Capitulo 17
19 Años Después
Me desperté al sentir los rayos del sol golpearme de lleno en la cara, me voltee en mi cama para cubrirme el rostro. No había terminado de taparme la cara con la almohada cuando me la quitaron.
-Levántate, Papa- su dulce voz llego a mis oídos y no pude evitar sonreírme -Llegaremos tarde- abrí mis ojos y unos enormes ojos negros me miraban, ella tenía una enorme sonrisa en sus labios pero sus ojos estaban algo rojos y tristes –Antes no eras tan dormilón-
-Debe ser por la edad, princesa- me incorpore en la cama -¿Has estado llorando tesoro?-
-Es que la voy a extrañar mucho- me dijo perdiendo su sonrisa.
-Yo también amor- le dije acariciando su mejilla –Ella está en un lugar mejor ahora-
-Lo sé, Papá- se levanto de la cama y se dirigió hacia el armario pero a mitad de camino se detuvo y se volteo a mirarme-Olvidas que ya no tengo cuatro años- un sonrisa triste se asomo por sus labios.
-Lo sé, cumplirás veinticuatro en un par de días, pero para mi siempre serás mi pequeña - no podía creer que rápido habían pasado los años Lily solo tenía cuatro años cuando vino a vivir conmigo.
-Quita esa cara de nostalgia papá- me dijo apresurándose en buscarme un atuendo en el armario. Ella se había encargado de escogerme la ropa desde que tenía diez años, había hecho carrera en la rama del arte, algo que mi mente tan calculadora nunca había entendido, tenía su propio taller en la casa porque no deseaba dejarme solo.
Su hermano mayor David, ahora contaba con 29 años, había cumplido su sueño de niño y ahora era un doctor muy respetado, se había casado y su esposa estaba actualmente esperando su primer hijo. Tom por el otro lado decidió no estudiar nada pero utilizo la herencia que yo les había pasado en vida cuando cumplió dieciocho años en una excelente inversión y ahora contaba con dos empresas propias en el pueblo y acciones en innumerables empresas, convirtiéndolo en el millonario más joven con tan solo 27 años.
Lily tampoco dependía de mí enteramente, vendía sus pinturas en un excelente precio y tenía sus buenos ahorros en el banco. En ocasiones la llamaban para retratar a familias muy importantes, pero su trabajo diario era una pequeña tienda de ropa.
En realidad no me preocupa el futuro de ellos, me había encargado de nunca les faltara nada y ellos habían aprendido rápidamente a valerse por ellos mismo sin necesidad de mi fortuna. Fortuna que hice en un golpe de buena suerte, mi tío Arnold murió dejándonos la finca a Peter y a mí, vendimos la propiedad en un buen precio y regresamos a San Antonio a comprar un excelente terreno para una fina mucho más grande, pedimos un préstamo al banco y teníamos unas tierras tan extensas que ya ni sabíamos qué hacer con ellas. Pero la gran sorpresa que nos llevamos, tanto Peter como yo fue que entre nuestro terrenos había una mina de oro, algo que los anteriores dueños desconocían, y de allí proviene mi actual fortuna, y la de Peter quien está actualmente casado con Charlotte.
Lo primero que hice fue ayudar a mi hermana y a su esposo, finalmente se caso con Emmett y ambos tenían ahora un hotel lujoso, Emmett había insistido en tomar el dinero pero solo si lo consideraba como una inversión, y poco a poco Emmett me fue comprando todas las acciones convirtiéndose en el dueño absoluto. Tenían tres niños, Daniel, Elizabeth y el pequeño Taylor. Mi hermana nunca había sido más feliz.
Lo segundo que hice fue adoptar a los hijos del matrimonio Scott, pues su madre había muerto poco después de que yo me marchara del pueblo y los cuidaba su abuela quien ya no tenía ni energía ni dinero para criar a tres pequeños.
Cuando regrese a San Antonio todo estaba cambiado, Edward y Bella se habían casado y tenían una hija, Renesmee. Edward continuaba ejerciendo su profesión y Bella se quedaba en la casa a cuidar de su recién nacida.
Yo nunca me case, me dedique a criar a los que consideraba mis hijos, siempre les hable de sus padres para que nunca los olvidaran, Lily había querido llamarme Papá cuando estaba pequeña, Tom y David preferían referirse a mí como tío Jasper.
Me apresure en vestirme con la ropa de Lily que había dejado sobre la cama, mientras ella bajaba a esperarme. No tarde mucho en bajar y salimos de la casa, nos montamos en el carruaje y nos dirigimos a la casa de los Cullen al velorio de Esme Cullen, quien había fallecido tras padecer de una enfermedad terminal por los últimos seis meses.
