpresa y conmoción que se causó entre alumnos y profesores.

Cuando llegaron a la que fuera la oficina de Dumbledore se sorprendieron de ver a McGonagall en la puerta ya esperándoles con el rostro cargado de ansiedad.

- Señor Potter que bueno que ya está aquí - dijo McGonagall.

- ¿A qué se debe la urgencia profesora? - pregunto el ojiverde con verdadera curiosidad.

Antes de que la directora contestara una hermosa y plateada nutria hizo acto de presencia dirigiéndose a Harry dejando sorprendidos a los tres magos presentes y más aún cuando Harry no escucho la voz de Hermione como era de esperarse sino más bien de Snape quien le informo que ya era hora y que estaban en San Mungo.

- Profesora tengo que irme, ¿puedo saber cuál es el motivo de su llamado? - pregunto Harry de momento muy impaciente.

- ¿Era un mensaje de Snape? - pregunto con incredulidad la directora.

- Si y necesito retirarme - dijo Harry un tanto impaciente.

- ¿Profesora puedo acompañar a Harry? Me gustaría poder saludar a Hermione - dijo Hagrid mirando de manera suplicante a McGonagall.

- Creo que a los tres nos gustaría estar ahí en estos momentos - dijo la directora invitándoles a que pasaran a la oficina para poder hacer uso de su chimenea.

Mientras tanto en San Mungo muchos de los sanadores se estaban comenzando a poner nerviosos y temerosos de entrar a la habitación de Snape y Hermione.

- Maldita sea Severus has algo - grito Hermione poco antes de que otra contracción la invadiera y es que se habían vuelto más constantes.

Para Hermione había pasado ya una eternidad desde que se le rompiera la fuente y lo cierto es que apenas eran un par de horas.

Un muy frustrado y desesperado Snape salió de la habitación topándose con un sanador que iba muy concertado en un trozo de pergamino.

- ¿Usted es un sanador cierto? - pregunto Snape y el hombre solo asintió con la cabeza -entonces entre aquí y haga su trabajo.

El hombre entro de un empujón a la habitación quedando sorprendido de ver a una de las heroínas de guerra más famosa sobre la cama gritando por las contracciones.

- Pero... - comenzó a hablar en sanador hasta que se vio interrumpido.

- Le he dicho que haga su trabajo - siseo Snape apuntándole con la varita.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal del hombre al verse amenazado, por lo que temblando de miedo se acercó a la parturienta mujer y esperando que no se molestara más levantó la sabana y se asomó en la entrepierna de Hermione.

- Yo... Este... Mju... Le faltan solo un par de centímetros más - tartamudeo el sanador - le pediré a un par de enfermeras que la comiencen a preparar para comenzar a pujar - dijo lentamente deseando con todas sus fuerzas escapar de esa habitación.

- Ya has oído ya falta muy poco - dijo Snape tratando de tomar la mano Hermione.

- Yo solo quiero... - decía Hermione antes de verse interrumpida por una contracción y la puerta abierta dejando entrever una cabellera rubia.

- ¿Cómo van por aquí? - pregunto alegremente Draco.

- Quieres cállate Malfoy - se quejó Hermione dejando sorprendido a Draco al tiempo que un par de enfermeras entraban en el lugar cargado algunas cosas.

- Les vamos a pedir que abandonen la habitación, ya casi va a ser hora de que comience a pujar - dijo una de las enfermeras.

- No se te ocurra dejarme sola Severus - amenazó Hermione taladrando con la mirada a Snape.

- Señor le tenemos que pedir que deje la habitación, solo el padre del bebe puede permanecer aquí - dijo una de las enfermeras a Snape con un acento muy pronunciado.

- Creo que esta confundida señorita, él es el padre del bebé a punto de nacer - dijo Draco conteniendo una risa.

- ¡Quieres largarte ya Draco! - grito Hermione.

Una vez que se quedaron solos con ayuda de la varita las enfermeras modificaron la camilla para que hubiera un punto de apoyo para las piernas de Hermione y cuando ya estaba todo listo el sanador entro, le ayudaron a colocarse los guantes y se posicionó frente las piernas abiertas de Hermione.

- Ya estamos listos, solo un poco más y estarás lista para comenzar a pujar - dijo el sanador.

- ¡Como ser atreve a decirme que aún falta! Me estoy partiendo en dos - grito Hermione con furia.

