Capitulo 3
¿Qué le pasa a este tipo?, y entonces vi mi reflejo en un viejo espejo que estaba detrás del mostrador, tenía una barba bastante larga y sucia, la cara y la ropa también estaban sucias de tierra. Para la gente que no me conocía debería parecer un vagabundo. Esa era la razón por la que Alice no se molestaba en mirarme.
-Aquí te manda Rosalie- le entregue la bolsa de comida - ¿Tienes cigarrillos?- le pregunte recordando que el paquete que tenía en el bolsillo era el ultimo que me quedaba.
El tomo la bolsa y la dejo sobre el mostrador pero siguió junto a Alice.-Si tengo, pero no creo que tú tengas el dinero para pagarlo, y aquí no somos las hermanas de la caridad para andar regalando nada-. Su voz era amenazadora, entendí porque Esme tenía a Emmett trabajándole en la tienda. Quien se atrevería a meterse a causar problemas con el gorila ese aquí, claro que yo no era cualquier persona y no venía a causar problemas.
-Tranquilo que si tengo dinero- le dije sacándolo y pasándoselo – Ahora qué tal si me pasas esa cajetilla de cigarros – él lo tomo se giro sobre el mostrador, los agarro y me los lanzo, y rápidamente volvió junto a Alice. El de verdad pensaba que yo era peligroso y no quería alejarse de su lado.
Lo guarde en el bolsillo de mi chaqueta y saque el último del viejo paquete que traía conmigo y me lo lleve a la boca.
Alice ni se movió ni dijo nada se quedo allí, dándonos la espalda no sabía si ella estaba asustada o simplemente no le interesaba nuestra interacción.
Pero yo no había venido solo para traerle la comida a Emmett si no para tener unas palabras con él con respecto a mí hermana. No me importaba lo que ella dijera no me gusta que nadie la ande besando sin su permiso. Encendí el cigarro.
-Si me vuelvo a enterar que te metiste con mi hermana de nuevo, te voy a partir la cara- le dije en tono amenazador, yo también puedo asustar cuando quiero.
-¿Con tu hermana?- dijo el sorprendido, Alice se volteo a mirar a Emmett molesta y a mi me lanzo un mirada por encima de su hombro como si fuera una cucaracha. Esa mirada me penetro el corazón de punta a punta. Y dolió. – Yo ni siquiera te conozco amigo, mucho menos a tu hermana-.
Le estire una mano y dije –Comandante Jasper Whitlock, hermano de Rosalie- Emmett abrió los ojos como dos huevos fritos y estrecho mi mano con fuerza mientras que una sonrisa le iluminaba el rostro.
-No lo puedo creer, Rose ha hablado tanto de ti – dijo Emmett acercándose hacia mi y dándome madre abrazo como si fuéramos hermanos. Me tumbo el cigarro de la mano. Maldición. –Oh, debe de estar tan feliz, ella estaba muy preocupada por ti, todo el mundo decía que tú estabas muerto pero ella nunca lo creyó y se quedo aquí esperando que regresaras-. Agrego soltándome por fin yo recogí el cigarro lo eche a la basura. – Discúlpame por lo de ahorita, es que traes un pinta…-
-Sí, no lo había notado hasta ahorita que me vi en el espejo- le dije –Lo que me recuerda, necesito una navaja nueva ¿Tienes acá?-
-Si claro que si, están atrás ya te la traigo- busco una llave detrás del mostrador y cuando pasaba junto a Alice le alboroto el pelo – Viste, enana, el hermano de Rose, quien lo diría-.
-Hay, bruto Emmett – se quejo empujándole la mano – Me despeinaste- dijo mientras se arregla el pelo en el espejo. El soltó una carcajada y se perdió de vista en lo que supuse era el depósito.
Alice se volteo hacia a mí con una sonrisa en su cara de ángel, se ve tan preciosa cuando sonríe, y esa sonrisa era para mí. Se me detuvo el corazón. ¿Pero qué demonios me pasa? Parezco un adolescente.
