Tengo 20 años, me llamo Clarke, vivo sola y estudio Psicología. Siempre he querido cambiar el mundo, hacer de él un lugar mejor, y ayudar a personas que lo necesitan será una pequeña manera de conseguirlo.

Estoy cansada de la gente que no se preocupa por ser feliz, por salir adelante y que simplemente se rinden ante las adversidades, y si está en mi mano, haré lo que sea para impedir que eso pase.

Han pasado ya 4 días desde que conocí a Lexa en aquel bar, al que acudí simplemente para desconectar de la que fue la semana más dura en lo que llevo de carrera.

Estoy hasta arriba de trabajos y se acercan los exámenes finales, pero no puedo negar que me molesta que no haya sido capaz de enviarme ningún mensaje, al menos para poder guardar su teléfono.

Apenas la conozco, más allá de las pocas palabras y miradas que cruzamos la otra noche, pero esa chica despertó en mi un interés que hacía mucho tiempo que no sentía.

No se trata de su físico, qué también, porque sin duda es la mujer más guapa y atractiva que he visto en mi vida. La primera vez que la miré pude ver en sus ojos, esos intensos ojos verdes que hipnotizaban, a una persona con mucho dolor acumulado, una persona destrozada, y no se por qué, pero necesito ayudarla. Quiero ayudarla.

Suena el despertador, son las 07:00 de la mañana. Dejo el café preparándose mientras me doy una ducha rápida.

Siempre me levanto con el tiempo justo para ducharme, tomar una taza de café e ir a clase.

La facultad queda a 15 minutos andando, así que siempre voy con el tiempo justo.

Me pongo el primer vaquero que encuentro, una sudadera una talla más grande a la que llevo realmente, me hago un moño como puedo y salgo de casa.

Como cada mañana, Octavia, mi mejor amiga, me espera en un banco cercano a la facultad para entrar juntas a clase. La conocí el primer año de carrera y desde entonces somos inseparables. Es una persona muy extrovertida y alocada, capaz de sacarte la mayor de las sonrisas, en cualquier momento y en cualquier situación.

Son las 11:30, estoy en medio de una clase de Psicología de la Educación cuando noto vibrar el móvil en uno de mis bolsillos delanteros.

Es extraño, no suelo recibir muchos mensajes, así que saco el móvil con disimulo y compruebo quien es.

Es Lexa. No lo esperaba.

"Hola rubia, soy Lexa, la chica del otro día, no se si me recordarás, aunque espero que si. Espero no molestarte, pero salí a correr por el parque en el que estuvimos hablando y me acorde de ti"

Leo el mensaje varias y veces y una sonrisa se dibuja en mi boca. No puedo evitarlo.

Sigo molesta porque hubiese tardado tanto. ¿No se acordó de mi hasta que pasó por el parque? ¿Cómo debo tomarme eso?

¿Sale a correr a estas horas? ¿No trabaja? ¿No estudia?

Miles de preguntas rondan mi cabeza. Quiero saber todo de esa chica.

Pero no se lo voy a poner fácil.

-Ahora seré yo quien la haga esperar- digo para mi misma.

Guardo el móvil, después de volver a leer el mensaje, y sigo atendiendo a la clase, bajo la mirada curiosa de Octavia, que estaba sentada a mi lado.

Salimos de clase y vamos caminando hacia casa. La he invitado a comer, para luego poder terminar un trabajo que estamos haciendo.

-¿Con quién hablabas antes en clase que estabas tan contenta?-Me pregunta de repente, alzando una ceja de manera curiosa.

-No hablaba con nadie, solo leía un mensaje. -Respondo, intentando mostrar indiferencia.

-¡Venga ya, Clarke! Te conozco, y la cara que tenías no era por hablar con "nadie", así que ya me puedes decir con quien hablabas. -Insiste, mirándome con curiosidad.

-Ya te dije que no hablaba con nadie, simplemente recibí un mensaje de una chica que conocí el otro día en un bar. -Le digo finalmente.

-¡VES, LO SABÍA! Estas tardando en contarme toda la historia. -Dice entre risas.