- Tranquilízate un poco, ya falta muy poco - dijo Snape tratando de tomar la mano de su mujer.

- ¡Que me tranquilice! Maldito seas Severus Snape, no voy a dejar que me vuelvas a poner un dedo encima y si estoy aquí por tu culpa - grito Hermione al tiempo que otra contracción arremetía contra ella.

El sanador estaba estupefacto, por experiencia sabía de las transformaciones de las mujeres a punto de dar a luz, pero nunca espero ver a una Griffindor hacerle frente a uno de los magos más temidos de la actualidad.

Snape estaba en shock, no sabía que sentir o pensar, era inexperto en este tema, de todo lo que había leído como preparación para ser padre nunca encontró nada que explicara lo que estaba pasando.

- Ya es hora, cuando sientas la necesidad de pujar hazlo - pidió el sanador.

- Severus dame tu mano por favor, no me sueltes - pidió jadeante Hermione.

Snape tomó la mano de la joven bruja aún en estado de confusión.

Lo que se vino después fue muy extraño, Hermione apretaba con mucha fuerza la mano de Snape al tiempo que pujaba con todas sus fuerzas y una magia que no sabían de donde venía comenzó a remover las cosas en la habitación dejando estupefactas a las enfermeras y al sanador que nunca habían presenciado algo como eso.

Después de un par de minutos habían logrado sacar la cabecita pero Hermione estaba exhausta y sentía los párpados muy pesados.

- No se duerma ya nos falta muy poco, solo un par de veces más y habremos terminado - pidió el sanador.

- Demuestra ese coraje Griffindor pequeña insufrible - le pido Snape dándole ligeros apretones a su mano.

Hermione ya no sabía de donde, pero aun así logro sacar la fuerza necesaria para volver a pujar.

De un momento a otro Hermione sintió su corazón estallar cuando escucho el fuerte llanto de un bebe, su bebe.

- Felicidades es una niña – dijo sanador con una enorme sonrisa en sus labios.

- Es una niña, Severus quiero verla – susurro Hermione cansada.

Una de las enfermeras que se encargó de limpiar al bebe se la acercó y coloco sobre los débiles brazos se Hermione los cuales parecían estar hechos para esa tarea.

- Mírala Severus, es hermosa – digo Hermione contemplado al pequeño bulto rosa reposar en sus brazos.

Ante los ojos de Severus era la escena perfecta, tenía frente suyo a las dos mujeres más hermosas que él alguna vez había visto, una con sus rizos castaños alborotados sobre la almohada y algunos más pegados a su frente y nuca gracias al sudor que le perlaba el rostro, una cansada pero enorme sonrisa y la mirada cristalina rebosante de amor; por otro lado estaba el pequeño bulto sonrosado por el esfuerzo de tanto llorar pero sin duda sería tan blanca cómo él, aún no lograba ver el color de sus ojos y esperaba que fueran del mismo color avellana que Hermione, de lo que si estaba seguro era de la pequeña sombra de cabello negro que adornaba su cabecita.

- Es muy hermosa – susurro Snape sin poder disimular el nudo en su garganta.

- Bienvenida Eileen – dijo Hermione destilando amor dejando anonadado a Snape.

Hola antes que nada les pido una enorme disculpa por desaparecer tanto tiempo, pero eso del trabajo me tiene vuelta loca y sin inspiración.

Pero en fin, espero no demorar tanto con la actualización.

Ahora viene la parte en la respondo a sus rr

* Okumura I: Bienvenida, me alegra mucho saber que la historia es de tu agrado, espero no defraudarte y actualizar a la brevedad posible.

* Yazmin Snape: Corazon aun sigo pensando la forma adecuada en la cual Ron va a recibir su merecido, porque de que lo va a hacer lo va a hacer, pero aun no he acabado con Harry aunque ya me falta muy poco y después voy a ir por el zanahorio no te preocupes. Y si ya estoy trabajando en el siguiente capitulo, pero voy muy poco la verdad.

* Parejachyca: Que es morfable? Yo siempre he creido que Snape es un ser apasionado y que cuando por fin encuentra alguien en quien confiar y a quien amar se entrega sin reservas dejando caer toda esa gran muralla que construyo alrededor suyo y que con esa misma entrega puede ser alguien feroz defendiendo lo que mas quiere, porque le aterra perderlo y volver a quedarse solo.

Bueno hasta la proxima, besos Ana Lau.