-El hermano de Rose- dijo ella sonriendo aun más, yo no pude evitar imitarla, me había contagio – Nunca lo hubiera creído- estiro su pequeña mano hacia mi y se presento – Alice Brandon – yo se la estreche y una corriente eléctrica me recorrió el brazo hasta la columna.
-Jasper Whitlock, Señorita- ella soltó mi mano pero la sonrisa seguía en su rostro.
-Es un placer- me dijo ella.
-El placer es mío- me dio otra de sus sonrisas. ¡Dios que hermosa!
-Bueno hermano aquí esta- Emmett había vuelto del depósito y traía con él la navaja. Yo la agarre.
Haber concéntrate un segundo ¿Qué mas necesitas? Pensé para mismo, no sirvió de mucho no pude recordar que mas necesitaba para asearme como Dios manda, mi mente estaba divagando en la hermosa mujer frente a mi – ¿Necesitas algo más?-.
Si, probar esos delicados labios.
Jasper reacciona. Y deja de soñar con imposibles.
-Creo que por ahora estoy bien- le dije pasándole un billete.
-No- me empujo la mano –Tu dinero no es bueno aquí-
-Insisto, no pienso irme sin que te cobres - no necesito la caridad de nadie, ¿Qué le sucede a este tipo?
-No pienso cobrarle a nadie que haya luchado por esta nación- insistió Emmett, tampoco fue gran cosa lo que hice, si ellos supieran – Ponlo de vuelta en tu bolsillo-.
Yo le iba a contestar, que no me iba a llevar nada que no hubiera pagado, si el insistía yo le devolvería la navaja. Pero Alice hablo primero.
-Podemos estar horas aquí- dijo ella con cara de fastidio. Se veía tan adorable –Acepta la navaja Jasper, Por Favor -. Pronuncio la última palabra muy bajito. ¿Cómo podía negarme a algo ella me pedía?
-De acuerdo, pero la próxima vez no quiero nada gratis- le dije a Emmett, quien ya se había puesto a engullir todo lo que le había mandado Rosalie – Bueno creo que mejor me voy, estoy cansadísimo-.
-Yo también me voy me toca atender la barra esta noche – dijo Alice con su voz de campanitas – Nos vemos Emmett-.
Y caminamos juntos hasta el restaurante de mi hermana. Debo de estar más cansado de lo esperado porque planeaba decirle otras cositas a Emmett con respecto a mi hermana pero eso ya será otro día, estoy molido.
-Rose, ¿Me puedes señalar mi habitación? – cuando entramos ella estaba sacando unas cuentas en un libro de contabilidad-.
-Dame un segundo, Jas- me quite la chaqueta la lance sobre una silla y me senté de nuevo en la barra, mientras miraba a Alice bailoteando por todos lados acomodando vasos y limpiando la barra. ¿Cómo me dijo que era su apellido?... Ah si, Brandon y Esme había mencionado a un tal Michael. Ósea que su padre era Michael Brandon.
¡Oh Jasper que inteligente eres! la vocecita de mi cabeza estaba empezando a molestarme.
Michael Brandon es uno de los hombres más poderosos de Londres, tiene conexiones en todos lados. Se habían escuchado muchos rumores de él, incluso los soldados los sabiamos. Un hombre con fortuna y muchos negocios, si no me equivoco tiene negocios acá en América de que exactamente no sé, y es un mujeriego según he escuchado. No me gusta el chisme pero que puede hacer uno cuando se entera de las cosas.
Cada vez me parecía más irreal que Alice, la princesita de Inglaterra, hija de uno de los hombres más influyentes de Londres, este aquí sirviéndoles alcohol a estas pobres almas.
Al menos ella tiene un trabajo. Esa voz era cruel.
-Ven Jasper que ya te estás quedando dormido- me dijo Rosalie mientras se encaminaba hacia la puerta que estaba junto a la cocina. Uff que suerte que no se dio cuenta que me estaba babeando por Alice y no quedándome dormido – Lleve tu mochila a tu cuarto y déjame decirte que necesitas comprar ropa-. Ósea que ella había revisado mis cosas, ¿Qué paso con la privacidad de un hombre? – No tienes nada que ponerte además de esos uniformes viejos, y no vas a andar por el pueblo disfrazado de soldadito-.