Lily se había apegado mucho a Esme durante los últimos años, pues cuando necesitaba concejos de una madre era con Esme con quien ella hablaba, David y Tom nos esperaban allá. Lily se enjugaba los ojos constantemente con un pañuelo que llevaba en la mano.
-Tranquila tesoro, todo estará bien- le dije cuando estábamos por llegar –Tenemos que ser fuertes para Carlisle y Edward-
Ella asintió y se enjuago los ojos por última vez, tomo una gran bocana de aire logrando calmar sus nervios justo cuando el carruaje se detuvo frente a la casa Cullen, David junto con su esposa nos esperaban parados frente a la casa, Tom estaba bajando de su carruaje justo en ese momento, David se parecía enormemente a su padre, era como tener a Kevin parado frente de mi. Tom era más parecido a su madre, los mismos ojos, las mismas facciones y hasta el mismo color de cabello.
Lily y yo nos bajamos de carruaje y nos reunimos con los demás frente a la puerta, estaba a punto de abrirla, pues me imagine que no la cerrarían cuando tendrían a tanta gente viniendo a la casa, cuando de pronto la manija de la puerta se alejo de mi mano y la puerta quedo abierta de par en par.
-Iré rápidamente y estaré…- algo o alguien mejor dicho se había golpeado de lleno contra mi cuerpo, con tal fuerza que por poco nos tumba al piso –Lo siento mucho Sr…- su voz se helo, sus ojos se abrieron como platos, palideció momentáneamente y dio un par de pasos hacia atrás.
Frente a mi estaba Alice Brandon vestida de negro, con un pañuelo en la mano y los ojos rojos de tanto llorar. Yo estaba petrificado, ¿En qué momento había vuelto Alice a América? No había sabido nada de ella en todos estos años, y ahora aparecía de buenas a primera sin avisar. ¿Cómo pudo llegar al velorio de Esme a tiempo?
-Hola Alice ¿Cómo estás?- Lily saludo a la pequeña mujer muy emotivamente ¿Y estas dos de donde se conocen? –Papa, ella es Alice la sobrina de Carlisle yo la conocí hace dos días que pase a ver a Esme- ¿Cuántos días tenia Alice de haber llegado? ¿Por qué nadie me había avisado?
-Ya nos conocemos- no pretendí que mi voz sonara tan fría y sombría –No hacen falta las presentaciones-
-Estoy muy bien Lily gracias por preguntar, lo de ayer fue solo un mareo no hay de que preocuparse- dijo Alice con su dulce voz de ángel que siempre me cautivaba.
-¿Qué te paso? ¿Te encuentras bien?- no sabía que todavía me importaba lo que le pasara a ella, pues llevaba años sin pensar en ella.
-Estoy bien, permiso- dijo esto pasándome por un lado, estaba notoriamente alterada por nuestro encuentro, camino hasta donde estaban los carruajes y se regreso bufando.
-El carruaje se lo llevo Bella fue a buscar unas cosas en la casa- Edward había salido de la casa –Hola a todos pasen, por favor, mi padre está en la sala- todos le dieron el pésame a Edward y pasaron a la casa, yo me quede junto a él luego de darle un abrazo y darle mi más sentido pésame.
-¿Y cómo voy al pueblo ahora?- pregunto Alice mirando hacia los lados esperando ver el carruaje en cualquier momento –Me iré caminando, y me regresare con Bella-
-De ninguna manera- la palabras se habían escapado de mi boca antes de darme cuenta, ella me miraba sorprendida y yo lo estaba aun más, me había convencido hacía años que aquella mujer ya no me importaba en lo absoluto. Pero sigo siendo un caballero, es solo eso –Yo la llevare en mi carruaje-
Alice estuvo a punto de protestar pero Edward se volteo para entrar en la casa y me dijo -Gracias- al pasar junto a mí. La observe por un segundo en silencio, estaba muy cambiada, se había cortado el pelo, muy corto. Y ya no tenía ese aire de alegría que solía rodearla todo el tiempo. Y no danzaba al caminar, seguro se debía su por la muerte de Esme. Alice la quería mucho.
Yo me acerque a donde Alice se encontraba y le abrí la puerta de mi carruaje, ella dudo por unos segundos pero finalmente se encamino, sin embargo empujo mi mano a un lado cuando yo se la ofrecí para ayudarla a subir. Yo me monte tras ella me senté frente al puesto que ella ocupaba, me tome unos minutos para observarla, los veinte años no habían pasado en vano, eran visibles en su rostro pero seguía siendo una mujer hermosa. Estaba terriblemente abatida pero no dejaba de mostrarse molesta.