-No hay historia, simplemente nos conocimos, me invitó a una copa y luego me dejó hablando sola.

-¿Y ya está? ¿Te deja hablando sola y estás tan contenta? No me lo creo. Hay algo que no me estás contando. -Dice con el ceño fruncido y cruzándose de brazos.

-No estoy "tan contenta" -Replico, pero sin poder evitarlo una sonrisa sale de mi boca. Octavia me conoce demasiado bien.

-¡Ajá! -dice Octavia, señalando mi boca- Has vuelto a sonreír.

-Esta bien. Me dejó hablando sola y me marché del bar. Iba de camino a casa y pasé por el parque que queda al lado. Me senté en uno de los bancos para despejarme un rato y apareció por allí. Me pidió perdón...

-¿Te pidió perdón y te acababa de conocer? ¡Quiero conocerla, ya me cae bien! Aunque no le perdono que dejara a mi amiga hablando sola...-Dice con efusividad, interrumpiéndome.

-¿Me vas a dejar acabar? -Le digo, intentando parecer molesta, aunque no lo consigo. Es imposible enfadarme con ella, aunque sea de broma.

-Disculpe usted, señora, puede continuar-dice bromeando.

-Imbécil-digo entre risas. -Pues como te decía, se disculpó conmigo, por la cara que tenía parecía tener un mal día y no le di importancia. Nos quedamos hablando un rato, me pidió mi teléfono y ya está. No he sabido nada de ella hasta hoy.

-Interesante, pero no te perdono que no me lo hayas contado antes...¿y que te ha dicho?-pregunta.

-Nada, que se ha acordado de mi. Pero no voy a responderle, por ahora. Llevo esperando 4 días a que me escriba, yo también voy a hacerla esperar.

-Estoy orgullosa de ti, nadie hace esperar a Clarke Griffin. Pero no te pases de dura que luego la dejas escapar y necesitas diversión en tu vida. - dice divertida y me da un beso en la mejilla.

-Que idiota eres, Octavia.

Finalmente conseguimos acabar gran parte del trabajo y Octavia se marcha, creo que va a ver a Lincoln, su novio.

Ha sido un día agotador, me envuelvo con una manta en el sofá mientras escucho de fondo la televisión, sin prestarle apenas atención.

Cojo el móvil y vuelvo a leer el mensaje de Lexa.

Me muero de ganas de responderle.

Pero no quiero.

En realidad si, aunque no lo merezca.

¿Por qué estás tan nerviosa, Clarke?-me pregunto a mi misma.

Parezco idiota, estoy nerviosa por contestarle a una chica a la que apenas conozco, a mis 20 años.

Finalmente le respondo.

"Hola Lexa. Si, me acuerdo de ti, ¿cómo no iba a acordarme de la chica que me debe toda una noche de copas? Apunto tu número."

Tarda apenas un minuto en responder. Eso me gusta.

"Pensaba que te había mordido la lengua un gato, otra vez. Ya veo que eres una chica que no se olvida de las promesas"

Tardo unos minutos en responder, no quiero que piense que estoy desesperada por hablar con ella.

"Aunque me hubiese mordido la lengua un gato, que no es el caso, podría seguir escribiéndote perfectamente. No uso la lengua para esto. No todos los días tengo barra libre, así que no, no me olvido de las promesas"

Ahora es ella quien tarda en contestar. Me divierte este juego que nos traemos.

"No usas la lengua para eso, interesante. Vuelves a dejarme sin palabras. Estaré encantada de pagarte lo que te debo, cumplo todas mis promesas. ¿Tienes la tarde del viernes libre?"

No puedo evitar ponerme nerviosa ante este último mensaje. No suelo coquetear de esta forma sin apenas conocer a la persona, y mucho menos por whatsapp, pero esta chica tiene algo que me vuelve loca.

"El Viernes me viene bien, ¿pero no crees que "por la tarde" es un poco pronto para empezar a beber?"

"Nadie ha dicho que vayamos a beber nada más vernos. Me gustaría conocerte un poco y luego podemos ir a tomar algo. Si quieres claro"

"Me parece genial. Nos vemos el viernes por la tarde, a las 17:00 en nuestro banco"