-No es un disfraz Rosalie- le dije un poco molesto.
-Ya sabes a lo que me refiero-dijo ella quitándole importancia, yo iba tras ella cuando una figura pequeña se paro alado mío. Alice.
-Yo puedo acompañarte a comprar ropa Jasper- dijo muy entusiasmada. Con una de sus sonrisas más grandes, acaba de convertirse en mi favorita por la forma en la que iluminaba su rostro.
Y ahí estaba yo clavado en el piso sin poder moverme y me había vuelto a quedar mudo. ¿Ella se estaba ofreciendo a acompañarme a mi, un completo extraño, a comprar ropa?
– A mi me encanta ir de compras – Yo seguía mudo sin decir nada y ella debió tomárselo a mal porque perdió la sonrisa y rápidamente agrego – Claro, si tu no tienes problema con eso, Lo siento si me sobre pase-.
Y Dios se acordó del pobre Jasper Whitlock y me devolvió la voz – Por supuesto que no me molesta, así me ayudas a elegir porque soy malísimo para comprar ropa- su rostro volvió a iluminarse con una sonrisa.
-Bien, entonces nos vemos mañana en la mañana aquí – dijo ella dándose la vuelta y volviendo a la barra – tenemos una cita no me vayas a dejar plantada-.
¿Había dicho cita?, ella se ofreció a ayudarme y ahora decía que teníamos una cita.
No te emociones que ella dijo que adora ir de compras por eso se ofreció. Demonios con esa maldita voz porque no podía dejarme ser feliz.
Me fui detrás de Rose, pasamos por un pequeño pasillo y entramos a la sala de nuestra casa. La casa si era grande, había dos escaleras, una junto a la cocina y otra estaba hasta el otro lado de la sala, imagine que ambas iban a las habitaciones de la casa. Rosalie subió por la que estaba mas cerca de nosotros, yo fui detrás de ella, había pinturas y fotos por todos lados, muchas eran de papa y mama. Me reconocí a mi mismo en varias de esas fotos, cuando era mas joven. Pasamos junto a un par de puertas antes de que ella se detuviera de golpe.
-Esta es tu habitación – me dijo señalando la puerta que estaba enfrente a nosotros – la del final es la mía y esa a la derecha de la tuya en donde duerme Alice-.
-¿Alice vive aquí? – trate que mi voz sonara calmada e indiferente pero creo que no lo logre.
-No vive aquí, pero se queda a dormir aquí cuando nos echa una manita a mí y a Seth en las noches- luego agrego – bueno en realidad es solo los viernes y los sábados –
-Hoy es viernes-
-Exacto – dijo ella mirándome directo a los ojos – Alice se queda aquí esta noche así que si te provoca merodear por la casa de noche por lo menos vístete decente y evita su cuarto -
-Oye me ofendes Rose yo soy caballero, jamás entraría a su cuarto –
-Eso espero- y se estaba dando media vuelta para irse cuando yo la detuve
-¿Rose, puedes traerme un poco de agua para afeitarme? Por favor- le pedí gentilmente no quería ser una molestia pero la barba ya empezaba picarme
-Una de las muchachas ya te trajo agua para bañarte y afeitarte- cuando yo estaba a punto de entrar me agarro por la mano y me abrazo de nuevo – Te extrañe mucho Jasper, no sabes lo feliz que estoy de que estés aquí-
-Yo también te extrañe mucho Rose- le dije dándole un beso en la frente –Buenas noches, hermanita-
-¿Buenas noches? Son como las seis de la tarde- me dijo sonriéndose
-Estoy muy cansado me voy a dormir de una vez- le dije antes de que se fuera agregue – pero te prometo que mañana si te ayudo en el restaurante –
-No hace falta Jas, tenemos bastante ayuda, que descanses – se fue a seguir trabajando. La pobre trabaja todo el día, tiene mucha gente que la ayude pero ella sigue pendiente de todo. Voy a tratar de ayudarla. Y a conseguir un trabajo. Pero eso será mañana estoy molido.