-¿Podrías dejar de hacer eso?- Alice se volteo a mirarme.
-¿Hacer qué?- le pregunte
-Mirarme, ya me conoces y no he cambiado tanto- me dijo ella notablemente irritada.
-Eso era precisamente lo que estaba contemplando- no le quitaba lo ojos ni por un segundo –Sigues siendo hermosa- estaba nervioso y excitado a la vez por ver a Alice de nuevo, por estar a solas con ellas y tenerla tan cerca, pues el espacio en el carruaje era muy reducido, era como la primera vez que la vi, me sentía igual de atontado.
-Sé lo que intentas, y no me la voy a creer- cada palabra estaba acompañada de ira. Se había molestado mucho más después de mi cumplido. ¿Por qué demonios me trataba así? Fue ella la que me dejo ¿Qué se cree ahora?
El carruaje se detuvo y ella se bajo apresuradamente, yo la alcance y me pare enfrente tapándole el paso -¿Se puede saber que le pasa a la princesita?-
Sin responder una palabra entro al consultorio de Edward y se puso a buscar entre las gavetas del escritorio.
-¿Piensas ignorarme todo el día?- le pregunte recostándome al marco de la puerta. No entendía su actitud hacia mí, después de años sin vernos así es como me trata, no era tan ingenuo como para pretender que todavía sintiera algo por mí, pero por lo menos podíamos ser amigos, pudo haberme abrazado al reencontrarnos después de 20 años.
-No tengo fuerzas para hacer esto ahora, por favor Jasper- había encontrado lo que sea que buscaba, y las lágrimas amenazaban con escaparse de sus ojos, ella se apresuro limpiarse los ojos con un pañuelo, mi corazón se detuvo al ver que utilizaba aquel viejo pañuelo que yo le había regalado. Lo había conservado todos estos años y lo mantenía con ella.
-Está bien- no pensaba dejar las cosas así, después de todo este tiempo no pensaba darme por vencido, iba a averiguar porque estaba tan molesta conmigo –Pero hablaremos luego-
Ella paso junto a mí sin decir ni una palabra, se monto de nuevo en el carruaje y yo hice lo mismo. -¿Necesitas ir a algún otro lado?-
-No, solo necesitaba estos papeles para la funeraria- después de eso no dijo ni una palabra más nada por el resto del camino. Yo me quede en silencio también.
Aproveche ese momento para pensar y tratar de procesar lo sucedido en los últimos días. Esme había muerto tras meses de padecer de una enfermedad, Carlisle parecía que había perdido la esperanza mucho antes de que Esme muriera, se había quedado solo en esa enorme casa y de la nada re aparece Alice. La mire con el rabillo del ojo. Mantenía su mirada fija en el suelo del carruaje, apretando fuertemente los papeles contra su pecho y firmemente en una de sus manos tenía mi pañuelo ¿Por qué lo había conservado todos estos años? ¿Por qué lo usaba hoy? ¿Por qué precisamente hoy? ¿Lo habría tomado sin darse cuenta? ¿Por hábito o Por qué no le quedaba otro?
¿Bueno y eso a ti que te importa?
No debería de importarme, pero por alguna razón no pude evitar emocionarme al ver el pañuelo en sus manos. Si lo ha mantenido todo este tiempo es porque significa algo para ella, porque yo significo algo para ella.
A lo mejor se le olvido que fuiste tú quien se lo diste y simplemente le gusta el pañuelo.
Me gusta más mi teoría.
El carruaje finalmente se detuvo frente a la casa de la familia Cullen. Yo me bajo primero y le ofrecí mi mana para ayudarla a bajar. Ella dudo por unos segundos pero a la final decidió aceptarla.
-Ves eso no fue tan difícil- no pude contenerme y le solté el comentario cínicamente.
-Pensé que habíamos acordado que no hablaríamos de esto por ahora- dijo ella soltando mi mano con brusquedad.
-No, tu decidiste que no hablaríamos- le conteste inmediatamente –Así como tu decidiste dejarme en una celda hace veinte años, y luego decidiste irte sin si quiera despedirte. Tú has decidido el destino de nuestra relación todo el tiempo. Y fuiste tú quien decidió dejarme-
-Eres un miserable- me soltó de repente -¿Ahora resulta que todo es mi culpa? Tu no intesta arreglar las cosas, nunca, te diste por vencido, me dejaste sola-
-¿Yo te deje sola?- le grite sin darme sin cuenta de que me había alterado tanto –Tu padre me obligo a salir del pueblo, tu pudiste decir la verdad entonces y yo nunca me habría apartado de tu lado. Si hubieras sido sincera en ese entonces yo habría luchado por ti, por nosotros. Pero no hiciste más que demostrarme que yo no significaba nada para ti-
-¿Y supongo que tu amor que era tan grande no podía conseguir la forma de superar la distancia y venir a buscarme?- sus ojos estaban tristes pero furiosos. No sabía si la tristeza se debía solo por la partida de Esme o realmente le dolía hablar sobre el tema conmigo.