Cuando entre en mi habitación me encontré con un chica morena de pelo negro y un gran cuerpo debo admitirlo, que estaba arreglando la cama.
- Ya termine de arreglar su habitación – dijo ella mirándome de arriba abajo y llegando a la misma conclusión que Emmett había llegado antes.
-Jasper – me presente y luego agregue mirándome la ropa - aunque no siempre luzco así de andrajoso - lo primero en hacer es quitarme la barba.
Ella se río relajándose un poco, entre dejando la puerta abierta para que ella saliera – Soy María - se presento estrechándome la mano, su tacto no se aprecia en nada al de Alice, para empezar que no había sentido el fuego recorriendo mi cuerpo como me sucedió con Alice y no era ni de lejos la mitad de delicado.
-Bueno, gracias María, yo me puedo encargar desde aquí – ella salió y cerré la puerta tras ella.
Me mire en un pequeño espejo que estaba apoyado en la pared a la altura de mi cara, tenía un aspecto horrible de verdad. Me quite la camisa y contemple mi torso, estaba lleno de cicatrices que en su mayoría eran por la explosión, y otros incidentes. El hombro derecho me estaba matando. Desde que me habían disparado me había quedado doliendo, normalmente era un dolor soportable pero hoy si que estaba fuerte, tenia casi 48 horas sin dormir en el ultimo pueblo en el trabaje me toco hacerle de burro de carga.
Me quite la ropa y me afeite, luego me metí en la bañera. El agua estaba deliciosa, me ayudo a relajarme bastante. Me estuve alrededor de 20 minutos. Me salí y me seque. Todavía me dolía el hombro. Bueno si se ponía peor en la mañana iría a ver a Carlisle, espero que no sea necesario no me gustan los médicos, al menos no cuando el paciente soy yo. Me vestí unos pantalones cortos que utilizaba para dormir y sin camisa porque solo me quedaba la que usaría mañana para ir con Alice a comprar ropa. Tocaron a la puerta.
-¿Sr. Jasper?, ¿Ya termino de bañarse? Vengo a limpiar la bañera- era María, me acerque y abrí la puerta. Ella se me quedo mirando con una cara horror al notar las cicatrices de mi torso y espalda.
Ella entro y comenzó a limpiar mientras que yo guarde todas mis cosas en la mochila de nuevo. Me seguía frotando el hombro con la esperanza de que mejorara. María se levanto para irse pero antes de salir me pregunto - ¿Qué le paso?-
-La guerra- fue todo lo que conteste, mientras le daba la espalda y guardaba el resto de mis pertenencias en mi mochila que estaba en un rincón de la habitación. Mañana arreglo todo en el armario pensé.
Sentí el tacto de unas manos cálidas en mi espalda, me voltee bruscamente.
-Lo siento- se disculpo ella, - Eso parece dolerle – señalo mi hombro.
-Es solo una vieja herida que molesta de ves en cuando- le dije
-Si quieres yo puedo ayudarte- dijo extendiendo las manos hacia mi – Permíteme – me llevo hasta la cama y me sentó allí y comenzó a masajearme el hombro. Se sentía muy bien ah decir verdad. No se si era porque ella sabía hacer esto o era el simple tacto de una mujer. Después de todo lo sucedido en la guerra, rodeado de hombres uno llega a preciar cualquier cosa que se mas suaves que una lima.
-Está mejor gracias-le dije cuando ella termino de masajearlo, pero todavía estaba doblada sobre mí. No lo había notado antes pero ella tenía los ojos negros como la noche, no eran feos ni nada, sino que eran muy intensos. Se acerco lentamente hacia mi y deposito sus labios sobres los míos. Eran cálidos y fieros, era un beso lleno de pasión, quería detenerla pero sin darme cuenta yo le estaba respondiendo. Hacia años que no besaba a una mujer, demasiados. Sus brazos se aferraron en mi pelo con fuerza mientras que yo colocaba las mías sobre sus caderas. Una de mis manos se introdujo por debajo de la tela de su camisa.
-Jasper- alguien llamo desde afuera de la puerta reconocí la voz inmediatamente, pero antes de que pudiera romper el beso se abrió la puerta.