-Alice, si tú me hubieras dado una razón para volver lo habría hecho, pero tú te olvidaste de mí tan rápido-
-No tienes idea de lo que hablas. Eres un egoísta ególatra que solo le importa lo que te pase a ti- ella dio unos pasos hacia atrás y luego de nuevo hacia adelante –Solo te importa tu dolor y no el mío. Quería arrancarte de mi corazón por lo que me hiciste, quería odiarte pero no podía, me fui a Inglaterra pensando que solo había sido una más de tus conquistas. Me mentiste cuando me dijiste que me amabas y yo como una idiota te creí. Incluso intente que nos viéramos para poder estar juntos y estaba pensando en fugarme con tal de estar contigo pero tú nunca apareciste-
-Pero tú nunca me lo dijiste Alice, si yo hubiera sabido de tus planes te hubiera buscado. Nunca me contactaste- le reproche.
-¿Qué nunca te contacte?- me pregunto dolida –Te mande una carta con mi tío Carlisle el día que te fuiste, tú crees que fue fácil sacar esa carta sin que mi padre se diera cuenta-
-¿Una carta? Eso es todo, me mandaste una carta en veinte años y yo debo de entender con eso que todavía me amabas. Pudiste haber mandado miles, tu sabias donde estaba yo, yo no tenía ni idea de cómo contactarte- ella me miro confundida –Una carta no es suficiente Alice-
-No leíste la carta que te mande- no era un pregunta ella estaba segura de ello –De haberlo hecho no te habría quedado duda y no me hubieras dejado-
-Tú me dejaste a mi Alice- mi voz estaba llena de rencor, no podía venir después de años a acusarme a mí de haberla abandonado –Que te quede claro-
-Ya no importa, si no te importe lo suficiente como para leer la carta que te mande…- ella tomo una gran bocana de aire –Ya no tenemos nada de qué hablar, me he pasado todos estos años pensando en cual pudo haber sido la razón por la cual no me buscaste pero ahora veo que mi padre tenía razón, me pelee con él por tu culpa y nunca valiste la pena-
-Ah lo siento mucho- le dije con sarcasmo -¿La princesita se peleo con su papi? Dejo de comprarte el poni que querías por eso- la rabia y el dolor se habían apoderado de mi y solo podía escupir veneno.
-Imbécil-
-No tienes el derecho de insultarme Alice, así que te advierto que ese es el último que te pasó-
-¿La botaste o la quemaste?- me pregunto yo no comprendí su pregunta –La carta- me aclaro ella al ver mi cara.
-La rompí y la bote- le mentí vilmente con toda la intención de lastimarla -No me interesaba en lo mas mínimo leer las palabras de una mentirosa- pensé que lloraría, pero Alice simplemente levanto la barbilla y me miro con toda el rencor que pudo. Yo iba a agregar otro comentario cuando nos interrumpieron.
-Mami- una pequeña de unos cinco o seis años venía corriendo hacia nosotros –Mami no consigo mi abrigo- Alice se arrodillo y la tomo por los hombros.
-Ahora te lo busco, tesoro- le contesto dulcemente acariciando el cabello de la pequeña, que por cierto no se parecía en nada a Alice.
-Ahí estas- la voz de un chico vino desde la puerta de la casa –Liz, te dije que me esperaras y que no molestaras a mama- El joven era alto, con cabello rubio y los ojos de Alice. No podía decir con certeza pero debía de tener unos 18 años.
-Richard lleva a tu hermana a dentro por favor, yo voy en un minuto- le dijo Alice.
La niña corrió hacia donde se encontraba su hermano y este la llevo en brazos hacia el interior de la casa.
-¿Cuántos años tiene tu hijo?- estaba intrigado porque el joven se parecía demasiado a mi padre como para ser un coincidencia. Aquello se acaba de convertir en una verdadera pesadilla. No podía ser cierto. Ella no podía haberme escondido un hijo por años. Tenía que estar equivocado.
-Eso no te incumbe, mantente alejado de mis hijos- se dio media vuelta y entro en la casa.
¿Acaso era Richard mi hijo? Eso fue en lo único en lo que pude pensar.
